-¿Ey!- grita alguien-¡Ey!- repite mientras me coge de la muñeca separándome una mano de un oído.
Abro los ojos y levanto la cabeza, pantalón de cuero negro, camisa brillante del mismo color, chaqueta... Y su cara... ¡Es el japonés que acompañé a la estación!
-¿estás bien?- pregunta sosteniéndome de la muñeca con la mano derecha mientras que con la izquierda sujeta una pistola.
-Si- contesto lográndome poner en pie- ¿Qué es eso?- pregunto yo nerviosa señalando con el dedo índice el cadáver que tenemos en frente- ¿Tú has acabado con ello?
Suelta mi muñeca y agarra la mochila que después me lanza, torpe de mí casi se me cae.
-¿Tienes algún arma?
Niego con la cabeza.
Busca algo alrededor nuestra, tropieza con el spray y lo toma entre sus manos.
-¿Querías defenderte con esto? JAJAJAJAJA
Herida por el comentario y roja como un tomate le arrebato el objeto.
-¿Qué era eso?- pregunto, esta vez furiosa. Me alegra que en este lugar haya alguien, pero no me gusta que me trate así. Es como si me guardara rencor por no haberle hablado antes cuando le guié para ir a la estación.
-¿Qué era... Hace cinco minutos o hace varios años?- Me dice con tono irónico.
Como no logro comprender la pregunta, me callo y espero a que continúe.
-Hace años sería una persona, pero hace cinco minutos no era más que un trozo de carne deseando matarte para poder devorar tus vísceras.
Sigo en silencio, al parecer él sabe más que yo de este lugar pero tengo miedo de preguntarle algo.
-Bueno- dice echándose el pelo liso negro hacia atrás y apartándose el flequillo de la cara. - Como tú me ayudaste desinteresadamente, cosa que nadie a quien pregunté quiso hacerlo y no sólo eso sino que además me acompañaste, pues yo ahora te ayudaré- abrió su chaqueta y sacó de ella un pequeño revólver. - No pesa mucho, así que no te será muy difícil manejarlo, pero te recomiendo no utilizarlo a no ser que sea absolutamente necesario ya que necesitarás balas y no tienes demasiadas, por lo que búscate un arma que no las necesite por si acaso te encuentras con más de uno de esos- mira al suelo donde "eso" empieza a pudrirse más de lo que estaba- ya que creo que tu pequeño spray no será muy eficaz- Vuelve a reír a carcajadas.
Agarro el arma con ambas manos, es cierto que no pesa tanto como podía parecer, pero el pulso me tiembla y pienso que en cualquier momento se me va a resbalar, aún no creo lo que tengo, nunca había si quiera visto una tan cerca.
La dejo en el suelo antes de que eso suceda.
-¿Entonces nos vamos a separar?- La idea de volver a estar sola no me ilusiona demasiado.
-Pienso- comienza- que a pesar de que el destino nos ha juntado dos veces, cada uno de nosotros debe de recorrer un camino diferente en este lugar... Porque... Tú... ¿Por qué estás aquí?
-Lo ignoro- digo cogiendo una pequeña piedra y lanzándola al abismo con fuerza- pensé que tú lo sabrías- intento escuchar el ruido de la piedra al chocar con algo pero no oigo nada, es como si no llegase a caer nunca.
-¿Por qué iba a saberlo yo?- dice sacudiéndose la chaqueta y la camisa, ya que un montoncito de ceniza se ha acumulado ahí.
- Porque parece ser que tú sabes de este sitio muchas más cosas de las que incluso me puedo llegar a imaginar.
-Ya- sonríe, mete la mano en el bolsillo y saca un paquete de cigarrillos, esta vez no me ofrece- el problema- dice mientras enciende uno con un mechero en el que pone "Milky"- es que tú no quieres seguir aquí y yo aún no puedo irme, por lo que nuestros caminos se han de separar justo aquí.
-¡No me importa ir contigo el tiempo que fuese necesario! ¡Pero no quiero estar sola!- le miro con ojos suplicantes. - No sé donde estoy, no sé que hago aquí y no sé porque hay monstruos horripilantes.
- Yo tampoco comprendo que estés aquí, pero si es así es porque tienes que ver algo directa o indirectamente con esta ciudad, sólo te digo eso. Además a mi lado en Silent Hill no estarías nada segura, no se me da bien proteger a la gente y no me importa realizar una misión kamikaze en este lugar si con ello logro encontrar lo que busco.
Dichas estas palabras, comienza a andar en dirección opuesta a donde me encuentro.
-¡Ey, espera!- grito corriendo hacia la cafetería, cojo uno de los planos y se lo entrego. -Es un mapa de Silent Hill, estoy segura de que te vendrá bien, no es lo mismo que una pistola pero...
-Creo que conozco Silent Hill casi de memoria, pero agradezco tu regalo- guarda el plano en uno de sus bolsillos- y por eso te voy a dar otro consejo que ya se me había olvidado: Si oyes sirenas ¡Huye!
Veo que sin que yo quiera va apartándose de mí lentamente, antes de que esté lo suficientemente lejos como para que no me oiga le grito una última pregunta.
-¡¿Cómo te llamas?!
-Tesuya- contesta sin girarse.
-¡Yo soy Sara!
-Gracias Sara- se da la media vuelta y sonríe- no te preocupes, estoy seguro de que nuestros destinos volverán a unirse en algún momento.
Instantes después desaparece entre la niebla, que ha medida que ha pasado la tarde se ha ido disipando, sin embargo, el paisaje aterrador que veo ahora hace que desee que vuelva la niebla que me impedía ver nada.
Como no me hace mucha gracia estar al lado de algo que no parece tener fin, ya que al menos yo no he oído la piedra chocar, y como el hecho de tener junto a mí un trozo enorme de carne podrida tampoco me anima demasiado, guardo todo lo más deprisa que puedo en mi mochila, incluso el revólver, que no me hace demasiada ilusión ir con algo así de la mano y deseo no tener que utilizarlo.
