III
Su estómago vuelve a rugir de hambre al ver la minúscula ensalada que el camarero sitúa delante de él, y Castle gruñe por lo bajo. Por supuesto, eso le hace ganarse una mirada de reproche de Gina, la número 47 de esa tarde, según sus cálculos. Por el rabillo del ojo, ve a Beckett que, desde el punto más alejado de la mesa circular, le dedica una sonrisa divertida. Quizá su gruñido ha sido más audible de lo que pensaba.
Durante un momento, al comprobar en la distribución del banquete que todo el grupo iba a compartir mesa, Castle había sentido un acceso de pánico, pero se tranquilizó enseguida al ver que los nombres de Beckett y Josh estaban situados en el otro extremo de la mesa de ellos. Con la pareja tan lejos, sin duda no podrían formar parte de la misma conversación.
Sin embargo, con Gina más callada de lo habitual y Lanie y Espo cuchicheando entre ellos la mayor parte del tiempo, fragmentos de la conversación de Beckett y Josh con Karpowski y su marido llegan hasta sus oídos, haciéndole preferir que Gina le preguntase por su nueva novela. Para Castle, no hay mayor tortura que escuchar al chico de la moto hablando constantemente de "Kate". No es capaz de explicar el motivo, pero el hecho de que la llame por su nombre de pila en una mesa llena de gente que la conoce como "Beckett" se le antoja un gesto posesivo de la peor especie. Es como si Josh les estuviera diciendo: "Mirad, yo la llamo Kate; la conozco mejor que vosotros". Es posible que estuviera siendo irracional, pero Castle lo achaca a la falta de alimento. Seguramente, con el estómago lleno vería las cosas de otra manera... aunque probablemente no.
A su lado, Gina hace un comentario sobre la ensalada, y Castle se agarra a él como si fuera un salvavidas. Cualquier conversación es mejor que la distracción de la pareja modélica sentada frente a él. Gina y él conversan durante unos minutos sobre el que probablemente sea el plato más aburrido del mundo, y hasta ella parece sorprendida de la manera en que él alarga el tema hasta límites desconocidos hasta la fecha.
—Bueno, Josh —oye la voz de Esposito a su izquierda—. Cuéntanos algo sobre ti. Beckett apenas te menciona.
El comentario claramente le vale una patada en la espinilla de Lanie, porque el detective da un respingo y se apresura a corregirse.
—Quiero decir, que no nos ha dado muchos detalles...
Todos los ojos de los comensales se posan en Josh, que carraspea, claramente turbado por la atención.
—No hay mucho que contar, la verdad —responde—. El trabajo me mantiene muy ocupado.
—Sí, sabemos lo que eso —comenta Esposito—. Sin embargo, con un trabajo tan absorbente, hay que tener claras tus prioridades, ¿no crees?
—Por supuesto —asiente Josh.
—¿Y bien? —pregunta el detective, con una expresión que Castle reconoce de sus interrogatorios.
—¿Perdón?
—¿Cuáles son tus prioridades?
La pregunta de Esposito pilla por sorpresa a Josh, pero no a Beckett, que fulmina con la mirada a su compañero hasta que éste parece empequeñecer en el asiento.
—El trabajo humanitario es muy importante para mí —responde Josh, ajeno a la escena, y Esposito asiente con la cabeza, claramente demasiado intimidado para continuar el interrogatorio.
—Una noble causa —interviene Castle, ganándose una mirada de advertencia de Beckett. Castle decide ignorarla por el momento—. Aunque imagino que no te dejará mucho tiempo para otros aspectos de tu vida.
Se hace un silencio incómodo en la mesa, hasta que Lanie toma el relevo, alabando la labor de Josh y alejando la atención de todo el mundo hacia la llegada del segundo plato. Castle se gira hacia Gina para hacerle una pregunta sobre el pescado que acaban de ponerle delante, pero la fría expresión de su rostro le deja claro que su novia no está para tonterías. Al levantar la vista, se encuentra con una expresión idéntica en los ojos de Beckett, y sabe que la velada no ha hecho más que empezar.
