CAPÍTULO 3

Acabemos con ellos y ya!-

-Cállate inservible, si lo hacemos se corromperá, lo necesitamos en su basal-

-Solamente unos huesos, hace mucho que ….-

-Hazlo si tanto quieres, explícale al amo cómo el emblema no funcionó después, anda, te reto a eso-

Dos sujetos conversaban álgidamente mientras esperaban, habían llamado a la puerta de un departamento hace unos cuantos segundos antes que el primero iniciara su súplica, ahora, tras escuchar esa amenaza tuvo que contenerse.

-¿Sí?- una mujer de aproximadamente cuarenta años, alta, delgada, con un dental estilo chef que la delataba estar en medio de sus actividades culinarias abrió la puerta amablemente; tenía delante suyo a dos muchachitos vestidos con camisa blanca, pantalones oscuros y camisón verde oscuro que le hizo entender eran chicos de la escuela secundaria, un atuendo bastante común pero lo curioso era que se hallaban en vacaciones y no había mucho sentido vestirse así. –Disculpe la visita sin previo aviso, somos compañeros de Tai, ¿es esta su casa?- el primer joven en hablar era más bajo que su hijo, tenía cabellera blanca y algo alborotada, nariz respingada y ojos azules, algo atlético dicho sea de paso, -Ya veo, son amigos de Tai, él no está, salió a un campamento con unos viejos conocidos- tan altruista como siempre ella les dio ese mensaje, seguía sin entender el atuendo de esos dos pero conociendo a su hijo mayor, este paraba rodeado de gente tan extraña como él y por ello le restó importancia a ese detalle.

-Vaya, que lástima, queríamos reunirnos para festejar el fin de año académico, todos fueron invitados pero por un error se olvidaron de enviarle el mensaje a Tai….¿sabe cómo podemos comunicarnos con él?- el segundo muchacho habló, su voz era mucho más pausada, al igual que el otro, su cabellera era igual de blanca pero bastante peinada, como quien hecha para ser parte de una entrevista laboral, pero a diferencia del otro, este lucía algo subido de peso, más cachetón y con rostro de ser alguien sin mucho interés en los deportes.

-Se fue hace unas horas, pero llevó su celular ¿han intentado llamarlo?-

-Sí, aunque, no nos respondió, imaginamos que estaba durmiendo aun- nuevamente aquel joven bien peinado contestó; la señora Yagami parecía sospechar algo, cosa que toda madre se enorgullece en llamar un sexto sentido, pero la explicación tan razonable del joven le hizo sentirse mucho más calmada. Conversó unos cuantos segundos más con los muchachos, hizo el además de estar cocinando para no sonar atrevida como pretexto para cerrar la puerta no sin antes despedirse cortésmente.

-Señora, disculpe la molestia; esto me apena, hay alguna forma de saber dónde está. Honestamente, una compañera de otra sección, está muy interesada en conocer a su hijo, a ella le gusta bastante de hecho y siempre asiste a sus partidos, es una buena amiga nuestra y siendo Tai alguien…..-

La madre rio con mucha fuerza, sonrió de manera horonda sacando pecho por su hijo, -hubieran comenzado por eso chicos, descuiden, está por las afueras de la ciudad, en la cabaña de un amigo suyo, deben conocerlo, Matt Ishida, el chico de la banda; queda por la carretera a dos horas de la estación de trenes yendo hacia el sur. Mira querido, nuestro hijo tiene una admiradora- tras dar esos datos la señora se despidió de ambos chicos dejando una grata impresión de ser una madre capaz de prestarse para cuando de buscarle chicas a su hijo se trataba. Los otros dos se marcharon satisfechos agradeciendo luego tal ayuda y pedirle no mencionar nada al respecto a la señora para que todo esto pudiera salir como una "sorpresa".

-No sabía que la cabaña quedaba al sur- pasando las hojas del periódico de ese día, el señor Yagami se percató del detalle hecho por su esposa.

-Pues así es- ella contestó con severidad, cogió uno de sus cucharones de madera para seguir aderezando su creativo pastel de albóndigas.

-Si mal no me equivoco, al sur solo hay unos cuantos bares y hoteles para turistas, la cabaña del señor Ishida, queda en la dirección contraria- mostrando una sonrisa pícara y dándole vuelta a otra página más, miró a su esposa meneando la cabeza como quien sabiendo que esta no era la primera vez que hacía algo similar.

-Quien sabe quién es esa chica, mi niño necesita de alguien quien no lo persiga, además está con sus amigos ahora.-

-Está con la persona quien tú quieres que es diferente-

-Ya hablamos de esto decenas de veces- poniéndole punto final a esta discusión, la mujer continuó sazonando las ollas, cortó pequeños trozos de vegetales para luego inmiscuirlas dentro de la sartén principal, mientras aquel maduro esposo mantenía esa sonrisa algo complaciente pues sabía las intenciones de aquella mujer.

En otra escena, los dos jóvenes que hace poco conversaron con la madre de los hermanos Yagami, saltaron desde el cuarto piso sin temor alguno, cayeron sobre dos vehículos los cuales quedaron severamente comprometidos al impactar con los pies de ambos, estos ni se inmutaron ante la colisión, salieron volando a toda velocidad hacia donde se les indico sin darle importancia a la multitud que los veía con asombro; en su camino, uno que otro curioso atónito optó por sacar alguna fotografía o grabar lo sucedido. -Puedes matar a alguien si deseas, estos no se vinculan con nuestro objetivo-. El sujeto con mejillas más prominentes le mencionó eso a su compañero para ponerlo de buen humor; este otro, con gran satisfacción, miró con detenimiento a ese infortunado hombre con cámara en mano quien grababa los acontecimientos, ni bien hicieron contacto visual cuando pasaron cerca suyo, aquel varón de casi treinta años quedó petrificado, con rapidez, su cuerpo comenzó a congelarse mostrando grietas de hielo por todo el cuerpo, incluso la cámara que sostenía se cubrió por una delgada capa de fina agua congelada. Dejando un eco de risas satisfactorias, ambos continuaron en dirección norte, tenían una tarea que cumplir y al parecer pudieron obtener buena información acerca del paradero de quien tanto deseaban, sin saber que la astuta madre de ese blanco les dio una dirección errónea teniendo otros pensamientos, pero que afortunadamente le daría tiempo a su hijo y compañeros. El petrificado hombre terminó haciéndose.

-Te mojas un rato en el lago y te da fiebre, se ve que no acostumbras bañarte tarado- Matt le alcanzó un plato de sopa caliente al castaño quien había sido víctima de un resfriado justo a pocas horas de salir del agua; ahora se quejaba por estar pasando este infortunio aunque despertando gracia entre los demás compañeros quienes no esperaron en bromear al respecto. -Tú tienes que ayudarme Joe, has algo- mirando con ojos llorosos al muchacho quien terminaba su primer año de estudios en la facultad de medicina, suplicó que le diera algo para calmar esta molestia, -lo siento Tai, a penas y sé cosas muy básicas, además no me parece algo grave, es un simple resfriado, sanarás en dos días.-

-En esos dos días, todos nos divertiremos sin ti, lo prometemos- Sora dio el comentario final para con su amigo, todos rieron; con el trascurrir de las horas y tras, como ellos mismos lo dijeron, sobrevivir a la singular cocina de Yolei, cada quien comenzó a desempacar lo necesario para poder darse abrigo y descansar apropiadamente sobre los grandes y ostentosos muebles de la familia Ishida.

Matt siempre resultaba ser un chico carismático, bromista y humilde, no tenía necesidad en demostrar cuan económicamente bien podía estar y el compartir siempre fue un detalle suyo, tal vez por ello se tenía bien ganado su emblema salvo por un único objeto el cual protegía tanto como a su propia vida…..su guitarra eléctrica; fue un valioso obsequio de su padre cuando cumplió catorce años y lo mantenía en muy buen estado hasta ahora (17), era prácticamente un objeto "sagrado", cosa que su mejor amigo no supo entender mientras posicionaba sus dedos sobre las delicadas cuerdas finas para demostrar que sabía un poco de música.

Saca tus dedos de mi guitarra!-

-No exageres no es para tan….- ni pensarlo dos veces, el rubio se abalanzó sobre el otro no sin antes haber puesto a salvo su más preciado tesoro, ahora ambos peleaban cual niños, como acostumbraron hacerlo durante todos estos años de amistad; honestamente Tai era un chico más atlético por dedicar su mayoría de tiempo libre al futbol a diferencia del rubio, quien prefería pasar las horas con su banda de rock en busca de una quimera y por ello usualmente era el primero quien "ganaba" en el juego de las luchas, pero algo lo estaba desconcertando. Fue gracias al bullicio que esos dos jóvenes hacían, que el resto se despertó o dejó de hacer lo que estaban haciendo para asegurarse que nada extraño estuviera aconteciendo, tras percatarse de la típica escena entre ellos, cada quien volvió a lo suyo.

Como si un aire gélido irrumpiera por dentro que se transformó a un calor tan abrumante, Tai se quedó estático durante una fracción de segundo, esa sensación tan extraña le era muy familiar, como haberla sentido antes, juraría haber sentido un dolor inimaginable pero debido a extremadamente breve que resultó ser, no le dio tiempo en reaccionar; fueron en esos escasos milisengundos en los cuales Matt logró desarmar al castaño mediante una llave improvisada para sellar su victoria. –Gane esta vez tarado-

-….-

Tai parecía en trance, hizo una breve pausa para luego lograr zafarse de su amigo quien ya empezaba a soltarlo no sin antes mostrar una sonrisa placentera, se dirigió hacia una de las ventanas, curiosamente el mismo Joe las hubo cerrado todas pensando que sería lo más sensato para evitar que algún animal se introdujera y robara los alimentos o que los mosquitos hicieran un festín con todos, pero esa ventana estaba abierta. Comenzó a sudar mientras una sensación perspicaz recorría su mente entera. –Hermano, ¿estás bien?- Kari se acercó hasta donde él, estaba bastante acostumbrada a soportar las rarezas de su hermano, pero esto (incluso viniendo de él) era muy esotérico. –Oye amigo, tranquilízate, te suce…- Tk intentó acercársele, estiró la mano derecha para intentar cogerlo mientras este continuaba viendo un punto fijo entre los árboles negros gracias a la noche pero Tai tuvo una reacción anormal, prácticamente fue como si se sintiera atacado por el menor de los Ishida, parpadeó unas cuantas veces y luego vomitó por la ventana desatando preocupación en todos.

-¿Tienes algún termómetro acá amigo?- rápidamente Joe preguntó imaginando que un cuadro febril fuese el responsable de la situación aunque muy improbable resultaría serlo.

-¿A dónde vas tú?- como por acto reflejo, Mimi giró la cabeza para ver como Ken salía por la puerta principal a una prisa considerable.

-Estaba mirando un punto fijo por allá, algo no me huele bien- sintió escalofríos, hace muchos años este mozuelo dedicó todo su gran intelecto en servicio a fuerzas oscuras mientras era usado como títere por terceros antes de convertirse en un verdadero elegido; un instinto le ordenó seguir, tal vez haber estado conectado con aquel pasado le brindaba ese peculiar sentido extra sobre malos aires. -Dejen de exagerar las cosas, ya sé lo que tiene- su comentario dejó a todos inquietos, esperaron a que acomodara al actual risueño Tai sobre uno de los antiguos muebles para dar su explicación, con ayuda de Davis pudo lograrlo.

-Estas vayas son cosas peligrosas, no letales, pero dan cuadros de falsas percepciones si se las come sin saber prepararlas- El peliazul defendió su hipótesis luego de rebuscar entre los bolsillos de su compañero (el pretexto por cual lo hizo sería diferente), encontró esos frutos secos enseñándoles a todos para instaurar un clima de menor angustia. –Descuida Kari, estará bien, solo necesita descansar- percatándose de la mirada aun preocupada de aquella señorita, Joe tuvo que tranquilizarla con eso último.

-Tú, idiota, siempre….haciendo…..tonterías…cómo….te….atreves- a pesar de estar completamente dormido, eso no evitó que fuera sacudido con violencia o que le cayeran fuertes golpes con almohadas (haciendo mención que los cojines antiguos eran algo pesados) sobre la cabeza. –Sora, eso va dolerle cuando despierte- Izzy lo dijo con una voz entre avergonzada mezclada entre sorpresa.

-Debe aprender tarde o temprano-

Aquel joven genio era alguien con sueño bastante frágil, si era despertado por cualquier minuciosidad, tardaría unos diez minutos aproximadamente en dormirse nuevamente, pidió permiso cortésmente a Matt un refresco de la nevera, este volvió a insistir que no debería de haber tanta formalidad para luego decirle un "sí amigo adelante". Aprovechó esos instantes en los cuales se dirigía a la cocina para poner en orden su mente, su emblema supo a quién saber elegir como su portador; y ahora, el chico del conocimiento lamentaba tener una mente tan brillante. Se sirvió el zumo de frutas en un vaso para no levantar sospechas, se despidió de todos con amabilidad fingiendo no ser partícipe de nada, primero entró en uno de los servicios higiénicos aun portando su vaso, cerró con llave para asegurarse que nadie lo interrumpa. El baño era bastante espacioso, nada que envidiarle a uno de la ciudad considerando ser una casa de campo. Miró detenidamente el espejo que servía para tanto reflejarse justo encima del lavado como para uso de botiquín, las cristalinas lunas estaban temblando como si fuera un recipiente de agua agitándose luego que una piedra cayera en el centro; de entre ese espejo mirándose un reflejo muy distorsionado salió su digivice dejándole boquiabierto. –Necesito mi computadora-

En la otra sala, ya todos maás tranquilos sin saber lo que acontecía en el baño del primer piso; Joe se aseguró que todo marchara bien, -Ken, ya que estas ahí, puedes acompañarme a la van de Matt, le pedí a Tai que trajera un par de escobas y algo de detergente- dijo mirando a su menor amigo pues este aún se encontraba parado donde antes, a pocos metros de la salida.

-¿Para qué necesitas eso? – Matt preguntó la razón de ello, este se disponía a subir para acomodar la guitarra que hubo desatado todo ese alboroto.

-Recuerda que nuestro amigo al parecer vomitó algo afuera de esa ventana, me disculpo, debí haberles advertido de esas vayas así que lo limpiaré- tan bien educado como de costumbre, Joe se ofreció para esa tarea haciendo recordar en efecto esa escena, Matt le pidió no hacerlo que mañana temprano él se encargaría y aunque honestamente no deseaba realizarlo, su cabeza le ordenaba ser buen anfitrión siempre aunque al fin de cuentas el mayor se quedó con el "crédito" insistiéndole a Ken ser acompañado.

Ambos salieron, apagaron las velas las cuales de forma impresionante daban buena luminosidad a la cabaña tanto así que podría verse desde fuera como si tuviera focos de baja potencia.

-Siempre piensas en todo Joe- Ken nunca se hubiera imaginado traer consigo escobas y detergente especial, eso le hizo sentirse algo apenado pues cuando todo el campamento terminara, sería Matt quien luego ordenaría las cosas por su cuenta.

-Tú solo sígueme, ciertas cosas no andan bien aquí, no debemos hacer que cunda el pánico- su mirada era frívola con destellos de miedo, aquel joven alto de anteojos delgados, cabellera azul, miraba detenidamente hacia el mismo lugar en donde Tai lo estuvo haciendo. –Imagino que también pensaste que esto no era una casualidad, ¿cierto Ken?-. Dejó pasmado al muchacho, este tuvo que admitir cuan buen actor resultó ser Joe, ahora ambos estaban en la van en medio de la oscuridad y apoyados con los destellos de un par de linternas caseras, este permanecía apuntando los árboles. –Pero, las vallas, tú dijiste….-

-Tai más que nadie sabe acerca de eso, me lo dijo en el primer campamento que tuvimos juntos; supongo que las tenía en el bolsillo para decirnos que no debíamos comerlas, pero conociendo lo olvidadizo que es….- sus ojos nunca dejaron de posicionarse sobre otro lugar que no fuese esos árboles. Con cierto temor, Ken alumbró la ventana por la cual su compañero hubo vomitado, se dio una gran sorpresa; tan solo pudo quedarse mudo unos segundos.

-Vi como vomitó, lo juro, vi que salió algo por su boca, vi…..-

-Diremos que nosotros lo limpiamos, cuando estemos todos juntos mañana temprano nos iremos- sobre las bases de madera no había rastro alguno o muestras de líquidas, nada que justificara las arcadas y el sonido tan similar a los casi tres vómitos que lanzó Tai a través de esas ventanas abiertas.

-Cómo puedes decir eso, debemos marcharnos ahora, tengo un mal presentimiento-

-También yo, pero piensa qué tan seguro es que salgamos de noche sobre un camino el cual solo uno conoce-

-Debemos decirles si…-

-Tú y yo, haremos guardia hoy, en silencio, por ahora. Esperemos a que amanezca- el tiempo lo convirtió en un sujeto mucho más maduro y sensato; Joe a sus dieciocho años entendió que por más que lo desearan, sin importar cuantas veces lo hicieran, el sello de ser "niños elegidos" los mantendría sujetos a ese peculiar mundo para toda la vida; pudo convencer a su compañero.

….

-¿Podrá resistir?, te excediste un poco ¿no crees?-

-Aguantará, lo sé-

-Fue muy riesgoso, hay rumores que los han visto, que tiene sirvientes capaces de….-

-Estoy al tanto, por ahora debemos permanecer así, ocultos-

-¿Ocultos? ¿Le llamas a lo que acabas de hacer, oculto?, estas demente-

-Mis disculpas, necesitaba saberlo-

-Tú y tus desenfrenados impulsos, harás que nos maten-

-Perdóname por favor, pero al menos ahora estamos seguros- sobre la densa flora y camuflados por la totalidad oscuridad sin más luz que el reflejo de la media luna sobre un riachuelo, dos sujetos sostenían sus asuntos.