Bienvenidos al segundo capítulo :)

Antes que nada quiero aclarar algunas cosas y algunas dudas que posiblemente tendréis.

Lo primero es que en cada capítulo como estáis observando hay pequeños fragmentos sobre la infancia de Elaina. De momento son de cuando tenía 10 años y comenzó a viajar con Gandalf. Pero en otros capítulos será con más años, incluso puede que hayan fragmentos recientes, pero anteriormente a la historia del señor de los anillos. En estos fragmentos se explicará absolutamente TODO. Como es como es, como ha conseguido las armas que ahora porta, como ha conocido a los hobbits y viajado a la comarca. Todo eso. Es como una pequeña historia dentro de la historia principal. Una muestra la evaluación de una Elaina de niña a la joven que es ahora y la otra muestra a la Elaina de ahora brillando cada vez y madurando. Ambas historias muestran su evolución y sus cambios conforme pasa el tiempo.

Lo segundo que quiero aclarar es que esta historia irá lentamente. Es decir, no encontrareis a Elaina y a Legolas ya enamorados en dos o tres capítulos. Nunca me ha gustado eso. Y siempre he preferido hacer que mis protagonistas viviesen situaciones en las que poco a poco se fuesen acercando, que en cada momento su unión se hiciera más fuerte.

Si no os gusta eso, lo siento mucho, pero yo soy una romántica empedernida y el emparejamiento de los protagonistas siempre me salen así, no importa cuanto intente cambiarlo. Y me disculpo de ante mano por las escenas cursis que tal vez leeréis, pero viene con lo de romántica empedernida...

Respondo comentarios/reviews:

ºCaptain Elegost: Me ha gustado tu teoría de que el Pueblo de la Montaña se encuentre en Rhudaur. Honestamente, solo se me ocurrió crear un pueblo que se encontrase en la montaña, pero no pensé detenidamente en donde se encontraría por culpa de mis ansias por escribir la historia. La verdad es que no tenía pensado que Elaina actuase así hacía Boromir, pero lo escribí en un momento de inspiración y así quedó. Tienes razón en el que he omitido información importante en el capítulo 1. Mis más sinceras disculpas. En cuanto terminé los capítulos de ''La comunidad del anillo'', lo arreglaré. Muchas gracias por comentar, Capitán Elegost, me alegro de que te guste mi historia y espero volver a verte por aquí.

Mis agradecimientos a Captain Elegost por comentar, a aridenere por seguir esta historia y seguirme a mí, y a cualquier persona, elfo, enano o ser vivo que le esté dando una oportunidad a esta historia. Mil gracias.

No poseo nada sobre 'Lord of the Rings', solamente a Elaina, el Pueblo de la Montaña y a cualquier personaje que no salgan ni en los libros, ni en las películas.


Pequeña Estrella

Capítulo 2- La aventura comienza...

Elaina se mantuvo tumbada en su cama improvisada en el suelo, sus ojos escanearían discretamente cada rincón del bosque, inquieta y nerviosa. Era la primera vez que dormía al aire libre y en un lugar desconocido. Cada sonido podía significar un enemigo acercándose y listo para atacarla. Las llamas del fuego ardían e iluminaban la oscuridad del bosque, pero Elaina no se sintió aliviada de ello. Las sombras bailaban reflejando las llamas en la oscuridad y Elaina estaba hipnotizada de ello, en vez de asustada. Más aún cuando las sombras se detuvieron y se movieron como si la saludarán, y Elaina estuvo a punto de levantarse y caminar hacía ellas cuando Gandalf volvió.

Él le dirigió una mirada interrogante y ella desvió la mirada, avergonzada de que casi había abandonado la seguridad del campamento por unos simples reflejos de la luz. Gandalf no dijo ni una palabra, aunque por sus brillantes ojos sabía que algo había sucedido. Él se sentó frente a la pequeña hoguera y echó más troncos, soltando un suspiro por su vejez. Y Elaina se preguntó por qué Gandalf había decidido llevarla de viaje. Él era un mago muy ocupado, la seguridad de la tierra media en sus manos, y también era bastante anciano, por lo que ella siguió sin entenderlo. Y sin poder hacer nada contra su curiosidad, preguntó:

-¿Por qué has decidido llevarme de viaje, Gandalf?- Gandalf alzó la vista con sorpresa, como si no hubiera esperado que ella le cuestionase y ella continuó.- Eres un mago muy ocupado y muy necesitado en muchos reinos, por ello solo sueles visitar a mi padre una vez al año y eso si no tienes tantas ocupaciones... Por lo que no dejó de preguntarme... ¿Por qué me has traído cuando solo estorbaré?

-Estorbar... Suena bastante mal, ¿verdad?- Inquirió Gandalf para sí mismo, ocultando su sonrisa. La niña era perspectiva.- Prefiero la palabra acompañante.- Él le mostró su sonrisa mientras la pequeña niña se incorporó en la cama improvisada.- Eres mi acompañante de viajes, Elaina Willers. No un estorbo.

Elaina no correspondió su sonrisa y volvió a tumbarse, mirando el oscuro cielo. Y la sonrisa de Gandalf se evaporó a sus siguientes palabras.- Lo soy. Soy un estorbo para mis padres y la aldea. He causado un montón de problemas y es normal que quieran deshacerse de mí...

El bastón de Gandalf chocó con fuerza en el suelo y el aire se arremolinó a su alrededor violentamente, sacudiendo las hojas de los árboles. Elaina se incorporó completamente sorprendida y le lanzó una mirada temerosa a Gandalf. Las hojas fueron arrancadas bruscamente de las ramas y el viento las arrastró con fuerza mientras pequeñas ramas también amenazaban con salir volando.

-¡¿Qué clase de tonterías estás pronunciando?!- La voz de Gandalf resonó entre los troncos de los árboles y Elaina continuó mirándolo con los ojos abiertos. Gandalf notando su reacción, se acercó a ella y se arrodilló, sus ojos brillando con firmeza.- No vuelvas a repetir eso. Tus padres te adoran y nunca permitirían que te alejases de ellos.

-¿Entonces por qué estoy aquí?- Exigió Elaina, completamente frustrada.

-Porque tus padres quieren protegerte.- Explicó el mago, sus ojos suavizándose al notar las pequeñas lágrimas en las esquinas de sus ojos.- En el pueblo ya no estás tan segura con todos los ataques de orcos y tus padres prefieren alejarse de ti durante unos días, a perderte para siempre.- Las mejillas de Elaina se empaparon y se abrazó a la túnica del mago.- Eres valiosa, Elaina. Más de lo que creíamos...

Y como si las sombras estuvieran de acuerdo, se alzaron en la oscuridad.


Los invitados del concilio se dispersaron y la reciente comunidad del anillo caminó en diferentes direcciones, queriendo empacar todo lo necesario para su viaje. Elaina fue una de las primeras en alejarse. Caminó entre los grandes y elegantes pasillos, sonriendo mientras escuchaba los pasos de alguien detrás de ella. Y sabía perfectamente quien era.

-Elaina.- Llamó Gandalf y Elaina detuvo sus pasos, justo en la puerta de la habitación que le habían dado. Se giró y se encontró con su mirada firme.- Esta no es uno de nuestros viajes a la Comarca, donde todo era diversión. Este viaje estará lleno de peligros.- Elaina abrió la boca, ofendida. Y Gandalf ni si quiera le dio tiempo a protestar mientras añadía rápidamente.- Y sé que estás tomando está misión en serio, pero...- Él suspiró.- Pero hay posibilidades de no lograr esta misión y no quiero que salgas herida...

-¿En serio, Gandalf?- Se burló Elaina.- Conseguiremos destruir al anillo. Tenlo claro.- Gandalf no pudo dejar de mirar con sorpresa a la joven frente a él y Elaina le sonrió con completa confianza.- Y yo no saldré herida, Gandalf. No tienes porque preocuparte por mi, cuando sabes que sé defenderme perfectamente.- Añadió y su sonrisa no vaciló mientras pronunciaba las siguientes palabras.- Todo saldrá bien.

Y Gandalf rogó que ella tuviese razón como parecía tener en la mayoría de las veces.

Elaina le lanzó una última mirada tranquilizadora al mago que consideraba de la familia y se giró, entrando en su habitación y cerrando la puerta tras ella. Agarró su pequeña bolsa, que le habían regalado sus padres por su noveno cumpleaños y que usaba desde su primer viaje, y pasó su cinta por los hombros, dejando que la bolsa colgará en su cadera. También agarró su pequeña espada, que estaba guardada en su funda y apretó el cinturón de la funda en su cadera mientras agarró una daga plateada y la ocultó en una de sus botas.

Ella alisó su vestido verdoso oscuro y sonrió cuando pudo moverse perfectamente en él. Su madre lo había hecho especialmente para sus aventuras, sabiendo que necesitaba una vestimenta que le permitiera moverse libremente y después de una gran discusión (Elaina queriendo vestir ropa de hombre para sus viajes y su madre negándose completamente), habían acordado crear esos vestidos que le daban la libertad idéntica a las túnicas. Y para horror de su madre, a Elaina le habían encantado esos vestidos y solo deseaba usarlos a cualquier momento. De hecho, su armario de vuelta a su hogar solo mantenía esos vestidos, aunque su madre existía en colocar ahí vestidos elegantes.

Satisfecha, Elaina se puso su capa negra con capucha y se retiró de la habitación, en dirección hacía el patio, donde la comunidad había acordado reunirse para que el Señor Elrond pudiera despedirlos.

Cuando llegó solo se encontró a Aragorn, Boromir, Gimli, Gandalf y Legolas. No había ningún rastro de los cuatro hobbits y Elaina torpemente miró a los hombres antes de ir al lado de Gandalf, sintiendo las miradas en ella. Se debatió si presentarse o no, pero probablemente ya la conocieran del concilio, al igual que ella los conocía a ellos. Y sus mejillas fueron un poco rojas al recordar su actitud y con un suspiró dio un paso hacía delante, hacía Boromir.

-Lo siento.- Soltó ante su mirada inquisitiva.- No debí de haberle tratado como hice en el concilio, señor Boromir.- Ella le tendió la mano, esperando a que la estrechase, pero Boromir simplemente la miró.

-Solo causarás problemas en este viaje.- Masculló él.- Deberías quedarte aquí o volver a tu pueblo de salvajes y hacer cosas de mujeres.

Con eso se alejó del grupo y Elaina parpadeó, girándose hacía Gandalf, suplicante.- ¿Puedo golpearle?- Suplicó y Gandalf le lanzó una mirada de regaño.

-Elaina.- Advirtió.

Y Elaina alzó inmediatamente sus brazos, rindiéndose, mientras sonreía ladeadamente. Y Aragorn, Gimli y Legolas observaron el intercambio con diversión y curiosidad. El elfo sintiendo sus labios arquearse ante la humana con una actitud llameante. Todos parecían notar su actitud determinada y todos parecían acordar en que esto solo era una muestra de Elaina Willers.

El silencio fue menos tenso que antes y Gandalf sus ojos vigilantes en Elaina, como si temiera a que esta desapareciera nada mas apartar la mirada. Completamente razonable, pensó divertido Aragorn, observando como por décima vez la muchacha veía algo que le interesaba y daba un paso para acercarse a ello, pero era inmediatamente detenida por Gandalf, quien la agarraba de su capucha y la mantenía en el sitio con una mirada severa mientras Elaina parpadeaba confundida, como si no entendiera porque era detenida. Y por el aspecto cansado, pero divertido de Gandalf, Aragorn sospechaba que esta no era la primera vez que el mago tenía que detener a la joven.

Los labios de Elaina se elevaron cuando los cuatro hobbits corrieron hacía ellos. Sam disculpándose profundamente por su retraso mientras Frodo sonreía ligeramente y Pippin y Merry susurraban entre sí. Probablemente compartiendo escondites secretos que habrían encontrado en Rivendel en sus exploraciones. Y justo en ese momento el señor Elrond apareció y con sus elegantes pasos se posicionó frente a ellos, para poder observarlos a todos mientras hablaba.

-El portador del anillo parte ahora en busca de la Montaña del Destino.- Anunció en voz alta.- A los que viajan con él, ningún lazo ni juramento los obliga a ir más allá de vuestros propios corazones.- Mientras había ido pronunciando esas palabras, elfos habían ido apareciendo y rodeando a la pequeña comunidad.- Adiós. Aferrense a sus propósitos. Que las bendiciones de los elfos y los hombres y todos los hombres libres vaya con vosotros.- Legolas y Aragorn se llevaron la mano al pecho y se inclinaron, reconociendo y agradeciendo esas palabras, mientras los otros miembros se mantuvieron inmóviles.

-La comunidad a guarda al portador del anillo.- Habló Gandalf mirando a Frodo.

Y Frodo tragó saliva mientras se giraba y empezaba a caminar, lentamente. Elaina caminó ligeramente por detrás de él junto con Gandalf y Frodo se sintió un poco más aliviado al sentir sus presencias mientras susurraba.- Mordor, Gandalf... ¿Es a la izquierda o a la derecha?- Los labios de Elaina se elevaron una vez más y se mordió el interior de la mejilla para evitar su sonrisa.

-Izquierda.- Susurró también Gandalf después de pensarlo un poco y Frodo se giró inmediatamente en esa dirección.


Nada mas salir de Rivendel viajaron la mayor parte del día por los prados y colinas, sin descanso. A veces pararían un momento para que los hobbits pudieran recuperar su aliento, pero al minuto siguiente ya estarían otra vez viajando. Ahora mismo estaban caminando en un prado lleno de hierba, Gandalf guiando el camino con Gimli, los hobbits y Elaina detrás de él. Legolas, Aragorn y Boromir cerraban la marcha.

El camino hasta el momento había sido bastante tranquilo y sin ningún inconveniente, pero aún así Merry y Pippin se quejaban por el dolor de sus piernas y por la falta de comidas. Sin embargo, habían optado cambiar la conversación a las mejores travesuras que habían hecho y las que harían en el futuro cuando los otros miembros de la comunidad empezaban a darles miradas de fastidios por todas sus quejas. Elaina los había escuchado atentamente, sonriendo cuando en algunas de las travesuras que narraban ella había participado y aunque los hombres, el elfo y el enano lo negarán, también estaban escuchando su conversación con curiosidad y diversión.

-Ahora que lo pienso todos en la comarca adoran a Elaina, ¿pero ella tendrá una persona favorita?- Expresó pensativo Frodo cuando Merry y Pippin contaron las bromas que hicieron con Elaina, de las cuales ninguno de los adultos la castigó o la regañó severamente como a ellos.

Ante esa pregunta todos se volvieron hacía Elaina.

-Está claro que Merry y yo somos sus favoritos.- Proclamó Pippin compartiendo una sonrisa arrogante con Merry.- ¿Verdad, Elaina?- Para diversión de los presentes, Elaina hizo un sonido evasivo y aceleró un poco su ritmo.- ¿Elaina?- Intentó de nuevo Pippin.

Pero Elaina hizo el mismo sonido que antes acompañado de un encogimiento de hombros y no apartó la mirada del frente. Merry y Pippin se miraron con puro horror y jadearon mientras Frodo y Sam reían. Todos, excepto los hobbits, podían notar la sonrisa que tanto trataba de ocultar Elaina. Obviamente estaba bromeando con los pequeños hobbits, pero ellos se lo tomaron en serio y se pusieron al día con ella, intentando sonsacarle quien era su persona favorita para ''vencerla''.

Unas horas después la compañía decidió tomar un descanso después de haber subido un montón de colinas rocosas.

-Debemos mantener esta ruta, al oeste de las Montañas Nubladas durante 40 días. Con suerte, el paso de Rohan seguirá abierto.- Murmuraba Gandalf para sí mismo, mirando una dirección especifica.- Ahí, nuestro camino vira al este hacia Mordor.

Él se giró y observó como Sam preparaba un pequeño almuerzo. Sus ojos lo siguieron mientras caminó hacía Frodo y Elaina, quienes estaban sentados juntos en una gran roca mientras observaban a Merry y Pippin entrenar con Boromir, Aragorn también observándolos. Elaina hablaba animadamente con Frodo mientras ambos observaban los pasos torpes de Merry y Pippin.

-Dos, uno, cinco.- Iba guiando Boromir a los hobbits y Merry y Pippin lo hicieron perfectamente, aunque aún mantenía su torpeza.- ¡Bien! Muy bien.- Elogió él, cuando bloquearon otra vez su ataque, aunque él no le estaba poniendo fuerza que usualmente usaba en sus enemigos. Prefirió empezar suave con ellos.

-Mueve los pies.- Aconsejó Aragorn, observando sus movimientos.

-Inclina el brazo un poco y ataca.- Añadió Elaina y Boromir tuvo que dar un paso atrás cuando su espada se balanceó un poco con el ataque repentino de Merry.

El hobbit sonrió inmensamente y asintió en agradecimiento a Elaina y Aragorn. Elaina apartó la mirada del entrenamiento y le sonrió a Sam cuando se unió a Frodo y a ella, los tres volviéndose a ver el entrenamiento. Ahora Boromir luchando con Pippin. Y el entrenamiento ni siquiera paró mientras la voz de Gimli, el enano, se oía desde atrás, claramente disgustado con la ruta que estaban tomando.

-Si a alguien le interesa mi opinión, lo cual es improbable, yo diría que estamos tomando el camino largo.- Si, definitivamente disgustado, pensó Elaina mientras observaba como Gimli se giraba hacía Gandalf.- Gandalf, podríamos pasar por las Minas de Moria. Mi primo Balin nos recibiría como a reyes.- Intentó convencer Gimli y la expresión de Gandalf se ensombreció.

-Yo no atravesaría Moria a menos de que no hubiera más remedio.- Declaró Gandalf con firmeza, sus ojos desviándose inconscientemente hacía Elaina. No pienso someterla a tal peligro, pensó con determinación.

Los que aún observaban el entrenamiento rieron cuando Merry y Pippin abordaron a un Boromir sorprendido al suelo. Aragorn se había levantado para ayudarlo, pero había acabado en la misma situación que Boromir y ahora solo se reían Frodo, Sam y Elaina mientras los dos hombres intentaban liberarse. Las carcajadas de Elaina se detuvieron abruptamente mientras su cuerpo se tensaba y su cabeza se giró con rapidez. La inquietud inundandola. Legolas también parecía tener la misma inquietud, pues saltó hábilmente las rocas y con sus ojos miró a la lejanía, intentando averiguar que era el mal que se acercaba.

-¿Qué es eso?- Preguntó Sam, notando una nube negra a lo lejos.

-Es solo un jirón de nube.- Respondió con indiferencia Gimli.

Aragorn y Boromir se levantaron del suelo y miraron en la misma dirección en la que todos lo estaban haciendo. La nube se movía con rapidez.- Se está moviendo rápidamente. Contra el viento.- Notó Boromir.

-¡Son crebaln de Dunlan!- Exclamó Legolas y los ojos de todos se abrieron.

-¡Ocúltense!- Ordenó Aragorn y no tuvo que repetirlo dos veces.

Todos se movieron con rapidez. Sam apagó la pequeña fogata mientras Frodo recogía las mochilas y provisiones, y Elaina miró a su alrededor, asegurándose de que todos habían encontrado un lugar donde esconderse, antes de ocultarse con rapidez en un hueco que había bajo unas rocas. Sus manos agarraron la capucha de su capa y se la puso, ocultando completamente su rostro y camuflándose en la oscuridad mientras esperaba. Y no tuvo que esperar mucho. Los crebalns volaron por encima de ellos por un momento antes de alejarse en otra dirección y Elaina tomó una respiración profunda.

Observó a todos salir de sus escondites y apoyó sus manos en la roca, impulsándose fuera del agujero. Estaba casi fuera cuando una mano apareció en su visión y ella parpadeó con confusión hacía arriba, viendo a Legolas tendiéndole la mano. Ella la agarró con agradecimiento y Legolas la levantó con apenas esfuerzo.- Gracias.- Agradeció, soltando su mano y comprobando que su espada y daga estuvieran perfectamente atadas junto a su bolsa. Legolas asintió, restandole importancia y se giró hacía los demás miembros.

-Espías de Saruman. Están vigilando el paso al sur.- Informó Gandalf. Y Elaina miró al rededor mientras caminaba más cerca, soltando un suspiro cuando vio que todos los miembros estaban intactos.- Debemos tomar el paso de Caradharas.

Todos se giraron a mirar a las inmensas montañas llenas de nieve y con picos muy puntiagudos. Su terreno parecía muy elevado y ningún miembro de la compañía parecía muy entusiasmado en esta nueva ruta. Solo con observarlas podías notar lo peligrosas que eran, pero no tenían otra opción, y sin embargo nadie dio el primer paso para empezar a moverse, ni siquiera Gandalf.

-Bueno...- Habló Elaina, rompiendo el silencio.- Esto será divertido. Congelado, pero divertido.- Ella balanceó su cuerpo ligeramente, encogiéndose de hombros ante las miradas nada agradecidas de Gimli y Boromir, y sonrió de lado mientras sus ojos brillaban traviesamente bajo la capucha que aún mantenía puesta.

Ella empezó a caminar, Gandalf inmediatamente encabezando el camino mientras negaba con la cabeza y los hobbits también los siguieron, riendo ante las miradas asombradas de los hombres. Aún no se han acostumbrado a Elaina y su humor, pensó Frodo con diversión, Aunque al principio siempre cuesta. ¿Tal vez debería advertirles de que esto solo es el comienzo? Se cuestionó y miró a los hombres, Boromir mantenía su mirada irritada, Aragorn parpadeaba con diversión, Gimli bufaba y Legolas inclinaba la cabeza como si no entendiera algo. Mejor no, pensó una vez más Frodo, Esto va a ser divertido, después de todo.

Él compartió una sonrisa secreta con los demás hobbits, la de Merry y Pippin mucho más traviesas.

oo

Decir que andar en la nieve era fácil, sería completamente mentira.

La capa de nieve era completamente espesa y con cada paso que daban sus pies se hundían en ella. Gandalf tenía ayuda de su bastón y de su experiencia, al igual que Boromir, Aragorn y Legolas. Ellos seguramente habrían viajado antes por la nieve. Y a lo que más se le dificultaba eran a los hobbits y a Gimli, por su baja estatura. Elaina también tenía problemas al caminar, pero ella tenía el equilibro suficiente para no caer, aunque eso no evitaba que sus pies se hundieran en la nieve. Y observó con envidia como el elfo caminaba en la nieve sin dificultades.

Su atención fue alejada de sus maldiciones hacía la nieve cuando el pie de Frodo se hundió demasiado y cayó hacía atrás. Por suerte Aragorn lo agarró, evitando que siguiera rodando, y lo levantó con cuidado. Frodo rebuscó debajo de su camisa en busca del anillo y empezó a entrar en pánico cuando sus manos solo agarraban el aire. Su pánico se calmó ligeramente cuando el destello de oro brilló con el sol. Y esta vez fue Elaina quien entró en pánico, al notar el anillo a dos metros de ella. Al igual que en el concilio notó el humo negro rodeando el anillo, toda maldad en él. Y su rostro palideció mientras retrocedía, no queriendo ser alcanzada por el humo, pero olvidó que sus piernas estaban atrapadas y cayó hacía atrás, su capucha deslizándose hacía atrás y mostrando su rostro. Todos se giraron hacía Boromir, que había recogido el anillo.

-Boromir.- Llamó Aragorn, notando su mirada ambiciosa.

-Qué extraña suerte, tener que sufrir tanto miedo y tantas dudas por una cosa tan pequeña.- Las palabras de Boromir no ayudaban al malestar de Elaina y ella quiso cerrar los ojos. Realmente lo hizo, pero era como si sus parpados estuvieran inmóvil mientras el humo negro envenenaba la alma de Boromir.- Una cosa tan pequeñita.- Murmuró él, su otra mano a punto de tocar el anillo.

-¡Boromir!- Llamó más firme Aragorn y Boromir parpadeó como si hubiera sido sacado de un sueño.- Dale el anillo a Frodo.

Boromir caminó hacía adelante, pasando a Elaina, que seguía en el suelo, y le tendió el anillo a Frodo.- Como desees.- Murmuró él cuando Frodo agarró el anillo.- No me importa.- Él forzó una risa, sonando hueca, y revolvió el pelo de Frodo antes de girarse y seguir caminando.

Y aún así Elaina no se levantó. Ya ni siquiera podía sentir la nieve bajo ella que la congelaba hasta los huesos, no podía sentir las miradas curiosas y preocupadas de la comunidad en ella, ni siquiera podía sentir su cuerpo. Lo único que podía sentir era la maldad del anillo y únicamente escuchaba palabras oscuras siendo murmuradas en sus oídos. Unas manos agarraron sus hombros y ella alzó la mirada, su mano agarrando velozmente su daga, pero se relajó cuando vio quien era.

-Gandalf.- Murmuró a penas audiblemente y Gandalf la levantó lentamente y con cuidado. Ayudándola a salir de la nieve y la calló cuando ella abrió la boca para hablar.

-Tenemos que continuar.- Instruyó él, una mirada sombría en sus ojos. Ajustó la capa de Elaina y le colocó la capucha, ocultando completamente su rostro.- No te la quites.- Ordenó en voz baja solamente para ella y rodeó sus hombros, guiándola hacía adelante. Solo un poco más, pensó tranquilizadoramente Gandalf y no supo si intentaba tranquilizarse a si mismo.

La capucha ocultaba el rostro pálido de Elaina y sus ojos desesperados para hacer la pregunta que tanto deseaba. ¿Qué le estaba pasando? Y el brazo de Gandalf se apretó más en sus hombros mientras guiaban el camino.

Solo un poco más.


Siento que el capítulo sea más corto que el anterior, pero es bastante tarde cuando escribo esto y no puedo permitirme gastar días de esta semana para hacerlo más largo.

Esta semana me iré de viaje con mi familia, solo serán tres días, pero esta semana tengo que preparar las cosas para el viaje y cuando vuelva tal vez este muy cansada y no escriba durante unos días. Por eso os público este capítulo, para que al menos tengáis uno, ya que el próximo puede que tarde en publicarlo. Sobretodo porque también tengo que publicar en mi otra historia y ya siento que me agobio porque solo me quedan tres días.

Por eso os pido paciencia, tendréis vuestro capítulo, muy tarde, pero lo tendréis.

Espero que os haya gustado.

Se despide, ElenaDreams.