Bueno, aqui les dejo oootro capi. :)
Espero que les guste y que me den vuestra opinión, crítica...
Al.
Viernes, el día más largo…
Me desperté sobre la siete y media de la mañana, bien descansada. La noche anterior fue muy, muy, rara y larga. Bueno, al menos, para algunas personas. Y por eso me había ganado una visita al doctor.
Bajé con el pijama todavía, y mientras me intentaba peinar algo el pelo, vi a mi madre, preparándome el… desayuno.
— Mmm… ¿a que huele? — pregunté.
— El doctor me ofreció algo en que estaba trabajando. Es un preparado a base de sangre.
— ¿Sangre? ¿Sangre artificial?
— Sí, bueno, algo por el estilo— me dijo ella, acomodándome en la silla, y poniéndome el vaso en frente de mí.
— Lo probaré…
Mi madre me miró indecisa, y cuando le dí el primer sorbo a mi pajita, la sangre entró por mi garganta suavizándola, de lo áspera que estaba.
No estaba mala del todo, y daba gusto tomarla. No olía a sangre, ya que mi madre juraba que a veces apestaba a ella. Me diré tonta, o algo… pero olía como a… fresas… ¡qué fuerte¡
Después de tomármela de un golpe, me lavé la boca, le dí un beso a mi madre, y me subí para arreglarme. A veces, aunque mis dientes eran blancos y perfectos, con esos colmillitos…- era lo único que me gustaba de mi, y también mis… capacidades- quedaban manchas de sangre, aunque con el agua se iba, me los cepillaba. Por fin, el aliento no olía a sangre… bueno, a sangre normal. Ahora a menta, con fresas y algo raro.
Ya vestida, me encaminé a la puerta, y le dirigí un adiós a mi madre desde la ventana de mi coche.
Ella había dejado su trabajo por mí, para cuidarme. Pero ahora, había encontrado uno, que podía trabajar en casa, con su portátil. Mi padre seguía trabajando de jefe de policía, el innombrable jefe de policía Jefe Swan. Puse los ojos en blanco.
Dejé mi mochila en el asiento, y arranqué. Como siempre mi Chevy, con un gran estruendo, se encaminó hacía el colegio.
Ya en el parking, Angela me esperaba donde siempre, pero sola. Supongo que ya sabría el por qué.
Quité la llave del contacto, y fui a ella.
— Hola, Angela.
No me respondió y se abrazó a mí, desconsoladamente.
— Oh…— suspiré.
— Lo siento. Me da igual lo que seas, siempre serás mi amiga.
— ¡Yupi! — grité, mientras iba dando saltitos por los pasillos. — ¡aaaaaaw!
— ¿¡Qué, qué?! — preguntó neguitosa mi amiga.
— Que no me acuerdo de lo que me toca.
— Vaya, ya me habías asustado. Te toca biología. Oye, em… podríamos quedar el sábado, ya sabes, y hablar….d e nuestras cosas.
— Vale, quieres que te cuente más sobre mi, ¿no?
Ella asintió vergonzosamente.
— Vale, ven hoy, conmigo, a mi casa. El doctor me hará una revisión y así ellos te lo podrán explicar, pero, no se lo puedes decir a nadie, me oyes, a nadie— dije seria.
— Somos amigas desde pequeñas, Bella. Nuestros padres, son muy conocidos, ¿crees que podría hacerte una cosa así?
— Mm... No. Pero tengo prohibido decirlo. — Aunque creo que mi madre, ya sabía que ella acabaría sabiéndolo.
— Vale, nos vemos a la hora del almuerzo.
Entré en clase, y me senté en mi asiento. Estaba sola. En biología me gustaba sentarme yo sola. Esta clase, a veces me deprimía. Cuando hablaban de los humanos y la anatomía, y justamente, en este tiempo, nos tocaba biología animal. Y como a mi profesor le gustaba tanto los murciélagos…
Él profesor mandó callar, y yo me interné en mi mente, como siempre, mirando a la ventana.
Oh, no… el olor de la noche anterior, entró en mi nariz. Como puede… alguien, oler tan, tan bien. Que yo haya sentido, ninguna persona normal olía tan bien. Esa frase de… huele que alimenta…
¡No, hombre! A ti te gustan los mamíferos, pero los animales. El tan solo pensar que bebía sangre de humanos… puff…. Yo no era una asesina. ¿Verdad?
Mierda, el… potaje ese de sangre con olor a fresas, apenas me alimentó. Tenía hambre… puff… ¿y yo ahora que hago? Buuff… ¿quien era ese, para destrozarme mi… casi normal vida?
No puede ser….
El hijo del doctor. Edward.
Edward se sentó a mi lado, y me mandó una sonrisa que me dejó petrificada. No sé por que, pero entre su olor, su… físico y su… sonrisa, me recordaban a una planta carnívora. Esa que te enreda para comerte.
El pobre chico, como si me hubiese leído la mente, se quedó petrificado y se giró bruscamente.
Ale, ahora tenía a una niñera enfadada.
¿Qué más me queda? ¿Morirme de hambre?
— Hoy hablaremos sobre el Desmodus rotundus, más conocido como…
El murciélagovampiro. Pensé.
Perfecto. Ahora el día no podía ser peor. O sí, Bella… si que podía ser peor, esta tarde tienes visita con Carlisle, con tu madre y con tu amiga de la infancia sobre tu anatomía murciélaga.
¿Esa palabra me labia inventado?
Una risita, muy floja, aunque yo la noté, gracias a mi oído, salió de los labios de mi canguro.
— ¿qué? — inquirí con hilo de voz. Ay, él no me podría escuchar, hablando tan bajo.
— Nada. — dijo, más flojo aún. Aunque yo lo hoy, perfectamente. Se rió aún más.
Perfecto, me tengo que ir de aquí.
Si no me veo volando como un bicho por la aula. De nuevo se rió. Oh, ¿qué le parecía tan gracioso?
— Profesor, puedo acompañar a Bella, al fuera, parece que se encuentra mal— preguntó Edward. Yo, le miré atónita, como quien mira a un chico guapísimo, pidiendo salir fuera de la clase con alguien a que acaba de conocer…. La noche anterior, y que parecía parecerle la monda.
— Sí, que le de un poco de aire, parece más pálida de lo normal.
Sí, vamos, como si la palidez no fuera normal en mí, cuando me estreso.
— Vamos— me susurró cogiéndome del hombro, y dejándome apoyar casi todo mi peso, en su cuerpo.
Angela me miró extrañada, y yo levanté los hombros en signo de: no tengo ni la menor idea de que pasa. Supongo que ella se lo tomaría como que yo no quería saber nada más de murciélagos.
Edward cogió mi mochila, y me llevó al aparcamiento del instituto.
— Vale, ahora puedes explicarme por que me sacaste del aula. — inquirí, cuando me dejó en un banco. El aire me pareció bastante fresco.
— Te veía un poco mal, y mi padre me dijo que si te pasaba algo, intentara ayudarte.
Vale, confirmado mi niñera a jornada completa.
El rió.
— ¿Puedes leer mi mente o algo por el estilo?
Él enmudeció. Imposible. La única rara en la tierra era yo, y ni esa palabra se parecía a lo que era.
De nuevo, el aire me trajo esa olor. Me tensé, por que sería capaz de lanzarme hacía él, y me fui corriendo al baño. Me encerré allí, y busqué algo en mi mochila.
Cariño, el doctor me dijo, que probablemente tendría efectos secundarios, como tener más hambre. Aquí te dejo una ración doble.
Muy graciosa mamá. Seguí leyendo la nota.
Te quiere, Reneé.
P.D.: Los hermanos Cullen y Hale, estarán en el colegio.
Ah.
Saqué la botellita, con un pequeño tapón y me bebí la sangre. Me sentó de maravilla. Cuando acabé, noté como había roto la botella, y tenía marcado mis dientes.
Mierda, y aquí no había basura. Tendría que guardarla.
Pero cuando salí me lo volví a encontrar.
— Tienes…— me dijo, limpiándome la sangre que se me quedó en la comisura.
— Ops… em… no es… es que me mordí.
— No tienes que fingir delante de mí. — me dijo, mirando la botella.
— Creo, que debería ri a ver al doctor. — le dije enseñándole la botella, marcada por mis dientes. Él, se estremeció. Yo entristecí. Y pensaba que podía tener un amigo que le podía contar cualquier cosa. Bueno, ya veo que sería rarita y solitaria toda mi vida.
— Vamos, te acompañaré. Creo que eso te sentó mal.
— ¿Puedo confiar en ti? —Le pregunté. Él se alejó un poco. ¿Otro que me tiene miedo? O era que yo me había acercado demasiado a él. Me tenía que ir de ahí, como sea. Esto me superaba, tenía que hablar con Carlisle, a solas.
— Dile al profesor que me encontraba mal, y que me he ido, ¿vale?
— Pero…— dijo, cuando ya empecé a correr. Es verdad, corría un poquito más que un humano, ya que el murciélago vuela a gran velocidad. ¡Pero, tampoco tanto, eh!
Me fui a mi coche, y al único lugar que se me ocurrió ir fue al bosque. Quizá si… comía… dejémonos de rodeos, quizá si bebía sangre normal me calmaría…
Pero es que… era ese olor…
Supe, que Edward estaba a mi lado.
— Déjame, no quiero hacerte daño. — le dije. Sabía de sobras que sería capaz de merendármelo.
— ¿quieres que te acompañe al bosque? — me preguntó, hospitalariamente.
— ¿Qué…. Qué?
No, hombre, lo que me faltaba es que se asustase él también, o más, como Angela. Además, no podía hacerme ilusiones.
— No, tan solo dime donde esta tu padre. — él entró en la cabina, y me agarró una mano.
— Me dirás loco. Pero te entiendo. Él esta en el hospital.
— Vale— le atajé— ahora, déjame que me marche. No me encuentro bien. Algo me pasa.
Y era verdad, estaba mal, muy mal. Eso que me dio me hacía mirara a Edward, a él y a su olor más irresistible de lo que podía ser.
— Mi padre… ve al bosque, y luego te acompañaré al hospital. Tenemos clase. Por que te saltes la clase de Biología no pasará nada.
Eso tenia muy buena pinta.
— ¿Y tu que?
— Yo puedo decir que estuve contigo, esperando a que estuvieras mejor.
— No me refería a eso.
— Tranquila, si quieres, me quedaré aquí.
— Mejor. — le dije. Le solté la mano, lo más delicadamente que pude, y abrí la puerta.
La corriente de aire que llegó desde fuera, me trajo esa olor, e instintivamente, me giré, hasta tener su cuello a dos centímetros de mí. Los dos nos quedamos quietos, y en un abrir y cerrar de ojos, él se había marchado y yo ya me iba hacía el bosque.
Tan deprisa como pude, volví, fui al baño, y me arreglé. Fui tonta, por no traerme algo de ropa.
Pero la puerta se abrió, y se cerró con tanto sigilo, que incluso a mí, me costó saber quien era.
Tenía un olor peculiar, no tan interesante como la de Edward, pero también era…. Irresistible.
Me giré, y una chica, con cuerpo de duendecillo se acercó a mí, saltando con aires de bailarina.
— Soy Alice, Alice Cullen. — vale, era la hermana de Edward.
¿Qué tal?¿Bella resistirá ese perfume de Edward? ¿Porque lo siente? Diganme :)
