Fate Dystopia
Promesas difíciles
—Un hechicero no usa sus conocimientos para los demás, los usa para un único fin, el estudio del origen de nuestra magia.
El líder de la fortaleza de Shinto miraba con nervios los alrededores, buscando al enemigo que había atacado a su Servant.
—¡Saber, acércate! —le ordenó.
El Servant obedeció, corrió ágilmente hasta llegar a su Master. Colocó su espada de forma defensiva, apuntando hacia el sujeto al que había llamado Archer.
—Tan cobarde como siempre, Takahiro —dijo una voz femenina que Tatsuma conocía. Abrió los ojos y comenzó a buscarla, era su mentora. El líder de la fortaleza también parecía sorprendido.
—Esa voz. ¿Sayaka? —dijo Takahiro— ¿Eres tú Sayaka? —El líder de la fortaleza miró hacia el lugar desde donde provenía aquella voz. Una mujer, vestida con una chaqueta de rojo y una falda azul oscuro se acercaba lentamente hacia el líder de la fortaleza de Shinto. La mujer interrumpió su marcha y mantuvo una distancia prudente.
Tatsuma notó que aquella mujer era su mentora, la directora de la única clínica que existía en el pequeño pueblo de Tonomachi. Lo invadieron una serie de preguntas, ¿Cómo era posible que conociera al líder de la fortaleza de Shinto?, ¿Qué clase de relación tenía con uno de los sujetos que había provocado la división y la desintegración de ciudad Fuyuki? Se preguntó a sí mismo.
Lancer aprovechó el momento de confusión que reinaba en el ambiente y se aproximó hacia su Master. Al llegar a su lado, levantó la lanza a pesar de las heridas recibidas por Saber; pero no pudo mantenerla equilibrada ni estable.
Sayaka miró a Tatsuma, él pudo notar como el rostro de su mentora se descompensó al verlo.
—Kondo. —dijo Sayaka, con una voz debilitada. Su mentora siempre lo llamaba por su apellido, nunca la había escuchado llamarle por el nombre.
—No puedes ser tú —indicó el líder de la fortaleza de Shinto mientras observaba a la mentora de Tatsuma—. Sayaka, tú ya no perteneces a la estirpe de los Tohsaka, ¡¿Por qué te has involucrado en esta guerra?! ¡¿Sabes a lo que te estás enfrentando?! ¡¿Verdad?! —Takahiro estaba irritado al verla—. No tenías por qué volver. ¡Solo tenías que hacer lo que habías hecho antes! ¡Desaparecer!
Sayaka inclinó la cabeza hacia adelante y trago saliva, se veía incomoda enfrentándose al líder de la fortaleza de Shinto. Pero pronto notó que no era incomodidad, en realidad su rostro reflejaba tristeza.
—Takahiro —dijo Sayaka—, el Santo Grial escoge a quienes serán los Master de la guerra, siempre ha sido así y así nos lo explicó nuestro padre —dirigió la mirada hacia el líder de la fortaleza de Shinto con decisión—. Después de la muerte de nuestro abuelo no pude aceptar la marca de nuestro linaje; pero eso no me impide participar en la Guerra histórica de nuestra familia.
—¡¿Qué no te impide participar?! —soltó Takahiro con ira—. ¡Eres una hereje, Sayaka! ¡Esta guerra ya no te incumbe! Tú tenías que hacer todo esto. ¡No era mi trabajo!, yo no lo quería. ¡Ni lo quiero ahora! ¡Pero no he escapado como tú! ¿Por qué no te fuiste de la región? ¡¿Por qué vuelves ahora?! He mantenido la ciudad yo solo. ¡Completamente solo! ¡He recibido la responsabilidad de conservar el linaje de nuestra familia y he mantenido a mi ciudad! ¿¡Por qué!? ¿¡Por qué vuelves justo ahora cuando menos te necesito!?
Takahiro desvió la mirada hacia el suelo, evitaba mirar a Sayaka de frente y finalmente cerró los ojos, parecía frustrado.
—He vuelto porque necesito saber más —dijo Sayaka—. Ambos sabemos que esta guerra no tiene sentido, solo nos explicaron como convocar a los Espíritus Heroicos, pero jamás nos pudieron explicar el motivo. Nuestro abuelo nunca tuvo tiempo para nosotros, sobre todo después del embargo, desde que nos quitaron las reliquias, nuestros libros, toda la historia de la familia desapareció, sin dejarnos en claro que es lo que está sucediendo. ¿No te produce curiosidad? ¿No quieres saber qué es lo que se esconde detrás de esta guerra?
—Un deseo —Respondió Takahiro, de forma seca y sin emoción.
Sayaka guardó silencio durante algunos segundos.
—¿Qué has dicho? ¿Un deseo?
—Si derrotas a los otros Servant, puedes pedir un deseo al Santo Grial. Te lo debería haber dicho tu Servant.
Sayaka miró a Archer, éste le respondió la mirada con una sonrisa burlona.
—¡Tú! —Sayaka estaba visiblemente molesta con su Servant.
—Ahora que lo sabes, Sayaka, ¿Qué harás? —Le preguntó Archer y ella lo miró con decisión.
—Participaré y ganaré ese deseo. Necesito saber el porqué de la existencia de la hechicería, la razón de porqué existe la separación entre humanos y magos, el origen de todo —Sayaka parecía animada por la nueva revelación—. ¿Por qué no me lo has dicho, Archer?
—Te veías tan entusiasmada con todo esto de la guerra que no quise arruinarte la diversión —Archer volvió a sonreír de una forma cínica.
—¡Tú! ¡Por qué no me muestras un poco de respeto! ¡Te invoqué para que me ayudaras, no para que te burlaras de mí! —exclamó Sayaka.
La respuesta de Archer fue una pequeña risa que trató de evitar falsamente, llevándose la mano derecha a la boca, acción que pareció enfurecerla más.
Visiblemente enfadada y roja como un tomate, Sayaka trató de recuperar la calma, respiró y luego exhalo con fuerza, lo repitió una y otra vez hasta tranquilizarse.
Tatsuma no entendía lo que estaba pasando y el dolor de su cuerpo le impedía concentrarse del todo. ¿Cuál era la relación entre su mentora y el líder de la fortaleza de Shinto? ¿Por qué su mentora se lo había ocultado? Apretó los dientes con la poca fuerza que le quedaba, se sintió traicionado.
Sayaka recorrió unos pasos hasta cortar la visibilidad entre Tatsuma y Takahiro, colocándose en medio de los dos. Lancer se alertó ante las intenciones del posible enemigo manteniendo la lanza defensivamente, pero al ver que se había detenido a una distancia prudente además de darles la espalda, optó por no atacar aunque se mantenía en un estado de alerta.
Archer se acercó a Sayaka, su rostro reflejaba tranquilidad a diferencia de la tensión que se vivía entre Takahiro y Sayaka.
—¿Qué éstas haciendo? —preguntó el líder de la fortaleza de Shinto—. Esta batalla no te incumbe, Sayaka. Voy a matar a esos dos. ¡No te entrometas en esto!
—Estás equivocado. No puedo dejar que mates a uno de mis discípulos.
—¡¿Uno de tus discípulos?! —Takahiro frunció el ceño ante la respuesta de Sayaka—. No me importa si es tu discípulo o no. Le he dado la opción de unirse a mí y lo ha rechazado. Además, tu discípulo infringió la ley de convivencia en la fortaleza de Shinto, la cual es penada con la muerte. ¡Aléjate de aquí! ¡No me importa si eres mi hermana, si me desobedeces te atacaré!
Se produjo un tenso silencio ante la mirada de rabia y frustración de Takahiro, su hermana se mantenía en la misma posición, no había cambiado su decisión.
Sayaka pareció decirle algo a su Servant, pero debido a la lejanía, Tatsuma no pudo oírlo. Archer asintió con su habitual calma.
Takahiro comenzó a caminar lentamente, dio un paso, luego dio otro más, pero en el tercero titubeó, apretó el puño con fuerza mientras miraba con ira a su hermana, pero parecía que su determinación se rompía a cada paso que daba. Dio el séptimo paso y se detuvo. Inclinó la cabeza, parecía frustrado e indeciso. Después de unos breves segundos, Takahiro miró hacia adelante y les dio la espalda despectivamente.
—Saber, vámonos —dijo Takahiro, mientras caminaba en dirección hacia la fortaleza de Shinto, acompañado por su Servant e ignorando a sus rivales, casi como si no existieran; como si la tensa situación que vivieron hubiera sido una simple ilusión.
Sayaka dio un suspiro de alivio. Observó a Tatsuma y comenzó a caminar lentamente hacia él. Lancer mantenía su lanza de forma hostil, dándole la señal de que no diera un paso más, pero Sayaka ignoró al Servant.
—Lancer, detente —dijo Tatsuma, gotas de sudor recorrían su frente—. No es una enemiga, aunque; ya no sé si lo sea o no.
Tatsuma apretó los dientes y frunció el ceño. No sabía lo que estaba pasando, si era posible confiar en su mentora o no. Aunque le había salvado la vida, que mantuviera contactos con el líder de la fortaleza de Shinto era algo que no podía soportar.
—Lancer tiene razón —dijo Sayaka mientras se acercaba a Tatsuma—. Desde este momento somos enemigos y ninguna alianza valdrá por mucho tiempo. Tarde o temprano tendremos que enfrentarnos, Kondo.
Se detuvo a dos metros de distancia de su discípulo. La lanza del Servant, de un poco más de dos metros de longitud apuntaba al cuello de Sayaka y casi la llegaba a tocar.
—¿Estás de acuerdo con lo que voy hacer, Archer? —preguntó Sayaka.
—Me da igual, haz lo que quieras —respondió Archer. Sayaka se irritó con la respuesta de su Servant.
—¡No sé por qué pedí tu opinión!, y además ni siquiera me has dicho que clase de Espíritu Heroico eres —Sayaka trató de calmarse. Dirigió su mirada a Tatsuma—. Kondo, curaré tus heridas.
Lancer titubeó pero aun así no bajó la lanza, miró exhaustivamente a Archer y a Sayaka como si los estuviera analizando.
—Lancer, detente —dijo Tatsuma, estiró su brazo e hizo un amago de agarre al brazo que sostenía la lanza, pero evitó tocarlo.
—Master, tu seguridad es mi prioridad —Lancer seguía en la misma posición, pero agarró la empuñadura del arma con más fuerza—. No puedo permitir que un Master enemigo se acerque de esa forma. Tal como lo ha dicho la Master de Archer, las alianzas temporales no nos sirven, pronto tendremos que luchar contra ellos.
Archer estaba con los brazos cruzados, miraba atento la situación como si la tozudez de Lancer le llamara la atención.
—Pero con tu deplorable estado no tendríamos problemas en eliminarlos si esa fuera nuestra intención —dijo Archer—. Si no puedes confiar en ella y aun así quieres entablar combate, todo habrá acabado para ti y tu Master —prosiguió, con una tranquilidad contradictoria a sus palabras amenazantes—. Y por si no te has dado cuenta, tu lanza está manchada con tu propia sangre, solo estás ocupando un brazo y apenas puedes mantenerte en pie.
Lancer pareció dar un breve vistazo a su lanza y efectivamente, el mástil estaba cubierto con una capa de su propia sangre. Tatsuma observó cómo caían pequeñas gotas de sangre emanadas desde el yelmo. Saber le había causado un grave daño; pero a pesar de todo, el Servant se negó a bajar la lanza.
—¡Por favor, Lancer! ¡Baja la lanza de una vez! —gritó Tatsuma ante la tozudez del Servant. Estaba claro que a Lancer casi no le quedaban fuerzas. Estaban a merced de su mentora.
Tatsuma sintió un fuerte dolor en el dorso de la mano, como si hubiese sufrido algún tipo de quemadura. Vio como uno de los tres trazos del tatuaje desaparecía. El casco de Lancer hizo un sonido metálico al mover su cabeza de lado a lado en señal de desaprobación, bajó su lanza como si estuviese obligado hacerlo.
Sayaka trató de calmar a Lancer, explicándole que su intención era curar a Tatsuma pero Lancer no le prestó atención, se mantuvo alerta observando a la mujer sin decirle absolutamente nada.
Sayaka acercó ambas manos a Tatsuma y las posó en sus heridas. Sintió una calidez extraña, el dolor iba desapareciendo progresivamente. Después de algunos minutos, las heridas de Tatsuma sanaron, pero su cuerpo quedó marcado por las quemaduras y cicatrices.
—Lo siento, pero solo puedo aumentar la velocidad de regeneración en las heridas. No tengo el conocimiento para eliminar las cicatrices de tu cuerpo.
Sintió un gran alivio al mover su brazo sin sentir los pinchazos ni la quemadura de las heridas. A pesar de sentirse mejor, evitó ponerse de pie. Iba a darle las gracias, pero al mirarla a los ojos, recordó la traición de Sayaka y su nexo con Takahiro.
—Kondo —Sayaka se veía visiblemente molesta—. ¿Por qué has ido a la fortaleza de Shinto?
Tatsuma inclinó la cabeza, evitó mirar a su mentora de frente.
—Tenía que hacerlo. No nos quedaba otra opción —apretó el puño con rabia—. Nos queda poco tiempo, la gente no pudo reunir el dinero y…
—¿La gente de Tonomachi te obligó a robar? —dijo Sayaka interrumpiéndolo.
Tatsuma se quedó callado durante algunos segundos. Luego, levantó la mirada con determinación y miró a su mentora a los ojos.
—Nadie me obligó, lo hice porque creía que era lo que tenía que hacer.
—La gente de Shinto pasa por la misma situación que la gente de Tonomachi, ellos también están sobreviviendo a esta crisis.
—¡Pero ellos ya están protegidos! ¡Ellos no pasan por lo mismo que nosotros! —Tatsuma apretó los dientes y cerró los puños con fuerza—. Además, ¡¿Quién eres tú?! ¡¿Por qué conoces al líder de esa maldita fortaleza?!
—Es mi hermano, pensé que había quedado claro en la conversación que tuve con él, pero veo que no —Sayaka mantuvo la calma a pesar de lo tensa que estaba en ese momento—. Los Hechiceros no podemos influir en la humanidad de ninguna manera, cuando lo hemos hecho solo hemos causado tragedias, y no me importa si has usado o no el único hechizo que sabes, aun así eres uno de nosotros y por lo tanto, solo debes asumir tu rol en la sociedad y no extralimitarte. Recuérdalo Kondo, un Hechicero no usa sus conocimientos para los demás, los usa para un único fin, el estudio del origen de nuestra magia. Eso es lo que nos define como Hechiceros.
Volvió a guardar silencio, Tatsuma no podía entender el por qué su mentora solo ayudaba a las personas en la clínica, suministrándoles medicamentos y curándolos, pero no detenía a los criminales que amenazaban a Tonomachi.
—Eres su hermana. ¿Por qué no ayudaste a toda esa gente? ¡¿Qué fue lo que sucedió para que la ciudad se dividiera en fortalezas?! —exclamó Tatsuma.
Sayaka tragó una bocanada de aire y luego exhaló. Ella se sentó sobre unos escombros, acercándose a su discípulo.
—No debería contártelo.
—¡Necesito saberlo!
Sayaka inclinó la cabeza dubitativa. Luego miró a Tatsuma a los ojos.
—Está bien. Te lo contaré. Creo que te he guardado muchos secretos, y viendo en la situación en la que estás quizás sea mejor que lo sepas. Después de la tercera guerra mundial que acabó con una gran parte de la humanidad, nosotros fuimos uno de los pocos linajes que sobrevivieron a la cacería de hechiceros orquestada por la Santa Iglesia. Todo acabó gracias a una tregua entre ambos bandos, pero mi padre no sobrevivió, a él lo mataron en esa tregua, eso es lo que creo. Mi abuelo fue el que nos cuidó después del fallecimiento de mi padre, siempre iba a los consejos de tregua entre hechiceros y la Santa Iglesia, pero después de asistir a una de esas tantas treguas, no volvió nunca más. Nos cuidó durante cinco años y su perdida fue muy dolorosa para nosotros, fue incluso más dolorosa que la muerte de nuestro padre, no teníamos a nadie más.
Sayaka tomó un respiro, para luego continuar con el relato mientras miraba al cielo. Tatsuma comprendió lo difícil que se le hacía a su mentora hurgar en los recuerdos del pasado, pero necesitaba saberlo.
—Cuando sucedió eso, no sabíamos que hacer hasta que llegó un encargado de la Santa Iglesia junto con sus consejeros. Ellos nos explicaron que la ciudad encargada a los Tohsaka se iba a dividir en dos, una parte sería controlada por la Iglesia y la otra parte sería controlada por nosotros. La Iglesia se tomó la atribución de embargarnos casi todos nuestros bienes, fueron pocas las cosas que pudimos esconder, aunque no sabíamos bien lo que escondíamos.
»Un poco después del embargo, nos asignaron un mentor, él fue el encargado de administrar la ciudad hasta que cumplimos la mayoría de edad. También se encargó de nuestra enseñanza en el arte de la magia. Después de algunos años, nos puso a prueba para ver quién sería el elegido para llevar la marca de nuestro linaje, además de encargarse de dirigir una de las dos fortalezas. Al término de esa prueba, decidió que yo sería la que llevaría la marca y la responsabilidad de dirigir la fortaleza de Shinto, pero había algo que debía hacer, una promesa que le hice mi abuelo y que debía cumplir. Me escapé de la fortaleza antes de recibir la marca y evadí mi responsabilidad.
Hubo un pequeño momento de silencio mientras Sayaka cruzaba sus brazos y miraba hacia el suelo con cierta melancolía.
—Eso fue lo que sucedió, Kondo —Sayaka desvió su mirada del suelo hacia las nubes, pensativa—. No somos nada hoy en día como herederos de los Tohsaka, Takahiro tuvo que llevar toda la responsabilidad de la familia bajo sus hombros, pero él no tiene el control de la región, solo es controlado y supervisado por la Santa Iglesia y la Asociación de Magos, y yo necesitaba cumplir esa promesa afuera de los muros.
Hubo un silencio, ninguna palabra. Una pequeña ráfaga de viento se aproximó, la ráfaga traía partículas de arena, ambos se taparon la cara para evitar la arena del viento. El sol estaba bajando poco a poco, signo claro del atardecer.
—¿Por qué? Todo este tiempo creí que mis enemigos vivían dentro de esas murallas. Pero mis verdaderos enemigos están más allá de Japón.
—No hay enemigos Kondo. Tanto la Asociación de Hechiceros como la Santa Iglesia cometieron errores graves que llevaron a la humanidad a este estado. Además, ambos tienen problemas desde el interior de sus organizaciones. Debes saber que malas decisiones pueden crear consecuencias, tanto negativas como positivas. Esa es la razón de por qué no debemos entrometernos en los asuntos de los humanos.
Tatsuma guardó silencio. El ambiente estaba tenso. Muchos pensamientos fluyeron por su mente, mientras que su yo interno le gesticulaba varias preguntas, ¿Ni la Santa Iglesia ni la organización de Hechiceros merecían represalias por esto? ¿Quiénes fueron los que iniciaron todo esto? ¿Por qué involucraron a gente inocente?
—Kondo —dijo Sayaka—. Desde ahora tienes una gran responsabilidad, estás involucrado en esta guerra y tu vida está en riesgo. Tu objetivo será vencerme a mí y a los otros cinco Master, no es obligación que el Master muera para que todo termine, pero solo puede quedar un Servant, todos los demás deben ser asesinados y se te concederá un deseo. No sé nada más, no sé qué podría suceder ni como sucederá. Desde ahora todo depende de ustedes.
—Un deseo. —susurro Tatsuma a sí mismo. Un deseo que podría utilizar para salvar a las personas de Tonomachi, no, incluso a las de Japón o al mundo entero, un deseo, pensó, pero pronto recordó el objetivo de la guerra—. Asesinar. —murmuró para sí mismo.
Observó a Archer y luego a Lancer, uno de ellos dos tendría que morir. Pero, volvió a pensar en el deseo, en lo que podría pedir, en toda la ayuda que podría dar con un simple deseo.
Sorpresivamente, Sayaka se acercó a Tatsuma y lo abrazó, un gesto inesperado de parte de su mentora, era uno de los pocos gestos de cariño que Sayaka les había brindado a sus discípulos, ahora él recibía uno de esos gestos, lo cual lo llenó de una alegría interior que pocas veces había sentido en su vida. Se contuvo para no mostrar tal emoción. Aún se sentía traicionado.
Sayaka se levantó de los escombros, se llevó ambas manos a su cuello, agarró una cadena de plata y la estiró hacia arriba, con una mano tuvo que acomodar su pelo para sacar la cadena. Extendió su brazo sosteniendo una gema roja con una cadena de plata. Tatsuma miró la gema, dubitativo y extrañado por el gesto de su mentora, aceptó la gema sosteniéndola en su mano.
—Ésta es una gema de la familia Tohsaka. Ha pasado de mano en mano por generaciones, es una de las pocas reliquias de la familia que hemos podido salvar del embargo.
—¿Por qué? —preguntó Tatsuma, desconcertado aún por el gesto de Sayaka y su regalo—. Yo no tengo su linaje, no soy un Tohsaka.
—No solo es una joya con valor sentimental, Kondo. Esta joya contiene un gran poder. He guardado maná dentro de la gema durante años, solo debes lanzarlo hacia tu oponente y decir las siguientes palabras. "Brennt Jetzt!". Solo debes concentrarte en la gema y podrás sentir su poder, cuando lo sientas podrás activarla. Lo que esté al alcance de la joya lo destrozará. Recuérdalo, solo úsalo cuando lo necesites de verdad. En una urgencia te puede salvar la vida.
Tatsuma observó la gema, pero aún estaba reacio a recibirla.
—¿Por qué me está ofreciendo esto?, es una joya de su propia familia, algo que yo no debería tener.
Extendió su mano con la palma abierta donde sostenía el objeto delicadamente, con la intención de devolverlo, pero ella con su propia mano cerró la palma de su discípulo contrayendo sus dedos para que apretara la gema, Tatsuma observó la cadena de plata que cayó a través de sus dedos y que ondulaba lentamente.
—Debes prometérmelo, Kondo, me lo devolverás al finalizar la guerra, con o sin maná.
Sayaka apartó su mano de la de Tatsuma al ver que su discípulo seguía sosteniendo la gema.
—Una promesa. —dijo Tatsuma, guardó silencio durante algunos segundos, su mirada se concentró en la gema, luego, cerró su mano apretando la joya con fuerza—. Cuando esto acabe, le devolveré la gema. Es una promesa.
