Disclaimer: Shingeki no Kyojin no me pertenece ni ninguno de sus personajes, son todos propiedad de Hajime Isayama. De ser mío Rivaille tendría más protagonismo y muchas más batallas junto a Mikasa jaja.

Advertencia: Contiene spoilers del manga, si no has leído al menos hasta el capítulo 30 del mismo, es aconsejable no leerlo.

¡Hola a todos! ¿Qué tal? Este es mi primer fic de Shingeki no Kyojin, y sea posiblemente el ultimo, dado que la inspiración no suele venir mucho a mí, y el tiempo menos todavía xD, pero necesitaba escribir algo sobre estos dos desde que leí el capítulo 30 del manga (que a mi parecer fue de los mejores). Tendrá varios capítulos, y un epílogo. El titulo del fic viene de la canción que tiene Levi como theme song "Reluctant héroes" ( watch?v=KevuJ_fSb4k), esta de aquí; así como los diferentes títulos de los capítulos son partes de la misma canción.

Muchas gracias a quien leyó el fic, marcó favourite o alerts, y especialmente a la gente que se tomó la molestia de dejar review:

alinekiryuu (Hola! Jaja gracias, me alegra que te guste . La verdad es que espero que su relación evolucione en la serie, bebes genéticamente perfectos lol (eso suena a algo que diría Hanji) xDD. Respecto a la edad de Levi, como ya le dije a Nori creo que no supera los 20, dudo mucho que tenga 34 – de hecho no sé si habrá alguien tan mayor en las legiones de reconocimiento, porque muchos mueren jóvenes – pero estamos hablando del sargento ^_^ y tal vez su secreto para parecer un eterno quinceañero… es que lo es! Jajaj ni idea, espero que más adelante nos lo aclaren. Aquí en el fic, Rivaille tiene 19 años.)

GirlSchiffer (Hola! Jeje muchas gracias! Espero que este también te guste. Un saludo!)

mimiSwc (Muchas gracias! Aquí está el siguiente.)

metitus (jeje me alegra encontrar a mas seguidores de esta pareja, son simplemente geniales :3, muchas gracias por comentar, espero que este también te guste. Un saludo!)

Nangaro (Hola! Jeje, como dije será un fic corto, así que en cada capítulo irán aumentando la intensidad de lo que sucede entre ambos, aunque en realidad haya un gran espacio de tiempo que separe los diferentes eventos. Espero que este te guste!)

Nori (Yo también estoy insegura, porque no parece mayor que Eren y Co. Pero dudo que tenga 30 xD, yo me baso en el 1 cap de la serie, donde aparecen Irvin y Hanji en las legiones de reconocimiento ya, pero no Rivaille, y eso es 5 años antes del inicio de la serie, y luego cuando Eren, Mikasa y Armin van a verlos siendo ya parte del ejercito, Levi si aparece. Eso me da a entender que no debe ser tan mayor, sino unos 5 años como mucho. En este fic al menos, Levi tiene unos 19 . Espero haberte aclarado algo xD)

fukuoka (¡Muchas gracias! En verdad comentarios como el tuyo animan )

Izumi xdd (¡Muchasgracias! Aquí tienes el siguiente, espero que te guste.)

Rivaille (Gracias! Jeje para mi Hanji es el elemento gracioso de la serie, junto a la chica papa xD, es un personaje con el que pueden salir frases graciosas xD. Espero que este también te guste, gracias a ti por comentar!.)

Puripri (jeje gracias, sii a mí también me hizo gracia esa parte cuando lo estaba escribiendo xD.)

Anaid (Muchas gracias! Espero que te guste la continuación )

Supongo que eso es todo, muchas gracias anticipadamente por tomaros el tiempo de leerlo, espero que lo disfruten, y si no es molestia me gustaría saber su opinión.


Reluctant heroes

III

From my heart


La punta afilada de sus garfios se clavó en la carne desnuda de aquella enorme mole, tiró y presionó el resorte en el mango de sus espadas, sintiendo un nuevo tirón y volando impulsada por la fuerza de las cuerdas.

Escaló por la nuca del monstruo, acercándose a ella velozmente conforme el cable se replegaba, y de un tajo limpio rebanó parte del cuello. Al instante, el gigante detuvo su avance, muerto, y cayó al suelo acompañado de un estruendoso golpe. Tres de sus compañeros lo siguieron segundos después.

Mikasa saltó y se posicionó sobre la rama de un frondoso árbol, buscando ávida con la mirada a su próxima víctima. Cuando localizó a un reducido grupo de titanes de entre cuatro y diez metros, se dispuso a lanzarse en su ataque, sin embargo algo la detuvo.

Una mano perteneciente a un quince metros se extendió en su dirección, ni siquiera la intimidó, preparó las cuerdas de su equipo tridimensional y ajustó las cuchillas de su arma para asesinar a aquel tipo antes de dirigirse a los que localizó instantes atrás. Pero un oscuro torbellino se lo impidió, cortando de forma impecable la nuca y acabando con la amenaza.

A esas alturas de su vida, Mikasa lo conocía lo suficiente como para identificar a la persona que había terminado con el monstruo. Nadie más se movía así, en círculos, como si de un huracán se tratase.

El la miró por unos breves segundos, antes de girarse y lanzar su fiereza contra otro objetivo.

Mikasa lo ignoró y saltó hacia el pequeño grupo que focalizó como su objetivo antes de ser interrumpida. Los mató a todos de forma rápida, limpia y precisa. Cuando terminó, de nuevo alcanzó la copa alta de uno de los arboles del bosque, para recuperar el aliento y buscar nuevas víctimas.

En medio de todo aquel caos, hombres contra titanes, la figura más distinguible de todas era la suya. Saltando, girando, acuchillando, matando, volviendo a girar, impulsándose de una rama a otra y repitiendo el proceso, parecía no cansarse nunca. Era después de todo, el guerrero más fuerte de toda la humanidad.

Ella había aprendido a conocerlo poco a poco, traspasó su coraza de hielo e impertinencia, y conoció al hombre que Rivaille ocultaba ser. Le gustaba conversar con él – pues sentía que era el único que la comprendía -, pasar tiempo a su lado y destrozar juntos a sus enemigos.

Había sido así durante meses, desde que empezó a ver cómo era en verdad y le gustó. Mikasa siempre pensó que tenían mucho en común, aunque ella no actuara de forma tan arrogante y despiadada con el resto, optando por la frialdad y el mutismo. Eso fue, hasta hace unas semanas… cuando en su habitación, él la besó.

Fue una gran revelación por otra parte, saber que el parecía sentir algo por ella. Rivaille le confesó una vez que sentía como si ellos dos fuesen los únicos seres humanos en la faz de la tierra, porque ella había sido la única en toda su vida, que alcanzó a comprender parte de su intrínseca personalidad.

Y si bien en aquel entonces coincidió con esa apreciación del muchacho, aquel beso rompió todo lazo o unión que pudiesen haber creado.

Poco después de lo ocurrido trató de evitarlo en lo posible, y el tampoco hizo amago de acercarse a su lado, ambos decidieron que la distancia era lo mejor en esos momentos. La suerte pareció ir de su lado un tiempo, apenas salían en alguna misión, y si lo hacía no era junto a él, o al menos siempre iban muy separados.

Los dos, trataron de olvidar lo ocurrido, y volver exactamente al punto donde se encontraban cuando ella lo odiaba y trataba de evitar su presencia al máximo, y donde a él parecía importarle poco o nada, ignorándola.

Todo el camino que recorrieron estableciendo aquella efímera relación de camaradas, retrocedió esa noche, con un solo beso.

Y para ambos parecía estar bien así.

Apenas dos meses habían pasado desde el incidente, y las cosas seguían frías y sin la posibilidad de recuperarse. Mikasa tenía claro que por mucho que llegara a apreciar al sargento, nunca sería Eren, nunca lo querría como a él, por ende, todo los que los unía se reducía al simple compañerismo en las batallas.

Verlo pelear siempre era inspirador. Era tan enérgico y fuerte, tan capaz, parecía invencible, inmortal, pero Mikasa sabía que no era así mejor que nadie. Solo alguien del mismo nivel podía comprender como se sentía quien ocupaba aquel lugar tan elevado.

Rivaille luchaba como si no hubiese mañana, o como si no lo hubiese para él, luchaba sin descanso, saltando de un lugar a otro, cortando y rebanando sin piedad, arriesgándose demasiado en todos sus movimientos. Siempre sintió la muerte respirando gélida cerca de su nuca, y parecía no importarle que lo alcanzara en mitad de una batalla.

El no luchaba por la humanidad, Levi no creía en la humanidad. ¿Por qué luchar por algo que está tan asquerosamente podrido? No tenía a nadie que quisiera proteger o ayudar, no había nadie que lo esperara de vuelta, no tenía amigos, los había perdido a todos tiempo atrás.

Sabía que nada duraba a su lado mucho tiempo, todo lo que tocaba, cualquier persona que se acercara demasiado a él, acababa muerto. Nada se mantenía vivo. Era el único superviviente en su propio mar de sangre y huesos, con los cuerpos de sus camaradas flotando a su lado, vacios, acompañándolo silentes en su solitario camino.

Mikasa había sido la excepción. Tal vez por eso dejó brotar esa pequeña esperanza en su pecho, de haber encontrado un igual, alguien que lo comprendiera, que se mantuviera a su lado pese a las adversidades. Que viviera.

Podía decir que ese cumulo de sensaciones habían confundido sus sentimientos, o que desde que perdió a sus amigos estaba tan solo… vio en ella todo lo que siempre anheló, y lo seguía viendo, en la lejanía.

Rivaille había decido que lo mejor que podía hacer durante el combate era ignorar a la morena, y centrarse en su propia batalla. Las distracciones nunca eran buenas cuando se peleaba con titanes. Volaba con su equipo tridimensional de una rama a otra, yendo detrás de uno de los monstruos que se dirigía al interior del bosque, aparentemente escapaba de la masacre. El suelo estaba plagado de sangre, cuerpos humeantes por doquier, y soldados, muchos soldados, con heridas incurables, desmembrados o muertos. Para él que era un devoto de la limpieza, el espectáculo no podía resultar más grotesco y desolador.

Advirtió de entre todos los cuerpos, una cabellera rubia oscura, podía catalogarla incluso de ser castaño rojiza. La joven de cabello corto estaba apoyada contra un árbol rodeada de un inmenso charco de sangre. Estaba muerta.

El corazón de Levi se detuvo por unos instantes, y dejó de ver a la soldado de claros cabellos, y la vio a ella. Petra… un susurro ahogado escapó de sus labios, y evocó en su mente la muerte de sus cuatro camaradas.

Gunter, Erd, Auruo y Petra perdieron su vida contra la titán hembra y el no había podido hacer nada… durante noches el recuerdo de sus cuerpos mutilados estuvo atormentándolo, no pudo dormir, y el apetito no apareció por días. Se sintió tan solo… Esos cuatro fueron el pilar donde apoyarse durante mucho tiempo, las únicas personas con quienes se permitió abrirse un poco, que llegaron a la parte amable del sargento.

Petra siempre tuvo buenas palabras para él, siempre lo ensalzaba ante los demás, y era de las pocas que conocía su pasado en las calles de niño. En más de una ocasión Irvin le palmeó la espalda diciéndole que esa chica podría ser su mujer ideal, incluso Hanji bromeó añadiendo un "¡hasta se ajusta a tu altura!". Mentiría si dijera que nunca lo había pensado.

Ella fue hermosa en vida, una gran guerrera dispuesta a dar su vida por la humanidad, fuerte como pocos y valiente. Razón por la cual la eligió de entre un grueso pelotón. Lo trató siempre de forma amable y respetuosa, sin importar lo frio que fuese con ella al principio, acataba sus ordenes sobre la limpieza con total sumisión y tenía un gran desempeño.

Pensó seriamente en las palabras del comandante, y lo hizo mucho más después de perderla, cuando ya no era capaz siquiera de demostrarle parte del afecto que ella le había profesado.

Y joder, habían muchas cosas que querría haberles dicho, a los cuatro…

- ¡Rivaille!

Un grito femenino lo sacó de su estupor, estuvo observando durante demasiado tiempo el cuerpo muerto de la joven desconocida. Y ahora entendía que su metedura de pata le costaría caro. Tres titanes de quince metros se acercaban a él a gran velocidad, el más cercano se encontraba tras su espalda.

Cuando la mano del que se encontraba a la derecha su abalanzó encima suya, el saltó, y usando las cuerdas de su equipo tridimensional, clavó la punta en la mejilla del susodicho, corriendo por el brazo y dejándose caer a un costado, para que con el balanceo y la tensión de las cuerdas, fuese capaz de llegar a la nuca.

Avanzó veloz, y cortó el cuello del gigante limpiamente, empezando a caer junto a la cabeza del mismo, al tiempo que soltaba su agarre y saltaba hacia el que tenía en frente en ese instante. Las cuerdas la llevaron hasta la nariz, viendo como ambos ojos se volvían en su dirección y trataba de agarrarlo torpemente con sus manos, dando como resultado que se golpeara en su propia cara. Imbécil…

Levi saltó hacia la cabeza, enganchó sus cuerdas en una rama superior y se dejó caer dando vueltas, rebanando como un torbellino el punto débil de su objetivo. Para su mala suerte, el tercer titán ya se había percatado de su situación y empujó el cuerpo muerto del otro hacia atrás. Esto hizo que la enorme mole cayera sobre las cuerdas que el utilizaba para impulsarse, rompiéndolas y arrastrando al sargento en la caída inevitablemente.

El tremendo golpe lo dejó aturdido y ciertamente adolorido. Una de sus cuerdas estaba atrapada bajo el cuerpo del monstruo, y su equipo de maniobras tridimensionales dañado debido al fuerte impacto. Sin embargo esto no logró amedentrarlo, preparó sus cuchillas y se dispuso a esperar al tercer titán.

Frente a todo lo esperado, se lanzó de boca, con las fauces abiertas y la única intención de devorar al hombre en el suelo. Rivaille no fue capaz de esquivarlo puesto que una de sus cuerdas seguía atrapada, tensionándolo e impidiéndole la movilidad. En un último acto instintivo se agazapó con las espadas cruzadas sobre su cabeza y dejó que la boca del gigante lo cubriera.

Mikasa había estado observando la escena desde lejos, fue ella quien le advirtió del peligro en la distancia al verlo tan distraído. Pero no esperó tamaño resultado.

El tercer titán se erguía del suelo con un bulto en la boca. El corazón le dio un vuelco, y la respiración se le cortó. Era imposible, no podía ser… él, de entre todos él… había sido devorado por un titán.

Miró hacia los lados desesperada, nadie lo había visto, nadie podría salvarlo. Estaban demasiado lejos del grueso del grupo, y ninguno de sus compañeros era capaz de ver que había sucedido con ambos.

Decidida, se lanzó como una exhalación hacia el monstruo, un sentimiento desgarrador surcando su pecho, la respiración errática, lo que acababa de pasar era imposible, bajo ningún concepto, ninguna vez se planteó que Levi Rivaille perdiera una batalla por su vida.

Extendió su cable que se enganchó a la cara del susodicho, y se dejó llevar impulsada por el retroceso de las cuerdas. La adrenalina recorría vertiginosa cada vena de su cuerpo, la sangre circulaba tan rápido que no le daba tiempo a procesar todo en su cabeza. La incredulidad nublaba sus sentidos, era imposible que lo hubiera perdido…

Un gigantesco brote de sangre la sorprendió en su camino hacia la cabeza del gigante, la sangre caliente y humeante la empapó entera, cegándola durante unos instantes hasta que vio con exactitud lo que estaba sucediendo… de la nuca destrozada del titán, aparecía un cuerpo envuelto en sangre y humo, con dos resplandecientes espadas alzadas en el aire.

Rivaille se había abierto paso desde el interior, y cortó la zona posterior del cuello del titán antes de ser devorado. El gigante cayó muerto al suelo, y el aterrizó en una rama cercana, ella se apresuró a seguirlo y llegar a su lado.

- ¡Sargento! ¿Se encuentra bien? – Trató que la preocupación que sentía no traspasara su voz.

- Ackerman… - Vocalizó él con la voz algo ronca, estaba aturdido.

Mikasa lo observó entonces. Estaba completamente empapado, la sangre y fluidos de su último oponente se escurrían por su pelo, rostro y ropas. Dando una imagen deplorable del siempre pulcro y limpio Rivaille.

Su respiración se notaba entrecortada, los hombros ascendían y descendían al compás de las sonoras bocanadas de aire que tomaba. El interior de un titán era muy caliente, húmedo y mal oliente, tan solo aquellos breves segundos bastaron para abrasar sus pulmones.

- ¿Está bien? – Volvió a preguntar al ver que el no reaccionaba.

- Perfectamente.

Su tono había vuelto a ser el arrogante y gélido de siempre. Eso la sacaba de sus casillas, pero recordó que era parte de su mudo acuerdo sobre ignorar al otro.

Miró en dirección al gigante con la nuca destroza, Levi se había abierto paso a través de hueso y musculo. No conocía a ningún soldado que fuese capaz de escapar con vida después de haber sido comido por uno de sus enemigos.

Pero a pesar de todo, el no se veía bien. - ¿Está seguro?

Sus ojos grises la vieron de forma intimidante. – Por supuesto, no seré derrotado tan fácilmente por uno de esos cerdos.

Mikasa suspiró, el había sacado un pañuelo blanco de uno de sus bolsillos, procediendo a quitar la sangre de su rostro y cabellos, empezando a caminar en dirección hacia el grueso del grupo, y alejándose de su lado.

- Mmm Ackerman. – Murmuró lo suficientemente alto como para que lo escuchara. – Gracias por avisarme.

Ella quedó parcialmente sorprendida, Rivaille nunca daba las gracias a nadie por nada, pero era cierto que lo alertó del peligro para que tuviese el tiempo suficiente para reaccionar. Era ella, y era él.

Podría no haber dicho nada, o simplemente añadir un "de nada" y mantenerse callada. Pero no lo haría. - ¿Se puede saber en que estabas pensando?

El se giró para encararla, Mikasa estaba enfadada. - ¿Perdón?

- Estabas distraído. – Recalcó, adiós mutismo, adiós acuerdo de frialdad. La había preocupado y mucho. – Podrías haber muerto.

- Ackerman… - Empezó con su tono aburrido, pero después negó. – Mikasa. Estamos en mitad del campo de batalla, luchando contra unos enemigos que triplican nuestro tamaño y fuerza o incluso más, mira a tu alrededor… muchos mueren.

- Ese no es el punto. Podrías haber evitado correr tanto riesgo.

Él le mostró una sonrisa fantasma. – El riesgo es divertido.

- ¿Tan poco te importa morir?

- ¿Tanto te importa a ti que no lo haga?

Ella se quedó callada unos instantes, los nervios la habían traicionado. Demonios si, estaba preocupada por él, mucho. Cuando vio al titán tragárselo el mundo entero se le vino a los pies. Miles de recuerdos cruzaron su cabeza en apenas centésimas de segundo, había llegado a apreciarlo en cierto modo, le gustaban sus conversaciones a solas, sus reflexiones y la forma de exponer sus distintos puntos de vista, se desahogaba hablando con él, se divertía matando titanes a su lado y suponía un nuevo reto con cada batalla ajustarse a sus movimientos.

- No puedes morir.

Eso fue lo único que dijo, antes de pasar por su lado velozmente y tropezando con él a propósito, dándole un fuerte empujón con su hombro.

El la alcanzó de inmediato. - ¿Te preocupas por mí, Ackerman?

Sus ojos negros se clavaron con rabia en los suyos, pero la voz no logró transmitir su enfado, sonando mas como un susurro ahogado. - ¿Te gustaría que así fuera?

Algo dentro de él se removió. Quería gritarle, quería agarrarla del brazo, estamparla contra un árbol y besarla allí mismo, quería decirle tantas cosas… Joder.

- Será mejor que nos apresuremos a volver con el resto.

Cobarde. Pensó, era un tremendo cobarde, un gallina de mierda. Le encantaría que fuese él el centro de sus atenciones, y no el idiota de Jaeger. Le hubiera encantado que después de aquel beso las cosas hubieran seguido igual, o evolucionado al menos, pero solo dieron un gran salto hacia atrás.

Fue un idiota y ahora solo daba palos de ciego sin saber que hacer exactamente con aquella muchacha de negros cabellos que había empezado a robarle el sueño.

Era un cobarde, nunca aceptaría, que esa chica era la mujer de su vida.

- Oye Mikasa, ¿Es verdad lo que dicen sobre ti y el sargento Rivaille?

La joven se tensó ante la pregunta de su rubio amigo, Armin acababa de ingresar en la habitación de la muchacha.

- Si… no entiendo porque el comandante ha ordenado algo así. – La voz de Eren se hizo escuchar, estaba junto a la morena en la habitación de esta.

Algunas noches, sus dos amigos acudían a visitarla, para hablar sobre cómo les iba todo, o los titanes que mataban y estrategias que montaban en cada una de sus misiones. El castaño había llegado minutos antes preguntando lo mismo.

- Bueno Eren… - Habló Armin acercándose a ambos y sentándose en el borde de la cama. – Mikasa es muy fuerte, y el sargento Rivaille también lo es. Yo creo que no está mal pensado.

- Pero ella siempre ha estado con nosotros… - Se quejó el otro.

- Yo he oído que fue el mismo sargento quien lo pidió.

Los tres voltearon a ver a la nueva persona que ingresaba por la puerta de la habitación y se había metido en medio de su conversación tan campantemente. – Connie. ¿Qué estás haciendo aquí? – El primero en preguntar fue el muchacho titán.

- Oh, bueno. – Empezó el joven de cabeza rapada sobándose la nuca. – Le prometí a Sasha que le traería…

- ¡Mis patatas! – Una sombra de cabello castaño se abalanzó sobre el recién llegado, los ojos brillantes como los de una bestia.

Los tres amigos entendieron perfectamente la situación. - ¿Dónde están mis patatas? – Y todos pensaron que Sasha asesinaría al pobre Connie allí mismo si no le daba su preciado alimento.

- Yo… - Habló el joven tratando de levantarse del suelo. – Christa me dijo que te avisara, estamos fuer…

- ¡Oh! La diosa trajo patatas. – Y tan rápido como había aparecido desapareció por la puerta.

El joven se levantó como pudo medio adolorido. – Un día me matará de verdad… - Y después volteó hacia los tres amigos. - ¿Vosotros vais a querer?

Todos negaron con sus cabezas, y sin más que decir el chico se despidió y abandonó la habitación, dejando al trió en silencio.

- ¿A qué se refería Connie con que fue el sargento quien lo pidió? – Habló un molesto Eren.

El rubio se rascó la nariz detenidamente. – No creo que sea cierto… ¿verdad? ¿Por qué pediría el algo así? Parece una persona a quien no le guste relacionarse con el resto…

Mikasa sonrió con ironía entonces, la máscara que Levi portaba día a día era capaz incluso de engañar a el avispado Armin.

Su hermano adoptivo la miró con el entrecejo fruncido. - ¿Tu qué piensas de todo esto Mikasa?

Miró con cautela hacia sus ojos azulados y se encogió de hombros. – Es una orden del comandante Irvin. No voy a negarme si es algo bueno para mí.

- Es cierto… - Suspiró el rubio. – Te vamos a echar de menos en los entrenamientos Mikasa.

Ella sonrió con ternura. – Y yo a vosotros.

Y yo a vosotros…

Inmediatamente después de regresar de aquella sangrienta misión donde Rivaille había amanecido apestando a fluidos de titán, el comandante Irvin había designado que ambos entrenaran juntos. Pues no solo ayudaría a aumentar su desempeño y calidad como soldado, sino que aprenderían a sincronizarse de una mejor manera uno con el otro.

Supuso que ni siquiera el comandante estaría enterado del complicado trato que mantenían ella y el sargento, o no habría designado algo así. Ni siquiera Hanji debía saber, de lo contrario hasta los soldados de la muralla Shina se enterarían de ello.

Poner distancia no había resultado del todo difícil, pero esta nueva orden implicaría pasar demasiadas horas juntos, combatiendo, peleando, chocando un cuerpo con el otro. Mikasa no estaba segura de poder soportar una situación así durante mucho tiempo.

Llegó al punto designado, a la hora designada, y no le sorprendió nada verlo allí. Ella era puntual, pero Levi lo era en extremo.

Ambos iban ataviados con sus uniformes de la legión, pero sin las correas del equipo tridimensional, puesto que si no las iban a necesitar, solo supondrían un estorbo. Rivaille estaba de pie, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, se veía molesto. Tampoco llevaba puesta la chaqueta marrón, pero si su usual corbatilla blanca y las mangas arremangadas.

- ¿Ordenaste tu esto? – Fue su escueto saludo.

El joven de negros cabellos le ofreció una mueca burlona. – Buenas tardes, Ackerman. Y no, créeme que no tuve nada que ver. El viejo de Irvin pensó que sería una buena idea… hacernos esto.

Ella se encogió de hombros y siguió acercándose, hasta llegar a su lado. – Lo dice como si fuera una crueldad.

- Son órdenes estúpidas. – Sentenció malhumorado, le gustaba estar con la chica, pero no más de lo necesario. – Tú estabas bien con tu escuadrón, y yo con lo mío.

Mikasa enarcó una ceja. – Solo es entrenar… juntos.

- Lo sé. Pero no te quejes si te pego una paliza. – Empezó a caminar hacia un lado, en círculos, como el cazador cuando acecha a su presa. – Esto te lo has buscado tu sola.

- Trata de evitar que sea al contrario. – Repuso entretenida.

- ¿Bromeas, Ackerman? Todavía te faltan años para alcanzarme.

- Y a ti centímetros.

Hasta aquí.

El puño derecho de Rivaille se cernió contra su costado a una increíble velocidad, ella agradeció internamente a sus grandes reflejos, y lo paró con su antebrazo.

La pelea acababa de comenzar.

Levi volteó sobre su espalda, y mandó un gancho con el izquierdo, ella se agachó y lo esquivó por los pelos, aprovechando su situación para empezar con una patada barredora, él saltó enseguida y voló en el aire, extendiendo su pierna para cuando la morena se levantaba, propinándole un fuerte golpe que apenas pudo parar con ambos brazos cruzados.

La fuerza de la patada fue tal, que la mandó varios centímetros hacia atrás, levantando una humareda de polvo. - ¿Desde cuándo eres tan mal educada con tus superiores?

Dijo calmado, mientras se acercaba de forma intimidante a ella. Solo estaba calentando.

Mikasa se repuso con rapidez y se enderezó en su posición. La mano extendida del hombre se lanzó en horizontal hacia su hombro, consiguió detener el impacto con una de sus manos, y estrechó los dedos en puño con la derecha, contraatacando hacia las costillas del otro. Rivaille frenó su puñetazo golpeándole el brazo con el suyo, desequilibrándola, y propinándole un punta pie que la hizo caer hacia delante. El remató la faena con un codazo en la espalda que terminó por impactarla en el suelo.

- Deberías saber guardar respeto… a los que están por encima de ti.

Ella lo fulminó con sus ojos negros desde el suelo, se incorporó hecha una furia y cargó hacia delante con todas sus fuerzas, él la toreó esquivándola con facilidad, y alzando el pie, provocando que Mikasa tropezara y trastabillara unos pasos antes de estabilizarse. Pero antes de conseguirlo un derechazo del soldado la mandó derecha al suelo de nueva cuenta.

- ¿Eso es todo lo que tienes, Ackerman? – Sabía que estaba tratando de provocarla, de hacerle perder los nervios. – No eres mejor que ese idiota de Jaeger, que decepción…

Y explotó.

Pegó un fuerte bufido y corrió hacia él, quien mantenía su usual expresión de indiferencia. Empezó con una patada lateral, seguida de otra más fuerte, él las esquivó con simpleza echándose hacia atrás sin variar la apatía en su mirada. Posicionó uno de sus pies atrás y le devolvió la patada, que ella bloqueó con el brazo, al instante repitió el anterior movimiento de él, quedando con el mismo resultado. Pasaron de las manos a los pies, una andanada de patadas se cernía sobre ambos lados, siendo bloqueadas o esquivadas reiterativamente.

Mikasa pateó y rápidamente cambió de pie para hacer una patada giratoria con el izquierdo, el soldado se apartó con tiempo suficiente e igualó el ataque de la chica, obligándola a echar el cuerpo hacia atrás. Pero no cayó, le envió un puñetazo a la cara que terminó siendo bloqueado, y después recibió un golpe en el abdomen que la hizo doblarse hacia delante, otro en el rostro y un último en la mejilla. Justo al momento, Rivaille pegó su espalda a su pecho, le dio un codazo en el estomago dejándola sin aliento, y agarró su brazo, aventándola por encima de sus hombros, impactándola contra el suelo de nueva cuenta.

Ese golpe había sido más duro que los anteriores.

- ¿Recuerdas la golpiza que le metí al imbécil de Eren? Parecías muy enfadada…

- ¡Callate!

Mikasa se levantó de un salto, y empezó con una nueva patada, la sangre estaba hirviéndole, Levi nunca le había hablado así. El empujó el pie con fuerza hacia abajo con su antebrazo, y golpeó su hombro con rudeza, haciéndola retroceder varios pasos atrás.

Esta vez fue Rivaille quien empezó a atacar. – Eres demasiado lenta, Ackerman.

Le lanzó una patada que ella esquivó echándose hacia atrás, su puño derecho impactó contra el antebrazo izquierdo de la chica, ella saltaba dando círculos a su alrededor, mientras él le propinaba golpe tras golpe. Otra patada que no llegó a su destino, siguió con una doble, ella se agachó e incorporó con los puños por delante, el juego siguió de la misma forma durante extensos segundos, el golpeaba y ella se apartaba en el último momento.

El juego de pies de Mikasa pareció distraer por un momento al sargento, que recibió una patada de propina por parte de la joven. No dispuesta a dejar pasar su oportunidad lo golpeó de nuevo, y una tercera vez de forma sucesiva, pegando estomago, piernas y cara, el paraba las que podía. La última fue a su pantorrilla, haciéndolo caer al suelo de culo.

Ella lo observó con superioridad, mostrándole una pequeña sonrisa, el igualó su expresión divertida desde el suelo, revolvió la cabeza para desaturdirse y se levantó con soltura.

Desde la distancia él le mandó un puntapié, que ella detuvo con su mano, giró y mandó un puño y otro después, ella los paró a ambos. Cuando mandó el derecho, Mikasa lo atrapó con su mano, y alzó la pierna izquierda para golpearle en la junta trasera de la rodilla, Levi previendo tal movimiento alzó la pierna y paró el golpe con la misma si recibir mayor daño.

Se separaron de un salto, observándose uno a otro por unos instantes… Rivaille tenía un poco de sangre escapando de la comisura de sus labios, y un pequeño morado en la frente arriba de la ceja izquierda, sus ropas estaban sudadas y algo polvorientas. Por su parte, Mikasa presentaba una mejilla magullada, y el borde del ojo izquierdo algo hinchado, sus nudillos estaban pelados.

Siguieron el ritmo de la pelea enseguida, una lluvia de puñetazos, patadas, rodillazos, embistes, cabezazos, codazos y demás se abalanzó sobre ambos. Se desenvolvían a una velocidad vertiginosa, encajando los golpes del otro y propinando otros más fuertes, esquivando o interceptando algunos, recibiendo y contraatacando con otros.

La morena lanzó un puñetazo hacia el rostro del sargento, este atrapó su brazo con el suyo, empujando hacia arriba y sometiendo las articulaciones a tensión, ella lanzó su pierna instintivamente contra su costado, y él la sujetó en su cadera con la mano libre. Empujó el pie que ella mantenía en equilibrio y la hizo caer, pero antes de tocar el suelo, ella lo agarró del cuello y lo arrastró consigo en la caída.

Cayeron uno sobre del otro, Rivaille encima, de rodillas, sus cinturas juntas, y la pierna izquierda de ella presionada contra la cadera masculina siendo sujetada por el muslo. El brazo izquierdo de la chica, envolvía el cuello y la nuca del guerrero, y su otra mano estaba presionada contra el suelo por encima de su cabeza por la mano izquierda de su acompañante.

Sus rostros a escasos centímetros, el sudor resbalando por ambos cuerpos, pequeñas gotitas deslizándose por la nariz de él, para caer dos centímetros más abajo sobre las mejillas enrojecidas de la muchacha. Sus largas pestañas negras aleteaban confundidas, sus labios secos y la temperatura corporal demasiado elevada.

Ambos se daban cuenta de la involuntaria situación, y de la proximidad a la que estaban sometidos, uno pegado al otro. Levi fijó sus ojos grises en los negros de ella, perfiló su hermoso rostro con la mirada, y se detuvo en los rosados labios de Mikasa. Joder…

Un naciente impulso de besarla y mandar todo a la mierda lo invadió, la tenía tan cerca, tan cerca… podía sentir su desacompasada respiración en la mejilla, el latir desbocado de su corazón contra el suyo propio. Su pecho golpeaba el suyo cada vez que subía para tomar aire…

- Tenemos espectadores.

Su voz fue todo lo que necesitó para salir de su estado de estupor. Volteó la cabeza y allí los vio, a los cadetes de la legión de reconocimiento, soldados y guerreros de la misma, todos rodeando el campo arenoso donde ellos habían empezado su duelo.

Distinguió entre todos ellos a Eren, y también a Armin, Jean, Sasha, Connie… y muchos más, todos entretenidos con el espectáculo que ellos estaban dando.

- Eso parece… - Susurró molesto. Y se incorporó con desgana, tendiéndole la mano para que ella hiciera lo mismo.

Por suerte ella lo había advertido, de no ser así, tal vez habría sido incapaz de contenerse y la habría besado delante de todos… que patético.

Tomó algo de distancia con la chica, y se fijó en sí mismo. Estaba sudado, con la ropa manchada de polvo y sangre, estaba que daba pena… pero no pensaba ensuciar más su ropa. Lo primero que hizo fue lanzar su blanca corbatilla al suelo, y empezó a desabotonarse la camisa blanca, de un solo jalón se la quitó y la tiró al suelo, descubriendo todo su torso.

Mikasa escuchó molesta el descarado suspiro que soltaron algunas reclutas al ver las acciones del sargento. Y no era para menos, Rivaille tenía todos los músculos del cuerpo definidos a conciencia, unos abdominales marcados, pectorales duros y clavícula tensa. Pero también estaban allí las cicatrices, la del costado era la que más tensa la ponía.

- ¡Animo Mikasa! ¡Demuéstrale lo fuerte que eres! – Escuchó la voz de Jean alzarse entre el gentío seguido de varios vítores.

Levi le mostró una sonrisa ladina, poniendo los brazos en guardia. – Parece que tienes admiradores.

- No tantas como usted. – E inclinó la cabeza indicando al sector femenino.

- ¿Celosa? – Bromeó, empezando a caminar en círculos a su alrededor, de nuevo actuaba como un cazador.

Mikasa enarcó una ceja. – No diga estupideces.

Y para sorpresa de todos, incluido el mismo, empezó a imitarlo. Se sacó la bufanda roja de Eren y la dejó sobre el suelo, para posteriormente desabotonarse la camisa, y desprenderse de la misma, quedándole como única prenda un top negro que cubría de forma efectiva sus pechos, pero se pegaba demasiado al contorno de su figura.

Levi se restregó el puño por la mandíbula, retirándose el sudor y tratando de concentrarse. - Es cierto Ackerman. ¿Cómo ibas a estar celosa? Eres la única mujer capaz de sorprenderme a estas alturas…

Los silbidos dentro del sector masculino no tardaron en hacerse oír, los ánimos a Mikasa y los disimulados abucheos a Rivaille sobre la suerte que tenía.

El apretó los dientes sin perder la sonrisa, y afianzó sus pies en el suelo, ejerciendo presión. - ¿Lista para continuar?

- Siempre.

El sol ya había empezado a descender por el horizonte, componiendo el cielo de tonalidades infinitas de colores, empezando por el rojo y anaranjado, mezclado con un tenue amarillento, los últimos azules celeste del cielo matinal, convirtiéndose en los tonos violáceos del cielo nocturno. Y en medio de todo aquel paisaje, se distinguía a dos figuras sentadas una al lado de la otra, acompañándose en silencio.

El hombre de cortos y negros cabellos sostenía una bolsa de hielo sobre su mejilla derecha, tenía esa zona hinchada, y un par de moretones más repartidos por la cara, y el cuerpo. La chica se sostenía una compresa mojada sobre el tabique nasal, y acariciaba con cuidado un costado de su cabeza.

- Te has pasado… - Musitó con el labio morado y señalando la bolsa de hielos que cubría la parte derecha de su cara.

- La culpa es tuya por tocar mis… - Y se cortó con un ligero sonrojo, tratando de taparse con la bufanda roja que ya había recolocado en su cuello.

- Tus pechos. – Acabó él. – Y fue un accidente, me golpeaste y yo caí hacia delante, si hubieses calculado mejor la distancia del golpe, mi cara no habría caído sobre tu delantera. – Se privó de añadir que le gustó la sensación durante los segundos que se le permitió estar sobre esa suave zona – inclusive las protestas indignadas de los chicos que observaban - antes de recibir un tosco puñetazo en la cara, algo que muchos – demasiados para su gusto - aplaudieron.

La lucha había terminado sin ganador claro, ambos terminaron muy agotados. Aunque el último golpe fue para el sargento, justo después de que ella se desplomara en el suelo incapaz de levantarse y con las fuerzas mermadas, el se dejó caer sentado y cansado igualmente.

El publicó quedó emocionado ante tal despliegue de fuerza y habilidad entre los dos soldados más fuertes de la humanidad.

- Fue un buen combate. – Y le regaló una sonrisa fantasma al aire, en verdad había disfrutado como hacía tiempo que no podía.

Mikasa asintió, ella también se divirtió en parte. Al menos al final, Levi había admitido tiempo atrás que sus comentarios mordaces fueron únicamente para provocarla, él la conocía y sabía de su respuesta exagerada a todo insulto contra Eren. Que se metieran con el castaño la hacía perder los estribos y la concentración, y eso él se había encargado de demostrárselo hoy.

- Lo fue… - Suspiró contra el aire, y pensó que le gustaría arreglar su situación.

El silencio los acompañó durante extensos minutos en los que ninguno dijo nada, solo el aire frió de la noche que se cernía sobre los dos. Ya habían curado sus heridas tiempo atrás, las físicas, pero las que no se veían seguían presentes y sangrando.

- La cagué, lo sé. Pero no me arrepiento de lo que hice.

El fue el primero en hablar de los dos. Sacando el tema que habían estado evitando durante más de dos meses, ninguno se atrevía a mirar al otro, era la primera que vez que quedaban a solas desde hacía tanto tiempo…

- Rivaille. – No supo como continuar su oración, lo que necesitaba saber es que lo motivó exactamente a besarla aquel día, ¿sentiría algo de verdad o fue solo un momento de delirio?

La segunda opción era la más fácil para Mikasa, sin embargo, si él le contestaba con la primera la única opción que les quedaría sería la distancia, y eso tampoco le agradaba. Se llevaban bien, habían aprendidos a entenderse uno al otro y superar sus diferencias, pero ese sería un paso demasiado grande teniendo en cuenta lo que ella seguía sintiendo por Eren.

- No tienes que decir nada. Solo… trato de disculparme por lo de ese día. – Y por primera vez se atrevió a verla a los ojos. – No estuvo bien.

Ella asintió. Pero sabía que nada se solucionaría con tan solo esas disculpas, las incógnitas seguían siendo las mismas al respecto. Estaba segura que antes, durante el entrenamiento, cuando Rivaille cayó encima suyo, tuvo la tentación de besarla, porque ella también la había tenido incompresiblemente.

- Estos dos últimos meses hemos estado actuando como idiotas. Tendría que haberte buscado para disculparme mucho antes. – Admitió, necesitaba que ella le hablara y le dijera que todo estaba perdonado, que podían seguir como antes, pero no era imbécil… nada podría ser como antes.

Mikasa dejó caer la compresa fría de su rostro, mostrando la magulladura que presentaba en el borde de la nariz, también tenía una herida en el labio. Rivaille se sintió culpable en parte.

- Siento si me pasé un poco.

- Era un entrenamiento. – Y le señaló el rostro y la sangre en su ceja. – Pero tú tampoco has acabado muy bien parado.

El se relajó visiblemente. – Tienes un gancho muy fuerte, debo reconocer… - Y se sobó la zona afectada con una pequeña mueca. – Pero deberíamos bajar la intensidad para la próxima, o estaremos tan hechos trizas que nos devorará el primer titán con el que nos topemos.

Mikasa le sonrió, aprendió a calmarse en su presencia y soltar todas sus presiones. – Eso no ocurrirá.

- Oh. – Enarcó una de sus finas cejas. – Te veo muy segura, Ackerman.

- No podemos morir. No… vamos a morir. – Y dijo lo último en un tono más bajo.

Levi captó enseguida el cambio en la mirada opaca de la muchacha y rememoró la última batalla que habían tenido, donde él fue, literalmente, tragado por una de esas moles colosales. Seguramente no sería capaz de contarlo de no ser porque ella lo advirtió a tiempo.

Lo que hizo a continuación lo catalogó como un efecto secundario de muchos de los golpes que recibió en la cabeza durante la pelea. Le agarró la mano entre la suya.

Podía sentirla tensarse bajo su tacto, como se mantenía rígida a la expectativa de lo siguiente que él fuera a hacer. Debido a la presión de su puño cerrado, era capaz de percibir los nerviosos latidos que bombeaban la sangre caliente, a través del tacto de sus dedos.

Mikasa lo interrogó con la mirada, atenta. – No vamos a morir. Me encargaré de ello.

Ella giró la vista, permitiendo que el agarre entre sus manos continuara, a pesar de la sinceridad de sus palabras, era imposible asegurar que no morirían mañana.

- ¿En que estabas pensando?

Sabía que la pregunta llegaría tarde o temprano, el no le contestó en el momento, ni pensó hacerlo, pero ahora no podía simplemente escapar. Rivaille no era alguien que se distrajese, mucho menos en el campo de batalla, pero esta última vez casi lo costó la vida, su forma de pelear… parecía la de alguien a quien no le importaba morir.

Y eso ella era incapaz de entenderlo.

- Pensaba en Petra. – Nuevamente aquella apenas imperceptible tensión se reflejó en su rostro, ¿se había incomodado con el nombre? – Vi en el suelo a una mujer muy parecida a ella… y recordé a Erd, Gunter, Auruo y Petra.

Su tono de voz era bajo, no le gustaba mostrar debilidades, aunque si era Mikasa no importaba. El la había visto llorar en multitud de ocasiones por Eren, por la crueldad del mundo, por el peso que la ahogaba cargado sobre sus espaldas.

Los días posteriores a la muerte de sus camaradas más allegados le costó horrores mantenerse frio e impasible como era siempre, evadió lo máximo posible el contacto con otras personas muy a pesar de que se sintiera solo, porque se encontraba vulnerable, y no podía dejar que la coraza cayera tan pronto.

Esta vez el apretón vino de parte de Mikasa.

Estuvo preguntándose durante bastante tiempo de la relación que unía a Petra con el sargento, ¿simple camaradería? Siempre percibió algo más allá que amistad por parte de la muchacha, pero con él era otro cantar, durante ese tiempo apenas lo conocía, y Levi Rivaille le resultaba la persona más pedante, estúpida y arrogante que hubiera conocido jamás. Ese mismo día la salvó de la titán hembra.

Decidió que lo mejor era mirarlo a los ojos para hacer ese tipo de preguntas. - ¿Tu y ella…?

No se decidió a terminar de formularla, tampoco quería que el supusiese algo incorrecto sobre su curiosidad. Porque eso era, ¿verdad? Simple curiosidad… solo quiso conocer que tanto significó esa mujer para él.

El la observó con sus fríos ojos grises. – No. – Voz calma y sosegada.

- ¿No? – Fue incapaz de evitar que la incredulidad escapara de su boca, algo sorprendida. Siempre pensó que entre ambos hubo algo… todavía recordaba la cara de Levi cuando el padre de la chica se le acercó con una carta y hablando orgulloso sobre su hija.

- No. – Repitió. – Nunca sucedió nada entre nosotros.

- Pero… bueno, Eren me comentó que parecían muy unidos.

El suspiró. – Eso no implica nada, Mikasa. – Afianzó el agarre de sus manos. – Éramos compañeros de equipo, y es cierto que nos llevábamos bien, muy bien. Ella siempre… trataba de ayudarme en todo lo posible y hacerme ver como una gran persona ante el resto.

Era cierto. Al principio Eren también le tenía cierta reticencia al sargento, pero les contó a Armin y ella todo lo dicho por Petra sobre el mismo. Para su hermano aquellas palabras no encajaban con el Rivaille que conocían, no aun.

- ¿Nunca pensaste en ella de esa forma? – Sentía que habían llegado a un terreno peligroso, pero si él era capaz de seguir contestándole, ella taponaría todos los huecos de sus dudas.

- Te mentiría si dijera que no. – Ahí estaba, lo sabía. – Petra fue una gran guerrera, amable, inteligente y bella… ah, y muy limpia también. – Esbozó una imperceptible sonrisa, su subordinada siempre le fue de agrado. Y de no ser por su infortunado destino… o por la aparición de la morena a su lado, su relación podría haber evolucionado, con el tiempo.

Mikasa dejó ascender las comisuras de sus labios apenas unos milímetros. - ¿Qué pasó entonces?

¿Por qué no se decidió a dar el paso con ella? ¿Demasiado peso sobre sus hombros, demasiada sangre acumulada en sus manos, demasiadas esperanzas por cumplir?

- No era capaz de comprenderme. No era fuerte. – Y la intensidad de su mirada la penetró hasta lo más hondo de su alma.

Mikasa lo comprendió entonces. Eran dos mujeres completamente distintas, opuestas, hasta sus características fenotípicas antagonizaban, su carácter era abismalmente diferente, y sin embargo ambas habían sido capaces de abrirse paso a través del muro de hielo que Rivaille construyó sobre sí mismo, pero ella había caído más cerca. Fue más fuerte, sobrevivió.

Entonces sintió algo de pena por la joven de cobrizos cabellos. Petra siempre amó al sargento, pero nunca sería capaz de decírselo en persona por mucho que el conociera de sus sentimientos, nunca podría ver todo su afecto correspondido, porque ya no estaba.

Ella se mordió el labio compungida, todo ese dolor que el acumulaba en su pecho parecía emanar hacia el toque entre sus dedos y traspasar a su propia piel.

- Nuestra vida es solitaria. No podemos amar nada, todo acaba cayendo a nuestros pies. – Empezó con voz sombría, y supo que no era la primera vez que perdía a alguien importante bajo el yugo de los titanes, o el de los propios hombres. - Cruzaremos un rio de sangre cargando sobre nuestros hombros el peso de los muertos hasta el final.

Mikasa perdió siendo niña a sus padres a manos de tres ladrones, perdió a Carla Jaeger que fue como una segunda madre para ella cuando un titán la devoró, perdió a Eren en incontables ocasiones, y muchos de sus compañeros de la legión.

Sabía que a pesar de que sus amigos hubieran sobrevivido hasta el momento, el camino por recorrer seguía siendo muy extenso. Muchos caerían, y los que no lo habían hecho ya es porque contaban con la fuerza necesaria para seguir, una que eventualmente terminaría agentándoseles, a ellos dos inclusive.

Todo en este mundo era perecedero. Y solo unos pocos eran capaces de sobrevivir al resto.

Quizás, ellos dos de todos, serían los que vivirían. Eran quienes luchaban, quienes arrastraban las esperanzas del mundo entero, quienes se encontraban en la solitaria cima.

Y aquella ineludible verdad, pareció hacerle abrir los ojos.

Nunca esperé encontrar a alguien como yo.

Me alegra poder compartir esta carga con alguien.

Duele, ¿No es cierto?...

Dolía, mucho.

- Rivaille… - El brillo en sus ojos negros era distinto al usual, y él pareció captarlo al instante.

Las defensas de la muchacha estaban bajas de nuevo, y estaba dispuesto a dejar abierta la puerta de la muralla hasta que ella las volviera a subir.

Con mucho cuidado, acercó su rostro al de ella, los ojos grises prendidos en los ónix que temblaban con pavor, la distancia reduciéndose y sus alientos entremezclándose. Mikasa sintió como la respiración le fallaba, era inevitable.

Tomó una última bocanada de aire, y con un suave movimiento rozó sus suaves labios con los suyos, de forma inocente. Algo turbada por la explosión de emociones que sintió en su interior, dudó en corresponder al principio, debería haberle apartado cuando estuvo a tiempo, pero…

Levi la besó de nuevo, esta vez con más fuerza e inclinándose sobre ella. Movió el agarre entre sus manos hasta desprenderlo y dejar la derecha de ella sobre el hombro de él, mientras que su izquierda se alzaba para acariciarle la mejilla con la cicatriz de Eren.

Mikasa agarró el cuello de la camisa con la mano que el depositó allí, y lo atrajo más cerca, empezando a besarlo también. Su otra mano recorrió el mismo camino y se enzarzó con su hermana en la nuca del sargento, por su parte el hombre la había atraído hacia si agarrándola de las caderas.

El profundizó el beso, delineando con su lengua los labios de ella, como pidiéndole permiso para entrar, no se negó. Y sus lenguas se encontraron, primero tímidamente, apenas tocándose, para después acabar una enredada en la otra, bailando al ritmo que marcaba el solapamiento de sus bocas con cada beso.

El aire era necesario, pero no querían separarse por nada del mundo en ese instante, el deslizó sus manos tras la espalda femenina, por encima de la fina tela blanca de la camisa, y la atrajo lo máximo que pudo hacia sí. Quería sentir más de su piel contra la suya.

Sorprendentemente Mikasa sintió la misma necesidad, y ayudada por las manos del hombre, se incorporó lo suficiente como para sentarse sobre sus caderas, haciendo el contacto más íntimo, y abrazando la cabeza de negros cabellos con ambos brazos, besando con ferocidad su boca, inclinada hacia delante.

Él le mordisqueó el labio inferior con los incisivos superiores, y ella ahogó un sordo gemido en su boca. – Esto no debería de estar pasando… Ah. - Balbuceos incomprensibles fueron lo único que salió de su boca.

- Es cierto… - Susurró el contra sus labios y apretando las caricias posesivas de sus dedos sobre el cuerpo de la joven. – No deberíamos estar haciendo… esto.

Y se separaron durante unos segundos, recuperando el aliento y sin perder el contacto visual. Uno sobre el otro, Levi con la cabeza hacia arriba, y una sonrojada Mikasa con los brazos enroscados alrededor del masculino cuello.

La evidencia de sus actos los golpeó como un balde de agua fría. Era tan palpable como la corriente que recorría sus cuerpos cada vez que entraban en contacto uno con el otro, la atracción a la que ambos eran sometidos estaba demostrada.

Rivaille la deseaba como mujer, pero ella seguía confusa.

- Será, la ultima vez… - Y la atrajo para volver a besarla demandante. – Que permitiremos esto.

Mikasa se dejó arrastrar, saboreando sus labios, rozando la herida que ella misma provocó en su comisura. La besó con calma. Ascendió los dedos para masajearle el cuero cabelludo, apartando los negros mechones del flequillo y descubriendo una nueva herida, también llevó allí sus labios, como si se disculpara por haberle infringido tal daño.

- La ultima… - Y bajó para mordisquearle el labio inferior, dejándolo sin aliento.

- Mmmm – El se vio privado de la capacidad de pronunciar palabras, bastaba decir que no eran necesarias en un momento como aquel.

Las caricias y los besos continuaron, pero no pasaron de ser eso, caricias y besos. Rivaille se separó de sus labios, besando la comisura, y regando un camino hacia abajo, mordiendo la mandíbula, haciéndola ahogar un quejido. Su siguiente besó se posó justo debajo, en la unión del cuello con la cabeza, y empezó a descender, acariciando y chupando la suave extensión de piel con sus labios.

Ella tenía enterrados sus dedos en el cabello negruzco, acariciándolo a tiempos, conforme el besaba y se detenía en un punto para entretenerse. Levi detuvo sus labios en un lugar concreto de su cuello, justo donde sentía la sangre circular, donde los latidos se notaban con mayor firmeza - estaba viva, a su lado -, aspiró. Mikasa tragó pesado.

Tiempo después, el estaba acomodando la bufanda que la chica siempre llevaba al cuello para tapar la marca rojiza que le dejó en su arrebato. – En un par de días desaparecerá.

Le dijo para tratar de apaciguarla, aunque por dentro deseaba que el idiota de Jaeger la viera, la viera y se devanara los sesos pensando en quien podría haberle hecho eso a su hermana. Deseaba gritarle a los cuatro vientos que era de él, que era suya.

Pero si lo hiciera no sería más que una mentira, Mikasa Ackerman jamás le pertenecería como él quería. Y eso lo llevó a preguntarse que tenía esa mujer, que era lo que lo llevó a fijarse en ella antes de aceptarla como a una igual. Lo siguiente que cruzó por su cabeza era lo patético que era por dejarse llevar de esa forma con ella, ahora la marea lo había arrastrado irremediablemente, con imposibilidad de volver a la costa.

- Ya es tarde. Hace una hora que tendría que estar en la habitación de las chicas. – Musitó algo preocupada, si alguien la veía a esas horas…

- No hay de qué preocuparse. Estas conmigo. – Y empezó a caminar con las manos en los bolsillos desganadamente a su lado, rozando sus hombros efímeramente. – Si alguien te recrimina por llegar tarde, mándamelo.

Una imperceptible sonrisa escapó de sus labios. – Lo tendré en cuenta, sargento.

- Un superior siempre debe velar por la seguridad de sus subordinados.

A Mikasa casi se le escapa una risotada por el comentario y el tono empleado, con una mano se rozó la marca del cuello pensando que eso no era precisamente un acto que reafirmara las anteriores palabras dichas por el hombre. - Por supuesto…

En silencio llegaron hasta la puerta que daba a la habitación compartida de la muchacha, como esperaban todo estaba oscuro y en silencio.

- Mi turno acaba aquí entonces. – Susurró para que solo ella fuese capaz de escucharlo.

Solo entonces lo miró. – Buenas noches, Rivaille.

Él le mostró una sonrisa fantasma. – Buenas noches, Ackerman. – Y antes de que pudiera hacer nada o replicar mas, la agarró del borde de la bufanda, tirando hacia sí, y plantándole un beso demandante que la joven no dudó en corresponder.

Cuando se separaron faltos de aire, él la soltó y tomó distancia. – Esto… no se volverá a repetir.

Secundó las palabras mencionadas anteriormente, pero ahora con mayor seriedad. Estaba colocándose el mismo las cadenas de restricción, pero no sabía asegurar cuánto duraría sin romperlas. No era una promesa que no pudiera romper, pero por su bien, el de ambos, era mejor abstenerse de retomar lo sucedido.

- Mikasa. – Le ofreció un saludo cortes, y se dio la vuelta, encaminándose en la dirección contraria, dejando las alas de la libertad ondear hermosamente en la espalda de su chaqueta.

- Rivaille… - Le susurró al aire cuando el ya era solo una mota de polvo mas en el camino. Tanteó sus labios con los dedos quedamente y suspiró.

No deberían de haber iniciado aquello para empezar, y ahora ya no sabía en qué punto exacto se encontraba de esa atribulada tormenta. Se había perdido.

Y hasta aquí la tercera parte de este fic, espero que les haya gustado. Ummm se me quedó un poco, muy largo xD, espero que no os importe, no esperaba alargarlo tanto pero era escribir y escribir y… tampoco encontraba un punto donde cortarlo después porque parecía quedar incompleto, además que este capítulo ocupa un marco espacial de un día – el incidente en la misión, y al día siguiente justo es cuando empiezan a entrenar juntos -. Como veis a pesar de todo, Levi no se olvida de sus camaradas, y hay una pequeña reflexión de lo que podría haber pasado con Petra (un buen personaje que en su momento vi como firme candidata para estar con el sargento).

Irvin los mandó entrenar juntos, como si hubiese poca tensión entre ellos ya de por si jajaja, y el resultado es esta pequeña charla y su despedida a besos xD. Conforme mas pienso en ellos más perfectos los veo el uno para el otro jeje.

Nuevamente les agradezco tomarse el tiempo para leer mi fic, y uno especial a la gente que dejó review o marcó como favorito.

Nos vemos, un besoo! Andy ;D