Hola! He aquí el capítulo tres! He leído cada uno de los rws que me han dejado, muchas gracias por eso!
Quiero agradecer de todo corazón a MartiiCullen que a pesar de estar vuelta loca con la universidad, igual se dio un tiempito para corregir este capitulo... Gracias amiga!
También darle las gracias a todas las que han recomendado la historia. De verdad para mi es muy importante.
En uno de los rws cierta persona me preguntó por el kilo de manzanas en Chile... Y si cierta persona aparecía en este cap... Bueno espero que se lleve una grata sorpresa... Nenis, gracias por los ánimos y por seguir volviendo loca mi cabeza con mi amado Tortugo xD
En fin espero que disfruten este capitulo, tanto como yo disfruté escribiéndolo.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a la la Sra. Stephenie Meyer. Yo solo soy una niña con una mente retorcida que los ocupa para su placer. La historia es totalmente mía.
Enjoy!
Capítulo III
"No tengas miedo… Acércate. Sé lo que quieres, puedo sentirlo… Puedo ver como tú cuerpo vibra con solo verme… Me deseas. No te resistas… Sé que me deseas. Ven por mí… Déjame entrar en ti, déjame consumirte… Ven. ¿Tienes miedo? Sí. Lo tienes… No temas… Sólo arrancaré tu vida… Morirás en mis brazos… Y disfrutarás cada segundo hasta que tu vida se extinga en mis labios… Ven, no temas…"
Llegó al cielo en el momento en que lo vio entrar al bar. Era Dios caminando entre los insulsos mortales. Hermoso como ninguno. En su vida había visto tal despliegue de hombres atravesar por esa puerta. Estaba extasiada… Y sería la última vez que ella viera algo como eso.
La chica se acercó a él. Esa noche se sentía poderosa y los tragos de más que traía en su sistema ayudaban bastante.
"Hoy es tu noche… Ve por él… Esta noche te comerás al mundo"
-¿Estás disponible esta noche guapo? – Dijo parándose frente, acariciando su duro abdomen. - ¿Quieres un poco de diversión?
"¿Diversión?... Cariño yo voy a enseñarte lo que es divertirse…"
-¿Estás segura que quieres divertirte conmigo… Preciosa? – Preguntó dándole la oportunidad de huir, de alejarse de su destino. La chica no era una maravilla, era más bien normal y sin gracia, pero para fines prácticos, todo servía.
-Llévame contigo guapo – Respondió acariciando su cuello. – Llévame a ver las estrellas…
Si tan solo se hubiese dado cuenta del final que le esperaba nunca hubiese hecho esa petición. ¿Vería las estrellas? Sí, lo haría… Sería lo último que haría.
Caminó junto al desconocido con confianza y sintiéndose la mujer más sexy del planeta. No podía creerlo. Ese hombre, la perfección masculina hecha realidad. Tenía tanta suerte. Por fin un hombre como él se había fijado en ella.
Se acercaron a un callejón. Sin mucho cuidado hizo chocar la espalda de ella contra la pared y comenzó a besar sus labios de forma urgente. No era tan desgraciado como para no hacerla disfrutar sus últimos momentos ¿O sí?
-¡Oh por Dios! – "¿Dios? Cariño, soy el diablo vestido de oveja."
Lentamente se alejó de su presa para observarla. Su pelo estaba un poco revuelto y temblaba. Su corazón y su respiración corrían a un ritmo desbordante. Podía sentir el olor de su excitación desde lejos. Pobrecita.
Ella lo observaba con atención intentando prever su próxima jugada. "¿Cómo vas a seducirme, cariño? Ven demuéstrame que tan bueno eres… "
En cosa de segundos todo su deseo desapareció. En cámara lenta vio como aquel precioso hombre se transformaba en monstruo. Sus ojos cambiaron de su bello color a un negro vacío que lo abarcaba todo. En su hermosa dentadura de observaban unos incisivos más largos y filosos de lo normal. Un rugido casi animal salió de su boca y ella quedó paralizada por el susto.
-¿Qué pasa, cariño? –Dijo con un tono burlón y amenazante. – ¿Es que acaso ya no me deseas?
Al oír su voz su cuerpo reaccionó. Intentó correr, escapar de aquel ser, pero todos sus intentos fueron inútiles. A cada paso que daba se lo encontraba de frente cubriendo su vía de escape.
-¡Por favor, te lo suplico no me hagas daño! –Rogó – Por favor…
-¡Oh, mi pobre niña! – Dijo abrazándola mientras una sonrisa demoniaca se dibujaba en su perfecto rostro. – No temas, no te haré daño… No demasiado.
Los ojos de la muchacha se abrieron con más horror aún. Era el final, lo sabía. ¿En qué momento se le ocurrió acercarse a él? ¿Por qué lo hice, por qué?
-¿Querías ver las estrellas esta noche conmigo, Dulzura? – Le pregunto mientras sus labios recorrían la palpitante vena en su cuello – Pues este es el momento perfecto.
La jaló del cabello, logrando que su mirada apuntara hacia el brillante cielo estrellado. Satisfecho por cumplir su último deseo, enterró sus colmillos en su delicado cuello y bebió de su sangre como un poseso.
"Oh, dulce alimento de los dioses… "
Supo en el momento exacto en el que la desafortunada chica perdió su vida. El calor de su cuerpo lentamente apagándose entre sus brazos marcó el tiempo que le quedaba y su fin. Un simple cascarón. Ya no era nada, no era nadie.
Repentinamente asqueado soltó el cuerpo sin remordimiento alguno y se fue dejándolo en ese frío callejón. Ya alguien lo encontraría y se haría cargo.
Volvió al bar en el que estaban como si nada hubiese pasado. En la barra sus hermanos lo esperaban. Había transcurrido largo tiempo desde que los tres no estaban reunidos y le gustaba la idea de celebrarlo con unas cuantas copas. Necesitarían de mucho alcohol si querían emborracharse, pero esa noche lo primordial era la diversión de la matanza. El juego de gritos y sangre que tanto adoraban jugar.
-Por fin vuelves – Dijo Emmett – Pensamos que te habías enamorado de esa chiquilla y le habías perdonado la vida.
-Em, por favor… ¿Enamorarme yo? – Rió. ¿Amor? ¿Él? Imposible. No sabía amar y tampoco es que quisiese aprender. No estaba en la naturaleza de un asesino el amar.
"Nunca digas nunca… "
-En fin, ahora que por fin estamos los tres. ¿Qué demonios es todo eso de "Hermano, encontramos a nuestras chicas"? – Preguntó el chico rubio que se sentaba a su derecha. Su rostro, mitad inocente, mitad aterrador, mostraba claramente la experiencia de años vividos en la oscuridad. Al observarlo con cuidado se podía ver el miedo que destilaba cada poro de su pétrea piel. Era el peligro andante. El terror personificado. – Al final soy el único que tiene un poco de cerebro en esta familia. Justo cuando la diversión vuelve a casa ¿Ustedes se "enamoran"? Por favor, no me hagan reír.
-Compórtate, Jazz. Esto no es una broma – Respondió Edward mientras se relamía los labios. Aún podía sentir el dulce sabor de su presa en la boca. – Y llenes tu boca de palabras vacías, hermano. ¿Amor? ¿Estás enfermo?
-Oh, Edward perdón – Dijo mientras se reía – Se me olvidaba que tú eres un monstruo aterrador que solo es capaz de causar dolor y sufrimiento a quién se atreva a cruzarse en tu camino. – Que no intentara hacerlo pasar por idiota. Él podía sentirlo, sabía cómo sus hermanos sentían sin siquiera mirarlos. No podía mentirle. – Ok, encontraste a tú chica… ¿Qué vas a hacer con ella ahora?
- Aún no lo sé. Si esas malditas reglas no existieras ya estaría atada a mi cama y con mis colmillos enterrados en la ingle.
- Tranquilo Drácula. – Sus hermanos de verdad que eran graciosos. Intentando comportarse como hombres cuando a duras penas eran unos niños. ¿Cuántos años tenían? ¿Doscientos? ¿Trescientos? – Primero, lo primero. ¿Ella sabe que existes?
-No – Edward contestó en seco. Rodó los sus ojos azules y comenzó a reír.
"Y así se hace llamar a sí mismo una bestia asesina… Pobre imbécil… Como les he hecho falta por estos lados."
-¿Y tú, pequeño Em? – Definitivamente esta noche sería divertida. Burlarse de sus hermanos era lo mejor del mundo. Los quería, pero no podía evitarlo. Además ser el mayor le daba ciertos beneficios. - ¿La muñeca sabe que la rondas?
-No, no lo sabe. – Respondió el grandulón sonriendo maliciosamente – Pero es ella la que me busca.
Sus hermanos lo miraron con la boca abierta. Emmett, el tímido de la familia. Él que pasaba las horas encerrado con sus libros y sus locuras de amor y de otros épocas mejores ¿Le llevaba la delantera al Sr. Asesino de masas, Edward?
-¿Perdón, Emmett? – Dijo el cobrizo mientras trataba de descubrir algo más. Eso no podía ser verdad. ¿La humana estaba persiguiéndolo a él? – ¿Desde cuándo Rosalie Hale ha estado besando el piso por el que caminas?
-Desde que soy su profesor de Literatura, imbécil. – Soltó sin más. Estaba molesto. Era desesperante que sus hermanos creyeran que él no era más que un simple idiota retraído. Pues no lo era. Esa semana había jugado muy bien sus cartas con la curvilínea rubia. Sabía que ella lo deseaba tanto como él a ella. –Tiene una pequeña obsesión conmigo. Ya saben… Soy irresistible.
Edward quería reír hasta quedar sin aliento. Una semana. Una maldita semana y ya tenía a la chica comiendo de su mano. ¿Y él? Diez malditos años y nada ¡Nada! La maldita mujer que él deseaba ni siquiera le dirigía una puta mirada.
"Tan solo quiero que me reconozcas… Sólo quiero tenerte en mis brazos y destruirte poco a poco… ¿Por qué me alejas de ti? Déjame poseerte, déjame corromperte y hacerte mía… ¿Por qué no vienes a mis brazos? ¿Es que no me deseas?... Siénteme. ¿Por qué no me sientes? ¿Por qué?"
En su cabeza se dibujaba su rostro hostil. Cada vez que se cruzaba en su camino, o si osaba mirarla, ella le devolvía una mirada hostil cargada de fuerza. De odio.
"Aléjate de mi… Me das miedo ¿Por qué me persigues? ¿Qué quieres de mí?... Déjame vivir en paz… Aléjate de mi mente… Aléjate de mí…"
La rabia lo envolvía como si fuese una camisa de fuerza. Tenía que salir de ese lugar antes de cometer una locura y acabara arrancándole la cabeza a uno de sus hermanos. ¡Malditos! ¿Cómo osaban burlarse de él? Nadie lo hacía y vivía para contarlo. Nadie.
Se volteó y mientras caminaba hacia la salida decidido a irse lo sintió. Era ella. Todo su cuerpo era capaz de reconocerla a kilómetros de distancia. Su aroma era inconfundible y la corriente eléctrica que lo atravesaba cada vez que ella se acercaba lo recorrió con rapidez por todo el cuerpo. Bella.
Esa noche eran las reinas del mundo. Nada ni nadie las detendría de tener la mejor noche de toda su vida. Tres mujeres dispuestas a arrasar con todo a su paso. Con el fuego en la sangre y el alcohol mezclándose con su racionalidad. Eran fieras sueltas sin permiso.
-¡Hey, Rubia! Este lugar es genial – Dijo Isabella mientras se quitaba la chaqueta que cubría un pequeño top azul marino que se pegaba a su cuerpo como una segunda piel. – ¿Estás segura que no nos meteremos en problemas? Alice y yo tenemos dieciocho…
-Cálmate Swan – Dijo mientras acomodaba su vestido rojo que apenas cubría lo necesario. – Este lugar es de mis primos. No están en la ciudad, pero yo tengo pase libre cada vez que quiera – Las guió hasta una mesa en la zona VIP dónde acomodaron sus pertenecías y se sentaron. – Y lo mejor de todo chicas…
-Ya Rose, sin preámbulos... –Dijo Alice. Su coqueto vestido verde hasta las rodillas le daba aún más aspecto de duende. Si no fuese por los tacones de infarto que llevaba se vería aún más pequeña de lo que era. Siempre jugaba a ser una adorable chica tímida, aunque de eso nada.
-¡Tenemos barra libre!
El grito de celebración de las tres no se dejó esperar. Definitivamente la noche empezaba y muy bien.
-Bueno guapas, voy por la primera ronda. – Rose desordenó un poco su cabello y le giño un ojo. – Veamos que trae de bueno esta noche…
Caminó contoneando sus caderas en dirección a la barra. Esa noche encontraría a alguien con quien compartir el resto de la noche. No podía seguir obsesionada con su grande y dulce profesor. Era una completa locura si quiera imaginar que él pondría sus bellos ojos en ella.
-¡Hey, Tom! – Le dijo al Barman cuando llegó a la barra. Sin darse cuenta de quién estaba a su lado. – Vine con unas amigas hoy. Son las que están en el VIP. – Puso una de sus manos en su fina cintura y continuó – ¿Podrías preparar tres margaritas para nosotras? –Batió sus pestañas y espero a que el chico aceptara.
-Claro preciosa. Por ti lo que sea. – Le giñó un ojo y se puso manos a la obra.
Rosalie volteo a ver a las chicas. Conversaban animadas y se veían felices. Eso era bueno, además con unos tragos de más, en poco tiempo estarían cantando rancheras sobre el escenario.
Mientras sonreía y disfrutaba del ambiente bohemio del lugar sintió que la miraban. Dirigió su mirada hacia su derecha y el aire se atoró en sus pulmones. Emmett.
"¿Qué haces aquí? ¿Por qué apareces de la nada cuando quiero olvidarte? Llenas mi cabeza durante toda la semana… cada minuto, cada segundo… ¿Por qué? ¿Por qué apareces cuando no puedo tenerte?"
Se sonrojó al instante. No podía creerlo. Sonrió tímidamente y volteó la vista hacia el barman, quién ya tenía listo su pedido. Tenía que salir de la barra cuanto antes.
-Gracias Tom. ¿Puedes enviar a alguien al VIP de vez en cuando? – Preguntó tratando de ocultar su aflicción. – No quiero bajar de nuevo. Además con estos tacones… - Señaló sus pies y el barman miró sus largas piernas con deseo. Ella era tan hermosa. Tan imposible.
Emmett observaba a la distancia. Tratando de contenerse. "Atrévete a ponerle una sola mano encima, maldito insecto y acabaré contigo"
-Claro, preciosa. No hay problema. –Volvió a giñarle un ojo y ella suspiró aliviada.
-Gracias…
Tomó los margaritas y trató de avanzar lo más rápido posible hacía la escalera. No lo suficientemente rápido…
-¿Srta. Hale? – "No por favor… Tú no…"
-Sr. McCarty. – Dijo mirándolo. Se perdió en su mirada como siempre. Desde su primera clase. ¿Cómo haría para escapar ahora?
-No sabía que las estudiantes de dieciocho años tenían permitida la entrada a los bares. – Dijo entre divertido y molesto. No quería que nada le ocurriera y que estuviera en un bar a estas horas de la noche lo impacientaba.
"¿Por te expones a que cosas malas te ocurran pequeña? ¿Es que no ves que si algo te pasa es mi fin?... Por favor, cuida de ti… Mi vida está en tus manos. No la pongas en peligro… no hagas peligrar mi corazón…"
-Este es el bar de uno familiares, Profesor. – Respondió ella desviando la mirada. Se sentía atrapada por sus ojos. Tenía que huir de ahí. Alejarse de él. – Lo siento, mis amigas esperan…
-Rose…
Ella se alejó rápidamente. El solo hecho de verlo ahí, tan guapo, la trastornaba. Quería seguirlo, quería quedarse, quería tantas cosas. Cosas que no podía tener. Era imposible. Él era su profesor y ella una simple alumna. Una niña.
"Tengo que alejarte de mi cabeza, de mi corazón… Tengo que dejar de pensar en ti… En tus besos y abrazos que jamás serán míos… No, no puedo… ¿Qué hago?... Ven por mí… ayúdame a olvidarte… Sal de mi vida… ¡No!... No te vayas… "
Él la vio alejarse. No pudo detenerla, no quiso hacerlo. Se estaba volviendo loco. Ese maldito y diminuto vestido estaba trastornándolo. Lo único en lo que podía pensar era en recorrerla por completo. Dibujar su silueta con sus manos y su lengua.
"¿Qué quieres de mi pequeña? ¿Por qué me haces sufrir así?... Vamos, búscame, es tan fácil… Entrégate a mí, únete a mí… Nunca más estarás sola… nunca… Se una conmigo por la eternidad… Decídete pequeña… "
-Lo sé, Pequeña. – Dijo en voz baja – Tienes miedo, pero lo quieres tanto como yo.
Dejó sus tragos en la mesa y se dejó caer en su asiento. Los nervios la consumían y no podía evitarlo. Necesitaba volver con él. Era como si todo su cuerpo le exigiera tenerlo cerca.
-¿Estás bien, Rubia? – Preguntó Bella al notar la cara de frustración de Rosalie. - ¿Ocurrió algo?
- Emmett está aquí chicas.
Alice y Bella se miraron. Una sonrisa cómplice apareció en sus rostros. Misión "Mejor amiga" en práctica.
-¿De verdad? – Preguntó Alice como si nada y mostrando muy poco interés. - ¿Dónde está? – Comenzó a mirar por el bar de manera aburrida, como si nada pudiese interesarle más que su trago.
-En la barra.
-Oh…
Bella miró en dirección a la barra y lo vio. Su profesor, además de ser muy bueno enseñando, era un bombón. Lástima que no fuese de su gusto personal, pero Rosalie parecía de lo más interesada en él y no era necesario sumar peras y manzanas. Había que hacer algo para que la Rubia y el oso gigante se acercaran un poco más.
Siguió observando. Fijándose en cada movimiento de él, cuando lo vio. El chico del cabello cobrizo que se dedicaba a observarla durante las clases estaba ahí con su profesor. Al otro no lo conocía, pero era bastante guapo. Rubio, leonino, alto y con el mismo tono de piel que sus acompañantes. Ella debía de admitirlo. Hace mucho tiempo que no había visto hombres más guapos que aquel trío que destilaba belleza.
Pero el cobrizo la asustaba. No entendía que tenía en su contra. Cuando la miraba parecía molesto, incluso parecía que la detestaba. Era tan extraño y misterioso. Algo en él la atraía como un imán. Quería saber quién era, quería conocerlo. Pero su mirada tan profunda la atemorizaba.
"¿Quién eres? ¿Qué quieres de mi?"
No podía dejar de mirarlo. Estaba totalmente hipnotizada con su belleza. Él era perfecto. Cada gesto, cada movimiento la llamaban a saber más, a buscarle. Estaba tan concentrada en como actuaba, que cuando él volteó y sus miradas chocaron, el corazón de Bella comenzó a latir a un ritmo acelerado. Sus ojos verdes parecían no querer soltarla.
"Si Preciosa… Estoy aquí, acechándote como siempre… ¿Quieres probar la locura en mis brazos? Sí. Lo quieres… Deja de resistirte a mi… Tarde o temprano serás mía… Lo quiera o no…"
Edward sonrió de lado y levanto su copa en su dirección. Brindando por ella, por su belleza y por que pronto caería. Él sabía claramente que ella lo deseaba. Ese adorable sonrojo en su rostro la delataba.
Bella actuó por inercia. Levantó el vaso del que bebía y brindó con él.
"¿Quieres jugar, cariño?... Perfecto… A este juego podemos jugar los dos…"
Ay, pequeña Bella Swan. No sabes en lo que te estás metiendo. Tarde o temprano te vas a dar cuenta del error tan grande que acabas de cometer. Darle alas al demonio no es lo mejor que pudiste hacer.
La sonrisa de Edward se pronunció aún más. Sabía que tarde o temprano ella daría una señal en su dirección y ese momento por fin había llegado. No desaprovecharía la oportunidad, pero tampoco forzaría las cosas.
"Tranquila, Preciosa… Todo a su tiempo. ¿Quieres jugar con el demonio?... Vas a perder…"
-Chicas creo que se me hizo poco mi Margarita – Dijo de pronto Alice, sacando a Bella de su momento perfecto con el guapo chico de ojos verdes – Voy a la barra por otro…
Bella le dedicó una mirada interrogante y Alice solo le giñó el ojo.
"¡Por Dios! El demonio escapó de su guarida… Pobre Rose" Pensó. Sabía perfectamente lo que la pequeña duende haría. Esperaba que Rose no reaccionara mal, pero conocía como era Alice y cuando quería dárselas de Cupido peleaba hasta conseguirlo.
Alice estaba tan emocionada. Tan solo necesitaba encontrar a Emmett y pedirle que se unieran a ellas en el VIP. Si lo conseguía le estaría dando la oportunidad perfecta a la Rubia para que se las jugara con todo por el grandote. Sí. Era una idea genial y no podía fallar.
Casi corría hacia la barra cuando chocó con algo duro y un brazo la envolvió por la cintura para evitar que cayera.
-¿Está usted bien, señorita? – Preguntó. A Alice le temblaron las piernas. Trató por todos los medios no mirarlo a los ojos. ¿Sería posible que…?
-Sí, estoy bien. Gracias. – Trató de soltarse de su firme agarre. Tenía que llegar a hablar con Emmett. En ese momento importaba mucho más Rose…
"Ahora no… Por favor, aún no…"
El extraño la ayudó a incorporarse y al percatarse de que no lo miraba puso su fría mano en su barbilla y alzó su rostro para verla.
Era una chica muy linda. Pequeña, sí, pero muy linda.
"Parece que acabo de encontrar la cena de esta noche…"
En ese momento Alice, sin poder resistirlo lo miró. Era él, lo sabía. Alto, rubio, ojos azules, pálido. Con un aire infantil y aterrador que la volvía loca. Era él…
"Por fin… Eres tú… Te vi venir… "
En el preciso momento en que la pequeña mujer lo miró, su mundo se vino abajo. Más de novecientos años caminando entre mortales. Viviendo una vida vacía, llena de sangre y muertes por doquier. Sin encontrar a quién pondría su mundo al revés y ahora… Ahora cuando solo quería divertirse. Ahora que no esperaba nada. Ahora que sólo quería matar, ella aparecía en su camino como un maldito ángel que venía a castigarlo por todos sus pecados.
Le ardía el cuerpo. Su instinto asesino se multiplicó. Era ella. ¡Maldita sea, era ella! Trató de calmarse. No sabía claramente como debía actuar en esa situación. Lo único que sabía era que no podía hacerle daño. Si lo hacía sería su fin.
-Eres mía… - Gruñó. No podía reconocer su voz. No podía reconocerse a sí mismo. Sólo quería sacar a la chica de ahí y apoderarse de ella.
Alice no apartó sus ojos de él en ningún momento. Pudo ver como sus ojos se volvían totalmente negros y como su respiración se volvía errática. Sin detenerse a pensarlo levantó su mano y acarició el rostro de aquel demoniaco pero hermoso ser, sin miedo alguno. No podía temerle. No después de haberlo esperado por tanto tiempo. Su príncipe azul…
-Lo sé.
"Los hilos del destino cada vez forman un bordado más entrelazado… Acaba de caer una. Tengan cuidado señoritas… cuando menos lo imaginen una de ustedes será la siguiente… Habré cumplido mi misión y sus vidas dependerán de las decisiones que sean capaces de tomar… Y de las que no…"
Espero que les haya gustado el capitulo... A mi la historia me tiene la cabeza hecha un caos!
Espero con reales ansias cada rw y cada alerta... Los guardo con mucho cariño. ^^
Nos vemos pronto... No les prometo nada por que esta semana la universidad me consumirá así que trataré de hacer lo posible por subir pronto =)
