-Dame otra oportunidad-
¿Es posible amar a dos personas?
Ahora lo entiendo, aunque me siento morir
Comprendo completamente.
Cada vez que entro a esa habitación.
Puedo oler su maldito aroma: ella.
Cada vez que te veo sonreír de esa manera.
Siento que muero lentamente.
Por qué demonios no te vas y me dejas.
Yo solo…
Yo no quiero seguir siendo una molestia….
x- Capitulo 3 –x
OooO Una nueva vida
"Maldito bastardo" Dijo la chica de cabellos lacios y oscuros como la noche, lágrimas abandonaban esos hermosos ojos verdes, sus mejillas rojas a mas no poder, estaba enojada, estaba herida y deseaba venganza.
"Ella!" Un hombre alto de largos cabellos pelirrojos sostuvo a la chica de unos 16 años quizás, tomándola por la cintura, pegándola a su cuerpo "Tranquila" Susurró lentamente viendo las lágrimas cristalinas derramarse lentamente sobre esa piel de porcelana.
"Lo odio, lo odio" Decía una y otra vez la hermosa chica, sus ojos estaban demasiado rojos por el llanto que no cesaba desde hacía una semana.
"Sabes que estoy haciendo todo lo que puedo" Bastien dijo con una voz tranquilizadora "Te prometo que voy a sacarte de este lugar" Susurró en su oído, mientras besaba en su mejilla.
"No me importa quedarme aquí solo sálvalo, salva a Otou-san" Pidió la menor, pegando más su cuerpo al del mayor. Las cadenas que estaban atadas a sus muñecas quemaban en su piel, presionando dolorosa y lentamente en la piel rasgada, penetrando las venas.
La habitación en la que se encontraban era pequeña, oscura y húmeda, carecía de electricidad, contaba con una cama, las sabanas manchadas de sangre y …. La única ventilación era un pequeño agujero que se encontraba hacía el norte de esta, impidiendo el paso de la luz solar. La puerta se habría por fuera y si alguna persona intentaba jalar la perilla por dentro su piel se quemaba. Estaba diseñada de esa forma para que los esclavos no intentaran salir. Los clientes del lugar ingresaban sin tener la necesidad de jalar la perilla, la tecnología que se utilizaba era mediante un reconocedor óptico. Solo tenían que hincarse y mirar fijamente en el pequeño orificio por donde entraba la llave, de esta salía un pequeño rayo de luz que identificaba al cliente mediante su pupila. De esta manera no había modo de que algún esclavo quisiera huir.
Las ciudades habían cambiado, los edificios eran inteligentes, los cuales permitían una mayor seguridad para la nueva sociedad vampírica que se había restablecido bajo el mandato de la poderosa dinastía Petrov. Esta familia había obtenido el mandato de todo el reino vampírico desde hace 3000 años, las razas inferiores estaban bajo su dominio, pero para esta familia las demás razas eran vistas como esclavos o fuerzas de trabajo. Estaba prohibido que los vampiros, seres supremos por naturaleza se mezclaran con alguna de las clases inferiores. Era un sacrilegio cometer semejante acto, y era considerado traición el mantener sentimientos hacia estas razas.
Pero a Bastien no le importaba eso, aquí estaba aquel chico de largos cabellos pelirrojos, piel blanca como la nieve, ojos grises, era un joven alto, refinado, hijo de Vlada y Grigory Petrov, si sus padres supieran los sentimientos que tenía su más preciado hijo hacia una simple humana seguramente se morirían. Pero aun así no dudarían en matar a su propio hijo, en sus creencias pensaban que era mejor la muerte a dejar que sucediera semejante unión.
La primera vez que la vio fue el día en que fue traída al palacio, aquella pequeña tenía unos tres años, Bastien tenía once en ese entonces, la pequeña tenía sus cabellos castaños y sus ojos lilas brillaban de felicidad. Pobre pequeña si supiera lo que le pasaría durante su estancia en este lugar, en esta prisión que el mismo Bastien despreciaba.
Pudo ver que aquella niña no iba sola, con ella estaba otro niño de su misma edad, cabellos plateados y ojos lilas como los de la pequeña. Eran hermanos, lo dedujo rápidamente, hermanos gemelos, desde su ventana observaba como aquellas hermosas creaturas iban tomadas de la mano, sonriendo, el niño sujetaba la mano de un hombre, Bastien se quedó hipnotizado por semejante belleza, sus ojos eran lilas como los de los niños, sus cabellos plateados, piel extremadamente blanca. A su corta edad Bastien no podía entender por qué semejantes creaturas habían sido traídas a este lugar, a su hogar. Para ser humanos eran realmente hermosos, parecían ángeles. Aunque se sabía que los ángeles al pisar tierras oscuras morían inmediatamente, al ser seres de luz tenían que utilizar todas sus fuerzas y dones para poder permanecer en un lugar como este, por esa razón su vida era corta.
Bastien suspiró, sabiendo que aquellas bellas creaturas no eran traídas para labores pesadas, esos dos niños y el hombre habían sido traídos como esclavos para satisfacer las necesidades enfermizas de su raza.
"No puedo permitir eso, tú lo sabes" Susurró bajito mientras soltaba el cuerpo de aquella hermosa chica.
"Entonces vete, no vengas más si no vas a cumplir tu promesa" Dijo la hermosa chica alejándose del pelirrojo, se sentó en el piso, era preferible sentarse en ese lugar que hacerlo en la cama. Sentía asco el tener que acostarse en aquel lugar cada vez que un cliente sediento venía a visitarla. Por eso prefería dormir en el suelo, era preferible.
"Ella por favor" Dijo el vampiro tratándose de acercarse a la chica.
"Vete!" Dijo la menor sentándose y abrazando sus piernas hacia su pecho, recargando su rostro en sus rodillas, evitando mirar al pelirrojo.
Xx-
Kaname Kuran el famoso y deseado vampiro sangrepura estaba nuevamente encerrado en su habitación, desde que conoció a ese pequeño no dejaba de pensar ni un minuto en Zero, su Zero que ya no estaba, que se había largado. Todo su amor se estaba convirtiendo en odio, odio hacia Zero, de alguna manera se sentía traicionado por aquella persona quien decía amarle.
Después de varios intentos para estar juntos, el hermoso ángel había huido. Lo había perdido, su amor se había desvanecido, su pequeña felicidad se había desvanecido y ahora maldecía al cazador, lo maldecía por haberlo abandonado. Sus intentos por mantener una relación secreta con el cazador habían fallado. Y lloró, la impotencia de poder detener a ese chico, le dolía, ardía en su pecho, su antes lazo estaba completamente quebrado y podía sentir la soledad que venía nuevamente a arrastrarlo en ese mundo de pesadillas, desilusiones, traiciones. Pero aun así tenía a Yuki, si su querida Yuki todavía estaba con él. Incluso aunque la pequeña no sentía ese amor que ahora tanto deseaba el sangrepura, ella permanecía a su lado.
Nuevamente Yuki, su querida niña volvía a ser la luz, claro una salida falsa porque sabía que su roto corazón seguía perteneciendo a ese maldito cazador.
Por ahora se había prometido cumplir todos los deseos de su pequeña hermana, si con eso podía retenerla a su lado, lo haría, no importaba el costo, lo único que no deseaba era vivir en esa oscuridad nuevamente, no quería volver a estar solo.
"Yuki" Llamó su hermano, no era falta mandar a alguno de los sirvientes por ella, pues la pequeña chica podía escuchar perfectamente la triste y melancólica voz de su hermano.
"Onii-sama estas bien?" Preguntó la chica un poco asustada, esta noche tenía planeado salir, nada nuevo, iría a divertirse un rato en alguno de los bares de la ciudad, en busca de diversión. Una parte de ella se arrepentía el estar divirtiéndose a expensas del sufrimiento de su hermano. Pero por otra parte deseaba vivir su propia vida, es verdad que ambos estaban ya casados, pero eso era simplemente una mentira, ninguno de los dos sentía sentimientos por el otro. O eso era lo que creía la castaña. Pues en este momento al ver a su hermano de esta manera, decaído, sus ojos como espejos mostraban aquella tristeza que llevaba guardada por tantos años. Tal vez siglos. De pronto recordaba cuando todavía estaban en la academia, cuando ella todavía no despertaba de ese largo sueño y seguía pensando que era una simple humana, sin ninguna oportunidad de ganar el corazón de Kaname, el presidente de la clase nocturna y vampiro sangrepura. El corazón de la chica se oprimió al ver una escena tan cruel, parecía que lágrimas invisibles abandonaban esos ojos color vino. De nuevo su corazón empezaba a sentirse confundido, que era lo que sentía por su Nii-sama, en realidad lo amaba, o era nuevamente el sentimiento de cariño y gratitud los que le hacían permanecer junto al mayor.
Yuki no sabía, no entendía y una parte de ella se negaba a entender, pero este cosquilleo repentino al ver el rostro de su hermano era algo que la hacía sentirse nuevamente como la Yuki del pasado, como aquella inocente humana que soñaba estar junto al vampiro de sus sueños. Bueno ella suspiro sabiendo lo patético que sonaba eso pero eran sus pensamientos de hace tres años, por más tontos que fuesen era su manera infantil de pensar y ver el mundo.
Y de nuevo llegaba la imagen de aquél cazador, aquel chico que había sido su hermano durante cuatro años, el chico que nunca dudo en cuidar de ella, protegerla, incluso exponiendo su propia vida para protegerla. No lo entendía, por qué cada vez que encontraba a su hermano en ese estado tan depresivo y solitario, aunque el mayor lo supiera ocultar muy bien, porqué venía a la mente de la castaña la imagen de ese chico en agonía, aquellos hermosos ojos lilas, llenos de tristeza, sin brillo. Era como si el dolor de Kaname y de Zero estuvieran conectados de alguna manera.
"No lo entiendo" Susurro la menor, era sumamente doloroso pero a la vez satisfactorio, ver a su hermano de esa forma, rendido y acabado era algo que muy en su interior deseaba. Tal vez ella no era la inocente pequeña que todo el mundo creía. No, no lo era, ella era egoísta, siempre deseosa de obtener la atención de su hermano y de aquél cazador, y por si no le bastaba ese cariño también estaba la clase nocturna y hasta el mismo Kaien Cross. Qué sentido tenía el seguir fingiendo ser aquella inocente creatura cuando todo su interior había sido transformado en una persona cruel, despiadada, lujuriosa, egoísta, una persona muerta, que aun si su cuerpo respiraba y se alimentaba, su alma estaba rota, no era más que una simple muñeca, sin sentimientos ni sueños.
Y así permaneció sentada junto a su hermano, dejando que este la abrazara, los largos y castaños cabellos cubrían como un manto el rostro del mayor, su corazón bombeaba rápidamente y sus respiraciones eran agitadas, de nuevo esa sed de pasión la consumía. Mientras que la soledad de aquel hombre aquél vampiro pedía a gritos ser amado.
xx-
"Onii-sama por favor" Pidió la menor recostándose en la cama, sus mejillas completamente sonrojadas y esos labios incitantes al pecado. Su cabello caía delicadamente alrededor de su rostro, sus ojos antes cafés mostraban pasión encendida, su piel quemaba. "Hazme tuya" Dijo en un lento y agonizante gemido, ya no podía, necesitaba sentir el cuerpo del otro. Deseaba tanto ser amada pero no solo eso, deseaba arder en pasión, deseaba tanto sentir esa piel con la suya.
El sangrepura no pudo resistirse más ante esa petición, cayó rendido bajo la ilusión que se mostraba frente a él, deseaba sentir tanto ese cuerpo, una vez más, deseaba poder decirle lo mucho que lo amaba, y aquí después de tantos tormentos, volvía a estar rendido ante él. Su amado cazador, rogándole para cometer ese delicioso acto, tan sagrado para ambos, la forma más maravillosa de mostrar su amor, de someterse bajo el manto de aquellos besos, esos dulces sonidos que escapaban de sus labios, las caricias del otro. Como iba a negarse ante tal petición, como podría si llevaba años deseando escuchar esas palabras, esa suplica, ansiaba poseerlo, lo deseaba.
Y así empezaron nuevamente a mostrar su amor, ese amor incondicional, cegados por el deseo, la pasión, el amor no correspondido, cegados cada uno, por esos sentimientos indescifrables. La menor movía su cuerpo de arriba abajo, sus movimientos parecían como las de una mujerzuela, estaba embriagada en el éxtasis, haciendo un baile erótico, sus labios se posaban en la piel del mayor, ansiando más contacto, contacto que según miraban sus ojos eran los de aquel hermoso cazador. Todo este tiempo tuvo a cada uno de los estudiantes de la clase del día, rendidos a sus pies, algunos miembros de la clase nocturna también habían gozado de los privilegios del acostarse con un sangrepura. Pero después de eso, después de pasar su vida de bar en bar, en busca de algún soltero que lograra calentar su cuerpo y su cama, no lograba encontrar ese placer que deseaba, el placer de ser tomada por aquél chico de cabellos plateados, aquél chico a quién había visto como a un hermano. Aquél con el que había soñado cada noche entrando a su cuarto, haciéndola mujer, besando su piel diciéndole que la amaba, era tan difícil y tan cruel el no poder tener ese tipo de amor. Lo amaba, lo deseaba y quería que fuera suyo, que Zero fuera suyo y de nadie más.
En aquellos ojos chocolate, segados por la falsa imagen de su amado, besaba con pasión cada centímetro de piel, dejando en esta, largos rastros de marcas, todas representaban lo hambriento que estaba, deseoso de sentir más y más. Deleitándose con aquellos gemidos que en sus oídos no eran los gritos de cierta castaña, eran los gritos de su amado, sus ojos solo lo veían él, como una imagen tentadora, incitante al pecado, de nuevo recordaba aquellas veces en la que los dos demostraban su amor, bajo la luz nocturna, sus cuerpos quemantes, besos tiernos y apasionados, deseaba tanto permanecer en el interior del otro, quedarse así por siempre, unido al ángel. Había sido tan estúpido, se había arrepentido, incluso de los pensamientos anteriores, no lo odiaba, no podía, su amor era mayor que aquél sentimiento de ira. Nunca podría odiarlo, ni siquiera recordaba porqué lo había hecho en sus principios, solo recordaba aquellas cálidas palabras del menor, aquellos brazos que lo recibían con un gentil y cálido abrazos, sus labios, lo más delicioso que haya probado, sus ojos mirándolo con amor, con ternura, borrando la soledad de los suyos. Todo se sentía tan bien, ahora estaban juntos y no iba a perderlo, no otra vez. Llego el momento tan deseado, estaba punto de alcanzar su clímax, quería hacerlo en su interior, quería mirarlo a los ojos y decirle cuanto lo amaba.
La habitación olía completamente a sexo, los gritos se escuchaban aun si uno estaba en la planta baja, se miraban a los ojos inconscientes del pecado que cometían, miraban al otro sin percatarse que ese otro no era la persona que deseaba, era solo un efecto de su mente, una mente perturbada. Los dos alcanzaron su clímax al mismo tiempo, sus cuerpos se tensaron, la presión que ejercían era dolorosa, los besos cada vez más feroces, sangrientos. Termino todo con un grito saliendo de sus labios, ambos gritando con desesperación aquel nombre, aquel hombre a quien deseaban poseer por siempre.
"Zero…."
xxX—
Después de eso no hubo mucho que decir, ninguno de los dos recordaba claramente lo que había sucedido, solo pequeños fragmentos de una noche lujuriosa, sin ánimos de levantarse ambos hermanos permanecieron acostados, pero sin abrazarse, ambos se daban la espalda, cada uno metido en sus pensamientos. Cada uno esperando que llegara su descanso y así poder encontrarse con ese chico, ese chico que los había abandonado.
"He pensado" Comentó el sangrepura, pasando una mano por su cabello, enredando sus dedos delicadamente por esas finas hebras oscuras, sus ojos cerrados, la sabana cubriendo la parte inferior de su cuerpo, su pecho y abdomen al descubierto.
"Deberíamos regresar a la Academia Cross" Dijo con una voz un poco dudosa, de que servía regresar a aquel lugar si él nunca iba a regresar, lo hacía porque quería seguir lastimándose, porque eran tan masoquista que permanecer en ese lugar donde estaban cada uno de los recuerdos de ese ángel, li harían sufrir. No le importaba le gustaba el dolor, más si ese dolor era brindado por un ser amado.
"Yo" Se escuchó la voz de la castaña en aquella enorme habitación, su cuerpo cubierto con las sabanas completamente, estaba apenada, estaba arrepentida, bueno tal vez eso no, porqué lo había disfrutado no es así, era como una simple noche de pasión, no significaba nada. "Estaba pensando lo mismo" Dijo mientras escondía su rostro en uno de esos cojines dorados, bordados con hilo de plata y oro. "Es tiempo de regresar" Susurro con el rostro aún escondido… a casa….
xx—
Que diría Cross al encontrarse a esa chica, cuál sería su reacción cuando se encontrara con aquella pequeña a la cual había criado como su propia hija. La joven Kuran no sabía, una parte de ella ansiaba regresar a lo que por diez años había sido su hogar, un lugar en el cual nunca se sentiría sola. Tal vez podría volver a verlo, encontrarse nuevamente con su amor eterno. Pero y él, y Zero que diría, la seguiría odiando, se atrevería a matarla una vez que ella pisara los terrenos de aquél lugar.
Desde que se convirtió en un vampiro la chica podía sentir que ese lazo que la unía al cazador se había roto, había perdido a su mejor amigo, a la única persona que llenaba su corazón. Ese chico que aparentaba ser frío con todos, con todos menos con ella. Fue muy egoísta y ahora solo podía lamentarse, solo podía vivir en el pasado. Anhelar cada uno de esos momentos con su amigo, con el hombre al que amaba.
Y Kaname, sería perdonado, podría interrogar a Cross, sacarle la información sobre el paradero del amor de su vida, era tan doloroso.
"No me digas nada" Su voz, ese maravilloso tono angelical resonaba en su mente, en su corazón, en su alma una y otra vez. "Se que no soy lo suficientemente perfecto para ti" Esas crueles palabras, por favor no las digas, no me digas más mentiras que ya no quiero sufrir. No quiero que la menciones a ella, ya lo entendí, comprendí que tú y yo somos dos personas distintas. No tiene nada que ver el que tú seas un sangrepura y yo un cazador, eso es lo de menos. Puedo verlo sabes, puedo ver cómo me mientes. Así que ya no hables, deja de explicarme cosas que yo ya sé. No necesito tu lastima, tampoco necesito un amor falso así que déjame ir…
Como respondía a esto, si el castaño lo necesitaba, necesitaba explicarle como sucedieron las cosas, aunque que iba a explicar, que ese compromiso ya estaba impuesto desde que él y su hermana eran niños. Qué eran los deseos para que la línea de los Kuran permaneciera intacta, viva, que continuarán rigiendo. Ese no era un pretexto para su falta, era solo una salida fácil que al principio le pareció la mejor, pero conforme la soledad lo iba comiendo, ya no podía. Necesitaba explicar, debía encontrarlo. Incluso si el chico ya no quería nada con él, no le importaba, porqué su corazón lo deseaba, no podía simplemente suprimir el sentimiento en lo más profundo de su corazón.
Takuma, su mejor amigo se había revelado, había abandonado a su mejor amigo, pero Kaname no lo culpaba, de hecho lo envidiaba, envidiaba que su amigo podía disfrutar de su vida completamente sin ningún remordimiento. Takuma podía ver a su amado todos los días, podía besarlo, sentirse pleno, y sobre todo tener esa dicha de que alguien esperaba por él. Como envidiaba a Takuma por el simple hecho de que el rubio se había revelado ante todos, incluso a su abuelo, tiró sus títulos y huyó con Ichiru para hacer una vida libre de todas esas reglas de etiqueta, de esa sociedad corrompida por el poder y el odio. Los demás nobles seguían siguiendo a Kaname pero ya no era lo mismo, cada uno había hecho sus vidas, su única compañera era Yuki, su hermana menor. A la que nunca iba a dejar ir, si es preciso la encerraría, tenía miedo, el gran Kuran estaba asustado, no deseaba vivir en oscuridad. El solo quería ser amado.
xx-
"Vas a seguir ignorándome" Dijo el pelirrojo a la chica que se negaba a mirarlo.
"Solíamos estar juntos, todos los días ahora lo único que siento es que estoy perdiendo a la persona que más amo" Dijo deprimida, mientras alzaba su mirada, sus hermosos ojos lilas estaban cubiertos de lágrimas que caían como cascadas por esa suave piel. Su cuerpo estaba completamente desnudo, solo lo cubría una sábana.
"Sabes que odio verte de esa manera" Se acercó lentamente, odiaba ver a esa hermosa creatura llorado "Ya no son verdes" Dijo mientras se agachaba y de su saco sacaba un pañuelo, gentilmente limpiando esos rastros de lágrimas cristalinas.
"Me cansé de fingir" Dijo mientras giraba su cabeza al otro lado, sus cabellos cayeron gentilmente "Ya lo hiciste" Dijo mientras cerraba sus ojos para abrirlos nuevamente, la sabana iba deslizándose lentamente dejando al descubierto su blanca espalda, cubierta por marcas de látigos. El pelirrojo apretó los puños.
"No te voy a dejar aquí" Dijo de manera agresiva, tomando ese bello cuerpo por los hombros, ojos lilas y grises se encontraron, sus labios se acercaban lenta y peligrosamente.
"Espera!" Gritó aquel bello ángel "No arruines esto por favor, no quiero perder a otra persona, ya no quiero hacerlo" Dijo con lágrimas que caían lenta y dolorosamente.
"Solo dame una oportunidad" Pidió el chico para sellar sus labios con los del bello ser, un beso dulce y doloroso, ambos sabían que no podían hacer esto pero lo deseaban, deseaban tanto este contacto.
"Siempre te voy a amar" Dijo tiernamente el pelirrojo mientras cargaba al ángel, se sentaba en la cama y colocaba al ángel en sus piernas, mientras que de la bolsa izquierda de su pantalón sacaba un pequeño colgante, lo colocó alrededor de ese frágil y delgado cuello. "Eres una princesa" Dijo el vampiro mientras besaba el cabello de la menor.
La chica simplemente se dejó proteger por esos cálidos brazos, sus ojos ahora lilas podían ver com mayor facilidad. "Esta noche nos vamos" Dijo tiernamente, su voz era tan masculina y sensual "Duerme por ahora" Susurró en el oído de la bella chica.
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"No lo entiendo cuándo demonios va a despertar" Gritaba un rubio, estaba muy preocupado no entendía por qué su niño estaba dormido, ya habían pasado más de dos meses y su pequeño no despertaba, parecía estar en un sueño profundo.
"Cálmate Takuma vas a espantar a Yoshi-chan" Pidió la chica de cabellos lilas y ojos violetas "No sé por qué Nii-san está dormido, pero no puedes andar diciendo eso, sobre todo con Yoshi rondando por aquí" Dijo con una pequeña sonrisa y un suspiro, ella también estaba muy preocupada, primero pasaba lo de Zero y ahora Ichiru. No lo entendía Maria no entendía nada, y no quería pensar en que le sucediera algo malo a Ichiru. Por qué en su familia siempre tenía que existir dolor, por qué cada vez que sucedía algo maravilloso sucedía una tragedia.
"Lo sé, pero no quiero pensar que Ichiru nunca va a despertar" Dijo el rubio mientras golpeaba su cabeza con el borde de la pared.
"Cálmate sanguijuela, Ichi-kun va a despertar" Dijo Kaito quien llegaba con una bolsa de comida, la verdad que desde hace dos días nadie había cocinado, toda la comida era comprada, pero desde que Takuma había explotado porque su pequeño no despertaba, todos estaban preocupados.
"Tou-san" Gritó el pequeño angelito y corrió a abrazar al rubio, bueno solo alcanzó a abrazar su pierna.
"Yoshi-chan te estábamos esperando para comer, en donde estabas pequeño" Dijo Maria tiernamente mientras lanzaba unas miradas a Takuma y a Kaito para que no mencionaran nada con el niño presente.
"Estaba pticando con papi y nee-swan" Dijo tiernamente, el pequeño mientras corría a su sillita listo para comer.
Maria y Kaito se miraron a los ojos, como que con su nee-san, como podía saber Yoshi que tenía una hermana. A menos que haya escuchado, pero no puede ser así, por lo general nunca se hablaba de Ella-chan en la casa, a menos que el niño estuviera en el kínder y para levantar sospechas ni Yagari ni Cross venían a visitar al menor. Maria se puso a pensar como el pequeño se enteraría de… De pronto recordó algo que le había contado sus padres. Cuando Ichiru y Zero eran pequeños los dos solían jugar con su hermanita, sus padres pensaban que solo era un juego de niños, pero siempre describían a la pequeña con cabellos lilas y ojos violetas, describían a María. Era una conexión especial, sus hermanos habían la habían conocido y hablado con ella, aun cuando la pequeña todavía no nacía. Entonces puede que algo estaba pasando con Yoshi, después toda la conexión entre gemelos era muy difícil de romper. Siempre se encontraban, entonces puede que Ella y Yoshi se hayan encontrado mediante sueños u otra forma.
"Yoshi, dime como es tu nee-san" Preguntó la chica mientras colocaba en la mesita del menor un platito de sopa.
El niño rió y sonrió a su tía "Papi dijo seceto" Comentó el menor mientras con su manita tomaba la cuchara y comenzaba a comer lenta y elegantemente, sin duda este pequeño había sacado algo de la actitud del innombrable, pensó Kaito.
"Aw pero si no me dices entonces no le podré comprar un regalo" Dijo Maria haciendo un lindo puchero haciendo a Kaito sonreír, su pequeña era tan tierna algunas veces.
"Jos vedes y cabllos…" Iba a seguir describiendo a la menor pero el grito de Takuma hizo que el pequeño se pusiera a llorar.
"MARIA KAITO VENGAN PRONTO!" Takuma gritó, había ido a ver como estaba Ichiru, era una costumbre que antes de tomar la cena el rubio iba a su habitación y arropaba al menor, luego besaba su frente, mejillas y luego sus labios susurrando un Te amo.
Eso era lo único que podía hacer, pero no se iba a dar por vencido, nunca iba a abandonar a Ichiru, aún si el chico nunca despertaba, ese chico era lo más cercano a un ángel, que le traía tanta paz, tanto amor. Así que si tenía que permanecer con momentos como este le importaba, el simple hecho de poder tocar la piel del menor, de protegerlo y velar sus sueños, era algo por lo que agradecía.
Como todas las noches se sentaba junto al menor, acariciando su mejillas, delineando cada centímetro de su rostro. Le encantaba observarlo, ver al menor dormir era una escena tan bella, pues sus cabellos plateados caían gentilmente a ambos lados de su rostro, sus ojos cerrados escondiendo su hermoso color, sus pestañas negras completamente tupidas y rizadas. Sus mejillas tenían un ligero color rosa, y sus labios rosados, se veían deliciosamente perfectos. Ichiru era el ser más perfecto que el rubio haya visto, era más bello que todos los vampiros.
De pronto su mano se movió, Takuma no lo había soñado, en verdad su pequeño se había movido, por eso se encontraba gritando, porque su niño parecía querer despertar.
"Takuma que sucede?" Preguntó Maria preocupada, creyendo que algo malo le había pasado a su Nii-san. "Se movió Maria, Ichiru, Ichiru va a despertar" Dijo Takuma con lágrimas cayendo de esas esmeraldas. Maria se acercó rápidamente a su hermano mayor estaba igual de sorprendida que el rubio "Nii-san.. Ichiru por favor despierta, por favor Ichiru" Decía una y otra vez la pequeña esperando recibir una respuesta a sus llamados.
"Papi!" Corrió la pequeña cosita que había hecho su aparición y se había aventado a la cama de un inconsciente Ichiru. "Papi, van sabe secto" Dijo el menor que abrazaba el cuerpo dormido, para luego reir y jugar con el cascabel que Ichiru sostenía en su mano derecha.
De pronto unos hermosas y tupidas pestañas negras comenzaron a moverse y lenta y delicadamente se asomaban debajo de estas unos hermosos y brillantes ojos lilas, ahora que Maria y Takuma lo pensaban, Ichiru se había puesto más, más bello, no más hermoso diría Takuma. El durmiente miró confundido tratando de acostumbrarse a la poca luz que iluminaba la habitación.
"Papi!" Gritó una vocecita que estaba junto a él, Ichiru sonrió y delicadamente alzó su mano para acariciar la cabecita del angelito. "Yoshi" Susurró el menor mientras trataba de incorporarse pero unos fuertes brazos lo ayudaron, el menor se sonrojo, reconocía muy bien ese dulce aroma era de su Takuma.
"Takuma…" Susurró el menor mientras cubría con sus manos los brazos de su amante, Yoshi se sonrojó un poco y Maria también pues esos dos ya estaban compartiendo un tan anhelado beso.
"Umm Yoshi-chan vamos a hacer gelatina para el paciente" Dijo Maria tratando de quitar el sonrojo de su rostro y claro darle más privacidad a la parejita.
Yoshi sonrió y asintió "Hai!" Dijo feliz pero antes se acercó a sus padres y colocó su manita en donde se encontraban las de Ichiru y Takuma "Nee-sa" Dijo el pequeño para luego bajarse de la cama corriendo y abrazando a Maria, mientras alzaba sus bracitos y abría y cerraba sus manos para que lo cargara. Maria se sorprendió un poco por lo que Yoshi había dicho pero no le tomó importancia y cargo al menor en sus brazos "Getina…" Dijo el pequeño felizmente.
Quiero permanecer de esta manera,
Quiero estar contigo siempre
Hasta que mis días se acaben
Sabes algo…
Te amo
xX—
Despertaron en un bosque, ambos chicos de 16 años, estaban algo confundidos, Bastien se acercó a los menores. La primera en despertar fue Ella, mientras que el chico que estaba dormido sobre su abdomen todavía no despertaba. "Bienvenida a la Academia Cross" Dijo el pelirrojo haciendo una reverencia y sonriendo.
La luna iluminaba esos salvajes cabellos pelirrojos, el pelirrojo estaba usando unos pantalones de cuero negros y una larga gabardina negra, su camisa era estilo francés de las épocas de Napoleón. Sus hermosos ojos grises tenían un brillo especial.
La chica suspiro, nunca en su vida había visto a Bastien vestido de esa manera, el mayor parecía toda una creatura de la noche. Amo de la oscuridad mientras ella, una simple humana vestida completamente en blanco, sus hermosos ojos lilas se perdían en aquellos ojos grises. Su piel de porcelana brillaba pajo el tacto de la luna.
El otro chico que dormía empezaba a removerse lentamente, su piel perlada también se podía distinguir por los rayos de la lluvia. Sus cabellos eran rubios, rizados, con hermosos mechones dorados. Empezó a abrir sus ojos lentamente eran de un color dorado, con tonalidades miel y cafés. Talló sus ojos lentamente y miro al frente, ahí se encontraba un hombre misterioso, de largos cabellos pelirrojos, sus ojos grises, esa mirada tan penetrante que le hizo bajar el rostro. La chica de cabellos negros sonrió y tomo entre sus manos el rostro del rubio, de ese ángel. "No le tengas miedo" Susurro tiernamente.
"Es un gusto conocerte en persona "Aleksei" Dijo el pelirrojo con una sonrisa, el chico se sonrojó y asintió.
"Muy bien mis queridos niños, bienvenidos a su nueva casa" Avanzo elegantemente, mientras ayudaba a ambas creaturas a ponerse de pie. El ángel dorado miraba con algo de miedo mientras que la chica de cabellos oscuros sonreía.
"Hijos de la luna…" Susurró el mayor para luego desaparecer entre las tinieblas.
"Tengo miedo Ella vámonos de aquí" Dijo el menor, que se aferraba al brazo de la chia.
La hermosa y joven mujer sonrió, mientras abrazaba al chico "Tranquilo ya estas a salvo, y Yo te voy a proteger" Dijo en un susurro besando la frente del niño y haciendo que quedara dormido nuevamente.
xxX—
Seiren se encontraba de visita en la academia, se había escapado de la Mansión con el afán de ver a un tesoro al cual había jurado proteger. Odiaba tener que mentirle a su amo, pero no debía decir nada, había jurado proteger la vida de un ser sagrado. La chica que por lo general era demasiado seria, sin ninguna expresión ahora dibujaba una ligera sonrisa en su rostro, al ver a la pequeña que dormía en una camita de color lila, abrazando un conejito de peluche. La pequeña tenía cabellos castaños, eran muy claros y sus ojos aunque ahorita estaban cerrados eran de un hermoso color lila. Esa pequeña era el ser más hermoso que Seiren haya visto antes.
Se sentía mal el tener que ocultarle algo así a su señor, que nunca podría ver a su hija. El mundo era cruel, pero las acciones de su amo fueron incorrectas, y aunque ahora mismo Seiren no se encontraba en posición de juzgar, estaba ocultando un gran secreto.
"Ahhh" La pequeña se despertó con lágrimas en sus ojitos, con sus manitas se estaba aferrando a su colgante. "Ella-chan que sucede pequeña" Preguntó Seiren preocupada al ver a la menor en una especie de sufrimiento.
"Ya vienen" Dijo con una tierna voz, mientras comenzaba a llorar con más fuerza, Seiren se sentó en la cama, cualquiera hubiese dicho que ese acto era muy rudo de su parte pero en realidad no lo era, porque ahora esa mujer ya no era simplemente la guardiana de Kaname, si no que era la protectora y guardiana de su hija de Kuran Ella, una niña que nunca podría conocer a ninguno de sus padres. Lamentablemente el destino se lo había prohibido.
"Shh todo está bien tu duerme" Dijo la mayor mientras mecía el pequeño cuerpecito tratando de tranquilizar a la menor.
"Seiren" Dijo la menor, su voz se entendía completamente a comparación de Yoshi, Ella ya podía mantener una plática con un adulto, la menor era muy inteligente y sobre todo lograba ocultarse, sabía guardar sus emociones para ella, solo en algunos momentos como este se quebraba. A comparación de Yoshi que siempre estaba buscando afecto, Ella era más solitaria, como Kaname.
"Dime Ella" Pregunto la mujer y Ella se separó sentándose en la cama sobre sus piernas mientras colocaba su cabello detrás de sus orejitas y sentaba a su conejito en sus piernas. "Por qué Otou-san y Papi me abandonaron?" Pregunto la niña, Seiren se puso tensa, sabía que ni Cross ni Yagari le dirían algo sobre lo que había sucedido y del porqué ella se había quedado aquí en la Academia.
"Ella, tus padres no te abandonaron tu sabes muy bien que ellos murieron en…" La menor le quito las palabras de la boca "Un accidente y que yo me salve, que estaba muy grave, pero si éramos una familia, porque no me llevaron con ellos, porqué me dejaron aquí solita" Dijo la niña abrazando con fuerza su conejito de peluche y escondiendo su lágrimas.
"Por qué sabían que lo mejor era dejarte aquí, para que pudieras disfrutar de lo que se siente vivir" Dijo la guardiana mientras acariciaba esos mechones castaños.
"No es verdad… Yo… en el kínder se burlan de mi…" Dijo entre su llanto "Por qué no tengo padres!" Dijo la niña y se bajó de la cama y se escondió debajo de esta, tallando sus ojos, limpiando sus lágrimas y luego cubriendo su rostro con sus brazos.
"Ella, eso no es verdad" Dijo la mujer que se agacho para hacer que la niña saliera de su escondite, no entraría debajo de la cama pues sabía que era el lugar preferido de Ella, aparte del jardín, así que esperaría a que la pequeña saliera por sí misma.
"Ellos te habrían amado demasiado Ella" Dijo Seiren suspirando, sabiendo que era verdad, tanto Zero como Kaname amarían y protegerían a sus dos hijos, sabía lo doloroso que fue para Zero dejar sus más preciados tesoros, el no saber cómo serían de mayores. El no poder escuchar sus primeras palabras, ni verlos caminar, sus risas y llantos. Y para Kaname, el no poder disfrutar de una familia. Para ambos sus familias habían sido asesinadas, así que desde muy temprana edad los dos olvidaron que se sentía tener una familia.
El tener un padre que les brindara protección que los apoyara cada vez que su madre les negara algo. El recibir ese cálido abrazo y beso en la noche antes de dormir. Los dos chicos habían perdido todo eso en una trágica noche y parecía que sus hijos estaban sometidos a vivir el mismo destino.
Xx—
"Takuma tuve un sueño tan raro" Susurró el chico de cabellos platinados mientras lágrimas aparecían en su bello rostro "Todo estaba en llamas"
Takuma suspiró y abrazó fuertemente a su bello ángel, odiaba verlo de ese modo, odiaba ver que el chico estuviera en dolor. Se había enfrentado a todos, al Consejo, a la Asociación, a su abuelo y hasta a su mejor amigo, se había enfrentado a Kaname para proteger a Ichiru. Pero a lo único que no se podía enfrentar que a los miedos y sueños internos del menor. No podía protegerlo de eso, de ese sufrimiento, y se sentía impotente. Abrazó con más fuerza al menor y susurró en su oído palabras tiernas, confesiones de amor.
Recuerdas cuando te conocí
Eras solo un niño, yo un adolecente
Pero desde ese momento cuando nuestras miradas se cruzaron sabía que
Era amor a primera vista
Y no me importo luchar contra todos
Lo único que quiero es verte reír.
Y yo solo quiero amarte
"Takuma, tengo miedo" Susurro muy bajito el menor sintiéndose protegido por esos brazos, por esas dulces caricias y besos. "Abrázame"
"Shh está bien, yo te protejo" Dijo el mayor mientras besaba tiernamente los labios de su ángel.
"Taku yo…." Miró al mayor con ojos llorosos, parecía que su sufrimiento no acabaría pensaba el rubio, cuanto más tenía que sufrir su pequeño. Por qué demonios no podían ser felices. "Una nueva vida estará con nosotros" Dijo bajito escondiendo su rostro en el cuello del menor.
Takuma se quedó confundido y acarició lentamente el cabello plateado del menor. Una nueva vida, de que hablaba su pequeño, acaso Zero… Ambos permanecieron en silencio disfrutando de su compañía, sus corazones latían tranquila y delicadamente, en sincronía, tres corazones… Tres… Takuma abrió sus ojos lo más que pudo y abrazó con más fuerza al pequeño, una nueva vida, claro un nuevo ser, un angelito los acompañaría. "Ichi amor" Susurró el mayor tiernamente.
"No.. no estás enojado?" Preguntó el menor con lágrimas de felicidad pero un rostro lleno de miedos "Ichiru, como voy a estar enojado, estoy completamente molesto" Dijo el rubio y el ángel se tapó los labios con su mano para suprimir el gemido de dolor. "Cómo no me di cuenta antes, Ichiru, así hubiera prevenido que les pasara algo a mis dos angelitos" Dijo el mayor besando tiernamente los labios de su niño.
"Tonto" Dijo Ichiru mientras se abrazaba más a su rubio, ambos chicos colocaron sus manos entrelazadas en el abdomen del menor "Un bebe" Dijeron al unisón con lágrimas en los ojos.
"Pero como fue que Yoshi se enteró" Preguntó el rubio con una carita de un niño pequeño y curioso, mientras que Ichiru rió un poco. "Secreto de los Kiryuu" Dijo tiernamente y beso de nuevo a su amado.
"Es una niña" Dijo Takuma sonriendo mientras Ichiru asintió y se sonrojó, un bebe, es decir las posibilidades era muy altas de tener un bebe, pero no se imaginaba que le iba a pasar a él. Sonrió para sí y beso a su rubio una y otra vez. "Espero que se parezca a ti" Dijo Ichiru sonriendo, imaginando sea la pequeña con sus cabellos rubios y ojos verdes, igual de tierna y sonriente como su padre.
Takuma hizo un puchero y negó con su cabeza "No quiero que sea como tú, se va a ver hermosa con sus ojos lilas y sus cabellos plateados como los tuyos, va a ser mi princesita" Dijo tiernamente., Ichiru sonrió y suspiro aún sonrojado "Sea como sea, si se parece a ti o a mí, la voy a querer mucho y la protegeré de todo" Dijo con una sonrisa.
"La protegeremos de todo" Aseguró Takuma y los dos se quedaron en la cama, acostados escuchando ese pequeño latido, su pequeña princesa.
xX—Al día siguiente.
"Onii-sama que bueno que regresamos a ca.. la Academia, sabes estoy tan feliz" Dijo la castaña con una falsa sonrisa, falsa porque no podía sonreír, cuando su corazón estaba partido, y su vida era infeliz.
"Yo también lo estoy Yuki querida" Dijo el sangrepura con una sonrisa
