Capítulo 3. Iniciando otra vez.

-Lamento la escenita de hace rato, no me gusta que los enamorados se metan a mi casa para hacer… ¿Estás bien Louise? –Preguntó el ángel al ver el deprimente estado en que se encontraba su amiga.

-Voy a matarlo, voy a matarlo ¡voy a matarlo! –Gritaba una y otra vez entre lágrimas, siendo consolada por el rubio Julio.

-Oh, olvidé mencionarlo –Comentó como si nada recargándose en una pared –Cabe la posibilidad de que Saito haya olvidado todo con relación al mundo de ustedes.

-¡¿Qué? –Gritaron todos.

-Si, un pequeño error tal vez, eso explicaría lo de hace rato ¿no lo creen? –Dijo secamente –Aunque como dije, es solo una posibilidad. También puede que Saito haya tenido un romance en este mundo antes de llegar al suyo y…

-¡De ninguna manera! –Espetó Louise –Saito siempre fue fiel a mi aun si tuvo muchas oportunidades de estar con otras chicas, siempre se mantuvo a mi lado –Defendió.

-Lo vuelvo a repetir, es una posibilidad, nada es seguro ahora pequeña Louise.

-Deberías ser mas claro, Azrael –Dijo Julio mirándolo con desconfianza, el ángel no hizo más que sonreír ante su mirada –Hay algo que no nos quieres decir, dinos de una vez y tal vez las cosas tengan un poco más de sentido ahora.

-Valla, me gusta tu entusiasmo Julio –Canturreó –Pero todo a su debido tiempo. Trabajo mil años por un descanso, quiero divertirme un poco –Murmuró más para si que para los presentes. Antes de que repelaran algo, Azrael desapareció.

-Tsk, hay algo que no me gusta de todo esto.

-¿Y por qué tan desconfiado Julio? –Preguntó curiosa Kirche –Usualmente tu eres el menos preocupado aun cuando la situación se pone fea.

-No se como explicarlo, pero algo esconde y no es nada bueno –Aclaró. Esa respuesta no le valió mucho a la morena, pero decidió no preguntar mas.

Louise se había escapado mientras todos prestaban atención a la conversación entre el rubio y el ángel de Saito. Mantenía la cabeza gacha, quería buscar un lugar en donde pensar. La gente la miraba un poco raro por la vestimenta que traía, el uniforme de la academia de magia. Salió de la mansión y le importaba poco lo que la gente dijera o pensara de ella, de todos modos, ¿Qué mas importaba? Saito la traicionó, pero como Azrael había dicho, puede que haya olvidado todo lo que pasó en su mundo. De solo pensar en ello, sentía mil dagas atravesar su de por si mal parido corazón, no podía dejar de llorar, aunque solo gemía de a ratos por el dolor emocional que sufría. No supo en que momento terminó sentada a la sombra de un puente. Tenía un poco de frío y estaba levemente mojada, el sonido de agua cayendo a su alrededor le hizo entender que había comenzado a llover.

-Oye, te vas a resfriar –Oyó a su lado.

-Azrael… -Dijo, pero al voltear se encontró con quien menos esperaba –Saito…

-No parece que seas de por aquí, ven, no sería bueno que una niña linda como tu se enferme –Sonrió el azabache, Louise se sonrojó. Le tendió la mano y la brujita aceptó la invitación.

Ambos corrieron tomados de la mano bajo una sombrilla. Ignorantes que una sombra los observaba desde lo alto del puente.

-Que problemático –Sonrió de medio lado. En su mano izquierda yacia una oz plateara y en la derecha estaba una varita –Bueno, supongo que pueden tomarlo como un regalo de mi parte.

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-Y dime, ¿que es lo que te motivó a venir a Japón? –Preguntó amablemente Saito al momento que servía un par de tazas de té caliente.

-Yo… etto…

-Valla, para parecer extranjera hablas muy bien el japonés.

-¿Eh? –Louise no creyó lo que escuchaba, le había entendido. Se suponía que ella no podía hablar la lengua natal de Saito y mucho menos entenderla, pero así lo hizo.

-¿De donde eres?, ¿Eres de esas chicas que le gusta teñirse de cuando en cuando el cabello?, ¿Vienes sola?, ¿Qué hacías en el puente?

-Disculpa, ¿Dónde está el baño? –Dijo secamente. Saito le indicó en donde y ella sin perder tiempo se dirigió ahí.

-Parece que estás confundida –Escuchó en su mente, deteniendo su paso en medio del pasillo que la dirigía al cuarto de baño –Descuida, fue un pequeño regalo, dije que te ayudaría y eso estoy haciendo… no lo eches a perder, Louise, tienes la oportunidad de decirle aquello que jamás pudiste… suerte…

-Azrael –Murmuró dejando escapar una leve risita. Hizo lo que tenía que hacer y volvió con el azabache un poco más animada.

-Disculpa mis modales –Fue lo primero que dijo Saito apenas la vio –Mi nombre es Saito Hiraga, un placer conocerte –Hizo una reverencia.

-Mi nombre es Louise FranÇoise le Blanc de la Valliére, pero puedes llamarme Louise –Sonrió cálidamente y no pudo evitar reírse al momento que Saito trató de repetir su nombre –Puedes llamarme Louise.

-Louise… bonito nombre, ¿es francés? –Preguntó curioso.

-S… si, si tu lo dices –Respondió dudativa, no sabía mucho de ese mundo pero debía aparentar que si.

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-¿Dónde está Louise? –Preguntó Tabitha dejando en paz su lectura un momento.

-Ella… fue a dar un paseo –Todos se quedaron mirando extrañado al ángel, quien solo estaba bebiendo una taza de té preparada por Siesta –Calmen, mañana en la mañana volverá, no permitiré que nada le pase –Sonrió.

-Si tu lo dices.

-Las cosas puede que se pongan interesantes a partir de mañana jaja –Miró su taza y en ella se reflejaba la habitación que Saito y Louise compartían.

Había oscurecido ya y la lluvia parecía no querer ceder.