Vale….. no tengo perdón de dioses ni de nada. Veamos, el capítulo lleva mucho tiempo escrito, el problema, que se metió en el baul de virus y no había manera de sacarlo…. Luego con los exámenes y todo eso. Osea, mañana tengo otro… pero este finde me metí y logré sacarlo.

Sobre vuestros comentarios… muchísimas gracias, de verdad =) ahora… la "super chupi" página no me deja responderlos, a no ser que sea enviando un mensaje privado o.O asi que, bueno, en esta semana volveré a intentarlo, sino…. Pues a escribiros cartitas xD.

Bueno, disfrutad mucho del capítulo

Navegando en las memorias

Domino city. Aeropuerto

Un avión, procedente de Italia, acababa de aterrizar en la pista número tres. Los motores procedieron a apagarse, y los trabajadores de pista comenzaron a acercar la escalerilla para que los pasajeros descendiesen del vehículo volador.

Turistas, un grupo de unos quince empresarios, tres familias, una parejita de enamorados y un quinteto integrado por una chica y cuatro chicos.

-Por Júpiter, vayamos a la cafetería que me muero de hambre.

-Dioses, Paulo, tú siempre tienes hambre.

-Hey, Darío, que mientras yo buscaba "eso", tú estabas comiendo todo lo que pillabas en MI casa.

-Ya, eso me pasa por preparar las cosas de ante mano, no a última hora. Además, era obvio que después no tendríamos tiempo.

-Pero… yo quiero almorzar.

-Paulo son cerca de las nueve de la noche, nada de almorzar, algo ligerito y a dormir, que mañana hay mucho que hacer.

-Aristófanes, compadécete de mí, aunque bueno, ya sabes, se me quitarían las ganas de comer si… bueno, tú te dejases comer devorar por mí.

-Paulo, por Artemisa y su virginidad, no digas eso.

El rubio de ojos celestes se sonrojó ante la propuesta de su compañero… tantos años y seguía comportándose de la misma manera.

-Bien, si ya habéis acabado de hablar de todo lo que puedes "comerte", ¿nos vamos?

El sonrojo de Aristófanes se intensificó ante el comentario de la Reina, mientras que Paulo sólo sonrió con orgullo.

-Claro, vayámonos, ya pillaré algo en el hotel.

El ojigris acabó de bajar las escaleras hasta situarse con el resto de su grupo, mientras que el rubio seguía parado en medio de éstas.

-Ari, venga, tengo ganas que descansar, de verdad.

El muchacho terminó de descender la escalinata, y mientras la Reina iba a hablar con uno de los empleados de aeropuerto, ellos se dirigieron hasta la cinta para esperar la salida de su equipaje.

-Disculpe, acabo de llegar desde Roma y quisiera saber si mis coches se encuentran aquí.

-Claro, si me permite un documento que acredite su identidad.- en ese instante ella le entregó un carné- oh vaya, que exótica procedencia, aunque no conserva muchos rasgos… bien, señorita, sólo ha llegado su toyota Land Cruiser 200.

-Vaya, eso es un pequeño contratiempo, pero bueno, ¿podría indicarme donde lo puedo recoger?

-Sí claro, disculpe un segundo- el recepcionista hizo una señal a uno de los guardas de seguridad para que se acercara- Mihael, llevaba a la señorita hasta el hangar diez, allí está su coche.

-Claro señor, si me hace el favor de seguirme.

-Como no, con el resto de mis vehículos…

-Sí, en cuanto nos lleguen le avisaremos; disfrute de su estancia en la ciudad.

La muchacha siguió al de seguridad por un pequeño pasillo y de ahí, torciendo a la derecha, salió a unos de los muelles donde se encontraban los hangares. Anduvieron un poco hasta que llegaron al número diez. Una vez allí, ella entró, se dirigió hasta su coche y lo puso en marcha.

Tras despedirse del guardia, salió del edificio hasta la puerta principal del aeropuerto, donde se encontraban sus cuatro amigos, con todas las maletas recién recogidas.

-Por fin, que has tardado.

-Sí, bueno, montaos y vayámonos.

-Vale.

-Por cierto Reina, ¿dónde nos alojaremos?

-En el Menior, esta cerca del otro hotel, y así no tendremos problemas para llegar pasado mañana a la cita. Ah, una cosa, ¿dónde está Aspid?

-Aquí, en mi falda.

Reina giró su cabeza hacia el asiento trasero, desde donde su amigo Aristófanes le había hablado, mostrándole a la chica a su preciosa serpiente.

Una vez acabada la conversación, pusieron rumbo al hotel donde pasarían un par de días hasta que su plan se pusiera en marcha.

Domino City. Museo. Puerta principal.

La reunión se había alargado demasiado. Serían las diez de la noche y todavía tenía que llegar a su casa. No sabía por qué se había quedado hasta el final, si la última hora y media no le sirvió para nada.

-Ishizu espera.

-Shadi, ¿qué pasa?

-Como que qué pasa, y esos papeles, ¿Qué se supone que son?

Ishizu sólo suspiró y caminó hasta una pequeña banca. Se sentó allí y le indicó a su compañero que la imitase.

-Fue un año antes de que coronasen a Atem…

Flashback

Egipto. Hace unos 3000 años, aproximadamente.

Isis caminaba tranquila por los corredores de palacio. Sin embargo, algo interrumpió sus pensamientos.

Una risa clara y risueña inundó el lugar. A la sacerdotisa no le quedó más remedio que sonreír y avanzar hacia el lugar del que provenía.

Atravesó un pequeño corredor y corrió una suave cortina de lino blanco. Allí, en un pequeño patio, donde se hallaba una fuente y una plantación de flores de loto, había una joven muchacha que no paraba de bailar dando vueltas sobre sí misma.

Su vestido de color celeste giraba con su mismo son, sus pies descalzos sentían la frescura de la hierba de ese diminuto paraje en el gran palacete.

Pendiente de estas acciones, sentado en la escalinata blanca que conducían a aquel pequeño vergel, estaba un joven de piel morena y cabello negro. Sus ojos permanecían cerrados, escuchando la risa de su acompañante.

-Me lo parece a mí, o ha vuelto del viaje más hermosa, si eso es posible.

El muchacho giró su cabeza hacia donde provenía el sonido. Al ver de quien se trataba, se levantó rápidamente y procedió a realizar una reverencia.

-Sacerdotisa Isis.

-Por favor, son muchos los años en los que nos conocemos, estas formalidades ya no son necesarias, sobretodo después de que fueras liberado.

-Aún así, a mi parecer es lo correcto. Y respondiendo a su pregunta… no creo que sea posible mayor belleza en un cuerpo mortal; aunque siendo quien es, tal vez los dioses le hayan otorgado aún más hermosura

El chico, tras la muestra de respeto, volvió a sentarse y, con una señal, le indicó a la sacerdotisa que si deseaba, podía acompañarlo.

-¿Cree usted que lo hará bien?

-Sin lugar a dudas, joven Mi…

-¿Ishizu?

-Perdona, estaba recordando una de las últimas veces que les vi.

-¿A quiénes?

-Al "sirviente" y a su señora.

-¿Sirviente y señora?

-Ya sabes, el que fue liberado; la que estaba destinada…

-No estás sugiriendo…

-Creo que son sus cuerpos.

Una mueca de terror se instaló en el rostro del guardián. Sus ojos se abrieron al máximo, y su cabeza se movía negándose a aceptar la idea que su compañera le había dicho.

-No, no, mientes.

-No lo hago- le dijo Ishizu, mientras dos lágrimas caían por sus mejillas- Qué más quisiera yo, por los dioses, que esto fuera una mentira.

-Pero, si eso es cierto…

-Nunca hubo traición.

Shadi se levantó del banco y empezó a dar vueltas por todo el pequeño parque. Sus manos agarraban fuertemente las mangas de su ropa. Sus labios temblaban, aterrados de ese descubrimiento.

-¿Cómo? ¿Por qué? Él la quería, ella era perfecta, era…

- Pero ella le falló

-NO, nunca, sólo hizo lo mejor para nuestro pueblo, ella siempre estuvo ahí.

-Siempre ahí, con todos, con su familia, con sus amigos, con los trabajadores, con todos nosotros…

-Pero se "unión" a quien no debía.

-Esa "unión" hubiera reportado muchos beneficios a nuestro pueblo.

-Pero ellos, en especial él, no lo entendió así.

-Aunque ella sólo quería lo mejor para todo.

-Y tras su marcha, todos, todos perdimos algo…

Ambos exguardianes se miraron, para después abrazarse, mientras, en silencio, lloraban por la pérdida de dos "buenos amigos"

Mansión Kaiba. Habitaciones. Habitación principal; propiedad de Seto Kaiba

Estaba agotado. No había otra palabra que pudiese definir su estado. Agotamiento. Casi no dormía ni comía; y cuando lo hacía, lo hacía de mala manera. Además, ese sueño no le dejaba en paz. Y ese nombre, parecía un mantra, Amunet, Amunet, Amunet. No había nada más. Ni una cara, ni otro nombre, sólo eso, Amunet.

-¿Quién, quién eres Amunet?

-¿Amunet?

Tan perdido en sus propios pensamientos no se percató de que su hermano Mokuba había entrado en su habitación.

-¿Qué es una de las nueva empresarias que han hecho el torneo?

-No, Mokuba

-Entonces… Seto, ¿estás bien?

-Sí- no pudo evitar que una imperceptible y pequeñísima sonrisa de apenas unos segundos aflorase en su boca al ver la expresión de incredulidad que su hermano menor le estaba dirigiendo.

-Seguro, pero bueno, no intentaré convencerte de nada, se que será en vano.

-Sabia decisión hermanito.

-Dejemos tu estado a un lado, ¿quién es entonces Amunet?

-No tengo la más remota idea.

-¿Y de qué la conoces?...- Antes de que el mayor de los Kaiba pudiese decir algo, Mokuba se le adelantó- Ya se, y si tiene que ver con tu pasado

-Ya te he dicho…

-Que no crees en eso, lo se, pero, después de todo, deberías hacerlo; las pruebas están ahí, no se por qué no quieres verlas. Además, suena a un nombre egipcio, tal vez deberías creer en ello.

Tras esas palabras, Mokuba se dispuso a salir de la habitación no si antes dejar escapar un "pero come algo y descansa aunque sea un poco"

Seto sólo suspiró apesadumbrado; sin embargo, aunque le costase reconocerlo, ese nombre, el de Amunet, era egipcio. Tal vez era hora de ver por fin todos esos recuerdos… pero sabía que si lo hacía, ese sentimiento iba a volver, y no estaba seguro de poder controlarlo.

Harto ya de tanto pensar, se levantó y, tras quitarse la pesada chaqueta y la camisa, se dejó caerse sobre la cómoda y mullida cama.

-Veamos que pasa hoy, Amunet.

Unos ojos de un azul intenso procedieron a abrirse. Tras parpadear un par de veces, logró enfocar la vista y recorrió la habitación en la que se encontraba.

"¿Qué demonios?"

Esa pregunta acudió a la mente de Kaiba en el momento que pudo ver con totalidad la estancia en la que estaba. Su lujoso, grande y elegante dormitorio había desaparecido, para dar lugar a un espacio que más que un dormitorio parecía…

"¿Un santuario? Las paredes revestidas de pinturas egipcias, la sala, con altas columnas de capiteles hatháricos, poseía varios receptáculos encendidos, con un fuego de bailaba del rojo al oro. Una especie de altar y al fondo una gran estatua que no tardó en reconocer.

"No- se dijo a sí mismo- esto no me puede estar pasando"

-Seth

Kaiba oyó ese nombre pronunciado a sus espaldas. Se giró para encarar a quien le había llamado de esa manera, pero la persona que halló tras él lo desestabilizo brevemente. Un hombre algo mayor se encontraba en la puerta de la habitación con los brazos cruzados. Un hombre que no tendría nada de especial si no fuese porque parecía el abuelo de Motou, Solomon

-¿Ocurrió algo Shimón?

-Ella mandó llamarte, desea verte.

Tras esas palabras, Kaiba, que esta entonces había permanecido de rodillas, se levantó, y pudo darse cuenta que no solo había cambiado la estancia, sino también su vestimenta y su cuerpo. Era como volver a viajar al pasado.

Y sin saber muy bien por qué, se dedicó a seguir a ese hombre que el había nombrado como Shimón. Era como si todo estuviese ya "marcado". Como si todo se hubiese vivido, pues por mas que quería preguntarle un par de cosas a su acompañante, sus labios no se movieron.

-Seth, ya hemos llegado.

Kaiba, o más correctamente Seth, se giró hacia la derecha, donde una gran puerta de oro y madera se alzaba majestuosa frente a él. Se fijó como Shimón se despidió de él con un leve movimiento de cabeza, y tras verle seguir con su rumbo, procedió a tocar levemente el portón y a introducirse en la habitación.

No pudo hacer otra cosa que quedarse asombrado, más no lo demostró, Kaiba estaba "encerrado" en el cuerpo de Seth, viviendo todo como un mero espectador. Sin reparar en lo detalles, avanzó a delante, y se detuvo casi al final.

Allí, un joven de piel morena y cabello negro se giró, le hizo una pequeña reverencia y, tomando una lanza que reposaba en una de las paredes, salió del recinto.

-Yo le he mandado a vigilar la entrada, esta conversación no puede ser oída por nadie más.

El que una vez fuese sacerdote en el antiguo Egipto se volteó para ver de donde provenían dichas palabras… Si antes se había asombrado, ahora estaba completamente estupefacto. Allí, sentada elegantemente con sus piernas cruzadas se encontraba una muchacha que parecía ser más o menos de la edad que él debía tener en esos instantes. Sólo una palabra podría describirla. Perfecta.

No se la veía muy alta, pero sí tenía un cuerpo que podía dejar atónito a cualquier hombre. Su cabello, de extraños colores, estaba suelto, adornado por una pequeña diadema de oro y por hilos de plata. Sus ojos, que parecían pasar del bermellón al violeta, se encontraban fijos en él, y delineados en negro. Llevaba un elegante vestido de color arena que resaltaba el hermoso tono de su sedosa y tersa piel. Sin lugar a dudas no podía negarlo, era hermosa.

-Seth, por favor, toma asiento.

Él la obedeció, quedando frente a ella. Procedió entonces a seguir admirándola. Joyas de oro decoraban sus brazos y su cuello, aunque su vista permaneció unos instantes el los brazaletes que portaba. Sus piernas, a pesar de estar cubiertas por el traje, se podían intuir como sensuales, torneadas y fuertes. Unas pequeñas sandalias completaban el atuendo de la bellísima egipcia que entrecerraba los ojos y suspiraba con pesar.

-¿Qué pasa, Amunet?- "¿Qué? ¿Ella es Amunet?"- Se dijo a si mismo el empresario en su mente

-Seth…-suspiró-debo pedirte algo… necesito que cuides de él.

-Sabes que siempre lo hago, tu conoces mis sentimientos y, aunque esta mal, yo permaneceré siempre a su lado.

-Pero… yo lo siento. Espera, no me mires de esa forma, déjame continuar. Si ahora está mal… dentro de un tiempo va a estar prohibido.

-Amunet… que…

-Seth, van a matarme.

Tanto Kaiba como su contraparte se quedaron sorprendidos por las palabras de la chica. El sacerdote por lo que implicaban, el duelista por la sencillez y la naturalidad con las que las había dicho.

-Y qué haces ahí tan tranquila, debemos avisarles a todos, entre ellos a tu padre.

-NO.

-Pero…

-Seth, quienes desean matarme viven aquí, trabajan aquí

-No puede ser, no te creo

-SETH, escúchame, no voy a dejar que me maten… voy a huir, por eso necesito que ahora más que nunca, cuides de él. Sé que no me fallarás.

-Cuenta conmigo, Amunet.

La chica, tras sonreírle, se levantó de donde estaba y le abrazó. Kaiba aún estaba procesando todo lo dicho y hecho cuando se fijó que él también correspondía al abrazo.

-Ahora vete, haz tu rutina diaria, que no sospechen.

-Como digas, mi hermosa y amada Amunet…

"Seth" hizo una breve muestra de respeto y se marchó de la habitación, no sin antes despedirse del muchacho que estaba con Amunet.

-¿Todo solucionado señora?

-Sí, amigo mío. Ve hacia el patio y envía a nuestro pequeño Horus hacia el campamento, yo mientras me quedaré aquí con "ella".

El joven rió ante el apelativo de la muchacha y salió del cuarto.

-Pronto dejaré todo. Ra, espero que me guíes y que nunca abandone tu camino. Sabes que jamás hice nada con intención de hacer sufrir a mi pueblo; y sé que debería quedarme en mi tierra, mas creo que haciéndolo haré que él sufra, y jamás me perdonaré herir al príncipe…

Amunet sollozó y una lágrima brotó de sus ojos, haciendo que su maquillaje se corriese…

-Seth, Atem, perdonadme…

Los ojos de Kaiba volvieron a abrirse. Su cabeza se giró hacia la derecha. Allí, sobre la mesita un reloj marcaba las 00:48. Había dormido un poco, pero tras lo vivido seguro que no volvería a conciliar el sueño. De pronto, aquellas visiones sobre una huida tomaron sentido… Amunet, esa hermosa persona que huía era Amunet, y seguro que su acompañante era ese chico de la habitación. Pero, a pesar de todo, seguía sin saber quien era la chica…

-Supongo que tendré que ir a verte Ishizu, para aclarar todo este asunto, pero deberá esperar hasta la tarde de mañana.

Vale…. Cada vez se me va más la pinza xD, jejeje, espero que os haya gustado… y nada, ya que has llegado hasta aquí…. No te importe decirme lo que piensas, jijiji, tu pide pide, que por pedir, nada pierdes, jajaja

Muchos besos. ;)