Capítulo 3


Pareciera que la fuerza de gravedad se volvía cada vez más fuerte. Cada paso era como entrar en un pequeño pozo de brea, me arrastraba hacia abajo, costaba despegar mi pie de ahí y caminar paso a paso hasta la terraza, donde era la cena.
Como si quisieran impedir lo imposible.

-"¡Por Dios Sumika!" –Me gritó la razón. –"Es su hermano, no su esposo o su novio, ¡No hay ninguna razón para traerla de acompañante!" – y el pensamiento me calmó… al menos un poco. –"Pero y si… no, no, no. En verdad no hay muchas posibilidades… ella definitivamente no vendrá" –discutía conmigo misma.
Sacudí la cabeza para pensar con mayor claridad, o mejor aún: dejar de pensar.
Mientras, mi novia hablaba sin parar. Por cierto ¿de qué hablaba? Decidí que debía poner atención.

-…tiene una esposa preciosísima, no tanto como tú, por supuesto. –"¿quién tiene una esposa preciosa?", es lo que estuve a punto de preguntar, sin embargo la respuesta llegó sola. –Kazama Sensei es muy afortunado de tener a una belleza como ella.

-jeje. –solté una carcajada nerviosa, que fue notada inmediatamente por Aoi.

-Tranquila amor, será una linda noche. Te lo prometo.

"Ojalá".

De pronto estaba rodeada de desconocidos. Famosos críticos de literatura, aclamados escritores, renombrados coleccionistas de arte… conocidos por el resto del mundo, un montón de extraños para mí.

-Sumika- Dijo mi novia antes de siquiera tomar la copa de champagne que el mesero puso frente a ella. –¡Ahí está! –Lo señaló como niño que acaba de encontrar el regalo que le pedirá a Santa Claus las próximas navidades. -¡…me está viendo!

Asi, sin avisar, me tomó de la mano y me arrastró hasta el lugar en donde menos quería estar: frente a Norio Kazama.

-¡HOLA! –un eufórico saludo salió de los labios de Aoi. –em… yo soy una enorme fan tuya.

-Gracias. –respondió él. -¿Con quién tengo el gusto? –preguntó con entusiasmo y sin embargo, su atención no estuvo con mi chica, sino conmigo.

-Oh, si, olvidé presentarme. –concedió una risita nerviosa. –Soy Aoi Azusa.

-Es un verdadero placer conocerla, señorita Aoi. –por una vez, volvió su mirada con ella. –Debo admitir que me encanta su literatura.

-¿Ha leído mi obra?-dijo… en realidad gritó.

-Así es. –mostró su típica sonrisa amable. –todos sus libros. De hecho espero con ansias su próximo libro.

-¿Escuchaste Sumi-chan? ¡Kazama sensei ha leído mis libros! – "Sumi-chan" … era la primera vez que me llamaba de esa manera y el que lo hiciera, inexplicablemente me dio mala espina. Además de escalofríos… ¿por qué? Nunca podré contestar esa pregunta. -¡Ah, qué grosera soy! –tomó aire y solemnemente tomó mi mano. –Ella es mi novia, Sumika Murasame.

"¡No mientas a tu novia Sumika!" ofrecí mi mano temblorosa. "Venga ¡Dile que lo conoces!" –Mucho gusto –dije en cambio con una sonrisa. –Aoi alardea mucho de su trabajo. –"¡Oh, Vamos! ¡No es momento de sonar bromista!"

-Encantado señorita Murasame. –saludó como si tal cosa... como si no me conociera. –Me encantaría platicar un poco más con este par de bellezas, pero debo encontrar a mi esposa quien probablemente está asaltando el buffet en este preciso instante.

-Claro. –sonrió complacida. –De verdad fue un placer conocerlo en persona Kazama sensei.

-Sólo Kazama. El honorífico "sensei" me da ñañaras. -dijo mientras se alejaba y Aoi sólo logró sonrojarse ante la perpectiva de tutearse con su ídolo.

El aire volvió a mí en cuanto él se marchó. Esta vez asalté al mesero del champagne y en un abrir y cerrar de ojos bebí el contenido de esas seis copas que cargaba en la bandeja.

-amor. –me tiró de las orejas como toda una madre enfadada. –¿cuántas veces te he dicho que no me gusta verte beber?

-Lo siento… yo -suspiré- Yo debo… –"debo decirte algo".

-Ya sé que te sientes nerviosa porque no conoces a estas personas, -interrumpió mi momento de valentía - pero por favor trata de comportarte un poco. – de verdad estaba enfadada. -Ven conmigo y no te separes de mí.

Patética.

Así es como me veía, pegada todo el tiempo a mi novia, vigilada por ella para que no osara tomar una gota más de alcohol –cosa que no pasaría, mientras Kazama-kun se mantuviera alejado-

Resignada, escuché la música. Por una vez me sentí relajada y todo se lo debía a un par de violinistas y un flautista. Me dejé llevar por el ritmo lento de la melodía y no pude contener la ola de recuerdos...

De verdad pensé que este el final feliz. Ese que suelen poner en todas las películas románticas, después de tantos intentos; de tantos "te amo" dichos de viva voz ella me aceptó.
Pasé de ser la mejor amiga a la novia. Y pudo haber sido nuestro final perfecto, ¿cómo no serlo?

- Sumi-chan, -acercó su cuerpo al mío, tanto como fue posible, tomó gentilmente mi cara con sus manos y me regaló un tímido pero cálido beso. –Yo también te amo. – dijo y yo, de sólo escucharla, me sentí en el séptimo cielo.

¿Quién podría predecir que esa hermosa escena, sería arruinada algunos segundos después?

En su bolso, un peculiar tono de celular provocó que su mirada dejara de ver mis ojos. Aún sonriente, buscó tal aparato entre las miles de cosas que guardaba.

-Lo siento, debe ser mi editor y me matará si no respondo.

-Adelante, contesta. -¿qué más me daba? Ella ya era mi novia-

-¡cielos! Esto es peor de lo que imaginaba, ¡Es mi madre! –Exclamó al ver la pantalla y luego presionó el botón verde. -¿Hola, mamá?

-"Es usted Kazama Ushio?"- por alguna cruel razón, puedo escuchar claramente lo que suena en la bocina del móvil.

-Así es. –responde con un dejo de sorpresa y un cosquilleo frío me atraviesa de la cabeza a los pies. -¿Con quién tengo el gusto?

-"Hablo del Hospital Universitario. Encontramos este número en el teléfono personal de la señora Kazama…" -una lastimosa pausa que nos obligó a ambas a prepararnos para lo peor y luego continuó hablando. –"Lamento informarle que…"

Mis oídos se volvieron sordos por un momento, o eso hubiera deseado que pasara y así no me habría enterado que la chica que amaba, había quedado huérfana de padre y madre.

Esa sonrisa en sus labios, es la más dolorosa que he visto en mi vida. Recibiendo a todos y cada uno de los dolientes desde temprano, fingiendo fortaleza como si de verdad fuera necesario hacerlo. Al final fui yo quien rompió en llanto, incluso lloré más que en el sepelio de mi madre, cinco años antes.

-Sumi-chan –tomó de mi hombro luego de que todo hubo terminado. -¿Podemos hablar?

-Claro. –caminé tras ella hasta el patio trasero.

-Lo siento… -un par de lágrimas rebeldes salieron, a pesar de que ella aún luchaba por mostrarse
fuerte. –Lo siento –dijo una vez más. -…

No entendí a qué se refería con decir "lo siento", ¿qué podría hacerla sentir culpable?

Eso quedó claro el día en que encontré su casa vacía, solamente dejó una nota con el mismo par de palabras, palabras que se llevaron mi mundo.

Las risas de la gente se volvieron aplausos. La música de violines y flauta había desaparecido sin que lo notara.

-Buenas noches. –Dice un hombre mayor en un inglés muy correcto. – Esta noche estamos de fiesta. Pero eso ya lo sabían. –El público concedió algunas risas. -¿Les suena el título "En el lado oscuro de la luna"?

"Demonios, sí me suena"

-Pues bien –continuó. –Esta noche está con nosotros la bellísima autora de este libro. Señorita Aoi Asuza, ¿Sería usted tan amable de acompañarme acá en este escenario? – El motivo del viaje a Paris quedó más que claro.

-Buenas noches. – saludó fuerte y claro, como si la timidez que la caracteriza nunca hubiesen existido en ella. –Me encanta estar en este lugar, rodeada de personas a quienes admiro, quienes amo y personas a quienes no conozco, pero que seguramente también me agradarán mucho. –llenó sus pulmones de aire para volver a hablar. –Cuando recibí la invitación por parte de mi editor el señor Matsuda, pensé que era una broma, más aún cuando me aseguró que mis escritores favoritos también estarían presentes. Después comprobé que era real y me vi en la aterradora necesidad de convencer a mi pareja de venir conmigo, afortunadamente consiguió vacaciones y aquí nos tienen. Debo decirlo, amo a mi novia. –Fijó su mirada en mí, quien aún procesaba su discurso. Y de pronto, las miradas de todos estaban puestas en mí.

Todas las miradas, incluso la de esa chica que dejó caer su copa y atrajo mi atención. Esa chica de cabello castaño y ojos grises que juré no vendría, esa que vino a acompañar a su hermano escritor y su amada esposa…

No "esa", más bien "Ella".