Notas previas: esto es un monstruo, y no está revisado. Tal vez lo vuelva a subir más tarde. Son las cuatro veintiséis de la mañana. No tengo idea de qué es la vida. Y también se pone medio crack hacia el final, qué puedo decir. Son las cuatro veintisiete de la mañana. Felicítenme, es mi primera historia de más de un capítulo terminada en la historia de la humanidad. No me convence, pero algo es algo.

Disclaimer: Soul Eater no es mío. Tampoco Indiana Jones, ni "What a wonderful world", ni Cold coffee de Ed Sheeran ni ninguna de las otras cosas que reconozcas en este lugar, las cuales mi mente de las cuatro veintiocho de la mañana se rehúsa a recordar. Por alguna razón. Como sea, a leer.


Found You.

Capítulo III: Keeping you.

Por: Wandering Lilly.

"'cause I love the way you wake me up, oh for goodness' sake, will my love not be enough?"

Mientras la mira salir de su departamento, a su mente viene cierta canción de una boyband (malísima, por cierto), en la cual alegan que el mayor atractivo de una chica recae en su inconsciencia sobre dicho atractivo.

Él está irritado de notar lo coherente que suena ahora la canción ahora: allí está ella, luciendo tan incómoda en su falda de corte alto color verde, su blusa color rosa pálido con un bonito estampado y un par de tirantes para mantenerlo todo junto, calcetas altas, hasta medio muslo y zapatos color negro para rematarlo. Más incómoda incluso de lo que él se sentiría en ese traje de funeral que su madre lo obligaba a usar para cada concierto.

Siente la odiosa y poco cool tentación de enredar sus dedos en una coleta de rubio y sedoso cabello, pero la reprime en favor de su actitud cool. Sin contar claro la sensación de no estar vestido para la ocasión. Lleva puestos jeans rotos por las rodillas, ceñidos a su cintura con un grueso cinturón negro de grande hebilla, una camisola blanca de mangas largas para combatir el frío de fines de febrero (por qué demonios hace frío en una ciudad desértica, eso él no lo sabe) y una pañoleta cuadrada roja y negra alrededor del cuello para protegerlo del mismo frío. Sus manos, mientras observa a la muchacha frente a él, se distribuyen así: una hecha puño dentro de su bolsillo del pantalón, la otra sosteniendo su inseparable chaqueta de cuero por detrás de su hombro. Vocifera su necesidad de ponerse algo más presentable antes de que ella lo detenga, aferrando su manga con una fuerza digna de mención.

—T-te ves bien así-susurra la rubia, tan bajo que apenas puede oírla pero lo suficientemente alto para arrebatarle un –nada cool- sonrojo al albino. Replica un "lo que sea" que no termina de sonar tan desinteresado como le hubiera gustado pero se conforma porque, de cualquier modo, pudo haber sido peor. Encabeza la procesión hasta su moto, pidiéndole a Maka esperar hasta que la haya encendido, pero es hasta que ella va a subirse que se da cuenta del verdadero problema.

—Maka, no te vas a subir a mi moto así—reniega él, mirando su falda con malos ojos. Ignora las quejas de su interlocutora en favor de pensar en una solución, misma que no encuentra al estar concentrándose más en sus piernas que en el problema. Finalmente la idea llega a él al desviar la mirada, y suelta un suspiro, aliviado de que Maka no haya notado la dirección en que estaba mirando—. Ten, póntela sobre el regazo-le acerca su chaqueta de cuero—; si algo le pasa, vas a pagar por ella.

Él pretende que ella no se tapó la boca para disimular una sonrisa, y tal vez, si pusiera más atención, podría darse cuenta de la dirección de sus ojos verdes, concentrados en la cadena de plata apenas sobresaliente en su cuello, cuyo dije de piano esconde bajo la camisola.

— ¿Por qué traes el teclado? —pregunta ella, mirando el rectángulo enfundado que pasó de descansar en su espalda a reposar sobre el regazo de la muchacha, afirmando la chaqueta de cuero sobre él.

—Ya lo verás.


Él la lleva a su pizzería favorita. Se guarda el hecho de haberle tenido que invitar toda una pizza al glotón de Black*Star para conseguir el nombre del maldito establecimiento, pues no sería cool (en términos morales, al menos) el ver a su ahora compañera de piso estrangular a su mejor amigo por obligarle a sobornarlo. No pasa desapercibida para él la mirada imposiblemente sorprendida de la muchacha cuando él le pregunta su ingrediente favorito en la pizza y diez minutos después, paga por ella.

¿Qué, esperaba que le pidiera cooperación?

Él cree que en ocasiones Maka necesita lecciones de cool.

— ¿A dónde vamos, Soul? —pregunta ella desde el asiento trasero de la moto, inquieta al llevar los ojos vendados con la pañoleta del albino.

—Se cool y no preguntes, Maka—es la única respuesta que se digna a darle.

Él para la moto después de cinco minutos, ayudándole a bajar a la rubia, después a caminar porque, claro, "uno no puede caminar con la cara vendada, Soul", ay sí.

Cuando le desvenda los ojos, la mirada de la rubia le satisface más que los incontables "gracias, Soul" que ella le dedica después: es una mirada de maravilla, esa en la que sus ojos se vuelven incluso más enormes y brillan como si contuvieran todo el firmamento dentro de ellos. Él quiere esconder esos ojos y guardarlos en un lugar donde sólo él pueda verlos y nadie más pueda mancillar ni entristecer esa perfecta mirada, pero se contenta con decir un "cool" susurrado y dedicarle una enorme sonrisa torcida.

— ¿Qué es este lugar, Soul?

—Es el jardín botánico de Death City —"oh, la ironía" dice para sí mismo, soltando una carcajada ante la expresión confundida en la cara de la rubia—. Lo sé, lo sé, es bizarro. Estamos en medio del desierto. Deja de mirarme así, es cosa de Shinigami. ¿Nunca habías venido?

—Yo… No salgo mucho.

—Sí, lo noto.

— ¡maka-chop! —éste no se lo merecía. Pero bueno, en su opinión no se merece ninguno, así que lo que sea. Camina detrás de ella por el lugar, dejándola maravillarse con los enormes árboles y el césped, que hay por todos lados y Maka se ve como un pequeño en navidad. — ¿Hace mucho que está aquí?

—Un par de años, no lo sé. No soy de por aquí.

Ella ignora su último comentario en favor de buscar un buen lugar dónde sentarse. Cuando lo encuentra, es como un pequeño perrito, dando vueltas alrededor del lugar y luego sentándose en el centro, y él se calla una risita que no sería nada cool y probablemente le granjearía otro maka-chop. La aleja del lugar para poner una manta blanca sobre él, sólo entonces la deja sentarse y pone la pizza a sus pies, dejando el teclado a un lado.

Esa tarde descubre que, contrario a todas las chicas que había conocido (sin incluir a Patti, pero incluyendo deliberadamente a Liz y Tsubaki), Maka es ese tipo de muchacha que no tiene vergüenza de comerse un montón de comida frente a un muchacho –aunque, pensándolo detenidamente, ellos sólo son amigos, comer mucho frente a él no debería ser un problema (¿verdad?). La joven se come la mitad de la pizza, y también la mitad de la soda. Él está sorprendido, y casi ofendido de verse sobrepasado en vigorosidad por una muchachita de pecho plano. Aunque opta por olvidarlo cuando ella, medio sonrojada, le da las gracias por invitarle.

—Es tu cumpleaños, Maka. Déjame ser cool.

Se pasan la tarde hablando de esto y aquello. Ella se atreve a preguntar sobre su familia, y él se descubre a sí mismo contándole sobre los aclamados músicos Evans; sobre él mismo, la oveja negra de la familia y sobre su querido abuelo, quien al fallecer le legó la mayor parte de su fortuna, decisión que su abuela apoyó. Así, se alejó de su familia en cuanto tuvo la oportunidad, y su hermano mayor y el prodigio familiar, Wes, lo llama ocasionalmente, pero él prefiere no contestar las llamadas.

Maka, a cambio, le habla sobre su madre: sobre la valiente mujer de cabello ligeramente más rubio y piel más morena; sobre su matrimonio al terminar la preparatoria con su padre y de su posterior nacimiento. Y durante todo ello, la constante infidelidad de su padre. Su madre un día no pudo más y tuvo que irse, y Maka lo entendió, aunque –y no es que lo diga, pero él lo nota- le duela que le haya dejado con el idiota que tiene por padre, a pesar de recalcarle lo mucho que la amaba. Él quiere sentir rencor hacia la mujer por abandonarla pero se encuentra agradeciéndole por no llevársela, pues de otro modo, duda que la hubiera conocido.

Ambos vienen de familias muy atrofiadas, deciden, y en el otro encuentran apoyo mutuo esa tarde. Cuando el Sol despunta sus últimos rayos, Soul se sienta en la manta –estaba acostado-, atrae el estuche del piano hacia sí y lo saca de él. Mira el instrumento por unos segundos: el deslucido color negro de las teclas, provocado por muchos años de uso, le sonríe desde su regazo y Soul lo mira con el ceño fruncido, obligándole a cooperar con él.

A su lado, Maka lo mira curiosa y luego sorprendida cuando toca la canción de "feliz cumpleaños" para ella y la canta con una voz que –él no sabe- ella piensa que es endemoniadamente atractiva. Tal vez si lo supiera entendería el por qué de su sonrojo –pero bueno, ella se sonroja por todo-.

Esa tarde, cuando todo termina y vuelven a su departamento –que ahora es de los dos-, Soul sube primero, para asegurarse que el pasillo está vacío, y cuando desde la ventana del pasillo le indica subir, ella lo hace corriendo, empujándolo y apurándolo para que abra la puerta. Cuando están finalmente encerrados en el lugar, Soul la escucha exhalar un aire que no se imaginó que estuviera conteniendo.

Él le llama a esa su primera cita, pero se asegura de que ella no lo escuche nunca, no sea que vuelva a llamarlo "bobo". Después de todo, no es cool ser llamado bobo; pero ser llamado bobo por una nerd, eso es la cúspide de las cosas que no son cool.


La mañana que sigue los golpea como un balde de agua fría. Se les hace tarde, y es la primera vez en la vida que Maka asiste a la escuela en ropa casual (y Soul nunca lo admitirá, pero está un poco muy en desacuerdo con dejar que otros vean las piernas debajo de sus usuales medias negras).

Cuando Soul sale del baño, apresurado –y sin camisa-, Maka logra ver una enorme cicatriz que le recorre el pecho desde el omóplato izquierdo hasta el lado derecho de su cadera, y la visión le provoca una mueca de dolor. — ¿Cómo te hiciste eso? —ella pregunta

—¿Eh? ¡Ah! Te lo diré luego. —responde él, restándole importancia a la par que camina derecho a su cuarto, pero Maka le impide la pasada.

—No, hazlo ahora. —insiste ella.

—Maka —empieza él—, cuando volvamos, te diré todo lo que quieras, pero la escuela empieza en diez minutos, así que muévete. —Su discurso parece despertar algo en ella: corre por la habitación, exclamando incoherencias. Ese día tampoco lleva mochila.

—Por suerte, tengo cuadernos de repuesto en la escuela.

—Eres tan nerd.

Se pone la blusa del día anterior, junto con un overol de short y un par de botas con calcetas largas que logró rescatar del ahora departamento de su padre el día anterior. Pero febrero es frío y Soul no está dispuesto a ceder su chaqueta de cuero por segunda vez. Ella lo ve rebuscar en su clóset y saca de él la más… original chamarra que ha visto en su vida.

—No me voy a poner esa cosa.

—Entonces muérete de frío.

De mala gana, la chica se echa la chaqueta de mangas amarillas y cuero negro encima, siguiendo al albino por el corredor vacío en dirección a su moto.

— ¿Estás consciente de que allá tendrás que ver a tu padre?

—Sí.

— ¿Y de que seguramente te estará buscando?

—Encontraré un modo de evitarlo.

Él se encoge de hombros, enciende la moto y arranca, apenas llegando a la puerta antes de que Stein entre a la Clase Luna Creciente.


En el descanso, Maka desaparece con el imbécil de Kid otra vez, ¿es que el día anterior no significó nada para ella? No quiere sentirse desplazado (no es cool), pero el sentimiento se asienta en el fondo de su estómago y se rehúsa a irse.

Como sea, no tiene tiempo para continuar deprimido, pues en su camino a la cafetería es abducido por un par de manos, que lo arrastran a un salón vacío.

Una vez allí, se ve sentado en una butaca y demasiado cerca de un iracundo Spirit Albarn, que pronto se aleja de él para murmurar insultos por lo bajo, caminando en círculos por el frente del aula, hasta que al fin se dedica a apuntarle con el dedo acusadoramente antes de empezar a hablar.

— ¿¡Dónde tienes a mi Maka, mocoso!? ¡Sé que te la robaste!

El albino está un poco sorprendido: creyó que había sido cuidadoso. Pero entonces, el pelirrojo es un padre obsesivo y controlador (o al menos, tan controlador como se puede ser con una muchacha tan independiente como Maka). De cualquier modo, no intenta desmentir sus acusaciones.

—Yo no "me la robé"—se apoya con sus dedos para la mímica de las comillas en el aire, mirando al pelirrojo de manera inexpresiva—, y no "la tengo" en ningún lado. Maka está harta de tus estupideces y no quiere verte. Simple.

Por la cara del subdirector del Shibusen pasa una punzada de culpabilidad que al albino frente a él no se le escapa y lo hace regocijarse por dentro ante el bien merecido sufrimiento. — ¿Qué? ¿Duele la verdad, Spirit?

— ¿Qué intenciones tienes con mi hija, Evans? —inquiere Spirit en un tono bajo y desprovisto de emociones, ignorando su anterior pregunta.

—No me llames así.

—Responde, muchacho—masculla entre dientes el pelirrojo—, no acabes con mi paciencia.

Soul lo observa por un rato antes de contestar: sus ojos verde-azules están rodeados por ojeras, su pelo se ve grasiento y su cuerpo tiene la rigidez de quien no ha dormido en días. Se pregunta un instante si ha sido por buscar a Maka o se ha ocupado en… otras actividades.

—Maka necesitaba un lugar dónde quedarse, yo tengo un cuarto extra. Fin de la historia—explica con simpleza, quitando con las puntas de los dedos la mano de Spirit de su hombro, y sacudiendo el mismo a posteriori—. No es mi tipo, sus pechos son muy pequeños.

— ¿!Qué!? ¿¡Mi Maka!? ¿¡Cómo te atreves!? ¡Ve allá y manoséala en este mismo instante! —exclama el hombre, iracundo.

— ¿Te estás escuchando, Spirit?

Al hombre le toma unos segundos darse cuenta de lo que acaba de decir, y Soul tiene que aguantarse la risa cuando empieza a balbucear negativas y amenazas.

—Mira, chico—dice un momento después, cuando logra ordenar sus prioridades—, sé que ahora dices eso, pero en el fondo te gusta mi Maka, ¿verdad? No respondas, no quiero golpearte tan temprano en la mañana; lo importante es que ella me odia, y me lo merezco, así que cuida de ella, ¿está bien? No dejes que nada le pase. —Genial, un sermón. Soul está más que sonrojado, mirando hacia otro lado y devolviendo la vista al pelirrojo conforme él continúa hablando. Entonces se da cuenta: ese hombre no es malo, y de verdad ama a su hija; es sólo que está muy, muy jodido.

—No te preocupes, viejo, cuidaré de Maka—le asegura en tono solemne, volviendo a apartar su mano del hombro pero estrechándola en el camino—. Ahora, ¿me dejas ir de una puta vez? Estoy muriendo de hambre y aún me queda mucha vida por delante, no como a otros—le sonríe su mejor sonrisa torcida a modo de burla y, como para añadirle más sal a la herida, añade: —… viejo.

Soul ve en los ojos del padre de Maka la necesidad apenas controlable de partirle el rostro de un puñetazo. Es entonces que agradece a los dioses que él sea un funcionario de la escuela y no sólo el padre de Maka, porque entonces no tendría razón alguna para contener su hambre de violencia hacia el muchacho y él se vería en serios, muy serios problemas.


Ese día cuando regresa con Maka a casa (tratando de no pensar en lo… hogareña que suena la palabra y el lugar al que está asociada desde ayer), ambos encuentran un par de maletas y otras cuantas cajas llenas de cosas que distintamente no son del albino, pues sobre la más grande de las maletas yace una nota doblada con las palabras "para Maka". Ella la toma con cuidado y después de leerla se encuentra mucho más seria.

Por otro lado, después de llevar las cosas adentro, esa seriedad no le impide inquirir insistentemente acerca de su cicatriz. Él la ignora hasta después de cenar, pero al ver que ella incluso ignora su tarea en favor de escuchar lo que tiene que decir, Soul decide que es tiempo de contarle. A fin de cuentas, no es como si no le hubiera dicho ya demasiado.

—Cuando vivía en Londres, mis padres eran muy… estrictos. Desaprobaban mi gusto por el jazz, pues para un músico Evans lo primordial es la música clásica—empieza él, con un tono solemne que Maka jamás le ha escuchado y espera no tener que volver a utilizar en la vida—. Pero un día, por ser mi cumpleaños, me permitieron asistir a un concierto de jazz al cual llevaba mucho tiempo deseando ir. Mi hermano Wes fue conmigo. Como estábamos cansados de andar de acá para allá en coche todo el tiempo, nos pareció cool caminar.

"Y el concierto…—aquí una sonrisa se cuela en su rostro ante el recuerdo, y Maka no puede evitar desear que sus ojos se queden así de brillantes por el resto de su existencia— fue la cosa más cool a la que había asistido en toda mi vida, y parecía que también la de Wes. Ya te imaginarás que todo iba la mar de bien hasta que terminó. —es aquí cuando sus ojos se nublan ante el recuerdo, embargados por una tristeza que contrasta con la enorme felicidad que los inundaba hace un momento apenas. Maka le toma la mano en señal de apoyo.

"Salimos del salón de jazz, y un tipo nos asaltó a mi hermano mayor y a mí. Wes fue dócil y se dejó robar, pero yo no le permití al tipo acercárseme siquiera. Entonces sacó una navaja, y como tenía a Wes más cerca, iba a apuñalarlo con ella.

"Supongo que el tipo sólo iba a clavársela en el hombro, o a hacer el amago de cortarle el cuello, pero yo corrí hasta mi hermano y me puse frente a él. La navaja me atravesó el hombro, y cuando el tipo, horrorizado, trató de sacármela, sólo logró cortar más y más la carne, hasta llegar al largo actual de mi cicatriz. —Escucha el grito ahogado de Maka, desvía la mirada para no ver sus ojos anegarse en lágrimas y le echa un brazo encima de los hombros— Estuve hospitalizado por meses. Mis padres creyeron que iba a morir. Yo mismo no entiendo por qué sobreviví. Al parecer, una anomalía en mi sangre y un buen doctor me salvó. No creerías quién fue.

— ¿Quién? —pregunta ella, secándose las lágrimas a la par que lo mira curiosa, jalando de su camiseta con insistencia.

—Stein.

— ¿Qué?

—Sí, al parecer es un muy buen cirujano, o una mierda de esas. Y mis padres llamaron al mejor doctor que encontraron. Imagina mi sorpresa cuando descubrí que era mi profesor. Supongo que es por eso que no dijo nada sobre mi nombre. Confidencialidad doctor-paciente, o algo así.

Maka escucha en silencio, y se abraza más fuerte a él cuando termina, apretando los labios para no llorar. Le prepara su cena preferida esa noche, como compensándolo por algo de lo que ella no es culpable. Él la tranquiliza diciéndole que ya es pasado, pero desde entonces ella se asegura de no estar presente cuando él sale del baño, añadiéndole esa a las razones por las cuales no es sano ver a Soul sólo en toalla.


No mucho después de que Maka se muda a su casa, él empieza a entrenarse en el equipo de artes marciales de la escuela, yendo después de clases al gimnasio de Sid, el maestro de educación física y padre adoptivo de Black*Star. En algún punto entre un evento y otro, el resto de la pandilla se entera de que Maka y él ahora son compañeros de piso, y es como si el mundo hubiera sufrido el apocalipsis zombi. Corren por todos lados como posesos, exclamando cosas que no se molesta en escuchar mientras urge a una sonrojada Maka al salón de clases, susurrándole un "ignora a los chicos" en el oído que, por alguna razón, sólo contribuye a aumentar su sonrojo.

También descubre que la rubia es probablemente la mejor artista marcial del Shibusen después de, claro, Black*Star. Él, bueno, solía vivir con Sid. Es de esperarse. Así, empieza a entrenar con Maka, y es vergonzoso admitir que la muchacha le gana con facilidad. Es pequeña y ágil y endemoniadamente engañosa, pero después de un tiempo logra darle algo de pelea y en algún momento, momento que se vuelve borroso con el tiempo, incluso la vence.

Después llega su primer torneo. Él no se siente seguro, pero Maka dice adelante y él realmente se muere de ganas por patear algunos traseros frente a ella. Sabe que no es el tipo de chica que se impresiona por la fuerza bruta sino por otro tipo de atributos en una persona, pero al menos puede fingir que el oponente es Kid y descargar todos los celos que el pelinegro le provoca cada vez que –ahora más seguido- desaparece con Maka a quién-sabe-donde, a hacer quién-sabe-qué.

Un día, el día antes del torneo, Soul está caminando por el pasillo casualmente hacia su próxima clase, entonces nota a Maka y Tsubaki platicar animadamente en sus casilleros, y siente, para variar, la urgente necesidad de hacer algo estúpido. Se acerca con más rapidez hasta donde están las mujeres, ignorando el grupito de chicas que le han seguido desde hace diez minutos de manera demasiado obvia para las caras de fingida inocencia que todas muestran. Esa semana ha rechazado a seis chicas con ofrecimientos para ir a su torneo con él, pero no ha logrado invitar a la única que sí quiere llevar.

—Ey, Tsubaki—saluda, agitando una mano para hacer énfasis. Le da la espalda a Maka, casi pudiendo ver el sonrojo de ira en su bonito rostro—. ¿Me prestas a Maka? Sólo será un momento.

No le da tiempo a la pelinegra a contestar, pero la ve asentir por el rabillo del ojo cuando se da la vuelta para rodear los hombros de Maka con un brazo y guiarla a otro lugar bajo la mirada atenta –irritante, como todas las miradas- de la novia (ahora, al fin, oficial) de Black*Star.

—¿Qué demonios, Soul? —le pregunta la rubia, indignada al verse arrastrada lejos de su conversación. — ¿A dónde me llevas? ¡Soul!

Se detiene un par de pasillos más lejos, la acorrala allá donde termina una fila de casilleros. Así, con un brazo apoyado en la pared para impedirle el paso, su cuerpo escudando la única otra salida, es que se encuentra cara a cara con la mujer a la que ha evadido los últimos días, buscando la forma perfecta de no parecer un idiota cuando la invite –incluso si de todos modos irá.

—Ey, Maka.

—Soul, ¿qué demonios? —inquiere ella, tratando inútilmente de escaparse de ese sofocante cubículo en que la tiene encerrada, en donde su olor está demasiado cerca y la mente se le nubla. Poco sabe él de eso, de hacerlo, probablemente se acercara más. —Tengo una clase en cinco minutos, Soul. Si fueras tan amable de-

— ¿Qué harás mañana?

La pregunta le toma por sorpresa. A ambos. Él piensa que tal vez se apresuró mucho, que lo ha arruinado y, demonios, se ha escuchado muy nervioso. Puede ver al alcalde de Ciudad Cool dándole su pase de salida, pidiendo las llaves de su motocicleta y las de su casa, despidiéndolo con tristeza del lugar más hermoso de la tierra. Maka, por su parte, se ve incómoda y extrañada, observándolo con un par de ojos verdes detrás de tupidas pestañas, buscando algo y no encontrando nada. "¿Qué demonios?" dicen sus ojos.

—Estudiar, lo sabes. ¿A qué viene todo esto, Soul? ¿Qué te traes entre manos? ¡Habla, idiota! ¡O puedes ir olvidando la cena! —lo amenaza, y realmente, con la cena no se juega.

Makaaaaaaa…—dice, mirándola fijamente. Ojalá supiera que ella tiene sentimientos encontrados hacia ese tono de voz, profundo y aterciopelado con el que dice su nombre, y hacia la manera en que la mira: porque la mira como si en el mundo no existiera otra cosa que quisiera ver más que ella, o al menos eso quiere creer (o no creer) ella, cada vez que siente esos ojos escarlata atravesarla como rayos X a un enfermo.

—Voy a usar mi enciclopedia—amenaza, fingiendo una calma que no tiene del todo, notando miradas arremolinarse a su alrededor, queriendo desesperadamente acabar con esto de una buena vez—. ¿Qué demonios quieres? —pregunta ella entre dientes.

—No seas aguafiestas—replica, esquivando por los pelos el golpe de la chica—. Ven conmigo al torneo.

Eso fue demasiado apresurado. Demasiado fuera de contexto. Le va a decir que no. ¿Qué demonios significa esa cara? ¿Por qué las chicas son tan complicadas? Ahí va el resto de su cool, volando por la ventana. ¿Por qué tarda tanto en contestar? ¿Por qué mira a todos lados? ¡Sí, te preguntó a ti, estúpida! No comprende a las mujeres. Hay demasiadas preguntas en su cerebro cuando ella finalmente se digna a responder.

—Bien, iré contigo. —dice después de una eternidad. O al menos así se siente para él. Ella esconde una sonrisa detrás de la mano, tratando también de disimular el sonrojo— ¿Puedo irme a clase ahora?

Está tentado a no dejarla ir, pero lo hace, sólo por el bien de su cráneo. Cuando va a una distancia respetable, le grita, para hacerla rabiar.

—Nos vamos a las tres. No lo olvides, comelibros.

Él realmente es un masoquista.


Y realmente debe ser un masoquista, porque este idiota, demasiado grande para ser de último año de preparatoria, demasiado presumido para ver más allá de su perforada nariz, podría patearle el trasero.

Ese año, ni Black*Star ni Death the Kid compiten, el primero porque decide que es demasiado "divino" para esas cosas (lo que, en su idioma, probablemente significa que Tsubaki le ha prometido una mejor recompensa que un estúpido trofeo), y el segundo porque "el número de participantes no es suficientemente simétrico" (qué idioteces. De verdad, qué idioteces). De un modo u otro, únicamente Soul, de todo su grupo de amigos, compite, y descubre que realmente no es tan difícil: el torneo se divide en combates que hacen las veces de eliminatorias.

Las personas con las que le toca pelear no le suponen demasiado esfuerzo (excepto Harvar y Kilik, ellos sí que fueron difíciles de vencer. Pero él entreno con la hija de un medallista olímpico de artes marciales, muchas gracias), no hasta que le toca pelear la final con ese idiota de otra escuela llamado Giriko. Es un tipo demasiado grande, demasiado viejo para ser un estudiante, de cabello ceniciento y demasiadas perforaciones por todos lados, tantas que hacen que Soul se pregunte si también respira por esos hoyos. Qué tipo tan poco cool.

La cosa con su oponente es, que es un sádico. Ha cometido tantas faltas que no tiene idea cómo no lo han descalificado a ese punto. Debe ser, en parte, porque Soul es bueno evadiendo sus golpes, o tal vez simplemente tiene al árbitro comprado. Como sea, Soul es cool, el más cool, y no va a permitir que un idiota con conexiones le venza. Tiene que esquivar un par de golpes a la cabeza en menos de un respiro, después una patada y de repente se siente como Daniel-san en Karate Kid, la secuela esa donde van a Japón.

Escucha una voz en algún punto del auditorio gritando "¡tú puedes, Soul!" y se permite voltear por una milésima de segundo para ver a una sonriente Maka, demasiado bonita para ser legal, y casi pierde el torneo por ello. La atención de Giriko es atraída entonces hasta la chica de blanco en las gradas, y el muy idiota se deja golpear sólo para verla bien. A Soul le hierve la sangre en las venas: quiere sacarle los ojos y dárselos de comer a los cuervos sólo por atreverse a mirar a Maka, a su Maka, pero se mantiene frío, cool, porque él es cool y le importa una mierda.

—Qué linda putita tienes—le dice entre golpes cada vez más erráticos—. Tal vez la visite cuando te venza, Eater.

Él simplemente no dijo eso. No lo dijo, no lo dijo-

—No te atrevas a volver a pensar en Maka, imbécil—murmura, y no cree que el hombre lo haya oído, demasiado ocupado en dar golpes que no llegan a su oponente del todo –aunque ciertamente han hecho cierto daño aquí y allá, y siente cómo su fuerza lo abandona poco a poco, para volver de súbito cuando él se mete con la rubia en las gradas—.

Es la pelea más dura que ha tenido en la vida.

Y no es como que no haya tenido peleas porque, realmente, no le fue difícil escapar de su jaula por esa razón: peleas. Con todos, con los maestros, con los alumnos, con los directores, con sus padres, con el perro. Si algo sabe hacer Soul "Eater" Evans, es llevar la contraria. La única mujer a la que no se atreve a responderle es la que lo sacó de su casa y lo trajo a este lugar lleno de soles-sonrisas y firmamentos circulares, y realmente, ¿qué demonios está pensando? Debería estar concentrado en la pelea y no en tonterías filosóficas, tal vez así hubiera evadido el golpe en la cara que lo tumba al suelo, casi dejándolo inconsciente.

Puede escuchar al idiota frente a él regocijarse en su casi victoria, pero no es ni siquiera eso lo que lo urge a ponerse de nuevo en marcha, sino la imagen del agujereado abordando a Maka, acercando su putrefacto aliento a su bonito rostro e incordiándola con su presencia.

Realmente tiene que dejar de leer los libros de poesía de Maka.

Como sea, es asunto para otro momento, considerando que ahora lo que necesita hacer es patearle el trasero a Giriko. Eso hace, más o menos. Se apoya en sus codos para poder tumbarlo al suelo, tacleándolo y echándose sobre él, haciendo uso de toda la fuerza que le queda en el cuerpo mientras el réferi comprado cuenta "diez, nueve, ocho…"

Por los siete círculos del infierno, ¿por qué va tan lento?

"cinco, cuatro…" Los brazos de Soul se sienten como vidrio viejo y están sinceramente a punto de quebrarse, sobre todo cuando el monstruo bajo él se retuerce como loco, tratando de escaparse de su agarre. Le está susurrando toda clase de idioteces con esa boca suya que realmente necesita conocer la maravilla que es la pasta de dientes cuando el conteo llega a su fin: "tres, dos, uno, ¡El vencedor es Soul "Eater"! exclama el réferi, y por el amor de los dioses del cool, ¿es que puede ser más lento?

Ese momento en el que se olvida del monstruo bajo agarre es el momento que el hombre toma para liberarse de su yugo, rompiéndole un brazo en el proceso.


Se despierta, drogado, desorientado y con una incipiente necesidad de una red bull. Además, ¿por qué hay tantos putos globos en su cuarto? Oh, espera, ése no es su cuarto; su cuarto es azul claro, lleno de pósters y basura, y un ocasional libro de texto de Maka del que ha copiado la tarea. Esa habitación, en cambio, es un lugar blanco con una mesita de noche y una silla para ¿visitantes? Tiene la vaga sensación de que así luce una cama de hospital. De cualquier modo, le resulta muy familiar, pero los globos siguen siendo molestos. Cierra los ojos para apaciguar el dolor de cabeza que la luz, los colores y la vida le están provocando y luego escucha la puerta abrirse y cerrarse, cosa que le hace abrir los ojos de nuevo para ver un par de coletas flotar hasta él.

— ¿Maka? —Pregunta él, extrañado— ¿Por qué estoy en el hospital? ¿Qué pasó con la pelea? ¿Me consigues una red bull?

—Tienes las ideas más estúpidas cuando estás drogado. —dice ella, sonriente, casi echándosele encima pero teniendo cuidado por alguna razón. Cuando intenta devolverle el abrazo, encuentra que sólo pensar en mover el brazo derecho le resulta doloroso, ni hablar de realmente moverlo. Se detiene un minuto para ver dicha extremidad, encontrándola envuelta en yeso.

— ¿Qué le pasó a mi brazo?

—Giriko…—no necesita decir más. Es suficiente para recordar. Sí, claro, cómo olvidar al bastardo quitándoselo de encima con un demasiado acertado agarre en su antebrazo, tan fuerte que al aventarlo lejos de sí mismo, el idiota perforado le rompió el brazo. —Tu trofeo está en casa…—murmura ella, tratando de animarlo, él lo nota, pero es inútil, nada es cool. El alcalde de Ciudad Cool lo castiga por haberse marchado.

—Esta no es la forma en la que planeaba celebrar mi victoria—murmura para sí mismo más que para ella, obteniendo de su parte una mirada confundida—. Nada cool.

—Pudo ser peor—ofrece Maka—. Pudieron haber sido tus fans las que te hubieran visto al despertar y entonces hubieras muerto, asfixiado por miles de brazos.

En toda su defensa, ella se lo buscó.

— ¿Debería llamarte "fan" entonces? No te vi muy dispuesta a separar tus brazos de mi hace unos momentos—la reta con una sonrisa de dientes filosos, ya puede sentir el maka-chop en la cabeza, y probablemente le duela como una perra, pero al menos quedará inconsciente y podrá olvidar su deseo por el red bull que nunca llega.

Ah, dulce normalidad, piensa antes de caer inconsciente bajo el peso de la copia de Maka del Diccionario de la Real Academia Española.


Es dado de alta del hospital una semana después, y el odioso doctor loco –es decir, doctor Stein le informa que tendrá que ir a la graduación usando yeso. La cúspide de lo menos cool que existe.

En la escuela lo alaban por el yeso, por alguna razón. Todo el mundo quiere firmarlo pero está demasiado lleno con enormes firmas de Black*Star por todos lados como para que apenas quepan un dibujo de la cara de Maka y el resto de la banda en una esquina.

En fin, su yeso apesta, pero en general, la vida es buena. Se dice a sí mismo esto, pero no puede evitar sentirse miserable cada vez que Maka se escapa con Kid a todavía-no-sabe-dónde por las tardes.

Su paciencia se termina un día cuando, por accidente, entra en un salón en apariencia sin usar después de clases. Se tuvo que quedar porque Stein lo volvió a castigar y, con yeso o sin él, aún tiene que ayudarle a diseccionar otra especie en extinción como pago por su insubordinación. Se pregunta si al menos es legal.

Sin importar eso, cuando le parece escuchar la voz de Maka en un aula que debería estar vacía, hace lo que Black*Star hubiera hecho: meter la nariz donde no le llaman. Al abrir la puerta se encuentra con Kid, arrodillado frente a su compañera de piso, con una mirada de determinación en los ojos mientras le dice:

—…Creo que eres el ser más simétrico que han visto mis ojos, y me harías un gran honor aceptando compartir la velada de graduación conmigo.

— ¿¡QUÉ DEMONIOS!? —Exclama un iracundo Soul, entrando a la habitación a zancadas y tomando a Kid por el cuello de la camiseta— ¿Qué te traes con Maka, rayitas? —masculla Soul, demasiado cerca, demasiado asimétrico para el gusto del pelinegro, y demasiado desinteresado en cuanto al hecho de su asimetría.

—Soul, si pudieras sostenerme veinte grados a la derecha, te lo a-

— ¡No me importa tu estúpida simetría! —Le grita, apretando su agarre— ¿¡Qué hacías con Maka!?

—Soul—se mete la rubia, tomándole la mano que lo sostiene para que lo suelte— es privado, vamos a casa, te lo diré-

—No—dice él. Su tono de voz es curiosamente calmado y los ojos de la muchacha se ponen alertas ante cualquier signo de peligro. Un Soul calmado es mucho más peligroso que un Soul iracundo y violento—, siempre hacemos lo que tú quieres, Maka. Hace meses que te desapareces con Kid a quién-sabe-dónde a hacer quién-sabe-qué. Quiero saber qué demonios está pasando. Ahora.

Maka mira hacia Kid, luego en dirección al albino, de vuelta a Kid y cuando el pelinegro suspira en señal de derrota, Maka se decide hablar.

—Kid me estaba invitando al baile de graduación…—empieza ella. En su defensa, Soul trata de contener el gruñido. Falla. Maka lo golpea, la vida continúa. — Para practicar.

Ahora eso suena estúpido, ¿eso le estaba haciendo creer? Que se lo crea su iluso padre, piensa Soul.

— ¿Practicar para qué? —gruñe el albino.

—…

—No agoten mi paciencia, niños. Gané un concurso de artes marciales—alardea, y finge no escuchar el "sólo porque yo no participé" proveniente del lugar donde se encuentra Kid. No necesita más razones para golpearlo. O tal vez sí.

—…Para invitar a Crona al baile—murmura Maka—. Lo siento, Kid.

—No hay problema Maka. Siento causarte problemas. —dice el pelinegro en tono solemne, agachando la cabeza para disimular el sonrojo en sus mejillas.

—Esperen…—dice un incrédulo Soul— ¿Crona es una chica?

Él simplemente es un imán de maka-chops.


—Así que… ¿no vas a la graduación con Kid? —pregunta casualmente, caminando con ella de vuelta a casa cuando todo está aclarado.

—No, idiota. Es estúpido que lo pensaras—responde ella, viéndolo con mal humor—. Además, ¡nunca lo complacería! Tendría que ser perfectamente simétrica y… eso no me va.

Él quiere decir que la última persona a la que necesita complacer es a Kid, pero se guarda el comentario por el bien de su cráneo.

—Y… ¿vas al baile con alguien?

Se está enterrando él solito. Por favor, no llamen a sus padres para el funeral, no dejarán entrar a nadie.

El aire a su alrededor se vuelve diferente. Cargado de algo que no termina de identificar pero que tiene que ver con espacios pequeños entre paredes y brazos, con canciones en una sala de música vacía y con todo lo que los define.

— ¿A qué vino lo de Kid, Soul? —inquiere ella de repente, alzando la mirada para escrutar su rostro. Soul siente una gota de frío sudor recorrerle la parte trasera del cuello, y se lleva una mano allí disimuladamente para secarla.

—Yo sólo…—piensa, piensa— Sólo no quiero que vayan a lastimarte—cubre con rapidez—. Eres mi mejor amiga y, bueno, tu padre es un bastardo, no podría dejar que alguien te hiriera de esa forma otra vez.

Siente la oportunidad escaparse entre sus dedos como arena del desierto, pero se calla porque ya habrán otros momentos. Momentos cuando no la haya cagado en grande, cuando su corazón lata al ritmo cool que debe hacerlo, cuando no haya sudor frío ni grandes ojos verdes escrutando su alma y no sólo su rostro.


La oportunidad se presenta unas cuantas horas después, en casa

Están viendo TV, una vieja película de terror cuyo nombre no termina de grabarse en su memoria pero tiene que ver con niños y un pozo, y Maka tiene la cabeza sobre un cojín en sus piernas, semi-dormida. Desde esa perspectiva, puede apreciar el contorno y las facciones de su rostro, puede incluso, si se atreve un poco, sentir la suavidad de sus mejillas con las palmas de sus dedos.

Su inconsciencia le es confirmada cuando la respiración de la chica sobre él se vuelve más pesada, más lenta y acompasada en el cojín.

Entonces nota que si tiene una respuesta para su anterior pregunta.

—Es que te quiero, Maka—le susurra en el oído a la durmiente muchacha—. Te quiero tanto que la idea de otro chico llevándote al baile me hace querer destrozarlo. —le confiesa. Está realmente feliz de que Maka no pueda escucharlo, no cree que el alcalde de Ciudad Cool lo reciba una tercera vez.


— ¡Maka! —la alcanza un día en la biblioteca. Todos allí lo miran mal y los "¡shh!" no se hacen esperar. Estúpidos nerds, ¿qué se creen? ¿Que pueden callar al chico cool? Ya lo verán. Pero no ahora, necesita encontrar a Maka.

Y lo hace, pero la chica está hasta la sección más apartada de la puerta, casi completamente escondida por un par de gruesas pilas de libros. Como puede, el albino se abre un espacio para sentarse a su lado, y ella no se inmuta ni deja de leer por su presencia. Aunque sí se mueve a un lado para darle espacio, eso debe reconocerlo.

—Ey, Maka—susurra. Ella lo mira feo, con una mirada que grita "¡esto es una biblioteca, idiota!" pero la ignora porque lo que tiene que decirle es mucho más importante. —Necesito un favor.

Ella suspira, mira al cielo y cierra el libro. —Dispara, antes de que pierda la paciencia.

—Primero tienes que prometer que no me vas a golpear.

—Soul…

—Está bien, está bien. —Sólo por si a caso, le quita el libro del regazo. Sabe que tiene un millar más alrededor de ella, pero se contenta sólo con ese y respira hondo antes de empezar a hablar. —Tienes que ayudarme, estas tipas me vuelven loco, y no sé cómo hacerles entender que no quiero ir al baile con ninguna de ellas, no es cool.

Él sabe que ella estaría riéndose de él si no estuvieran en una biblioteca. Maka es cruel.

— ¿Y qué quieres que haga? —susurra sonriente, ay, cómo desea borrarle la sonrisa de la cara.

Él nunca ha sido bueno con las peticiones. Ni con las peticiones. Realmente, no es bueno en casi nada. Nunca hubiera esperado que de todos los lugares donde iba a confesarse a la única persona valiosa en toda su vida fuera la biblioteca.

Aunque, pensándolo bien, es un lugar muy Maka. Es lo último que cruza por su mente antes de estampar su boca contra la de ella, que había quedado entreabierta desde sus últimas palabras, casi esperando por ser atacada de esa forma. Maka no responde a su beso al principio, demasiado sorprendida para hacer nada que no sea mantener los ojos bien abiertos y preguntarse si no está soñando. En algún punto manda todo al diablo, decidiendo que si es un sueño, más vale disfrutarlo, y con la inexperiencia de quien nunca ha besado, le devuelve tímidamente el beso al albino.

Aún así, el contacto no dura mucho: pronto se ven obligados a separarse para buscar aire, y para verse sorprendidos el uno al otro.

— ¿Vas conmigo al baile? —pregunta él entre jadeos, manteniendo una mano en su mejilla, acariciando la piel sonrojada de su compañera de piso, que se mira las manos como si las viera por primera vez.

—Ese fue mi primer beso—susurra con voz ahogada, antes de voltear a verlo con pánico en los ojos. Oh, genial, Maka te odia, dice una voz en su cabeza. Ya debió saber que lo iba a estropear todo. Maka es demasiado cool para él, siempre lo ha sido. Especialmente después de su primera expulsión de Ciudad Cool.

Hace el amago de pararse, dispuesto a irse mientras su dignidad permanece intacta. Se ve impedido de hacerlo por una mano pequeña aferrando la manga de su chaqueta del uniforme. Una mano muy conocida. Vuelve a sentarse, y ella lo mira a los ojos antes de besarle otra vez: ahora sin timidez, queriendo explorar su boca como Indiana Jones en la cueva de la Calavera de Cristal. Que no se la lleven los aliens, por favor. Soul aferra la cintura de Maka como si de ello dependiera la vida entera, pero pronto sus brazos la rodean, pegándola contra sí, soltando un gruñido en la base de su garganta cuando ella se mueve de una manera no muy inocente contra él.

Se necesita de una de las manos de Maka jalando su cabello y la otra perdida bajo los botones de su camiseta para notar que quizás está yendo muy lejos. Ahora, Soul puede haber sido expulsado de Ciudad Cool un par de veces, pero no vivir allí no significa no respetar sus principios, así que, como buen ciudadano, se comporta cool y, sin rechazarla, le recuerda a Maka que ese es su santuario de nerds, es decir, librería (cuidado, los libros vuelan y se atascan en tu cráneo), y que tal vez no sea el lugar indicado para ponerse cariñosos.

— ¿Irás conmigo entonces? —se atreve a preguntar. Ella le da un beso corto en los labios y él lo toma como un sí. Después se van a casa y ven televisión por el resto de la noche, besándose a ratos, a veces haciendo más. No llegan muy lejos, no es cool apresurarse, y para Soul ella es tan preciosa que no quiere hacerle ni el más mínimo atisbo de daño. Mejor tomar las cosas con calma.


Él solo le ha dicho "te amo" a su madre un par de veces.

Decírselo a Maka es la cosa más difícil del mundo. No quiere espantarla, no sabe si ella sienta por él lo mismo, con la misma intensidad con que él lo siente por ella. Sabe que lo quiere, oh sí, vaya que lo quiere, pero Maka es una chica frágil y fuerte y endemoniadamente impredecible y ¿cómo se supone que él la lea cuando es un libro abierto y una bóveda acorazada al mismo tiempo?

Pero quiere que lo sepa. Quiere que la rubia sea partícipe de esos mismos sentimientos que lo ahogan y lo reviven, quiere que sepa que vino a Death City a esconderse, y que terminó siendo encontrado, que también encontró a alguien que le cambió el mundo.

Así que hace la cosa más odiosamente cursi que hay en toda la historia de las cosas cursis:

Se lo escribió en un papel.

Ey, de todos modos tenía que darle el arreglo floral como se llame, ése que se ponen las chicas en sus vestidos el día de la graduación, así que de una vez esconderlo allí, Maka no dice nada. Ella se pone un precioso vestido verde que hace resaltar sus enormes ojos, pero sobre todo, que evita que quite sus ojos de ella en toda la noche. Lo que es benéfico porque, realmente, ver a Kid tratando de bailar "simétricamente" con Crona (quien, créalo o no, es una chica), es la cosa más horrorosa del mundo y sus ojos no lo necesitan.

A él realmente no le gusta bailar, por lo que se abstiene de hacerlo la mayoría de la noche, contentándose con ver a Maka moverse al ritmo de esa cosa a la que ella le llama música y él llama pecado (comúnmente conocida como electrónica). No obstante, no invitó a Maka a bailar sólo para verla divertirse mientras él se amarga en una esquina, por lo que cuando –por fin- dejan atrás la horrorosa música electrónica, Soul la invita a bailar al sonido de "What a wonderful world" y ella acepta con un bonito sonrojo en su cara del que se abstiene de comentar, quién sabe si aún pueda esconder un libro bajo el vestido (más tarde se da cuenta de que sí lo puede, pero es por suerte el cráneo de Black*Star y no el suyo el afectado).

— ¿Soul? —lo llama ella en medio del baile. Su cabeza está apoyada en su pecho, y ninguna de las otras chicas que lo han hecho le ha brindado tanta satisfacción y paz como lo hace ella.

— ¿Qué quieres, comelibros?

—Yo también te amo. —la oye decir suavemente.

Él es el idiota con más suerte del mundo, se dice antes de besarla otra vez.


Notas finales: son las cuatro cuarenta de la mañana, ¿comentarios para la pobre desvelada?