Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Como están, amores? Capítulo rápido para ir avanzando con esta historia, qué les parece hasta ahora? Me lo dicen con un bonito comentario o review? Es mi alimento de cada día. No olviden dejar sus votos, follows y fauvorites, me hacen feliz de esa manera.

Por cierto, corregí dos errores (gracias por hacérmelo notar), primero que repetí al mismo personaje (suele suceder, sorry), y segundo Eren vive en un segundo piso, piso, no el quinto. Hasta la próxima.


Disclaimer: Los personajes no me pertenecen, son de Isayama Hajime.

Advertencias: Lenguaje vulgar, palabras altisonantes, contenido lime, un poco de sangre (why not?), eso, feels. Ya saben.


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"Es peligroso aquel que no tiene nada que perder".

Johann W. Goethe

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Reiner se rió estúpidamente mientras le susurraba cosas a Jason en el oído. Eran como las tres de la mañana y estaba harto de esos idiotas. Solo esperaba que no se pusieran calientes o algo como eso, pero claro era pedir demasiado. Porque apenas cerró los ojos los escuchó resoplando y gimiendo. Maldijo su suerte internamente y se puso los auriculares, lo que odiaba de su Ipod es que tenía solo tres temas tediosos, tediosos porque ya se había aburrido de escucharlos hasta el hartazgo.

Pero no modo, era mejor volver a escuchar esa porquería que la follada monumental que Reiner le estaba poniendo al otro, o al revés, no estaba seguro de a quien le tocaba esta vez. La verdad hacía mucho que no se acostaba con nadie, tal vez debería buscar a Farlan la próxima vez que saliera, si es que le quedaba un poco de tiempo… o a Eren.

Apenas se levantó una de las comisuras de sus labios, mientras la música le apuñalaba los tímpanos y la *cucheta de doble piso (*camarote, litera) de mala muerte donde dormía temblaba por toda la acción que tenían en "planta baja".

Ah, sí, Eren era lindo, tenía la piel trigueña naturalmente, al menos hasta donde había podido admirar, esos ojos brillantes y enormes que parecían las puertas abiertas al paraíso, una mandíbula fuerte al igual que su mirada, valiente, había tenido más huevos que varios para enfrentarlo y tratar de ponerlo en su lugar. Tal vez esa cualidad era la más sobresaliente de todas, y claro siempre estaba esa morbosidad de lo prohibido, de acercarse a un chico de cuna de oro, de alta alcurnia. Hasta el momento solo había tenido contacto con esa clase social para "encargos", la mayoría de políticos, bueno, incluso el grupo de su tío trabajaba para el alcalde de la ciudad.

Seguro tocar a Eren se debía sentir rico, siempre que caminaba entre ellos dejaba una estela de delicioso y costoso perfume. No era idiota, notaba las miradas que le echaba, que Eren seguramente creía que él no se daba cuenta. Pero Levi siempre había sido observador y detallista, no por nada le encargaban las tareas de investigación y seguimiento. Horas haciendo guardias bajo el sol, el frío, la lluvia, la nieve, para aprender las costumbres, las rutinas de "las presas" que luego serían atacadas, le habían pulido sus habilidades de observación.

Eren era suave como un malvavisco, respetuoso, con esa luz en la mirada de aquellos que no han pasado carencias o necesidades, con la piel nueva y reluciente. Notó que empezaba a excitarse de solo imaginárselo desnudo con las piernas abiertas y suplicando por un poco de su atención. Bufó tratando de sacar esas imágenes de su cabeza, no era momento para una paja, menos con los otros dos abajo follando. Encima el maldito sueño no se aparecía por ninguna parte, joder.

Bueno, no era una novedad que tuviera problemas para dormir, tenía muchas cosas dando vueltas en su cabeza, y muchas veces apenas cerraba los ojos tenía pesadillas espantosas ¿Cuánto llevaba en esa pocilga? ¿Un año? Y todavía le quedaban como tres, pero el abogado le había dicho que Kenny iba a sacarlo antes de pascuas, al parecer iban a necesitarlo en otra "misión". Solo cuando eso sucedía su tío parecía acordarse de que existía.

¿Cuántas veces había estado en prisión? ¿Tres? Luego tuvo varios arrestos por hacer un poco de desorden aquí o allí, nada memorable. Pero recuerda cuando tenía dieciocho recién cumplidos y lo sentenciaron a seis años, de los cuales solo cumplió cuatro antes de que lo sacaran para seguir "trabajando".

Cuando entró la primera vez estaba "sin estrenar", había tenido un par de revolcones con algunos prostitutas, y una o dos seudo relaciones medianamente estables, pero que para ser honesto no recordaba ni cómo eran los rostros de esas jovencitas. Pero cuando pisó la prisión notó la mirada hambrienta de varios, aunque intentaba no mostrarlo se sentía un poco amedrentado para ser honesto. Había escuchado todo tipo de historias respecto a estar encerrado de sus propios compatriotas, y ninguna buena.

Fue cuando conoció a "El Toro", un tipo fornido, algo peludo y enorme que "lo escogió" a los pocos días de ingresar. Al menos agradecía que el hombre lo hubiera buscado para charlar antes de que las cosas sucedieran.

"—Escucha chico, aquí eres carne fresca, ¿la captas? Me gustas, eres totalmente mi tipo —Levi recuerda que lo escuchaba sin inmutarse, sin decir absolutamente nada, mientras temblaba por dentro—. Te la voy a hacer sencilla, o te quedas conmigo, o te van a agarrar los demás y será como cuando lanzas un pedazo de pollo a un lago con pirañas, ¿la captas? No te van a dejar ni los huesos.

Recuerda que sudaba frío al escuchar a este hombre descomunal, mientras su cerebro procesaba la mejor forma de sobrevivir en ese lugar.

—Conmigo vas a tener protección, nadie te va a tocar, vas a tener cigarros, un poco de *merca, y más que nada algo que muchos no tienen aquí, tranquilidad para dormir.

—¿Y cuál es el precio? —largó cortando el rollo y yendo directo al grano.

—Mira, ya te lo dije, me gustas, chico, jóvenes, blanquitos, lindos de mirar. Tenemos sexo de tanto en tanto, no me gusta forzar a nadie, no es mi estilo, yo quiero pasarla bien y haré lo mismo contigo, necesito fidelidad ante todo, tú serás mis ojos y mis oídos ahí donde yo no esté, y así más o menos va la cosa, ¿la captas? —el joven asintió—. ¿Entonces qué dices? ¿Te quedas conmigo o no? No es por presionarte ni nada, pero soy tu mejor opción, seguramente en estos días has escuchado sobre mí. Aquí me gané respeto, estatus, ya sabes.

Levi era inteligente, sabía que podía encontrarse con una situación así. Lo que decía El Toro era cierto, nadie se metía con él en ese sector del penal, y andar desprotegido en ese lugar no era joda. Si no aceptaba ya sabía lo que se le venía encima, golpes, violaciones, comida infectada, cortadas, incluso lo podían matar. Entregar el culo por preservar su vida no era la gran cosa.

—No me gustan los hombres —le dijo mirándolo directo a los ojos—, pero tampoco tengo ganas de meterme en peleas aquí. Si hago buena conducta puedo salir antes, así que… está bien, Toro, acepto tu propuesta, seré tu puta.

El hombre comenzó a reír ruidosamente, sonriendo tanto que se le veía la falta de uno de sus premolares.

—Buena elección, cachorro. Pero no lo digas de esa manera, suena como si fuera horrible, te diré que no lo es. Ya que voy a ser tu primer hombre, prometo que te haré gozar bien rico, te va a terminar gustando, ya verás.

Levi no le creyó una sola palabra, de hecho ese día se estuvo preparando mentalmente para afrontar la noche que se le avecinaba. Michael, su compañero de celda en ese momento le habló antes de que se fuera a la celda de El Toro.

Por las noches los guardias dejaban algunas celdas abiertas, siempre que los pagos estuvieran al día.

—Oye, toma —el hombre le dio una botella de vodka que había conseguido hacía un tiempo—. No te lo estoy regalando, ¿eh? Me la vas a devolver cuando estés mejor con ese monstruo. Pero bueno, me apiado de ti, la vas a necesitar.

Levi cabeceó aceptando el gesto y la destapó para empezar a vaciarla de inmediato. Aunque sabía que no iba a caer borracho con tan poca cosa, pero necesitaba anestesiarse un poco. Se dio un baño y se fue a esa celda asquerosa. Contrario a lo que esperaba fue una experiencia bastante satisfactoria. El Toro era cuidadoso, paciente, y estaba muy entregado a su rol de experimentado, por lo que le enseñó adecuadamente todo lo necesario para que dos hombres pudieran tener sexo y disfrutarlo.

Para Levi follar era un trámite, si se sentía caliente iba y se descargaba, y con seguridad no hubiera buscado a otro hombre para hacerlo. Sin embargo esta nueva etapa de su vida le estaba abriendo los ojos en otros sentidos.

Pronto se acostumbró a tener relaciones casi a diario con El Toro. La pasaba cada vez mejor, e incluso un par de veces fue él mismo el que buscó su compañía, a cambio recibió protección constante, buena comida, abrigo, llamadas, cigarros, alcohol, incluso le enseñó muchísimas mañas para abrir candados, rejas, cerrojos, consejos para no ser detectado.

Levi era el perro amaestrado de ese hombre. Era sigiloso y callado, le conseguía información valiosa, le colaboraba en las peleas (adonde aprendió muchas maneras de usar su propia fuerza para defenderse), le daba avisos. Era una relación donde ambos recibían un beneficio del otro. Fue también la época en que conoció a Farlan.

El rubio era un chico que habían apresado porque lo dejaron como chivo expiatorio de un paquete de cocaína de dos kilos que encontraron en la casa de un político. Farlan se vendía por las noches, pero se movía en un ámbito acaudalado, no consumía y jamás se imaginó quedar pegado en algo así. Al Toro le gustó de inmediato, rubio, de ojos celestes, rasgos bonitos, enseguida puso sus manos en él. Levi sabía que le gustaban más jóvenes y después de todo él ya estaba hacía rato, se imaginaba que tarde o temprano otro ocuparía su lugar.

Se encargó de hablar con Farlan y hacerle entender su posición en ese lugar. El muchacho lloraba por lo injusto de todo, pero terminó cediendo. El Toro hizo que ambos compartieran celda para que Levi lo vigilara y lo protegiera de otros si él estaba ocupado. Hicieron buenas migas ante la convivencia un tanto forzada y porque los dos tenían algo en común: estaban solos en la vida.

Levi tenía a su tío, pero si no era porque lo necesitaba para algún atraco, ni se molestaba en tenerlo en cuenta. Su madre había muerto siendo niño y ese hombre se había hecho cargo, en parte, de su crianza, pero nunca había habido un trato familiar, era más bien como un empleado "especial" del viejo, eso era todo. Aunque admitía que dentro del penal cada tanto recibía refuerzos de dinero, cigarros y víveres que le pasaban con los guardias, pero nunca lo había visitado.

Lo mismo Farlan, era huérfano de nacimiento, y se había criado en las calles prácticamente. Lo acogieron unas prostitutas de un burdel de mala muerte y de trabajar sirviendo cerveza y limpiando los baños y los vómitos en el piso, la regenta le ofreció que se vendiera. Desde entonces iría peregrinando de burdel en burdel hasta que decidió hacer su propio negocio luego de enganchar a un político de mucha influencia. Su "suggar daddy" le mantenía con todos sus gustos y caprichos, lo ofrecía a sus amigos del poder, y en una de esas fiestas negras había quedado pegado con todo el asunto.

Farlan necesitaba ayuda y Levi parecía ser el único dispuesto a contarle como eran las cosas en verdad. No tenía otras opciones, no conocía mucho del mundo de las cárceles, ni del hampa. Levi no era de andar ayudando gente porque sí, pero de cierta manera el chico le caía bien, verlo tan desprotegido y vulnerable, tocó alguna fibra íntima en él y decidió ayudarlo. También le gustaba su cuerpo, no iba a mentir, Farlan tenía cierta seducción innata que se desprendía de su aura.

Fue el mismo Levi quien le sugirió a El Toro que sería mejor tener a dos jóvenes a su disposición al momento del sexo. Y el hombre accedió sin pensarlo. Al cabo de un tiempo Farlan se le confesó al más bajo, pero decidieron mantener usa relación en secreto.

En año y medio Levi ya estaba afuera, y desde allí ayudó a Farlan a salir. Se lo trajo con él, al equipo de su tío, que al principio no estaba muy seguro, pero Levi le enseñó al rubio a usar sus virtudes para conseguirles información desde dentro de algunas organizaciones. Lo volvió un experto en armas y cuchillos, lo cobijó y lo formó, y para Farlan él lo era todo.

Participaron en numerosos atracos hasta que el rubio comenzó a venderse de nuevo y eso trajo problemas entre ellos. Farlan quería su independencia y a Levi no le gustaba compartirlo, de manera que decidieron separarse definitivamente. Sin embargo no tardaron en reanudar encuentros esporádicos de tanto en tanto, y así se mantuvieron por muchos años. Cada vez que alguno podía ayudar al otro lo hacían sin pensarlo."

Esperó unos minutos una vez que la cama dejó de moverse, y al fin pudo apagar la música. Se giró para ver a Reiner higienizándose, suspiró. No veía las horas de salir de ese infierno. Al menos tenía las salidas que le facilitaban los guardias para ir a hacer "trabajitos menores" una o dos veces al mes. Mientras cumpliera los encargos estaría bien. Tal vez debería ir a visitar a Farlan la próxima.

—X—X—X—X—

Eren se había quedado hasta tarde terminando un informe pedagógico porque estaba colaborando en un proyecto del colegio donde trabajaba junto a otros dos docentes para el área de bellas artes. Se estiró haciendo tronar sus huesos y se puso de pie. Decidió terminarlo al día siguiente porque ya no daba más de sueño.

Cerró todo, apagó las luces y se fue a acostar. Dejó prendido el televisor de su habitación, como hacía siempre, programado para que se apague en una hora, y se desplomó entre las colchas.

No supo cuánto tiempo pasó pero se despertó al escuchar unos ruidos extraños provenir del living. Normalmente tenía un sueño bastante liviano. Todo estaba en penumbras para entonces. Era un ruido extraño, como de rasguños o algo así. Se sentó un poco adormilado, pero se despabiló completamente cuando escuchó la mampara que daba a su balcón abrirse.

Se puso en pie de inmediato y salió hasta el pasillo, con el corazón latiendo a todo dar. No podía poner en orden sus pensamientos, solo avanzó hacia el living para ver una figura oscura escabulléndose dentro.

—¡MIERDA! —fue lo único que le salió al ver cómo la misma ágilmente corría hasta él y lo apretaba contra la pared, una mano sobre su boca y algún tipo de arma sobre su abdomen.

—Calla —fue la orden que recibió, de una voz grave y potente.

En segundos tenía a su corazón a punto de estallarle en el pecho, no sabía qué hacer, ni cómo reaccionar. Nunca en toda su vida le habían entrado a robar o lo habían atacado, mucho menos en su departamento, y considerando que vivía en un segundo piso, tampoco tuvo que preocuparse antes por la seguridad, primero porque se suponía que había cámaras dentro del edificio, y segundo porque estaba en un segundo piso. Se quedó todo lo quieto que podía, temblando debajo del delincuente.

—Te voy a soltar, pero te quedas quieto, Eren. No voy a hacerte daño a menos que me obligues.

Momento. Esa voz sonaba bastante familiar. La sombra se alejó, mientras el profesor daba bocanadas por los nervios tratando de respirar y no desmayarse.

—¿Qui-quién e-eres? —apenas pudo pronunciar.

—Prende la luz —le ordenó de nuevo el hombre.

Cuando pudo encontrar la fuerza suficiente para no venirse abajo, caminó entre temblequeos muy lento hasta el interruptor para activarlo.

—¡Ah! ¡JODER!

—No grites dije —pidió Levi guardando la navaja entre sus prendas.

Eren tenía los ojos que se le salían de sus cuencas, no sabía si sentirse aliviado o más asustado. Era su alumno, Levi, el recluso, de cuerpo presente en el living de su departamento.

—No te alegres tanto —soltó sarcásticamente—, no voy a quedarme mucho, necesito vendas, alcohol y algo para cocer, ¿tienes?

El de ojos verdes no podía articular palabra, su cuerpo seguía temblando intermitentemente.

—Te puedo explicar todo lo que quieras, pero tengo un pequeño agujero aquí, ¿ves? —dijo levantando su campera negra y mostrando una profunda cortada, aunque no muy larga sobre el abdomen de donde brotaban gotas de sangre—. Preferiría cerrarlo y luego si, charlamos todo lo que quieras ¿Tienes un botiquín siquiera?

—Ah, eh, mmm, e-en el b-baño —Eren reaccionó y se dirigió al pasillo para prender la luz del baño y buscar en el mueble debajo del lavamanos.

Levi entró muy tranquilo, casi como si fuera su casa, se desnudó el torso y tomó la toalla de mano para presionar sobre la herida.

—¿Tienes pegamento? Ese de contacto —le explicó.

—No s-sé, creo, creo que sssí…

Eren fue a buscar el mismo mientras el reo se higienizaba y miraba dentro del botiquín aquellas cosas que podían servirle. Encontró un calmante para el dolor y de tragó dos pastillas en seco. Separó las vendas que había, no eran muchas pero tendría que arreglarse.

—Tengo éstos —dijo Eren ofreciéndole unos cuatro diferentes. Levi los miró y eligió el de tapa negra.

Con bastante experiencia lo abrió, puso un poco en un costado del lavamanos, lo cerró y luego con la herida limpiase lo aplicó lo mejor que pudo apretando la piel para que se mantuviera cerrada.

—¿No d-debería verte un do-doctor?

—Na, no es para tanto, no tocó nada adentro, es apenas por afuera. Ya se pegará y listo —luego miró alrededor—. Lindo lugar te conseguiste, de haberlo sabido hubiera estudiado para profesor.

—¿Qué sucedió? —preguntó Eren más repuesto y guardando cierta distancia.

—¿Mmm? Oh, claro. Bueno, de tanto en tanto a los que somos buenos para hacer trabajitos nos dejan salir. No siempre las cosas salen bien, como verás —explicó cabeceando hacia su herida.

Eren lo miraba petrificado, entre asustado, sorprendido, con miedo. Se fijó el reguero de gotas de sangre por el baño.

—Lo siento, hice un poco de desorden, no era la idea caer así a tu casa, pero estaba lejos del penal y definitivamente no puedo ir a un Hospital, se removería el avispero. Solo arreglaré esto y me iré.

—Es… ¿escapaste? —preguntó en voz baja como si alguien fuera a oírlos.

Levi se pasó la lengua por los dientes del frente como sopesando las palabras a elegir.

—No. Me liberan de tanto en tanto, tengo trabajo, igual que tú, pero diferente. Tú me entiendes.

—No, la verdad, no.

—Mientras menos sepas mejor, profe —soltó Levi un poco más confiado—. Bueno, parece que esta mierda sirve —comentó mirando su herida y luego procedió a colocarse las vendas encima.

—Debería verte un médico.

—Mañana iré a la enfermería del penal. Gracias por preocuparte, cariño.

Eren hizo un paso atrás y Levi largó una carcajada seca.

—Tranquilo, conejito, no voy a hacerte nada, solo vine por un poco de ayuda, favor por favor, ¿recuerdas?

—¡Eras tú! Tú mandaste esas cosas aquí.

—Tus cosas, querrás decir. Sí, los que te saquearon eran del clan afortunadamente. Igual, no vuelvas a dejar tu auto al fondo de ese estacionamiento. Aunque no creo que toquen tu auto de nuevo, ya les avisé.

—¿Por qué no me lo dijiste antes?

—No me gusta hacer publicidad de mis actos de caridad, lo siento. Bueno, hora de irme, ya voy tarde ¿Tienes un buzo con capucha que puedas prestarme? No tengo ganas de andar haciendo piruetas cual hombre araña para descolgarme de tu balcón, ya bastante difícil fue llegar, y hay cámaras en este jodido edificio. Y también unos lentes de sol, gracias.

Eren se quedó mirándolo un rato antes de poder reaccionar.

—¿Qué? ¿Quieres sacarme una foto, cariño?

—Ya, ya vengo.

Velozmente corrió hasta su habitación para buscar lo solicitado, ni él sabía qué estaba haciendo, esta situación era desopilante. Cuando se giró con la prenda en la mano, Levi ya estaba dentro del recinto, lo que hizo que diera un pequeño salto atrás asustado.

—Sí que e-eres sigiloso —largó el docente un poco asustado de nuevo.

—Si no lo fuera no me dedicaría a esto, cariño. Dame eso —dijo tomando la ropa y colocándosela.

—Oh, huele bien. Prometo devolvértela cuanto antes. Las que quedaron en el baño solo tíralas, y disculpa que dejé el reguero de sangre, juro que no fue a propósito ¿Anteojos de sol?

Eren se movió hasta un mueble que tenía un espejo arriba y revolvió los cajones hasta sacar unos.

—Ray-ban, cool. Bueno, ese fue todo el show de la noche, será hasta la próxima —dijo el hombre mientras se giraba con dirección a la puerta.

Eren lo siguió con pasos temblorosos. Levi abrió la misma, antes de irse volvió sobre sus pasos y se acercó a Eren casi acorralándolo contra la pared. El docente lo miraba con los ojos bien abiertos.

—¿Un beso de buenas noches? —Eren no dijo nada, por lo que avanzó más y tiró con su mano por detrás de su cuello para acercar sus bocas.

Lejos de lo que el de ojos verdes hubiera pensado, Levi lo besó suavemente para luego semi sonreírle coquetamente.

—Adiós, profe, nos vemos en clase.

Se fue sin decir más. Eren puso de inmediato la llave y el cerrojo antes de deslizas su trasero hasta el suelo y respirar aliviado, ¿qué había sido todo eso?

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By Luna de Acero.