Capitulo 2: Reunidos y enfrentados
PREPARAOS. Este va a ser uno de los capítulos más largos que haya escrito nunca. Generalmente los corto cuando veo que van a ir para largo. Pero en este caso, no me queda más remedio que tirar para adelante. Ya veremos que tal…
La noticia cayó sobre Dutch y el resto de la tripulación del Black Lagoon como una piedra en el agua, interrumpiendo cualquier otro pensamiento que pudieran haber estado teniendo, mientras asimilaban las palabras de Rock.
Ese tal Mokuro, ese hermano gemelo que Rock parecía tener, y del cual no habían sabido nada hasta entonces… ¿había intentado asesinar a su propio hermano? El fratricidio, aunque no era del todo desconocido en Roanapur, siempre era un tema delicado de tratar. Matar a un desconocido era una cosa. A un conocido, otra muy distinta. Incluso matar a un amigo se podía justificar con excusas como los negocios, la ambición, o asuntos del amor. Pero matar a un hermano, a alguien de la familia,… Algo muy gordo tenía que pasar para que se llegara a eso.
Benny y Dutch se quedaron conmocionados al enterarse de la noticia, incapaces de creerse que alguien con el mismo aspecto que Rock, alguien quien, si bien a veces se ponía en plan oscuro y podía llegar a ser muy retorcido, era un pacifista que estaba en contra de la violencia, pudiera llegar a matar a alguien, y aun menos a un hermano. Revy se sorprendió, pero no tanto como el resto. De donde venia, había aprendido a no confiar mucho en la gente, y menos en aquellos que hacían llamarse "familia". Así, era más fácil dispararles cuando te apuñalaban por la espalda a traición.
Rock rellenó su vaso, mientras Reiko miraba con aire triste a su hermano.
-Fue una noche, hace ya diez años- empezó a decir Rock.- Mi hermano y yo compartíamos habitación en aquel entonces. De hecho, lo compartíamos todo. A pesar de lo mucho que nos parecíamos, éramos bastante diferentes el uno del otro. El siempre fue el extrovertido, el que no tenía miedo de ir a sitios, y hacer cosas, mientras yo siempre prefería quedarme atrás, callado. Aun así, nos llevábamos bien. Cuando uno tenía un problema, el otro salía en su defensa. Si uno necesitaba un favor, el otro se plantaba allí dispuesto a ayudar. Nos queríamos mucho. Al menos, yo a él…- Rock vació su copa de un viaje, tratando de tragarse los sentimientos que aquellos recuerdos estaban haciendo brotar de su ser. Una vez acabó, se sirvió otra-. En fin, como iba diciendo, Mokuro y yo nos habíamos ido a dormir, como cada noche, y recuerdo que me costó un poco conciliar el sueño. Me revolví en la cama, soñando cosas extrañas y perturbadoras que ya he conseguido olvidar. Sin embargo, nunca olvidare la sensación de dolor y angustia que me hicieron sentir. Cuando desperté, esperaba que esas sensaciones desaparecieran, pero se vinieron conmigo, porque no desaparecieron. Cuando abrí los ojos, vi a mi hermano sentado sobre mí, agarrándome fuertemente con sus manos por el cuello, mientras me miraba fijamente con sus dos ojos muy abiertos, y riendo como un loco mientras me estrangulaba. Traté de liberarme, pero él era más fuerte que yo, y pude sentir como la vida me iba abandonando poco a poco, con mis pulmones ardiendo y mi cabeza a punto de estallar. Recuerdo que vi a mi hermano reírse y llorar a la vez, pero no le preste mucha importancia. Después de todo, me estaba muriendo.- Mientras Rock hablaba, el resto de gente que bebía en el bar en ese momento se dedicaba a escuchar, habiendo empezado por pura curiosidad, y ahora enganchados al hilo de los acontecimientos. A parte del joven japonés, nadie más hablaba en aquel lugar, temerosos de perderse el final de aquella historia. Incluso Bao había dejado de fregar vasos para poder centrarse en la historia.- Por suerte, gracias a que había estado revolviéndome como un loco, tiré varias cosas de la habitación al suelo: libros, estanterías, y la lámpara de la mesilla de noche. Con mis últimas fuerzas, cogí aquella lámpara, y se la estampe en la cabeza con fuerza.- Algunos de los oyentes exclamaron emocionados al oír aquella parte. ¡Así se hace! Rápidamente, fueron silenciados con los chistidos del resto de sus compañeros, que no querían que interrumpieran el final de la historia-. El golpe lanzó a mi hermano a un lado, mientras yo boqueaba y trataba de respirar de nuevo. Mokuro y yo nos miramos a los ojos, y vi sorpresa en ellos, como si ni el mismo se creyera lo que acababa de hacer. Pareció que iba a decir algo, pero oímos el sonido de pasos dirigiéndose hacia allí por el pasillo, y cuando quise centrar de nuevo mi atención en mi hermano, este había huido, saltando por la ventana de nuestra habitación. Le vi marcharse, corriendo en pijama por las calles, adentrándose en la oscuridad. Para cuando mi padre llegó a la habitación, Mokuro ya se había ido.- Rock encendió un cigarrillo, aspirando y soltando el humo con aire melancólico-. Y esa fue la última vez que le vi. De vez en cuando, nos llegaban noticias de sus andanzas, o más comúnmente, de los crímenes que cometía. Sobre todo nos llegaban noticias de sus…- entonces, Rock fue consciente de su alrededor. La mayoría de los presentes en el bar habían ido acercándose para oír mejor, rodeando al joven, que no se había dado cuenta de su presencia hasta aquel momento, inmerso como estaba en sus recuerdos. Rey se giró, y se llevó una sorpresa al verse rodeada por aquellas personas, que ofrecieron sus excusas y volvieron a sus asuntos cuando la pistolera les dedicó una mirada asesina, llevándose una mano hacia uno de sus pistolas. Cuando volvieron a estar solos, Rock volvió a lo que estaba diciendo-…sus masacres. Lo veíamos en las noticias, o escuchábamos los rumores. Gente destrozada en callejones, policías muertos en sus coches patrulla, mafiosos y pandilleros masacrados en sus locales,… Todos con la marca inequívoca de mi hermano: el miedo. No se limitó a matar a aquellas personas, lo hizo divirtiéndose, experimentando con ellas para ver cuánto dolor y miedo les podía meter en el cuerpo antes de romperlos. Al final, oímos el rumor de que había empezado un viaje por el mundo, y ahí le perdimos la pista…hasta hoy.
Reiko tomó el mando de la conversación. Había llegado la hora de contarles lo que pasó aquel día de hacia ya cinco meses.
Hace cinco meses, en un almacén abandonado
Reiko se adentró en el interior de aquel oscuro y húmedo lugar. Había recibido un mensaje de nada más y nada menos que de Mokuro, su hermano perdido, que la había citado en aquel lugar para hablar con ella de un asunto importante. Después de haber leído aquel mensaje, cogió una pistola, y guardándosela en la chaqueta, había subido a un taxi con destino el punto de reunión. Toda precaución era poca. Se trataba de su hermano, si, pero ella no olvidaba que si se había ido había sido por intentar matar a su otro hermano, Rokuro, y ella sabía lo que Mokuro había hecho. Lo que le podía llegar a hacer. El taxi la dejo en una zona industrial desértica, plagada de varias naves industriales abandonadas. Enfrente suyo, un alto almacén de tres pisos destacaba por encima de los demás en un aspecto: era el que estaba en peores condiciones.
Tragando saliva, se armó de valor, y se adentró en el interior del almacén. Las luces estaban apagadas, y la única luz que entraba en aquel lugar era la luz de la puerta, de manera que sacó una linterna de su bolsillo, y se dirigió a los pisos superiores.
Las escaleras estaban viejas y amenazaban con caerse a cachos. Las paredes de aquel lugar estaban todas desconchadas y llenas de grafitis y otras pintadas. El suelo estaba lleno de escombros, polvo y desperdicios, con algunas ratas que corrieron espantadas cuando el haz de luz las iluminó. Reiko llegó al segundo piso del almacén, completamente a oscuras salvo por la luz de su linterna. Las ventanas habían sido tapiadas y apenas dejaban pasar algún rayo de luz por los pequeños agujeros que se habían formado con el paso del tiempo. La bota de Reiko topó con algo de cristal, y bajando la mirada, la joven alumbró los restos de una botella de ron vacía. Reiko la examinó. Aun quedaban restos dentro. Fuera quien fuera el que se la había bebido, no hacía mucho que lo había hecho.
Continuó hacia adelante.
A medida que avanzaba, fue encontrando cada vez mas y mas botellas, hasta que su luz iluminó el lateral de un gastado sofá. Sentado en el, bebiendo en silencio, se encontraba aquel que la había citado.
Aunque hacia diez años que no le veía, reconoció su cara como la de Rock. Sus ojos, apagados y entrecerrados por la repentina luz, eran de color amarillo dorado, de manera que se trataba de Mokuro. Su pelo estaba muy corto, como si hubiera estado creciendo desde hacía poco, y su barbilla presentaba una barba descuidada de por lo menos varias semanas. Vestía unos tejanos muy gastados junto con una camiseta negra de un grupo de heavy metal que la joven no reconoció en aquel momento, manchada con algo que la joven no llegó a ver con claridad. Estaba descalzo.
-(Japonés) Vaya, vaya, vaya. ¡Pero si es mi hermanita pequeña! Hay que ver cuánto has crecido…- dijo secamente Mokuro, con una voz rasposa que denotaba que debía llevar mucho tiempo bebiendo mucho, y durmiendo poco. Le dedicó a Reiko una de sus características sonrisas dentadas, una que parecía decir tanto que se alegraba de verla, como que se moría por abrirla en canal y verle las entrañas. Reiko suspiró. Había cosas que nunca cambiaban.
-(Japonés) Estas echo mierda, hermano- fue lo primero que Reiko le dijo después de todos aquellos años sin verse. Mokuro se rió. Verdaderamente, había cosas que nunca cambiaban.
-¡Vaya, me alegro de que lo hayas notado! He tenido que currármelo mucho, pero dentro de poco podré cumplir el sueño de mi vida: ser un vagabundo borracho que vive en un vertedero- Reiko alumbró al suelo bajo sus pies. Alrededor del sofá, un centenar de botellas vacías ocupaban toda el área donde alcanzaba el haz de la linterna. Mokuro se puso en pie-. Por ahora, me tengo que conformar con ser un vagabundo borracho que vive en un almacén, pero por algo hay que empezar, ¿no?
-Realmente sabes vivir a lo grande, ¿eh?- bromeó Reiko. Los dos hermanos rieron contentos, y se fundieron en un abrazo. A pesar del miedo que podía dar Mokuro, era su hermano, y lo quería con sinceridad. Puede que ella no lo supiera, pero su hermano también la quería mucho. Al final, Mokuro rompió el abrazo.
-Bueno, dejémoslo, antes de que empieces a oler a rancio tu también. Por si no te has fijado, aquí no tenemos duchas- dijo Mokuro guiñándole un ojo, y dándose la vuelta. Reiko tenía que reconocer que su hermano no olía a rosas precisamente. Miró al joven mientras este cogía una bolsa y empezaba a guardar botellas en su interior ¿Cuándo tiempo hacia que había estado allí metido?
-Oye… ¿has…, te has enterado de lo de…Rokuro?- La pregunta hizo que Mokuro dejara lo que estaba haciendo. Cerró el puño con fuerza.
-…si… Me he enterado…- Cogió otra botella, y se dedicó a examinar su reflejo en ella, iluminada por la luz de Reiko. Esa cara. La misma que la de su hermano. La misma que no volvería a ver más que en los espejos. La botella se rompió en su mano, cerrada en un puño con fuerza, mientras los cristales se le clavaban en la carne y le hacían sangrar.
Reiko dio un paso atrás, sin saber bien qué hacer si su hermano se descontrolaba. Había presenciado demasiadas veces lo que pasaba cuando su hermano perdía el control. Poco a poco, se llevó una mano hacia su bolsillo, donde descansaba oculta su arma.
-Y créeme, los responsables lo pagaran- continuó diciendo, moviéndose hacia una de las paredes, donde se encontraba un viejo cuadro de mandos. Mokuro pulsó un botón-. De eso me encargare yo en persona.
Poco a poco, las luces del almacén empezaron a parpadear y a encenderse, con su luz atenuada por el polvo y las telarañas que tapaban las bombillas. La repentina luz cegó momentáneamente a Reiko, quien se frotó los ojos antes de poder abrirlos. Lo que vio la horrorizó tanto, que su grito quedó reducido a un ahogado jadeo.
Por todas partes, montañas de cadáveres se amontonaban por los rincones de la planta. Varias mesas, rodeadas por mesillas con ruedas, tenían cuerpos que habían sido encadenados a ellas, y luego cortados y despedazados por las herramientas situadas en las mesillas, mientras la sangre se secaba en sus relucientes superficies, brillando bajo la luz de los focos. Del techo, varios cuerpos colgaban atados por las manos o los pies, abiertos en canal y vaciados como truchas, algunos con sus miembros sueltos extirpados. Reiko vio que las manchas de la camiseta de su hermano eran de sangre seca, y que sus manos presentaban marcas de cortes y restos de sangre. Mokuro se dirigió a una de las paredes, donde varios cuerpos colgaban de la pared atados con cadenas, algunos con sus tripas expuestas, y otros del revés, con la ropa y el suelo debajo de ellos llenos de restos de sangre. Junto a ellos, había un viejo armario de madera. Mokuro lo abrió, revelando varias botellas de alcohol muy variadas, junto con varios bates de beisbol llenos de sangre y marcas. Cogiendo una botella, Mokuro cerró el armario, y volvió a sentarse en el sofá, bajo la atenta y horrorizada mirada de su hermana.
-Mokuro… ¿Qué has hecho…?- La voz de Reiko apenas sonó como un susurro, mientras se cubría la boca con una mano, tratando de no vomitar ante la visión de aquel horror provocado por su hermano. Este, se limitó a abrir la botella, y le dio un largo trago.
-He intentado ser algo que no soy, Reiko- dijo, aparentemente ajeno a la pregunta que la joven había formulado-. Estos años, después de viajar por todo el mundo, y de matar a tanta gente. Siempre os tuve presente, a Rokuro y a ti- dijo mirando a su hermana con ternura. Para variar, su rostro expresaba sinceridad y arrepentimiento, como un pecador dentro de un confesionario, mientras le contaba todos sus secretos a un cura. Las lágrimas empezaron a brotar de sus ojos, mientras lo sacaba todo de dentro, animado por el alcohol-. Traté…traté de ser bueno. Intenté no hacerle daño a nadie, pero no funcionó. Es mi naturaleza, no sé hacer otra cosa.- Se limpió la nariz, antes de que goteara-. Luego, traté de hacerle daño solo a los malos. Ya sabes, si no podía dejar de matar y torturar, al menos hacérselo a quien se lo mereciera. ¿Pero quién era yo para hacerles pagar por sus crímenes? ¿Acaso no era yo peor que todos juntos? Ellos mataban por dinero, por poder, por su gente,… Yo lo hacía por mí, porque si, porque me gustaba,… ¿En qué me convierte eso? Hasta los animales más sanguinarios matan por comer. Yo también lo hago. ¿Acaso soy un animal, un monstruo? ¡No se qué demonios soy!- Reiko observó en silencio como su hermano se deshacía en pedazos, lanzando aquella confesión interna a su hermana, después de todos aquellos años. Mokuro continuó con sus desvaríos, alzando la vista-. Traté de buscar ayuda, ¿y sabes que obtuve? Me acabé pasando los últimos dos años encerrado en un manicomio ruso. Si, si, en Rusia. Encerrado y encadenado como un animal, me drogaron y me golpearon hasta que consiguieron encerrar mi mente en mi maltrecho cuerpo. Pero escapé. No se puede encerrar el mal por siempre. Y ahora, tengo una meta que cumplir- dijo decididamente, cesando su llanto y levantándose orgulloso, con la botella en alto.
-Voy a buscar a los responsables de la muerte de nuestro hermano, y los mataré- dijo acercándose a Reiko, con una mirada desquiciada en el rostro. Reiko sintió miedo. Fuera lo que fuera lo que pasara dentro de la cabeza de su hermano, estaba claro que no era nada bueno. -¡Voy a arrasar todo Japón hasta encontrarles!- Mokuro arrojo la botella con sus fuerzas, chocando contra la pared y salpicándolo todo de alcohol-. ¡Y cuando los encuentre, destruiré todo lo que les es querido, hasta que solo queden ellos! Y entonces, los matare, y sentirán lo mismo que hicieron sentir a nuestro hermano- Mokuro empezó a temblar, a medida que una risa de pura locura empezó a brotar de su garganta, hasta que sus desquiciadas carcajadas rebotaron por cada rincón de aquel lugar. Reiko agarró a su hermano por la camisa, tratando de llegar a él.
-¡Hermano, eso es una locura! ¿Acaso crees que destrozar todo a tu paso es lo que hubiera querido Rokuro?- Mokuro dejo de reír, mirando duramente a su hermana.
-Nuestro hermano esta muerto- y la dureza de sus palabras se clavó en Reiko, que sintió como le llegaba el turno a ella de llorar.- Fuera lo que fuera lo que él hubiera querido, ya nunca lo sabremos.- Mokuro se soltó del agarre de su hermana, y le dio la espalda.
-Te he hecho venir para proponerte que me ayudares en esta empresa. Juntos, vengaremos a Rokuro- dijo Mokuro mirando a los ojos a Reiko. Esta, parando de llorar, miro decidida a su hermano, y negó con la cabeza.
-No. Esto no es lo que nuestro hermano hubiera querido. Si ese es el camino que deseas seguir, está bien, no puedo impedírtelo. Sin embargo, que sepas que yo seguiré mi propio camino. Averiguare la verdad sobre la muerte de Rokuro- y con estas palabras, Reiko empezó su camino de regreso.
-En ese caso, te deseo buena suerte.-Cuando Reiko llegó a las escaleras, oyó la voz de su hermano llamándola-. Un último consejo: ándate con cuidado. Voy a dar caza a esos desgraciados, y no quisiera pillarte en medio. Va a ser una carnicería como Japón no ha vivido antes- Mokuro sonrió, su sonrisa previendo el derramamiento de sangre y la muerte que seguirían a los próximos días-, al estilo Mokuro Okajima.
Reiko abandonó el almacén a paso ligero. Le hubiera gustado poder decir que su hermano había cambiado. Pero no.
Seguía siendo el mismo de siempre.
De vuelta en Roanapur, el "Yellow Flag"
-…no volví a verle. El almacén donde hablamos se quemó, víctima de un incendio provocado. Los cuerpos que había dentro se quemaron hasta quedar irreconocibles- continuó diciendo Reiko, mientras la tripulación del Black Lagoon escuchaba en silencio. Benny estaba horrorizado, incapaz de creer que todo aquello fuera verdad ¿En serio que ese loco psicótico era hermano de Rock?- Desde entonces, muchas cosas han cambiado en Japón, Rock. La empresa Asahi Heavy Industrial, para la cual trabajabas, está al borde de la quiebra, todo gracias a Mokuro. Sus sucursales en Japón han sido arrasadas, algunas incluso demolidas. Los almacenes han sido destruidos, las cuentas han sido vaciadas, y casi todos sus directivos de más alto rango han desaparecido. Algunos aparecieron en inmuebles aleatorios por todo el país, despedazados, rebanados, o empalados. Otros, sin embargo, siguen en paradero desconocido, con sus cuentas bancarias saqueadas. La policía tuvo que mandar equipos a proteger a sus familias cuando varias de estas desaparecieron misteriosamente, y otras fueran encontradas degolladas en sus casas, o encerradas en sus casas mientras estas se quemaban. En todos los casos, no ha habido supervivientes. Mokuro ha pasado por Japón como un huracán, y nadie sabe dónde encontrarle.
Revy escuchó impresionada el relato. La decepciono un poco que ese tipo se viniera abajo en frente de su hermana, pero la verdad es que lo que estaba oyendo le estaba empezando a gustar. Por fin, alguien con la cara de Rock a quien si podría disparar. Sonrió expectante, ansiosa por encontrarse cara a cara con ese tipo. Fijo que se divertirían… Mientras, Dutch tomó la palabra.
-Espera, si dices que todos los directivos estaban muertos, ¿entonces cómo pudiste saber que Rock seguía con vida?
-Bueno, tenéis que saber que soy ladrona profesional, y mi especialidad es el robo de información. Cuando las cosas empezaron a torcerse, todos los mandamases de la empresa empezaron a esconderse y a huir. No les sirvió de mucho. Mokuro les fue cazando uno a uno como a ratones. Por suerte, yo llegué al premio gordo antes que él, y pude ponerlos a salvo, a él y a su familia- Reiko dio un trago a su vaso.-: El señor Kageyama.
Rock recordó a aquel hombre. Era el tipo que le había encargado la misión que le llevó a conocer a Revy y a los demás, quien le había dado por muerto en el mar, y quien había acabado negociando con Balalaika para recuperar el disco. Cuando le ofreció a Rock la oportunidad de regresar, este se negó.
-A cambio de salvarle, y de ponerle al corriente de la situación, accedió a darme cierta información que al principio no pude creer: me dijo que seguías con vida y que habías decidido quedarte en una perdida ciudad del crimen. Me puse en marcha tan pronto como me fue posible.
-¿Y cómo pudo enterarse Mokuro? –preguntó Dutch. Reiko miro al grupo, sin saber bien que decir.
-Bueno…lo que os cuento sobre lo de avisarle sucedió hace cinco días, y hace tres días mi contacto me informó de que Kageyama y su familia habían desaparecido. Yo me encontraba en el barco por aquel entonces, pero no me cabía ninguna duda de lo que había pasado.- Al resto de oyentes tampoco.
Mokuro.
Hace tres días, en una cabaña perdida en el bosque de una isla del mar de Japón.
Kageyama se levantó de la cama, alertado por un sonido sospechoso. Su mujer se revolvió a su lado, pero siguió durmiendo. Poniéndose unas pantuflas, inició su recorrido hacia la cocina. Avanzó por los pasillos de la casa, saludando con la cabeza a los diferentes guardias que había apostado en el interior de la vivienda, todos hombres armados que continuaron con su labor, devolviendo el saludo en silencio. Kageyama atravesó el salón, completamente a oscuras, y llegó a la cocina, cerrando la puerta tras de sí, y se sirvió un vaso de agua, tratando de tranquilizarse. Allí estaban seguros, nadie sabía que estaban allí. Aunque lo averiguara alguien, tenían un pequeño ejército de su parte. No había nada que temer.
Hacía dos días que se había encontrado con aquella joven, que se había puesto en contacto con él sin saber el cómo había conseguido su número de teléfono privado. Le explicó quien era, y la situación en la que estaba metido, aconsejándole que cogiera a su familia y huyera a algún lugar lejano. Kageyama, sin más remedio que creerla en vista de la situación actual, había llegado a casa, había explicado la situación a su familia, y en cuestión de horas se hallaban subidos a un barco expresamente fletado por ellos. Después, un par de llamadas a unos números de confianza le había proporcionado toda la seguridad que podía llegar a pedir: una casa con excelentes medidas de seguridad, en una isla perdida en el mar, y un grupo de mercenarios altamente entrenados para el combate, expertos tiradores y colocadores de trampas y explosivos. Eran duros, implacables, y disfrutaban haciendo su trabajo, que consistía en matar y hacer daño a la gente. Casi le daría pena el pobre idiota que osara enfrentarse a ellos. Casi.
Más tranquilo, se dispuso a volver a su habitación, cuando una suave música empezó a sonar desde el salón. Extrañado, fue a ver que estaba sucediendo, cuando tres de los guardias aparecieron por otra puerta con M4 listos. A su señal, Kageyama abrió la puerta, y los guardias entraron en la habitación, con Kageyama detrás.
Alguien había encendido la chimenea y el equipo de sonido, mientras una canción de Andrea Bocelli, "Con Te Partiro", se reproducía melodiosamente en los altavoces. Sentado en una butaca de espaldas a ellos, enfrente de la chimenea, se encontraba alguien sosteniendo una copa de vino, agitándola al ritmo de la música. Un largo machete ensangrentado reposaba a su lado. En silencio, los tres guardas empezaron a posicionarse alrededor de aquella persona, aparentemente ajena a la presencia de aquel trió, mientras Kageyama medio presenciaba la escena, medio se escondía detrás de un sofá. La figura dio un sorbo a su copa, suspirando de puro gusto. Una bocanada de humo sobrevoló el respaldo de la butaca, revelando que en la otra mano sostenía un puro encendido.
-Un buen puro, una buena copa de buen vino, buena música, un buen fuego, un buen sillón… Una buena vida, si señor- dijo para sí el misterioso intruso. Asomándose por un lado del sillón, miro a Kageyama a los ojos. El intruso llevaba un pasamontañas a medio levantar, dejando únicamente al descubierto una sonrisa salvaje y peligrosa. Sus ojos estaban tapados con unas gafas oscuras, a pesar de las cuales Kageyama pudo sentir la intensa mirada de aquel tipo. Uno de los guardas dio un paso al frente.
-¡Tu!, ¿Cómo has entrado aquí?- preguntó con su arma aun apuntándole a la cabeza.
-¡Oh, ha sido muy fácil! He entrado por ahí- dijo señalando a un punto detrás de Kageyama. Este se giró, esperando ver algún agujero o trampilla, pero solo vio la puerta del pasillo por la que él había venido, donde supuestamente se encontraban todos aquellos guardas ante los que había pasado antes. ¿Cómo iba a haber entrado por ahí?
El sonido de algo pesado cayendo al suelo llamó la atención de Kageyama, que se volvió para ver que había sido eso, cuando se encontró frente a frente con el intruso, quien le miraba sonriente a través de sus gafas, salpicadas de sangre. Los tres guardias se encontraban muertos en el suelo, dos con sus cuellos rajados y el tercero con un cuchillo clavado en el ojo. ¿Qué demonios…? ¿Qué acababa de pasar?
-¿Sorprendido?- preguntó con sorna el intruso, avanzando poco a poco hacia Kageyama, quien empezó a retroceder hacia la puerta, sin atreverse a darle la espalda a aquel hombre, mientras este se dedicaba a lanzar su machete y a recogerlo riéndose distraídamente-. Ya le he dicho que he entrado por ahí. No ha sido muy complicado. Después de todo- Kageyama alcanzó el pomo de la puerta, y la abrió a toda prisa, con la esperanza de que los guardas del pasillo acabaran con aquel loco-, usted ha tenido la amabilidad de ir distrayéndoles mientras pasaba.
El pasillo estaba plagado de cadáveres y sangre, mucha sangre. Salpicada por las paredes y derramada en el suelo, formando charcos bajo los cuerpos de los guardas, asesinados en el más absoluto silencio. Kageyama observó la escena con horror, cuando sintió que alguien le susurraba al oído desde atrás.
-Gracias. No habría podido conseguirlo sin usted…
Kageyama retrocedió gritando, y tropezó con el cuerpo de un guarda. Cayó al suelo, y la sangre aun cálida de aquellos hombres le empapó el pijama y las manos, volviéndoselas pegajosas, mientras el hedor de la sangre y la visión de aquella carnicería le revolvía el estomago. Aun en el suelo, empezó a arrastrarse de espaldas, mientras el intruso se le iba acercando más, y más.
-¡Espere, espere, por favor!- imploró el hombre de negocios-. ¡Tengo…tengo dinero! ¡Se lo daré todo, pero no nos haga nada a mi familia y a mí!- El intruso se detuvo delante de una puerta, la puerta de la habitación de su hijo.
-Ah…, sobre eso…- empezó a decir el intruso. Por alguna razón, sonaba como avergonzado-…, creo que no vas a tener que preocuparte por eso- dijo mientras abría la puerta. Kageyama alcanzó a ver un gran charco de sangre en el suelo, y la mano cercenada de un joven clavada con lápices a la pared. Kageyama se asomó poco a poco al interior de la habitación, e incapaz de soportarlo más, vomitó en el suelo, llorando de horror y desesperación, tras ver el horrible destino final de su hijo. Su hijo, muerto, asesinado, destrozado por ese psicópata. Y él sería el siguiente. ¿Y las niñas, que había sido de sus hijas? Dirigió su atención al otro lado del pasillo, a la puerta del cuarto que compartían sus dos hijas. Un charco de sangre salió de debajo de la puerta, silencioso y a la vez explicito sobre lo ocurrido en su interior. Mientras, la canción siguió reproduciéndose desde el salón, contraponiéndose con sus calmados versos a la masacre que estaba ocurriendo en aquella casa.
-Si te sirve de consuelo, tu mujer está viva. Ya verás… ¿¡SEÑORA KAGEYAMA, PUEDE ASOMARSE, POR FAVOR!?- gritó el intruso. Aturdido por la visión de los restos de su hijo, tardó un poco en reaccionar ante lo que estaba pasando. ¡Su mujer no podía ir allí!
-¡NO, NO LO HAGAS, CORRE!- gritó Kageyama, pero su mujer acabó abriendo la puerta del final del pasillo, vestida con su camisón, y abriendo los ojos antes la carnicería desplegada antes ella. Fijó su mirada en su esposo, arrodillado ante la habitación de su hijo, con la ropa empapada de sangre, ignorando al enmascarado erguido ante él.
-¡Cariño, ¿que esta pasan-?!- Un machete voló enfrente suyo, clavándose con fuerza en su pecho, y acallando lo que fuera que fuera a decir. Su mirada de sorpresa e incredulidad se quedó congelada en su rostro, mirando aquel pedazo de hierro que le había atravesado el corazón, mientras Kageyama observaba petrificado, con su cara convertida en un rostro de horror, con gruesas lágrimas corriendo por sus mejillas, y un grito de lastima y dolor.
-Bah, no era nada, puede volver a la cama, señora Kageyama. Gracias, y buenas noches- dijo el intruso, mientras la mujer de Kageyama caía de espaldas en su habitación. Kageyama empezó a gritar horrorizado. Todos a su alrededor estaban muertos. Su mujer, sus hijos,… Los había perdido de una forma tan horrible… De pronto, fue consciente de una de las armas de los guardias, una pistola, que se encontraba a escasos centímetros de su mano. El intruso parecía que no se había dado ni cuenta.
-Gran mujer, esa señora. Parecía maja…-Kageyama agarró el arma y apuntó furioso a aquel hombre que se lo había arrebatado todo, mientras este miraba distraído el cadáver de la mujer. Kageyama trató de apretar el gatillo, pero este no se movió. Kageyama siguió intentándolo.
-Psss- el intruso trató de llamar la atención de Kageyama, señalando ligeramente el arma con el dedo-. El seguro…- le susurró, haciendo ver que aun no había notado que le estaba apuntando con el arma-…, tienes el seguro puesto…, la palanquita del lateral…
Kageyama quitó el seguro rápidamente, y volvió a tratar de disparar, pero no pasó nada. El intruso, aparentemente molesto, volvió a llamarle la atención.
-…Tienes que tirar de la corredera… ¿Es que no has visto nunca una peli de tiroteos o qué?...-susurró de nuevo el intruso, haciendo la mímica de la acción que le pedía a Kageyama. Parecía que se le estaba empezando a agotar la paciencia.
Kageyama tiró con fuerza de la corredera, colocando una bala en la recamara del arma, y apuntando por tercera vez al intruso, que soltó un disimulado suspiro de alivio. "Por fin", pensó él, "empezaba a pensar que nos pasaríamos así toda la noche".
Antes de que Kageyama pudiera disparar, el intruso sacó algo muy rápido de un bolsillo, y en un instante le cortó la mano a Kageyama, con el arma aun sujeta, provocando que aullara de dolor mientras se sujetaba el muñón, con su sangre brotando de la herida. El intruso, sujetando una larga cuchilla ensangrentada, miró triunfante a Kageyama.
-¡Ja, ja! ¿Creías que no me daría cuenta de tu treta? ¡Pues lo he hecho! Reflejos de ninja, colega- el intruso se arrodilló junto a Kageyama, quitándose el pasamontañas y las gafas.- Ahora, quiero que me mires a la cara, y me contestes a una pregunta: ¿Reconoces este rostro?
Kageyama, retorciéndose de dolor, centró su atención en el rostro de su atacante, y se quedó de piedra. Era…Rokuro Okajima. Pero se suponía que seguía en Roanapur, con aquellos piratas. ¿Acaso había vuelto al final por venganza? Entonces, fijó su atención en los ojos de aquel tipo, y vio que se trataba de unos ojos completamente diferentes. Los del joven Okajima eran marrones y mostraban una fuerte convicción y un corazón noble. Los de aquel hombre, en cambio, eran los ojos de un depredador, brillantes y oscuros a la vez. El intruso sonrió maliciosamente satisfecho.
-Por tu expresión, diría que sí que lo reconoces. Es el rostro del hombre que mandaste a morir hace ya siete meses. El rostro de un buen hombre. El rostro ¡DE MI HERMANO!- bramó fuera de si aquel hombre. ¿Era el hermano gemelo de Okajima? Entonces, aun había esperanzas.
-¡Espera, espera! Hay algo que tienes que saber, acerca de tu hermano- trató de decir Kageyama, a pesar del dolor y el terror que estaba sintiendo en aquel momento. El intruso, volviendo a su estado calmado de antes, sonrió ampliamente a Kageyama.
-¡Oh, de eso estoy seguro, amigo mío!- dijo agarrando de un pie a Kageyama, y llevándolo a rastras de vuelta a la cocina. Una vez allí, le obligó a sentarse en una silla junto a la mesa, y cogiéndole de la mano que le quedaba, se la clavó a la mesa con un cuchillo que sacó de otro de sus bolsillos, provocándole aun más dolor a Kageyama, quien no podía librarse del cuchillo al quedarle solo una mano. Mientras tanto, el intruso empezó a buscar por la cocina, y cogiendo un plato y cubiertos, los depositó delante de su víctima. Se sentó a la mesa.
-Voy a proponerte un juego. Seguro que te encanta…
Reiko y el resto del grupo del Black Lagoon continuaron bebiendo durante largo tiempo en el Yellow Flag, hasta que Bao les echó para cerrar el local. Borrachos y cansados, decidieron volver cada uno a su cama. Rock preguntó a Reiko si tenía algún sitio donde quedarse.
-No te preocupes. He visto un hotel no lejos de aquí. Te llamaré por la mañana.- Reiko le dio un último abrazo a su hermano, y un beso de despedida en la mejilla.- Buenas noches. A todos- dijo dirigiéndose al resto de piratas, que en ese momento procuraban que Revy, quien estaba más borracha que nadie allí, se cayera al suelo. Empezaron su camino de vuelta a la oficina, mientras Reiko les veía alejarse.
Sonrió. Alucinaba con que su hermano siguiera vivo, convertido en pirata y transportista. ¡La de vueltas que daba la vida! Sumida en sus pensamientos, se dirigió a su hotel, decidida a darse un buen baño, y dormir un poco.
A la mañana siguiente, oficinas de Black Lagoon.
Estaba resultando ser un día de lo más tedioso, por decir algo.
Sin ni un solo trabajo a la vista, la tripulación del Black Lagoon se dedicaba a holgazanear y a matar el tiempo como podían. Benny estaba centrado en sus ordenadores, actualizando sus sistemas y comprobando que todo siguiera en orden. Dutch se había ido temprano a resolver unos asuntos que solo le interesaban a él, dejando a Rock haciendo las cuentas del último envío, y a Revy quejándose de todo y leyendo revistas en su sofá. Cada uno se encontraba centrado en sus cosas, Rock con sus cuentas, y Revy con sus revistas. Finalmente, sin que viniera a cuento, Revy decidió ir en contra de sus principios, considerando que la alternativa seria seguir muerta del asco en aquel cuchitril.
-Eh, Rock- dijo Revy, dejando a un lado su revista-. ¿Estás bien? Pareces hecho polvo.- Rock siguió haciendo las cuentas.
-Si, ayer no pude pegar ojo. Supongo que el encontrarme con Reiko me sorprendió más de lo que esperaba.- Pero Revy sabía que no era por eso.
-Mientes. Estas asustado.- Rock dejó de teclear en la calculadora, mirando molesto a Revy, mientras esta encendía un cigarrillo y miraba distraída al techo.- Estas asustado porque tu hermano está en la ciudad. ¿Crees acaso que entrara en tu habitación por la ventana, o que saldrá de debajo de tu cama? ¡No seas miedica!
Rock trató de volver a lo que estaba haciendo, visiblemente más molesto que antes, mientras trataba de ignorar los comentarios de la joven.
-No le tengo miedo, y no es asunto tuyo.- Rock trató de zanjar el asunto, pero Revy estaba decidida a entretenerse como pudiera.
-Mira, yo no tengo mucha experiencia, porque fui hija única, pero estoy segura de que lo estas exagerando todo. Tú y tu hermana parecéis cagaros encima cada vez que mencionáis su nombre, como si fuera un demonio al que fuerais a invocar cada vez que habláis de él. Estoy segura que no es para tanto.- Rock trató con todas sus fuerzas de calmarse, mientras continuaba escribiendo en el libro de cuentas de la compañía.
-Tú no sabes nada de él. Hasta ayer, ni siquiera sabias que existía, así que no hables de cosas que no entiendes.- Revy sonrió maliciosamente. Por fin estaban llegando a donde quería llegar.
-¡Vaya, no es tan gracioso cuando te lo hacen a ti, ¿eh, Rock?!- dijo mientras se incorporaba en el sofá, mirando a Rock a los ojos y sonriendo cínicamente-. ¡No es tan bonito cuando es tu pasado de mierda el que sale a la luz, ¿verdad?! ¡Pero no te preocupes! Yo al menos no te juzgare, ni tratare de hacerte cambiar… Después de todo, sé que no serias capaz de echarle huevos ni aunque te los graparan a la entrepierna.- Rock estaba empezando a cabrearse de verdad. ¿Era por eso? ¿Por la conversación que habían tenido después de lo del submarino? Se suponía que ya estaba olvidado.
-Cállate.
-¿Oh qué? ¿Me golpearas? Eso me gustaría verlo. Te faltan narices para atreverte a pegarme.- Rock cerró los puños, incapaz de aguantar por mucho más. La noche anterior había estado soñando una y otra vez con lo que había sucedido hacia ya diez años, aterrado por la idea de que su hermano, esa persona de su pasado que parecía disfrutar con el dolor y la sangre, estuviera en aquellos momentos en aquella ciudad. En esos momentos, sentía mucho estrés. Esa mañana había estado caminando por la calle y mirando a todos lados, temeroso de encontrarse con su hermano en cualquier momento. Le aterraba incluso mirarse al espejo, ya que sabía que aquel era el mismo rostro que no quería encontrarse. Y ahora, Revy parecía decidida a sacarle de quicio por ello. Revy continuó burlándose de Rock, poniéndose de pie y situándose al otro lado de la mesa que había ocupado Rock con sus papeles, mirándolo despectivamente desde arriba, mientras una amplia sonrisa le recorría la cara de oreja a oreja, su cigarrillo sujeto entre sus dientes.
-Ooooh, ¿acaso el pequeñín se ha hecho caquita encima? ¿Tanto te asustó tu hermanito cuando te agarró por el cuello? No te preocupes, la tía Revy le hará Pam-Pam en el culete por malo, por meterse con alguien más débil y patético que él. Ja, ja, ja,…- Revy empezó a reírse cruelmente, agotando la poca paciencia de Rock, que al final no pudo más y explotó. De no haber descubierto que su hermano estaba allí, tal vez no habría hecho lo que hizo, pero eran demasiadas cosas de una vez, y al final fue demasiado para él.
Con una mano, Rock apartó a un lado la mesa que le separaba de Revy, volcando todos los papeles al suelo. Con la otra mano, agarró a Revy por el cuello, y empezó a empujarla hasta llegar a la pared. Revy dejó de reír, mirando divertida el estallido de rabia de Rock, sin importarle al parecer que la estuviera agarrando por el cuello.
-¡He dicho que te calles!- gritó Rock. Hasta entonces, Revy había visto los dos tipos de miradas de Rock: la tierna y un tanto patética mirada de siempre, y la mirada oscura y seria que reservaba para cuando ideaba sus alocados planes o cuando le echaba agallas al asunto. En esos momentos, sin embargo, su mirada era de furia total. Ni un atisbo de miedo había en aquellos ojos, mientras Rock apretaba los dientes y el puño libre, preparado para golpearla si se atrevía a decir algo más.- ¡Tu no tienes ni idea de lo que Mokuro ha hecho! ¡DE LO QUE PUEDE HACER! ¿Quieres que admita que tengo miedo? ¡Pues vale, lo diré, tengo miedo! Tengo miedo de mi propio hermano. Tengo miedo de que venga e intente matarme de nuevo. Tengo miedo de que me haga lo mismo que le ha estado haciendo a la gente desde que tengo uso de razón. Tengo miedo de ver alguien con mi rostro arrancándome la carne a mordiscos. Yo…- Rock aligeró el agarre de Revy, mientras parte de su furia se convertía… ¿en qué? ¿Confusión, tristeza, miedo,…? Tal vez un poco de todo. Su corazón latía con fuerza tras aquel arranque de ira al que no estaba acostumbrado. ¿Qué estaba haciendo?
Revy puso una mano en el hombro de Rock, mirando de forma comprensiva a Rock, y sonriendo tranquilizadoramente.
-Tranquilo, tranquilo,… Está bien,… Ya pasó,…- Rock se tranquilizó un poco, sin fijarse que mientras Revy hablaba, había empezado a cerrar el otro puño-…Por cierto, Rock baby…- Revy propinó un fuerte puñetazo a Rock en el estomago, pillándole por sorpresa y haciéndole inclinarse sobre ella-. Si creías que iba a decir eso…-agarrándole por los hombros, Revy aprovechó el momento y le dio un rodillazo con fuerza en su vientre, acabando de doblarlo y sacándole todo el aire del cuerpo, mientras Revy se situaba rápidamente a su lado, y le agarraba la cabeza por detrás-…, ¡es que no me conoces en absoluto!- Revy estampó la cabeza de Rock contra la pared, quien cayó al suelo medio grogui, mientras Revy le observaba desde arriba, satisfecha consigo misma.
Rock trató de ponerse en pie, mientras Revy hacia crujir sus nudillos, pero solo llegó a hincar una rodilla, con la cabeza gacha mientras trataba de recuperar el aliento.
-Ahora, Rock, es momento de que me demuestres que tienes un par de cojones guardados en tus pantalones, y que puedes…- De repente, Rock se abalanzó contra Revy, placándola y levantándola por la cintura, y tirándola al suelo con él encima. La mantuvo en el suelo con una mano, mientras levantaba la otra listo para atacar. Pero dudó. A pesar de toda su furia, de todo el dolor, a pesar de la sangre que había empezado a manar de su frente, se detuvo. ¿Qué iba a hacer? ¿Golpearla? Eso no solucionaría nada.
Y entonces la miró a la cara. Durante un momento, solo un instante, pudo ver algo parecido al orgullo en el rostro de Revy, algo parecido a la autentica satisfacción. ¿A qué se debía? Tan pronto como vino, esa expresión desapareció, sustituida por una más conocida, la de la alegría salvaje, siempre presente en su rostro cuando participaba en un tiroteo. Por alguna razón, Rock sintió algo nuevo en su interior… ¿Qué era?... Parecía…rabia. ¿Qué lo había provocado? Y entonces lo supo. Esa cara. Esa sonrisa. Eran las mismas que le había visto hacer a su hermano incontables veces en el pasado, cuando había tenido la desgracia de presenciar uno de sus ataques de locura.
Cerró el puño con fuerza, centrando todo el miedo que había sentido y todo su odio, y propinó un fuerte puñetazo a Revy en la cara, como si estuviera golpeando a su hermano. Esta no hizo el intento de bloquearlo, ni siquiera intentó apartarse. En su lugar, recibió el golpe sin perder su sonrisa. Por fin Rock le echaba narices. Por fin soltaba lo que llevaba dentro. ¡Hay que ver, lo que le había costad-…! Su línea de pensamientos se vio interrumpida cuando Rock descargó un segundo golpe, impactando en pleno centro de su cara, y haciéndola sangrar por la nariz. ¡Mierda, esa había dolido! Bien, ahora que había conseguido que Rock se soltara, ya iba siendo hora de que… Un tercer golpe la volvió a interrumpir, borrándole la sonrisa de la cara y provocando que se pusiera furiosa. ¡Vale, a la mierda la terapia de los cojones!
Revy detuvo el cuarto golpe a la cara, y le propinó uno de respuesta a Rock, provocando que este cayera a un lado. Antes de que pudiera hacer nada, Revy se situó encima de él, invirtiendo la situación. Ahora era ella quien le empezó a dar puñetazos en la cara, mientras Rock procuraba protegerse con los brazos. Los golpes de la joven caían con fuerza contra la barrera de Rock, que no podía evitar que uno o dos consiguieran traspasarla y le macharan la cara. Después de todo, Revy estaba más acostumbrada que él a luchar, y su fuerza no era algo a tomarse a broma. No por nada había conseguido quedar en empate contra la criada asesina. Viendo una oportunidad, Rock profirió una serie de golpes al cuerpo de Revy, ignorando momentáneamente los golpes que estaba le estaba propinando. El ataque por sorpresa pillo a Revy desprevenida, haciéndola vulnerable, y Rock aprovechó para quitársela de encima de una patada.
Rápidamente, los dos se pusieron de pie, decididos a no estar todavía en el suelo cuando el otro fuera a por ellos de nuevo. Rock fue un poco más rápido, y aprovechó para abalanzarse contra Revy, que aun seguía intentando ponerse de pie. Empezó a lanzar una serie de golpes, mientras Revy procuraba bloquear los que podía. Puede que Rock no tuviera la técnica ni la experiencia, pero pegaba fuerte e iba muy lanzado, de manera que consiguió asestarle varios golpes sólidos a la cara y al cuerpo. Revy retrocedió hasta que su espalda topó contra una de las paredes, mientras Rock se abalanzaba nuevamente contra ella. Revy giró hacia un lado en el último momento, esquivando el golpe, y agarrando un tiesto que tenían por ahí. Justo cuando Rock se giró hacia ella, Revy se lo lanzo a la cabeza, pero Rock consiguió agacharse antes de que le golpeara, provocando que el tiesto volara por la oficina y chocara contra el suelo, haciéndose añicos. Rock y Revy volvieron a intercambiar puñetazos, machacándose mutuamente, decididos a destrozar al otro, mientras arrasaban con todo a su paso. No importaban las razones. Daba igual que se supusiera que fueran compañeros. En esos momentos, lo único que importaba era descargar su furia, y nada mejor para ello que hacerlo machacando a un idiota.
...
La pelea prosiguió por toda la oficina. Se golpearon mutuamente, se lanzaron contra los muebles del lugar, destrozando armarios y mesas, se dieron patadas, cabezazos, codazos,… Aquello era una autentica batalla campal, que duró casi una hora. Al final, ambos combatientes acabaron sentados en el único sofá que no estaba volcado o destrozado, mientras Revy fumaba un cigarrillo y descansaban. Rock era el que estaba más hecho polvo de los dos. Tenía un ojo negro, marcas de golpes por todo el cuerpo, y el golpe que se había llevado en la frente al empezar la pelea aun sangraba un poco. Revy, aunque tenía menos golpes, también tenía mal aspecto. Su nariz no había dejado de sangrar, y en esos momentos trataba de contener el derrame con un pañuelo. Su cara presentaba los mismos golpes que Rock, y sus brazos y torso estaban cubiertos de moratones. Rock, ahora más calmado, se hallaba sumido en sus pensamientos, cuando Revy le tendió el paquete de cigarrillos y un mechero. Rock los aceptó en silencio, y se encendió uno, soltando bocanadas de humo que se unieron a las de Revy. Siguieron sin decir nada durante largo rato, dejando que el humo se extendiera tranquilamente por la destrozada oficina, mientras miraban al infinito. Al final, fue Rock el que rompió el silencio.
-Gracias.
-¿Por qué me das las gracias?- preguntó Revy, haciendo ver que no sabía a lo que se refería. Rock la miró, y se limitó a sonreír.
-…por nada.- Siguieron fumando en silencio. Revy suspiró.
-Dutch nos va a matar.
Mientras tanto, en una calle de Roanapur
-…y ahora los italianos están muy cabreados. ¿Sabes algo del asunto, Dutch?- preguntó Balalaika.
Dutch había estado recorriendo metódicamente les calles de la ciudad, como si quisiera despistar a cualquiera que quisiera seguirle, por la razón que fuera. Al final, sin razón aparente, se había dirigido a una cabina de teléfonos cualquiera, y había llamado a Balalaika. Después de haber estado hablando de negocios y de trabajos, la mafiosa rusa le había hablado del incidente de la mansión de la colina. Dutch había oído los rumores, pero solo fue hasta que oyó lo sucedido de boca de la ex militar, que empezó a ver la verdad de lo ocurrido. Dutch meditó sobre lo que sería apropiado decirle y lo que no, y como podría afectarles a ellos y al resto de la ciudad.
-Bueno, esto puede que te interese. Ayer apareció en el bar mientras estábamos bebiendo la hermana pequeña de Rock. Al parecer, había ido a buscarle cuando se entero de que estaba vivo.
-Oh, eso es muy tierno, pero creo haberte dicho que el autor era un hombre.
-Espera, deja que termine. Después de abrazarse y todo lo demás, le dijo a Rock que había alguien más que había ido a buscarle por su cuenta: su hermano gemelo, un tal Mokuro.- ¿Mokuro Okajima? Ya decía ella que aquella cara le sonaba de algo, y ese nombre también. Balalaika se puso seria. La cosa era peor de lo que pensaba. Se sentía como una estúpida ¿Cómo podía no haber reconocido aquel rostro y aquel apellido cuando conoció a Rock?
-Dutch, quiero que me escuches atentamente.- Dutch se tensó. Que Balalaika se hubiera puesto seria indicaba que se avecinaban malas noticias.- El nombre de Mokuro Okajima es bastante conocido en el bajo mundo japonés. Desde joven estuvo trabajando para la yakuza como asesino a sueldo, y es conocido por su brutalidad. Desapareció hará ya algunos años, pero se cree que siguió viajando por el mundo, trabajando de forma independiente o asesinando sin razón alguna. Cuando aun trabajaba en Japón, le llamaban por un nombre que tal vez te suene de algo: le llamaban el "Oni Gaki".- Dutch tragó saliva. Pues claro que había oído ese nombre. Casi todos en los bajos fondos conocían el nombre de ese psicópata. Decían que cuando él acababa un trabajo, apenas dejaba un cuerpo que limpiar. El nombre le venía por su tendencia a comerse a sus víctimas, algo raro y enfermizo, incluso para el mundillo de los asesinos. Y se trataba del gemelo de Rock, el mismo que en aquellos momentos vagaba por la ciudad en busca de su hermano.
-Parece que va a ser una reunión familiar digna de verse, ¿eh?- dijo Dutch, tratando de sonar más seguro de lo que en realidad se sentía.
-En efecto. Tú asegúrate de cubrir a tu empleado. Si descubres el paradero de ese otro Okajima, llámame en el acto, ¿quieres? Te lo agradecería mucho.
-Está bien. Nos vemos.
-Adiós, Dutch. Cuídate.- Balalaika colgó el teléfono, y se recostó en su butaca, recordando la expresión en el rostro de aquel tipo cuando miró a cámara tras torturar a aquel italiano. Se había estado divirtiendo. Había masacrado a todos aquellas personas por alguna razón, y se lo había pasado en grande. Balalaika sonrió con sadismo. Por fin, algo interesante a lo que enfrentarse.
Dos días después, bar "Yellow Flag"
Bao seguía fregando los vasos como cada noche, observando en silencio como sus clientes bebían y charlaban en las mesas con sus compañeros, jugando a cartas y montando bulla. Llevaban una temporada sin que hubiera pasado nada serio. Ni tiroteos, ni explosiones, ni a "Dos Manos" montando bronca. Nada, solo paz y tranquilidad. A Bao no le gustaba. Significaba que pronto pasaría algo gordo.
De repente, entró alguien por la puerta, silbando una alegre tonada y caminando a paso alegre, como si acabara de tocarle la lotería. Bao no recordaba haberle visto antes. Se trataba de un hombre joven, de unos veinte o veintitantos. Vestía unos pantalones tejanos de color negro con varios remiendos cosidos con hilo blanco, dándole el aspecto de ser cicatrices. Junto a su cinturón, llevaba otro con varios cuchillos de diferentes tamaños y formas colgando del mismo. Llevaba una camiseta top gris oscuro, con algo escrito en japonés en ella que Bao no supo leer. Encima de ella, llevaba una corta chaqueta de cuero, de color marrón oscuro, con las mangas llegándole por encima de las muñecas, y el corte inferior por encima del cinturón, dejando al descubierto la camisa de debajo. Unos mitones negros le cubrían las manos, mientras unas gafas de sol y una gorra deportiva le ocultaban el rostro, ensombreciéndoselo gracias a las luces del techo. Sus botas golpeaban decididas el suelo a medida que el extranjero se dirigía a la barra, mientras el resto de consumidores le miraban pasar con ojos entrecerrados y suspicaces, sin que él pareciera notarlo. Se sentó en la barra, y acabó lo que fuera que estuviera silbando acompañando el final con un tamborileo de sus dedos en la barra. Bao miró con desconfianza a aquel tipo. Le daba mala espina.
-Camarero, póngame un refresco de cola, por favor- dijo como si tal cosa. Al oír aquello, más de uno empezó a reírse de la estupidez del extranjero. ¿Quién en su sano juicio iba a un bar como aquel, en una ciudad como aquella, y se pedía un refresco de cola?
-Esto es un bar, no un kiosco de playa- respondió Bao, un poco molesto por haberse asustado por nada-. O pides una bebida de verdad, o te largas a otro sitio.- El extranjero lo pensó detenidamente, antes de pedir otra vez.
-Esta bien, pues pediré un cocktail. ¿Le parece bien?- Bao asintió. Lo que fuera, con tal de que pidiera de una vez-. Bien, entonces pediré un Arizona Aztec, por favor. Sin Bacardi, sin ron, y sin tequila, a poder ser.
Bao empezó a prepararlo, cuando se dio cuenta de una cosa. Mirando molesto al extranjero, dijo: -¡Eso es cola a secas! ¡Qué pidas algo con alcohol, demonios!- A esas alturas, todos en el bar estaban carcajeándose de la situación. No todos los días aparecía alguien tan divertido como aquel tipo.
-¿Y qué tal un Andy virgen?- Bao se agarró de los pelos, y cogió a aquel sonriente pesado por la camisa, haciéndole inclinar sobre la barra.
-¡ESO ES COLA OTRA VEZ! ¡QUE PIDAS ALGO SERIO DE UNA VEZ, HOSTIAS!- Bao estaba empezando a perder los nervios. Y eso que Dos Manos aun no había aparecido…
-Vale, vale. ¡No hace falta que se enfade!- dijo el extranjero calmadamente-. Póngame un tequila, pero lo quiero en vaso grande, nada de esos vasitos enanos.
A esas alturas, a Bao le daba igual lo que pidiera mientras le dejara en paz. Puso la botella encima de la mesa, y un vaso normal al lado. El extranjero le indicó que dejara la botella, y empezó a servirse la copa. Bao no sabía cómo podía beber tequila de aquella manera, pero no le extrañaba. Ese tío tenía que estar mal de la cabeza. Antes de que Bao pudiera volver a sus pensamientos, el extranjero apuró todo el vaso de un viaje, exhaló animado, y llamó al camarero de nuevo.
-¿Y ahora que quieres?- preguntó a malas el camarero. El extranjero sacó una foto de su bolsillo, y la colocó en las narices de Bao. Se trataba de una foto de Rock, ese amigo de Revy, vestido con un traje japonés, un kimono creía que se llamaban, con una especie de festival nocturno de fondo. Parecía más joven que en la actualidad.
-Estoy buscando a este tipo. ¿Sabes dónde puedo encontrarle?
-No sé, no lo recuerdo con exactitud…- dijo Bao. Si ese idiota quería que le ayudara, mas le valía hacer que le fuera rentable. El extranjero pareció entenderlo.
-¡Ah, vale! Entiendo, es como en esas películas de polis y gángsters- dijo con aire de complicidad a Bao-. Tengo que…"untarte" para que se te…"refresque" la memoria, ¿eh?- El extranjero dio un codazo amistoso a Bao, mientras este creía ver cómo le guiñaba un ojo de forma bastante obvia desde detrás de las gafas. ¿Ese tío iba en serio?
De repente, el extranjero le agarró por el chaleco, y lo estiró encima de la barra, mientras sacaba una navaja de un bolsillo y se la ponía en la garganta. Bao se quedó mudo de asombro, mientras el resto de consumidores observaban la escena y se llevaban una mano rápidamente hacia sus armas.
-¡Habla de una vez, escoria inmunda!- dijo el extranjero, poniendo una voz más grave que sonaba bastante ridícula.- ¿Quieres que juguemos al poli bueno y al poli malo? ¿Es eso?- El extranjero empezó a zarandear a Bao con violencia.
-¡¿Pero qué haces, pedazo de mamón?!- El extranjero dejó de zarandearle, y miró extrañado a Bao.
-¡Ah!, ¿Qué no es así como se hace?- Soltó a Bao, dándose una palmada en la frente.- ¡Claro, seré idiota…! Primero tenía que sobornarte, y luego hacer lo del estallido de violencia.- Se guardó la navaja en el bolsillo, mientras Bao volvía a su sitio y se ajustaba el chaleco. Ese tipo estaba peor de lo que pensaba. Mientras, el extranjero sacó un fajo de billetes, que colocó enfrente de Bao, sonriéndole con aire de disculpa.
-Estooo,… Je je,… je… ¿Por dónde íbamos?- Bao cogió el dinero, y empezó a contarlo. Era bastante dinero. Mejor decirle lo que quería saber, y que se largara de una vez.
-El tipo que buscas se llama Rock. Trabaja con un grupo llamado "Compañía Black Lagoon". Suelen venir por aquí a esta hora. Si te esperas calladito y en silencio, tal vez les veas.- El extranjero le agradeció la información, y Bao le dejó bebiendo en la barra. Que tipo más extraño. Por alguna razón, su cara le sonaba de algo…
Pasó una hora, y el extranjero continuaba en su sitio, sentado y bebiendo tranquilamente de su vaso, tarareando una canción en voz baja, mientras poco a poco el resto de consumidores dejaron de prestarle atención. En esas, uno de los tipos que se encontraban sentados a una de las mesas se puso en pie y se dirigió a la barra con paso un tanto tambaleante, llevando su copa medio vacía en la mano, y salpicando por todas partes cada vez que se desequilibraba, mientras sus otros tres compañeros se reían de cómo iba y bebían sentados a la mesa. Al final, llegó hasta la barra, y se colocó justo al lado del extranjero, que no le dio importancia.
-¡Bao, otra ronda para mis amigos y para mí!- Bao asintió, y el borracho se dispuso a volver a su silla. Cuando aquel tipo se giró, su copa salpicó en la manga del extranjero, que dejó de sonreír y centró su atención en la mancha. Mientras tanto, el hombre que le había manchado volvió hacia su mesa.
-¡Disculpe!- dijo el extranjero, lo bastante alto como para que le oyera todo el mundo, pero sin llegar a gritar. Todo el mundo se giró hacia él, previendo una posible pelea. Agarrando su botella, el extranjero se dirigió hacia la mesa del borracho, quien se puso en pie y miró con aire intimidatorio al extranjero. De pie, aquel hombre le sacaba casi una cabeza de alto al extranjero, y sus brazos y pecho eran casi el doble de anchos que los suyos. Sus compañeros miraron divertido a la pareja, sabiendo que a su amigo le encantaba meterse en peleas cuando estaba borracho. El extranjero señaló su manga-. Me temo que voy a tener que pedirle… ¿sabes una cosa? Mejor voy a tutearte, en confianza… Bien, como iba diciendo. Me temo que voy a tener que pedirte que aflojes la mosca, amigo. La tintorería no es gratis.- El borracho miró a ese tipo, y empezó a carcajearse antes su atrevimiento, contagiando con sus risas a sus amigos y a varios de los espectadores. Uno o dos de los compañeros del borracho hicieron el gesto de levantarse, pero el gigantón los mandó sentar con un gesto. Él se encargaría.
-Ya. Sera mejor que vuelvas a sentarte, chaval, si no quieres que tu chaqueta acabé manchada de sangre- el extranjero sonrió.
-¡Ah, no me tientes, no me tientes…!- El borracho no entendió. Por si acaso, dio un empujón al extranjero, que retrocedió un par de pasos antes de volver a su sitio.- Yo no haría eso si fuera tu…-le advirtió mientras le dedicaba una sonrisa sincera.
El borracho, mirando divertido y desafiante a ese loco atrevido, le volvió a dar un empujón, un poco más fuerte que el anterior, mientras sus compañeros miraban divertidos la escena. Sabían que era cuestión de tiempo que su amigo le partiera la cara al otro de un puñetazo.
El extranjero suspiró, conteniendo en su fuero interno sus verdaderas intenciones.
-Última oportunidad: ¿seguro que quieres jugar?- dijo, dándole un buen trago a su botella. El borracho se giró, mirando a sus compañeros con divertida resignación, y cerrando el puño de manera que supieran lo que iba hacer a continuación, mientras estos le animaban en silencio a ello. Sin embargo, al hacerlo, no vio como el extranjero guardaba ese trago en su boca, ni como encendía un mechero Zippo de color negro con calaveras, huesos y cuchillas gravados en él. Justo cuando el grandullón se giró para reventar a aquel payaso de un golpe, el extranjero le escupió todo el alcohol encima, encendiéndolo en el aire con el mechero, dando la sensación de estar escupiendo fuego.
Ardiendo, el borracho empezó a gritar y a tambalearse por el bar, asustando a los que estaban viendo la escena, y enmudeciendo las risas de los amigos del borracho. Uno de ellos, el que estaba más cerca del extranjero, se giró hacia él con gesto enfadado, tratando de ponerse en pie. Pero el extranjero volteó la botella de tequila en el aire, la cogió por el cuello, y se la estampó en la cabeza, sentándolo de nuevo y provocando que se derrumbara sobre la mesa. Con la botella rota en su mano, se dirigió con paso tranquilo al hombre en llamas, que seguía gritando de dolor y pidiendo que alguien le ayudara. El extranjero le clavó la botella en el estomago, y la usó para dirigir al borracho hasta una de las ventanas de la entrada. Una vez allí, soltó la botella, y propinó una fuerte patada en el pecho a aquel hombre, haciéndole atravesar la ventana. Cesaron los gritos, mientras los enmudecidos clientes del bar observaban el humo y la pierna que se había quedado enganchada al marco de la destrozada ventana, y luego al extranjero que había matado a aquel hombre, mientras este se reía y cogía un vaso aleatorio de una mesa cercana. Los tres compañeros del fallecido borracho se pusieron en pie, armados con pistolas, navajas, y demás armas. El extranjero bebió de un trago el contenido del vaso, y se dirigió sin mirarles hacia la gramola, sacando una moneda y poniendo una canción con el vaso aun en la mano. "Free Bird", de Lynyrd Skynyrd.
A medida que la canción iba sonando, el extranjero empezó a situarse en el centro del bar poco a poco, cerrando los ojos y moviéndose al son de la música, mientras el trío de antes le observaba furiosos, tratando de entender qué demonios estaba haciendo ese malnacido.
-Tío, me encanta esta canción. ¿Sabíais que ganaron un Grammy? Es una pasada…- El resto de espectadores se fueron poniendo nerviosos. Habían estado en bastantes tiroteos como para saber cuando algo estaba a punto de ocurrir. Y allí, todos sintieron lo mismo. Algo grande, algo MALO estaba a punto de ocurrir. Algunos sacaron sus armas, mirando desconfiadamente a aquel hombre extraño, que había empezado a tararear parte de la letra que sonaba en la gramola.
-"But, if I stayed here with you girl, things just couldn't be the same. Cause I'm as free as a bird now, ¡and this bird you'll never change!"- El extranjero abrió los brazos, sonriendo pletórico, y centrando su atención en el resto de consumidores, mientras Bao lo observaba todo medio agachado. ¡Ya se había vuelto a armar!- ¿Alguien más se apunta a jugar?- preguntó el extranjero, sonriendo de forma muy macabra, mientras varios de los espectadores se ponían en pie arma en mano, sus nervios en aumento. En la gramola, la canción estaba llegando al final de la letra, acelerándose poco a poco a medida que iba llegando al punto culminante de la letra.
"Lord help me, I can't change", gritó el cantante, a medida que la letra daba paso al solo de guitarra. El extranjero se abalanzó sobre el trío, riendo como un loco.
-¡A JUGAR!- El trío tardó un segundo demasiado en reaccionar.
Antes de que el pistolero pudiera disparar, el extranjero le estampó el vaso en la cabeza, clavándole los cristales rotos en la piel, y dejándolo medio atontado. Agarrando la mano que tenia la pistola, el extranjero la dirigió hacia el compañero más cercano, que había empezado a correr hacia el atacante, y abrió fuego contra su pecho. Rápidamente, le retorció el brazo, dirigiéndolo hacia el tercer miembro, que se encontraba lanzando una cuchillada al extranjero. Este se limitó a apartarse, y la puñalada cayó sobre la espalda del hombre armado. El extranjero abrió fuego contra quien le había atacado, quitándole la pistola al pistolero muerto, y arrancándole el cuchillo de la espalda. Dándose la vuelta, vio que varios espectadores habían sacado pistolas y otras armas, y habían empezado a apuntarle con ellas. Lanzó el cuchillo a uno de ellos, clavándoselo en el cuello, mientras abría fuego con la pistola y volcaba la mesa del trió, ahora muerto, y se cubría detrás de ella. A excepción del pistolero que había recibido el cuchillazo, todos los demás empezaron a disparar contra la mesa, llenándola de agujeros en un instante. Bao aprovechó para coger su escopeta, y cubrirse tras la barra. ¡Ese maldito imbécil…!
Al cabo de un momento, los hombres dejaron de disparar. La mesa se encontraba hecha pedazos, apenas en pie, recubierta de agujeros por las balas de aquellos hombres. Fuera quien fuera, ya estaba muerto. Sin embargo, no lo estaba. Apareció riéndose y corriendo hacia ellos desde una columna cercana, a la cual había rodado aprovechando la cobertura de la mesa. Empezó a disparar contra los pistoleros, provocando que uno o dos cayeran al suelo, y que el resto se pusiera a cubierto. Justo cuando uno de ellos salía de la cobertura para abrir fuego, fue recibido por la suela de una bota, que le aplastó la nariz y le mandó al suelo. Inmediatamente después, el extranjero le cogió y le usó de escudo humano, mientras el resto de tiradores habrían fuego contra él. Avanzó rápidamente hacia el más cercano, sacando un cuchillo curvado del interior de su chaqueta. Saliendo de su ensangrentada cobertura, se abalanzó sobre el alarmado pistolero, usando las columnas para evitar el fuego del resto. Clavándole el cuchillo en el estomago, le agarró la pistola y la usó para rematarle de un disparo a la cabeza. A continuación, empezó a abrir fuego contra el resto de tiradores, abriendo cabezas y perforando pechos con letal precisión. Disparó tanto contra quienes le estaban atacando como contra quienes se habían puesto a cubierto, llenando pronto el bar de cadáveres, estirados en el suelo, volcados sobre las mesas o todavía sentados en sus sillas. Los que no murieron por sus balas, lo hicieron por los cuchillos que parecía sacar mágicamente de su chaqueta, lanzándolos o usándolos para rajar la carne de sus víctimas. Uno de los supervivientes trató de llegar a la puerta, pero fue derribado por una bala a la rodilla. Abrió fuego contra su atacante, llorando y gritando a medida que veía como se le iba acercando, corriendo en zigzag y usando mesas y columnas como cobertura. Cuando se quedó sin balas, intentó arrastrarse hasta la puerta, pero sintió como alguien le agarraba por los hombros y le levantaba. Girándole, le obligó a encararse con él, observando a aquel lunático sonriente y cubierto de sangre que había matado a todo el mundo.
-¿Cómo, ya te vas? Permite que te acompañe a la salida- dijo antes de partirle el cuello. Agarró el cadáver, y lo lanzó por la otra ventana, antes de que una bala le pasara justo por delante de los ojos y le obligara a girarse. Allí en la barra, se encontraba el último de los clientes del bar, tratando de disparar su descargada arma. Cogiendo un cargador, se puso a recargar todo lo rápido que pudo, mientras el extranjero corría hacia él, y apoyándose en una silla, profería un salto olímpico hacia él. El tiempo pareció congelarse, mientras el pistolero trataba de dirigir su arma hacia aquel hombre que parecía estar volando en su dirección, girando en el aire. Justo cuando lo consiguió, el extranjero aterrizó a su lado, apoyado en una rodilla, y con una ensangrentada cuchilla en la mano. El pistolero sintió como su sangre se derramaba por su garganta, abierta de par en par, mientras intentaba con su último soplo de vida recordar cuándo le había cortado la garganta, antes de caer al suelo. En el último momento, el extranjero giró sobre su rodilla, y clavó la cuchilla hacia atrás, atravesándole la abierta garganta a aquel hombre y clavándolo a la barra.
La canción acabó.
El extranjero se puso de pie, guardando su cuchillo de nuevo y contemplando con orgullo su trabajo. El suelo y las paredes estaban ahora llenas de agujeros y de sangre. El suelo estaba atestado de casquillos, cuerpos, y más sangre. Por todas partes, los cuerpos de los desgraciados pistoleros descansaban por doquier, mientras su sangre abandonaba sus cuerpos y repintaba el local de color carmesí. "Nada como un poco de ejercicio", pensó el extranjero, antes de oír el CHA-CHAC de un arma detrás de él. Girándose, se topó con el extremo de una escopeta, mientras Bao le apuntaba furioso con ella.
-Tu… ¡Maldito pirado!- Sin embargo, el extranjero no se inmutó. Mirando con gesto serio al camarero, apoyó su frente en el extremo del arma.
-Detente, o alguien acabará herido.- Bao tragó saliva, mientras sentía como el sudor, fruto del miedo, le recorría el cuello y la espalda.
-Ah… ¿Ah, sí?- preguntó tratando de sonar seguro de sí mismo, pero sin funcionar del todo-. ¿Y quién…y quien seria ese, según tu?- El extranjero sonrió.
-Yo, naturalmente.- El extranjero se rió de su propia broma, contagiándole a Bao una risa nerviosa, mientras su agarre sobre la escopeta disminuía ligeramente. Eso fue un error.
Con un gesto de la mano izquierda, el extranjero agarró el cañón y lo apartó de su cara, provocando que Bao disparara, y que el proyectil pasara al lado de aquel loco sin tocarle. Con la otra, agarró a Bao por la nuca, y aprovechando el giro de su cuerpo, le estampó la cara contra la barra. El barman rebotó inconsciente y cayó al suelo, soltando el arma, que el extranjero cogió tranquilamente.
-O tu, también puede ser- acabó de decir el extranjero, mientras una corta risa resonaba por el silencioso local. Las puertas del bar se abrieron de repente, llamando la atención del extranjero.
"Bien, más gente con la que jugar", pensó fijándose en el grupo que había entrado, cuando de repente…
Momentos antes.
La tripulación del Black Lagoon avanzaba por las calles de Roanapur montados en su coche, un GTO rojo, recorriendo las oscuras calles de la ciudad, iluminadas por las farolas y los carteles de neón y las luces de los locales abiertos. Habían sido dos días muy duros para Revy y Rock, ya que Dutch no solo les había descontado del sueldo el coste de la reparación total de los desperfectos de la oficina, sino que les había hecho cargar con ellos todo el camino, subirlos a la oficina, y luego montarlos, una tarea especialmente complicada para Revy, que tenía poca o ninguna paciencia para esas cosas. Gracias sobre todo a Rock, al final habían acabado, y los cuatro habían decidido ir a celebrarlo al Yellow Flag, en vista de que no había más excusas para ir, a parte del hecho de ir en sí.
Benny aparcó el coche cerca del bar, donde la música de la gramola y los disparos ya resonaban con fuerza. Revy se emocionó al oírlo.
-Parece que han empezado la fiesta sin ti, Dos Manos- comentó Dutch. A Rock y a Benny no les hacía mucha gracia lo de entrar en un bar donde se estaba celebrando un tiroteo, pero Revy estaba emocionada como un niño camino a la feria.
-¡Venga vamos, tortugas! ¡Los disparos están cesando! Si no nos damos prisa, llegaremos cuando todos estén muertos-dijo Revy, adelantando al grupo. Cuando se acercaron al bar, vieron el cuerpo de alguien ardiendo en la calle, con una pierna todavía colgando de la ventana.- ¡Hala! Eso es nuevo…- Entonces, otro cuerpo atravesó la otra ventana, justo delante de ellos. No distinguieron quien era, pero lo que si vieron era que le habían partido el cuello. Rock apartó la mirada, perturbado, mientras Revy se frotaba las manos. La cosa se ponía interesante…
Abrieron la puerta cuando oyeron el disparo de una escopeta, esperando ver a Bao con su arma gritándole a todo el mundo que se estuviera quieto de una vez. Pero no hubiera hecho falta, ya estaban todos quietos. Por todas partes, los cadáveres de los antiguos clientes adornaban el suelo del bar. La sangre lo había salpicado todo, dándole al bar la apariencia de una película de terror. Los cadáveres yacían muertos en diferentes formas y posiciones, algunos muertos a tiros en el suelo y sentados en sus sillas, y algunos con cuchillos clavados en sus cuellos, ojos o pecho. Delante de la barra, vieron a una persona desconocida coger la cabeza de Bao, y estampársela en la cabeza. Todos miraron asombrados como Bao caía al suelo, inconsciente. Hasta la fecha, no recordaban a nadie lo bastante loco como para atacar al barman. Ni siquiera Revy recordaba que hubiera pasado antes. De repente, el hombre fijó su atención en ellos, escopeta en mano, y se quedó allí quieto.
Revy sacó velozmente sus Berettas, mientras Dutch cogía su revólver, y Benny trataba de buscar un lugar donde esconderse que no estuviera lleno de sangre u ocupado por un cadáver. Rock se quedó petrificado, mirando fijamente a aquel hombre, creyendo saber de quién se trataba. Este dejo la escopeta en la barra, y se quitó la gorra y las gafas, revelando un rostro muy familiar para todos. Se trataba de la misma cara que la de Rock, con su misma expresión de asombro en el rostro. Todo en sus dos caras era idéntico, menos el pelo, que el otro tipo lo llevaba más corto y despeinado, y sus ojos. Incluso desde allí, Dutch y Revy podían notar que eran los ojos de alguien peligroso, la misma clase de ojos que habían visto cuando apareció la criada letal de hacia un par de meses. Poco a poco, aquel hombre, que suponían que debía ser el hermano de Rock, fue cambiando su expresión, pasando del asombro a la grata sorpresa, abriendo los ojos y mostrando una sonrisa que rezumaba locura y peligro a partes iguales.
-(Japonés)… ¿Hermano?- dijo Mokuro, empezando a caminar hacia el grupo. Dutch y Revy vacilaron a la hora de disparar, cada uno por sus propias razones. Dutch sabia que aquel tipo era peligroso, y tal vez se descontrolaba si no conseguían matarle a la primera. Seguramente, necesitarían a Balalaika para acabar con él sin morir en el intento. Revy, por su parte, tuvo que resistir el impulso de dispararle en cuanto le vio. De alguna forma, nada más verle sintió que debía acabar cuanto antes con aquel hombre, antes de que fuera él quien la matara a ella. Sin embargo, consiguió resistir, tratando de analizar la situación y de entender porque se sentía tan amenazada, cuando tan solo les había dedicado un breve vistazo. Rock y Reiko habían insistido en que era peligroso, e incluso Dutch les había dado la charla tras hablar con Balalaika, de manera que no podía precipitarse como siempre. Esta vez, muy a su pesar, tenía que esperar.
Mokuro fue avanzando, ignorando las tres armas que le apuntaban a la cabeza, con los ojos fijos en Rock, quien se sentía como un ratón antes una serpiente, petrificado por el miedo, sin ser capaz de moverse o de pensar con claridad.
-(Japonés) Ha pasado mucho tiempo, hermano. Casi diez años.- Dutch y Revy dieron un paso al frente, con sus armas por delante, pero Mokuro los hizo a un lado como si nada, sin prestarles atención siquiera. Mokuro y Rock quedaron frente a frente, como el reflejo distorsionado de un espejo. De un lado, había un Rock asustado y muy formal, vestido con su típica camisa blanca y su corbata, y con unos ojos marrones que siempre denotaban amabilidad y sinceridad. Del otro, había un Rock completamente distinto, un Rock más salvaje que se vestía de forma diferente, que emitía un aura diferente, y que tenía unos ojos de locura que parecían desgarrarte con la mirada. Mokuro dejó de sonreír.
-(Japonés) Llevo tanto tiempo buscándote. Todos estos meses, creyendo que estabas muerto, torturando y masacrando en tu nombre… Y por fin, estas aquí- Mokuro agachó la cabeza, mientras su cuerpo empezó a temblar. Rock se preparó. ¡Hay venia el ataque! Dutch y Revy apuntaron de nuevo a Mokuro, mientras Benny se apartó de él y retrocedió hasta la pared.
Mokuro levantó la cabeza. Sus ojos estaban anegados de lágrimas, y su cara era la viva expresión de la tristeza. Todos en el bar (los que seguían vivos al menos) se quedaron mirando sorprendidos el llanto de aquel hombre.
-(Japonés) ¡COMO ME ALEGRO DE VERTE!- exclamó Mokuro, abrazando a su hermano con fuerza y llorando a lagrima viva en su hombro. Rock no sabía qué hacer, ni que decir. Desde el día que su hermano había desaparecido de su vida, se había estado preguntando qué pasaría el día que se volvieran a ver. Cuando se enteró de que estaba en la ciudad, imaginaba que le atacaría, o que intentaría matarle. En ningún momento se le ocurrió que se le fuera a derrumbar de aquella forma, llorando desconsoladamente como un niño pequeño.
Revy guardó sus armas, fastidiada y secretamente avergonzada por haberse asustado (no, asustado no…"mostrado precavida") de aquel payaso. Rock dudó al principio, y al final le devolvió el saludo de forma un tanto aparatosa a su hermano.
-Esto…, claro… ¡claro, yo también me alegro!- Mokuro siguió llorando durante un minuto más, y al final se calmó, limpiándose las lagrimas y poniendo una mano en el hombre de Rock, mirándole sonriente.
-Deja que te vea… ¡Bueno, bueno, pero si sigues de una pieza! La verdad, a estas alturas me esperaba ya que hubieras perdido un par de dedos, o un ojo- Rock miró a su hermano sin saber que decir. Si el supiera lo cerca que había estado, no de perder un miembro, si no de palmarla…-… y has crecido mucho. Estás tan alto como yo. Bien, bien,…- Entonces, Mokuro fue consciente de la presencia de Revy y los otros, que observaban la escena sin saber que decir. Mokuro les señaló con la cabeza.- ¿Amigos tuyos?- Rock fue a contestar, cuando Revy se le adelantó.
-En realidad, nosotros somos los que le secuestraron- contestó sonriendo con arrogancia a Mokuro, mientras Dutch, Benny y Rock le dedicaban una mirada de alarma silenciosa. ¿Pero qué cojones…? Mokuro les miró a todos, y de repente sonrió con inocencia.
-¡Ah, vale, ya entiendo! Bueno, pues nada- dijo sacando un cuchillo de cazador de su cinturón-, los mato a todos, y nos vamos para casa. ¿Te parece, Rokuro?- Mokuro hizo el gesto de ir hacia Revy, cuchillo en mano, mientras esta daba un salto hacia atrás y desenfundaba de nuevo sus pistolas, pero Rock consiguió sujetar a su hermano.
-¡NO, NO, NO, NO, NO! ¡Espera, sí que son amigos míos! Y si, son los que me secuestraron, pero ahora estoy con ellos- Mokuro miró extrañado a su hermano, rascándose la cabeza con el mango del cuchillo.
-…Síndrome… ¿de Estocolmo?- preguntó mirando a Dutch y a Benny, como si estos pudieran explicarle porque su hermano se juntaba ahora con sus secuestradores. Rock fue a explicárselo, pero Mokuro le cortó con un gesto.- ¿Sabes qué? No estoy lo bastante borracho como para intentar entenderte.- Se guardó el cuchillo, y se dirigió a la barra, haciéndoles a todos un gesto para que le siguieran.
Iba a ser una noche muy larga.
Casi dos horas más tarde
-¡Espera, espera, espera!- dijo Mokuro, con una copa en la mano desde detrás de la barra-. ¿Me estás diciendo que os enfrentasteis…a nazis?- Revy asintió con vehemencia, mientras Rock fue más modesto con su afirmación-. Pero… ¿nazis…, nazis?
-¡Sip!- contestó con orgullo Revy, dando cuenta de su copa-. Nos cargamos hasta el último de esos cabrones, incluido al piltrafilla de su líder.
Mokuro expresó toda la envidia que sentía en aquellos momentos, mientras Revy se regodeaba y le describía lo chulo que era dispararles a los nazis, y la pena que sentía porque Mokuro no hubiera estado allí para participar. Rock miró la escena sorprendido. Hacia relativamente poco, estaban allí, rodeados de cadáveres y sangre, sin saber bien que decir o hacer con el tipo responsable de todo aquello, el mismo que había saltado la barra y les había estado sirviendo copas desde entonces. Rock había empezado a contarle a Mokuro todo lo que le había pasado desde que fue raptado por los miembros del Black Lagoon, quienes se habían presentado a Mokuro. Benny y Dutch lo habían hecho de forma tranquila, pero la presentación de Revy había sido todo un desafío taimado rebozado de falsa modestia. Mokuro, por no ser menos, se había presentado de igual forma, presumiendo de toda la gente a la que había matado de las formas más creativas que se le habían ocurrido. Rock suspiró. Eran tal para cual… A medida que las copas se fueron sucediendo (sobre todo gracias a Revy, que vio cumplido su sueño de tener barra libre en el Yellow Flag), el ambiente se fue relajando, soltando risas y contando anécdotas, y tratando de ignorar los cuerpos que les rodeaban y la sangre derramada por el suelo.
-¡Realmente me has sorprendido, Rokuro! ¿O debería llamarte Rock?- dijo riéndose una vez más. Lo había estado haciendo desde que se había enterado del apodo de su hermano, y lo encontraba más que hilarante.- No creí que fuera a encontrarte vivo, y sin embargo te encuentro aquí, fresco como una rosa…- empezó a decir Mokuro. De repente, Rock dejo su vaso sobre la mesa, y miró muy seriamente a su hermano.
-¿Qué pasó hace diez años, Mokuro?- Dutch y el resto se quedaron con sus bebidas a medio alzar, sorprendidos por lo repentino de la pregunta. Mokuro siguió sirviendo las copas con una sonrisa, dando la impresión de que ya se esperaba esa pregunta.
-Fuaaa, hace diez años…- dijo con aire melancólico-. La verdad, vas a tener que ser un poco mas especifico que eso.- Rock golpeó la barra con las manos.
-¡No te hagas el tonto conmigo!- dijo Rock, visiblemente molesto-. ¡He esperado diez años para poder preguntártelo, y no me voy a contentar con chistes y juegos de palabra!
-No, es cierto- coincidió Mokuro-. Sin embargo, y no os ofendáis, chicos- dijo dirigiéndose a Dutch y al resto-, esta es una conversación que deberíamos tener en privado. Venga, te lo cuento todo en barco.- Rock miró extrañado a su hermano. ¿Barco?
-Mokuro, yo no me voy- dijo con firmeza. Su hermano le miró verdaderamente sorprendido por una vez-. Se lo dije a Reiko hace unos días, y te lo digo a ti ahora. Este es mi sitio, y no pienso volver con vosotros a Japón. Puedo cuidar de mi mismo.- Mokuro se puso serio, y miró a su hermano desde detrás de la barra.
-Dos cosas. Primero: ¡vaya, no sabía que Reiko estuviera aquí! Luego tengo que ir a verla…- dijo para sí. Rápidamente, volvió a ponerse serio- Y segundo:…¡PFFFFBUAAAA, JAJAJAJAJAJAAAA!…- Mokuro empezó a reírse, alto y con un deje de locura propio en él. Rock observó en silencio y con aire ofendido como su hermano se descojonaba de él, apoyando la frente en la barra y golpeándola con el puño mientras su cuerpo convulsionaba de la risa. Revy y los demás miraron con curiosidad a Mokuro. No estaban acostumbrados a ver a Rock siendo tan expresivo, y ver a Mokuro carcajeándose ruidosamente era un buen sustituto a la calmada modestia habitual de Rock.
-… ¡AY, QUE ME DA ALGO…JAJAJAJA…!... ¡QUE NO PUEDO…RESPIRAR…JAJAJAJAJA!- poco a poco, Mokuro empezó a calmarse, mientras sus sonoras carcajadas se convertían en risas, y finalmente en resoplidos entre dientes. Limpiándose los restos de lágrimas de los ojos, se volvió hacia su hermano- ¿Cuidar de ti mismo? ¿En una ciudad como esta? ¡¿Pero tú estás loco, o qué?!- preguntó a malas al final. Miró con gesto de enfado a Rock-. ¿Cómo vas a cuidar de ti, si ni siquiera sabes disparar un arma?
-¡No es que no sepa, es que no me gustan las armas!- corrigió Rock alzando la voz. Dutch y el resto observaron en silencio como los dos hermanos empezaban a discutir.
-¡Ah, mejor me lo pones! ¿Te parece normal quedarte a vivir en una ciudad como esta, sin contar con un arma ni gustarte usarlas? La gente muere a diario, Rock. De formas horribles y espantosamente dolorosas. Se de lo que hablo. Yo he sido el causante de la mayoría de ellas estos días- dijo como si tal cosa Mokuro, lo cual no sorprendió del todo a Rock, mientras Revy y el resto miraban asombrados a aquel tipo. ¿Pero cómo de mal estaba ese hombre?
-¡No todo se soluciona matando a la gente, Mokuro! ¡No todos somos como tú!- "Discrepo en lo primero", pensó Revy para si misma.
-¡Pues mira, en eso tienes razón! Porque si fueras como yo, te habrías cargado a estos tipos, y no habrías acabado varado en esta ciudad como un cacho de plástico en la playa.- Se giró hacia Dutch y los demás.- Sin ofender.- Dutch negó con la cabeza, Benny le quitó importancia con un gesto de la mano, y Revy le mandó a la mierda con el dedo.
-¡Si fuera como tú, preferiría que me pegaran un tiro a seguir con vida! Quiero decir, ¿Qué clase de persona estrangula a su hermano y luego sale corriendo?- Eso pareció molestar mucho a Mokuro.
-¡Venga, ya estamos…! ¿Pero cuanto tiempo vas a seguir guardándome rencor por eso? ¡YA TE PEDÍ PERDÓN!- dijo Mokuro gritando.
-¡Y UNA MIERDA!- respondió Rock, gritando también-¡TE LARGASTE Y NO ME PEDISTE PERDON!
-¡NO EN VOZ ALTA, PERO LO PENSÉ CON MUCHA FUERZA!
-¿Y TE CREES QUE ESO CUENTA?
-¡DEBERIA! ¡SE SUPONE QUE LOS HERMANOS SE PERDONAN ESTAS COSAS!
-¿¡EL INTENTO DE ASESINATO TAMBIEN!?
-¡SIEMPRE FUISTE UN MALDITO RENCOROSO DE MIERDA!
-¡Y TU SIEMPRE FUISTE UN PSICOPATA ANORMAL AL QUE NADIE QUERIA!- Rock se dio cuenta de lo que acababa de decir, mirando con sorpresa y arrepentimiento a Mokuro, que se había quedado anonadado por esa ultima acusación de su hermano. Dutch se llevó una mano disimuladamente a su revólver. Fuera lo que fuera lo que estuviera a punto de pasar, iba a ser malo. Mokuro miró dolido a Rock, y luego suspiró con resignación.
-¡Vale, vale, vale! ¿Dices que podrías cuidar de ti mismo aquí? Muy bien, permíteme que lo compruebe.- Mokuro tendió la mano a Dutch.- Dutch, dame tu arma.- Dutch miró extrañado a Mokuro.
-¿Qué? Ni hablar.- Mokuro movió la mano, y se la tendió a Revy.
-Revy, tu arma. Al menos, una.- Revy negó mientras bebía.
-Ni hablar, chaval. Si quieres mis armas, tendrás que quitármelas de mis frías, inertes y muertas manos.- Mokuro pareció pensárselo.
-Quizás en otro momento.- Tendió la mano a Benny.- Bennnnn-…, Nah, déjalo- dijo antes de que el otro pudiera decir nada. Mokuro se sacó algo de a chaqueta, un cuchillo estrecho y afilado, parecido a un estilete.- Esta bien, usaremos esto- dijo clavándolo en la mesa, y empezó a rodear la barra para salir. Pasó al lado de Bao, que había empezado a ponerse en pie en ese momento, y le volvió a golpear la cabeza contra la barra sin mirar, provocando que el barman cayera de nuevo al suelo, y que Revy se partiera de risa.
Mokuro se posicionó junto a Rock, y cogiendo el cuchillo por la punta, le ofreció el mango a Rock:- Cógelo.- Rock dudó.
-Mokuro, ¿pero qué…?
-¡QUE LO COJAS!- gritó Mokuro. Su mirada y el tono de su voz indicaban que no estaba para bromas. Un poco reticente, Rock acabó cogiendo el cuchillo. Con una mano, Mokuro le dirigió el cuchillo hasta que la punta de este acabó apoyada en el centro de su pecho.- Bien…Apuñálame- dijo tranquilamente, abriendo los brazos en cruz. Rock y el resto miraron alarmados a Mokuro, sin saber si bromeaba. Pero su cara era de seriedad total.
-¡¿P…P…pero estas loco?! ¿Cómo voy a…?- Rock trató de apartar el cuchillo, pero Mokuro le abofeteó con fuerza, y le obligó a volver a apuntarle con el arma.
-Apuñálame- dijo de forma más amenazante. Dutch trataba de analizar la situación, preparado para intervenir si fuera necesario, mientras Benny se encontró con que no podía dejar de mirar asombrado lo que estaba sucediendo delante de sus ojos. Revy miraba la escena con interés.
-¡Mokuro! Yo…yo no puedo…yo…no…- Mokuro imitó los balbuceos de Rock, y le volvió a abofetear.
-¡QUE ME APUÑALES, TE DIGO!- Rock estaba desesperado. ¿Qué se proponía su hermano?
-¡Pero…pero…!- Mokuro suspiró, y con una mano agarró la escopeta de Bao, que seguía apoyada encima de la barra. La apuntó a la cara de Rock, sin dejar de mirarle a los ojos muy seriamente.
-Rock, voy a contar hasta tres, y cuando lo haga, apretaré el gatillo. Para impedírmelo, vas a tener que clavarme ese cuchillo en el cuerpo. ¿Entendido?- Rock no contestó, ocupado como estaba en intentar comprender la situación, pero una tercera bofetada de Mokuro le despertó lo bastante como para confirmarle que le había entendido.
-Bien…Uno…- empezó a decir Mokuro. Rock miraba alternativamente al cañón del arma, y a su hermano. ¿Al final, si que le iba a matar? Revy hizo el gesto de intervenir, pero Mokuro la detuvo con un gesto.
-No intervengas. Esto es entre mi hermano y yo- dijo sin apartar la mirada de Rock, que sudaba profusamente a causa de la tensión.-…Dos…
-Mokuro, por favor… No lo hagas…-suplicó Rock, pero su hermano pareció no escucharle.
-Dooooosssss, y medio- dijo, tratando de darle más tiempo a Rock para que hiciera lo que tenía que hacer. Dutch y el resto parecían contener el aliento, expectantes por saber cómo acabaría la cosa. Dutch trataba de buscar el momento para salvar a Rock, pero no veía como sin que Rock acabará con un agujero del tamaño de un balón de futbol en plena cara-…Dooooooosssssss, y tres tercios… ¡Venga ya, Rock, hazlo!- Pero Rock se negaba a moverse, temblando de pies a cabeza. Mokuro resopló molesto.- ¡Y tres!
¡BLAM!
El disparo resonó por todo el bar, provocando que Benny se girara y cerrara los ojos, incapaz de ver el cadáver de Rock. Pasaron los segundos, y no oyó caer cuerpo alguno. Se giró para ver qué había sucedido, y comprobó aliviado que Rock seguía vivo. Mokuro había levantado el cañón en el último momento, disparando al techo por encima de la cabeza de Rock, que había cerrado los ojos, incapaz de aguantar la tensión. Revy y Dutch se habían quedado a medio camino de desenfundar sus armas, y en esos momentos volvieron a sus puestos en la barra.
Mokuro tiró la escopeta contra la barra, quitándole el cuchillo a su hermano, y mirándole muy enfadado.
-¿Y así quieres protegerte en este sitio? ¡Ni siquiera has podido apuñalarme de casualidad, ni siquiera con el susto de la escopeta! Si te quedas aquí, ¡acabarás muerto! ¿Cómo quieres que te deje aquí, zoquete?- le dijo Mokuro, mirando preocupado a su hermano, que había empezado a recuperarse de la impresión del disparo. Miró a su hermano, y comprendió que todo lo que había dicho y hecho era por su bien, porque a su manera que preocupaba por él. Suspiró, y posó una mano en el hombro de Mokuro, que en esos momentos se hallaba apoyado en la barra, mirando a ninguna parte.
-Hermano, entiendo lo que quieres hacer. Tienes razón. Por mi cuenta, no sobreviviría en este sitio. Pero no estoy solo- dijo señalando a Dutch y compañía-. Tengo compañeros, y todos nos cubrimos entre nosotros. Sé que es peligroso, y que seguramente este demostrando estar más loco que tu por pensar esto- dijo bromeando Rock, antes de mirar a su hermano a los ojos-, pero este es el sitio en el que quiero estar. Este es mi lugar, y no pienso renunciar a él, digas lo que digas.
Mokuro miró a su hermano, y al final suspiró con aire resignado. Se puso en pie, y abrazó a su hermano, que le devolvió el abrazo. Revy volvió a centrarse en su copa. ¡Se acabó el espectáculo!
-Lo siento- dijo Mokuro. Rock sonrió a su hermano.
-Eh, no pasa nada.
-No, de verdad. Tendría que haber sabido que no iba a funcionar.
-Bueno, es cierto que ha sido un poco radical…Pero lo has hecho por mi bien.
-No, si no lo digo por eso.- Rock miró extrañado a su hermano, mientras este le posaba la mano en el hombro-. Debería haber sabido que sería inútil tratar de razonar con un cabezota como tú. Tendría que haber empezado con esto desde el principio…
-¿De que hab-…?- Mokuro súbitamente agarró a Rock por detrás de la cabeza, y se la estampó con fuerza contra la barra, dejándolo inconsciente al instante. Antes de que pudiera caer al suelo, lo agarró por el brazo, y se lo cargó al hombro como un saco, antes la sorprendida mirada de Revy y el resto.
-En fin. Un placer conoceros a todos. Pedidle disculpas de mi parte al barman cuando se despierte, y decidle que ya le mandare un cheque por los desperfectos. ¡Sayonara!- Mokuro se dirigió alegremente hacia la salida, cuando el CLIC de una pistola a su espalda le hizo detenerse. Detrás de él, se encontraba Revy, de pie y apuntándole con una de sus pistolas, mientras Dutch sacaba su revólver y Benny se preparaba para ponerse a cubierto.
-Mira, kamikaze. No sé quién te crees que eres, si alguna especie de súper asesino o el hermano gemelo de Míster Hyde- dijo Revy-. Pero ese idiota que llevas en el hombro ya no es tu hermano. Es nuestro compañero. Y si él quiere quedarse, es su decisión, así que ya le estas dejando en el suelo muy despacito, y tal vez no tenga que decirle a Rock que hemos tenido que matar a su hermano cuando se despierte.-Mokuro se quedó callado, de pie en medio del bar, y de repente dejó caer a Rock al suelo.
-Como ya he dicho antes al tipo que se estaba quemando ahí fuera, yo no haría eso si fuera tu- dijo con tono jovial. A pesar de ello, Revy sintió como se le erizaban los pelos de la nuca. Era como oír hablar a su Hermana Mayor Balalaika: daba igual lo que dijera, la forma con que lo hacía dejaba claro que iba a haber mucha sangre y mucha violencia.- No quisiera yo tampoco tener que contarle a mi hermano que tuve que matar a sus amigos antes de llevármelo de aquí.
Mokuro hizo un gesto con su mano izquierda, y sacó tres cuchillos pequeños para lanzar, sujetándolos con los dedos de la mano cerrada. Con la otra, fue a buscar algo del interior de su chaqueta, y sacó un pequeño machete plano y recto, sin adornos. Se giró poco a poco hacia el grupo, dedicándoles una sonrisa y una mirada de deleite y decisión que les provocó escalofríos. Revy miró con dureza a Mokuro, apuntándole con el arma, y respondiéndole con su clásica mirada vacía de asesina.
Nadie se movía. Nadie decía nada. Todos esperaban, con sus cuerpos tensos y listos para la acción, a que algo rompiera el silencio, y diera comienzo al enfrentamiento. La señal no tardó en llegar: Benny derribó un vaso con el codo, y no fue lo bastante rápido como para atraparlo. El vaso se hizo añicos con un sonoro estallido, aumentado por el silencio tenso del ambiente, dando la señal de inicio para que se desatara el infierno.
Revy fue la primera en disparar, abriendo fuego contra Mokuro, que empezó a desviar las balas con su machete. Cuando las primeras balas salieron del arma de Revy, Mokuro hizo un rápido lanzamiento de cuchillos, y el primero de ellos se clavó en el brazo de Dutch justo mientras Mokuro empezaba a desviar balas, antes de que hubiera podido disparar su revólver. Rápidamente, Mokuro lanzó los otros dos cuchillos en sucesión a Revy, a la vez que se protegía de las balas de esta, esquivando y desviándolas a los lados. Revy saltó la barra, dejando que los cuchillos se clavaran en la madera, y continuó disparando a Mokuro, mientras Benny y Dutch se escondían con ella. Mokuro siguió danzando con su machete, mientras se reía, como si disfrutara de aquello, con las balas volando hacia él, y luego en todas direcciones a medida que las bloqueaba, desviaba, o se apartaba de su trayectoria. Al final, Revy se quedó sin balas, y fue a agarrar su otra pistola en vez de recargar la primera. Sin embargo, Mokuro fue más rápido.
-¡Me toca!- exclamó emocionado, antes de empezar a lanzar cuchillos que sacaba de sus mangas o del interior de su chaqueta, lanzándolos contra la barra a gran velocidad, y obligando a Revy a cubrirse detrás. Mokuro empezó a avanzar, utilizando su aluvión de metal para evitar que Revy saliera. Cuando llegó a la barra, se subió a ella de un salto, con dos cuchillos en cada mano. Pero allí solo encontró a Benny, agazapado y saludándole con aire nervioso y aterrado.
-¿Eh?- alcanzó a decir Mokuro, antes de que Dutch y Revy, que habían salido de la barra por los lados, abrieran fuego contra él. Mokuro saltó rápidamente hacia atrás, dando un salto mortal en el aire y una voltereta hacia atrás en el suelo cuando aterrizó. De un salto, se posicionó detrás de una de las columnas del bar, mientras las balas de Dutch y Revy eran las que le mantenían forzosamente oculto esta vez.
-¿Qué pasa? ¿Te has cansado de jugar?- exclamó Revy, mientras Dutch aprovechaba el fuego de cobertura de la pistolera para moverse hacia Rock, y junto a Benny trataron de llevarlo hacia la puerta.
-¡Eh, dos contra uno!- contestó Mokuro, fingiendo que le molestaba, mientras sacaba varios cuchillos más de sus bolsillos-. ¡Eso es trampa!- Lanzó unos cuantos contra Revy antes de que esta le obligara a cubrirse de nuevo. Revy consiguió esquivarlos y se dirigió corriendo a la puerta, donde Benny y Dutch habían conseguido arrastrar el cuerpo de Rock. Mokuro se lanzó desde la columna a la barra, patinando por su superficie como un pingüino en el hielo, hasta que alcanzó la escopeta que había dejado allí. Giró sobre una rodilla mientras tiraba de la corredera hacia atrás, y se puso velozmente de pie, abriendo fuego contra Revy, quien consiguió salir por la puerta justo a tiempo.
Molesto, Mokuro volvió a tirar de la corredera, mientras el sonido de unas ruedas derrapando le indicaba que su presa estaba intentando darle esquinazo. Bao empezó a ponerse de pie, y Mokuro le volvió a mandar al suelo de una patada lateral. Sonrió.
Un poco de ejercicio le vendría bien.
-¡MierdamierdamierdamierdaMIERDA!-Benny conducía a gran velocidad, dispuesto a poner toda la distancia posible entre ellos y el loco del hermano de Rock.
-¡Cállate de una vez!- dijo Revy, harta del ataque de histeria de su compañero. Sentada en el asiento de atrás, procuraba por todos los medios despertar a Rock, zarandeándole y abofeteándole con fuerza-. ¡Maldita sea, Rock! ¡Despierta de una vez!
-¿No os parece como que ya hemos vivido esto antes?- comentó Dutch, mientras sacaba un teléfono móvil de uno de sus bolsillos.
-¡Si, es como cuando nos persiguió aquella criada!- comentó Benny, tratando de calmarse un poco para no estrellar el coche.- ¡Solo que en esta ocasión es Rock el que esta K.O., y no Revy!
-¡Eh, no me compares con este blandengue! Yo tenía una puta conmoción, me habían disparado en el hombro con una jodida bala de gran potencia. ¡A él le han dejado inconsciente de un golpe de mierda!- aclaró Revy, todavía enfrascada en la tarea de golpear a Rock para despertarle.- ¡Yo no habría caído tan jodidamente fácil!
-Claro, claro,…- dijo Dutch. Estaba seguro de que Revy habría necesitado algo más que un golpe en la barra para morder el polvo, pero no era necesario que ella supiera que lo pensaba. Marcó un número de teléfono, y esperó a que lo cogieran.
Al otro lado de la línea, un teléfono móvil empezó a sonar. Lo cogió un hombre alto y de aspecto intimidante, con una cicatriz surcando su duro rostro.
-(Ruso) ¿Si?
-Boris, soy Dutch. Necesito hablar con Balalaika. Dile que ya sé dónde está el Oni Gaki.- Boris le pidió que esperara un momento, y se dirigió hacia su jefa. Ambos se encontraban en un lujoso restaurante, donde la mafiosa había estado atendiendo negocios con un socio muy importante, hasta que este recibió una llamada y tuvo que excusarse e irse. En esos momentos, Balalaika procuraba disfrutar de la cena, ahora más tranquila ya que el trabajo estaba cumplido. Boris le tendió el teléfono.
-(Ruso) Kapitan, Dutch al aparato. Dice que ha encontrado al Oni Gaki.- Balalaika cogió el teléfono, e indicó a Boris con la cabeza que la dejara hablar en privado. Una vez se hubo marchado, la mafiosa contestó la llamada.
-Dutch.- Parecía que se encontraban en medio de una persecución, por lo que podía oír.
-Balalaika. Buenas y malas noticias.- Balalaika sonrió. Después de todo, era posible que la cena no resultara tan tranquila como ella esperaba-. La buena es que hemos encontrado al Oni Gaki, el hermano de Rock. La mala es que ha intentado secuestrarlo, y ha estado a punto de matarnos.
-¿Os está persiguiendo?
-No los sé. No le vemos, pero eso no significa que no este detrás nuestro.- Balalaika sospesó sus opciones.
-Está bien. Ahora mismo estoy en el Valliant, en el centro. Si llegáis aquí, os cubriremos.
-Gracias, Balalaika, te debo una.- Dutch colgó. Balalaika se puso de pie, y se colocó su abrigo en los hombros de nuevo, mientras Boris y los hombres de la mafiosa se apresuraban a seguirla.
-¿Qué ha dicho?- preguntó Revy.
-Dice que nos dirijamos al Valliant, ese restaurante del centro. Al parecer, esta allí con sus hombres. Si llegamos allí, nos salvamos.- Benny asintió.
-Vale, entonces es por…- de repente, Mokuro apareció delante de ellos, poniéndose en medio de la carretera al final de la calle. Miró desafiante al grupo, escopeta en mano y apoyada en su hombro, mientras sonreía con confianza. Revy le devolvió la mirada desde lejos, aceptando el reto.- ¡Mierda, esta delante! ¿Qué hacemos?
-Arróyalo- dijo Revy. Benny miró alarmado a la joven.
-¿Pero qué…?- Revy le cortó mirándolo con dureza. Benny volvió a centrar su atención en la carretera. ¿Qué lo atropellara? ¡A esa velocidad, fijo que lo mataba! ¡Él nunca había matado a nadie, y no quería empezar ahora! Pero no le quedaba más remedio. Si querían llegar donde Balalaika, tenían que seguir recto, y si no detenían a ese loco, era posible que acabaran todos muertos al final de la noche. "Rock, lo siento", pensó Benny, pisando a fondo el acelerador.
Mokuro empezó a caminar hacia ellos, acortando la distancia que les separaba, mientras sonreía y silbaba distraídamente, como si no hubiera un coche en su camino yendo a toda velocidad. Dentro del coche, sus ocupantes aguantaron la respiración inconscientemente. Si conseguían darle, se salvaban. Si fallaban, la persecución continuaría. Para salvarse, tenían que matarle. Benny trató de mantener la calma, mirando fijamente hacia adelante, clavando su mirada aterrada en aquel hombre que en solo unas horas había conseguido asustarlo tanto como para forzarle a intentar acabar con él. El espacio entre ambos se fue acortando. 50 metros. 40 metros. 30. 20. 10. Benny profirió un grito de guerra, preparándose para el impacto, mientras Mokuro seguía estando tan tranquilo como antes.
De repente, Mokuro pivotó sobre un pie, apartándose de la trayectoria del coche a gran velocidad. Sus ocupantes le siguieron con la mirada, la adrenalina ralentizando su percepción del tiempo, y permitiéndoles ver como aquel loco ejecutaba su pirueta de ballet en el último momento. Justo cuando el coche pasó a su lado, vieron como Mokuro les había conseguido apuntar con la escopeta, sonriéndoles y guiñándoles un ojo. Dutch abrió los ojos de puro asombro, ocultos tras sus oscuras gafas.
-¡AGACHAOS!- gritó a pleno pulmón, mientras el resto de ocupantes se apresuraban a seguir esa orden. El disparo de la escopeta atravesó el coche de punta a punta, entrando por una ventanilla y saliendo por la contraria, y pasando por encima de las cabezas de Dutch y Benny, que eran quienes se encontraban sentados delante. El GTO sobrepasó rápidamente a Mokuro, avanzando a gran velocidad por las calles, mientras el joven japonés les observaba alejarse, perdiéndose pronto de vista.
"En fin. Si a la primera no sale…", pensó Mokuro, apoyando nuevamente la escopeta en su hombro, y dirigiéndose a un oscuro callejón lateral. "… ¡lo vuelves a intentar!"
...
El GTO siguió su recorrido a gran velocidad, con Benny tratando de centrar su atención en la carretera, mientras Revy vigilaba la retaguardia, y Dutch los alrededores. No sabían como ese loco había conseguido sacarles tanta ventaja, pero lo que si sabían es que lo iba a volver a intentar, y estarían preparados.
-¿Alguna novedad?- preguntó Dutch.
-Nada por aquí, Dutch. No parece que nos siga…- pero ella sabía que no era cierto. Estaba allí, en alguna parte, ¿pero dónde?
Benny siguió su camino, cuando de repente le pareció ver algo en una azotea, como una sombra que se movía muy rápido.
-Revy, creo que he visto algo ahí arriba. Asómate a ver que ves.- Revy bajó la ventanilla, y sacó la cabeza para ver mejor, aplastando a Rock contra el asiento mientras procuraba mantener el equilibrio. Miró hacia los tejados de las casas de ambos lados de la calle, pero no vio nada.
-Benny, no veo nada. Creo que han sido imagina¡OHMIERDA!- De uno de los tejados, apareció Mokuro, corriendo y saltando de casa a casa, sorteando los espacios entre ellas con agilidad, mientras se posicionaba a la misma altura que el vehículo. Saltó desde el tejado cuchillo en mano, y en dirección al coche.- ¡BENNY, APARTA EL COCHE!- Pero el aviso llegó tarde. Mokuro cayó sobre el capó del GTO, sorprendiendo a todos y dedicándoles una sonrisa macabra de pura excitación, mirándolos con sus hipnóticos ojos dorados. Benny dio un volantazo, tratando de librarse de ese loco, quien dio un salto y se subió al techo del coche, clavando el cuchillo en la carrocería y usándolo como ancla.
Benny empezó a mover el coche de lado a lado con violencia, en un intento de librarse de él, mientras Revy y Dutch sacaban sus armas y apuntaban al techo.
-¡Trágate esto!- gritó Revy, abriendo fuego con ambas pistolas mientras Dutch la apoyaba disparando con gran potencia su arma. Las balas atravesaron el techo, dejándolo como un colador, y provocando que Mokuro tuviera que soltar el cuchillo y resbalara hacia la parte de atrás del GTO. Allí, fue recibido por Revy, que siguió disparándole a través de la ventanilla trasera. Mokuro dio un salto mortal hacia atrás, y cayó con elegancia en el suelo, esquivando los disparos de la pistolera. Los ocupantes del coche observaron como el psicópata se ponía de pie, y se dirigía con paso rápido a un callejón lateral, donde se perdió rápidamente de vista cuando Benny giró una esquina.
-¡Mierda, acababa de repararlo…!- comentó Dutch, observando los daños causados en el coche. Había tenido que aflojar un montón de pasta después de destrozarlo cuando huyeron de la criada, y ahora le iba a tocar tener que pagar otra vez. Suspiró. ¿Por qué todos tenían que pagarla con su coche?
-¡No me seas un puto bebé llorón, Dutch!- comentó Revy, molesta por no poder acertarle a aquel saltimbanqui ni una vez-. ¡Benny!, ¿Cuánto falta?
-¡Ya casi hemos llegado!- Del motor del coche empezó a salir un espeso humo, que obstaculizó un poco la visión de Benny-. ¡Aunque no sé si llegaremos!
Dutch contempló molesto como su coche trataba de llegar a su destino a trompicones. En serio, ¿Por qué siempre a su coche…?
Balalaika llevaba un rato esperando a la puerta del restaurante, de pie frente a una pequeña rotonda donde los coches se situaban para que sus ocupantes pudieran acceder al lugar sin tener que detenerse en medio de la calle. A ambos lados, la amplia calle se encontraba vacía de cualquier transeúnte o vehículo civil. En cuanto había llamado a sus hombres, estos se habían movilizado con eficiencia, cortando la calle para que no se vieran civiles involucrados, y posicionando a sus tiradores en varios puntos estratégicos. Varios de sus hombres, armados con fusiles Kalashnikov, se encontraban actualmente a su lado, tanto para protegerla como para disparar a lo que fuera que ella señalara como objetivo. La mafiosa esperó impaciente a que aparecieran Dutch y sus chicos, "rezando" porque hubieran conseguido librarse del Oni Gaki. Si los rumores que había oído sobre el eran ciertos, sabía que no sería una tarea sencilla.
De un lado de la calle, empezó a llegar un sonido en aumento, el sonido de un coche acercándose a gran velocidad. La radio de Balalaika se encendió, mientras uno de sus tiradores informaba de que el coche de la compañía Black Lagoon se acercaba. Agradeciendo la información, Balalaika ordenó que empezaran a vigilar los alrededores, ya que su perseguidor no podía andar lejos.
El coche se detuvo enfrente del restaurante, al otro lado de la calle. Balalaika observó como Dutch y sus chicos abandonaban el destrozado coche. Las ventanillas delanteras y la de atrás estaban destrozadas, el techo apenas se mantenía entero, lleno de agujeros como un queso Gruyere, y el capó estaba aplastado y echaba mucho humo. A excepción de Rock, que estaba siendo transportado por Benny y Revy, todos los demás parecían encontrarse bien, aunque Dutch llevaba un ensangrentado vendaje en un brazo.
Justo cuando iba a saludarles, oyeron el sonido de un coche acercándose, provocando que todo el mundo se pusiera en alerta. Balalaika preguntó por radio de quien se trataba, pero sus tiradores dijeron que no veían a nadie. Entonces, ¿de dónde venía ese sonido? Su pregunta fue rápidamente contestada.
Al otro lado de la calle, en el segundo piso de un bloque de apartamentos, las ventanas que daban a la calle se iluminaron de forma espectacular, a medida que dos brillantes focos se movían hacia ellas a gran velocidad, llamando la atención de la ex militar. Abrió sus ojos de puro asombro (,) cuando un coche apareció atravesando la pared del edificio y sobrevolando la calle, pasando por encima del GTO y de la compañía Lagoon, que miraban boquiabiertos aquel fenómeno. Del interior del coche, una macabra risa que rezumaba diversión y locura resonaba como el aullido de un demonio, como un espectro que se hubiera escapado del infierno. Balalaika se limitó a quedarse de pie, gratamente sorprendida, pues no todos los días alguien conseguía pillarla por sorpresa de aquella forma. El coche pasó a su lado a gran velocidad, estampándose contra la puerta principal del restaurante, sorprendiendo a sus ocupantes, que miraron de alejarse a todo correr del punto de impacto.
En el exterior, nadie movió un musculo, tratando de comprender porque un coche había salido del interior de una casa, y como podía haber saltado de acera a acera de aquella forma. Los hombres de Balalaika corrieron a tomar posiciones, apuntando con sus armas al vehículo, preparándose para quien fuera que se encontrara en su interior, siempre que no se hubiera matado del golpe.
Del restaurante, salió el sonido de un aplauso, acompañado por la misma risa que habían oído con anterioridad, aunque ahora más calmada. El hombre poseedor de aquella tenebrosa risa salió, aplaudiendo satisfecho y clavando su mirada de gozo en los allí presentes. Balalaika miró a aquel hombre a los ojos. Era él, no había duda. Realmente, ese era el tipo de la grabación. El hermano gemelo de Rock. El Oni Gaki.
-¡Tío, lo que decía el folleto turístico era verdad!- dijo alegremente mientras se alejaba del destrozado coche. Parecía haber salido ileso, a pesar de que su ropa estaba llena de manchas de sangre-. ¡Esta ciudad es divertidísima de noche!- A su espalda, el coche en el que había ido estalló, iluminando la zona y provocando que todo el mundo menos él y Balalaika, que seguían mirándose a los ojos, se pusieran a cubierto. Mientras las llamas y el humo invadían el restaurante, Mokuro empezó a caminar hacia Balalaika, pero los hombres de esta se pusieron en su camino, apuntándole con sus fusiles, y listos para disparar a la menor señal de amenaza. Mokuro, por su parte, los ignoró y atravesó como el que aparta una cortinilla de su camino, y se plantó a escasos centímetros de la mafiosa rusa, que miraba desafiante a aquel loco sin que este pareciera sentirse amenazado por ello. Mokuro le dedicó una sonrisa, antes de tenderle la mano.
-Creo que no tengo el gusto de conocerla. Un placer, señorita. Mi nombre es Mokuro Okajima, para servirla.- Balalaika observó a aquel joven, y al final le estrechó la mano, sonriendo dulcemente, pero sin dejar de emanar su aura amenazante.
-Un placer, míster Okajima. Me llamo Balalaika.- Mokuro torció la mano, y le hizo una caballeresca reverencia mientras le besaba uno de sus nudillos, pillando por sorpresa a Balalaika de nuevo. Sonrió para sus adentros. Interesante…
-¡Oh, señorita Balalaika! Me han hablado mucho de usted. Tengo que confesar…que soy un fan- dijo sonriendo macabramente- de su trabajo. Puede que yo no sea muy amigo de las armas de fuego ni del trabajo en equipo, pero hasta yo sé apreciar la elegancia de una operación militar bien desplegada.- Balalaika le agradeció el comentario con una leve inclinación de cabeza.
-Gracias, yo también he oído hablar mucho de usted. Su reputación le precede, señor Oni Gaki.- Mokuro ronroneó como un gato al oír pronunciar su otro nombre. Daba gusto que se supiera de sus habilidades, que se le reconociera su talento, incluso en un lugar como aquel.
-En fin, me encantaría quedarme a charlar, tomar un té y contar batallitas, pero por desgracia me encuentro terriblemente ocupado en estos momentos- se lamentó Mokuro-. Tengo tres personas a las que descuartizar, un hermano que meter en vereda, y me he dejado el pavo en el horno encendido. Si me disculpa…- Mokuro empezó a dirigirse hacia el trío del Black Lagoon, mientras Dutch sacaba su revólver y Revy intentaba apuntar bajo el peso compartido de Rock. Mokuro sacó uno de sus cuchillos, un extraño cuchillo con forma de gancho, y se relamió los labios. No llegó muy lejos.
-Me temo que no puedo permitírselo, querido- dijo Balalaika a sus espaldas.- Verá, ellos imparten un servicio muy importante en esta ciudad, y me siento orgullosa de poder decir que los trabajos que han realizado para mi han sido impecables. A decir verdad, me caen bastante bien, y es por eso que no puedo permitir que venga usted y les mate.- Balalaika apuntó con su arma a Mokuro, quien se giró y miró a la mafiosa con una ceja levantada-. Espero que lo entienda.
-¡Claro, claro! Eso puedo entenderlo- contestó Mokuro-. Pero entonces estamos en un punto de inflexión. Ellos tienen a mi hermano, y no lo quieren soltar, mientras que yo quiero que se venga conmigo a Japón. Ya me dirá como podemos solucionarlo sin que esto acabe convertido en un baño de sangre. – Balalaika pareció pensárselo, cuando de repente Mokuro propuso algo.- ¿Qué le parece esto? Yo, contra el trío de mensajeros, a puñetazos. Sin armas. El que quede en pie se llevaba el premio.- Revy y el resto miraron a Mokuro sin acabar de creerse lo que proponía. ¿Quería que se dieran de tortas? Era más sencillo dispararle ahora y acabar con todo de una vez.
-¡Muy bien! Hacedlo así- aceptó Balalaika. Revy miró sorprendida a su Hermana Mayor. ¿Pero qué…?- Vaya,… ¿Alguien más siente que ya hemos vivido esto antes?
-¡Hermana, ¿pero qué coño dices?! ¡Disparemos a este gilipollas y acabemos con todo esto de una maldita vez!- Pero Balalaika negó con la cabeza.
-Revy, si fuera un desconocido, entonces créeme, yo sería la primera en dispararle. Pero él no es un cualquiera, es el hermano de Rock, y ha venido hasta aquí para llevárselo a casa. Lo mínimo que podemos hacer es darle la oportunidad de conseguirlo, ¿no crees?- Dutch miró fastidiado a Balalaika. ¿Acaso eran simple entretenimiento para ella? "En fin", pensó, "sin contar a Benny, creo que entre Revy y yo podremos con él".
Revy dejó fastidiada a Rock con Benny, aunque de repente motivada por la idea de poder machar con sus propias manos a aquel lunático, mientras ella y Dutch se despojaban de sus armas, y se acercaron a Mokuro. Este guardó su cuchillo, y se quitó la chaqueta, que dejó caer al suelo con un sonoro golpe metálico. Empezó a crujir sus nudillos y cuerpo, flexionando y estirando dos brazos con músculos bien definidos y marcados con un par de tatuajes: una serpiente tribal en rodeándole el bíceps izquierdo, y una parca cubriéndole el antebrazo derecho. Su camisa revelaba un cuerpo duro y musculoso, sin llegar a estarlo tanto como el de Dutch, que se quitó su chaleco para tener más movilidad, mostrando su musculoso y abultado torso, cubierto por su propia camisa top.
Los tres quedaron cara a cara, Revy y Dutch en un lado, y Mokuro en el otro. Menos Dutch, los otros dos se miraban con sonrisas de salvaje alegría, expectantes por la lucha que tendrían en aquel lugar. Balalaika levantó su arma.
-¿Preparados?... ¡YA!- Y disparó al aire, marcando el inicio del enfrentamiento.
Dutch y Revy se lanzaron al ataque, mientras Mokuro se dedicaba a retroceder y a esquivar sus ataques. A medida que iban avanzando, Revy trataba de ponerse a su espalda, para así atacarle por ambos frentes, pero Mokuro le impedía avanzar bloqueándola y lanzando un par de ataques que la obligaron a retroceder. Sin previo aviso, Mokuro se situó en mitad de uno de sus ataques entre ella y Dutch, pillando a ambos por sorpresa. Dutch le lanzó una patada, que Mokuro esquivó y redirigió a Revy, golpeándola en el estomago justo cuando se disponía a atacar a Mokuro. Este lanzó un rápido golpe a la cara de Dutch, no tanto para herirlo como para desconcentrarlo un instante, momento que aprovechó para propinar una fuerte patada trasera a Revy, que la mandó volando por los aires. Mokuro y Dutch se quedaron solos.
Dutch empezó a lanzar una serie de fuertes puñetazos y patadas a Mokuro, quien se limitaba a moverse a su alrededor, esquivando sus fuertes golpes y respondiendo con rápidos ataques que apenas dañaban al gigantón. No les hacían daño, solo le enfurecían. Mokuro se estaba dedicando a jugar con él, y a pesar de que sabía que era un error, la combinación de aquellos golpecitos y la risa jovial de Mokuro acabaron por hacer que Dutch perdiera la paciencia.
-¡Vas a tener que revolotear mejor, Ali!- se burló el joven japonés, esquivando un derechazo de Dutch que, de haber conectado, le habría mandado al suelo de cabeza. Agachándose, propinó varios puñetazos a gran velocidad al estomago de Dutch. Este trató de atraparle, pero se revolvió, pasando a golpearle en un costado. Dutch trató de barrerlo usando toda la extensión del brazo, pero Mokuro lo esquivó de nuevo y le lanzó un rápido golpe al cuello. Aprovechando el momento, le atrapó el brazo, retorciéndoselo y golpeando con precisión en su codo y hombro, dislocándole el brazo. Aturdido por el dolor, no pudo evitar que Mokuro se situara a su espalda, y le pateara la parte trasera de la rodilla, obligándole a arrodillarse. Mokuro le agarró de la frente, perlada de sudor, y le propinó un fuerte rodillazo en la nuca, aturdiéndole y mandándole de cuatro patas al suelo. La visión de Dutch se volvió borrosa, mientras trataba de no caer apoyándose con su único brazo bueno. A su lado, Mokuro le observaba victorioso desde arriba.
-Buenas noches, Cassius Clay…- Dando una voltereta hacia adelante en el aire, cayó con el talón de su bota en la cabeza de Dutch, dejándole inconsciente contra el suelo.
Mientras todo esto sucedía, Revy había conseguido ponerse en pie, justo a tiempo para observar a su jefe ser noqueado por aquel visitante, quien le había propinado una acrobática patada de hacha en la cabeza. Cuando se puso de pie, Revy levantó los puños, convencida de que ahora iría a por ella, pero vio como se dirigía al coche, en dirección a Benny y Rock.
-¡Eh, tú! ¡Tu oponente soy yo!- gritó Revy, tratando de llamar la atención del psicópata.
-Noooo, mis oponentes sois los tres, y yo digo que ahora le toca a Benny salir al cuadrilátero.- Benny trató de apartarse de él, pero Mokuro consiguió agarrarle y le arrastró hacia el centro de la calle, rodeando al asustado informático, quien trataba de controlar los temblores que dominaban su cuerpo, mientras intentaba no perder de vista a aquel loco, que le rodeaba y le sonreía como un tiburón.
-Venga, Benny, ¡levanta esos puños!- le animó Mokuro, levantando los puños como un boxeador de los de antes, mientras Benny intentaba buscar una apertura por la que escapar.
-P…p…pero yo…yo no…no…- Mokuro le dio una rápida bofetada, cortando el balbuceo del asustado hombre.
-¡Que levantes los puños, venga!- Poco a poco, Benny imitó la postura de Mokuro, tratando de posicionar sus brazos entre ese loco y él. Mokuro le miró ilusionado, moviéndose y botando de lado a lado como un boxeador de verdad.- ¡Bien! Ahora…- dijo poniéndose a un palmo de Benny, que no se movió a pesar de lo cerca que se encontraban. Mokuro giró su cara, adelantándola y señalando un punto de su mandíbula-… pega aquí- le instruyó. Revy observaba la escena, molesta porque aquel loco le estuviera dando de lado. Empezó a moverse hacia ellos, pero Mokuro la detuvo, con su atención todavía puesta en Benny.
-¡Alto ahí, Dos Manos! Esto es entre Benny Boy, y yo.- Entonces, Benny se armó de valor, y lanzó un puñetazo a la cara de Mokuro, que no se inmutó.- No ha estado mal, pero tienes que mejorar. Otra vez.- Benny le golpeó de nuevo-. Mal, tienes que girar más el cuerpo. Otra vez.- Benny volvió a golpear-. Aprieta el puño, zoquete, que aun te vas a hacer daño- le regañó Mokuro, animándole a que le golpeara de nuevo. Benny siguió pegando a Mokuro, quien parecía no sentir dolor de los puñetazos del joven informático, hasta que Benny consiguió darle un puñetazo que le giró la cara. Mokuro miró ilusionado a Benny.- ¡Bien, ese ha sido un buen golpe! Felicidades, Benny.- Benny sonrió nervioso. Tal vez saliera de aquello sin…- Ahora, me toca a mi.- Y Mokuro lo tumbó de un puñetazo. Balalaika sonrió e hizo un gesto de dolor. ¡Auch! Al menos, el chico le había dado un golpe. Era más de lo que había conseguido Dutch.
Mokuro se inclinó junto al atontado joven, que trataba de ponerse en pie con la mirada desenfocada, y mientras un hilillo de sangre le salía de la nariz. Quitándole las gafas, las plegó y se las dejó con cuidado a un lado.- Ha estado bien, flacucho- dijo agarrándole del pelo.- Te has ganado un descanso.- Y dicho esto, le estampó la cabeza contra el asfalto, noqueándolo.
Ya solo quedaban él y Revy.
-Dos abajo.-Mokuro sonrió con sadismo-. Queda lo mejor…- Su risa consiguió inquietar a algunos de los hombres de Balalaika, que agarraron con más determinación sus armas. Revy miró desafiante a Mokuro, y le sonrió de igual modo, lista para la batalla.
Ambos se acercaron, hasta quedar a apenas unos centímetros el uno del otro, esperando que fuera el otro quien diera el primer golpe. Mokuro provocó a Revy guiñándole un ojo, y Revy le respondió lanzando un rodillazo a su entrepierna, que Mokuro consiguió bloquear con su pierna. Revy lanzó una serie de puñetazos, que Mokuro empezó a bloquear con los brazos. No tenían la potencia de Dutch, pero eran mucho más rápidos, y sabían a donde ir, de manera que Mokuro no tenía a donde apartarse. Siguió la misma estrategia que con Dutch, bloqueando y aprovechando para lanzar pequeños golpes a la cara y cuerpo de Revy, que a pesar de toda su experiencia parecía incapaz de igualar la velocidad del otro. Era como luchar contra un boxeador. Daba igual la fuerza, aquella era una pelea de velocidad, y simplemente Mokuro era más rápido.
-¡Vaya, no lo haces mal!- comentó Mokuro-… para ser una chica.
-Es curioso- comentó Revy, sonriendo-. Yo estaba a punto de decir eso mismo.- Mokuro hizo ver que se había llevado una puñalada al pecho por las palabras de Revy, y lanzó una serie de golpes a la joven, quien empezó a esquivarlos o pararlos. El intercambio de golpes fue progresando, sin que ninguno de los dos diera un golpe solido al otro, aunque Revy era quien más golpes había encajado, sobretodo bofetadas y algún toque al cuerpo. Al final, una finta de Mokuro provocó que abriera la guardia, y recibiera en la cara un derechazo del japonés. Revy se giró, doblada a causa del impacto, mientras Mokuro se reía satisfecho.
-¡Oh, vaya! ¡Lo siento, ¿te he hecho daño?!- Mokuro siguió riéndose, hasta que Revy le lanzó una patada trasera por sorpresa que impactó en pleno centro de su entrepierna, cortando en seco su risa, y provocando que Balalaika se riera al verlo, y que la mayoría de sus hombres cruzaran un poco las piernas. Había sido una patada tremenda, eso sin contar las botas de gruesa plataforma que solía usar Dos Manos.
Mokuro se alejó unos pasos de Revy, con las manos en la entrepierna, mientras se retorcía y jadeaba de dolor. Levantó un dedo y miró a Balalaika: -¡Eh, árbitro! Aaaaayyyy… ¡Eso ha sido un golpe bajo! ¡Falta!- Balalaika siguió riendo, y señaló algo delante de él. Cuando Mokuro se giró, vio a Revy abalanzándose sobre él, con el puño a medio camino de su cara. Apenas consiguió apartarse, y Revy pasó al ataque, lanzando puñetazos y patadas que el dolorido joven apenas podía bloquear. Al final, Revy consiguió darle una patada en pleno estomago, provocando que bajara la cabeza, que Revy le levantó de un uppercut. Mokuro cayó de espaldas al suelo con la nariz sangrando, mientras Revy era ahora quien le miraba sonriente desde arriba.
-¡Oh vaya! ¡Lo siento, ¿te he hecho daño?!- le respondió sarcásticamente, mientras le propinaba un puntapié en plena cara. Mokuro cayó seco al suelo, y Revy creyó que había ganado. Realmente, le había dado trabajo, pero nada comparado con su pelea contra la criada de mierda aquella. Se dio la vuelta, y fue a ver como estaba Dutch, cuando…
-…hm…hmhm…hmhmhmhm…jejejeje…jajajaja…- Una risa empezó a ganar fuerzas a su espalda, provocándole escalofríos. Era algo completamente distinto a la risa que había oído hacer antes a aquel tipo. Se giró, y lo que vio consiguió asustarla incluso a ella.
Mokuro se encontraba incorporado en el suelo, tocando la sangre que brotaba de su nariz, y mirándola con ojos de locura y felicidad extrema, que parecían brillar con luz propia. Su cuerpo empezó a convulsionar, a medida que su malévola risa empezaba a convertirse en carcajadas de locura, mientras se ponía en pie y fijaba su alocada mirada en Revy, a pesar de todo lo que había visto y vivido, esta se quedó petrificada. Mokuro empezó a caminar hacia ella, riéndose como un psicópata. Revy trató de calmarse, y volvió a ponerse en posición de ataque.
-¿Qué pasa, gilipollas? ¿Te has quedado con ganas de más?- dijo lanzando un puñetazo a Mokuro. Ella esperaba que lo bloqueara o lo esquivara. Pero lo que hizo fue atraparlo. Mokuro agarró el puño de Revy, encerrándolo en un férreo agarre, que amenazaba con crujirle los huesos de la mano. Mokuro le retorció el puño, obligando a Revy a arrodillarse para no perder la muñeca, mientras seguía mirándola con ojos muy abiertos, y una sonrisa sádica de la que brotaba su macabra risa. Con la otra mano, agarró a Revy por la camiseta, y la atrajo hacia él con fuerza, mientras le propinaba a la joven un fuerte cabezazo. El impacto aturdió a Revy y la lanzó hacia atrás, pero Mokuro la volvió a atrapar por la camiseta y volvió a repetir el cabezazo. Y otra vez. Y otra vez. Y otra vez.
Revy cayó al suelo, su sangre brotando de una herida de su frente y derramándose por toda su cara. Mokuro, que sangraba de igual forma, agarró a Revy, y la obligó a ponerse de pie. Una vez se hubo asegurado de que no se caería, se alejó para coger carrerilla, y cargó hacia ella, aullando salvajemente como un niño en la montaña rusa. Su hombro impactó contra el cuerpo de la joven, levantándolo, y se la llevó por delante, hasta que la espalda de Revy chocó violentamente contra la pared de la casa contraria. El choque le sacó todo el aire de dentro, y a punto estuvo de caer al suelo de nuevo, pero Mokuro la agarró por los hombros y empezó a golpearle el tronco con la rodilla, provocando que Revy escupiera sangre a cada impacto.
Balalaika se puso seria. Eso ya no era divertido. Hizo un gesto a sus hombres para que se prepararan, por si tenían que intervenir. Pero Mokuro se giró, como accionado por resorte, y miró mientras se reía a Balalaika. A pesar de la distancia, a pesar de todos sus hombres, Balalaika no pudo negar que, durante un breve instante, se asustó. Ese tipo…no era normal. Sus ojos brillaban como poseídos por demonios. Fuera lo que fuera lo que estuviera pasando por su cabeza, estaba claro que su parte racional había sido desconectada.
Mokuro volvió a centrar su atención en Revy, quien parecía incapaz de levantar ya ni un dedo. Cogiéndola con ambas manos por el cuello, Mokuro procedió a levantarla del suelo, mientras Revy se ahogaba sin poder coger aire. Trató de golpear los brazos de Mokuro, pero parecía no surtir efecto. Lanzó una serie de patadas, e incluso pensó atraparle la cabeza con las piernas, en un intento de separarse de él. Pero Mokuro presionaba con el cuerpo, impidiéndole levantar las piernas más allá de su pecho. Pronto, la falta de aire privó a Revy de las pocas fueras que le quedaban, mientras pequeños puntos de luz empezaban a parpadear delante de ella. Su cabeza parecía a punto de estallar. "¿Así es como acabará todo?", se preguntó Revy, mientras notaba como empezaba a perder la consciencia.
Mierda…
-¡MOKURO!- La voz de Rock llamó su atención, impidiéndole caer en la oscuridad de su ser, mientras notaba como Mokuro aligeraba un poco su agarre, lo justo para evitar que muriera, pero aun estrangulándola. Mokuro, por su parte, dejó de reír, y centró su atención a sus espaldas.
Allí, se encontraba su hermano Rock, con la frente marcada con un moratón, mientras le apuntaba temblorosamente con una de las pistolas de Revy, sujetándola con ambas manos. Revy trató de comprender lo que estaba viendo, asegurándose de que lo que veía no fuera una alucinación. ¿Rock…con un arma…?
-¡Hombre, Rock, por fin te despiertas! Diablillo…- comentó Mokuro, sin fijarse al parecer en que su hermano le estaba apuntando con un arma.- Quédate ahí tranquilo. En seguida acabo con "esto"- dijo señalando a Revy con la cabeza-, y podremos volver a casa.- Rock tiró del martillo del arma, mirando fijamente a su hermano, quien no recordaba haber visto nunca así a su tranquilo hermano.
-No, Mokuro. Yo no me voy, ¡y tu vas a dejar de hacer daño a mis amigos!- Mokuro se rio, aparentemente divertido por las agallas de su hermano.
-¿Y qué vas a hacer, tipo duro? ¿Matarme?- Rock recrudeció su mirada.
-Exacto.- Mokuro dudó. Estaba seguro de que no dispararía. ¿Pero y si…? Aunque, era Rock de quien hablaban. Pero… ¿Y si…? Mokuro se la jugó.
-Rock, tú y yo sabemos que no vas a disparar, de manera que deja eso antes de que te hagas daño, y deja que los mayores resuelvan sus diferencias- dijo Mokuro, como si hablara con un niño pequeño. Rock se puso furioso. Siempre había sido así. Él era el indefenso, y su hermano el que le protegía. Él era el débil, y su hermano el fuerte. Él era el cobarde, y Mokuro el valiente. Pero ya no era el mismo. Había cambiado. Y como que había mundo, que no dejaría que su hermano matara a Revy.
Había llegado la hora de demostrar agallas.
Mokuro volvió a apretar, decidido a acabar con Revy de una vez por todas. Revy se sintió morir, mientras su cuello empezaba a ceder antes el agarre de aquel loco. Solo unos segundos más, y se acabaría todo.
Mokuro sonrió:- Y ahora, ¡buenas noches, Revy!- dijo con tono jovial, listo para partirle el cuello.
¡BAM!
El disparo resonó por toda la calle, rebotando por cada callejuela como el estallido de un cañón. Revy cayó al suelo, mientras se agarraba la dolorida garganta y luchaba por respirar otra vez. De pie delante de ella, se encontraba Mokuro, mirando con gesto sorprendido a donde antes había estado la joven, con los brazos aun en alto. Miró hacia abajo, y se llevó una mano al lateral de su torso, cerca de la cintura, donde una mancha roja empezaba a extenderse por su camisa. Se palpó, y contempló anonadado su sangre, oscura y pegajosa, sin acabar de creerse lo que había pasado.
Se giró hacia atrás, donde su hermano le observaba con una copia de su gesto de sorpresa, con el humeante arma aun agarrada entre sus manos. Mokuro miró su propia espalda, localizando fácilmente el agujero de bala que su hermano le había hecho de un disparo. Su hermano…Rock…le había disparado… Le. Había. Disparado. El mero hecho de pensarlo se le antojaba imposible, y sin embargo había sucedido.
Mokuro tosió, y sintió el sabor de su sangre en la boca. Rock contempló horrorizado lo que había hecho. ¡Le había disparado a alguien! Peor aun... ¡Le había disparado a su propio hermano! Rock dejó caer el arma al suelo, sus manos temblando de horror, mientras una sensación de horror y mareo se apoderaba de él, obligándole a vomitar bilis al suelo. Revy observó a Rock con otros ojos, como si le viera por primera vez. No porque hubiera disparado un arma, ni siquiera porque hubiera disparado a su hermano. Lo miraba, porque la había salvado. Había traicionado sus principios, e incluso había atacado a su hermano, quien le tenía aterrorizado… para salvarla. No sabía que pensar.
Mokuro empezó a caminar a paso tambaleante hacia Rock, que se encontraba incapaz de moverse, mientras veía a su hermano avanzar hacia él con los ojos abiertos por la sorpresa. Para variar, no sonreía.
-Tu…me has disparado… ¡Tu!- dijo incrédulo. Rock trató de excusarse.
-Yo…yo… ¡lo siento! Yo…- Mokuro le dio un fuerte abrazo, pillando a Rock y al resto por sorpresa. Mokuro empezó a reír de nuevo.
-¡Tío, me has disparado! ¡Ha sido total! Quiero decir, a ver, duele un puñado, y creo que me has agujereado algo que necesitaba para seguir viviendo,… ¡PERO ME HAS DISPARADO, JAJAJAJA!- Mokuro volvió a abrazar a Rock, zarandeándolo de un lado para el otro, hasta que volvió a toser sangre, y tuvo que parar. Revy, que se había puesto de pie, caminó hacia la pareja, mientras Mokuro felicitaba a Rock
-Tengo que reconocerlo: estaba convencido de que NO ibas a disparar. Te habría dejado K.O. de nuevo, y abría metido tu culo en un avión de vuelta a casa- confesó Mokuro, mirando con orgullo a su hermano-. Pero lo has hecho… Te has plantado, has cogido las riendas, y te has defendido. Puede que sí que seas capaz de sobrevivir aquí después de todo.- Mokuro se fijó en Revy-. ¡Eh, Revy, gran pelea! Tenemos que repetirlo alguna vez, aunque Rock me acabe disparando otra vez.- Riéndose de su propio comentario, palmeo a Rock y a Revy con fuerza en la espalda, provocando que Revy casi cayera al suelo. Por suerte, Rock consiguió atraparla antes, mientras dejaba que se apoyara en el. Mokuro les miró con cariño. "Oh, que pareja tan tierna", pensó. "Fijo que acaban juntos", aunque por si acaso no dijo nada. Ya bastante cerca de la muerte estaba tal cual, no quería acelerar las cosas. Se dirigió con paso alegre hacia Balalaika, dejando atrás a Rock y a Revy, quien parecía turbada por algo.
-…gracias…- murmuró Revy, tan bajo que Rock no llegó a oírlo.
-Perdona, ¿Qué has dicho?- preguntó Rock sinceramente.- No te he oído.- Revy pareció enfadarse, y golpeo con el puño a Rock, que aunque no le hizo mucho daño, si que le molestó mucho.
-Digo, ¡¿QUE PORQUE COÑO HAS TARDADO TANTO, PUTO RETRASADO?!-dijo chillándole furiosa.
-¿Perdona?- preguntó Rock, enfadándose por culpa de los aparentes caprichos de Revy.
-¡Ya me has oído! Si tenias el arma, ¿POR QUÉ HAS TARDADO TANTO EN DISPARAR?- Rock trató de cubrirse con el otro brazo, pero era bastante difícil considerando lo pegados que estaban.
-¡Hay que ser desagradecida…!- dijo Rock, sin poder creérselo-. ¡Encima que te salvo la vida…!
-¡YO YA LE TENIA DONDE LE QUERIA, NO ME HACIAS FALTA! ¡Lo que me molesta es que tardaras tanto en disparar…!
-¡Era mi hermano, ¿Qué esperabas?!
Siguieron discutiendo durante largo rato, bajo la mirada de Balalaika que les miraba sonriente. Mokuro se acercó a ella, mientras era apuntado por los fusiles de los hombres de la mafiosa.
-Que pareja tan adorable, ¿verdad?- preguntó Balalaika. Mokuro asintió.
-Cien pavos a que acaban juntos.-Balalaika se rio. ¡Eso no era una apuesta…! Volvió su atención al asesino.
-En fin, míster Gaki. Me hubiera encantado charlar con usted, pero parece que las cosas se han descontrolado un poco.- Mokuro se frotó la nuca, sonriendo aparentemente avergonzado por lo sucedido.- Si fuera posible, me encantaría poder quedar con usted alguna vez. Hay un par de cosas que me gustaría tratar sobre su llegada a la ciudad.
-¡Claro! Primero, voy a ir a que me miren esto, y entonces ya la llamare yo.- Mokuro le agarró la mano, y volvió a besarle el nudillo. Balalaika sonrió. Esa clase de modales ya no se veían tanto como antes, y una apreciaba que los hombres supieran comportarse, incluso con un agujero extra en el cuerpo.-Será… como una cita- dijo con picardía, sonriendo con falso encanto y guiñándole un ojo.
-¡Ah, zorro adulador!- se burló Balalaika, despidiendo con la mano a Mokuro mientras este se alejaba tranquilamente de allí. Balalaika centró su mirada en la zona a su alrededor. Un restaurante quemado, una casa demolida, dos coches destrozados, media tripulación del Black Lagoon inconsciente, y dos de ellos discutiendo como una pareja de casados con aspecto de habérselas visto con un león. Considerando el historial de ese loco, las cosas no habían salido tan mal.
En verdad, la cena no había sido para nada tranquila…
En otra parte de la ciudad, en esos momentos.
Verrocchio colgó el teléfono.
Sus contactos le habían informado de todo lo ocurrido, y le habían hablado del misterioso visitante que había masacrado a todos aquellos clientes del Yellow Flag, y que había machacado a Dutch y al resto. Con toda seguridad, era el mismo bastardo que había estado destrozando y haciendo desaparecer a sus hombres por toda la ciudad. Muy bien, pues él sabía cómo ocuparse de gente como aquella. A los monstruos se les mataba con otros monstruos.
Verrocchio cogió de nuevo el teléfono, marcando un número de teléfono.
-Si, soy yo. Quiero que llames a los gemelos. Ha habido un cambio de planes…
Y ACABÉ. ¡POR FIN, COÑA! Creo que es lo más largo que he escrito nunca. 44 paginazas (bueno, 43 y un par de líneas). Espero que os guste, y preparaos. Las tortas no han hecho más que empezar…
Recordad comentar lo que no os guste o que creáis que hay que cambiar, las sugerencias que tengáis y que serán bien recibidas, y si os está gustando o creéis que debería dejarlo y empezar a aprender a hacer calceta.
Chao.
