El mundo y los personajes de Digimon no me pertenecen.
Grabados en la luz
Dos
Estaban solos. No quería admitir que las lágrimas saladas que rodaban por sus mejillas eran prueba y testimonio de lo aterrado que estaba en ese momento. Había visto el rostro del miedo varias veces en ese viaje impensado, en tantas ramificaciones que no podría enumerarlas con seguridad. Se había sentido solo y desamparado. Se había sentido angustiado, triste. Se había sentido perdido. Pero, incluso en ese entonces, había un punto de luz en la oscuridad y Takeru había podido aferrarse a él con todo lo que tenía, con cada fibra de su ser. A veces, fue Patamon el responsable que siguiera adelante. Otras, la presencia de su hermano y sus amigos. Y ahora lo único a lo que podía aferrarse era a una cuerda que llegaba hasta las nubes y al terror de saberse completamente a la merced de Piemon. Tenía miedo, estaba francamente aterrado por lo que los esperaba en las tinieblas. No sabía que los esperaba más allá de las nubes pero estaba seguro, estaba real y completamente seguro, que no era el sol.
Este era el final. El ocaso de los niños elegidos.
Entonces, como la estrella que aparece en el cielo fugazmente, escuchó la voz de Hikari.
No podría decir que el miedo se desvaneció ni que sus dudas se esfumaron con ese simple hecho, no, pero algo cambió. Escuchó a Hikari, un espejo de su miedo vivo frente a él y pensó en lo que había sentido cuando lo abandonaron, cuando se sintió perdido y desolado. Las imágnes caleidoscópicas relampaguearon un segundo antes de desaparecer en el fondo de su mente y él empujó el miedo lo más profundamente que pudo. Lo había hecho antes, con Puppetmon. Lo había hecho antes y siempre había tenido algo que le devolvió las fuerzas pese a todo.
No estaba solo tampoco ahora. Hikari estaba con él. Y si él tenía miedo, ¿quién la protegería?
No quería que ella pasase por lo mismo, no deseaba que viese la sombra bajo la cuál el mismo había estado. Tenía que ser fuerte, por ella. Por Patamon. Por su hermano. Por sus amigos. Porque así encontrarían una forma de que todo estuviese bien. Porque si se rendía, Piemon ganaría y él no volvería a ver a sus amigos, Hikari perdería a su hermano, que la protegía con tanta fuerza que le recordaba a Yamato por momentos, y a Tailmon… ¡A Tailmon que la había buscado tanto tiempo!
Angemon acudió a su rescate, porque eso es lo que hacía y Takeru le dijo a Hikari que trepase por la cuerda, que avanzase más hacia el destino que ninguno conocía.
Antes de que se diera cuenta, ellos estaban cayendo.
Antes de que se diera cuenta, las palabras de su hermano sonaron en su cabeza. Tan nítidas, tan claras que Takeru podía sentir su textura en la punta de sus dedos.
Antes de que se diera cuenta, la esperanza se había vuelto un hilo de luz en las tinieblas.
Hikari significa luz, pensó. Y pudo aferrarse a eso.
(***)
Taichi suspiró pesadamente. Había pasado poco más de una hora desde que Hikari había dejado la cafetería en la que habían concertado la reunión sin rumbo definido. Bien, en realidad, él sabía exactamente el sitio al que ella había acudido y era la imposibilidad de seguirla lo que lo mantenía al filo de la frustración. Porque él entendía, en un nivel fundamental, lo que había empujado a Hikari a saltar sin pensar al Mundo Digital, aún sin saber lo que estaba pasando. Él lo comprendía porque habría hecho lo mismo, porque ellos eran esencialmente similares. La necesidad de marcharse de allí, lejos de las miradas simpáticas de sus amigos y lejos de esas ausencias tan sentidas, crecía cada instante y lo único que lo detenía era Sora, que siempre había sido su fortaleza para esos momentos y que se aferraba a él como si temiese que se marchase también.
Siempre odió la idea de la espera. Aún cuando había tenido que abrazarla, seguirla, ocasionalmente, no le gustaba.
Él sabía que era tonto, porque lo más sensato que podían hacer era irse de allí, reunirse en otra parte y así poder hablar con tranquilidad, idear un plan. Koushiro tecleaba sin pausa en su portátil como intuyendo la impaciencia que ardía bajo su piel pero no dijo una sola palabra en su dirección. Daisuke y Miyako se alternaban para discutir sobre algo pero Ken los había guiado hacia otra mesa, leyendo la situación con más pericia que sus dos amigos. Las personas que estaban en las mesas cercanas empezaban a mirarlos con curiosidad y exasperación mezcladas.
Iori permanecía en respetuoso silencio, un custodio rondando a Koushiro como lo hacía Yamato. Mimi se había levantado de la mesa con una excusa que no recordaba y Jou había seguido sus pasos con inquietud, preocupado por lo silenciosa que se encontraba la joven Tachikawa.
—Sigue cerrada —declaró Koushiro, en voz apenas audible. No miraba a Yamato ni a Iori, sus ojos se dirigieron directamente hacia Taichi.
Era una confirmación a sus temores. La puerta al Mundo Digital se mantendría en ese estado. Curiosamente, él no esperaba algo distinto.
—¿Gennai te ha enviado algo más? —Sora preguntó, fue la primera en reaccionar a la información.
Koushiro negó ligeramente con la cabeza. —Solo una disculpa, que hay errores imprevistos y las puertas se han vuelto muy inestables desde esta mañana.
—Pero Hikari-san pudo cruzar —dijo Iori.
Todos en la mesa se tensaron. Taichi podía sentir los ojos de Yamato perforando su piel.
—Creo que deberíamos ir a otro lugar —afirmó, finalmente. Sora, que estaba a su lado, apretó el agarre a su brazo—. ¿podemos usar tu oficina, Koushiro?
Los ojos oscuros se abrieron ligeramente en la sugerencia. Él no lo había pensado porque estaba más concentrado en el problema inmediato, que era hallar una forma de abrir la puerta al Mundo Digital. Normalmente, su oficina era el punto de reunión porque era espaciosa y cómoda. Mimi había sugerido esa cafetería en particular porque quería un cambio de aires.
—Sí. Tengo el equipo más avanzado allí y… Tal vez pueda… Tal vez pueda leer lo que ha pasado. Sin duda, será más cómodo.
Mientras hablaba, sus manos se adueñaban de sus pertenencias. Su mente seguía trabajando, Taichi sabía, por la forma en la que fruncía las cejas y sus dedos se mantenían en movimientos que emulaban el tipeo en el teclado. Iori se apresuró en ir hacia sus amigo para avisarles que cambiaban de escenario cuando Koushiro se encaminó hacia la salida.
—Iré a buscar a Jou y a Mimi para irnos todos juntos —murmuró Sora mientras se levantaba de su asiento. Ella sabía que Koushiro no los esperaría a ninguno de ellos.
Antes de marcharse en busca de los dos faltantes, Sora le acarició el brazo a Yamato rápidamente. Él le dio una sonrisa que no llegó a sus ojos.
—Va a estar bien —dijo, a nadie en particular.
Yamato permaneció inmóvil, en la misma posición que había estado desde que empezaron con esa búsqueda frenética para abrir la puerta, pero sus ojos buscaron los de Taichi.
El mayor de los Yagami se levantó de su sitio.
—No volverá hasta que pueda traer a Takeru con ella, Yamato. Creo que lo sabes tan bien como yo.
Lo sé.
(***)
Patamon siempre echaba de menos a Takeru cuando no podía pasar algún momento con él, especialmente cuando tenían muchos días separados. Si bien estaba seguro que no era el único que se sentía incómodo con ello ni el más vocal, todos sus amigos podían saber cuando algo con él estaba mal sobre el tema. Tailmon, especialmente.
Se debía, tal vez, a que pasaban mucho tiempo juntos — tanto en el Mundo Digital como en el Mundo humano— y se conocían bien. O, quizás, a que eran compañeros de batalla y con el tiempo habían aprendido a leer al otro, sutilezas y silencios, para ser imparables, para no depender de sus oídos. O por lo que habían vivido juntos por ser compañeros de los niños de la luz y la esperanza. Tailmon, a decir verdad, le había dicho que estaban configurados de forma diferente.
Prefería pensar que era por todas esas cosas juntas.
—Estás actuando como un niño —le dijo Tailmon, parecía cansada y refregó sus ojos con sus patas—. Takeru dijo que vendría en unos días. Tienes que aprender a ser paciente.
Patamon refunfuñó en eso, un poco ofendido.
—Pero no me dijo ir a su casa, dijo que era un sorpresa y ahora ha encendido la computadora pero ni una vez…
Fue entonces cuando lo supo. No podía explicar el motivo o la razón escondida detrás de la abrumadora certeza que lo invadió repentinamente. El tiempo se detuvo por completo al borde de un abismo y en un parpadeo, Patamon se sintió caer en una montaña rusa.
Takeru no estaba.
Takeru se había ido.
Takeru… Había desaparecido.
(***)
—¿Wisemon? —Preguntó Hikari, un poco confundida. Gennai le acababa de decir que la mejor forma de encontrar a Takeru era con alguien que tenía completa libertad para viajar a través del tiempo en el Mundo Digital.
—Wisemon, exactamente —repitió el que siempre había sido como un mentor para todos ellos—. Él no interviene libremente y es posible que debas pagarle por lo que quieres hacer pero tendrás más oportunidad con él que con cualquier otro ser que viva en este mundo.
—Usted me dice que debo encontrarlo y luego convencerlo de que me ayude a encontrar a Takeru.
Gennai se enderezó en su asieno, las yemas de sus dedos cruzándose en un gesto que le era familiar. —Así es.
—¿Usted tiene alguna idea de cómo empezó esto, señor Gennai? ¿… O por qué?
—Takeru me dijo que había comenzado a escribir historias sobre el Mundo Digital.
—Eso es verdad. Iba a sorprender a nuestros amigos con su primer manuscrito del tema. Lleva años… —Hikari se detuvo así misma, se tensó en su lugar y sus ojos se abrieron con temor— ¿Está diciendo que esto tiene que ver con lo que Takeru está escribiendo? ¡Él no se lo había dicho a nadie! La única persona a la que le comentó que había terminado fue a mí y… yo nunca…
—La información no siempre está a salvo, Hikari. Tal vez no tenga que ver con esto, pero he estado filtrando lo que algunos de los digimons querían saber de ustedes. Lo que algunos humanos también querían. Solo hay una agencia con la que he accedido a cooperar y ustedes saben cuál es.
Ella asintió.
—Pero Takeru no hizo nada malo. Él solo escribió nuestras aventuras, ¿quién querría…?
—Eso no lo sé. Le dije a Koushiro que estaba reforzando la protección de ustedes y él pareció estar de acuerdo. Pero quién más me preocupaba era Takeru.
—Usted debería haber dicho algo, señor Gennai. Avisarnos de algún modo.
—No me malinterpretes, Hikari, lo que he hecho solo fue preventivo. Solo me doy cuenta ahora que las cosas estaban siendo más… intensas. Me di cuenta hace unos días que había algo más detrás de todo.
—Lo siento. Es solo… Takeru ha desaparecido y nada de esto está bien. Necesito que vuelva.
Los ojos de Gennai eran infinitamente amables, de nuevo.
—Lo entiendo.
Ninguno de los presentes comentó que reforzar la protección de Takeru le había marcado como el blanco perfecto.
(***)
Takaishi Takeru estaba acostumbrándose a vivir en Odaiba. Desde que era un niño pequeño y su madre lo había llevado a vivir un apartamento sin su padre y su hermano, él se negó a dejar de creer que sucedería lo contrario. Un día su madre volvería a llevarlo al lugar donde estaban su papá y Yamato, y ellos serían una familia otra vez. Como siempre debió ser.
Por eso, cada vez que hizo una bolso y vio a su madre llenar las maletas, algo en el fondo de su mente parecía sacudirse en la esperanza de que, tal vez, había llegado el momento de regresar junto a su padre y su hermano.
Nunca llegó.
Kawada, Sangegaya y después Odaiba. Tres ciudades en tres años y solo la última le parecía permanente en el horizonte cercano de su vida. O quizás era su deseo de quedarse allí. No estaban en la misma casa, pero estaba lo suficientemente cerca de Yamato para verlo cuando quisiera. Era la ciudad de sus amigos más cercanos, la ciudad a la que él se sentía anclado antes de incluso saberlo.
Takeru sabía que no quería irse pero se cumplían cinco meses, agosto estaba cada vez más cerca y sentía que algo estaba por pasar.
—¿Por qué estás tan inquieto? —La voz suave de Hikari sonó en el salón vacío. Era su turno para limpiar el salón y ella había estado en silencio desde que había llegado, minutos atrás. A Takeru no le molestaba el silencio: su hermano era silencio y serenidad, algo muy parecido a Hikari.
—No estoy... —Takeru suspiró y pasó el borrador contra la pizarra. Él había estado escribiendo con tizas mientras esperaba a Hikari. Ella se había disculpado por su retraso, culpando a Taichi, pero no había perdido el tiempo—. No tiene sentido que lo niegue, ¿o sí?
—Cuando algo te preocupa te quedas en silencio —ella comentó, con suavidad. Takeru se arriesgó a mirarla, sorprendido por la observación—. Hasta que encuentras lo que quieres decir. O lo resuelves.
—¿Sí? —Preguntó, aunque lo que quería decir era: ¿cómo puedes saber...?
Patamon era al único al que le contaba sus problemas.
—Si hay algo en lo que pueda ayudar, me gustaría hacerlo. Siempre parece que es al revés —Hikari parecía algo incómoda en eso.
—No es nada —se apresuró a decir, luego, hizo una pausa—... Gracias.
Hikari se detuvo y le sonrió.
—Las vacaciones de verano será en algunas semanas —comentó, de repente.
Él asintió, aliviado por el cambio de tema. —Hablé con Mimi, ella dijo que vendrá también... Así que estaremos otra vez los ocho para el primero de agosto.
—Y nuestro primer año con nuestros digimons aquí. Aunque sería agradable que mi hermano y los demás tuvieran a sus digimon también.
Hikari hizo una pausa. Fue a buscar algo en su mochila y cuando regresó, Takeru vio que sostenía un cuaderno rosado.
—¿Una agenda? —Preguntó sonriendo. Era algo que no esperaba pero siempre era así con su amiga.
Hikari le devolvió la sonrisa después de escribir en rojo algunas líneas. —Solo anoto las fechas importantes cuando están cerca, para seguirlas cerca. El primero de agosto es una fecha importante. Aunque me alegra que sea una fecha extendida y también cuenten los días siguientes.
—Nosotros conocimos a nuestros amigos el primero de agosto, tú lo hiciste un poco después. Y Wizardmon… Gotsumon y… Hay cosas que no pueden olvidarse, hay cosas que merecen recordarse.
—Yo me reuní con ustedes después de conocer a Tailmon y saber que era una niña elegida, lo hice todo al revés —comentó Hikari.
Takeru bufó. —Eso es lo que tú haces, octava niña elegida.
N/A: Un año sin actualizar, bueno, un año y meses, pero… ¡Al fin logré reencontrarme con esta historia! Los errores de Gennai, y sus intenciones son honestas, pero cada vez que lo escribo tiene más información de la que dice…
Me tomaré libertades con Wisemon, que solo lo he visto brevemente en Xross wars, y lo veremos en el próximo capítulo… si es que Hikari lo encuentra.
¡Gracias por leer! ¡Y feliz Navidad!
