Los personajes que aparecen en esta historia no me pertenecen.

Capítulo 3: ¡Escapemos princesa!

Corría todo lo rápido que sus piernas le permitían pero no sabía a dónde se la había llevado.

Maldita sea, ¿dónde estáis pequeña?

Pasillos, salas y escaleras, pero no estaba en ninguna parte. Mientras iba desorientado no paraba de pensar en como alguien que parecía tan inocente se metía en tantos líos. Apenas habían pasado dos días y ya le habían echado refrescos y comida en cima, ya la habían sorprendido mientras dormía en el bosque, ya la habían obligado a ir con un desconocido a un lugar horrendo y ahora la estaban atacando sin ninguna compasión. No pudo evitar sentirse muy culpable, pues había sido él quien la había obligado a meterse en el castillo de Queen.

Idiota, tonto, egoísta, egocéntrico, lerdo –se insultó a si mismo.

Había pensado en si mismo antes que en su seguridad y se había dejado engañar por Queen. Pensaba darle una gran lección, pero por otra parte tenía miedo de perder a la sobrina de Queen. Era una gran decisión que tenía que tomar y no solo eso, Queen daría la alarma y tendría que escapar de sus fieros guardias.

Corría por un pasillo con un montón de salas a cada lado y confiaba en verlas todas antes de terminar. El pasillo era un callejón sin salida con un cuadro enorme del noble al fondo. En el se veía con sus mejores galas y sujetando una gran espada. Fue abriendo puertas una tras otra, sin molestarse en cerrarlas. No lograba encontrarla y el tiempo se acababa.

–Dame una señal, princesa.

Lo dijo sin pensar y él mismo se sorprendió, pero no había tiempo para darle vueltas a la cabeza. De pronto, para su sorpresa, se oyó un grito al fondo del pasillo. El chico avanzó desconcertado y abrió las dos últimas salas, no había nada. Entonces miró el cuadro, Queen permanecía serio pero mirándolo continuamente y riéndose de él desde el lienzo. Parecía burlarse de su mala suerte y de que había sido mas listo que él, mientras el cuadro lo volvía loco, aguzaba el oído intentando encontrar a la chica. Pero nada.

Se sentó en la pared contra el cuadro, desesperado intentó escudriñar el pasillo en busca de algo que le ayudara, pero no encontraba nada que pudiera ayudar a encontrar a la mujer. ¿Que le estaría pasando? Solo de pensarlo le daban ganas de tirar a Queen desde una de las almenas de su castillo.

Miró de nuevo en las habitaciones intentando buscar una trampilla, bajo las camas o entre los muebles, pero tras destrozar cada cuarto y darle mil y una vueltas, acabó derrotado.

De pronto escuchó otro grito. Ella estaba luchando por defenderse.

Aquella vez lo había pillado atento, detrás de él en el cuadro. Arrancó la pintura de su soporte y vio que para su desgracia, era la puerta de una caja fuerte, algo que le extrañó bastante.

-¿Una contraseña? -dijo sorprendido.

No podía razonar con claridad, ahora tenía que reunir todos los datos que había en su cabeza sobre la familia de Queen. Pero estaba tan enfadado, tan furioso, que no podía soportar el verse inútil. Cogió impulso dando pasos hacia atrás y corrió hacia la puerta. Se centró en su rabia y en su inmensa fuerza y le lanzó una gran patada a la puerta.

Los cimientos del castillo temblaron y la puerta cedió. La penumbra le dio la bienvenida.

Al otro lado había una estrecha escalera de caracol, que subió tropezando un par de veces. Esta le llevó a un pasillo iluminado con un par de antorchas y con mucha más amplitud. Al final de él, una puerta arqueada de madera, decorada con espinas metálicas y muy peligrosas. Avanzó hacia ella y con un grito de guerra, la destrozó, no sin hacerse graves heridas en los pies.

Ella no pudo reprimir una sonrisa al verle, jamás se había alegrado tanto de ver a un noble.

–Has venido... –dijo ella.

–¿¡Pero que haces tu aquí!? –le gritó Queen.

–Yo podría preguntarte lo mismo.

Con los puños cerrados, le pegó una patada y lo estampó contra la pared. A continuación fue a la cama cogió a la chica en brazos y se lanzó a correr por el pasillo.

–¿Hace cuanto que trabajaste en el castillo de Queen?

–Fue hace años.

–¿Sabrías decirme que medidas de seguridad tiene?

Tubo que bajar las escaleras con todo el cuidado de mundo pues no quería hacerle daño a la mujer, rozando su piel contra las frías paredes. Salió a través del cuadro, corrió a través del pasillo y se detuvo en seco intentando orientarse.

–¿Hacia dónde debo ir? –pensó desorientado.

–¡A la derecha! –dijo la chica.

Él siguió sus indicaciones y fue hacia la derecha pero antes de que pudiera seguir algo se escuchó por todo el castillo.

¡GUARDIAS! ¡CERRAD LAS PUERTAS, MATAD AL CABALLERO Y TRAEDME A LA DAMA!

–¿¡Pero porqué tengo que palmarla yo!?

–¿¡Y porqué a mi me quiere viva!?

No hubo mas tiempo para enfadarse porque ya resonaban las pisadas de los guardias por todo el castillo. Siguieron corriendo.

–¡Baja esas escaleras!

–¡Gira a la izquierda!

–¡Gira a la derecha!

La chica iba guiándole lo mejor que sabía y recordaba, pero al final sus recuerdos le jugaron una mala pasada y acabaron en un pasillo con una ventana al fondo y los guardias detrás.

–Oye... ¿hay algún pasillo secreto por aquí? -preguntó el chico serio.

–No, aquí solo hay una sala escondida -dijo ella con un hilo de voz.

–¿Vamos a meternos ahí? -preguntó el desconcertado.

–No, lo siento, pensaba que iba en buena dirección. Perdón yo, no sabía que me dirigía al "cuarto oscuro".

–¿¡Que es ese lugar!?

–No es nada...

–¡Por favor que ocurre en esa sala!

–¡NO HAY TIEMPO!

Ella pensaba intentando averiguar que podían hacer, mientras él cada vez retrocedía más y más debido a que un pelotón de guardias armados hasta los dientes, los tenían acorralados. Miró hacia todos lados pero no encontraba una solución al gran problema en el que se habían metido.

La ventana.

Recordó que ella cuando era pequeña se había tirado por esa ventana intentando escapar de los Queen cayendo en el techo de madera y paja del establo.

-¡Hacia la ventana! -le gritó al chico

El sin dudarlo saltó por la ventana rompiéndola en mil pedazos y atravesando el techo del establo cayendo en un enorme montón de paja. Él se dio cuenta de que había sido un poquito más doloroso de lo que esperaba pues sentía que se había dado con algo. Le dolía algo el brazo y tenía los ojos cerrados. Le costó algo espabilarse, pero cuando abrió los ojos de nuevo, se encontró conque había caído en cima de ella y que no despertaba.

-Ey ¿Estás bien?

-¿Eh?

Él no pudo evitar sonrojarse levemente, pero el momento no duró mucho y se vieron bajo una lluvia de lanzas. La retiró lo mas rápido que pudo y rodaron sobre la paja los dos juntos. Se levantaron lo más rápido posible y salieron corriendo intentando escapar, pero pasando las puertas del establo, él se detuvo recordando algo muy importante.

–¡Eclipse!

–¿¡Que!? –exclamó la muchacha.

Él mismo volvió a la sala para salir montado en su blanco corcel.

–¿Subís princesa?

–Será un honor –dijo ella muy aliviada.

Él le tendió una amable mano amiga, que la invitaba a subir al caballo y a escapar, ella aceptó muy agradecida de tener a alguien así cerca después de tanto tiempo sola. Aún no se creía que fuera un noble. Se subió al caballo y se agarró a su espalda, cálida y firme. Tenía un gran miedo a caerse pues no acostumbraba a montar en caballos. Mientras tanto Queen salió al balcón de su inmensa habitación y comenzó a gritar y a insultar a sus guardias por no poder dar alcance a sus presas. Estaba realmente enfadado.

Los guardias, obedeciendo ciega aunque molestamente a su amo salieron en caballos para asesinar al hombre y llevar a la mujer ante su señor.

–Ellos van a caballo también –dijo ella preocupada.

–Tranquila, Eclipse a sido el mejor caballo de carreras de todos los tiempos, jamás podrán darnos alcance.

–Pero sabe dónde vives gracias a su nieta ¿no?

–¡Es cierto! ¿Pero crees que alguien de su calibre se expondría a la opinión pública entrando en la mejor academia del mundo, a por una sirvienta y un chaval? ¿Que explicaciones podrá dar? ¡Por eso le interesa pillarnos aquí, sabe que si no lo hace ahora, ya no podrá hacerlo nunca!

–Increíble. ¿Cuando has pensado todo esto?

–Durante nuestro viaje, por la noche. Pensé que algo así podría suceder y estuve alerta, pensando en las debilidades de Queen.

Ella no pudo evitar sonreír ante la suspicacia de su amigo, conocía muy bien a aquel con quien se enfrentaba y estaba segura de que su comportamiento hacia las mujeres no le gustaba nada. Pero su sobrina era su novia, tendrían que llevarse bien tarde o temprano.

Dejaban un rastro de polvareda a sus espaldas y mientras tanto poco a poco los guardias de Queen se quedaban más y más atrás.

–¡Estamos escapando! –dijo ella emocionada.

–¡Te lo dije! –exclamó él contento–. ¡Pero aún nos queda un largo camino, el bosque en el que estuvimos, es un buen escondite!

–¡No servirá de nada si dejamos nuestras huellas y rastro!

Él entonces se dio cuenta, había un fallo en su plan, pero no contaba con lo que ella estaba a punto de decir.

–No te negaré que he sido una hábil ladrona, conozco una técnica.

El chico se extrañó muchísimo pero, decidió confiar plenamente en ella pues, en cierto modo, lo había ayudado mucho a escapar de Queen. Además no lo conocía de nada y le había confiado su seguridad, no podía defraudarla.

–Necesitamos hierbas aromáticas.

–¿¡Eh!?

Un rato después la velocidad de Eclipse, hizo que los guardias se vieran obligados a ir al castillo de su amo para sacar a los perros. Ellos mientras tanto, encontraron tomillo y romero en un seco monte cercano. Ella le tendió a su amigo la mitad de las ramas que había encontrado y un poco mas para Eclipse.

–Tenéis que restregaros esto por el cuerpo y meter un poco bajo vuestras ropas. Así no distinguirán el olor que desprendéis. Ah y no os olvidéis de camuflar también el olor de Eclipse.

–Entendido ¿Que hacemos con las huellas? –dijo el chico mientras señalaba un montón de huellas de caballo en el polvoriento camino.

–Os ayudaré a recolectar, ramas, hojas secas y rastrojos. Luego debemos unirlos todos con cuerdas y después, debemos engancharlos de alguna forma al caballo.

–De donde creéis que podremos sacar las cuerdas, princesa.

–¿No lleváis ningunas por si surgiera una emergencia?

–Lo cierto es que no, pero tal vez encuentre algo en el bosque.

–¿Vos creéis –dijo ella rozando las ramas con su piel– que conseguiremos salir de esta?

–Estoy seguro –dijo él con una amable sonrisa.

El chico se internó entre los campos y ella se quedó con el caballo.

Él sabía que no encontraría gran cosa mirando por los suelos, así que decidió preguntar a algún trabajador de los campos. Si tenía suerte, el trabajador sería amable y le daría las cuerdas sin hacer preguntas, pero de lo contrario, tendría que hablar con el jefe y eso ya suponía un problema. Tendría que pagarle las cuerdas a precio de oro y además tendría que explicar para que las quería, ocultándole que era un noble que huía de Queen con una dama a su cargo.

Suspiró.

Siguió andando hasta encontrar una plantación de hermosos melocotones. Respiró profundamente, sintiendo el delicioso aroma de los melocotones. Salió corriendo hacia la plantación, a por el primer trabajador que vio y cuando llegó apenas podía hablar.

–Disculpad –le dijo– podríais darme dos largas cuerdas. Es muy urgente.

Con las prisas y lo lejos que estaba no se había dado cuenta de que era una hermosa mujer y no pudo evitar cortejarla como hacía con todas las demás. Tras quince largos minutos de palabras bonitas y de corazones por el ambiente la chica asustada accedió a darle las cuerdas a cambio de que se marchara y la olvidara. Él sin mas remedio aceptó, no sin despedirse de forma cariñosa.

Tras despedirse de la muchacha se dio cuenta de que la chica lo estaba esperando completamente sola y que los guardias de Queen acechaban.

–¿¡Cómo la he podido olvidar!? –exclamó alterado.

Corrió lo más rápido que pudo y al llegar hasta el caballo pudo ver desde lejos como ella le estaba metiendo una paliza a un hombre rellenito y enorme, vestido con ropas de gala. Ella no dejaba de gritarle y lo tiraba al suelo con rabia. Él lejos de detener la pelea, se puso al lado del caballo que estaba tan asustado como el hombre que recibía la paliza.

–Eclipse tranquilo, es buena chica. Mírala, que mona está cuando se enfada.

Sus ojos se llenaron de corazones y su alma de orgullo.

–¡MALDITO IMBÉCIL! –gritaba ella fuera de sí– ¡Y JAMÁS VUELVAS A INTENTAR SECUESTRARME! ¡O POR LO MENOS HAZLO BIEN PEDAZO DE IDIOTA!

Él entonces se enfureció repentinamente y decidió que era mejor largarse de allí. Subió a la chica al caballo y la puso sobre su regazo continuando con el viaje.

–¿Y ahora a dónde? –preguntó ella.

–A la academia Roger ¿No la conocéis?

–No –dijo ella desconcertada.

–Es la mejor de toda la isla y de todas las comarcas que en ella se encuentran. Sólo los mejores y los que tienen un buen enchufe entran ahí.

–No creo que me guste mucho ese lugar.

–No os preocupéis, vivo en una casita para estudiantes en mitad del bosque que rodea la academia. Además no la comparto con nadie y no tenemos vecinos, no habrá ningún problema. Ni si quiera creo que se vallan a enterar de que estas aquí.

Él no tenía ni idea de lo mucho que se equivocaba, pero eso lo veremos más adelante.


Viajaron durante bastantes días, durmiendo al raso y al sexto día ocurrió algo que cambaría sus vidas.

Estaban los dos juntos en una aldea, pero él disponía de mucho dinero. Al principio pensaron en alojarse en una de las lujosas casas que atendían a los visitantes pero pensaron que llamarían demasiado la atención, pues hasta llegar a la academia Roger seguían en peligro.

Tuvieron que escoger una casa bastante humilde pero al haber llegado grandes caravanas con vendedores a la ciudad, la casa, que estaba a un precio bastante asequible, estaba hasta arriba. No quedaban habitaciones libres y era demasiado tarde para ir solos, de noche, en busca de un refugio. Ella estaba bastante nerviosa y no dejaba de mirar por las ventanas en busca de los guardias de Queen, mientras tanto él intentaba negociar con el recepcionista.

–¿¡Pero como puede estar lleno!?

–Ya os lo he dicho un montón de veces señor. Se nos han agotado todas las habitaciones, tendréis que iros a otro hospicio.

–¡No señor! ¡Debe ser este! Y otra cosa –dijo el chico bajando la voz repentinamente – ¿¡OS IMPORTA MIRARME A LA CARA CUANDO OS ESTOY HABLANDO!?

La pesadez e indiferencia del hombre que atendía a los visitantes tras una vieja mesa de madera, volvía loco al joven que estaba que se subía por las paredes. Vestía con ropas humildes y estaba haciendo dibujos en un pergamino. Utilizaba una pluma blanca que dibujaba los trazos con firmeza y hermosura.

–Por ultima vez os repito –dijo el hombre– que no me queda nada, todo está ocupado. Usted y su dama de compañía tendrán que irse.

–¿¡COMO TE ATREVES A INSULTARLA!? ¡PERO SERÁ ...!

Se tiró como un loco a por el recepcionista que saltó de la silla para esquivarlo. Por primera vez sitió pánico desde que trabajaba en aquel hospicio pues aquel cliente insatisfecho, estaba completamente loco.

–¡Ya basta! -gritó ella, para a continuación ayudar al hombre que estaba casi llorando en el suelo– Señor, él es mi amigo, y estamos haciendo un viaje. Necesitamos de verdad hospedarnos aquí, ¿No le queda libre ni un pasillo?

–E-el dueño jamás lo permitiría, lo siento pero esto está completamente lleno.

El chico suspiró y puso una gran bolsa de monedas de oro sobre la mesa.

–Seguro que si le pago esto encontrará una habitación libre.

Al hombre le brillaron los ojos y se lanzó a la mesa. Cogió entre sus manos las monedas que se habían desperdigado por la mesa. Asintió rápidamente y salió corriendo a por el encargado para preguntarle si podía echar a un cliente por esa enorme cantidad de dinero.

El encargado corriendo con su empleado, se presentaron en segundos en el vestíbulo tratándolos como reyes y rogándoles que esperaran a que uno de los clientes accediera a salir. Lo cual era bastante imposible, pero ellos por dinero harían cualquier cosa.

–Par de avaros, en fin, no os preocupéis princesa. Supongo que ahora estaremos tranquilos.

Ella estaba a un par de metros algo enfadada pero a la vez muy feliz.

–Has perdido mucho dinero por mi culpa –dijo ella sombría.

–Eso no importa, debéis olvidarlo.

–No no voy a olvidarlo, ese saco contenía una gran riqueza.

–¿Que vale más? ¿Dinero? ¿O la vida de una hermosa princesa a la que tengo que rescatar?

–¡No me vengas con tonterías!

–¿P-pero que te pasa?

Ella suspiró.

–No... no lo sé, sólo necesito dormir.

–Tranquila –dijo él poniendo la mano en la espalda de su amiga– ahora mismo dormiremos tranquilos y felices.

Ella no quería saber nada del mundo y se lanzó a abrazarle.

–Muchas gracias, de verdad.

–No pasa nada –dijo él con una sonrisa correspondiendo su abrazo.

En ese momento, el empleado, llegó al vestíbulo a trompicones bajando la escalera y nada mas verlos murmuró:

–Lo siento si interrumpo algo pero...

–¿¡Que!? –dijeron al unísono– ¡No es lo que parece!

Se separaron de golpe y cayeron en direcciones contrarias. Mientras el empleado algo asustado se acercaba a ellos.

–L-lo siento pero nos está costando un poco, hacer que nuestro cliente abandone la habitación, pero mientras tanto pueden subir por la escalera al piso de arriba.

Ellos accedieron y le acompañaron por las escaleras dando la casualidad de que se encontraron con el cliente al que acababan de echar del hospicio para alojarse ellos mismos. Los problemas no habían echo nada más que empezar.

–¿Tú? –dijo el chico con algo de rabia.

Le hablaba a un chico rubio de pelo largo, alto, con botas negras, pantalones azules y una camisa blanca entre abierta. Su rostro era extrañamente peculiar, como un león. Su acompañante era una mujer rubia con un vestido humilde, pero que no tenía pinta de abrigar mucho, era azul y blanco y se notaba que había sido rasgado.

–Sí, yo. ¿¡Quien te crees que eres para echarme de aquí!?

–Hablame con más respeto, y no te echo yo te echan ellos.

El empleado y el jefe recibieron una mirada de rabia atronadora. Comenzaron a asustarse hasta el punto que el otro chico perdió el respeto que había ganado con su saco de monedas.

–E-en realidad –dijo el empleado– él nos dio una gran suma de dinero para que os echáramos de la habitación.

–¡Será soplón! –estalló el joven.

–Lo siento –musitó el empleado.

–¡Sólo vos seríais capaz de hacer algo tan rastrero eres un...! –pero se detuvo al ver a la pelirroja que se escondía detrás del noble– Vaya... en que esquina has encontrado a esta.

–¡Eres un cretino! –gritó el otro fuera de sí– Ella es mi amiga. Mejor será que te largues.

–El tipo de amiga con el que visitas un hospicio.

–¡QUE ESTAMOS HACIENDO UN VIAJE Y PUNTO! ¡FUERA! ¡YO E PAGADO MÁS ASÍ QUE ME QUEDO CON LA HABITACIÓN!

–¡PUES ENTONCES YO PAGARÉ EL DOBLE!

–¡PUES YO EL TRIPLE!

–Señor –dijo el hombre dirigiéndose al jefe– os pagaré el quintiple de vuestra habitación mas cara. Y esta es mi última oferta.

–¿¡QUE!? –gritó el jefe.

–No... –musitó el chico.

Vio que ella lo miraba en un gesto de súplica y negó con la cabeza.

–Lo siento princesa –le dijo– no podemos pagar tanto si queremos sobrevivir, aún nos queda camino y no podemos pagar semejante cantidad.

–Así que cedes –dijo el otro chico con una más que apreciable sonrisa.

–Maldito seas.

–En fin –dijo el jefe poniéndose en medio– creo que está claro quien se queda y quien se va.

–No quiero que se vallan –dijo el chico –. Al menos no los dos, señorita, si me permitís...

–¡Ni de coña!

–¡QUITA! ¡NO HABLABA CONTIGO!

–¡CALLATE! ¡ES MI AMIGA Y VENDRÁ CONMIGO!

–Escuchad –dijo el empleado– tal vez podamos hacer algo que os complazca a los dos nobles señores. ¿Y si durmierais todos juntos en la habitación libre?

Ambos torcieron la boca y antes de que pudieran negarse ella intervino.

–Eso sería maravilloso, ¡aceptamos!

–¡Muy bien! –dijo el dueño de la hospedería–. Entonces acompañadme.

Los demás se dieron cuenta de que estaban en mitad de la escalera. La primera en subir fue ella que estaba ansiosa de dormir por fin en una cama cómoda. Él mientras tanto iba a dejarle paso a la otra mujer pero se dio cuenta como su compañero de academia, observaba con atención a la sirvienta.

Listo para la bronca, comenzó a gritarle por su comportamiento.


En el castillo de Queen, el amo del castillo, resguardaba a los jóvenes mientras meditaba lo que había olido en la sangre de la mujer.

No todos los humanos olemos sangre, pero él tenía un oscuro secreto.

No paraba de repasar lo ocurrido, con una copa en la mano y sentado bajo un gran cristal en el techo. Le gustaba ese lugar, era un sitio dónde podía relajarse y pensar. El chico no le había caído nada bien, pero la sangre de ella olía a noble y a semi-humana. Eso sí que era extraño. ¿Acaso era como él? ¿Acaso había más gente como él en el mundo? Si era cierto que aquella chica era una semi-humana, tenía que tener alguna relación con los montes de Hang-kun y sobre todo, con la puerta de Jada, la leyenda que envolvía aquellos lugares era aterradora y muchos habían marchado alejándose lo máximo posible de los montes de Hang-kun. El temor ante las raíces del mar.

¿Podría ser verdad?

Debía comprobarlo, pero tenía la seguridad de que sus mejores guardias atraparían a la mujer y entonces averiguaría la verdad. Podría oler su sangre sin distracciones, concentrándose en buscar la esencia que teñía sus sangres. Antes que nada debía librarse de aquel chico impertinente, desde luego era el único noble del mundo al que le importaba su sirvienta.

-¡Que mala suerte la mía! -pensó el hombre.

Tan solo tenía que vencer a un niño y si había llegado hasta las puertas de Jada, no sería algo tan difícil. Maldito idiota, no había sido bien criado. Cuando alguien superior te pide dinero por algo que tienes, lo lógico, es saber que puede ofrecerte gran cantidad de oro y joyas. Negar una oferta como esa es de idiotas, pero por otra parte la había traído en su regazo y envuelta en su carísima chaqueta, eso quería decir que había algo entre ellos. Quizá sólo le diera mucha pena, porque había que admitir que su estado era realmente lamentable. Había tantas cosas que averiguar.


Mientras tanto, en el hospicio, tenían que convivir dos nobles, una mujer que terminado el trabajo se largaría y una sirvienta. Lo peor era que sólo había una cama y ella estaba segura de que con su nuevo amigo, les iba a tocar dormir en el suelo pues el otro hombre no había pagado a la mujer para nada. Suspiró al entrar en la sala, la cama estaba en el centro, apoyada en la pared.

Tampoco estaba muy satisfecha, quería alejarse lo máximo posible de la cama aquella noche, pero como la habitación tampoco era muy grande no podía alejarse mucho, pero podía contar con su amigo. Amigo, cuanto tiempo hacía que no tenía uno, aunque seguía sin fiarse del todo de su rescatador, siempre existía la posibilidad de que fuera todo fachada por esa razón cada uno dormiría en un sitio, pero por otra parte quería que la protegiera del otro noble.

Les mostraron la habitación y después los llevaron a un salón pequeño donde todos los que estaban en la casa comían juntos. Ella ayudó a la mujer que cocinaba en todo lo que pudo mientras los chicos discutían continuamente, por cualquier estupidez.

Ella era muy feliz, enviando y recibiendo miles de sonrisas, que cada vez eran mas cercanas. Al final el chico ayudó a las dos mujeres, piropeando a la mujer de la casa y recibiendo golpes y continuas broncas del marido. Pero el chico no se detenía y al final ella intervino para que no le pegaran mas golpes pero se vio acosada por mil y una adoraciones a su actitud y belleza y acabó muy harta y aunque nunca lo hubiera admitido, con ganas de irse a la cama.

Y así fue después de la cena pero, eso es ya otro capítulo.

Continuará

¿Que pasará por la noche?

¿Se descubrirá algo importante?

¿Ocurrirá algo mientras ella duerme?

Capítulo 4. Vamos progresando, leí los comentarios y me encantaron. Habéis de saber que siempre intentaré dejaros con la intriga para que aunque la historia sea larga pueda resultar lo más agradable posible.

Se me olvidó mencionarlo, en uno de los comentarios leí que una lectora suspiró en reacción al comportamiento del protagonista. Quiero que se resalte esa faceta lo máximo posible, por ello seguirá sus instintos antes incluso que hacer caso a sus amigos, familiares o incluso a la ley.

También leí que había dudas en cuanto a la sangre "real" de la protagonista. Ese será uno de los grandes secretos de la historia :9

Gracias por los comentarios positivos ^^ Espero que os guste el fic. ¡Besos!

Ya sabéis darle a like, suscribiros y comentad que me encanta :D