Disclaimer: los personajes, escenarios, hechizos y demás pertenecen al mundo de la Dragonlance de Margaret Weiss y Tracy Hickman (excepto el pj de Irianalha Starlight inventado por mi XD)

Este es mi primer fanfic así que espero magnanimidad con él y conmigo XDD, espero que la disfruteis tanto como yo escribiendola o ^^ o

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Irianalha había perdido la conciencia del pasar del tiempo desde que su planeado futuro se había venido abajo, de lo único de lo que era consciente era de la humedad de la sábana sobre la que descansaban sus lágrimas y de la acuciante angustia que se había tornado en un dolor físico insoportable que la obligaba a estar recogida, abrazada a sus rodillas.

Tenía miedo a lo que le aguardaba, ¿qué ocurriría ahora?

Con lentitud abrió los pesados párpados y miró en derredor a la habitación en penumbras, no sabía si habían pasado horas o quizás días desde que las inesperadas palabras habían brotado de sus labios y decidió que no merecía la pena aguardar más a las miradas llenas de desilusión, rictus de reproche y gestos amenazadores de su padre.

Descalza, como le gustaba andar, Irianalha se encaminó a través del oscuro pasillo de piedra, tenuemente iluminado por globos de cristal suspendidos del techo, hacia los aposentos de su padre en Wyreth.

Su puerta se encontraba a escasos metros de la de su propia alcoba y cuando fue a llamar, comprobó para su sorpresa que ésta estaba abierta, con una mirada rápida ojeó la desierta habitación para descubrir finalmente un pergamino solitario encima del escritorio, en el que rezaba, con la letra inconfundible de su padre "No vuelvas hasta que hayas pasado la prueba"

Si en ese momento le hubieran arrancado el corazón, Irianalha no habría sentido más dolor, era el peor castigo que le hubiera podido inferir, habría deseado mil veces cualquier desprecio, cualquier palabra hiriente antes que el simple abandono, no esperaba que él la fuese a comprender, ni que la recibiera con un gesto cariñoso o una prueba de preocupación, pero eso…, el destierro, el disentimiento de ella hasta que pasase la prueba… ¡eso jamás había pasado por su mente!, con desesperación Irianalha fue cayendo poco a poco de hinojos y rompió a llorar de nuevo, parecía increíble que aún le quedasen lagrimas.

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Con las primeras luces del alba, la elfa se dispuso a abandonar la torre de un modo muy distinto del que había llegado con su padre, a pie.

No había razones para quedarse ya que no podría volverse a presentar a la prueba hasta que pasase un tiempo prudencial y tampoco le estaba permitido quedarse en ella a novicios sin maestro, por lo que no le quedaba más remedio después de despedirse cordialmente de Dunbar Mastersmate que partir.

No contaba apenas con monedas de acero, ni con víveres, en cambio poseía algunas joyas de gran valor que, gracias a Solinari, había traído consigo, planeaba venderlas y viajar a Palanthas, donde decían que era una ciudad tan grande que seguramente una elfa más no llamaría la atención, de alguna forma buscaría trabajo y continuaría sus estudios hasta sentirse lo suficientemente preparada para afrontar de nuevo la prueba y merecer la redención de su padre.

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El bosque mágico que rodeaba a la torre de Wyreth era frondoso y extenso, si bien estaba diseñado para que nadie sin invitación expresa pudiera hallar la torre, no suponía un impedimento para aquellos que quisieran alejarse de ella, sin embargo a Irianalha le llevó mas horas de las debidas el lograr salir al claro por el tan poco acostumbrado ejercicio físico.

Desorientada, con su túnica rasgada por las ramas de la arboleda y sus finas zapatillas de seda deshechas por el barrizal, la elfa llegó a la linde del bosque casi sin resuello y con desesperación, Solinari y Lunitari comenzaban a ser visibles en lo alto de la bóveda celeste, ¡había tardado prácticamente un día en atravesar solo un bosque! ¿Cómo llegaría a este paso a Palanthas?, angustiada miró en derredor y vislumbró una luces de los que parecía una posada.

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Irianalha penetró en el lugar del que colgaba un cartel destartalado en el que se leía "Rebelde", nada más atravesar el marco de la puerta, un fuerte olor a alcohol, sudor y otras sustancias no definibles pero igualmente desagradables la golpeó en la cara haciéndole arrugar su nariz.

El lugar era bullicioso, habitantes de varias razas de Kryn lo poblaban y entre ellos pudo distinguir a varios magos y aspirantes a serlo como demostraban por sus túnicas.

La elfa se acercó al mesonero, un hombre de mediana edad con escaso pelo y un delantal demasiado sucio como para poder ser llevado dignamente por alguien, y le preguntó en un descuidado común, a ver si tenían alguna habitación libre.

El humano, entretenido como estaba escupiendo a una copa y dándole brillo con un trapo mugriento, no había reparado en la joven hasta que esta habló, para su sorpresa se encontró con una muchachita elfa, una aprendiz de maga de una hermosura asombrosa, le miraba con unos ojos amatista increíbles que enfocaban a varios centímetros por debajo de su cara y mientras hablaba, sus labios, ampliamente generosos para ser una elfa, temblaban con nerviosismo.

-No tenemos habitaciones querida, pero si mi parienta no me vigilase como un halcón podrías compartir mi cama- contestó con socarronería.

Irianalha se llevó una mano a la boca para sofocar una exclamación, ¡nunca nadie había osado insultarla de esa manera!

-No te asustes preciosa, era una broma sin malas intenciones- afirmaba el posadero pasándose la lengua por los podridos dientes. – Se nota que has hecho un largo camino, toma invita la casa- y le acercó un jarro de cerveza y un plato de gachas – Una hermosura delicada como tú tiene que cuidarse, puedes pasar la noche al lado del fuego.-

Irianalha sonrió agradecida, no sabiendo qué decir y con dudas alargó las manos temblorosas para coger las viandas, no estaba muy segura de deber aceptarlas, puesto que nunca había aceptado limosna, pero pensó que debía ser práctica y que aún le quedaba un largo trecho hasta Palanthas.

La elfa tomó asiento en un duro banco cerca del fuego y se echó la capucha por encima tapándose el rostro intentando evitar las miradas lascivas y los comentarios libidinosos que su recorrido hasta el hogar habían suscitado, ni siquiera su caminar había estado desprovisto del examen furtivo de algunos elfos, en apariencia qualinestis que se encontraban en el salón .

Comió con avidez las pastosas gachas y cuando fue a tomar la bebida, le abrasó la garganta, no estaba acostumbrada a un caldo tan fuerte, pero le avergonzaba de sobremanera volverse a levantar y pedir algo de agua, así que como estaba sedienta, dio unos cuantos sorbos más al potente pero a la vez refrescante brebaje.

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El crepitar de la leña producía una melodía hipnótica que adormecía a Irianalha, con el paso de las horas, la algarabía de la posada había ido mermando a la vez que sus integrantes habían ido desapareciendo uno tras otro por la puerta o escaleras arriba hacia los dormitorios, en el salón ya solo quedaban un borracho roncando sonoramente en la mesa y un encapuchado que apuraba su bebida.

La elfa cerraba los ojos abandonándose al sueño, pero en seguida volvía a abrirlos, despertando de sopetón ante un recuerdo de lo acaecido en el último día para volver a caer de nuevo en otra ensoñación.

Pero esta vez no fue una pesadilla la que despertó a la joven, sino el contacto de una mano sobre su hombro y un aliento caliente sobre su cuello, Irianalha dio un respingo y abrió los ojos horrorizada para darse cuenta que el tabernero con ojos brillantes por el deseo y seguramente por abundantes cantidades de licor enanil, estaba reclinado sobre ella y en el momento en el que iba a hablar exigiéndole que se apartase, su mano la enmudeció.

-Eres tan hermosa muchacha- el hombre acercó sus labios al cuello de la elfa dejando un rastro de babas sobre su almibarada piel. –Mi mujer está durmiendo, podríamos ir al granero, allí tengo más bebida y algunas monedas de acero que te podrían venir bien.-

Irianalha trató de rebullirse bajo el peso del tabernero, pero éste la tenía sujeta por las muñecas con una mano, mientras que con la otra seguía tapándole la boca, cercana al asfixiamiento, la elfa trataba de pensar qué podía hacer para zafarse del humano, que había hundido su cara en la cabellera argentea inhalando su aroma.

La joven miró con desesperación en derredor buscando ayuda, el borracho seguía lánguido sobre la mesa, en cambio el encapuchado había centrado su atención en ellos, aunque parecía desde las sombras de su caperuza, observar la escena con tranquilidad. Irianalha le miró con ojos suplicantes y éste delicadamente posó su copa sobre la mesa y con un andar pausado, como si el tiempo no importara, se acercó a la pareja.

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El humano notó una presencia cercana a él y molesto, le dirigió una mirada fulminante.

- Amigo búscate a otra, esta ya tiene compañía para toda la noche- rió entre dientes.

El encapuchado levantó la mano derecha e hizo chasquear el pulgar contra su dedo medio, inmediatamente el posadero cayó dormido al suelo, en un sordo golpe.

-¿Os encontráis bien Milady?-

Irianalha no necesitaba verle el rostro, hubiera reconocido esa voz petulante en cualquier parte del mundo a pesar de haberla escuchado por primera vez la noche anterior.

Dalamar dejó caer la capucha sobre sus hombros y se agachó quedando a la misma altura de la elfa que permanecía en el banco, demasiado nerviosa para reaccionar todavía.

Los acontecimientos de los dos últimos días pesaban sobre la joven como una losa, incapaz aún de asimilarlos, se agarraba con furia al asiento del banco mientras contenía a duras penas nuevas lágrimas, no le daría la satisfacción al túnica negra de verla llorar.

-Así que vuestro padre os ha abandonado por no haber querido pasar la prueba, qué hombre tan estúpido-

Irianalha le miró con odio, sus palabras le ayudaron a desaparecer las lágrimas de sus ojos y altiva le miró con arrogancia.

-¡Qué sabréis vos sobre mi padre! ¡Por vuestra culpa me encuentro en esta situación! ¡Vos sembrasteis dudas sobre mi capacidad!- el elfo la miró con rotundidad y la obligó a desviar la mirada, por lo que no pudo observar la mueca de disgusto que se dibujó en su cara.

-Le conozco más de lo que pudierais imaginar- Dalamar se levantó y se apoyó contra la chimenea por lo que obligó Irianalha a mirar hacia arriba, intrigada por sus palabras.

– En un solo día he evitado vuestra muerte y la pérdida de vuestra virtud- dijo en un tono sarcástico y desdeñoso – Por que no me negareis que si no habéis sido capaz de dominar a un simple viejo borracho ¿qué oportunidad ibais a tener de salir con vida de la prueba?- Dalamar hablaba en un tono desapasionado mientras se encogía de hombros a la vez que propinaba un ligero puntapié al fardo durmiente que era el posadero.

La elfa sabía, con amargura, que el túnica negra tenía razón, pero era incapaz de mostrarle el más mínimo agradecimiento, porque necesitaba culparle de todas sus desgracias y pesares, e imbuida de una creciente frustración que le daba fuerzas, se levantó erguida y le espetó mordazmente al nigromante.

- Y a qué debo tantos primorosos cuidados y delicadas atenciones por su parte Shalafi –

A Dalamar le gustó el juego y se acercó a la elfa presto a contestar, la cual ante su proximidad perdió parte de su aplomo y retrocedió un par de pasos con ojos asustados pero el elfo la sujetó por el brazo deteniendo su retirada.

-Tengo mis propios motivos- sonrió mordaz – pero he de reconocer que me siento algo culpable por tu suerte, así que he resuelto que me haré cargo de ti, hasta que pases la prueba naturalmente.-

Irianalha no entendía las palabras del elfo, había sido muy ufana al plantarle cara, pero bastó una mirada desafiante por parte de él, para que recordara que estaba hablando con el posiblemente, mago más poderoso de todo Kryn, por lo que retrocedió asustada hasta que los largos dedos del túnica negra la agarraron lacerando su brazo con punzadas ardientes de dolor.

-No comprendo…- balbuceó ella.

Dalamar exasperado por su falta de entendederas repitió – Vendrás a la torre de Palanthas conmigo, allí te prepararé para que pases la prueba y entonces podrás volver con tu querido padre.

Irianalha se quedó atónita ante sus palabras, ¿¡ser aprendiz de un elfo oscuro!? ¿Ir a la Torre de Palanthas a ser discípula de Dalamar hijo de Nuitari? ¡Debía estar bromeando!

El elfo conocía perfectamente sus pensamientos y liberando su brazo se dispuso a marchar, dejando a la confundida joven en medio del salón y cuando ya estaba apunto de alcanzar la puerta, susurró ¿qué otra opción te queda Irianalha Starlight? Y dicho esto desapareció entre las sombras de la noche.

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La elfa salió corriendo detrás de él, sus pies se pusieron en marcha por voluntad propia y alcanzó al nigromante que la esperaba con una sonrisa suspicaz en medio del camino, a Irianalha no le pasó por alto que él sabía que ella iba a aceptar y se sintió manipulada, pero también comprendía que no tenía más opciones, nunca había salido de Silvanost, no conocía este mundo ni entendía a sus gentes y después de el altercado en la posada supo que no era capaz de arreglárselas sola.

No confiaba en el túnica negra, ni lograba discernir el por qué de su oferta, pero si la aceptaba sería bajo sus condiciones, Irianalha clavó sus ojos en la noche de los suyos y decidida habló – Seré tu pupila, pero no pienso tomar la túnica negra, sirvo y serviré solamente a Solinari.-

Dalamar asintió con un leve movimiento de cabeza y se acercó a la joven, que notaba el calor de su cuerpo en la fría noche a pesar de la distancia que los separaba.

-¿Qué harás por la magia, Irianalha Starlight? ¿Hasta dónde llegarás para encontrarla, para alimentarla, para reclamar lo que es tuyo por el derecho que te otorga tu talento?

Irianalha se perdió en los ojos del mago, y con una voz que reconoció como suya habló. – La magia es mi madre, mi compañera, mi sustento y mi amante, por mis venas corre el poder que Solinari tiene en gracia darme y mi corazón late en compás con él, he nacido para la magia y moriré por ella feliz mientras sienta que me acompaña.

El túnica negra posó su mano en el mentón del la elfa, levantando sus ojos púrpuras hacia él, mientras que con la otra rozaba la testa de la muchacha, en una caricia que hizo estremecer el cuerpo de Irianalha y acercando sus labios al oído de la joven susurró con su característica aspereza – Desde ahora sólo serás una elfa a mis ojos y a los tuyos propios-

El elfo la rodeó en sus brazos, extrañamente fuertes para un mago e Irianalha se embriagó del perfume a rosas secas que emanaba de él, cerró los ojos cautivada y sintió desaparecer el suelo bajo sus pies.

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Estoy escribiendo en estos días más que en los últimos años XDD.

He de decir que la pregunta que le hace Dalamar a Irianalha sobre la magia, es la misma que le hizo Raistlin a él en el libro "Dalamar el oscuro", me ha parecido apropiada para que él también se la hiciera a su discípula.

Espero que os guste este fanfic tanto como a mí el escribirlo.

Un saludo

Bakarti