¿Quién es siempre el primero en sugerir darse arrumacos en el sofá?
III
Ay.
Marron era una niñita con una voluntad de hierro. Apenas tenía 11 meses y ya se notaba lo terca que era, igual que su mamá. ¿En qué se basaba Krilin para afirmar eso? En lo mucho que le costaba hacerla dormir. Se reía, daba vueltas por la cama, lo baboseaba entero, jugaba con su cabello, le hablaba en su peculiar idioma de bebé, y solo cuando se aseguraba de que realmente, REALMENTE no había nada más con qué entretenerse, ella decidía que era hora de dormir.
Ser padre era algo maravilloso, pero muy agotador.
Cuando por fin bajó, se encontró a Número Dieciocho viendo tranquilamente su programa de tv favorito de la noche. Ella estaba envuelta en una cobija que se veía realmente acogedora y calentita.
Uhmm.
Se acercó y se sentó a un metro de la rubia. Jugó un poco con sus dedos, indeciso. Le daba miradas a Número 18 y luego desviaba sus ojos hacia el suelo, como si fuera lo más interesante. Cuando se dio cuenta de lo que hacía se dio una patada mental. ¿Por qué demonios actuaba como si 18 le fuera a matar de un momento a otro? Ella era su esposa, ¿no? No era como si corriera un gran peligro al estar cerca de ella, no ahora. Recordar que hace unos años peleaban para impedir que se repitiera el futuro que Trunks les vino a advertir hizo que esbozara una sonrisa nerviosa. Ahora todo eso días parecían tan lejanos que más asemejaban a un sueño.
Krilin dio un respingó cuando sintió algo cálido envolverle. Dieciocho, sin decir nada, se acercó, se sentó bien cerca de Krilin y envolvió a ambos con la gran manta. El sonrojo del ex-monje no se hizo esperar, al igual que una sonrisa llena de cariño. A18 notó la mirada que Krilin le daba y desvió el rostro hacia la tv, evidentemente con las mejillas coloreadas también.
—Lo hice porque noté que querías pedírmelo, pero actúas como si te fuera a volar en pedazos si te acercas. Un día lo haré solo para darte el gusto— ''amenazó'',aunque no lo decía enserio, o eso quería pensar Krilin, quien soltó una risita nerviosa.
—Perdóname, no se volverá repetir—. Ante tal respuesta, A18 soltó un bufido y luego se acurrucó más contra Krilin, hasta apoyar su cabeza en uno de los hombros del muchacho, como quien no quiere la cosa. Si Krilin alguna vez tuvo frío, con el calor que emitían sus mejillas ya se había esfumado para ese momento.
Era agradable estar así con ella, tanto que el ex monje se sentía culpable por las dudas y el temor que a veces le asaltaban. Dieciocho, muy a su manera, le demostraba el cariño que sentía, y debía sentirse como el hombre más afortunado del planeta, no temer de ella. Con este pensamiento en mente, estrechó el cuerpo de Dieciocho entre sus brazos, lo más cerca posible de su propio cuerpo, y luego de un rato, apoyó su cabeza en la de Dieciocho.
Definitivamente, esa era una de las mejores formas que conocían para pasar el tiempo juntos.
