Cap. 3

Algunos pajaros volaban alarmados por encima de las cabezas de los habitantes de Londres sin que estos siquiera sospechasen la razón de ello

El dia era soleado pero fresco, presagiando lluvias próximas y mucha niebla, algo a lo que ya estaban mas que acostumbrados en aquella ciudad sin embargo no por ello dejaban de apreciar la oportunidad de quedarse en casa, tomando una buena taza de té y charlando acerca de las últimas noticias.

Uno de aquellos habitantes, sin embargo tenía cosas mas importantes en mente que el clima que les rodeaba.

Había salido huyendo de la mansión sin embargo su intención solamente había sido la de darles algo de tiempo a los pequeños tortolos de asimilar y festejar las noticias acerca de su paternidad próxima… y si, tenía que admitirlo, deseaba evitar las iras del detective de ojos verdes que con tantos estallidos hormonales seguramente estaría soltando chispas a todo aquello que tuviese cerca; y por los comentarios de Armand evidentemente no deseaba encontrarse cerca cuando el ratón expulsase todo su miedo al evento.

Sonrió pensando en lo divertido que seguramente luciría su mejor amigo tratando de calmar a su "mujer" y sacó un cigarrillo del bolsillo, procediendo a encenderlo…

Al menos hasta que cuando se detuvo debajo de un arbusto para apoyarse y disfrutar de la sombra, algo largo y puntiagudo se introdujo en su oreja haciéndole saltar y quitarse, moviendo una mano para sacudirse aquella cosa antes de abrir los ojos grandemente por la sorpresa, dejando caer el pitillo al suelo y levantando la mirada

-Armand!- exclamó colocándose una mano en la cabeza al ver a su mejor amigo sentado en una de las ramas medias de aquella planta

La rata albina se veía bastante agotado y de vez en cuando hacia unas cuantas muecas de dolor, percibiendo finalmente el de pelaje oscuro que aquello con lo que estaba molestándole era la punta de la cola; el chico del traje rojizo se acercó nuevamente a la sombra rascándose la cabeza y riendo entre dientes por el aspecto tan maltratado que presentaba, como si le hubiesen hecho correr por toda la ciudad sin apenas tener oportunidad de respirar o tomar algo de descanso

-Hola Kreek- saludó con un dejo cansino el de pelaje blanco mientras el otro se detenía debajo de este

-Qué haces allá arriba viejo?- inquirió el joven debajo del primero, comenzando a reir completamente divertido- que pasó? Don Basil sacó su revolver y te correteó a balazos por toda la propiedad?

Volvió a reir con ganas antes de percibir como el otro dejaba salir un suspiro resignado

-Pues si, eso fue precisamente lo que hizo- dijo la rata sonriendo cínicamente de lado a lo que su mejor amigo tragó pesado con algunas gotas de sudor escurriendo por su nuca- por supuesto, eso antes de cambiar de opinión al pensar que el revolver no era suficiente y que se estaba quedando sin cartuchos, por lo que era mejor probar puntería con su daga turca la que por cierto, no he logrado desclavar de mi cola

Kreek dejó salir un suspiro bajo antes de volver a sentirse nervioso al ver como su mejor amigo torcía la cola para que el otro pudiese ver donde alcanzaba a verse el mango dorado de aquella arma

-Eso debe doler verdaderamente- dijo el de color oscuro

-Y bastante… ahora, si fueras tan amable…

Dio Armand volviendo a sonreir con gesto cariñoso y dulce a lo que el otro se dio cuenta que al final de todo, ambos roedores eran tal para cuál cuando deseaban dar miedo

-Si… por supuesto, disculpa

Dijo Kreek antes de estirar la cola de su mejor amigo y comenzar a mover sus manos para quitar aquella cosa de la mejor manera posible sin hacer mas daño a aquella parte del cuerpo del otro; finalmente y después de unos minutos pudo sacar la punta curva y plateada del arma y la arrojó hacia arriba donde el albino alargó la mano y la atrapó en el aire antes de guardársela en el pantalón

-No puedo creer que quisiera matarte…

Armand apenas parpadeó para luego ver como el de pelaje oscuro se agarraba del tronco del arbusto y se impulsaba para saltar y sentarse a un lado del otro, acomodándose de forma que a ambos les colgaban las piernas de aquella planta; el albino observó al otro unos momentos antes de apoyar los codos en sus piernas e inclinarse hacia delante observando el horizonte

-No creo que quisiera matarme…

Dijo con tono pensativo la rata antes de apoyar la barbilla entre sus manos entrelazadas

-Creo mas bien… que estaba aterrado. Y su forma de lidiar con eso fue intentar hacerme pasar por todas aquellas emociones y temores que le pasan por dentro ya que se siente incapaz de compartírmelos… de frente

Añadió con un tono suave antes de comenzar a reir, completamente encantado por las actitudes que estaba tomando su pareja

-Justamente había venido de regreso porque quería saber como se había tomado las noticias, pero al parecer fue mucho mejor de lo que había pensado jejee

-Mejor? Ves como se encuentra la casa?

El de traje rojo se viró hacia esta y ladeó la cabeza parpadeando confundido varias veces

-Pues yo la veo bien

-Exacto- dijo Armand colocándose una mano en la frente y levantando la mirada- y todo eso porque me encargué de sacar todas las pipas y objetos fumables… que si no, la estarías viendo cubierta por una nube negra en este mismo instante!

El chico de pelaje oscuro encogió sus ojos y su cuerpo un poco al ver los aspavientos que hacía con los brazos el de pelaje blanco, de forma que en un descuido que tuviese seguramente el chico le tumbaría de la rama y él tendría que atenderse también por heridas accidentales

Sin embargo con suerte nada de ello ocurrió y Kreek se abrazó un poco al tronco central del arbusto observando de reojo a su compañero

-Pues si quiere un bebe… o bebés sanos, tendrá que pensarse lo de beber y fumar como lo hace…- advirtió a lo que el albino se cubrió la boca con ambas manos

-Por favor que solo sea uno porque si son mas… creo que no lo contaré…

El de pelaje oscuro rió ante las penas del otro que se había abrazado las piernas antes de observar en dirección de la oculta mansión Du Lac que ni siquiera dejaba ver una pista de lo que ocurría en su atormentado interior.

Estaba silenciosa.

Muy silenciosa.

Ni un crujido, ni una respiración, ni siquiera el movimiento de alguno de los criados que cuidaban los terrenos y el hogar en si ya que al parecer estos también temían ser blanco fácil para el desquite de iras del detective que en esos momentos se encontraba hundido en su sillón favorito; hasta que en un arrebato de energía se puso de pie con los ojos muy abiertos y dejando ver el iris brillante de estos como si estuviese a punto de asesinar algo con sus propias manos

-CÓMO PUDISTE HACERME ESTO!?

Basil se dejó caer en el sillón nuevamente antes de tomar de forma violenta su violín, por el cuál comenzó a pasar el arco rápidamente arrancándole todas las notas en la amplia gama que las cuerdas ofrecían, dejando salir a través de cada melodía la ira, el miedo y la frustración que sentía hasta que después de unos minutos todo esto se había desvanecido flotando como lo hacían todas aquellas cosas cada vez que se dejaba llevar por las notas de su amado instrumento

Cuando llovía… cuando todo estaba oscuro… cuando en una investigación nada parecía tener sentido…

Solo tenía que sentarse y dejar luir todo lo que era con la música y era mas que suficiente para que las respuestas llegasen a él desde el fondo de su mente. Siempre era lo mismo y por ello jamás había cesado de hacerlo cada vez mejor a pesar de que le habían dicho que volviese a lo que había sido su primer especialidad, la flauta; el violín no había sido lo suyo de un inicio y si tenía que ser franco y sincero consigo mismo, de inicio apestaba completamente al intentar sacarle alguna nota

Sin embargo no se había dado por vencido

Noche tras noche, día tras día hasta que finalmente pudo tocar su primer melodía y con ello, sus puertas se abrieron mas que nunca

Y ahora era igual. Su fiel amigo no le fallaba en absoluto permitiéndole meditar de una manera mas clara todo aquello por lo que se encontraba pasando ahora; sin embargo, aún no le cabía en la cabeza como dentro de todas las posibilidades podía haberle ocurrido aquello.

Movió con suavidad todo el amplio del arco sobre el violín sacándole una nota tierna, suave y continua que de alguna forma le hizo sentir como si en su interior algo se removiese, con agrado por aquel sonido; sonrió sin darse cuenta y comenzó a pensar que aquella pequeña criaturilla tal vez encontrase su mismo gusto por la música. Pero ese pensamiento se interrumpió abruptamente cuando el sonrojo llegó a sus mejillas sintiéndose tonto por una emoción como la que lo embargaba ahora.

No estaba muy seguro de si se encontraba dormido o despierto o siquiera de poder hacer un recuento de todas las cosas que había hecho junto con la rata albina para poder tomar como único resultado posible, aquello que ahora lo confrontaba como un monstruo en las sombras; toda la lógica o cualquier razonamiento científico que pudiese darle una respuesta evidente a su estado actual físico parecía haberse ido completamente a la basura, volteando de cabeza todo su mundo sin darle oportunidad a tomar algún seguro.

Ahora se encontraba esperando algo para lo que no estaba siquiera mínimamente preparado o siquiera, con los ajustes físicos o mentales para recibir; jamás en su vida se había planteado la paternidad en ninguna de sus facetas o modos, negándose a dejar caer su gran intelecto e ingenio en un universo que le sentaba prohibitivo para todas sus actividades de trabajo que tanto amaba y ahora, algo mas poderoso y extraño se había apoderado de él, negándole el ser padre y abriéndole una puerta aún mayor y con una carga mas pesada en cuanto a responsabilidad

Era un mundo que hubiese querido jamás visitar

Sin embargo, el vínculo ya estaba creado y él no podía luchar contra ello aunque en el fondo, estaba completamente aterrado.

Podía jurar ante cualquier cosa que la sangre de aquella bestia, el profesor Padraic Ratigan sería la que prevalecería por encima de la suya gracias a la línea directa que había terminado afianzar con el hijo mayor de este, que aunque no tenía las características puntuales de su padre seguramente las trasmitiría a los hijos de ambos; después de todo, esa era su maldición y se le antojaba completamente difícil que no imposible que el destino no decidiese usar su carta mas fría y cruel en contra suya

Dejó salir un suave respiro y dirigió su mirada a la repisa de la chimenea, en el sitio exacto donde solía estar su daga turca y cuya sombra de vacío ahora lo adornaba todo

Pobre Armand. La verdad era que no se merecía semejante ataque a traición por su parte, especialmente cuando estaba haciendo todo lo posible por ayudarle y mantenerle cómodo; aunque por supuesto y si lo pensaba de forma sencilla y simple, era totalmente la culpa de este el hecho de que se encontrara en aquel patético y triste estado emocional. Sin embargo, esperaba en su interior que el albino no estuviese molesto con él. Claro que de ser lo contrario no tendría en absoluto por qué culparlo, después de todo, a él tampoco le agradaría si su esposo lo corretease a balazo limpio por todo el jardín, llenando este de agujeros dignos de una marmota como si fuese alguna especie de diana en movimiento para probar puntería.

Sin embargo, se había pasado por completo con el cuchillo

Repentinamente dejó salir un leve sollozo, haciéndole pegar un respingo ya que había sido totalmente inesperado.

El detective bajó su violín y lo sostuvo en su mano por un lado del sillón con gesto perdido mientras se daba cuenta de que desde el asunto del Big Ben había llorado como nunca en la vida y que aún no podía pasar de ello a pesar de que detestaba completamente ese lado tan frágil suyo que le hacía ver como que cualquier fuerza que hubiese tenido alguna vez ya no valía nada; frunció el ceño con ira y apretó su mano en el mástil del instrumento antes de soltarlo y encoger las piernas hasta subirlas en el mueble, cubriéndose los ojos con las manos y sintiendo como todo un mar de emociones volvía a rodearlo.

Estaba muy cansado.

Cansado, arrepentido y con infinitas ganas de ver a Armand.

Sin entender porque ahora lo extrañaba con todas sus fuerzas, sintiendo como cada célula de su cuerpo le indicaba la necesidad de abrazarlo y sentir que estaba a su lado; tal vez era por lo mismo que estaba sensible o mas bien, ESA era la causa pero en todo caso ahora temblaba y se daba cuenta de que la mansión se encontraba muy solitaria y que incluso el mayordomo se encontraba en silencio y que no quería provocar en el otro una escena como la que ya había pasado.

La puerta de entrada crujió y el ratón levantó las orejas inmediatamente ya que al parecer Armand había vuelto a casa.

Probablemente le regañaría por lo que había ocurrido entre ambos o peor aún, no querría verlo y pasaría de él sin siquiera hacerle caso. Por dentro sabía que el chico jamás le haría eso ya que lo amaba mucho, sin embargo otra parte de si le indicaba que con semejante alboroto armado y el haberlo herido sin pensar debían de tenerlo furioso, al menos lo suficiente como para que aquella noche le dejase abandonado a su suerte en compañía de las sombras y pesadillas que formaban parte de su cada día.

Basil estaba auténticamente en pánico.

No quería estar solo en aquellas condiciones.

Mientras tanto en la puerta, el acobardado aludido ingresaba en el hogar de puntillas, intentando hacer el menor conjunto de sonidos posibles para no alertar de su presencia aunque con tantas bisagras viejas era una misión casi imposible; sin embargo el albino pensaba que por el silencio de la casa tal vez el otro se encontraba durmiendo o meditando aún con las chispas a flor de piel en el salón principal por lo que no era conveniente alterarlo o despertarlo bajo ningun concepto.

Tal vez si conseguía llegar a su propia habitación podrían estar ambos bajo el mismo techo en caso de necesidad.

Sin embargo antes de que pudiese pensar cualquier otra cosa, algo se aferró a su cintura impidiéndole moverse nuevamente mientras que aquella extraña fuerza parecía ser presa de varios movimientos espasmódicos e incontrolados, haciéndole bajar la mirada y sentir que su propio corazón se partía en dos; suspiró suavemente y su mirada se suavizó completamente al percibir como el otro sollozaba contra su cuerpo, haciendo que el albino bajase una de sus manos y comenzase a acariciar la cabeza del otro muy lentamente.

Al menos mientras estuviesen en silencio y el de color castaño no intentase volver a matarlo podía tratar de consolarlo, abrazandole con el brazo libre contra si y sintiendo como este se apretaba un poco mas hsta que finalmente decidió arriesgarse

-Asustado, mi pequeño?

El detective asintió sin despegar su rostro del cuerpo del otro antes de que comenzase a caminar, sintiendo el suave respingo del mas bajito, sin embargo el de ojos azules le apretó un poco mas y le llevó hasta el sillón individual donde se separó de su pareja solo lo suficiente para sentarse él mismo en aquel mueble y luego, hacer que el de mayor edad se le trepara en el regazo, manteniéndole firmemente unido contra su pecho donde el de ojos verdes volvió a hundir el rostro

Al parecer no tenía ganas de ver nada ni hacer nada, totalmente asustado como para hacer ningun otro movimiento.

Armand suspiró un poco y comenzó a mecerle suavemente contra sí, dejándole descargar lo que necesitase en aquellos momentos antes de mover un poco los parpados al escuchar la voz ahogad y triste del otro.

-No se si esté preparado para esto

-Probablemente ninguno de nosotros lo esté todavía- respondió la rata sonriendo mientras observaba las danzarinas llamas de la chimenea enfrente de ellos y continuaba acariciando los cabellos marrones del otro, antes de inclinarse y besar su frente- pero lo estaremos… y yo estaré contigo siempre… y para cualquier cosa que necesites. Ya lo sabes.

Basil volvió a asentir pero esta vez muy lánguidamente sintiendo como si su cuerpo comenzara a adormecerse con el suave movimiento de vaivén en el otro, acomodándose un poco mejor en el chico y encogiéndose en si mismo antes de terminar completamente rendido y dormido entre sus brazos. La rata albina le observó durante algunos segundos antes de apartar el largo fleco del ratón para observar mejor su rostro y suspirar pesadamente recargándose mejor en el sillón para luego, cerrar los ojos

Aún faltaba tiempo para el nacimiento de su hijo…

Y problemas.

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TBC