Una noche de finales de octubre estaban Helga y Godric en el despacho de esta, la dirección, conversando como de costumbre hasta altas horas de la noche; Godric no le había mencionado a Helga lo que había visto entre Hestia y Gabriel, tampoco tenía intención de hacerlo, por ahora. Aquella noche estaban preocupados porque el hijo mayor de Godric, Lancerot, seguía sin despertar.
- He mandado llamar al mejor sanador. – le dijo Helga – aquí tengo el informe, dice que Lancerot tiene grandes señales de tortura en su cuerpo y que probablemente ese estado de inconsciencia permanente sea una forma de luchar contra la gravedad de esas secuela Dice que es mejor esperar y ser paciente a ver como evoluciona, no se sabe si se despertara o no.
- Capturar a quien le hizo eso no sirvió de nada – dijo Godric con desprecio, algo inusual en el pues se caracterizaba por una conducta alegre y nada rencorosa – esos puristas escaparon, tengo ganas de encontrármelos, les hare pagar por esto.
- La verdad que ese grupo esta muy organizado, debe haber alguien detrás de ellos.
- Pensemos – dijo Godric con sarcasmo - ¿quien conocemos que sienta tanto amor por los muggles que como muestra de ello los ataque?
- Yo también creo que Salazar Slytherin tiene algo que ver en esto – dijo Helga – y no es necesario que seas desagradable, comprendo perfectamente lo mucho que te duele que Lancerot este en una cama inconsciente mientras los responsables de ello están por ahí torturando a vete a saber quien.
- Lamento haberte ofendido – dijo arrepentido.
- Acuérdate de lo que le hicieron a Hestia o a Edward – dijo Helga – Comprendo por lo que estas pasando, Godric.
- En esa ocasión Salazar Slytherin había decidido actuar a trabes de la persona que más daño te ha hecho.
- Lo se – reconoció Helga – la inestabilidad de Salazar lo ha convertido en alguien muy peligroso, pero hay algo que me preocupa…
Godric la miro intensamente durante unos instantes, Helga se perdió en los ojos de Godric dejando de hablar.
- A mi también me preocupan los alumnos, por eso me mostré reticente a que admitieras a los nietos de Slytherin, Máxime teniendo en cuenta que Ophiucus intento matarnos hace tres años.
- No podemos juzgarlos por lo que hicieron su padre o por lo que haga su abuelo, y tampoco podemos negarnos a admitirlos sin una razón justificada.
- Lo sé, y sospecho que por eso los ha enviado Salazar, porque sabía que nonos íbamos a negar – dijo Godric pensativo – él podría perfectamente enseñarles magia en su casa guarida, terrario o donde quiera que se esconda… Creo que hay una razón por la que los a enviado aquí.
- ¿Cuál?
- Ni idea – dijo encogiéndose de hombros – tal vez deba decirle a mi pequeño Gabi que use sus poderes de psicólogo con Salazar.
- ¿Te das cuanta que ''tu pequeño Gabi'' tiene 31 años?
Godric sonrió.
- No puedo evitar dejar de verlo como a mi pequeño.
- Creo que eso nos pasa a todos.
En una oscura aula había trece personas en torno a una mesa de tamaño medio, en la cual había una vela en el centro, lo suficiente para que se vieran unos a otros pero no para que se vieran sus rostros, pues iban cubiertos de capas negras, once de ellas estaban con los ojos vendados.
- Os encontráis en la guarida de la sombras – dijo el que parecía el mayor de todos – nosotros no debemos ser vistos, deberán temernos – con un movimiento de varita desvaneció las vendas, permitiéndoles ver que estaban en un aula vacía.
- La puerta esta sellada – dijo la voz de la otra persona que en ningún momento llevaba venda – se accederá a esta estancia por medio de un pasadizo que hemos habilitado.
- Ahora procederemos a nombrar a los responsables de cada curso – dijo la primera voz – mi hermano será el responsable de quinto año y yo seré el de séptimo. McNair será el de tercero, Black de cuarto y Malfoy de sexto.
- Vuestra misión consistirá en controlar a los alumnos de vuestro curso, tanto de nuestra noble casa como del resto de casas en busca de posibles aliados y objetivos, aquellos que supongan mayor peligro para esta noble institución.
- ¿Por qué buscar aliados en otras casas? – pregunto uno de los que estaban en la reunión.
- Seguramente en el resto de casas hay alguien que piensa como nosotros pero no se atreve a manifestarlo por no ser políticamente correcto – explico Orus Slytherin.
- Demos por concluida la reunión de hoy – dijo Marius – recibiereis un mensaje poco antes de la siguiente reunión, también cuando os tengáis que encargar de un objetivo, Ah y sed astutos, nada de chapuzas o lo lamentaréis.
Los integrantes abandonaron el aula por la entrada al pasadizo que les mostro Orus, pero los hermanos Slytherin permanecieron allí conversando.
- No he querido decirte nada delante de estos inútiles, pero no me parece conveniente incluir en nuestro selecto grupo gente de otras casas, por mucho que piensen como nosotros.
- Marius, hay que tener aliados en todas partes – dijo hablando lentamente – además algunos son tan fáciles de persuadir – añadió con una sonrisa – pero no te preocupes por ello, no hablo de localizar a uno e incluirlo sin más.
- ¿Qué propones, hermanito?
- Cuando se localice a uno pasara por una serie de pruebas para saber que será idóneo para nuestro grupo.
- Podríamos utilizarlos como espías – dijo Marius reflexivamente – se fiarían de ellos, obtendríamos información de los próximos movimientos de nietros enemigos. Traicionados por uno de ellos, eso no se lo esperaran, lo asparían de un Slytherin pero no de cualquiera de otra casa. Pero – añadió frunciendo el entrecejo - ¿Cómo hacemos para persuadirlos de que se unan a nuestra noble causa?.
- Los de Ravenclaw son demasiado lógicos, pero no prestan atención a otra cosa que no sea acumular conocimientos, podemos utilizar la lógica a nuestro favor imponiéndola mediante argumentos a la de ellos.
- Ya veo por donde vas hermanito, veamos, los Hufflepuff son muy leales pero estúpidos, quizá logremos que nos sean leales a nosotros, ellos no nos traicionarían – comento Marius siguiendo el razonamiento de su hermano – la casa Gryffindor por supuesto esta descartada. Debemos convencer a los más fuertes.
- No, los de primero y segundo son fáciles de guiar.
- ¿Trabajar directamente con los más pequeños?¿moldear su pensamiento crítico?¡Eso es brillante, hermanito!
- No es brillante, yo soy brillante – dijo Orus con arrogancia.
Orus comenzó a caminar hacia la salida secreta.
- No te quedas a charlar conmigo, hermanito.
- No, tengo que terminar la redacción de pociones, la que mis compañeros de clase entregaron el primer día del curso.
- ¿Ese asqueroso Gryffindor te esta haciendo trabajar inútilmente?
- No, dijo que en otras circunstancias daba igual, pero que esa redacción formaba parte de la evaluación del presente curso.
- Menuda idiotez – dijo Marius con desprecio.
Unos días después, una lluviosa tarde un alumno de la casa Slytherin acorralo a una chica y la forzó entrar en un aula desocupada, la arrojo con fuerza sobre la mesa y empezó a tocarla.
- Eres inusualmente preciosa – le susurro al oído mientras la sujetaba con fuerza impidiéndole escapar.
- ¡Suéltame!
- ¿Por qué? ¿Es que acaso no te diviertes?
La chica comenzó a gritar.
- Eso, grita, grita así es más divertido.
Los gritos de la chica atrajeron al profesor Blake al aula en la que entro sin esfuerzo alguno. Con un movimiento de varita separo a su alumno de la chica.
- A mi despacho Mulciber ¡Ya! – le dijo furioso.
John Blake acompaño a la alumna a la enfermería y solicito a la enfermera que la analizara completamente y elaborara un parte de lesiones. Después fue a su despacho donde Adam Mulciber lo estaba esperando.
- Ya que tienes tanta energía sobrante quizá encontremos algunas actividades con las que puedas liberarla – le dijo fríamente – te quedaras aquí hasta que decida por donde empezaras. Daré parte de lo que has hecho y por tu bien más te vale que esa chica no tenga ninguna lesión de ningún tipo o serás irremediablemente expulsado. Por lo pronto serás removido de tu cargo de prefecto.
El profesor Blake redacto un parte por duplicado, uno lo pondría en manos de la dirección, con el castigo que le había puesto, y el otro en el expediente del muchacho. Espero a tener el parte de la enfermera antes de comunicar lo ocurrido a dirección, pues en un caso así creyó conveniente adjuntar el parte de enfermería al parte de lo que el alumno había hecho.
- Ahora vuelvo, no te muevas de aquí o lo lamentaras.
Cuando volvió de dirección, se quedo mirando a Mulciber; coloco dos sillas separadas para que entre ellas cupiera un cuerpo y ordeno a Mulciber hacer 500 flexiones poniendo las manos en las sillas. Cuando iba más o menos por la mitad entro en el despacho Gabriel Gryffindor, que evidentemente se había enterado de lo ocurrido.
- ¿Este es su castigo?
- Es parte de él – dijo con una sonrisa indescifrable el profesor Blake.
- Yo…
- Lo se, pero creo que esta es la mejor forma de manejar la situación que se a producido – y añadió en voz baja para que solo Gabriel pudiera oírlo – pienso tenerlo así hasta el día de su boda.
Gabriel sonrió divertido
- Bueno, John, si necesitas…
- ¡Que va a necesitar un Slytherin que se precie de un patético Gryffindor!
- Señor Mulciber – dijo John Blake - ¿le he dado acaso permiso para hablar? ¡Comience de nuevo!
- Pero señor.
- Y si vuelve ha hablar sin consentimiento duplicare tu tarea.
- Creo que yo me voy – dijo Gabriel.
Horas después, Mulciber salía del despacho del profesor Blake sudoroso, agotado y con los músculos doloridos. Por los pasillos habían varios estudiantes de diferentes casas, en uno de ellos encontró un grupito se Slytherin de su mismo curso, entre los que estaba Orus Slytherin se dirigió a ellos pero antes de llegar…
- ¡Mulciber! ¡Maldito hijo de puta!
Martha Gryffindor se acercó rápidamente a Mulciber y lo derribo de un puñetazo, estaba furiosa por lo que ese asqueroso le había hecho a su mejor amiga. Dos de los estudiantes de Slytherin sacaron sus varitas dispuestos a hechizar a Martha, pero Orus los detuvo.
- No es el momento ni el lugar – dijo – veamos de que va esto.
Una docena de curiosos se acercaron a mirar.
- ¡Ya veras perra! – dijo Mulciber levantándose y sacando la varita – te vas a enterar de quien soy yo
- ¡Protego! ¡Expeliarmo!
La varita de Mulciber salió despedida perdiéndose en el pasillo, el chico furioso se lanzó hacía ella tratando de golpearla, Martha esquivo el golpe instintivamente y lo golpeen la nariz con la base de la mano en la nariz produciéndole una hemorragia y con un rápido giro le dio una patada entre las piernas, dejándolo dolorido y revolcándose por el suelo. Los alumnos de las casas Gryffindor, Hufflepuff y Ravenclaw vitorearon a Martha. Los Slytherins estaban furiosos, pero Orus les había ordenado permanecer impasibles.
- Así se te quitaran las ganas de ir por ahí forzando a las chicas a mantener practicas son esa cosita que te cuelga entre las piernas – dijo lo bastante alto para que todos los curiosos lo oyeran.
Hestia Hufflepuff llegó, se quedo observando la situación, a Mulciber en el suelo lloriqueando y a Martha destilando ira por cada músculo de du rostro e insatisfecha con la lección que le había dado a Mulciber, pues deseaba matarlo.
- Martha acompáñame – dijo – el resto largaos de aquí, el que permanezca en este pasillo dentro de dos minutos perderá 5 puntos para su casa – añadió – vosotros les dijo a los Slytherins, llevaos a esta cosa a vuestra sala común – dijo señalando con la cabeza a Mulciber.
Martha estaba asustada, pues a su tío no le iba a hacer gracia su proceder, el insistía en que el dialogo era la forma de proceder antes de legar a la agresión; pero Hestia no la condujo hasta su tío, ya llevo a una sala en la que no había estado antes. En la sala aparecieron multitud de objetos, mesas, sillas.
- ¿A que esperas? Deja salir tu ira – le dijo – mejor que destroces objetos a que revientes a golpes a una persona.
- Ese ser no merece ser llamado persona, no después de lo que le ha hecho a Jane.
- Pero actuando de esta forma no haces más sino empeorar la situación – le dijo a la niña que la miraba perpleja – acabas de poner una diana en tu frente.
Martha estuvo la siguiente media hora destrozando todo aquello que se encontraba en la habitación cuando se hubo calmado el contenido de la habitación se desvaneció y aparecieron dos sillones enfrentados. Hestia le indico que tomara uno de ellos.
- Intuyo que el ataque de ira que acabas de tener no tiene que ver exclusivamente con lo que Adam Mulciber le ha hecho a tu amiga – comento iniciando una conversación – es algo que ha ido acumulándose desde que tu padre esta en la enfermería ¿me equivoco?
- No, pero esos asquerosos merecen pagar por sus crímenes.
- No eres tu quien debe hacer justicia
- ¿Debo quedarme de brazos cruzados?
- Esa ira descontrolada que tienes y que descargas continuamente sobre alumnos de la casa Slytherin te acabara haciendo daño, a ti y a aquellos a los que quieres.
- Mi caso es diferente al tuyo pero se de lo que hablo.
Hestia se quedo pensativa mirando a Martha, debatiendo internamente la conveniencia de contarle su experiencia; había muchas cosas que había hecho siendo estudiante de las que se arrepentía. Finalmente se decidió a contarlo esperando que eso ayudara a Martha a recapacitar.
- Cuando yo fui estudiante, en el colegio reinaba un clima de inestabilidad y agresividad como el que hay ahora, solo que mayor. Las cuatro casas estaban enfrentadas y se atacaban los unos a los otros a la menor oportunidad que tenían, los primeros en comenzar a enfrentarse fueron tu abuelo y Salazar Slytherin pues tenían opiniones encontradas sobre ciertos tipos de estudiantes. Mi madre y Rowena Ravenclaw trataron de mediar entre ellos y acabaron peleándose también, los alumnos, bueno cada cual seguíamos a nuestros maestros de forma que todas las casas queríamos imponernos a las otras.
- ¿Esto va a llegar a alguna parte?
- Si me escuchas si. Por aquel entonces, yo estaba en plena edad de rebeldía y era quien solía iniciar las campañas de ataque a otros alumnos de otras casas, especialmente contra uno, aunque a él lo atacaba en solitario; cuando las peleas cesaron tras la marcha de Slytherin yo seguía atacando a este alumno, tanto verbalmente como con hechizos, él ya había pasado de responder a mis provocaciones, por lo que me ignoro completamente, y eso me molesto mucho, sentía mucha rabia de que ni tan siquiera se dignara a mirarme.
- Solo por curiosidad ¿Qué alumno era?
- Tu tío – respondió Hestia – sentía tanta rabia que hacia lo que fuera para que me prestara atención, pero cuanto más lo hacía más se alejaba. La noche antes de que se graduara le dije algo horrible, algo que no pienso repetir, y poco después desapareció. Me sentí culpable por ello y un gran sufrimiento se apodero de mi.
Martha la escuchaba como hipnotizada.
- El resto de la historia ya lo conoces, hace tres años regreso después de estar desaparecido durante diez.
- ¿Qué tiene que ver esto con la ira? – Pregunto Martha.
- ¿Qué es lo que te he dicho al principio de la conversación? – Dijo Hestia – la ira es autodestructiva, te haces daño a ti mismo y a los que te rodean, a los que quieres. Si sigues así, esa ira te acabara llevando por el mal camino, hasta el punto de convertirte en aquello que más desprecias, un servidor de la oscuridad.
- Ahora hablas como mi tío.
- Él me ha ayudado a tener control sobre mi temperamento, ya no exploto con la misma facilidad que hace tres años.
- Has dicho que la ira te lleva a hacer daño a quienes más quieres, a perderlos – dijo Martha reflexionando – y también has dicho que sufriste mucho cuando mi tío desapareció…
- Si, la ira me llevó a perderlo.
- ¿Significa eso que lo amabas entonces?
- Fin de la charla, te acompañare a tu sala común.
Una vez dejaron a Mulciber en la sala común, Orus fue al encuentro de su hermano que estaba rodeado de aduladores.
- Marius, tenemos que hablar
- No es el momento, hermano, no ves que estoy ocupado
- Debemos darle una lección a Mulciber
- Pertenece a tu curso y tú eres el responsable de quinto año
- Intentar violar a una chica y ser tan estúpido para que un profesor lo pille no te parece que merece un castigo más allá del correctivo que yo le pueda imponer por su estupidez.
- Ya decía yo que ese careto lleno de golpes no podía ser efecto del maquillaje
Orus fulmino a su hermano.
- Tengo en mente un castigo ejemplar, pero necesito de la colaboración de todo el grupo, podríamos dárselo nosotros a solas pero ¿Qué mensaje les estaríamos dando a los demás?
- De acuerdo, cuéntame – dijo separándose de su grupito y marchándose con Orus.
