Capítulo 3: Online.

Asuna no volvió a salir de su cuarto aquella noche, despidiéndose Kirito a través de la puerta de su dormitorio. Suponía que necesitaba espacio y algo de tiempo para asimilar aquello, así que no quiso presionar más de la cuenta. Por hoy y tras arreglar el problema de la facultad, ya había hecho bastante, o eso le parecía a él.

Durante el camino en coche, su padre no dejó de hablar sobre lo encantadora que era aquella mujer mientras trataba de sonsacarle algo más de información a su hijo sin obtener ninguna respuesta. Sabía de sobra que su hijo era siempre muy reservado e introvertido, casi siempre se encerraba en su cuarto y jugaba a juegos online o se ponía a indagar sobre ordenadores. No era la primera vez que le hacían salir del trabajo para explicar por qué su hijo había hackeado algún ordenador de la facultad.

- Kazuto – le volvió a llamar su padre sacándole entonces de sus pensamientos.

Kazuto movió la cabeza y la apartó de encima de su mano dejando de mirar por la ventanilla del copiloto para mirar a su padre.

- ¿Qué decías? – preguntó de nuevo.

- ¿Qué opinas de la familia? – le volvió a preguntar – sí que estás distraído, más de lo habitual.

- Un poco. Estoy algo cansado hoy.

- ¿Me puedes explicar a qué venía lo de la cena?

- ¿Qué de todo?

- El ausentarte.

El resoplido sonó en todo el habitáculo del vehículo. No le apetecía hablar del tema, pero al ver la mirada inquisitoria de su padre, supo que no lo dejaría ahí sin más. Quería conocer los detalles.

- ¿Podemos hablarlo en otro momento?

- No – respondió su padre – Kyouko estaba muy preocupada por vuestro comportamiento de esta noche.

- No es nada, papá – suspiró Kazuto.

- ¿Qué no es nada? Que dos adolescentes se levanten de la mesa y monten un número así significa algo.

- Era un problema de la facultad – dijo Kazuto algo cansado ya – nada que ver con la familia, ni tu futuro matrimonio ni nada por el estilo, ¿vale? – dijo al final cansado.

- ¿Problema de la facultad? – preguntó su padre extrañado.

- Sí – volvió Kazuto a mirar por la ventanilla – una broma que le habían gastado, una muy pesada al parecer. Estaba un poco avergonzada conmigo, nada más. No tienes que preocuparte, tu matrimonio no corre peligro alguno porque nos llevemos mal o algo parecido. De hecho, ya lo he arreglado con ella, o eso espero.

Su padre pareció calmarse en aquel instante, dejando así que Kazuto volviera a la ventanilla. Todo estaba a oscuras excepto por las farolas que iluminaban la calle. Sabía que tenía que madrugar al día siguiente, que debía asistir a clases y, aun así, lo único en lo que podía pensar era en conectarse y jugar un rato para aliviar la presión que sentía con todo aquel asunto.

Tal y como llegaron a casa, Kazuto subió las escaleras y abrió la puerta de su habitación lanzando la chaqueta sobre la silla del escritorio. Mañana tendría que recoger las cosas para mudarse a la casa de su nueva familia, pero hasta entonces, prefería jugar un rato. Sin perder más tiempo, cogió el casco y se lanzó sobre la cama colocándose en casco en la cabeza para iniciar el juego.

Sus ojos se cerraron al instante en cuanto pronunció las palabras para iniciar. La pantalla de carga comenzó a aparecer y finalmente, se vislumbró en la habitación de aquel hostal donde había dejado su avatar. Sonrió mientras cerraba el puño y, comprobando que llevaba todo el equipo necesario, salió de allí con rapidez en dirección al prado.

Los monstruos de la zona aparecieron ante sus ojos. Revisó la lista de misiones y observó que aún tenía pendiente la última cacería. Abrió el mapa del lugar y revisó todas las áreas hasta que localizó la estrella que le indicaba dónde tenía que ir a buscar a esos monstruos que le faltaban. Con una gran sonrisa, inició la caminata hacia la zona que buscaba. Tardó un buen rato en llegar y es que lo que más odiaba en esos juegos, eran las distancias que debía recorrer. Todo sería muy diferente si hubiera podido disponer de una montura, pero eran demasiado caras para él al nivel en el que se encontraba.

Cuando llegó, se quedó atónito al ver que había otro jugador haciendo la misma misión que tenía él. Al ver a la rapidez con que desaparecían los monstruos, decidió esperar a que terminase de matar al número que le habían pedido para que aparecieran de nuevo y poder hacer él la misión.

- Terminará pronto con esta zona – escuchó que otro jugador le decía.

- ¿Le conoces? – preguntó sentándose junto a él en la roca elevada desde donde observaba la escena.

- No en persona, sólo la he visto por aquí de vez en cuando. Es un jugador solitario. Nunca la he visto con compañía – comentó el jugador todavía observando.

- Como yo entonces – susurró.

- ¿Has dicho algo? – preguntó el jugador extrañado.

- No, no… no era nada – sonrió Kazuto tratando de aparentar normalidad.

- Por cierto, me llamo Klein – comentó el chico.

- Kirito – sonrió Kazuto haciendo alusión a su nombre dentro del juego, esa combinación entre su apellido y su nombre.

- Un buen nombre – sonrió el hombre.

- ¿Qué está ocurriendo allí? – preguntó Kirito fijando sus ojos en un grupo de hombres que hablaban sobre algo.

- Parece que han encontrado la guarida de uno de los jefes, quieren hacer una reunión esta tarde en la ciudad para enfrentarse a él. ¿Te interesa? Creí que trabajabas solo.

- La mayoría del tiempo, sí – sonrió Kirito – pero esas mazmorras y los jefes es mejor hacerlos en un grupo. Aunque no tengo ninguno.

- En la reunión podrías encontrar un grupo.

- Sí, iré a ella a ver qué cuentan.

Kirito observó a aquella chica terminar su misión y decidió acabar él mismo también con esos monstruos antes de ir a entregar la misión y asistir a esa reunión sobre la mazmorra. Tenía ganas de hacer algo y esa misión podía ser una buena oportunidad.

Se sentó a escuchar las ideas que llevaban, pero cuando decidieron hacer los grupos, él se quedó completamente solo observando cómo todos se agrupaban de cinco en cinco. No conocía a nadie y era lo normal en un jugador solitario. Quería encontrar a alguien para entrar en aquella mazmorra y entonces… sus ojos se desviaron hasta fijarse en la chica que tapaba su rostro con una capucha roja. Era la misma chica que había visto antes con los monstruos, otro jugador solitario. Se acercó a ella arrastrando su trasero por el gran banco de piedra hasta sentarse a su lado.

- Ey… disculpa – susurró Kirito llamando la atención de la chica – ¿Por qué no te has agrupado con nadie?

- Todos parecían ser amigos – susurró la chica – yo no conozco a nadie aquí.

- ¿Y quieres hacer la mazmorra? Podríamos hacerla juntos.

- ¿Juntos? Yo… nunca he jugado con nadie.

- Tampoco yo – sonrió Kirito – Me llamo Kirito.

- Asuna – dijo la chica paralizando un segundo a Kazuto.

Su hermanastra tenía el mismo nombre y aunque pensó en ella durante unos segundos, luego la miró mejor. No podía ser ella, muchas chicas en Japón tenían ese nombre, no tenía por qué ser ella. Era una simple casualidad, seguramente un nombre elegido por ella para su personaje, igual que él había elegido el de Kirito. Desechó la idea y es que Asuna era una niña rica, hija de una importante familia, ella jamás jugaría a esos juegos, no parecía una chica de ese estilo.

Kirito buscó en la lista hasta que encontró el botón para añadir a alguien a la partida. Para Asuna, aquel panel donde indicaba que ahora serían compañeros, era completamente nuevo. Aceptó pese a que dudaba al principio de sí hacerlo o no. En su lista de amigos, apareció el nombre de Kirito.

- Quizá sólo por esta vez podamos hacer equipo – dijo Asuna.

- Claro, sólo esta mazmorra.

Al ver que todos los grupos de cinco personas se ponían en marcha, ellos dos también se levantaron para seguirles hacia la mazmorra que habían descubierto. Pese a que ambos estaban acostumbrados a trabajar en solitario, no les convencía del todo la idea de ser sólo dos en su equipo.

- ¿Crees que estaremos en desventaja? – preguntó Asuna.

- Sí. Todos los grupos son cinco personas, normalmente llevarían a alguien con gran armadura para resistir los golpes y a un curandero mientras el resto hacen el daño para aniquilar al monstruo – comentó Kirito – en nuestro caso…

- No tenemos a alguien que aguante los golpes.

- Tendremos que esquivar – sonrió Kirito – pero habrán más equipos con nosotros, así que podremos aprovechar cuando ellos hagan de tanques y aguanten para atacar también.

- De acuerdo.

- ¿Has jugado alguna vez en grupo? – preguntó un poco preocupado Kirito.

- No – dijo con seriedad Asuna antes de demostrar cierta preocupación.

Kirito suspiró, ya no podía hacer nada y era cierto que los jugadores solitarios rara vez llegaban a pasarse el juego, necesitaban siempre colaborar con gente, pero esa chica aún no lo había hecho. Sonrió porque para él… también era la primera vez que iba a colaborar en ese juego, pese a que cuando estuvo jugando en la "Beta" sí tuvo que hacer alianzas anteriormente para las mazmorras.

- Yo te indicaré entonces. Te explicaré lo básico – sonrió Kirito.

Todos los grupos llegaron hasta las inmensas puertas de la mazmorra. Tras ellas, el jefe les esperaba. El líder de todos los grupos, aquel hombre que había organizado la reunión, dio unas palabras de ánimo que Kirito ni siquiera escuchó. Miraba a esa extraña chica encapuchada con nombre y parecido similar al de su futura hermanastra. Se fijó con detenimiento en la hora que era. ¡Tarde! Sabía que debía ir a la universidad al día siguiente a buscar unos libros a la biblioteca, pero quizá, por la hora que era y la mazmorra que tendrían que hacer, se le haría tan tarde que debería dejarlo para otro día. Aparte de eso, pensaba en la mudanza. Eso le hizo resoplar.

- ¿Ocurre algo? – preguntó Asuna.

- No es nada, algo que debo hacer mañana y que me da mucha pereza – sonrió.

- ¿En el mundo real?

- Sí – sonrió Kirito – quería ir a la biblioteca pero… casi lo dejaré para mañana.

- Ya es tarde, sería lo más conveniente – sonrió por primera vez aquella chica.

El primer grupo empezó a abrir la puerta y, a la orden, todos se apresuraron a entrar en aquella inmensa sala circular vislumbrando al gran monstruo frente a ellos. Kirito aprovechó las primeras defensas de los otros grupos para acercarse al monstruo y comenzar su ataque, sin embargo, cuando dio la orden de cambiar y desvió el ataque del enemigo para que su compañera tuviera mejor acceso al monstruo, vio con asombro la rapidez con la que ella era capaz de atacar. Sus estadísticas estaban sin duda utilizadas en la fuerza de la estocada y la velocidad, algo que le sorprendió puesto que poca gente buscaba velocidad en un juego de ese estilo. Quizá no esperaba de una novata que fuera a ser buena pero luego sonrió, era cierto que era un jugador solitario como él, debía ser buena para haber llegado sola hasta ese punto del juego.

- Vaya… un florete – susurró para sí mismo.

Había visto espadas de todos los tipos en aquel juego, pero jamás había visto un florete. Ella era la primera chica a la que veía utilizar esa arma más apta para clavarse que para cortar y rebanar como las del resto de jugadores.

Asuna se distrajo aquel segundo con las palabras de Kirito aunque ni siquiera las había escuchado. Parecía atenta al ruido que había escuchado proveniente de sus labios y esperaba la repetición de sus palabras cuando el monstruo se levantó tras su estoque y fue hacia ella. Kirito se apresuró entonces a acercarse a ella deteniendo el golpe para que ella pudiera arremeter una vez más.

Una vez finalizaron aquella mazmorra, Kirito se dio cuenta de que un nuevo objeto extraño había entrado en su buzón. Sonrió al ver que era una capa nueva, del mismo color que la que ahora llevaba, negra, porque así le conocían todos en aquel juego, el espadachín oscuro.

- Déjame curarte antes de deshacer el grupo – comentó Asuna viendo la barra de vida de su compañero.

- ¿También curas? – sonrió Kirito.

- Vengo de la raza de los Undine, utilizamos magia de agua, curación y la espada, sí, puedo curar – sonrió ella.

Por un instante, ambos se miraron fijamente mientras Asuna terminaba de conjurar el hechizo de la curación, pero en cuanto acabó y pese a que Kirito estaba absorto en los ojos de aquella chica, un cartel apareció frente a él pidiendo deshacer el grupo. Sonrió, él mismo había dicho que sería sólo para esa mazmorra así que aceptó deshacerlo.

- Ya nos veremos. Gracias por la mazmorra – sonrió Asuna marchándose de allí.

- De nada.

La vio marcharse, caminando con tranquilidad hacia la salida. Era una chica rara, casi le recordaba a él, igual de solitario en los juegos. No pudo pensar mucho más tiempo, puesto que Klein se lanzó sobre él con cara de asombro.

- Uo. ¿Ésa era Asuna? – preguntó extrañado.

- ¿Qué? Ah, sí… creo que ése era su nombre – sonrió Kirito.

- No sabes quién es, ¿verdad? – preguntó Klein confuso.

- La verdad es que no.

- Es Asuna, la llaman Asuna el relámpago. Dicen que es la más rápida de este juego y nunca hace equipo con nadie. Has sido todo un privilegiado – le dio una palmada en la espalda – pocas chicas juegan a esta clase de juegos y menos chicas como ella.

- ¿Como ella? – preguntó Kirito extrañado.

- Tan guapas como ella – dijo Klein con ojos casi llorosos.

- Vale… me voy a descansar – sonrió Kirito observando que Klein empezaría a desvariar – ya nos veremos.