-¿Tu conoces a Hans?-preguntó Elsa, seriamente.

-Lamentablemente, si. Y lo odio.-admitió Angelo.

-¿Hans...?-trató de preguntar Elsa.

-Si, él mató a mis padres...-su sonrisa desapareció de su cara.

-Oh, lo siento...-dijo Elsa, arrepentida.

-No no, no importa. Al fin y al cabo, todos lo saben.-trató de cambiar de tema rápidamente, odiaba hablar sobre eso-, ¿Estás... mejor?-preguntó.

-Si, pero todos los agradecimientos son para ti-dijo Elsa sonriendo-. Tu... ¿Puedes hacer fuego con tus manos?

Angelo hizo una pequeña bola de fuego con sus dos manos, y él mismo la miraba como un niño pequeño, con asombro de lo que él mismo podía hacer.

Elsa, sin quedarse atrás, hizo copos de nieve en sus manos, pero esta sin asombro alguno, como si fuera algo de la vida cotidiana (aunque es algo de la vida cotidiana en su vida).

-Espera... ¿usted tiene poderes de frío?-preguntó apagando su llama y mirando fijamente los copos de nieve de Elsa.

-Primero, no es necesario que me llames con "usted"... y segundo, si.

Anna solo se limitaba a ver cómo su hermana hacía magia.

-¡Hace más de un siglo que no nace una Reina del Hielo!-dijo el italiano con felicidad en su voz, pero al ver que Elsa no entendía el concepto de lo que estaba diciendo, se detuvo a explicar-. Es decir, cada mucho tiempo nace alguien con poderes sobre el frío o sobre el calor... son descendientes de antiguos magos que vivieron hace siglos... En este momento, por lo que sé usted... erhmmm, tú eres la única que puede controlar el frío... pero hay alguien más que puede controlar el calor...-dijo rascándose la cabeza.

-¿Quién es?-cualquiera hubiera creído que Anna ya se hubiera dormido, pero esta seguía atenta a la conversación e hizo esta pregunta.

-Por lo que sé... rharg... un aliado de Hans.

-¿Qué?-Elsa deseó haber escuchado mal.

-Está usando sus poderes para el mal... directamente Hans lo compró con mucho dinero para ayudarlo a hacer sus planes. Lo peor es que fuimos a la escuela juntos. Éramos mejores y únicos amigos, ya que todos nos tenían miedo por poder controlar el fuego. Íbamos a una escuela para niños con problemas de aprendizaje, pero exactamente no teníamos problemas de aprendizaje, sino... bueno, ya sabes que tipo de problemas. Zanzire Lallagalag... ahora convertido en un asqueroso Westergaard.-apretó sus puños con fuerza. Odiaba a Hans y sus lavados de cerebro. Además el Westergaard tenía un plus de odio de parte de Angelo porque había matado a sus padres.

-¿Y cómo es que Hans escapó?-preguntó Elsa seriamente.

-Nadie sabe-aseguró Angelo-, Pero no debe haberlo hecho solo. Cuando lo enviaron desde aquí, yo lo recibí felizmente en la cárcel de las Islas del Sur, felicitándolo por su logro, pero no paraba de... insultarte... a tus... espaldas-dijo incómodamente a Elsa-, Lo encarcelaron en la celda que era más difícil escapar, pero no me asombraría que alguien lo haya ayudado a escapar.

-Tal vez, Zanzire-dijo Anna.

-Tiene sentido... los que nacen con poderes de fuego también pueden crear obsidiana, aunque yo nunca aprendí a controlarla del todo bien... pero Zanzire si. Pudo haber hecho un hueco en la pared o algo por el estilo.

-Espera, tu exactamente ¿dónde vives?-preguntó Elsa.

-Bueno, no tengo un lugar fijo, todos me conocen por mis... arg... incendios... y me tienen miedo. Por eso nunca puedo quedarme en algún lugar. Siempre debo escapar, pese a mi lentitud extrema puedo escapar gracias a mi mascota-caballo.-Elsa rió, aunque al italiano no se le hacía muy divertido escapar.

-Con lo de los incendios... es que no puedes controlar tus poderes, ¿verdad?-preguntó Elsa.

-Exacto.-dijo Angelo mirando sus manos con horror.

"Por fin hay alguien que le pasa lo mismo que a mi", pensó Elsa.

-¿Cómo... cómo se llamaban tus padres?-preguntó Elsa tímidamente.

-Markus y Akane.

¡El Rey y la Reina de Ukrathar! Elsa lo recordaba perfectamente. Habían muerto hace mucho, cuando sus hijos, Angelo y Zara, aún no tenían la edad suficiente para tomar el trono. Y lo que mejor recordaba, es que el asesino había sido Hans.

-¿Y tu...?-Elsa no quería decir la última palabra.

-¿Hermana? murió también...-esta vez si se agarró la cabeza. No podía sacar esa imagen de su cabeza. Empezó a recordar cuando Zara murió.

Angelo estaba encerrado en su habitación, sin poder controlar sus poderes. La muerte de sus padres le había afectado mucho, y desde ese entonces, había permanecido allí por meses. Apenas era un niño de 11 años, pero temía poder lastimar a Zara con su fuego. Era tan fuerte ese miedo que simplemente él echaba humo. Como si fuera poco, Zara le tocaba la puerta todos los días, para invitarlo a jugar. Pero él nunca respondía.

-Angelo, ¡Ven a jugar! ¡Es verano!-decía Zara mientras tocaba la puerta de su hermano, pero no había respuesta alguna. Solo a veces.

-Vete.-contestaba secamente.

Poco a poco estaba torturando a su hermana con sus respuestas, pues esta obedecía a su hermano y se iba, triste. Angelo odiaba lo que tenía que hacer, pero no había otra manera. Su hermana sabía perfectamente qué poderes tenía, ya que este los usaba para jugar con ella antes. Pero Zara aún no sabía que también podían aparecer involuntariamente por un cambio de personalidad.

Pasaron meses y meses así. Siempre la misma historia.

-Angelo... sé que estás ahí... solo déjame entrar... no puedo vivir más con esto... Por favor, ¡abre la puerta!-suplicaba Zara.

Angelo no tenía otra cosa que no contestar. De verdad quería salir ahí afuera, a jugar con su hermana. Pero era tanta la depresión que tenía que no podía controlar sus poderes.

En cambio, Zara era optimista, pero esto no quiere decir que no le importó la muerte de Markus y Akane. Al contrario.

Angelo solo pasaba el día llorando. Se sentía completamente atrapado en su propio miedo, sin poder hacer nada. Solo sollozos todos los días. Y lo peor era que su hermana a veces lo escuchaba.

Tenía un odio gigantesco hacia Hans. Él sabía que habia matado a sus padres, aún ese maldito era tan joven para matar a alguien. Pero lo hizo.

Pasaron 2 años y todo seguía igual. Ukrathar seguía sin rey, solo tenía unos pocos sirvientes en el palacio.

Angelo miraba por la ventana, toda esa gente que esperaba un rey, que quería alguien que gobierne con sabiduría Ukrathar.

-Angelo...-decía su hermana-, ¿Por qué te encerraste, sin ninguna razón? Sal, por favor. Ukrathar te espera.

No podía escuchar más a su hermana así. Salió de su habitación.

-¡Angelo!-exclamó su hermana con felicidad. Lo fue a abrazar, pero este se decidió a escapar del palacio.

Corría y corría, lo más rápido que podían sus pulmones. A pesar de ser asmático, corría. No quería vivir más encerrado. No quería escuchar a su hermana sufrir más. No quería estar encerrado en su propio miedo más. Mientras corría, sus pies convertían el piso del palacio en obsidiana. La obsidiana siempre aparecía en el peor momento.

-¿Angelo, por qué escapas?-preguntó Zara, confundida.

Zara empezó a seguirlo. Angelo hacía columnas de obsidiana para crearle obstáculos a su hermana. Odiaba hacer eso. Pero no había otra forma.

-¡Angelo, no!-decía su hermana mientras intentaba atraparlo.

-Adiós-susurró Angelo.

Siguió haciendo columnas de obsidiana, pero pasó algo horrible: le disparó accidentalmente un rayo de obsidiana a su hermana.

Su hermana cayó al piso.

Angelo no perdió la velocidad. Decidió ignorarla, pensando en que estaría bien, en que solo tal vez se había tropezado con la obsidiana. Pero había metido obsidiana en su corazón. Él no lo sabía.

Finalmente salió del palacio, y todos los guardias fueron a atraparlo.

Él amaba los caballos. Rápidamente fue hacia los establos, y agarró a su favorito, Sombra. La hermosa yegua con ojos rojos brillantes y pelo negro como la noche. Se subió a ella, sin montura, y empezó a cabalgar, lo más lejos posible de su reino. Así pasaron los años, esquivando a todo el mundo.