Hola, hola, hola chicos y chicas del coro, ¿saben? pensaba publicar hasta el miércoles o más adelante, pero estoy tan contenta de que les haya gustado la historia y estuve tan inspirada por sus comentarios que decidí echarle conejo a mi mañana y dejar aquí el nuevo capítulo, es un poco más corto pero muy jugoso. Aclaro que me tome algunas libertades de redacción en algunos diálogos y escenas, pero es para darle más de mi toque a la historia original, espero que les guste y les propongo algo, publicare el siguiente mañana si me dejan mínimo tres review ¿hecho?
Quiero agradecer a los seguidores: Ladybug miau, aby2125 y lucyhigurashi.
A los que señalaron esta historia como favorita: brends13, Ladybug miau y aby2125.
Y a los que dejaron sus comentarios:
ChawGirl: aquí el siguiente capítulo para que no te quedes picada, y sabes, no lo había pensado pero si se parece mucho a la cenicienta.
María: me alegra que te gustara en capítulo, espero que disfrutes igual este nuevo.
Hankotsu taishio: gracias por tus palabras de apoyo, que bueno que te gusto la historia, respondiendo a tu pregunta el cuento original se llama Aña, la princesa de la nieve, lo encuentras en YouTube con este link: watch?v=YY2cfwk79VQ.
Flores en Pleno Invierno
- oh… - gimió Kagome al sentir una gota de nieve sobre su mejilla, se froto los ojos un poco pues su visión estaba nublada e intento incorporarse.
- ¿estaba dormida? ¿Todavía no he muerto? - se preguntó mientras miraba a su alrededor, la tormenta había amainado, y el viento ceso su rugir para dar paso a una tranquila sinfonía de estrellas y escarcha y la nevada solo eran pequeñas motitas de pelusa que caían sobre sus cabellos y su ropa.
- ¿y eso? ¿Mamá? – preguntó en voz alta al notar un resplandor amarillo entre los árboles, se puso de pie, y camino lentamente hacia ese resplandor, la nieve enfurecida crujía bajo sus pies a cada paso que daba, pero no le importo y siguió caminando por entre los árboles. Hasta que finalmente, en un círculo formado por la nieve, tras un árbol grande y seco, y bajo un pico de piedra que formaba un techo vio una hoguera, y a su alrededor doce siluetas de capucha azul celeste estaban sentadas en un círculo perfecto.
- pero que calentito – sonrió al sentir el calor de las llamas, pero su voz alerto a los personajes, Kagome se froto los ojos, pues aun veía un poco borroso y noto que entre ella había doce hombres y a su alrededor doce hombres entre jovenes, adultos de mediana edad y ancianos todos con sus miradas, entre sorprendidas y algo molestas por la intromisión, atentas sobre ella.
- buenas noches, ¿podría acercarme al fuego por favor? – pidió educadamente, los hombres la observaron aún más atentamente si era posible ero entonces el anciano que tenía la barba más larga, que le llegaba a las rodillas y que cargaba un báculo que parecía hecho de hielo se puso de pie sin dejar de mirarla.
- ¿Qué os parece hermanos? – pregunto a los demás con voz profunda y dura como el aire de enero, un segundo anciano con barba hasta la mitad del pecho hablo.
- es la primera creatura que lo encuentra a parte de nosotros, pero no sé si sería conveniente dejarla – Kagome bajo la vista triste, por mucho que se estuviera congelando no iba a acercarse a esa hoguera sin permiso, sus padres la habían educado a respetar, en especial a sus mayores. Un silencio sepulcral se instaló y solo podía escucharse el susurro del viento helado de la noche.
- pero hermanos, esta chica llego hasta aquí y encontró el fuego, ¿díganme por qué se lo vamos a negar? – hablo de pronto uno de los jovenes, sus hermanos guardaron silencio, pero ninguno pronuncio una negativa, el anciano del báculo miro a ambos lados pero al final volvió a tomar asiento. El muchacho se acercó a Kagome y el tomo de las manos.
- ven, ven aquí, caliéntate, vamos – la jalo con cuidado hasta que quedo a la altura de los asientos.
- aquí estoy muy bien, gracias por permitírmelo – sonrió agradecida haciendo una pequeña reverencia, el calor del fuego la lleno y poco a poco comenzó a sentir que su cuerpo despertaba del letargo.
- que bien se siente – sonrió frotándose un poco los brazos, los hombres se contagiaron de su sonrisa y dejaron de mirarla como si fuera una extraña.
- dime, ¿Qué haces aquí afuera a media noche y con el frio que hace? – pregunto el muchacho que había hablado a su favor y que aun permanecía junto a ella.
- yo no quería venir – admitió Kagome mirándolo a los ojos, que eran verdes como la hierba de abril.
- pero me han enviado a recoger galantos – expreso algo apenada.
- ¡¿galantos?!- pregunto el joven abriendo los ojos sorprendió mientras sus hermanos se echaban a reír, Kagome bajaba la vista sonrojada por la pena pero después se rio de buena gana.
- comprendo que les parezca gracioso, pero hace poco estuve a punto de morir, y si ahora he podido reírme es gracias a ustedes – sonrió dando dos pasos al interior del círculo.
- muchas gracias por dejar que me calentara un poco, son todos muy amables, pero ya debo irme, con su permiso – se inclinó ante ellos y se dio la media vuelta.
- espera un momento, ¿a dónde vas? – la detuvo el muchacho.
- no me digas que vas a buscar esas flores – Kagome volvió a mirarlo, pero no tuvo necesidad de decir nada porque el muchacho leyó la respuesta en sus ojos.
- es una misión imposible, estamos en mitad del invierno – la regaño, Kagome bajo la vista.
- al final morirás, y no volverás a ver este bosque ni las bellas flores, hazme caso, mejor regresa a tu casa y olvidate de los galantos – continuo ablando el chico al tiempo que ponía sus manos sobre los hombros de la chica, Kagome tembló y dos lagrimas silenciosas descendieron de sus ojos.
- ¿Qué tienes? Es la primera vez que te veo triste Kagome – pregunto preocupado frotando su espalda, pero ella al oír su nombre volteo a verlo sorprendida.
- pero ¿me conocen? – pregunto curiosa, el muchacho sonrió al ver que ya no lloraba.
- ¡claro que sabemos quién eres! Somos los espíritus de los doce meses – explico abarcando a sus hermanos con la mano.
- ¿los espíritus de los doce meses? – repitió Kagome sin comprender.
- exacto, yo soy Abril, y se todo lo que haces en abril – sonrió golpeándose el pecho con orgullo, uno de los hombres ancianos, que tenía la barba esponjosa y mullida como las primeras nevadas de invierno, se levantó también de su asiento.
- yo soy el nevado Diciembre y siempre veo como alimentas a los pobres animalillos del bosque – expreso con una sonrisa similar a la de un cariñoso abuelo.
- Todos nosotros te conocemos, eres una huerfanita dulce y muy trabajadora, espera tengo la solución a tu problema - sonrió Abril al tiempo que sus ojos se iluminaban por su ocurrencia y se giró a ver al hermano que sostenía el báculo.
- hermano Enero, ¿me regalas una hora de tu tiempo para ayudarla? – solicito sonriente, Enero arqueo una ceja y se puso de pie.
- ¿Qué opináis vosotros hermanos? – pregunto con voz tranquila, los otros diez hermanos se pusieron de pie y asintieron dando su consentimiento.
- así sea entonces – asintió también Enero, en un parpadeo desapareció de su lugar y reapareció en lo alto del pico de piedra.
- ¡hielos! ¡Nieve! ¡Despejad el cielo y el bosque! – ordeno con voz autoritaria extendiendo sus brazos y golpeando la piedra con su báculo, el fuego de la hoguera creció como una gigantesca llama de vela hasta rozar la punta de la barba de Enero, Kagome retrocedió un paso asustada pero unas manos la sujetaron con gentileza.
- no te asustes, mira atentamente – le susurro Abril sin apartar la vista de su hermano y del fuego, las llamas volvieron a su tamaño y las negras nubes heladas abandonaron el manto nocturno dejando a su paso miles de luces brillantes coronada por una grande y redonda como una perla.
- la luna y las estrellas – murmuro Kagome sorprendida, Enero bajo los brazos y reapareció en el círculo.
- ahora tú, hermano Febrero – extendió el báculo al siguiente hermano en la hilera, Febrero recibió el báculo de hielo, se evaporo en el aire antes de materializarse encima del pico de piedra.
- ¡Despierta tierra negra y derrite el hielo! – ordeno goleado duramente su báculo contra la piedra, la hoguera volvió a crecer, Febrero desapareció del pico, pero el báculo quedo clavado en la piedra y el hielo a su alrededor se evaporo quedando un báculo de madera tallada con forma de nudo en el mando.
- ¡la nieve! – exclamo sorprendida Kagome al ver que ante sus ojos el blanco manto helado desaparecía, Abril la abrazo cubriéndola un poco con su capa.
- aún no termina, fijate en el bosque – le indico señalando la tierra café y negra. Fue el turno del más joven de los doce Marzo de subir al pico, se arrodillo frente al báculo y comenzó a tocar un cuerno de caza.
En el báculo pequeños brotes verdes comenzaron a crecer conforme avanzaba la melodía, la llamada de la hoguera creció y el sol de primavera despendo en el horizonte tiñendo el cielo de colores rosados y dorados, bajo la calidez del sol los troncos casi negros se colorearon de brillante café, sus ramas desnudas se poblaron de hojitas verdes y tiernas, y el piso comenzó a volverse verde por el césped. El sol de mediodía brillo en la cresta del báculo.
- ¡Oh wow! Que luz – murmuro Kagome entrecerrando los ojos por la repentina iluminación.
- y ahora me toca a mí Kagome, pronto podrás recoger tus flores – sonrió Abril antes de desvanecerse en el aire.
- ¿mis flores? – pregunto ella sin entender, estaba tan sorprendida que se había olvidado, Abrir apareció en el pico de piedra, y comenzó a tocar también, pero con una flauta de cristal en forma de ruiseñor.
El sol comenzó a alumbrar con más fuerza, el suelo se llenó de colores, y el aire trajo consigo los preciosos cantos de las aves y el zumbido de las abejas, mariposas de todos los colores volaron por entre los arboles e incluso algunos animalitos asomaron la cabeza, Kagome miraba todo boquiabierta, pero pronto su sorpresa se transformó en radiante alegría.
- que hermoso Dios mío, la primavera, ¡hola ardillitas! ¡Hola flores! ¡Hola mis queridas abejas y mariposas! ¡Qué alegría verlas a todas! – saludo entusiasmada a sus amigos, que corrieron y revolotearon felices a su alrededor, incluso un conejito gris brinco a sus brazos y le froto la mejilla con sus bigotes.
- tanta belleza y calidez ¿Cómo ha podido ocurrir este milagro? – se preguntó ella sin dejar de sonreír.
- ¿o será que estoy soñando? – toda esa belleza no podía ser verdad. Los doce meses la miraron sonrientes y enternecidos por su inocencia y entusiasmo juvenil, orgullosos de haber concedido ese favor a tan bella alma.
- no querida, no es un sueño, toma - Abril apareció frente a ella con una rodilla en el suelo y extendiéndole un blanco jazmín.
- recoge tus flores ahora pequeña, esta primavera solo durara una hora – la animo, Kagome tomo la flor, aspiro deleitada su dulce aroma y se la coloco tras la oreja derecha.
- esto no es un sueño – sonrió convencida.
Comenzó a recoger los galantos, seleccionando los más grandes fragantes y hermosos que encontraba, pero era difícil para ella elegir, todas las flores eran tan bellas, tan llenas de color y vida como nunca antes las había visto. Los animalitos del bosque, todos amigos de Kagome también recogían flores para ella, las aves cortaban el tallo con su piquito y acomodaban las mismas en la canasta, las ardillas y conejos cargaban tres o cuatro en sus bocas y las depositaban ordenadas en la cesta. "gracias querido Abril" coreaba Kagome en su mente disfrutando de su labor, una vez la canasta estuvo llena las ardillas y conejos tiraron de su falda invitándola a jugar, no pudo resistirse y comenzó a corretearlos y luego estos la persiguieron a ella, su risa inundo el bosque y acompaño la canción de las abejas y ruiseñores. Corrió y corrió hasta que a lo lejos diviso oscuridad, arboles marchitos y nieve cubriendo el suelo "había olvidado que solo aquí es primavera" pensó sorprendida, pero decidió que era hora de regresar con los doce meses, que la recibieron con sonrisas llenas de alegría y cariño, incluso el frio y serio Enero tenía una sonrisa adornado sus labios cubiertos por su larga y blanca barba y bigote.
- muchas gracias a todos, habéis sido muy buenos, y se han portado tan amables conmigo - sonrió Kagome con lágrimas de felicidad brillando en sus negras pestañas.
- si no fuera por ustedes habría muerto congelada, no podré olvidar su bondad nunca – los doce meses sonrieron orgullosos.
- nosotros tampoco te olvidaremos Kagome, por favor extiende tu mano, queremos darte un último regalo – solicito Abril con orgullo, Kagome obedeció sin pensar y abrió la mano, los doce meses se congregaron a su alrededor y colocaron sus manos derechas sobre la palma de Kagome, para cuando se retiraron había un precioso anillo de cristal azul como sus capas brillante como las estrellas.
- que joya tan hermosa – sonrió aún más Kagome viendo fascinada la alhaja.
- con este anillo nos recordaras para siempre – sonrió Abril tomando la joya y colocándola en el dedo anular derecho de la chica, calzo perfectamente.
- no me lo quitare nunca – exclamo Kagome admirando su dedo, nunca había recibido un regalo tan bonito.
- si algún día tienes problemas o deseas vernos, tíralo al suelo y di estas palabras "rueda anillo, cruza por la puerta de la primavera, pasa el verano, después al otoño y en la alfombra del invierno hasta año nuevo" – le explico apretando su mano con un cariño fraternal que lleno de calidez el corazón de la joven.
- si llegas a perderlo no nos volverás a ver jamás – escucho decir a Febrero, Kagome se puso un poco seria pero no fue capaz de dejar de sonreír.
- será mi más preciado tesoro, les juro que lo cuidare con mi vida – prometió solemne, Febrero asintió complacido con la respuesta.
- escucha hermana mía – la llamo Enero poniéndose de pie, la joven lo vio sorprendida, "¿hermana?" penos sin entender hasta que Abril apretó su mano y le sonrió, entonces comprendió y sonrió a Enero al tiempo que lo miraba atentamente.
- la última noche en año viejo y al amanecer de año nuevo, viste a los doce meses del año – Kagome asintió con la cabeza y aguardo respetuosa a que continuara.
- hoy viste el invierno convertirse en primavera solo para ti, para que pudieras recoger tus flores – recito Enero con voz neutra, Kagome volvió a asentir abrazando un poco la canasta.
- es algo que desde siempre está prohibido, por lo tanto, no debes contarlo jamás a nadie – Kagome miro a los ojos color hielo de Enero, antes de asentir.
- ni una palabra abandonara mis labios - la fuerte promesa destello en sus ojitos color chocolate, Enero y sus hermanos la miraron con respeto.
- bien, ahora debes marcharte, corre a tu casa antes de que regrese la tormenta del invierno – Kagome asintió con la cabeza agradecida.
- así lo hare, adiós hermano Abril, adiós a todos hermanos – se despido antes de echar a correr.
- adiós, hermana Kagome – se despidieron los doce meses antes de esfumarse en el silencio de la noche.
Kagome corrió hasta la frontera entre la primavera y el invierno y saludo por última vez a sus nuevos hermanos, pero estos ya habían desaparecido. Eso la entristeció pero compuso su sonrisa y reanudo su paso, el sol se ocultó, la noche volvió a regir el bosque y las pequeñas gotas de nieve cubrieron como un velo la negra oscuridad, aun así Kagome siguió andando feliz, dichosa y sonriente mientras acunaba la canasta con los galantos. Sintió la calidez del anillo en su manos y la carcajada más alegre de su vida exploto en su garganta, su mirada se llenó de euforia y esperanza.
No tardo en encontrar el camino a casa, saliendo del bosque justo cuando replicaba la primera campanada del año nuevo en la catedral de la ciudad. Aun sonriendo entro en la casa por la puerta de la cocina y se quitó el chal y las botas, avanzo en silencio hasta la sala donde dejo los galantos. Luego subió las escaleras y cruzo el pasillo del segundo piso pasando por la puerta de los cuartos de Kikyo y la señora Tsubaky, que roncaban profundamente dormidas. Durante todo el camino no dejo de admirar su anillo, su más preciado tesoro desde esa noche y para siempre, subió otro tramo de escaleras hasta su habitación que no era más que un diminuto cuarto en el ático con solo una cama, una cómoda y paredes desnudas.
- feliz año nuevo mamá, papá, hermanos míos – rezo de rodillas ante su cama, se sintió invadida de calidez y de una enorme paz que la hundieron en el primero sueño feliz y tranquilo que tenía en un año, durmió sonriente y tranquila porque sabía que a partir de esa noche, nunca más volverá a estar sola.
Continuara…
