Esta historia es de la genial ShadeDancer y fue beteada por la también genial LatexoHPo y esta levemente basada en la Canción Doce Días de Navidad (The Twelve Days of Christmas)
Día tres
El día transcurrió lentamente y para la hora de la cena Harry estaba tan enfurruñado que ni Ajani pudo sacarlo de ese estado de ánimo. Sólo otras dos personas más en el Gran Comedor sabían el por qué. El regalo para Harry por el Día Tres no había llegado, y el chico comenzaba a sentirse olvidado, como si Voldemort realmente no se preocupara por él después de todas las discusiones que habían tenido últimamente.
Harry siempre parecía tan fuerte que era fácil olvidar que tras esa máscara existía la incertidumbre cuándo se trataba de relaciones; siempre estaba el miedo ante lo que podría salir mal y encontrarse nuevamente solo. Era un miedo que los Dursley le habían inculcado desde pequeño y nadie había sido capaz de remover hasta ahora.
El aleteo de un ave se escuchó de repente, nada inusual durante la hora del desayuno, pero definitivamente extraño tan tarde en la noche. El rostro de Harry se iluminó mientras todos elevaban la mirada: arribaban tantas aves que parecía que la entrega del correo matutino se estaba repitiendo. Sin embargo, éstas aves no eran lechuzas: eran cuervos. Cuervos anormalmente grandes, cubiertos de plumas color negro tinta; traían firmemente paquetes envueltos que cuidadosamente dejaron frente a Harry. Entonces las aves, con una extraña inteligencia en sus vidriosos ojos, no se marcharon, sino que comenzaron a volar en círculo mientras los profesores en la mesa principal apuntaban con sus varitas en dirección a la parvada.
Parecía que estaban en un punto muerto, ninguna de las aves se iba y ningún profesor se atrevía a atacarlas por miedo a una represalia. Finalmente un cuervo que parecía ser el líder se separó del resto y voló hasta posarse directamente frente a Harry. El ave tenía alrededor de su cuello una sencilla cinta verde, de la que colgaba un orbe de cristal; en las profundidades de éste se arremolinaban colores que parecían tentar con los secretos del Universo.
Harry y el cuervo se miraron mutuamente, apenas notando que Dumbledore trataba de acercarse. El director fue impedido por los cuervos que se dejaron caer removiendo sus alas.
— ¿Es para mí?— preguntó finalmente al cuervo, como si se tratara de una persona, señalando al orbe alrededor del cuello emplumado.
El cuervo graznó una respuesta que sólo pudo ser tomado como un "sí" antes de que el ave girara y tratara de sacarse la cinta con el pico.
—Cuidado—. Harry acercó sus manos tratando de no parecer amenazante—, déjame ayudarte con eso.
Durante un momento, el cuervo y Harry tuvieron otro concurso de miradas; al fin la criatura permitió que el muchacho le quitara la cinta.
—Harry…—. Hermione trató de ser la voz de la razón mientras su amigo alcanzaba el listón, pero rápidamente calló cuándo el cuervo giró la cabeza para fulminarla con sus ojos azabache.
—Ya está—. Harry tenía la cinta en sus manos y el orbe colgó entre él y el cuervo—. La tengo.
El líder de los cuervos liberó un fuerte y complacido graznido que fue instantáneamente repetido por todas las aves en el Gran Comedor, mientras se lanzaban en un remolino de alas y plumas antes de irse en una cacofonía de sonidos. Fue suficiente para darle escalofríos a muchos, pero el espectáculo aún no terminaba. Con los graznidos de los cuervos los colores dentro del orbe comenzaron a girar y a formar imágenes, el cristal se elevó en el aire al mismo tiempo que crecía en tamaño hasta convertirse en algo bastante similar a una televisión 3-D.
Dentro del orbe había una escena mostrando una casa muggle bastante común, la entrada libre de nieve y una festiva corona navideña enmarcando el número de la puerta: el 4.
Todos miraban, apretados en silencio cuándo la puerta se abrió sigilosamente y la casa cayó bajo un hechizo silenciador. La primera víctima en ser encontrada, a primera vista, fue un enorme gordo que parecía tener un largo bastón de dulce saliendo de entre sus múltiples papadas, dónde seguramente se encontraba su boca.
— ¿Có… cómo entró aquí?— farfulló el muchacho que Harry, y un puñado de otros en el lugar, sabía que era Dudley Dursley tratando de ser valiente — ¡Sal de aquí, anormal!
Harry se estremeció, no era lo mejor que podía decirse.
— ¡Crucio!
No era una muy creativa forma de comenzar las cosas, pero tuvo el efecto deseado. Al momento en que Dudley comenzó a gritar, sus elevados chillidos eran una molestia para los oídos; Vernon y Petunía Dursley salieron corriendo para ver qué era lo que podía estar amenazando a su querido bebé en el santuario de su hogar. No lucían diferentes de cómo Harry los recordaba, Vernon había ganado más peso al igual que Dudley, pero tras el ridículo bigote todavía se vislumbraba el color rojo poco saludable que señalaba presión alta.
— ¿Qué sucede aquí?— gritó Vernon con la cara púrpura por el esfuerzo—¿Qué le está haciendo a mi hijo? ¡Sal de aquí, fenómeno! ¡Los de tu tipo no son bienvenidos!
Petunia palideció cuando se dio cuenta con quién estaban lidiando exactamente. Si hubiese sido más inteligente habría salido corriendo en dirección opuesta en el momento en que Dudley comenzó a gritar.
—V-Ve-Vernon— tartamudeó tratando de prevenir a su marido, pero el idiota había tomado su escopeta del cajón de un mueble y trató de dispararle al mago frente a ellos. La bala se congeló en el aire y Voldemort negó con la cabeza ante la tonta demostración, antes de levantar la varita y apuntarlos nuevamente.
En un segundo, tuvo a los dos adultos amarrados a las sillas de la cocina, suficientemente sólidas como para soportar el peso de los hombres Dursley; la luz eléctrica sobre ellos lanzaba un enfermizo resplandor a la escena. Dudley estaba atado a la mesa como en un sacrificio con todo y altar, Voldemort era, en éste caso, el supremo sacerdote.
Vernon y Petunia trataban de rogar, pero ningún sonido salía de sus labios. Voldemort no había silenciado a Duldey y los atemorizados quejidos y gruñidos llenaban la habitación para que pudieran convertirse en gritos de terror y dolor cuándo la verdadera tortura comenzara.
Muchos en el Gran Comedor se giraron y vomitaron sus cenas, algunos trataron de dejar el lugar sólo para encontrar que las puertas estaban cerradas, y ninguno pudo escapar de los gritos que aumentaban aterradoramente cada vez que Dumbledore enviaba un hechizo para detener las imágenes. Incluso Harry, que había sufrido por años a manos de los Dursley, pensó que Voldemort estaba llevando la tortura demasiado lejos cuándo comenzó a cortar las extremidades de Dudley coyuntura a coyuntura mientras el chico todavía estaba vivo para sentirlo, cauterizando cada incisión para que Dudley no se desangrara mientras continuaba. El corte final, en el cuello, trajo el bendito silencio al Gran Comedor.
Lágrimas caían a raudales en el rostro de Petunia, había dejado de gritar sobre el hechizo silenciador cuándo un estático terror se apoderó de ella. Voldemort lanzó con un sencillo movimiento de su mano todo el desastre que había sido Dudley, que cayó hecho un montón en un rincón de la cocina. Fue entonces el turno de Vernon, su verdugo parecía menos entusiasmado en alargar la tortura esta vez y despachó al tembloroso hombre más rápido de lo que lo había hecho con Dudley, pero no antes de quemar con líneas de fuego la piel de Vernon, para que se pelara lentamente de su cuerpo. El hombre también fue desmembrado, pero a diferencia de Dudley, ya estaba muerto cuándo esto sucedió; Harry sospechó que fue un accidente y que el corazón de Vernon se había detenido antes de que Voldemort lo hubiera matado.
Finalmente, Voldemort se dirigió a Petunia.
—Es gracioso— dijo mientras se sentaba en una silla frente a la mujer—. No te pareces para nada a tu hermana. Sus caracteres ni siquiera son similares. Recuerdo muy bien a Lily Potter: tan valiente, tan desafiante. Ella era una favorita mía. Maldije la noche en que ella se lanzó frente a ese hechizo. Nunca fue mi intención hacerles daño, pero algo sucedió aquella vez…
Harry recordó cuando Tom le había explicado todo. Cómo James Potter había utilizado a su hijo en un oscuro ritual cuya intención era abrir un portal prohibido hacía otra dimensión. Voldemort había logrado matar a James antes de terminar el hechizo, pero Harry aún tenía un lazo con el portal, y la única manera de cortarlo era con la muerte. Su inconsciente madre había despertado justo cuándo lanzó el hechizo y lo recibió por su hijo. Su sacrificio removió las ya agitadas energías mágicas causando que la habitación explotara. El resultado había arrojado a Voldemort fuera de su cuerpo y le había dejado a Harry la cicatriz. El resto, como se dice, era historia.
Dumbledore había llegado a la escena y miró todo —James muerto con la varita en la mano, Lily sosteniendo a Harry con una mirada de horror en el rostro que no tenía ni una marca, la casa destruida y la varita de Voldemort yaciendo entre los escombros, mientras que un vivo niño lloraba— y había inventado una creíble historia alrededor de una profecía que le daría al mundo mágico esperanzas, un mundo mágico que nunca había cuestionado los hechos que no encajaban. Por ejemplo, el por qué Harry tenía una cicatriz como consecuencia de una maldición que no deja marcas.
Voldemort suspiro, en verdad suspiró.
—El pasado es el pasado, y sólo tengo que asegurarme de que el futuro sea a mi gusto. Dile "hola" a Lily por mí, Petunia. Es por ella que no te hago lo mismo que a tu familia… ¡Avada Kedavra!
La vida dejó a Petunia con un suave aliento, sus ojos desembocados mirando un mundo que ya no podía ver. Con un movimiento de varita, Voldemort cubrió a la yerta mujer con una tela y borró toda evidencia de lo que ocurrido allí. Fue sólo después que estuvo satisfecho de que la cocina estuviera impecable que se dirigió al orbe que estaba grabando para mostrar su rostro:
—Feliz Navidad, Harry Potter.
Nunca había existido cariño entre él y sus familiares, pero Harry no habría querido que terminaran así. Hubiese sido mejor que murieran rápido, no ser torturados antes de poder descansar. Ni siquiera Ajani le servía de consuelo, y Harry se encontró considerando si podría conciliar al Tom que amaba con el hombre que había visto torturar y asesinar a sus familiares.
A lo largo de la mesa, las envolturas blancas desaparecieron de los paquetes, revelando los cuerpos cercenados del tío y el primo de Harry. La última envoltura en desaparecer fue la que estaba frente a él, y miró el cuerpo intacto de su tía. Tom se había tomado el tiempo de limpiarla, cerrarle los ojos y acomodarle las manos en una postura pacífica sobre su pecho, la había dejado indemne. Tal vez nunca fue una buena tía, pero seguía siendo la hermana de Lily y eso contaba para los dos. Harry se acercó y la besó en la mejilla, el primer y único beso que podía recordar haberle dado a aquella mujer.
—Feliz Navidad— susurró suavemente en el oído de su tía, para que nadie más pudiera escucharlo. La tristeza lo invadió mientras una solitaria lágrima resbalaba por su mejilla—. Lo siento.
En el Tercer Día de Navidad, el Señor Oscuro me regaló:
Tres Dursley muertos…
