Toris Lorinaitis: Lithuania.
María Itzel Martínéz: South Mexico.
Pedro Francisco (Pancho) Marínez: North Mexico.
Alfred F. Jones: United States.
Presunción.
—Y dígame Mr. América. ¿Cómo consiguió esos espectaculares lentes? —le llegó a preguntar una vez Toris Lorinaitis unaode los muchos días en que el joven trabajó en su casa como "Ama de llaves".
Alfred recordó que ese momento él rió como un niño pequeño- igual a como siempre lo ha hecho- rascándose la nuca con nerviosismo y un pequeño toque de "vergüenza" Fue uno de esos días en donde de pronto deseas presumir una de tus muchas victorias con uno de tus amigos sin predisponer que al final vas a terminar siendo un estúpido. Por supuesto; Alfred tenía plena conciencia de que la humildad y la prudencia eran dones que no acostumbraban visitarlo a menudo, tal vez el sentido común había salido a pasear, pues casualmente él también sabía que Toris no era el único país trabajando en su casa…..
Sonrió para si mismo y los ojos le brillaron con intensidad tras esos mismo lentes que portaba; — ¡I'm a Hero! —exclamó con complacencia para después señalar aquellos mismos lentes como quien señala al mejor de los trofeos —Son Texas, My friend. Estos lentes los gané con mi ingenio y superioridad…!
Pudo haber seguido con una conversación de victorias y genialidades de no haber sido por el estruendo que sonó tras de él justo después de pronunciar aquellas palabras. Sobre saltado, dio un brinco y gritó de una forma tan aguda que el mismo Toris tuvo que cubrir sus oídos con las manos. Alfred vió el florero hecho pedazos que Francia le había obsequiado como recuerdo de su último viaje a parís, el agua y las rosas se hallaban esparcidas por todo el suelo de la habitación.
—¡María Itzel...! —escuchó el grito de otra persona. Fue entonces cuando el estadounidense retiró la vista del suelo para vislumbrar a la culpable de aquel desastre.
La mexicana se encontraba mirando hacia el piso, observando los pedazos de la forma en que Alfred observaría a Adolfo Hitler. Parada a lado de ella; un muchacho de tez morena y cabellos rebeldes, jalándola del brazo inútilmente, intentando llevársela de ahí lo más pronto posible. Fue hasta entonces cuando cayó en cuenta de su estupidez. Ella le había escuchado; el mismo tema que durante décadas y décadas habían jurado jamás tocar por el bien de la amistad entre los dos países. El mismo tema que había sacado a relucir como un triunfo único, otra de las múltiples cosas que hacían de Estados Unidos una verdadera potencia.
—Discúlpela, Mr. América. —rogó su hermano Pedro; México del norte—A la sonsa se le resbaló de las manos. No se fije que nosotros lo pagamos.
—…Más deudas…—susurró la chica por lo bajo. Alfred percibió un fuerte escalofrío cuando los ojos de la mexicana lo miraron por primera vez. —Con él "ingenio" tan chingón que tiene. Dudo que un florerito le afecte mucho a su economía.
Dicho esto. Salió de la habitación hecha una fiera…
" María…" quiso gritar y seguirla. Pero su orgullo le dijo que lo mejor era quedarse ahí.
—¡María Itzél Martínez! —le gritó Pedro con indignación, siguiendo sus pies. Dejando una habitación en completo silencio.
Toris estuvo a punto de preguntar qué era exactamente lo que había sucedido, pero cerró la boca cuando vió el rostro meditabundo y desesperado de Alfred, con los ojos clavados en la puerta donde la mexicana y su hermano habían salido hacía unos segundos. Por si mismo encajó las piezas y llegó a una conclusión que jamás creyó posible, no al menos en está tierra y con este país.
Alfred tomó aíre y sonrió, rompiendo aquel incomodo mutismo. Río nerviosamente, agachándose al suelo para recoger los pedazos de cerámica regados en el suelo.
—Ahh… ¿ahora qué le voy a decir a Francis? —se preguntó, sin deshacerse de esa sonrisa.
—¿No va a cobrarle? —cuestionó Toris confundido.
—No hay necesidad, es solo un florero….
Toris siempre estimó a Alfred como un buen amigo, no podía presumir de conocer a la perfección al americano. Pero al menos esta era un de las pocas cosas que había descubierto de él y que muy poca gente sabía….. El chico se agachó junto al rubio para ayudarlo a recoger aquel desastre.
…Entonces… Después de todo, si existía algo que América había hecho y de lo que muy pocas veces solía arrepentirse.
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