CAPÍTULO 2

TORTÚRAME SI QUIERES

- Hola, Jordan.

- Veo que me recuerdas bien. Estoy seguro de que tu hermana también lo hace. ¿Qué te parece si la despertamos para comprobarlo?-preguntó el chico acariciando la mejilla de Caroline con delicadeza.

- No lo hagas. Ella no sabe nada de lo que te ha pasado.

- Es una lástima. Se dará cuenta muy pronto.

Jordan se arrodilló frente al cuerpo de la chica, y tocó la sangre que había en el suelo con la palma de la mano. Luego, se llevó uno de sus dedos a la boca y probó la sangre, cerrando los ojos. Cole estuvo a punto de vomitar al ver la macabra situación, pero sabía que tenía que mantenerse firme, mientras que se soltaba. Y es que el chico siempre tenía un as bajo la manga, y su vida humana le había enseñado un montón de cosas valiosas que sus padres habrían tratado corregir, como hacer un puente o a soltarse, ya fuera de cuerdas o de esposas. Era capaz de hacerlo casi con los ojos cerrados, pero el chico había hecho un buen trabajo, y le estaba costando más de lo que pensaba.

Cuando Jordan se cansó de probar la sangre de Caroline, se levantó, y le dio una suave patada con intención de despertarla. Esta lo hizo, intentando llevarse una mano a la herida de su cabeza, que empezaba a dejar de sangrar. Cuando se dio cuenta de que tenía las manos atadas, su cerebro reaccionó, y se fijó en su alrededor. Vio a su hermano, sentado en una silla y atado. Sabía que no le costaría soltarse, por lo que se fijo en su entorno, y mientras que fijaba su vista en la puerta, un pie le obstruyó la vista. La chica levantó la cabeza, y vio al chico del que una vez estuvo enamorada. Pero este no parecía el mismo de siempre, y Caroline se sentía asustada.

- ¿Qué tal estás, querida Caroline? Debo decir que estás más hermosa que de costumbre, que ya es decir-saludó el chico, arrodillándose y acariciando su cabeza con la mano en la que todavía estaba la sangre de la chica, y manchando más su cabello rubio, haciendo de ella algo macabro.

- ¿Qué te ha pasado, Jordan?

- Me alegra saber que me conoces, querida. Esperaba que tu hermano te hubiera contado esto, pero ya que no lo ha hecho, creo que tendré que demostrártelo.

- ¿Demostrármelo?-preguntó la chica, sin entender nada de lo que estaba ocurriendo, en el mismo momento en el que Cole gritaba:

- ¡Ni se te ocurra tocarla, idiota!

Jordan los ignoró a ambos, y levantó a la chica del suelo como si no pesara más que una pluma. De manera violenta, la lanzó contra la pared, y apartó su cabeza a un lado. Besó su cuello, mientras que la chica lloraba, y entonces, el chico le mordió. La chica nunca había sentido tanto dolor. O tal vez sí, el día de su muerte, pero se resistía a recordarlo. Lo único que sabía era que más le valía a Cole soltarse pronto, porque si no iba a morir. Sentía algo correr por sus venas, como un veneno, que le quemaba por dentro, y que hacía que quisiera suplicar por la muerte.

Cerró los ojos, pero entonces algo ocurrió. Jordan recibió un golpe, y Caroline cayó al suelo, desmayada. Lo único que pudo ver era que Cole no se había movido de su sitio.

¿Quién la había salvado?


- Carlisle, mi querido amigo-saludó Aro levantándose de su trono con los brazos abiertos y una de sus típicas sonrisas-. ¿Qué te trae por aquí?

Carlisle había entrado a la sala acompañado solamente por Alec y Renesmee. Estos, que no se mostraban muy dispuestos a ayudar a Carlisle en contra de los Vulturis, se habían colocado al lado de Jane, que miraba a su hermano y a la novia de este como si quisiera matarlos por el mero hecho de tener sus manos unidas.

- Necesitamos que nos ayudes, Aro. Pero lo primero es saber qué sabéis sobre los dioses, si estáis dispuestos a ayudarnos con nuestro problema.

- Por supuesto, amigo mío-accedió Aro sin siquiera consultarlo con sus hermanos, que no parecían pensar lo mismo que él sobre el tema. Cayo, como siempre, parecía bastante enfadado, y no parecía querer siquiera ver a Carlisle. Marco, en cambio, simplemente parecía impasible, igual que siempre. No parecía que el tema le importara, a pesar de que los dioses fueran, probablemente, los únicos seres capaces de acabar con vampiros-. ¿Qué quieres saber?

- Tienen siervos, ¿verdad?-fue la primera de las preguntas que Carlisle hizo, a pesar de tener muchas más. El vampiro rubio era consciente de que no sabía mucho sobre lo que Bella era, por lo que decidió que lo primero, lo más importante, sería informarse.

- Ah, sí, los muertos. En la antigüedad no tenían tantos como ahora, pero era sólo porque no sabían que cualquier muerto les valía. Cuando lo descubrieron, empezaron a quedarse con todos los muertos que tenían cerca, pero estos enloquecieron, por lo que ahora ya no tienen tantos.

- Y… ¿qué tienen de especial?

- Son inmortales, y tan fuertes y tan rápidos como un vampiro. Pero necesitan armas, por lo que viven en gran desventaja. ¿Por qué me preguntas sobre esto, Carlisle?

Carlisle dudó. No sabía si Bella querría que él contara esas cosas al vampiro más malvado del mundo, pero se decidió por contar la verdad. Aquella era, posiblemente, la única manera que encontrarían de salvar a Bella, y sabía que Edward no le perdonaría si no cooperaba con los Vulturis para conseguir la información que necesitaban. Respiró hondo, y empezó a hablar.

Les contó todo lo que había ocurrido desde septiembre del año pasado. Les contó como Bella había aparecido en el bosque, y como la habían ido conociendo. También les contó sobre sus primeras suposiciones sobre la naturaleza de Bella, y como había aparecido Renata. Les habló de Las Vegas, y de cómo habían acabado en el Olimpo. Por último, les dijo sobre lo ocurrido con Cole y con Bella, y como el chico ya había despertado. Los tres Vulturis escucharon con atención, y permanecieron solamente unos segundos en silencio hasta que Marco habló.

- La sierva que tanto os importa está en una prisión mental. La diosa os utiliza a vosotros, al menos a los que la conocéis, como vínculo para torturarla. Hera habrá descubierto muchas cosas sobre su pasado con las que la torturará, y no la soltará hasta que se aburra o decida matarla.

- ¿Y vosotros no sabéis nada sobre cómo salvarla?

- Hay una manera, sí-dijo Marco, pero Cayo le interrumpió.

- Silencio, hermano. No hagamos esto sólo por ayudarlos. No queremos meternos en problemas con los dioses, Carlisle.

- Lo sé. Sólo necesito información. No voy a pediros nada más.

- Déjalo, hermano-intervino Aro-. Aparte de los siervos, están los esclavos. Lo único que tenéis que hacer es encontrar a uno, y él os ayudará. Ellos son los únicos que tienen una relación lo suficientemente estrecha con los dioses como para poder influir en sus pensamientos.

- ¿Y dónde vamos a encontrar a uno-preguntó Renesmee, a pesar de haber intentado no entrometerse. No quería que Aro supiera que iba a volver a marcharse.

- Probablemente uno de los amiguitos de vuestra sierva lo sea. Sólo tenéis que preguntar; es muy sencillo. Que te lo pases bien con ellos Renesmee. Pero vuelve en cuanto te sea posible.

- Por supuesto, Aro. Gracias.

Cuando Renesmee empezó a caminar hacia la salida de la gran sala, Carlisle supo que tenía que hacer lo mismo. Lo supo por dos motivos: primero, porque Aro se había vuelto a sentar en su trono y había dejado de hacerle caso; y segundo, porque la mirada que la hermana de Edward había dirigido hacia él se lo había indicado. Así que, después de murmurar un saludo hacia los vampiros italianos, se marchó detrás de la chica, y apenas pudo escuchar como Aro le decía a Alec que se marchara antes de que se arrepintiera de dejarlo marchar de nuevo.


Bella estaba a las afueras del mismo edificio en el que Hera la había secuestrado. Estaba cansada, y cojeaba, pero sabía que no podía detenerse, que si lo hacía Hera la encontraría y la mataría. Por eso, no dejo de caminar, y se dirigió hacia la casa en la que vivía Zeus. Esta estaba custodiada por dos hombres que Bella sabía podían acabar con ella sin siquiera mover un dedo. Se quedó alejada de ellos, al pie de las escaleras, y les habló con voz débil.

- Necesito ver a Zeus.

- Él no está aquí-contestó uno de ellos, sin siquiera dirigirle una mirada a la chica que parecía a punto de desvanecerse-. Pero puedes esperarlo ahí.

- Claro. Gracias por vuestra amabilidad-dijo la chica sarcásticamente, sentándose en el suelo e ignorando a todos los que la miraban desde las calles abarrotadas.

- Sólo cumplimos órdenes.


Cuando Caroline volvió a despertar, se encontró en una celda. Había una persona a su lado, desmayado. Era Jordan. La chica apartó la vista para no ver la sangre alrededor de la boca del chico. Había otra celda frente a la suya, en la que estaba Cole. Este estaba despierto, y la miraba con una débil sonrisa. Seguía atado de pies y manos, pero esta vez parecía incapaz de soltarse. Caroline frunció el ceño y abrió la boca con intención de hablar, pero su hermano se lo impidió negando con la cabeza y señalando a Jordan, que había empezado a moverse.

Caroline se levantó, teniendo cuidado de no despertar al chico que estaba a su lado. La celda era pequeña, y Caroline apenas tenía espacio para moverse, pero era una chica de ideas fijas, y aun con las manos atadas a su espalda y con una herida en su cuello que no parecía querer sanar, se puso de pie, y con toda su fuerza, le dio una patada al chico que dormía a su lado en el estómago. Este se quejó mientras que despertaba e intentaba agarrarse el estómago con una de sus manos, pero que estaba atada. Jordan miró a Caroline con una mueca de dolor, y ella le sonrió, mientras que le daba otra patada, esta vez en una de las espinillas del chico. Jordan volvió a quejarse, pero no hizo nada para impedir que la chica le pegara. Eso no le molestaba, a pesar del dolor; lo que le molestaba era la risa de Cole en la celda de al lado. También le molestaba saber que los estaban observando, pero eso no se lo diría a ninguno de los dos que estaban junto a él.

Cuando Caroline se cansó de golpear al chico, este sabía que tenía un par de costillas rotas, y sabía también que había heridas y hematomas a lo largo de todo su cuerpo. La chica se separó del hombre herido, que sólo se dio la vuelta hasta quedar bocabajo, y se dirigió hacia los barrotes de la celda, que eran mucho más fuertes de lo que parecían. Cole ya sabía que sería imposible romper los barrotes, pero no le dijo nada. Había estado meses sin verla, que a él le habían parecido años, y verla le parecía lo mejor que hacer en esa maldita celda en la que estaba encerrado.

Cuando Jordan se incorporó hasta quedar sentado con la espalda pegada a la pared, Caroline se giró hacia él con una sonrisa que cualquier modelo envidiaría. Parecía la mujer más dulce del mundo, a pesar de haberle dado una paliza en aquel momento, y Jordan la vio por primera vez como a una mujer más que como comida. Por eso, le habló con susurros que sabía que ambos hermanos podrían escuchar.

- Puedes pegarme, tortúrame todo lo que quieras. Eso no te va a ayudar a salir de aquí-dijo el chico, mirándola fijamente, y esta le devolvió la mirada.

Luego, asintiendo con la cabeza, se pasó las manos por el pelo, dónde todavía tenía sangre fresca, y luego se acercó al chico. Jordan temía lo que Caroline le pudiera hacer, pero no se movió. La rubia le pasó las manos por la cara, manchándolo de sangre y haciendo que la expresión de Jordan cambiara a una mucho más salvaje. No hizo nada, sin embargo.

- Esto es tortura. Lo que tú me has hecho es tortura. Tortúrame si quieres, Jordan, pero eso no va a conseguir que te sientas mejor. Yo nunca dejaré que sientas que has conseguido algo sólo por torturarme.

El chico iba a contestarle algo, lo primero que se le ocurriera, pero no lo hizo. Alguien apareció delante de las celdas interrumpiéndolo. Ninguno de los tres conocía al hombre que se acercaba a ellos, con una negra capa que rozaba el suelo. Les dedicó una sonrisa amplia, pero ninguno de ellos se sintió más tranquilo. El hombre se presentó.

- Mi nombre es Aro. Encantado de conoceros, chicos.


Bella despertó en una calle vacía. Sabía que seguía en el Olimpo, pero no conocía aquella calle. Se levantó y miró a ambos lados de la calle, pero no había nadie en toda la calle, y no había ninguna luz en ninguno de los dos lados. Empezó a caminar hacia la izquierda, pero sólo por seguir la contraria a eso que se dice de que las personas siempre giran a la derecha. Cuando llegó al final de la calle, se adentró en otra que estaba igual de vacía, pero que parecía mucho más sucia y pobre.

Un chasquido a sus espaldas, y Bella se giró rápidamente. La calle estaba vacía.

Otro chasquido, esta vez al otro lado. Se volvió a girar, y vio a Zeus.

- Isabella, no deberías estar aquí. Este es un lugar peligroso.

- Me he despertado aquí. No sé que me ha ocurrido.

- Yo sí, afortunadamente. Sé que mis hombres son unos traidores, que probablemente Hera los ha seducido y que tienes que salir de aquí inmediatamente si no quieres que cualquier monstruo de los que viven aquí te maten.


Bueno, aquí estoy con el segundo capítulo de Atrapada. ¿Qué os ha parecido? ¿Qué creéis que le pasará a Bella en ese lugar? ¿Cuáles serán los planes de Aro?

A pesar de que sólo he tenido un review, voy a escribir lo mismo de siempre...

Quiero agradecer a todo el que dedica un trocito de su tiempo para escribir reviews o para añadir esta historia a sus favoritos y alerts. Quiero que sepáis que de verdad lo agradezco, y que me hace muy feliz leer los e-mails que me llegan.

Espero que os haya gustado el capítulo. El siguiente se llamará: "Historias de terror".

Nos vemos =)