III

Yendo en el coche con su criado, veían a las personas comunes por las calles del pueblo y algunos no sonreían y otros andaban ociosos en una pared.

Antes de ir hacia el despacho del alcalde, pasaron por la cárcel para visitar a Leonardo como había prometido.

La cárcel estaba llena de presos, algunos estaban ahí injustamente como se pensaba, y además se escuchaban gritos, seguramente de la sala de torturas, algo que aterraba al Pepe.

Cuando lo encontró, le pidió al carcelero que los dejaran a solas:

-Me apena que estés aquí-Le dijo Heraldo.

-Igual, aquí la gente es castigada por estos tiranos, y además ese alcalde es una gallina-Le respondió el vaquero encolerizado.

-Yo te recomiendo que esperes, tal vez mañana pague para que te liberen, pero ahora no puedo, tengo asuntos que atender.

-Ojala fueras más valiente que tu padre, así podrías enfrentar a esos tiranos-Le dijo el preso.

-Pero no puedo, ya que si lo hago podría sufrir las consecuencias-Le dijo y se retiró.

Cuando fue a ver al jefe de la cárcel, le fue a avisar que mañana pagaría por la liberación de su vaquero y este le dijo:

-No, a estos prisioneros se les prohíbe ser liberados, así que no va a servir que pague.

-De acuerdo-Acepto resignado Heraldo.

El Pepe también se apeno de verlo así y lo acompaño para ver al alcalde.

Al llegar, fue interrogado por los guardias y él les dijo:

-Vengo a hablar con el alcalde no más.

Al ingresar por la puerta principal, dos sujetos, uno calvo y el otro obeso, que eran los criados del Marcos comenzaron a inquietar a Heraldo con sus preguntas:

-Hola señor ¿Y su novia?

-Todavía no tengo-Respondió.

-¿Y que está esperando? Si quiere le presento a una.

-No, yo voy a elegir a la que quiera y cuando yo quiera, no necesito los estúpidos consejos de ustedes.

Después de ignorar sus odiosas risas, fue directo al despacho y el alcalde lo recibió amablemente, ya que sus padres y Marcos eran buenos amigos, y Heraldo comenzó con sus quejas:

-Mire alcalde, ni bien llegue de mi aburrido viaje a la capital y me encuentro con vario problemas.

-¿Cuáles problemas?-Pregunto.

-Primero que cuando estábamos llegando fuimos asaltados y tuvimos que defendernos, y que los soldados hacen lo que quieren, ya que mi vaquero fue arrestado por defenderse.

Estando a solas en el despacho, Marcos iba a desentrañar todo lo que sucedía, hasta que apareció José María, y con escuchar su voz bastaba para intimar; este capitán se presentó junto con Hernán que le pregunto a Heraldo:

-¿Qué hacías aquí?

-Solo venía a visitar al alcalde no más, porque mis padres son amigos de el-Respondió el joven.

-Ah bien, solo venía a saber eso-Dijo José María y dio la vuelta.

Cuando este se fue, Marcos le dijo al joven por el oído:

-Es malvado y asesino José María, supe que ha matado a varios en duelos y se dice que también a compañeros y a oficiales, y temo que me mate como me ha amenazado.

-No sé qué decir, pero voy a rezar por que todo esto termine, nos vemos-Dijo y se despidió de el con un apretón de mano.

Después, fue con su criado a pasear por la feria a ver lo que los vendedores vendían, y en ese lugar apareció la temida pandilla de Almada, que para el líder que era feo de cara, su costumbre era pasearse y tomar cualquier cosa como frutas sin pagar, y si alguien se ponía en su camino lo empujaba o lo agredía solo por diversión.

En ese momento, le agarro a Heraldo y diciéndole cosas, respondió:

-No eres más que un imbécil vanidoso.

Lo que le dijo enfureció al líder de la pandilla y lo tiro a suelo, mientras que sus amigos se reían de él, y nadie que estaba presente hacia nada por miedo.

Cuando el Pepe lo ayudo a levantarse, atrapo el sombrero que se voló de una dama, y al verla a sus ojos quedo hechizado; ella les dio las gracias y aprovecho para conocerla. Se llamaba Paola y era una doncella bella y de alma blanca, él le explico sobre la humillación y ella le dijo:

-No soporto a esa pandilla, y desapruebo las acciones que hacen, una vez intentaron manosearme y mi padre los ahuyentó, y encima son la banda de forajidos más temida de este lugar.

-Algún día, alguien los va a poner en su lugar.

-Pasado mañana en la noche habrá un baile en la casa del alcalde ¿te encantaría ir?

-Claro, mañana estaré para divertirnos.

Con una sonrisa dibujada en su rostro, volvió con su criado al coche y mientras iban vieron al sargento junto con el cabo y otros soldados bebiendo en la taberna sin hacer nada por la gente.

Al volver a la hacienda, los criados preguntaron por la felicidad de su amo y este contesto:

-He conocido a una hermosa doncella y pasado mañana en la noche iré a la casa del alcalde a bailar con ella.

-¿Y Leo? ¿Qué paso con él?-Preguntaron.

-No quisieron que pague para que lo libere, está prohibido.

-Lo sabía, a ese tirano le gusta que castiguen a los presos-Dijo Tito.

-Ya nos levantaremos contra él y lo echaremos-Dijo Juan.

-Pero ya habrá tiempo para eso-Dijo Heraldo.

En su alcoba, con el ánimo que le dio Paola, se puso a recordar al aquel héroe enmascarado que conoció su padre, que se hacía llamar el Zorro y el joven le dijo al Pepe:

-Ya se, me voy a vestir como ese héroe y hare justicia por la gente de Tijuana contra la tiranía de José María.