Disclaimer: Fire Emblem no me pertenece.
II
Pasó una semana desde el día en que Ike encontró a la chica inconsciente en el desierto, pero ella aun estaba en las mismas condiciones.
Cuando el comandante la llevó al campamento, varios sanadores la revisaron y todos llegaron a la conclusión de que había bebido algo que la puso en ese estado de letargo, completamente inconsciente de todo lo que ocurría a su alrededor. No podían hacer nada para despertarla y tampoco sabían si algún día volvería en sí. Ike pensó que era la cosa más estúpida que había escuchado en su vida, pero él no era un sanador y no le interesaba serlo nunca, así que simplemente aceptó lo que se le dijo.
Pero luego empezó el problema, un día después de que Ike llevara a la muchacha. Empezó a circular un rumor que, ciertamente, era el más asqueroso y aberrante que Ike hubiese escuchado: "La chica que trajo el comandante puede ser violada sin ningún problema."
Había gente de orígenes y valores dudosos en esa pequeña milicia armada por los nobles de Tellius, y Ike comprobó que la chica no solo era atractiva para él. El día en que llegó con ella en brazos, los hombres detenían sus labores y la miraban, unos de una manera curiosa, la mayoría de una manera horriblemente morbosa, pero él pensó que solo eran idiotas urgidos, después de todo, ninguna prostituta los siguió hasta el desierto, así que no le dio mucha importancia. Pero cuando la presentó ante Soren y el mago se quedó sin habla por un instante, entonces fue que el comandante sintió algo muy cercano al miedo.
Ese mismo día Ike tuvo que matar a dos hombres que parecían vulgares bestias enfermas de lujuria; golpearon a Mia, que era la que estaba encargada de vigilar esa área del campamento, todo por la chica dormida. Al siguiente día fueron tres que lucían igual o peor que los primeros. Ike había conocido a uno de ellos, nunca se le pasó por la cabeza que fuera capaz de hacer tal cosa, lucia decente.
Se preguntó si los hombres de verdad tendrían tanta urgencia de que tener a alguien que les calentara la cama y de ser así ¿Por qué no buscar a alguna mujer entre el ejército? Era exactamente lo mismo estar con una prostituta que con una mujer normal.
Para el cuarto día, Ike perdió la cuenta de cuantos fueron los barbajanes que quisieron aprovecharse de la chica, y cuando el comandante vio a Shinon, mirándola de una manera muy poco agradable estando sobrio, no fue algo cercano al miedo lo que sintió, sino el miedo mismo. Desde ese momento Ike decidió hacerse cargo personalmente de la chica, nadie podía estar cerca de ella si él no estaba presente para supervisar y en caso de que fuera imposible su presencia, Titania lo reemplazaba, pero siempre por un corto periodo de tiempo, porque no confiaba en nadie.
Ike la observó. La chica tenía el caballo más hermoso, la piel más hermosa, los labios y el rostro más perfectos, eso sin mencionar sus ojos. "Cuando los vean será todavía peor" pensó, recordando ese brillante color púrpura que le robó el aliento. "De verdad eres muy bonita, pero…no obtendrán placer de ti, ni siquiera vas a gemir, de por si violar a alguien ya es horrible, no harás absolutamente nada y saben que yo los mataré ¿Por qué siguen intentando?"
—¡Ike! —el mercenario dio un brinco ante la exclamación repentina de su hermana, había olvidado que estaba con él.
—¿Qué?
—Te he estado hablando como por quince minutos —espetó la joven, claramente molesta—. ¿Has escuchado por lo menos una palabra de lo que te he estado diciendo?
—¿Algo sobre la comida? —respondió, sin siquiera pensarlo, no tenía ni idea de lo que Mist le estuvo diciendo y la verdad era que no le interesaba mucho. Esa mañana solo recibió malas noticias, la más importante era que el agua se les estaba acabando y aun faltaban varios días para llegar a Daein.
—Ike, por favor…no me digas que tú también quieres violarla.
—¡Mist! –explotó Ike, demasiado enojado—. ¡¿De verdad crees que soy capaz de eso?!
—Es que te le quedas mirando y…—dijo, dudando—. La gente está hablando y dicen que…ella es un demonio que seduce a los hombres.
Cuando el comandante escuchó eso, la molestia se le pasó y rió un poco.
—No les hagas caso, Mist. Los demonios no existen.
—Ike, dime la verdad —insistió su hermana—. ¿No…te gusta? ¿No sientes…algo? ¿No le has hecho nada? Porque te la pases aquí todo el día, es muy raro que salgas.
—Mist —suspiró Ike—, no le he hecho y no le haré nada. No niego que…es muy bonita pero… —miró a la chica, dormida profundamente, inconsciente de todo, se preguntó si estaría soñando algo, se preguntó qué estaría soñando "¿Quién es ella?"
—¡Ike! —gritó Mist, sacándolo con brusquedad de su repentino adormecimiento, porque así se sintió, como si todos sus sentidos se fueran apagando gradualmente.
—Lo siento…es que…estaba pensando.
La joven estaba a punto de responder, abrió la boca, pero ningún sonido fue emitido a través de esta. Sus ojos celestes solo miraron a un punto fijo antes de que señalara a dicho lugar.
Ike se giró y de inmediato se encontró con la hermosa mirada de la joven que había encontrado en el desierto, pero sus pupilas ya no era de color púrpura, si no de un índigo intenso y reluciente.
—¿Dónde estoy? —Preguntó, su voz claramente alterada por el miedo—. ¿Quiénes son ustedes?
—No te asustes —se apresuró a decir Mist, Ike por otro lado, simplemente escuchó la voz de su hermana como un zumbido en la lejanía, sin poder moverse, se quedó ahí, frío, como idiota—. Yo me llamo Mist.
La chica parecía estar a la defensiva, alejándose lo más posible de los dos desconocidos que tenia frente a ella.
—Y él —continuó Mist, propinándole un codazo en las costillas a Ike que lo sacó de inmediato del estado de shock—, es mi hermano, él fue quien te encontró en el desierto.
La hermosa joven miró a Ike y él sintió como si todas las palabras se le atoraran en la garganta, haciendo que incluso le costara respirar; recibiendo como consecuencia otro golpe por parte de su hermana.
—M-me…me llamo Ike, soy el comandante de…los Mercenarios de Greil. — dijo, de manera muy forzosa. No podía moverse, en ese momento todo a su alrededor parecía dar vueltas y si se ponía de pie, estaba más que seguro de que sus piernas no lo iban a sostener.
—Greil…Gawain —murmuró la chica, sus ojos se iluminaron y Ike sintió como se le aceleró el corazón—. ¿Lo conoces? Por favor, dime donde está, necesito encontrarlo. Tengo que encontrarlo.
—Sí…lo conozco, era mi padre —asintió el comandante, y cuando la muchacha sonrió, de nuevo se sintió en un sueño—. Pero está muerto.
—¡¿Qué?! ¡¿Cuándo murió?! —Exclamó, sus ojos cambiaron de color, se volvieron púrpuras otra vez. A pesar de estar un poco aturdido, Ike supo que no había sido su imaginación, porque Mist también se dio cuenta, le apretó el brazo y susurró "Sus ojos".
—Hace cinco años.
—¡Estás mintiendo! —Le espetó, sus ojos anegados en lágrimas y su rostro pálido, del color de la leche, quizá más blanco—. ¡Mi padre tuvo contacto con él hace cuatro meses! ¡No es posible que esté muerto!
Ike pensó que la chica iba a desmayarse y finalmente logró ponerse de pie. Cuando ella empezó a sollozar, el joven comandante sintió como si lo apuñalaran en el pecho.
–Espera…por favor, no llores —la chica lo miró y limpió sus lagrimas, levantando la barbilla con un gesto que era muy parecido al desdén. Se alejó un poco más de él—. Escucha, haré todo lo que pueda para ayudarte, pero necesito que te calmes. —las facciones de la chica se relajaron e incluso, una diminuta sonrisa se formó en sus labios— ¿Cómo te llamas?
—Aqua.
—Bien —Ike respiró profundamente, sentía que le faltaba el aire. Se giró para buscar a Mist y pedirle que trajera algo de comer, pero su hermana ya no estaba por ningún lado "¡Me dejó con el supuesto demonio!" —. Has estado dormida por una semana, primero necesito que comas algo. Quédate aquí, volveré en un minuto o menos, solo…no te muevas.
Antes de que Aqua dijera una palabra, Ike salió de la tienda; el aire seco del desierto le golpeó la cara y en lugar de hacerle sentir bien, simplemente le produjo una sensación de nauseas. Una punzada le apretó el pecho y sus músculos se tensaron ante la incontrolable necesidad de volver a esa tienda y ver a la chica, ver esos hermosos ojos e incluso, probar esos perfectos labios.
—¿Ike? —lo llamó Titania, su voz le llegó como un balde de agua fría en todo el cuerpo y de un momento a otro, sus piernas no lo sostuvieron mas y cayó de bruces al suelo—. ¡Ike! ¿Qué tienes?
—…Aqua.
—¿Qué? ¿Agua? ¿Quieres agua?
—No…no Titania —dijo rotundamente, meneando la cabeza—. La chica…Aqua, despertó. —miró a su alrededor y luego clavó sus azules ojos de nuevo en la mujer de cabellos rojos—. ¿Dónde está Oscar?
—¿Oscar? Él está…voy a buscarlo —dijo la mujer, con la preocupación muy marcada en su rostro—. También buscare a Rhys.
Titania se marchó muy rápido, sin que Ike pudiera decirle lo que realmente quería, solo permaneció en el suelo, recuperando el aire, mirando el cielo salpicado de titilantes estrellas, hasta que finalmente se sintió con fuerzas suficientes para entrar otra vez.
—¿Estás…enfermo o algo? Te ves pálido —le informó Aqua apenas puso un pie en la tienda. Él no le respondió, solo la observó, dándose cuenta de que sus ojos eran índigo otra vez y brillaban tanto que hacían lucir las estrellas y la misma luna llena como una porquería.
—¿De dónde eres? —dijo, finalmente. Si bien, la chica hablaba la lengua común de una manera muy fluida, tenía un acento, poco marcado, que Ike ni siquiera notó al principio, pero acento al fin de cuentas.
—…Vengo del reino de Benetnasch. Soy la única hija de Aspros Exilion, Lord de Cástor, General de las fuerzas armadas y mano derecha del rey Zibal Urban.
—¿Por qué viniste? —Era una noble, una noble que no lucia como noble. Pensó en Elincia y ese enorme vestido de color naranja brillante que llevaba puesto cuando la encontraron "Si estaba tratando de esconderse… ¿no hubiese sido más práctico usar otra ropa?" Aqua, por otro lado, llevaba un vestido de color negro, ligero y corto que dejaba ver sus muslos, firmes y bien torneados; era obvio que la chica había sido sometida a algún tipo de entrenamiento, sus piernas lucían mejores que las de Mia "Mucho mejor". Sus botas eran largas, apretando en la rodilla y subían hasta la mitad de sus muslos expuestos, del mismo color que el vestido. Sus manos eran cubiertas por unos guanteletes blancos, y en sus muñecas, cubriendo hasta la mitad del antebrazo, una especie de brazaletes de cuero donde llevaba escondidas finísimas y largas agujas que, de clavarlas en el lugar correcto, bien te podrían matar. En el muslo izquierdo llevaba un pequeño cinto donde portaba una daga y en su cintura, una espada muy hermosa. Todas esas armas las ocultó Ike.
—Mi padre me envió para protegerme —respondió la muchacha, desviando la mirada sutilmente—. Se supone que tu padre iba a ayudarme a conseguir refugio en Daein. El mío conocía al tuyo…siempre me hablaba de él, desde niña. Pero si Greil, o Gawain, murió hace cinco años, eso quiere decir que la reina nos traicionó. Mataran a mi padre.
—Y esos que lo matarán ¿están tratando de matarte a ti también? —Inquirió el joven comandante—. ¿O de qué quería protegerte?
—Mi continente está en guerra. Los siete reinos de Gamma están peleando el uno contra el otro. Unos me quieren proteger, otros me quieren matar.
—¿Por qué?
La chica lo miró de nuevo, todo rastro de miedo en su mirada había desaparecido por completo y un brillo de arrogancia destellaba junto con el pulcro color índigo de sus orbes.
—No voy a contestarte eso.
No piensen mal de Ike, recuerden que es hombre :p
Los capítulos me quedan largos y no me gusta.
Gracias por leer, un review ayuda mucho.
