Luego de mucho tiempo….. ¡Hemos regresado!; hace ya un buen tiempo que teníamos listo el capítulo pero sinceramente las obligaciones no nos han dado mucha facilidad de tiempo, así que ya entradas en vacaciones; esperamos redimirnos y darles ¡Muchísimas dosis de magia musical!
Ahora sí, disfruten el capítulo.
Disclamer: Naruto ni sus personajes nos pertenecen, estos son invención de Masashi Kishimoto, a nosotras solo nos pertenece la idea de esta historia y tomamos prestados sus personajes para reproducirla.
Abrió sus blancas perlas que tenía por ojos, al mismo tiempo que se revolvía inquieta, por milésima vez, en sus blancas sabanas.
No había podido pegar el ojo en toda la noche, Neji y Tenten habían llegado a la casa de su primo, que ella ocupaba hace ya un mes, muy borrachos y "cariñosos". Se había preocupado, ya que, tanto su primo, como su amiga eran muy responsables y no era de su estilo no aparecer en toda la noche, por lo que, muy preocupada los había esperado hasta tarde, y como anteriormente dijo, habían llegado "muy cariñosos".
Esa era la razón por la que se revolvía inquieta, con una almohada fuertemente apretada contra sus oídos, pero para su desgracia, la tonta almohada era muy delgada para bloquear los sonidos provenientes del exterior de su cuarto.
Sonrojada, agarró rápidamente el mp4 que Tenten le había prestado y subió todo el volumen que el pequeño aparato le permitía, no importándole que sus oídos dolieran. Para su fortuna, la suave melodía de Mozart la había relajado lo suficiente como para que sus parpados se sintieran cada vez más pesados y ella se sumiera en el mundo de los sueños.
- L- lo lamento tanto, madre. - sollozaba una niña pequeña. - No quise decepcionarlos
- No te preocupes, cariño. Nunca me decepcionaría de ti - dijo la mujer con cabellos oscuros como la noche, con destellos azules, de forma maternal, con su voz tan suave y aterciopelada.
- P- pero pa- padre, el... me odia- susurro la chica
La mujer mayor lanzo un suspiro - Cielo, tu padre, él... bueno, no te odia pero ya sabes cómo es , solo está algo...
- Enojado, furioso, el me odia, madre.
Volvió a suspirar - No, no te odia, cielo. No te preocupes, hablaré con él y lo haré entrar en razón.- volvió a susurrar Hitomi, al tiempo que le daba un beso en la frente.
-Si, gracias madre- susurró mientras la abrazaba con fuerza, como si su vida dependiera de ello.
Pero su madre no pudo cumplir su objetivo, su padre seguía odiándola. La odiaba por ser una inútil, por no dedicarse al mundo de la interpretación sino al del canto. Cuando era pequeña su padre le había dicho que tocar el piano le hacía inmensamente feliz, le hubiese gustado que entendiera que ella se sentía igual cuando cantaba.
Luego de eso, se encontraba en un parque, al otro lado de la ciudad, muy cerca de las casas de sus padres.
Se vio a sí misma en el columpio mientras su padre, la empujaba, con una sonrisa en su rostro. Era el recuerdo más preciado de su niñez, ese día había terminado sus clases de piano, con el título de mejor estudiante, por lo que su padre la había llevado a celebrar, era el único recuerdo que tenía de él feliz, sonriente, orgulloso.
Había empezado a estudiar piano a los escasos 4 años de edad, y ese día, a los 7 años, se había graduado de una de las academias más prestigiosas de la ciudad.
En un comienzo realmente se había interesado en la interpretación, motivo por el que su padre se mostraba tan orgulloso de ella, pero luego, no sabía bien por qué, se interesó mucho más por el canto.
Mientras que a su hermana realmente le había cautivado la interpretación, convirtiéndose en el orgullo de su padre, siendo despreciada por este. Aunque Hanabi era muy buena tocando el piano, solo sabía tocar ese instrumento. Ella podía tocar el piano, el violín, el chelo y la guitarra. Supuso que si Hanabi hubiese sido ella no estaría tan decepcionado, pero con ella era diferente, en una ocasión, mientras discutían, su padre le dijo que estaba desperdiciando su talento, creyó que se refería a su habilidad con los instrumentos. Él la creía una desagradecida, después de todo había puesto grandes expectativas sobre ella y lo desperdicio.
Hubiera deseado que su padre comprendiera que eso era lo que amaba, eso la hacía feliz, pero las cosas no eran así.
Vio como de repente el parque quedó sumergido en las tinieblas y la imagen tan gratificante comenzaba a desaparecer, así como todo a su alrededor.
Sintió que su cuerpo se elevaba y todo comenzó a tornarse borroso, luego sintió un leve toque en su hombro y una cálida voz masculina llamándola.
- Hina, despierta, Hina - otra suave sacudida.
Parpadeó tres veces, y luego por fin abrió sus ojos, se sorprendió al ver que estaban llorosos.
-¿Uhm? - murmuró confundida, adaptándose a la luminosidad del cuarto.
- ¿Estás bien, Hina?
Parpadeó, confundida esta vez. -¿Por qué no lo estaría, Neji?
- Estabas gritando- se limitó a contestar su amiga- y por tus ojos se ve que estabas teniendo una pesadilla - dijo claramente preocupada.
- L-lamento haberlos despertado, y no se preocupen, estaré bien - les dedicó una débil sonrisa- sólo fue un mal sueño.
Ambos la miraron no muy convencidos.
- Por cierto, ¿qué deseas desayunar, Hina? - preguntó sonriente su amiga.
- Nada, hoy iré a b- buscar un departamento.
La joven pareja se tensó apenas terminó de pronunciar esas palabras.
-Hinata, no tienes que hacerlo, sabes que no nos molesta que vivas con nosotros.
- Tenten tiene razón, Hina. Puedes quedarte todo el tiempo que sea.
- L-lo sé, y se los agradezco mucho, pero no puedo depender siempre de ustedes.- su voz fue a penas un susurro.
Su primo suspiró fuertemente.- Bien, estaremos abajo.
- Sí
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Cuando su primo y su novia habían abandonado su cuarto, se dedicó a ducharse y prepararse para ir en busca de un departamento, y ahora se encontraba caminando distraídamente por las calles de la ciudad. Había comprado un diario de clasificados, donde habían diversos anuncios de cosas mixtas que se vendían, entre ellas, departamentos.
Siguió caminando perdida en la sección de departamentos cuando de pronto, chocó contra un gran árbol viejo, cayendo estrepitosamente hacia el suelo. Rápidamente se levantó y miró en todas las direcciones verificando que no hubiera nadie alrededor como para haber visto su acto de torpeza. Suspiró aliviada, cuando comprobó que era así, no había nadie en aquel lugar, quizá se debía a que aquella mañana era particularmente fría, sin mencionar que había neblina por donde quiera que uno mirase.
Se apoyó contra el árbol, deslizándose, hasta quedar sentada, apoyada en este.
Volvió a mirar alrededor, dio un brinco de sorpresa al percatarse que se encontraba en aquel parque, en el que su padre solía llevarla cuando era pequeña. Sin poder evitarlo, amargas lágrimas se deslizaron por sus ojos, escondió su rostro entre sus rodillas y comenzó a sollozar. Recordó la mirada de su padre en aquel entonces, cuando estaba orgulloso de su persona, cuando solía decirle que la amaba y que no se arrepentía que fuera su hija. Todo aquello le parecía tan lejano, tan irreal, ¿qué había pasado con aquel hombre que siempre estuvo apoyándola? Lo decepcionaste, le recordó su horrible mente, que al parecer sólo quería hacerla sufrir, desde la noche anterior estaba recordando momentos horribles que le tocó vivir. No aguantó mucho más el nudo que tenía en la garganta, y se largó a sollozar.
Siguió llorando amargamente por lo que le pareció una eternidad. Fue sacada de sus pensamientos por una mano en su hombro.
Levantó el rostro y se sorprendió con lo que veía.
Es un sueño o, ¿un ángel vino a ayudarme, a sacarme de mis miserias?
-¿Te encuentras bien?- le preguntó un moreno, muy atractivo a su parecer. Se sonrojó por sus pensamientos.
- S-sí, es solo que yo... estaba recordando algunas cosas.
- Hmp, deberías dejar de llorar por todo, siendo sincero me sorprende, había escuchado que los Hyuga eran muy orgullosos, incluso para llorar.
Abrió los ojos al tope, ¿acaso él...?
-Tú... ¿c- cómo me conoces? Quiero decir, no recuerdo haberte visto antes.
- Uchiha Sasuke, te vi en el concierto del conservatorio Tchaikovski.
-Oh.- soltó, no se le ocurrió nada más para decir, siendo sincera no sabía que necesitaba ese hombre de ella. – Esto… ¿hay en algo en lo que pueda ayudarle?
-De hecho sí, tengo una propuesta que quizá pueda parecerte interesante.
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Continuará…
