Sus ojos se entornaron hasta adoptar la forma de los que él había dibujado. Entonces se le acercó de nuevo con las manos sobre el pecho y los labios separados, expectante.
-Creerás que estoy loco, pero juraría que esto ya lo he vivido antes...
Sí, realmente era demasiado tarde. Alzó la vista, temblando, y empezó a percibir cómo la oscuridad descendía. Aprovechó la ultima oportunidad para abrazarlo, para estrecharlo entre sus brazos con fuerza, como había deseado hacer desde hacía semanas. En el instante en que sus labios se fundieron, ya no hubo nada que hacer: ya no podían resistirse. El sabor a menta en su boca provocó en el una sensación de mareo. Cuanto más lo estrechaba contra sí, más se le revolvía el estomago por la emoción y la agonía del momento. Sus lenguas se tocaron y el fuego estalló entre ambos, refulgiendo con cada caricia, con cada nuevo descubrimiento... aunque, en realidad, nada de todo aquello fuera nuevo.
La habitación tembló, y alrededor de ambos empezó a formarse un aura. Él no advirtió nada, no se dio cuenta de nada, nada existía más allá del beso. Solo él sabia lo que iba a ocurrir, qué oscuras compañías estaban a punto de interrumpir su velada. Aunque una vez mas fuera incapaz de alterar el curso de sus vidas, sabia lo que iba a ocurrir.
Las sombras empezaron a arremolinarse sobre sus cabezas, tan cerca que él podría haberlas tocado, tan cerca que se preguntó si alcanzaría a oír lo que susurraban . Observó cómo la nube pasaba frente a la cara de él: por un instante, en sus ojos vio un destello de reconocimiento.
Después ya no hubo mas nada: nada en absoluto
Año 2018
Eren entró con diez minutos de retraso en el vestíbulo iluminado con luces fluorescentes de la escuela Espada y Cruz. Un guardia de torso corpulento y mejillas sonrosadas, con un porta papeles bajo el brazo, que parecía de hierro, ya estaba dando instrucciones, lo cual significaba que Eren volvería a ir al remolque.
-Así que, recuerden: recetas, residencias y rojas -le espetó el guardia a su grupo de tres estudiantes que estaban a espaldas de Eren-. Si siguen estas reglas básicas. estarán a salvo.
Eren no perdió tiempo y se unió al grupo. Aún no estaba seguro de si había cumplido bien aquel montón de documentos que le habían entregado, ni si el guardia de cabeza rapada era hombre o mujer, ni si alguien le ayudaría a llevar la enorme maleta que acarreaba, ni siquiera si sus padres iban a deshacerse de su querido Lamborgini Aventador negro en cuanto volvieran a casa. Durante todo el verano le habían amenazado con venderlo, y ahora tenían un motivo que ni siquiera Eren podía rebatir: a ningún alumno se le permitía tener coche en la nueva escuela. Bueno, nuevo reformatorio, para ser exactos.
Todavía se estaba acostumbrado a esa palabra.
-Eh... perdone, pero ¿podría repetir eso que ha dicho?- le pidió al guardia-. ¿Como era? ¿Recetas...?
-Vaya, miren quién ha llegado -dijo en voz alta el guardia, y luego repitió lentamente-: Recetas. Si eres uno de los alumnos que necesita medicación, allí te darán las pastillas que te ayudarán a no volverte loco y seguir respirando, ¿entiendes?
"Es una hombre", concluyó Eren después de estudiar al guardia. Ninguna mujer podría ser lo bastante sarcástica para decir todo aquello sin inmutarse.
-Lo entiendo- Eren sintió arcadas-. Recetas.
Hacia años que había dejado de medicarse. Aunque el doctor Hannes, su especialista en Hopkinton -y la razón por la cual sus padres lo habían enviado a un internado lejos de Tokyo-, había considerado la posibilidad de medicarlo de nuevo a raíz del accidente del verano anterior, después de un mes de varios análisis se convenció de la relativa estabilidad de Eren, y él por fin pudo olvidarse de aquellos antipsicóticos nauseabundos
