Todos los personajes de la serie de Inuyasha pertenecen a la genial Rumiko Takahashi ninguno de los personajes me pertenece a mi aunque lo que diera por poder tener aunque sean los ojos de Inuyasha y claro los personajes de la serie Kaitou Saint Tail pertenecen a la fantástica Megumi Tachikawa aclarado esto aquí vamos.
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TANTEIS
por Mimi chan
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Capitulo 2
Supongo que lo mismo pasa en todos los lugares donde entra alguien famoso, las personas, todas dan la vuelta para mirar no importa quien sea, mientras tienes cierta reputación la gente quiere verte y piensa que quizás no eres como las demás personas ordinarias, incluso las personas que no están dentro del campo de visión de lo que atrae a los demás se acercan al saber que sin duda hay algo.
Por eso en todo el departamento de policía se armó cierto alboroto cuando uno de los personajes más reconocido de la cuidad entró en el edificio y se dirigió directo al tercer piso.
Kagome estaba tranquilamente reclinada en uno de los sillones en la oficina mientras esperaba que Inuyasha terminara de unir los mismos hilos que ella había unido esa mañana, ahora mismo estaba telefoneando para saber cuando y cuanto tiempo se había extendido el permiso de la carpa donde trabajaba la sospechosa y si realmente había estado checando la hemeroteca de la cuidad.
Por eso estaba distraído cuando se abrió la puerta y entró la persona en la oficina.
- Buenas tardes – saludó el hombre en la puerta.
- Buenas tardes – saludó Kagome al verlo, una vista bastante agradable, con un traje negro completo y corbata negra, como el uniforme del instituto de la cuidad, pero estaba lejos, muy lejos de verse infantil, un hombre alto, quizás 1.75 cm o más, alto para la media japonesa, pero lo que más atraía era su rostro, una sonrisa calmada y tranquila, coronada por dos ojos que fluctuaban entre el negro y el verde, y un cabello del mismo color, que mezcla más extraña, solo por sus ojos pudo reconocerlo – Asuka Jr. Daiki, finalmente nos conocemos.
- Tú debes ser Higurashi Kagome.
- La misma.
Cuando Inuyasha escuchó el nombre del recién llegado su mirada fue directo al desconocido, cuando había sido joven había siempre querido conocerlo y después ir siguiendo sus pasos en Estados Unidos lo había hecho envidiarlo aun más, él iba siempre un escalón más abajo que este detective que a la edad de 22 años ya era detective privado, uno de los más reconocidos en todo Japón, su fama había cruzado el globo.
- Me alegra mucho conocerte – dijo el joven hombre sosteniendo la mano de Kagome – me han hablado mucho de ti estos últimos 3 años.
- Muchas gracias – dijo con una sonrisa, no, Meimi nunca se había quedado atrás cuando había hablado del encanto de su sonrisa - lo mismo digo, más ahora que sé que has hecho finalmente lo correcto.
- No hubiera sobrevivido otro año si no lo hubiera hecho – dijo con serenidad, su esposa ya le había advertido de la platica que había tenido con su amiga.
En ese momento Inuyasha carraspeó aclarándose la garganta y atrajo la atención de los dos que lo voltearon a ver, Asuka Jr. soltó a Kagome y se dirigió a Inuyasha.
- Tú debes ser Taisho Inuyasha – dijo extendiendo su mano con confianza – un gusto conocerte, me alegra mucho saber que alguien tan competente está a cargo de este caso.
- Gracias – dijo satisfecho, de alguna manera la aprobación de este detective en específico era importante.
- Me extraña que no estés en la investigación Asuka Jr. – intervino Kagome, trayendo de nuevo la mirada de el joven de ojos verses a ella – cualquiera diría que serias el primero en parecer en escena.
- Lo se pero… - se llevo una mano a la nuca en una expresión casi infantil – tú debes saber que estoy personalmente involucrado en el caso, no sería muy objetivo de mi parte.
- Si lo imagino – dijo con una amplia sonrisa, por lo muy involucrado que estaba el joven hombre – ¿Estarás allí está noche verdad?
- Lamentablemente no puedo – le respondió – acabo de llegar a Seika y debo irme hoy en la tarde, estoy en medio de un trabajo especial, pero quería saber quienes eran las personas a cargo de esto.
- Ya nos viste – dijo sonriente – en ese caso ¿Puedo invitarte un café o algo? me gustaría saber si podemos intercambiar un par de puntos de vista.
- Tiene que ser justo ahora – respondió checando su reloj de pulsera – estoy muy corto de tiempo ¿Importa?
- Para nada, yo ya termine mi parte, mi compañero solo está verificando – dijo mirando de reojo a Inuyasha que no tenía una expresión muy alegre – no te preocupes Taisho te daré toda la información que pueda conseguir. – se acercó a Daiki y lo tomó de un brazo – tú me muestras la cuidad.
- Si – dijo con tranquilidad y se dirigió a Inuyasha – mucho gusto, si logro salir de mi investigación antes de que se termine el caso vendré a ayudar, ¿Bien?
- Si – dijo lacónicamente.
- Hasta luego Inuyasha – se despidió con una sonrisa que fue borrándose poco a poco, una punzada de algo le latió en el pecho al ver sus ojos.
- Permiso – se despidió el joven que ya era jalado a la puerta..
Así la joven detective salió del brazo del joven detective dejando a Inuyasha allí parado sin saber exactamente como reaccionar.
Pero rayos allí estaba de nuevo, ese incomodo hueco en su estomago y la picazón en sus manos, conocía ese sentimiento muy bien, con esa chica en particular, los grandes ojos de Kagome, su desarrollo como mujer. A los 15 años habían hecho que muchas miradas voltearan a ella y él parecía tener un radar para ello y ahora… ella era casi deslumbrante.
Si, eran celos, tan conocidos como siempre que había un hombre alrededor de Kagome, los seguía sintiendo, lo que significaba una sola cosa que aun no estaba listo a admitir con respecto a sus emociones por la joven detective.
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Después de hablar una hora con el joven detective y pedirle algunos por menores de los casos que no había en los archivos, se dirigió de nuevo a la oficina con pasos lentos. Había dos cuestiones en su cabeza en ese momento una agradable y otra no tanto.
Daiki Asuka Jr. era tan agradable como Meimi siempre había dicho que era, cada vez que la había mencionado en medio de su platica lo hacia de una forma tan amorosa, incluso al hablar de Saint Tail, en solo su voz se notaba el amor que tenía por la chica y se sentía feliz por ella, Meimi se merecía todo eso y mucho más pues era una mujer que valía realmente mucho.
Y la otra… bueno realmente le sorprendía.
Cuando había provocado a Inuyasha todo ese tiempo lo hacia con conocimiento, era hermosa, lo sabía, había usado esa belleza en su trabajo el tiempo suficiente para saber que cuando se lo proponía podía atraer la mirada de cualquier hombre en la tierra, el que fuera, y cuando quería atraer la mirada de uno que le era atractivo a ella también ponía las feromonas y la química a trabajar y lo conseguía.
¿Por qué no le había dicho que Daiki era esposo de Meimi su amiga? ¿Por qué había sido tan vaga en sus referencias del detective delante de él? Justo por lo que paso. Quería ver la forma en la que Inuyasha reaccionaria cuando ella flirteara con otro hombre delante de él y la reacción no se hizo esperar.
Pero no esperaba en realidad está en especifico.
Cuando se había colgado del brazo del detective y había dejado al otro, ignorándolo abiertamente, su respuesta había sido tan clara que no dejaba evidencia de otra cosa. Pero no había esperado que fuera tan intensa. Había esperado que el instinto de alfa que había en todos los Taisho se despertara y reclamara atención, pero en realidad lo que había pasado era que se había puesto… celoso.
Tanto como cuando habían sido novios en su adolescencia.
Una parte entre molesta y agradable se anido siempre en ella en ese entonces, era profundamente protector así era Inuyasha, cuando él estaba a su alrededor se sentía segura, tranquila, nadie la iba al insultar, ofender o mucho menos lastimar si Inuyasha Taisho estaba a su alrededor, pero tampoco ningún otro hombre la miraría si apreciaba sus dientes, algunas veces era molesto pues mientras habían sido novios la mitad de sus amigos varones le retiraron la palabra.
Pero él había estado allí en el lugar de todos ellos y en su momento no le había importado, fue cuando rompió con ella que hecho en falta todo lo que había dejado a un lado para dedicarse a él.
Y esa reacción que había tenido en la oficina había sido la misma, sus manos se crispaban con anticipación de pelea, su cuerpo entero se ponía en alerta y sus ojos… había que decir que sus ojos dorados podían ser aun más brillantes de lo que ya eran cuando estaba enojado… bien no solo cuando estaba enojado, pero prefería no pensar en eso.
Maldición, él no tenía ningún derecho de sentirse celoso, ignorado, dejado de lado, si, pero no celoso, no de la forma en la que cualquier mujer sabría una cosa.
Y no era cierto
Él no podía quererla, había terminado con ella así sin más, sin importarle que ella hubiera dado todo por él, que lo hubiera amado como a nadie más en todo el mundo, nunca había dado un paso atrás, sin dudar, sin pensar un segundo en ella, sin importarle cuando le podía doler las palabras que había dicho "me iré a América por 5 años, así que debemos terminar nuestra relación" claro, lo había adornado todo con dulces palabras diciendo que no podía dejarla esperándolo aquí, que no sabía si iba a regresar un día y deseaba que fuera feliz, que no deseaba ser egoísta pidiéndole que lo esperara.
Apretó sus manos con ira al recordar lo mucho que se había humillado delante de él ese día, le había pedido que no se fuera, pidiéndole que si deseaba estudiar podía hacerlo también en Japón, que no tenía por que irse tan lejos, que le diera un poco de tiempo. Después cedió y le dijo que si le daba un poco de tiempo ella lo seguiría, que no rompiera con ella de esa forma, que…
Kami, tenía tantas ganas de patear una bolsa de boxeo, de golpearla hasta el cansancio, es lo que había estado haciendo en el gimnasio, había sido la única forma de poder mantener sus impulsos agresivos a raya.
Nunca más, eso era seguro, una cosa podían decir los ojos de Inuyasha con respecto a sus emociones y otra cosa era lo que ella estaba dispuesta a ceder.
La venganza no era buena, pero ella iba a tomar aunque sea un poco, solo un poco de revancha. Cuando estuvo delante de las puertas de la comisaría de la policía, sonrió fríamente y dio media vuelta, deseando con todas sus fuerzas que Inuyasha dentro del edificio estuviera friéndose en las sospechas de lo que Daiki y ella estarían haciendo en ese momento.
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Cuando Kagome finalmente regresó a la oficina lo primero que encontró fue a Steve sentado sobre sus piernas en la puerta de la oficina, leyendo un manga… era una curiosa pinta la del joven muchacho, buena cosa que la oficina estuviera al fondo de un pasillo si no hubiera tenido muy distraídas a todas las secretarias de la planta, era un chico realmente atractivo, de brazos hermosos y pecho desarrollado allí sentado en el piso de jeans y valiera ayustada como modelo de playgirl, no parecía tener 18 años, con ese cuerpo de modelo y ojos celestes.
- Veo que te vas adaptando a las costumbres japonesas – dijo a un par de pasos de él.
- En realidad vengo leyendo Death Note desde hace como un año en América – le respondió volteando a ver a la detective – pero me daba curiosidad la versión original, hasta ahora veo lo mucho que lo han censurado.
- Si eso suele pasar – dijo con normalidad - Pero… ¿Por qué estás aquí afuera?
- Oh si yo fuera usted no entraría en este preciso momento – dijo mirando la puerta tras de él - no se que ha mordido al jefe pero está de un humor de perros – dijo con ironía – hoy le hace honor a su nombre, está así desde hace un buen rato.
- ¿En serio? – dijo tratando de esconder su diversión, podía apostar desde que momento.
- Si, yo estoy aquí como control de daños, no quisiera que alguien viniera y… solo se que no saldría en la misma condición que entro.
- Ve a casa Steve ya es tarde yo me encargo de tranquilizarlo un poco.
- ¿Está segura?
- Si, no te preocupes – le guiñó un ojo – yo se como.
- Bien – dijo levantándose del piso y sacudiendo pantalón – pues me voy, nos vemos mañana temprano.
- Hasta mañana – dijo mirándolo hacia arriba, oh si una cosa que le gustaba de los americanos – oyasumi nasai
- Ghess que curioso se escucha – dijo el con una sonrisa – sweet dreams para usted también.
Una vez que Steve estaba fuera de su campo de visión entró en la oficina, Inuyasha estaba allí sentado en el sillón como si viera la nada, con algunos archivos a su alrededor.
- ¿Te rindes? – dijo recargándose en la puerta
- Puedo empezar a considerarlo – dijo con seriedad – si.
- Bueno ya te rendirás – dijo con presunción – todo lo hacen.
- ¿Rendirse a ti? – agrego Inuyasha.
- Eso también – le respondió – pero hablaba del peso de las evidencia, ya veras por ti mismo que estaba en lo cierto – dijo con una sonrisa - pero ahora lo que quiero es que vayas al hotel, tomes un buen baño y estés listo en una hora, recuerdas te llevare a cenar con una amiga mía.
- Hubiera creído que ibas a ir directo a la cena con tu amigo – dijo con ironía.
- ¿Asuka Jr? – preguntó de forma retórica –que no lo escuchaste tomo un avión hace un par de horas, no hubiésemos podido tener una cena que valiera la pena con tan poco tiempo – dijo dándole cierto doble sentido a sus palabras, por su parte podía pensar lo que quisiera – anda levantare y quítate toda esa tinta de periódicos, no pienso hacer esperar a mi amiga un solo minuto, me sentiría muy culpable si pasara hambre un solo segundo.
Inuyasha se levantó con ese sentimiento que de hecho no tenía ninguna alternativa más que acompañarla a la cena, cuando lo vio de pie la chica salio de la oficina, solo después de un par de segundo asomó medio cuerpo por la puerta y con una sonrisa picara le dijo.
- No olvides los blue jeans ok.
Inuyasha se quedó en su lugar luchando con el deseo de alcanzarla no sabía si para gritarle o para poder besarla escuchando los tacones altos de Kagome junto con una divertida risa.
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Solo eran necesarios 30 minutos para Kagome para estar lista, un buen baño caliente dejando a la ropa en el perchero y perdiera las arrugas con el calor, la elección no había sido difícil, un vestido rojo, discreto pero femenino, el color favorito de Inuyasha siempre había sido el rojo, y se había vuelto el suyo también después de un tiempo cuando en realidad había preferido mucho tiempo el verde.
Otra de las cosas en las que Inuyasha le había hecho cambiar.
Cuando salio de la ducha se secó el cuerpo y el pelo y empezó a arreglarse, los recuerdos, empezaron a llegar a ella de nuevo sin poderlo evitar.
Cuando había estado en el instituto ella siempre había deseado estudiar veterinaria, siempre había adorado los animales y la biología de los mismos, pero en cuanto Inuyasha la había dejado lo único que pasaba por su mente era que podía tener de atractivo lo que él deseaba con tanta desesperación, así que cuando tuvo que elegir, se encaminó por el mismo lugar que Inuyasha por sus propios medios.
Y descubrió lo que tanto le intrigaba.
Había algo mórbido, y peligroso en estudiar la mente de los criminales, era la clase de emoción que la gente busca al ver películas de asesinos seriales, pero en su caso no eran solo películas, si tenían suerte – como quisieras verla buena o mala – podías llegar a tener frente a ti a un verdadero asesino y mucho más, detener sus acciones.
Además de toda la preparación física y mental que conllevaba, todo a medida que avanzaba su preparación hacia que viera que de hecho se volvía cada vez más analítica, más astuta, más intrépida, no había mucho que el día de hoy la asustara, y pocas personas podían mentirle, se había hecho realmente buena en poder leer a las personas.
No había pasado mucho tiempo para que alguno de los evaluadores que buscaban personal en la academia notara lo mismo que ella veía en ese momento en el espejo. Cierto, parte de ella se había sentido un poco humillada de que hubiera sido su belleza lo que la catapultara a la fuerza, pero para todos debía de ser así, de un modo u otro lo lograban.
No había sido fácil pero pronto demostró que era mucho más que una cara bonita, Kagome Higurashi había escalado sobre otras de su tipo por su mente ágil y analítica por su falta de temor y su capacidad de descubrir las mentiras aun cuando se ocultaran detrás de verdades.
Su mente volvió a su lugar cuando escuchó que llamaban a la puerta, dio un vistazo rápido a su reloj eran las 6:45 P.M. solo necesitaban de 15 minutos para llegar a la casa de Meimi, se lo había dicho y él había llegado puntual.
- ¿Quién es? – dijo en voz lo suficiente alta para que él la escuchara, aunque solo fuera por protocolo.
- Inuyasha.
- Enseguida salgo.
Kagome se acomodó los aretes largos color escarlata y se calzó las zapatillas de tacón alto, se puso un roció de perfume y se miró por ultima vez, acomodó una hebra de cabello fuera de lugar en la alta coleta y se dirigió a la puerta. Tomó su bolsa y miró la puerta con impaciencia, ridículas reglas de instituto pero divertidas, has esperar a tu cita tanto como te sea posible. Contó hasta diez y abrió la puerta.
- Exacto como un reloj, una maravillosa cualidad Inuyasha.
Inuyasha no se vio con la posibilidad de responder, ella estaba despampanante, vestía un vestido color carmesí discreto que llegaba solo un poco más arriba de sus rodillas y tenía un poco de vuelo en la falda mientras arriba el escote era cuadrado y alto, enmarcando de una muy buena forma su cintura y su busto, que no dejaba de asombrarlo en su generosidad que poseían desde la adolescencia, su cabello recogido sobre su cabeza en una estilizada coleta, pendientes largos, color rojo, zapatillas negras y altas, sin pizca de maquillaje, o más accesorios, no que lo necesitara, el color rojo le sentaba de una forma asombrosa, sus ojos color marrón tenían un bordo color rojo que hacia que sus ojos parecieran casi guindas cuando se mezclaban con el color de su ropa, era un afecto asombroso.
Kagome podía sentir como Inuyasha la examinaba de pies a cabeza, no le molestaba en lo más mínimo, y le daba la oportunidad de hacerlo también, se había puesto jeans como se lo había pedido toda la tarde, pero no azules, si no negros, una chaqueta color marrón y una playera hecha justo a la medida color negro también, Inuyasha tenía un físico sorprendente, sus hombros eran anchos y bien definidos aun bajo la chaqueta, su pecho ancho y bien trabajado y su estomago y caderas compactas, desnudo debía lucir como uno de esos modelos para tapas de libros de romance, dorado, poderoso, absolutamente apetitoso, solo de imaginarlo le hacia desear volver a verlo, tocarlo y besarlo como lo había hecho en el pasado, una sola vez había hecho que jamás pudiera olvidarlo.
Fue solo cuando Kagome caminó a su lado, recargó una de sus manos en su brazo, lo que hizo que un escalofrió delicioso corriera por su columna que Inuyasha regresó a la realidad, casi poda adivinar lo que hacía y si, lo estaba haciendo.
- Lo sabía, nada mejor que unos buenos jeans para un trasero tan bonito – dijo divertida.
- No lo hice para darte gusto – le replicó enseguida – me gusta vestir así.
- Tienes la apariencia de un chico malo. – él no respondió nada, pero si sonrió casi con picardía y ella sintió como un escalofrió le recorría la espina – vamos que la cena se enfriara y no me gustaría que Meimi esperara.
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Meimi había servido varias botellas de sake al terminar la cena, para que al menos sus invitados las disfrutaran y ella pudiera disfrutar un poco el aroma del liquido tibio, Daiki tenía la costumbre de tomar una copa en ocasiones después de la cena y ella se había acostumbrado más que al sabor, al aroma de la bebida, le recordaba a su esposo mientras no estaba.
Ahora encontraba otra interesante utilidad del dulce licor. Sonrió satisfecha al ver a una de sus mejores amigas reía a carcajadas sobre el oído del joven a su lado, era curiosos como el licor en ocasiones cuando es bien implementado puede derribar un montón de barreras que el cuerpo o la mente crea… y que afortunado aquello, después de que la misma joven de cabello castaño la había apoyado tanto una vez para tratar de reconquistar a Daiki, deseaba que ella tuviera la misma fortuna que ella.
Y con un poco de suerte esa noche…
- Creo que ya has bebido suficiente Kagome – dijo el chico a su lado recogiendo la copita de la bebida de sus manos.
- Aguafiestas – dijo recargándose en su hombro – no he bebido ni una copa más que tú.
- Oh vamos Inuyasha – dijo la pelirroja delante de ellos – Kagome rara vez luce tan relajada, es divertido verla.
- ¿Estás intentando que me emborrache Meimi? – le preguntó su amiga, como si de hecho no lo estuviera ya.
- Yo, ¿Para que haría algo así? – dijo con una expresión inocente que Kagome sabía muy bien que era falsa – por el momento es mejor hacer planes, díganme ¿Cómo van con el caso de la impostora?
- MAL – dijo la chica quejándose y recuperando su copa – él no quiere creerme aun que la chica de la carpa es la impostora.
- Por que fue demasiado fácil – dijo y le rebatió de nuevo la copa y se la bebió para evitar que ella lo hiciera, la chica puso un golpe aguado en su hombro y se recargó sobre él dejándose llevar por la gravedad, Inuyasha instintivamente se hundió en su cabello, olía a manzanilla – cielos, sigues oliendo igual que cuando éramos adolescentes Kagome.
- Lo mismo digo Taisho – dijo y aspiró profundamente en su cuello, había un ligero aroma a almizcle y ceniza en él.
- Mjj – Meimi se aclaró la garganta tratando de ocultar una risa nerviosa, si pudiera tomarles una foto en ese momento cualquiera de los dos le pagaría un millón de dólares para mantenerla fuera de las manos del otro, sus miradas… wow se sintió acalorada solo al ver las miradas que los dos se dedicaban - y entonces ¿Qué es lo que han pensado…? con respecto a la imitadora, por supuesto.
- Bueno, yo creo – dijo Kagome y llenó de nuevo su copa poniéndola fuera de alcance del detective – que podríamos tenderle una trampa a la ladrona, pero tendría que ser una trampa excepcional, el día de hoy estuve investigando un par de cosas sobre el siguiente robo de la imitadora.
- ¿Cuando te fuiste a pasear con Asuka Jr.? – la interrumpió el detective.
- ¿Tú fuiste a pasear con Asuka Jr.? – le pregunto con curiosidad Meimi.
- Si, hemos tenido una plática de lo más interesante – dijo con una sonrisa – y no – dijo alargando la respuesta – después de dejar a Asuka en el aeropuerto, fue cuando fui a la galería donde van a exponer la estatua, es un buen lugar para una trampa.
- Aunque la seguridad ha mejorado mucho con el paso de los años – agregó Meimi sin realmente notarlo – antes con romper un vidrio podías entrar al edificio y la seguridad era un chiste, es el mismo lugar donde pusieron el cisne de cristal, era una broma salir y entrar de allí – Meimi se alertó un poco por como pudiera entender Taisho aquello, miró un poco asustada a Kagome, no debería haber dicho nada de eso.
- Tú conoces la cuidad mejor que yo amiga – dijo Kagome para alejar a Inuyasha de cualquier sospecha – si logramos que la impostora entre allí creedme ya no hay manera de que pueda salir.
- No puede ser tan simple, la ladrona original logró escabullirse de todas las que le tendían, ¿Por qué no lo haría ahora?
- Por que no es la original – le dijo de nuevo Kagome exasperada – ¡Que tengo que hacer para que lo entiendas! ponértela en las narices para que lo compruebes.
Las dos chicas se miraron y repentinamente soltaron una carcajada, Inuyasha las ignoró, no sabía en que broma de chicas había ido a caer.
- Bueno yo tengo una idea –dijo Meimi repentinamente y atrajo toda la atención del joven de ojos dorados delante de ella y de su amiga – Es un juego que hice con mi esposo una vez, ambos discutíamos todos los agujeros que había en el pasado en los robos de Saint Tail y creamos una estrategia imaginaria para poder atraparla, cubrimos todos y cada uno de los agujeros posibles y es una estrategia que sería muy complicada pero definitivamente infalible.
- ¿Y crees que este de acuerdo con que la utilicemos nosotros? – dijo esperanzada Kagome si Meimi y Daiki la había hecho, debía ser definitivamente buena
- Ja – dijo airada la chica – básicamente la estrategia es mía, yo soy la que cubrí todos los agujeros.
- ¿Y alguna de ustedes creen que seguiré la estrategia de una chica de pueblo? – dijo Inuyasha llenando otra copa de sake.
Las dos chicas lo voltearon a ver muy molestas, Kagome puso otro golpe en su hombro no tan aguado está vez.
- ¿Con quien crees que estás hablando Taisho? – dijo la chica de ojos celestes.
- Eso ha sido increíblemente grosero Inuyasha – le reclamo Kagome, si, el era un increíble engreído de pacotilla, pero no grosero.
- Esto es algo serio Kagome – le respondió Inuyasha sin inmutarse demasiado – es un trabajo muy importante.
- Escúchame bien "Perrito" – dijo con molestia, Kagome se sintió enrojecer, había usado el insulto favorito que ella le había adjudicado a Inuyasha – que esté embarazada no significa que no pueda aporrearte bien.
Repentinamente Kagome se dio cuenta de que de hecho era muy probable que Inuyasha no tuviera una idea de con quien estaba hablando, ella había dicho solo que irían a cenar con una amiga y la platica de esa noche había sido bastante informal.
- Tú exactamente no sabes quien es ella – dijo divertida – ¿verdad?
La mirada que le dedico Inuyasha decía un claro y categórico "no tengo una maldita idea" que bajo el temperamento de la joven de ojos celestes y trajo una risa a Kagome.
- ¿Estás seguro que es tan bueno como habías dicho amiga? – le preguntó con aire irónico la pelirroja.
- En realidad estoy empezando a dudarlo yo misma – dijo Kagome con diversión – Inuyasha, te presento a la teniente Haneoka Meimi, del distrito de Seika, una de las mejores, por no decir la mejor detective de la fuerza de policía de Tokio, graduada con honores de la academia, tiene solo 5 años en el servicio activo, pero es sin duda la mejor.
Inuyasha volteó a ver con incredulidad a la joven de expresión angelical ayudada por la enorme barriga que tenía de 6 meses de embarazo, había leído ese nombre en la nomina de la oficina, estaba seguro, pero...
- No – dijo con incredulidad.
- Claro que si – le respondió la pelirroja – así que cuando te digo que soy la mejor en mi trabajo, aunque a mi esposo le moleste, es que soy la mejor.
- Oh y por si tienes curiosidad – agregó Kagome balanceando una botella en sus manos – su esposo es Asuka Jr. Daiki.
- ¿Nunca me dijiste que estaba casado y con una de tus amigas? – fue lo primero que se le ocurrió decir al joven de ojos dorados. Lo notó enseguida pero no se retractó.
- Nunca me lo preguntaste – dijo con una expresión inocente.
- Eres una alborotadora ¿verdad? – dijo el chico medio aturdido – hiciste que me sintiera celoso por nada.
- No sabía que te pondrías aun celoso Inuyasha – dijo siguiendo la corriente.
Él ya no supo que responder a eso, era cierto, él ya no debería ponerse celoso por ella, pero… Dios, al ver sus labios llenos, brillantes con sabor a arroz dulce, sus ojos brillantes y nublados guinda y seductores, cuantos deseos de alcanzar esos labios, de reclamarlos como solo suyos, de poder atraparla en sus brazos y no dejarla ir a ningún lado, nunca más, esa chica que le había robado el corazón durante tantos años, que no importaban cuantas chicas hubiera besado a lo largo de ese tiempo, ella, seguía siendo solo ella, la que lo seguía obsesionando.
Kagome no sabía exactamente que es lo que estaba pensando, o que es lo que él pensaba en ese momento, pero había tanto anhelo en sus ojos dorados, una casi hambre en su mirada que le hacía latir el corazón desenfrenado, que la sangre le caminara más rápido por las venas, siempre lo había querido, más que solo gustarle, más que solo atraerle, lo había querido, en una época donde los chicos te gustan, tonteas con ellos y después los dejas a un lado para seguir viviendo una vida ordinaria, no después de conocerlo a él nada había sido ordinario, todo había sido justamente extraordinario, lo había querido tanto, de una forma que incluso ahora dolía. Se había metido tan adentro de ella y había echado raíces tan profundas que las que habían quedado, allí en ese momento mientras miraba sus ojos dorados sentía que fueran como el sol y el agua y que esas raíces quisieran renacer de las cenizas.
En el ultimo momento fue ella la que volvió a huir, era una locura, podía tener una aventura con él, deseaba una aventura con él, pero conservarlo, eso no, eso le era completamente imposible, ellos pertenecían a dos mundos distintos, y a pesar de todo, ella deseaba alguien que la amara, e Inuyasha…
No, él ya la había lastimado demasiado una vez, no podía permitirse a si misma caer de nuevo en el embrujo que había tejido a su alrededor, si como un adolescente había sido increíblemente poderoso, ahora seguramente sería incluso mortal.
- Dudo mucho que cualquier buen plan salga ahora cuando estamos así de achispados Taisho – dijo alejando su mirada de la de él, demasiado perturbada.
- Al contrario a mi se me habían empezado a ocurrir un par de cosas muy interesantes.
Respondió con esa sonrisa seductora que la hizo sentir un escalofrió. El doble sentido de la frase no paso desapercibida para ninguna de más personas en la mesa, fue Meimi que tratando de rescatar el momento soltó una sonrisa divertida, Kagome la siguió enseguida tratando de distraerse a si misma cuando él mismo lo advirtió las siguió.
- Ya es muy tarde – dijo Meimi cuando el reloj en la pared marco las 1:00 a.m. – creo que ya debemos dormir, ustedes están muy ocupados, y deben estar despiertos y alertas mañana, les prometo que les tendré un café negro delicioso cuando se despierten.
- Gracias Meimi – dijo Kagome levantándose de la mesa y tambaleándose enseguida – ¡¡Epa!!
- Cuidado – dijo el chico a su lado rodeándola por la cintura.
- Hey Inuyasha por que no la llevas a la habitación del fondo – dijo señalando el cuarto – le ofrecí la habitación pero supongo que esta es la única manera de que logre la tome, yo lo haría pero… - dijo acariciando su abultado estomago.
- Claro, no hay problema, vamos bella durmiente – dijo y pasó una mano por su cuello la chica se relajó junto a él – ya es hora de dormir
- Pero no tengo… - dio un largo bostezo – sueño.
El chico solo sonrió para si y pasó su brazo por detrás de su espalda, para ponerlo en su trasero y subirla, era muy ligera, no debía pesar más de 50 kilos. Caminó con ella a la habitación que le había señalado Meimi, ella se abrazó a su cuello y su respiración le calentó el cuello, su cabello suave la acariciaba los brazos desnudos, y la figura pequeña se amoldaba a él con gusto, esto era tan familiar.
Llegó con la chica a la habitación, solo la luz de una farola en la calle entraba a la habitación por una ventana dándole una iluminación de claro oscuro, pero pudo ver la cama sencilla en medio de la habitación, y la depositó con toda delicadeza en ella, su vestido carmesí había tomado una tonalidad oscura y sus ojos marrones lucían grises y lo miraban con tanta profundad, con tanta dulzura, no supo que es lo que estaba pasando hasta que ella lo tomó de la nuca y lo acercó a ella y lo besó en los labios.
Por todos los santos, él sabía tan bien, una mezcla de sake, sal y hombre, tenía que ser la mejor cosa que hubiera probado en toda su vida, todo su cuerpo cobró vida en ese beso, subió su otra mano y lo acercó a ella con un abrazo, él no se resistió si no que también pasó sus brazos por detrás de su espalda y las puso en la poca piel desnuda que dejaba ver el escote de la espalda, toda su piel se calentó con su toque, había deseado tanto esto, tanto que no sabía por que había esperado tanto para poder tenerlo.
Dios… ella era, era la cosa más exquisita que alguna vez hubiera probado, suave y calida en sus brazos, la mezcla entre la inocencia y la seducción lo habían puesto pronto al limite, el saber que finalmente estaba besando a esa chica, de nuevo, y así, lo volvía loco, era más de lo que podía soportar, mientras más intenso se volvía aquel beso más deseaba de ella, deseaba poder poner sus manos más allá de la pequeña pieza en su espalda, poder tocar más de aquella piel calida y suave.
Ella rompió el beso suavemente y se dejó caer en la cama, él se quedó con los ojos cerrados esperando más, pero no llego nada, abrió los ojos para poder verla, Kagome estaba allí recostada, con todo su cabello regado en la cama desordenado, con los ojos cerrados, y estaba… oh si, estaba profundamente dormida, su respiración tenía un suave ronquido en su garganta, Inuyasha casi quiso reír sintiendo una presión leve dentro de los pantalones, dejó caer su cabeza en su hombro y se llenó del aroma a manzanilla del shampoo de Kagome, simplemente no podía creer que se hubiera quedado dormida.
Pero antes de que pudiera luchar contra ello, sus ojos se volvieron pesados y se quedó en medio del aroma a manzanilla y la calidez de su cuerpo profundamente dormido. Una hora después una chica de ojos celeste con mucho cuidado ayudo al joven a acomodarse en la cama, y les quitó los zapatos a ambos. No, definitivamente nada los despertaría esa noche, puso una frazada sobre ellos y los vio un minuto dormir juntos.
- Nunca es tarde – dijo solo para si al ver la sonrisa de su mejor amiga mientras se acomodaba más en el regazo del joven detective –Verdad Kagome tu misma lo dijiste, nunca es tarde, no cuando se trata del verdadero amor.
Silenciosamente salió de la habitación y se dispuso a dormir también.
Fin capitulo 2
27 de Septiembre de 2008
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Nota de autora: ¿Loco? Si, lo se, ¿Demasiado servil Inuyasha con Daiki? Si lo se, ¿Kagome muy fuera de personaje? Si, también lo se, pero ¿Acaso no es esto lo divertido de los universos alternos? Oh vamos yo se que una cuarta parte de ustedes están queriendo lincharme, a lo que digo que bueno que no conocen mi dirección, la otra cuarta parte está preguntándose ¿Y quienes son esos personajes que no conocemos? A lo que respondo vayan a buscarlos y espero que la gente que resta este disfrutando el fic.
Se que es muy extraño pero por favor véanlo como es, un universo alterno y disfruten de la historia que es una de mis favoritas, ¿Lo harían por mi?
Bueno sin más me despido, ahora los invito a que visiten mi página
Shian shen
Mimi chan
