SPOILERS DE LA NUEVA SAGA DE DRAGON BALL SUPER
(leer con cuidado)
AL FINAL
—la esperanza prevalecerá—
~promesa~
—¡¿Por qué no?! No tenemos siete años, ¡ya podríamos…!
—¡Niño, no! Eres un depravado. ¡No puedo permitirte algo así!
—¡Pero ella se lo permite a él! Y él… —Frunce el ceño. Sí: más de lo fruncido per se—. Él… soy yo. —Aprieta los puños un instante; al siguiente, los relaja. La mira a los ojos y prosigue con renovada convicción—: ¡Y se supone que ella eres tú! ¡¿Cuál es la diferencia?!
Mai se sonroja. Trunks es su noviecito desde hace algún tiempo, la primera relación seria de su vida incluyendo ese periodo que ya había vivido como adulta. ¡Su primer novio, un niño de trece años! Y pese a tener sólo trece años ya la tomaba de la mano.
Una locura.
—¡Ay, anda! ¡En la mejilla!
… ¡Y ahora le pedía un beso!
—¡No, niño! —espeta Mai en escandalizado tono—. Y mientes: ellos no se besan. ¡Jamás los vi haciendo algo semejante!
—¡¿Cómo que no?! ¡Si yo los vi! —dice Trunks, y miente, porque más que un intercambio de sonrisas que delatan lo que entre los dos sucede no ha visto—. Además… —Hace memoria, entonces: necesita decir algo que convenza a su novia de que ya es tiempo de darse el primer beso. Necesita un detalle de la pareja que ha llegado del futuro alternativo para lograr su cometido, algo más significativo que una sonrisa para que Mai, su pequeña Mai, se dejara llevar por la tranquilidad de estar destinada a él en esa y mil dimensiones más. ¿Pero qué? Pronto, sonríe maliciosamente observando la boca de Mai: ya, se dice; con esto la convenzo—. Bueno, él es tímido. ¡Demasiado; eso me desagrada! Y ella eres tú, así que debe ser así de quisquillosa como tú y por eso no lo hacen en público. ¡¿Pero qué crees?! ¡Yo los vi entrando al mismo cuarto luego de que mamá les insistiera en que no tuvieran vergüenza! ¡…Ellos comparten cuarto aquí, es decir que duermen juntos!
Mai siente que se tambalea. Están en la rama de su palmera, la palmera donde esta infantil relación dio inicio en el preciso momento en que él la tomó de la mano y ella se vio sin fuerzas de soltarse; cuando ella le estrechó la mano a él y admitió, así, lo que sentía, la atracción de niña que le nacía junto a Trunks. No puede creerlo cuando lo escucha: ¡esos que son ellos del futuro duermen en el mismo cuarto! Se dice, indignada, que aunque ese muchacho Trunks del futuro le hubiera parecido dulce y amable, un caballero, no como el pequeñín que era su novio, evidentemente tenía un lado depravado oculto y por éste la había llevado por el mal camino a ella. ¡Mira que compartir cuarto con un hombre que ni siquiera era su…! Chapada a la antigua, Mai no da crédito a lo que el pequeño Trunks le cuenta.
—¡¿Estás seguro?! —no puede evitar preguntar—. Bueno, quizá compartan cuarto, ¡pero eso no significa que duerman en la misma cama!
Trunks larga una risa.
—¡Claro que sí lo hacen! ¡Porque sólo hay una cama en ese cuarto! Mamá fue muy específica al dárselos…
Mai se cubre las mejillas, horrorizada.
—¡No!
Trunks ríe, en cambio.
—Y ya sabemos lo que eso significa —dice el niño con una gran sonrisa.
Mai se sonroja. ¡¿Y él cómo sabe eso?! Se indigna por estos niños de hoy y se dice que no es posible, que tiene que ser una broma. ¡Ella jamás haría algo así!
Con lo guapo y dulce que es ese Trunks del futuro, y resulta que lleva por mal camino a esa Mai mayor…
Furiosa, indaga:
—A ver, niño: ¡¿qué sabes tú sobre lo que significa dormir con alguien?!
Trunks esboza esa sonrisa de experto que cada tanto se le manifiesta en la boca. Cuando sonríe así, Mai lo odia. ¡Tan lindo, tan precioso, y tan soberbio!
—Ah, ¡ya sabes! Cuando una pareja duerme junta es porque hacen… cosas juntos —dice, y se sonroja— e-en la cama…
Mai se sonroja también. Grita:
—¡Maldito niño perverso! ¡¿Cómo es posible que sepas eso a tu edad?!
—¡Ay, Mai! No exageres: ¡ya te dije que no soy un niño! —Trunks piensa en decir algo más, pero se tapa la boca con las dos manos cuando los ojos se le desvían hacia abajo y los ve, a ellos, a ellos mismos pero crecidos, el Trunks del futuro que tan mal le cae por lo débil que le parece y esa Mai adulta que lo acompaña, bella, maravillosa.
Demasiado perfecta para ser real.
Mai nota su sorpresa y gira hacia donde los ojos de Trunks están clavados: son ellos, los otros, los del futuro. Tapándose la boca también, imita a su noviecito y se dedica a observar. Así, los miran juntos, juntos unos y otros, hundidos los niños en el más profundo silencio, el ki del pequeño Trunks anulado como si no hubiera vida alguna en su cuerpo: los adultos caminan por el jardín de la Corporación Cápsula uno junto al otro, las dos puntas de una misma línea; a diferencia de cuando llegaron, ahora lucen un poco más saludables, limpios, y sus atuendos están intactos, no desgarbados por el apocalipsis. Lucen bien, en definitiva, y caminan como si nada del dolor que han descripto al llegar moribundos hubiera tenido lugar; caminan sin más, él con ese suéter que el pequeño Trunks ni muerto usaría, y Mai, Mai divina con una camisa y una falda demasiado larga, botas y medias, sobria, conservadora. A ojos del pequeño Trunks y de la pequeña Mai también, la versión adulta de la última parece otra persona sin su característica chaquetilla militar. Está hermosa, sin embargo.
Para el niño de trece años, lo está.
Los ven cruzar el jardín con sonrisas en sus bocas, uno a un prudencial medio metro del otro. Susurran diálogos misteriosos mientras contemplan las flores, y los dos contagian una armonía pasmosa, tan real como irreal. Lucen soñados, ciertamente; verlos es ver algo que está bien. Tan inexplicable como eso es lo que transmiten: esa imagen, la de ellos dos juntos, es una imagen que está bien y ya.
El pequeño Trunks frunce el ceño: el otro le cae mal. Es más: le cae pésimo. ¡Qué llorón le parece ese otro Trunks! Demasiado sensible, demasiado frágil para poder reconocerse a sí mismo dentro de él. No hay nada de él en el otro, ¡nada! Ni nada de su papá ni de su mamá. Casi juraría que es mentira, que aunque se vean idénticos en cada mínimo detalle, desde los ojos a la piel, desde las facciones hasta los lunares, ¡no! Es mentira, se dice por enésima vez sólo ese día; ¡no puede ser yo! ¡No puede ser!
Verse a sí mismo de mayor: qué gran decepción.
En cambio, la pequeña Mai tiene otra perspectiva. Trunks se da cuenta de ello al atisbarla un instante: Mai los mira como si mirara una película, una muy buena y con excelentes actores. Mirarlos, para ella, es ver un sueño.
El niño no lo va a entender y ella bien lo sabe: él aún no sabe nada sobre ella más que detalles sin importancia. No obstante, ella sí sabe de ella, y aunque esa Mai adulta —a la que sí reconoce porque sí la ha visto alguna vez, precisamente ante el espejo antes del deseo a las esferas— haya vivido una vida completamente diferente a la de ella, entiende las diferencias. Las siente, empatía mediante.
Poco ha escuchado al respecto: esa Mai ha mencionado a la mamá de Trunks, con un rostro triste a cuestas, que ella, al conocer al Trunks del futuro, estaba sola. ¡Sola! Bien sabe Mai, la niña, qué significa eso: no había que ser muy avispado para entender que Pilaf y Shuu murieron. ¡Ellos, muerto! Ellos dos, sus eternos compañeros de ruta, el rey al que ha dedicado su vida entera y su pequeño compañero ninja; lo que más ama en el mundo. Pilaf y Shuu son su familia, su todo, ese todo que le recuerda, a su vez, quién es ella. Que la otra Mai los hubiera perdido en el camino por culpa de las más diabólicas manos es algo que, sabe, es motivo suficiente para explicar esa especie de oscuridad que la rodea y la desconecta de la que es en el presente, la misma que rodea a ese otro Trunks que su contraparte, su noviecito, no comprende: ese niño poco ha vivido hasta el momento, mucho le falta por madurar y conocer; es natural que sienta decepción ante lo que observa, porque la oscuridad la siente como un fracaso al no ser capaz de conectar con ella.
No tiene con qué.
La pequeña Mai, en cambio, sí: ella tiene las herramientas como para comprender por qué esa otra Mai luce tan distinta a ella pese a ser ella en sí misma: ella perdió el sostén de su existencia, sus pilares, y por eso luce así, de repente demasiado seria, de repente demasiado triste. Y es por eso que comprende ahora, a su vez, por qué esa Mai parece tan unida a ese Trunks aun cuando su vínculo se vea difuso ante todos y no se lo expresen más que con miradas.
En él, ella encontró lo que había perdido.
Trunks es su familia, ahora. Su todo.
Sonríe, y no tiene idea de que su cara es sinónimo de ilusión de niña ante una película de amor, ya sea esa del barco que se hunde en su primer viaje o bien la del anciano que le lee el diario a su mujer, que por una enfermedad todo lo ha olvidado. Esa cara tiene, la de una niña ilusionada ante el más idealizado amor.
¿Cómo no estarlo, si comprende la magnitud de la pérdida de la otra Mai?
¿Cómo no estarlo, si comprende la importancia de que ella tenga a alguien como el otro Trunks a su lado?
Y ellos, los del futuro, siguen caminando, hasta alcanzar la palmera donde los niños juegan a ser novios. Se sientan bajo la sombra que la palmera les regala en tan bello día y, juntos, miran el cielo azul en completo silencio. El pequeño Trunks no comprende nada, siente rechazo, uno demasiado grande, por ese otro que no reconoce como sí; Mai comprende el significado de esa mirada conjunta regalada al cielo: seguramente, están reflexionando, están recordando todo lo que han pasado para poder viajar al pasado, es decir aquí, llegar y pedir ayuda ante la adversidad que no han podido combatir. Llegar arrastrando millones de almas consigo, las de todas esas personas que han muerto en el futuro, y sentir en los hombros la tamaña responsabilidad de vengarlos, ¡porque tal vez ni siquiera sea posible salvarlos! Cuánta desesperación absorbe, así, a la niña, que ve en la otra Mai algo que no puede soportar: ¿cómo es que perdió al Gran Pilaf y a Shuu y sigue de pie? ¿Cómo hace? ¿Cómo lo logra?
¿Así de grande es Trunks para ella…?
Gira hacia el niño. Le sonríe sin saber que sus ojos negros están manchados de dulces lágrimas.
¿Así de grande puedes ser tú para mí, entonces…?
El niño, incómodo, se queda quieto, mirándola. Bajo ellos, una conversación se inicia, y las palabras los impactan pese a la distancia:
—No dejo de pensar en ella —dice Trunks, de repente cabizbajo.
—Es normal.
—Pero es que no puedo, Mai… No puedo soportar que ella ya no… Que mamá…
Mai le sujeta las manos, las dos. Las estrecha contra su regazo y regala a Trunks la más hermosa de las sonrisas. Sobre la palmera, la niña siente las lágrimas resbalarle por el rostro. Lo hacen por la confirmación: sí, por eso es.
Por eso y por más. Porque él le significa más.
—Yo no puedo soportar que Su Excelencia y Shuu… —La niña nota cómo la mujer respira fuerte. Conociéndose, sabe que contiene el llanto; no necesita mirarla a los ojos para corroborarlo—. ¡No voy a permitir que sus muertes hayan sido en vano!
»Para eso estamos aquí.
Los niños escuchan al hombre suspirar. Ven claramente cómo las manos del otro Trunks estrechan las de la otra Mai. Por la posición de sus rostros, parecen mirarse a los ojos, fijamente, con entrega, con necesidad.
—Lo sé —responde Trunks con su voz adulta, y el niño lo mira desde la cúspide del no entendimiento—. Lo sé, juro que lo sé, pero tener que esperar aquí a que la máquina cargue de nuevo y…
—Nada, niño. ¿Qué te digo cuando te deprimes?
—Que tenga paciencia.
—¡Entonces tenla!
Ríen, y el calor que los rodea pronto se agranda, se extiende y acaricia a los niños que espían desde la palmera. Al sentir el calor, el niño no comprende; la niña sí lo hace. Los del futuro parecieran sumidos en un mundo distinto, en una pausa; están felices aun cuando el dolor les pesa, y su felicidad es tal que todo, alrededor de los dos, parece posible por un instante. Como los héroes de una película de amor, posible.
Todo, en su amor, es posible.
—Mai…
Las manos de ella lo estrechan más.
—¿Sí?
Las manos de él la estrechan también.
—Gracias por estar aquí. Porque de lo contrario, yo…
Ella sonríe de una forma tal que Mai, la Mai niña, no se reconoce: en la sonrisa de la adulta hay una fortaleza que la niña aún no se conoce, seguramente nacida de las más horribles experiencias.
—Tú nada: tú estarás bien —afirma la mujer—. Aunque el mundo entero desaparezca, tú estarás bien, porque siempre tendrás a alguien por quien luchar. ¡Así que no lo digas, niño; no digas que sin mí no podrías ni podrás! Te juro que sí lo harás.
»Yo me encargaré de eso, ¡te lo juro!
Y las manos se estrechan aún más. Los rostros se aproximan lentamente, casi sin querer, y entonces Trunks, el adulto, pronuncia algo más ante la mirada de los niños hipnotizados por lo que vislumbran desde las sombras:
—¿Cómo me soportas cuando me pongo así, Mai…?
Ella ríe sinceramente, las manos de los dos apretándose las unas a las otras. La respuesta sale sin esfuerzo, pues es evidente y no precisa, ni ahora ni nunca, ser reflexionada:
—Soy leal, Trunks. Te lo soy a ti. Es por eso.
»Porque tú te mereces esa lealtad.
Y la niña se tapa la boca para sollozar. Sí, eso es: la lealtad. Aun cuando sus vidas hayan sido tan distintas como el día y la noche, coincide en las dos la misma esencia: Mai, ese ser destinado a llamarse «Mai» aquí y allá, ante todo es leal. ¡Y al carajo la línea temporal, el destino, todo! Siempre lo será.
De lo contrario, nada de ella quedaría.
Una nueva mirada, y en ésta los dos parecen decirse miles, millones de cosas. Bien sabe la niña Mai que a ninguna Mai le será nunca sencillo decir ciertas palabras, dejarse llevar por determinados sentimientos, porque el decoro y la austeridad son parte innata de ella, así como su lealtad y seriedad ante aquello a lo cual le es leal. Pero puede mirar, y mirar a Trunks, sabe por su noviecito, puede resultar adictivo: es que se ve algo hermoso hacia el final, un sentir fuerte y genuino, una nobleza sin igual. Así como ella ve lealtad en sus propios ojos, de mayor, de niña y de mayor otra vez, ve nobleza en Trunks, en ese ensombrecido hombre de ojos tristes y en el travieso y depravado noviecito que está junto a ella en la palmera.
¿Y qué mejor combinación, en una lucha en pos de una causa genuina, que la lealtad y la nobleza?
Sí: por eso funciona, porque la combinación es ideal.
Lo siguiente lo observa, la niña, con las mejillas rojas y los nervios a flor de piel: ¡oh, no!, se dice, pues teme que suceda lo que su noviecito le ha pedido, que suceda ante sus ojos y signifique para el niño Trunks una inspiración que no debe sentir a sus inocentes trece años, ¡porque se es inocente a los trece, siempre! Se es niño, aún, y no se entiende.
Justo como ese niño, que no entiende nada de lo que los otros tres sienten.
Las miradas fijas, las sonrisas; no tardan en atraerse, y las bocas se tocan con una timidez casi infantil, ¡infantil, frente a ellos mismos de niños! Mai vuelve a taparse la boca, y los labios se aprietan más, y pronto los brazos de la Mai adulta rodean el cuello del Trunks adulto, y los brazos de éste estrechan delicadamente la cintura de ella. Se besan lenta, pausadamente, siempre rojos los dos rostros, siempre felicidad el sentir que transmiten.
Se aman.
Maldita sea, se dice la niña…, se aman.
Al descubrirlo, los perdona, perdona a los mayores por esa locura de dormir juntos en una misma cama. ¡Juntos, Kamisama! Qué locura, pero si el amor los une, bueno...
El beso se intensifica; cuando lo hace, los dos se detienen, prudentes. Trunks, el adulto, sonríe apenado ante Mai, que ríe enternecida al notar la timidez de él. Se levanta, ella, y le extiende una mano a él.
—Volvamos, anda.
Mirada fija. Un segundo, mil, y él toma la mano que ella le extiende. Juntos y de la mano, ideales en el amor que se les siente, se alejan, y es cuando lo hacen que Mai niña voltea hacia el Trunks de su edad. Lo que encuentra la sorprende:
—¿Qué sucede? —indaga con su voz de niña en un preocupado murmullo.
Trunks mira sus zapatos. El rojo cubre su rostro. Lo ve tragar saliva, desviar los ojos hacia allá, hacia acá, hasta que Mai le toca el brazo y eso lo hace reaccionar contrariado, asustado.
—¿Niño…?
—Me cae muy mal ese sujeto. ¡Me cae muy mal!
Mai amaga con sonreír: te cae mal porque no lo entiendes, se dice; te cae mal porque, sencillamente, no tienes la madurez suficiente como para sentir empatía por él y los porqués de su actitud.
Aun cuando sabe el motivo, indaga:
—¿Por qué te cae mal?
La respuesta no es la que espera:
—Porque le gusta más a ella de lo que yo te gusto a ti.
La respuesta hace que los ojos de Mai se agranden como platos. ¡¿Qué?!, se grita a sí misma. ¿De qué habla? ¿Por qué dice eso?
¿Por qué miente, si ella…?
—¿Qué te hace pensar eso?
Trunks, irritado y avergonzado, incómodo y sutilmente triste, agacha más la cabeza.
—¡Todos lo miran así, como si fuera un maldito héroe! ¡Y yo sólo veo un sujeto que no me recuerda en nada a mí y que no me provoca ninguna admiración! ¡Bah, ni que fuera tan genial como mi papá para que todos lo anden mirando así! Hasta tú lo miras así.
»¿Qué se supone que tiene él que no tenga yo…? ¡Si al final…!
Mai no duda: le sujeta la mano justo como la Mai adulta ha sujetado al otro Trunks. Habla y, así, lo frena:
—Al final son lo mismo, niño: son nobles los dos. Sólo que tú eres un niño y hay muchas cosas que no entiendes aún.
Trunks se sonroja al escucharla, y Mai ve, en el rojo, la respuesta: sí, es el otro.
Aunque aún no lo aceptes, niño, sí eres él y él sí eres tú.
—¡No soy un niño! —se queja éste, haciendo un puchero por demás aniñado, gesto que evidencia la mentira de lo que pronuncia.
Mai se ríe maliciosamente de él; él frunce más y más el ceño; ella lo besa justamente allí. Deja sus labios sobre el ceño de Trunks exactos siete segundos. Luego, se aleja.
—¡M-Mai…! —farfulla el niño, indignado y feliz, avergonzado, su rostro un tomate de pura niñez.
—Y si quieres un beso en la boca como ese Trunks y esa Mai, ¡entonces tienes que prometerme algo!
Él tiembla ante lo desconocido. Los ojos se le van para cualquier lado. Fastidiado, deseando ese beso como a nada en la maldita vida, inquiere:
—¿Qué cosa?
Mai sonríe justo como la villana que siempre se sentirá en el fondo de su ser.
—Quiero que le des una oportunidad al otro Trunks. ¡Ya noté que le contestas mal cuando intenta acercarse a ti y eso no me agrada! Aunque no te salga entenderlo, quiero que lo intentes. ¡Y a lo mejor te llevas una sorpresa!
Trunks frunce todavía más el ceño.
—¡Pero…!
—¡Ya deja de estar celoso y dale una oportunidad! Si lo haces, te dejaré besarme. ¡Pero una vez! No vaya a ser que agarres el vicio siendo tan niñito.
—¡Que no soy…!
—Ya, niño —dice Mai, y le extiende el dedo meñique de la mano derecha—. Promételo.
A regañadientes, sonrojado más de lo que puede soportar, Trunks extiende su dedo también. Estrechan los dedos, así, sellando la promesa, ignorando que, mientras estrecha el brazo del Trunks adulto junto a las flores del jardín, la Mai adulta los observa, y les sonríe, y se dice que todo es por algo, que el destino sabe lo que hace, pese a todo y pese a… eso.
El destino sabe, sí.
No hay mejor combinación que la nobleza y la lealtad.
.~.~.~.
Nota final
¡Hola! Ahhh… ¡Sí, ya sé! ¡Ya séeee! XD
«Schala, ¡¿qué carajo escribiste?! ¡Si en Dragon Ball Super Trunks y Mai chibis no están de novios! ¡Y aparte Mai se murió y nunca viajó al pasado!». XD
Ya sé, ya sé… Esto se contradice casi obscenamente (?) con Super, porque Mirai Mai volvió con Mirai Trunks y, a su vez, los chibis están de novios. Pero nada: quise mezclar deseos personales (que Mirai Mai viva o la revivan pronto) con Battle of Gods, así que acá está el resultado. Simplemente quería imaginarme a los nenes mirándose de adultos y buscándose en esos adultos. Quería pensar en qué pensarían ellos al verse, y creo que Mai sería más comprensiva con su contraparte que Chibi, porque, como dijo hace unos días Takeshi Kusao (el seiyuu de Trunks), Chibi va a andar un poco distante de Mirai, con cierto recelo. Quise retratar un poco eso, que no está lejos de lo que siempre pensé para un encuentro entre ellos dos. Así salió esto: Chibi celoso de Mirai porque todos lo quieren más. ¡Todos, hasta los fans! Mirai reina en nuestros corazones, pero Chibi no tiene que olvidarse que también lo amamos, y mucho, ¡y por mérito propio, nene! XD
Nada. Ojalá les guste.
El siguiente oneshot va a ser un poco… ¿Sensual? Sí, va a tener un poco de sensualidad, la que muero por retratar entre un Mirai Trunks inexperto y una Mai conservadora. ¡Espero salga bonito!
Sin más, les agradezco de todo corazón los reviews. Sé que no contesté todos, por lo cual les pido disculpas, pero sepan que me hicieron muy muy muy feliz y espero ser m. HnW, Ashril, Maichan1996, MackenzieMonyer, Shadir, EmilyRock, Prl16, mi linda Joyce, Sophy, IsabelCordy01, mi heroína del espacio-tiempo Esplandian, la maravillosa autora de Trumai Kuraudea, ReaperRainbow, OdetteVilandra, Tour… ¡GRACIAS POR SUS REVIEWS AL ÚLTIMO SHOT! Espero les guste este también, de corazón.
Gracias por los favs, por los follows, por recomendar, por todo… ¡Mil millones de gracias!
Besotes. Nos leemos. =')
Dragon Ball © Akira Toriyama
