Aviso: A partir de aquí los protagonistas se intercalarán la narración, cuando narre Scarlet el capítulo empezará con su nombre y lo mismo con Nathaniel
Día 2. Pactando con el diablo
Nathaniel
Era una pesadilla, tenía que serlo, no había otra explicación para lo que había visto el día de ayer. Melody solía quedarse conmigo en la sala de delegados durante los recesos del almuerzo, charlábamos y comíamos los bocadillos que preparaba para mí y para ella, hasta que sonaba el timbre y debíamos despedirnos para ir a nuestras respectivas aulas. Francamente era un incordio que no estuviéramos en la misma clase, pero muy pronto eso no importaría, en breve seríamos novios, estaba completamente seguro de eso. Me había costado mucho, quiero decir tiempo y dinero, conseguir las reservaciones para una elegante cena en el mejor restaurante francés de la ciudad, nada más y nada menos que el día de San Valentín. Pero sabía que todos mis esfuerzos serían recompensados. Esperaría el momento propició durante la cena y le confesaría mis sentimientos. "Sí", eso diría Melody, no había la menor posibilidad de que sucediera algo diferente, y nos convertiríamos en una pareja. Ella me gustaba desde hace tiempo y estaba seguro de que el sentimiento era mutuo.
Apenas escuché el timbre que anunciaba la hora del almuerzo, salí disparado hacia la sala de delegados. Una vez ahí, me senté en una silla junto al mesón que usábamos para organizar el papeleo de los estudiantes. Tenía en las manos una preciosa invitación con la dirección del restaurante y el día señalado para nuestra cita, esperaría a que Melody tocara la puerta, como siempre hacía, y en cuanto entrara se la daría sin mayores explicaciones para no arruinar la sorpresa. Era el plan perfecto… excepto porque ella nunca llegó.
Melody se había retrasado cerca de diez minutos cuando noté que me estaba poniendo muy nervioso. Mi buen humor había desaparecido y empecé a golpetear el mesón con los dedos de una mano mientras una especie de malestar, que sólo pude identificar como un muy, pero muy mal presentimiento, se apoderaba de mis pensamientos. Algo no está bien, algo definitivamente no está bien, me dije en un susurró al tiempo que abandonaba la silla, dispuesto a ir en busca de la chica que me gustaba desde hacía mucho.
No tuve que ir muy lejos. Apenas abrí la puerta de la sala de delegados, la encontré, junto a su casillero, ¡besándose con Castiel! Permanecí paralizado y con la boca abierta hasta que se dieron un segundo beso y se dirigieron de la mano hacia la cafetería. Entonces sentí que algo se había hecho mil pedazos en mi interior, provocando un estrépito que sólo yo podía oír. Crucé los brazos y me apoyé en el marco de la puerta, tratando de asimilar lo que veían mis ojos. ¿Por qué, ¿por qué?, ¿por qué? Melody, por favor, dime por qué.
Y esa es, más o menos, la crónica del desastre. Casi no había pegado ojo en toda la noche intentando comprender lo que había sucedido y mentiría si digo que no tenía unas ganas casi incontrolables de matar a Castiel. ¿Cómo pudo pasar esto? Hace sólo unos días Melody y el pelirrojo ni se dirigían la palabra, pero ahora ¡eran la pareja de año! Todo el mundo hablaba de ellos y su increíble noviazgo. Lo peor de todo era la tristeza que se rehusaba abandonarme desde que los encontré juntos; si tan solo pudiera hacer algo para que se esfumara.
Para colmo la directora me pidió que organizara y archivara el papeleo de la estúpida convivencia de la semana pasada. Rayos, era el colmo que tuviera que encargarme de eso si ni siquiera había ido. En mi opinión era mejor permanecer en casa repasando para los exámenes que en una inútil actividad extraescolar.
Ya había pasado una media hora desde que sonó el timbre de salida y no estaba ni cerca de terminar el odioso encargo, cuando alguien entró sin tocar la puerta. ¿Acaso no conocía las más elementales normas de urbanidad que indicaban que uno debía anunciarse antes de entrar a la sala de delegados?
-Hola, ¿todo bien por estos lares?
Era… era… Scarlet. Habíamos hablado un par de veces poco después de que ingresara al instituto hace más o menos un año. A decir verdad nos peleamos y nunca más volvimos a dirigirnos la palabra a menos que fuera absolutamente necesario. No me importó lo más mínimo. Ella se hizo muy amiga de Castiel, el rockero irresponsable, y su comportamiento, al igual que el de este último, siempre dejaba que desear; para nada era la clase de persona con la que podría llevarme bien. Y ahora estaba frente a mí, con ese rebelde pelo rojo que le llegaba a la cintura y vestida como si acabara de salir de un gran jolgorio o algo así. Me mordí el labio para evitar dirigirle algunas palabras de atención y recordarle que estábamos en una institución educativa seria. Francamente no estaba de humor para tratar con alumnos problemáticos y esperaba que sea lo que sea que quisiera se solucionara lo más rápido posible.
-¿Puedo ayudarte en algo? –le respondí con una sonrisa forzada y sin levantarme de la silla donde me encontraba.
-Tan amable como siempre delegado Nathaniel –contestó con un tono burlón que hizo que arqueara una ceja, ¿acaso había notado que estaba fingiendo cortesía?
Acto seguido, se puso a hurguetear con aire distraído los estantes que contenían los archivos personales de cada estudiante.
-Oye, para. Eso es confidencial –le dije todavía intentado sonar amable.
-Pues no debería, lo justo es que todos sepamos qué es lo que piensan los profesores de nosotros, ¿qué tendría eso de malo?
Buen punto, pero de ninguna manera iba a darle la razón.
-Lo siento, las reglas dicen que es confidencial, no hay nada que se pueda hacer.
-Siempre las reglas ante todo, no has cambiado nada Nathaniel –repuso con una sonrisa de suficiencia.
¿Así que las reglas, eh? Seguro todavía recordaba que estas últimas habían sido el motivo de que peleáramos ni bien nos conocimos. Vaya cosa, yo tampoco lo había olvidado, pero no era ni el lugar ni el momento para compartir recuerdos desagradables.
-Disculpa, en serio estoy muy ocupado, si lo que necesitas no es muy urgente, ¿no te importaría regresar otro día? –dije dispuesto a terminar la conversación.
-No, debemos hablar ahora, no hay tiempo que perder. Cada día que pasa ellos se harán más y más cercanos a menos que hagamos algo.
Esta vez retiré la vista de los papeles que tenía sobre el mesón y por primera desde que entró a la sala de delegados, presté a Scarlet toda mi atención. Se había alejado de los estantes y permanecía parada frente a mí, con los brazos cruzados y mirándome directamente a los ojos.
-¿De qué estás hablando? No entiendo –respondí confuso.
-De Castiel y Melody, por supuesto, es lo único que tenemos en común.
-¿Perdón?
-Mira Nathaniel, no es mi estilo ir por las ramas, así que iré directamente al grano. A mí me gusta Castiel y a ti Melody, pero por circunstancias que todavía no entiendo por completo, ellos dos se han convertido en pareja. Naturalmente, pensé que tú y yo podríamos unir fuerzas para intentar hacer algo al respecto. ¿Qué opinas?
Me quedé en silencio por unos segundos hasta que noté que empezaba a ruborizarme.
-Pero ¿qué dices? Melody y yo… vamos, eso…eso no te incumbe.
-No intentes ocultarlo, se nota a la legua que esa niñata estirada te gusta –afirmó sin la menor duda.
-¡No la llames así!
-Viste, confirmado, te gusta.
-Bueno, bueno. Sí y qué –la impertinencia de Scarlet empezaba a molestarme en serio, no era de extrañar que le gustará el odioso de Castiel, eran tal para cual, con una capacidad inconcebible para ponerme de mal genio.
-Y sólo por curiosidad –me cuestionó–, ¿fuiste a la convivencia del instituto?
-No, ¿por qué? –no entendía a qué venía la pregunta.
-Me lo imaginaba. En fin, debemos empezar a planificar nuestros próximos pasos.
-¿Debemos? ¿En plural? Lo siento, pero no creo haber aceptado sabotear ninguna relación –le respondí cortante y regresé mi atención al papeleo de la convivencia. Se había acabado el chico amable, una pena por ti Scarlet.
-Vamos, no me digas que piensas quedarte sin hacer nada, excepto regodearte en tu miseria –insistió ella.
-Tal vez no quiero hacer el ridículo intentado causar problemas sólo por sufrir de una inmadurez crónica –insistí yo sin levantar la vista del mesón. A lo mejor Scarlet se iría si la ignoraba.
-O quizá te has resignado a perder con Castiel, rubito –aseguró con una sonrisa burlona que parecía una copia al carbón de la del pelirrojo.
Eso fue demasiado, me levanté de la silla para enfrentar a Scarlet y decirle un par de cosas sobre su adorado patán.
-¡Suficiente! ¿Acaso eres una cría o qué? ¿Perder con Castiel? Eso es imposible. Si Melody está con él es sólo por un capricho pasajero. Estoy seguro de que ese idiota la engañó de alguna manera, pero cuando ella se dé cuenta de la verdad y lo poco que vale el chico con quien está, lo dejará. Es cuestión de tiempo, nada más.
-¿Me llamas cría a mí? Me parece que el crío ¡eres tú! –Espetó apuntándome con el dedo–. Esperando que las cosas se resuelvan solas por milagro, sin hacer absolutamente nada. Y lo mismo que dijiste de Castiel, lo aplicó a Melody. Ella lo engatusó a él con esa actuación de chica inocente que no convence a nadie.
Y entonces sucedió, ¡al fin alguien había logrado sacarme por completo de mis casillas! Si Scarlet quería discutir, pues que así fuera.
-¡Ya te dije! Sea como sea, sólo es un capricho momentáneo. Castiel y Melody son muy diferentes uno del otro, no tienen nada en común, no van a durar, son como agua…
-Y aceite –Scarlet concluyó la frase–. Es verdad, pero tú los viste ayer, se veían tan…tan encariñados, ¿cuánto tiempo puede perseverar un capricho hasta convertirse en amor? Si nadie hace que entiendan lo distintos que son, si nadie hace que recapaciten en las diferencias insalvables, si nadie los ayuda a comprender que su relación no tiene posibilidades…
-Se enamoraran de verdad –continúe yo. No había pensado en esa posibilidad y por un segundo sentí una punzada de tristeza y ¿pánico?
-Exacto. Y puede que rompan de todas maneras, pero para eso pasará mucho, mucho tiempo –prosiguió Scarlet- Además, tanto Castiel como Melody saldrán heridos y no creo que estén dispuestos a empezar una nueva relación de inmediato. ¿Realmente quieres que tu princesa pase por una experiencia así? –terminó sonando tan satisfecha como si acabara de revelarme los secretos del universo en unas pocas palabras.
-No, por supuesto que no quiero que Castiel la lastime, pero…
-Pero nada, tenemos que actuar ya, ¿comprendes? –aseveró la pelirroja al tiempo que golpeaba la mesa con las palmas de las manos para darle mayor énfasis a sus palabras– El tiempo está corriendo.
No podía creerlo, pero el hecho era que me había convencido. Jamás podría permitir que Melody sufriera por culpa del idiota de Castiel y, al fin y al cabo, hacer algo en lugar de esperar podría ser la solución a todo este embrollo.
-De acuerdo –suspiré–. Uniremos fuerzas, pero con una condición.
-¿Cuál? –me preguntó Scarlet con suspicacia. Quizá temía que pudiera entorpecer sus planes y si así era, no le quedaría más remedio que aguantarse, no pensaba tener consideraciones con ella.
-Intentaremos separar a Melody y Castiel sólo hasta el Día de San Valentín. Pasado ese tiempo, no haremos nada más. ¿Te parece bien?
Creí que lo razonable sería intentar recuperar a Melody hasta el día que había elegido para confesarme. Pasado ese tiempo y si no ocurría nada favorable, me resignaría y aceptaría que me habían roto el corazón. Eso dejaba veintinueve días para tratar de arreglar las cosas a nuestro favor. Supuse que la inmadura de Scarlet haría un escándalo por este límite de tiempo, pero en lugar de eso me sorprendió con una respuesta bastante cortés, aunque no la entendí del todo.
-¿San Valentín? Es el mismo día del concierto. Qué coincidencia. Me parece perfecto acabar para entonces. Es un trato.
Y diciendo esto me tendió la mano para que se la estrechara. No sé muy bien por qué, quizás a causa de su vestimenta y color de cabello, junto con la sonrisa que reflejaba seguridad y esos ojos sorprendentemente azules, pero el caso es que por un instante me vino a la mente la idea de que estaba haciendo un trato con el mismísimo diablo, o más bien con un demonio que me susurraba pensamientos maléficos al oído y con el que tenía que pactar si quería recuperar a la chica que me gusta, como una especie de prueba o algo así.
++++ Y aquí acaba este capítulo, espero lo hayas disfrutado. En lo personal siento mucha pena por Nath y Scarlet, se esforzaron mucho en organizar su cita soñada...
Cualquier comentario, crítica o sugerencia será bien recibido, subiré pronto el siguiente capítulo.
Y muchísimas gracias por sus reviews, de verdad me animan a seguir escribiendo.
