Hola, acá les entrego la continuación de este fic. Espero que sea de su agrado y nos veamos en el siguiente capítulo.

Especialmente antes de continuar me gustaría agradecer a mi bella B.S Syndrome por el hermoso review que me dejó; a Aelita93, Maldita Pelirroja, Ayra16, y por último pero no menos importante; a Snaluck.

Severus's Lady


Capítulo 03: Anillos de oro y plata.

Tres horas antes, Hermione había recibido la rigurosa visita de su amiga Ginebra Weasly. La chica quería planificar la boda, sin embargo Hermione se rehusaba en demasía; y tocar el tema significaba para ella una fuerte discusión.

Volvía a estar acostada, la sola idea de tener algún tipo de relación con quien fuera su profesor, y con quien siempre la odiase; no era fácil. Imaginarse teniendo hijos con Snape, compartir un hogar, una habitación, un modo de vida; no era para nada atractivo.

Fuera como fuera, ambos se veían en una situación crítica. Estaban imposibilitados para la toma de decisiones y por sobretodo, imposibilitados para tratar de encontrar una solución diferente. De cierta manera, comprendía su reacción, desmedida, pero reacción al fin.

Miró a su lado, en la mesita de noche de su habitación; seguía un intento fallido de carta para Ron. Quería ser ella quién le explicase que sería a partir de unas semanas, sin embargo no encontraba valor para destruir ilusiones, no como se las habían destruido a ella. Miró hacia el techo, suponía que debía hacerlo de todas formas; nada iba a cambiar si lo escribía de forma linda; volvió a tomar el pergamino y su pluma, y comenzó a dictarle lo iba a contener.

- Lo siento mucho Ron- fue lo último que agregó, aunque, quería agregar más cosas.


- Es la segunda vez que te pido que anules todo esto- contrariado, Snape trataba de convencer a Dumbledore; pero fuerzas, no tenía.

- Quiero que trates de calmarte y lo pienses, es la oportunidad perfecta para salvarte; no es un acto imposible, es sólo vivir unos meses o más con Hermione.

- Prefiero los castigos del- se contuvo cuando Voldemort se formó en sus labios- del señor tenebroso; al menos, son soportables.

- Tú ex amo te ha tratado tan bien, que te ha dejado con una marca quizás de por vida- suspiró Dumbledore.

Él no era mi amo.

- ¿Aún lo piensas?, ¿Aún piensas que no era tu amo y señor?, yo creía que así lo tomaban.

Golpe bajo, y muy acertado.

- Para mí no lo era- Snape se aclaró la garganta, como si esperara recibir algún tipo de castigo al decir algo así.

- Y aún te asusta decir eso- Dumbledore lo miraba a través de sus anteojos, la respuesta de Snape fue clara, enojarse.

- ¡De todas formas, no pretendo casarme con la señorita Granger! ¡Ella y yo no tenemos nada en común, como para decirse que tendríamos alguna oportunidad; mucho menos yo deseo casarme!

- Severus, Severus- dijo Dumbledore negando con la cabeza, Snape no le hizo caso- Salvarás la vida de ella, no sólo la tuya. Al menos eso debería servirte.

- Si lo que quieres es salvarla, cásala con otra persona- Snape volvía a la carga- Ya sabes lo que pienso sobre eso, y no me harás repetirlo; no tengo fuerzas para hacerlo.

Fuerzas, ultimadamente eso era lo que faltaba en el mundo. La desesperanza era de un grado tal, que muchos magos y brujas comenzarían a suicidarse por su cuenta o a cometer actos en contra de su integridad personal. Por supuesto, él no iba a ser uno de ellos, no, él esperaría a que la muerte viniera y arrancara de sí su último aliento; no lo gastaría en la chica teniendo relaciones insulsas y demostraciones de cariño.


Ron caminaba de un lado a otro, la carta se encontraba en un montoncillo de basura; no quería aceptarlo, no quería ver lo que para él quizás rayaba en lo obvio.

Se iban a casar y nada, ni nadie podría detenerlo. Hermione se iría lejos, y quizás no volverían a verse por un tiempo; además, regresaría con una familia y con un esposo que lejos de ser alguien familiar para él; era alguien que no la merecía.

¿Pero que estaba pensando?, conocía a Snape; conocía su forma de ser y sabía que no duraría con Hermione más de unas pocas semanas. No importaba si tenían hijos, lo importante para él era verla a salvo; luego podría pensar en él y sus planes para con ella.

¿Pero y si se equivocaba?, ¿Y si en un universo paralelo y alternativo, Hermione y Snape terminaban felizmente casados y quisieran continuar viviendo juntos?; él seguramente moriría.

Comenzaría su carta, comenzaría diciendo que lo sentía, que lamentaba desde lo más profundo de su ser que todo girara de esa forma; trataría de controlar su ira y la transformaría en ayuda para su amiga. Si era que podía.


Snape volvió a su viejo despacho, hacía meses que no entraba, y hacía meses que no tenía la vida "plena" que había deseado, conforme a la caída de Voldemort.

Las cosas estaban sucias, maldijo interiormente a Flich el conserje; tanto tiempo de simpatía para con él, y era incapaz de limpiar el lugar en su ausencia.

¿O era que lo creía muerto? ¿Lo creían muerto? Seguramente creyeron que podían llorar hipócritamente sobre su tumba, pero no, él viviría; viviría sin esa estúpida regla del matrimonio contractual.

Acarició las telarañas sobre las pociones, recordaba una o dos. Recordaba cada vez que se sentaba frente al "trío de oro" o al menos más que todo con dos de ellos. En fin, recordaba más de lo que quería.

Por un momento evocó mentalmente a Lily Potter. No supo por que; pero su mente lo llevó a pasajes más lejanos, momentos de su vida que estaban almacenados en partes de su memoria que había desechado; momentos que habían sido de absoluta paz.

Se preguntaba que hubiera sucedido si hubiese sido Lily la del problema, se preguntaba si se hubiese casado con ella sin chistar y hubiera formado la familia que años después ella formase con Potter. Sin embargo, seguramente al final ella decidiría romper con él y correría a los brazos de James Potter, total, el sólo fue su amigo; y años después su verdugo.

Le dolió la cabeza minutos después de recordarlo, e insultó a la maldición. Jamás sería capaz de maldecir a quien fuera el culpable del hechizo, y de siquiera poder mencionarlo por su verdadero nombre. Aún tenía miedo y se odiaba por esa razón.

- ¿Profesor Snape?- dijeron desde afuera, se trataba de una mujer.

- Pase- pidió Snape sentándose con lentitud y dolor, su cuerpo no parecía tener futuro.

- Lamento mucho incomodarle- Ginny le miraba, sus ojos destellaban una lástima que en él no agradó- Necesito, necesito planificar la boda. Como sabrá, Hermione no puede valerse por si misma y- Pero no terminó, Snape se hallaba interrumpiéndola.

- Ya le dije claramente a Dumbledore que no me casaría con Granger, aún no entiendo por que seguimos hablando de esto.

- Tenía entendido que era un delito no cooperar- el rostro de Ginny se tensó notablemente, Snape frunció el ceño.

- No nos queda tanto tiempo como para vivir en la cárcel; yo no me preocuparía tanto.

Tenía que seguir, Ginny tenía que seguir, no podía permitir que Hermione muriese; así tuviera que casarla con Snape a la fuerza. Ella lo haría.

- Lo siento señor- negó con rotundidad, aunque cabía el arrepentimiento- el ministro claramente ha dicho que tienen dos semanas para planificar la boda; ni más ni menos.

¿Quién se creía?, ¿quién rayos se creía ella para dictarle ordenes?, ¿es que acaso hablaban un idioma diferente?; por que él claramente había dicho que no se casaría.

- Mire señorita Weasly- dijo y la vena de la sien comenzó a palpitarle en claro enojo- no repetiré esto dos veces; ¡No voy a casarme!, ¡Prefiero morir antes que terminar en matrimonio con la señorita Granger!

Muy duro, quizás; pero tenía que decirse.

Ginny perdió visiblemente la fuerza para continuar; tomó nerviosa entre sus manos, las esquinas de los papeles que llevaba y comenzó a doblarlos.

- No quiero que Hermione muera- dijo al parecer más para sí y sin pensarlo- Haría lo que fuera por que estuviera bien, estaría yo en su lugar de ser posible; pero al menos puedo sentirme tranquila de alguna forma, por que va a ser casada con usted.

Snape levantó la vista, claramente sorprendido con aquel comentario.

- Lo conocemos, de cierta forma; y sabemos o al menos creemos que usted no lastimaría a Hermione; al menos yo lo se.

Miles de palabras se formaron en su mente, miles de ideas que podrían conformar una respuesta. Sólo que estaba demasiado sorprendido como para siquiera hablar.

- Profesor- Ginny suspiró llena de desasosiego- por favor.

Por favor Severus, ya basta.

Parpadeó muchas veces antes de caer en cuenta sobre lo que sucedía. Examinó a la menor de los Weaslys y vio que no había duda ni arrepentimiento en ella; pero no había intensión en él.

- Lo siento señorita Weasly, no puedo hacer nada por Granger.

- Perfecto señor, buenas tardes.


- ¿Le rogaste?- exclamaba Hermione desde la cama, Ginny traía noticias- ¿Por qué hiciste eso?

- ¡Tenía que hacerlo!, ¡Tenía que intentarlo!

- Él no tiene por que casarse conmigo, no tiene por que siquiera pensar si va a hacerlo.

- ¡Pero va a salvarte!

- Él prefiere morir que casarse conmigo, yo prefiero morir que casarme con él. Así de sencillo- replicó su amiga con calma, levantándose con dificultad.

- Es un orden ministerial, sólo tienen dos semanas para conseguirlo.

- En esas dos semanas podemos empeorar y morir, quien sabe.

- Basta Hermione, por favor.

- No sé que quieres oír Ginny, no me oirás quejándome sobre lo injusto que ha sido todo esto; he nacido sangre sucia y así voy a quedarme.

Ginny se mordió el labio en claro desespero; tenía que haber una forma de consumar ese matrimonio.

- Piensa en nosotros, nos sentiremos desconsolados si te perdemos.

- Piensen en mí, y lo triste que será estar casado con el profesor Snape.

- Al menos, ve a hablar con él. Tan sólo te pido eso.

Hermione miró a Ginny, ir a hablarle era lo que menos le apetecía; pero si eso le hacía feliz, no le quedaba alternativa.

- Está bien, iré pero no prometo nada.


- ¿Entonces, tienes que casarte?- sonrió divertido el cabecera de la familia Malfoy, Lucius.

Snape asintió fastidiado, la misma pregunta en sí ya llegaba a cansarlo.

- Me imagino que has escogido al menos una esposa que esté en Slytherin.

- No he escogido ninguna esposa, el ministerio lo hizo.

Se arrepintió de inmediato de haberlo dicho.

- ¿A sí?, ¿Y quién será la afortunada que se convertirá en la famosa señora Snape?

Snape no habló, no era que había hablado de las normas del casamiento

- ¿Y bien?

- Hermione Granger- total, no se iba a casar con ella; no había problema en decirlo.

- ¿Granger?- rió el hombre en una sonora carcajada- vaya que tienes pésima suerte Snape. Es una deshonra para lo que concierne al mundo mágico; la pureza. Deberías pedir que te casen con una mujer de sangre pura.

- No puedo, está contemplado el matrimonio entre personas del mismo tipo de linaje.

- Ciertamente, mejor- dijo sin ningún tipo de lástima y con burla en sus ojos- en días como estos me alegro de que Narcisa sea mi esposa.

- Yo no voy a casarme, no tengo necesidades carnales. No como tú- Snape sonrió despectivamente.

- Creo que a Narcisa no le agradará el calificativo que le has puesto. Pero al menos ve el lado amable, al menos podrás tener sexo con ella. Dime que no lo has pensado, que no ha pasado por tu mente.

Tenía que tener un hijo, sólo sabía eso.

- No, no necesito nada de eso; es una lástima que sólo veas a Narcisa como juguete.

Los ojos de Lucius se volvieron brillantes y pequeños, reflejando las luces que emitían las llamas de la chimenea. Ondeó el vaso de vino que sostenía en sus manos, su tono de voz fue mordaz

- ¿La ves como una mujer? ¿La respetas aunque sólo sea una sangre sucia? ¿La ves como persona?

- Pues si ella no es una persona, yo tampoco; puesto que soy igual a ella.

Y sin más se echó la capa de viaje encima y se dirigió a la chimenea. Tras de sí dejaba una respuesta definitiva. Su copa de vino intacta, seguía recordándole una vez más el por qué había dejado de frecuentar a su "amigo" Lucius Malfoy.

Regresó minutos más tarde a su despacho, se sentía cansado y débil; así que se sentó en su escritorio y relajó su cabeza echándola hacia atrás. Tenía muchas cosas en que pensar y pocos deseos de hacerlo. Su magia se limitaba cada vez más y sus funciones tanto como ella; pronto dejaría de pensar con lucidez y sus sistemas dejarían de funcionar totalmente.

¿Acaso la muerte era lo único a lo que debía aspirar? ¿O se casaba con Granger y se salvaba?, por que podía luego de dejar a Hermione encinta, separarse de ella. Hermione podía irse con Weasly o con Potter y el podía volver a su soledad.

Arbitrario pero solución; una vez que tuviera al bebé, ya no tendría sentido una unión permanente, ya ella podría hacer su vida nuevamente y el acomodar la que ya tenía hecha.

- Buenas tardes profesor Snape- escuchó y no bajó la cabeza al instante, creyendo que alucinaba. Para cuando lo hizo, divisó a una pálida y alicaída Hermione. La miró sentarse con mucha lentitud.

- Buenas tardes- la miró abrir los labios y la detuvo- Ya se lo comuniqué a la señorita Weasly, no voy a casarme.

- Lo sé, es tan cerrado y engreído. Demasiado tiempo con los sangre pura.

No sólo ella lo había dicho, la sensación de deja vu fue evidente.

- ¿En verdad piensa eso de mí?- su tono fue más de curiosidad, de tristeza oculta.

- Si.

Cruel ironía, distintos ojos, mismas palabras.

- No tengo porque soportar sus sarcasmos, no es necesario que malgaste su tiempo.

- Le prometí a Ginny que vendría a hablar con usted; acá estoy, y lo haré.

- No tiene sentido, mi posición está clara. No puedo casarme con alguien a quien no amo, y no tengo intenciones de comenzar a amar.

- Perfecto, entonces agradezco su atención.

Hermione se levantó y se llevó las manos a la cabeza. Una mueca de dolor recorrió su rostro

- ¿Le sucede algo?- preguntó él detrás de ella.

- ¡Maldición!, yo no, puedo recordar; ¿vamos a casarnos?-preguntó

La chica se sostuvo con fuerza de la mesa y cerró los ojos para tratar de hallarse. Para cuando volvió a abrirlos, se encontraba en el suelo y bajo ella un líquido cálido. A su lado estaba Snape.

- ¿Qué sucedió?- dijo débilmente.

- Se desmayó, al parecer algo se reventó dentro de usted.

Hermione puso los ojos en blanco y no supo más.


- Hemos venido tan aprisa como pudimos- Dumbledore, Ginny, Ron, Harry y el ministro entraban en la enfermería.

- La maldición está muy avanzada en Hermione- murmuró Promfey con pesar- Hasta veo imposible que pueda tener hijos.

- ¿Va a morir?-preguntó Dumbledore consternado-

- No aún no, está en agonía, pero no aún.

- Parece que sólo uno de ustedes va a salvarse, hay mucha probabilidad de que la joven muera en el parto.

Snape miró a Hermione. ¿Se sentía preocupado por ella? ¿Por qué sentía impotencia al verla?

- Debemos adelantar el compromiso, se adelantará la boda de ser necesario.

El ministro hizo aparecer una pluma y una especie de pergamino que lucía como el contrato.

- Ambas partes deben firmar no en consenso sino bajo las normativas del ministerio. Pero como la joven no puede hacerlo, alguien tendrá que firmar por ella.

- ¡Pero no pueden!- exclamó Ron- él no la merece.

- Muy sabio Weasly- le espetó Snape a su vez.

- Ya lo he dicho, está contemplado en el contrato. Alguien que sea familiar o de su entera confianza debe pasar.

Pero, él no debía casarse ¿O sí?

Hubo un silencio que duró sólo unos minutos. Una mano se alzó entre los presentes.

- Yo lo haré- suspiró Harry caminando hacia el ministro, pero antes mirando a quien se convertiría en su esposo para demostrarle que no podía cometer errores con Hermione.

- El firmante se compromete a responder por agravios que puedan suscitarse con el primogénito de la pareja, así mismo, si el padrino no puede ocuparse de él; pasará a ser su responsabilidad permanente.

- ¿Agravios?, ¿Entonces importa un bledo lo que suceda con los padres? ¿Sólo el bebé?

- Tratamos de aumentar la población mágica, damos casi por sentado que los progenitores morirán.

Snape se quedó ausente, con esas palabras terminó de afirmar que en el ministerio tenían poco tacto y que estaba liderado por una gran cantidad de ineptos.

Harry leyó el pergamino con atención; sus amigos estaban helados sin creerse lo que sucedía en ese momento. Al igual que cuando lo vieron firmar; el pergamino hizo una especie de explosión y quedó sellado su nombre.

- Ahora debe firmar usted- señaló a Snape y le cedió el pergamino.

Iba a casarse, aún podía negarse; podía enfrentar la cárcel. Igual, iba a morir tarde o temprano.

Miró hacia Hermione por unos instantes, su mente se concentró en sus palabras, se concentró en recordar a Lily, en que su imagen mental se veía en ella; algo muy difícil de superar.

- Lo estamos esperando señor Snape, debe firmar.

Tomó la pluma y la colocó sobre el pergamino, sus manos estaban tensas y su mente maquinaba muchas cosas, apenas se concentró en escribir.

Con otra pequeña explosión el contrato se disolvió, en su lugar quedaron dos anillos; un anillo de oro y un anillo de plata.

- El anillo de oro representa a la chica proveniente de la casa Gryffindor, y el anillo de plata lo representa a usted que proviene de la casa Slytherin. Los anillos aparte de unirlos en matrimonio próximamente, deben ser usados el tiempo que dure el casamiento.

Ginny tomó el anillo de oro de la pequeña bandeja, y se acercó a Hermione. Su semblante triste denotaba su preocupación por lo que sucedía.

Tomó la mano de Hermione y sonrió con pesar.

- Lamento que no lo vieras- dijo mientras introducía el anillo en su dedo- y lástima que no fue tan romántico como la boda que siempre soñaste.

Al terminar se separó de ella, Snape observó el anillo de plata que reposaba sobre la bandeja. No tenía opción y por unos breves instantes comenzó a odiar a sus padres. Se colocó el anillo.

- Ahora debe tomar la mano de la joven- pidió el ministro, Snape le lanzó una mirada asesina antes de obedecer.

En cuanto lo hizo dos lazos rojos brotaron de los anillos y se ataron en sus muñecas, luego desaparecieron sin mayor ruido.

- El contrato está sellado, sólo falta casarlos.

TBC

No crean que voy muy rápido; apenas ellos han firmado el contrato con el cual se aspira que se casen. Puede estar sujeto a muertes, o simplemente a un renuncie de sus obligaciones y terminar en Azkaban. Igual, espero les guste; saludos y besos.