Hey, he venido de nuevo a invadir por unos minutos la pantalla de su ordenador xD Muchas gracias por tomarse el tiempo para leer esto :D
Tyligranger: Gracias por apreciar mis escritos, es muy importante saber que creas esta historia prometedora :D Espero te guste también este cap! :D
Disclaimer: Los personajes y locaciones conocidos en el mundo Potteriano pertenecen a la escritora J.K. Rowling, solo la trama es mía.
Ahora sí, que lo disfruten! 3
Chapter 3: Entre marcas.
Que nadie recordara nada sobre lo ocurrido en la tienda de Madame Malkin, todavía se le hacía raro, no podía salir aun de su asombro, su mascota realmente tenía habilidades útiles y por lo visto le había entendido, porque él mismo había pensado en cuanto reaccionó, en aplicar un 'obliviati', pero por miedo a que algo saliera mal, desistió, y fue allí cuando su quiper lo hiso por él, de una forma bastante efectiva de hecho, un trabajo totalmente limpio, sin embargo, lo que más le hacía sentir extraño, era que de alguna forma u otra, podía leer pensamientos racionales provenientes de Kenina, tan raro era, que con los siguientes días, hasta llegar al presente, había comprobado que el animal no era legeremante, sino que percibía las emociones de su amo y actuaba según estas, pero que sí era capaz de comunicarse con él a través de pensamientos bien estructurados, aunque con la simpleza de expresión de un niño muggle de unos seis años.
Cuando se despidió de Narcisa y entró al último vagón del tren que aguardaba en el andén 9 y ¾, que había sido el asignado especialmente para los del séptimo de ese año, se sintió aliviado, aunque también algo irritado, por tener que soportar los gritos de Hagrid, señalando a todos, los vagones que debían usar, también era extraño, porque en sus años en Hogwarts, nunca había tenido que presenciar como el semi-gigante los organizaba a todos por cursos, ya que, este nunca estaba allí para irse con los alumnos al Colegio; lo único que lo molestaba y lo relajaba en medidas iguales, era ver que todos trataban de alejarse de su paso, dejándolo escoger un compartimiento primero, sí, todos excepto por el trío dorado y sus acompañantes, quienes simplemente pasaron mirándolo con los ceños medio fruncidos, como esperando que este los atacara, pero sorprendiéndose de ver que por el contrario, los ignoraba campalmente para dirigirse a la última puerta, entrando en el espacio vacío y con Theodore pisándole los talones, tratando de borrar de su mente las estúpidas quejas mentales de los Gyffindors y los raros pensamientos de Luna, que solo hablaban de la pronta temporada de torposolos, se sentó tratando de relajarse, sacó su varita y aplicó un 'muffliato' en la puerta del compartimiento para que nadie escuchara la conversación que en ese momento quería tener con Theodore, ni como llamaba a Kenina, para que saliera de la gema del anillo.
–Así que lunática Lovegood…- Nott lo miró con el ceño medio fruncido y una ceja medio alzada diciéndole a través de sus propios pensamientos: "¿Es tan difícil llamarla por su nombre? Al menos respeta que estás frente a tu amigo, al que le gusta la chica de la que te estás mofando", el rubio bufó divertido y poniendo los ojos en blanco y alzó las manos dándose por inocente, como si eso lo arreglara todo –Está bien, está bien… Luna… Te gusta y… ¿Qué vas a hacer?- el aludido bajó la mirada sin saber qué responder, ni siquiera sabía que pensar, Draco sonrió sardónico y ladinamente –Estás enamorado de una chica que, aunque no quieras que lo diga, es rara y ni siquiera sabes cómo hacer para acercarte a ella… Viejo… Estás perdido…- su semblante se volvió serio –A demás, tú ya sabes que tendrás que cumplir con esa estúpida ley de repoblación y todo lo demás, así que debes buscar una chica con quien comprometerte…- el castaño lo miró de vuelta, sintiendo una sutil opresión en su pecho, Kenina saltó del regazo de Malfoy, hecha una conejita azul zafiro, que se acomodaba en las piernas del otro chico y le transmitía calma, rápidamente se sintió recuperado.
–Quizá tengas razón en eso, pero… Quiero poder acercarme a ella, así, si logro hacerla considerarme buen compañero de vida, podré hacer que me acepte a su lado… Sino, solo dejaré que el Ministerio me asigne a alguien…- los grises ojos se abrieron en sorpresa, Malfoy abrió la boca queriendo decir algo, pero no supo qué y la cerró de nuevo, las mejillas extremadamente rojas del castaño parecían a punto de sangrar, este tomó a la quiper y la dejó con cuidado en el asiento, a su lado, se puso de pie.
–Creo… Bueno, voy a tomar algo de aire, buscaré a la señora del carrito y traeré golosinas- balbuceó con torpeza su tonta excusa, para luego salir con extrema rapidez, dejando la puerta medio abierta, y rompiendo sin querer el hechizo que estaba sobre esta, sin darse cuenta, en medio de su paso azorado, de que una chica de Gryffindor corría por el pasillo, pasándole por un lado, entonces encontró a la mujer del carrito y se dispuso a comprar dulces y dar varias vueltas por el vagón, mientras a su vez, observaba a cierta rubia, que robaba su atención cada que pasaba por la puerta del compartimiento en que ella estaba con su grupo de amigos.
La puerta se abrió y cerró de golpe y le provocó un respingo, sorprendido de ver como la castaña se echaba boca abajo sobre el asiento frente al suyo y lloraba entre jadeos y hipidos, vio todavía atónito cuando ella se puso medio de espaldas a él, estirando su brazo derecho y con su varita en mano encantaba la puerta con un 'colloportus', cerrándola desde dentro para evitar el paso a terceros, un 'muffliato' para que nadie la escuchara y otro hechizo que no alcanzó a escuchar, para que el vidrio de la puerta solo permitiera ver de dentro hacia afuera, la observó llorar por unos minutos, sintiendo como su sorpresa desaparecía y la incomodidad la sustituía, al mismo tiempo que escuchaba de los pensamientos de la Gryffindor: "Oh, Merlín… Ni siquiera he podido decirles nada… Ellos ni siquiera me recuerdan… Es como si no tuviera padres y ahora con esa maldita ley… Cuando llegue a casarme no podré verlos allí, al menos apoyándome… Por Morgana, necesito hacer algo ¿Pero qué?".
Se sentía incómodo y algo aturdido, más de una vez la había hecho llorar, pero siempre era porque sus insultos calaban en, quizá, su orgullo y parte de su amor propio, no era la primera vez que la veía hacerlo, pues en el primer año de colegio había derramado unas cuantas lágrimas a causa de sus incesantes burlas, sin embargo, era la primera vez que la observaba sollozar tan amargamente, destilando dolor, impotencia, miedo.
Llevaba días en una constante lucha interna entre los prejuicios que se acuñaban a su consciencia, tan asidos a su fibra que le oprimían insistiendo en prevalecer, en un último intento de seguir existiendo en su ser, pero sabía que de ellos solo quedaban vestigios maltrechos, ya no sentía asco hacia los muggles, tampoco hacia los sangre-sucias, no era un amante de estos, pero sí podía admitirse a sí mismo sin sentir remordimientos, que aunque no terminara de considerarlos como iguales, sí tenían derecho a ser tratados como seres humanos y no como basura, el hecho de tener a una impura vulnerable, sola y deprimida, tan cerca, sin que le vinieran arcadas o sintiera que debía alejarla de su presencia con absoluta urgencia, era un claro ejemplo. Sí, definitivamente, él, Draco Lucius Malfoy, ya no odiaba a los impuros, aunque justamente esa que tenía al frente le cayera bastante mal, pero no por su estatus de sangre, sino por ser siempre una sabelotodo insufrible, después de todo, ya parte de su hastío respecto a Granger había desaparecido, un ahogado gemido lo sacó de sus cavilaciones, la miró de nuevo y la descubrió medio acurrucada sobre el asiento que ocupaba, respirando pesada y entrecortadamente, con el pecho convulsionándosele a causa del llanto, sabía que su mascota la había percibido antes que entrara al compartimiento, eso explicaba por qué se había arrojado al suelo apenas salió Theo, vió como el animal se subía en el asiento y le miraba con sus enormes ojos negros y brillantes, transformada en una versión zafiro de sí mismo cuando Crouch hijo lo convirtió en hurón años atrás, frunció el ceño enojado por eso, pero entendió que el brillo en los orbes negros de Kenina suplicaban que no fuera malo con la chica, bufó por lo bajo.
–Ehem…- se aclaró la garganta para hacerle notar su presencia y entonces, sobresaltada, se levantó quedando casi sentada en el asiento, con los ojos muy abiertos y una expresión que delataba que la había asustado, sus ojos velados por las lágrimas, pero que de inmediato su expresión se volvió de rabia, a la defensiva, él alzó una ceja con estoicismo, leyendo claramente los "¿qué hace aquí?", "¿por qué de todos me tengo que encontrar con él?", "ni siquiera ahora puedo tener paz…", puso los ojos en blanco e ignoró su irritación para acariciar a Kenina, que había saltado a su regazo en cuando sintió que la chica se alteraba rápidamente, como si se erizara cual gato, pareciendo la perfecta aprendiz de Crookshanks, Hermione con el ceño fuertemente fruncido, se levantó sacando su varita contra el Slytherin, que se quedó inmóvil, observándola con las facciones endurecidas y muy seriamente.
–Bájala Granger- demandó, pero un 'expelliarmus' la desarmó de inmediato, la quiper se había transformado en un pequeño león de gran melena, invocando el hechizo mientras aplicaba en su pequeño cuerpo la metamorfosis y Draco sonrió de medio lado, todavía sentado con pose elegante, mientras el arma mágica de Hermione iba a dar al hocico de la mascota de Malfoy, la quiper ni siquiera se había molestado en quitarse de las piernas cruzadas del rubio.
– ¡Devuélvemela ahora sucia serpiente!- gritó con voz aguda, más de lo que hubiera deseado, entonces Kenina gruñó de nuevo y el ojigris tendió la mano a su mascota para quitarle la varita.
–Granger… En tu situación, creo que deberías ser más cortés…- pero no obtuvo respuesta audible, aunque en pensamientos sí, con un "Dios… ¿Ahora que hago?", lo cual en cierta forma le causó repulsión ante la expresión, le parecía absurda, no tanto por ese tono tan muggle que la chica había empleado, sino porque desde que tenía unos cuatro años, había dejado de creer que existiera un Dios, pero no lo demostró, sino que leyó un "maldito hurón… habría preferido pelearme con Zabini que tener que verte la cara", el ceño del Slytherin se frunció, apretó los labios en una mueca de molestia –Si tanto te molesta estar en mi presencia.. Es mejor que te largues sangre-sucia… -espetó como si realmente ese descalificativo fuera en que quisiera usar, sabiendo que su mejor arma contra la chica era comportarse como siempre, para que en ningún momento notara los estragos que la guerra había hecho en su persona –Y para que lo entiendas… No tengo ninguna intención de pelear contigo, sinceramente, es una suerte para ti no haberte encontrado con alguien como Zabini…- la castaña, como todo una leona frunció el ceño con fuerza y dio un pisotón al suelo del tren hacia adelante, inclinándose hacia Draco.
– ¡Suerte habría tenido de no encontrarte aquí! ¡Y para ser sincera, la compañía de Zabini me parecería el paraíso a cambio de no tener que verte la cara asqueroso hurón!- gritó furiosa, al mismo tiempo que fuera del compartimiento, algunos chicos se movían de un lugar a otro, unos buscando a sus amigos, otros a la señora de las golosinas, otros simplemente matando el tiempo, sin percatarse ninguno de lo que sucedía allí dentro, por dos razones, no podía escucharse nada provenir de allí y nadie se acercaba al último de los espacios, pues sabían qué Slytherin lo ocupaba, aunque ignoraban que este estuviera en compañía de la Gryffindor.
–Vaya que tu inteligencia solo queda para los libros, Granger… La chica lista todavía no entiende…- respondió casi escupiendo las palabras y poniéndose de pie, haciéndola retroceder – Qué leoncita tan ingenua… Los últimos compartimientos son ocupados de lado a lado por Slytherins, tonta… Si hubieras entrado al de alguna de las chicas de mi casa, te habrían sacado a patadas, otras hasta se habrían burlado de ti, si hubieras entrado a cualquiera de los que ocupan mis compañeros, probablemente te habrían hecho lo mismo en la mayoría de los casos- dio otro paso más hacia ella, con los ojos tornándose azul grisáceo, tan oscuros como un zafiro, Hermione se estremeció, pero no volvió a retroceder, se había quedad paralizada al ver el cambio en las orbes glaciales que observaban directamente las suyas, quedando ambos más cerca, se había asustado al ver el cambio de color de ojos del chico, más aún cuando notó que estos se escarchaban con cierto brillo visceral.
–Pero si te hubieras encontrado con alguien como Zabini…- los labios de Draco se curvaron en una oscura sonrisa –Nadie te habría salvado de ser su juguete… Piénsalo bien Granger, se lógica, cuando llegaste, aplicaste tres encantamientos con los que aislaste este espacio por completo, podrían haberte matado, golpeado, herido, torturado… Y nadie se habría dado cuenta, porque fuiste tan estúpida de entrar y bloquear todo paso de personas, también de visión y sonidos que vinieran de este lugar, sin asegurarte de que estuviera vacío, de haberlo querido, habría podido incluso asesinarte y tus amiguitos solo habrían hallado tu cuerpo, si es que acaso no lo incineraba luego, aunque en el caso de Blaise… Estoy seguro de que él te habría aplicado un 'desmaius' y habría aprovechado tu momentánea debilidad para hacer lo que se le antojara con tu cuerpo… Por el contrario, a pesar de que te parezca una mierda de persona, soy quizá la mejor opción de Slytherin que te has podido topar, niña idiota…- la piel de la Gryffindor lucía extremadamente pálida, como si fuera a desmayarse, "tiene razón… al menos él no sería capaz de ponerme una mano encima por ser una sangre-sucia", pensó, Kenina se había subido en el hombro del rubio a penas este hiso amago de levantarse, la quiper hiso algo que él no habría esperado, se echó sobre el pecho de la chica, empujándola lo suficientemente fuerte, como para hacerla caer de sentón sobre el asiento, transformándose en un gato idéntico al de la Gryffindor a excepción de su pelaje azul zafiro. "No pelees amo" pidió la mascota en un pensamiento.
–Vaya… Qué aburrido…- dijo con voz monocorde, tomando asiento al mismo tiempo que la castaña, sorprendida, trataba de sacarse al animal de encima, el cual se aferró a su sweater con sus garritas, casi rasgándoselo, por lo que tuvo que desistir para no quedar semi-desnuda en ese lugar, un escalofrío recorrió su columna al interpretar las palabras del, ahora, ojiazul y contemplar el frío brillo glacial en las irises del chico, "¿Qué le pasó a sus ojos?" y "no sabía que podían ser tan profundos", alcanzó a leer él, entonces le sonrió sardónico, una vocecita dulce y un tanto infantil, como de niña, se atravesó en su mente "Amo su brazo, mira su brazo", por reflejo vió a Kenina, transformada de nuevo en una titi, peleando con la castaña por levantarle la manga derecha de la ropa muggle que llevaba puesta, suspiró, se irguió, se agachó y sin que la fuerza de la chica bastara, tomó el antebrazo femenino con firmeza, mientras con la otra mano lo descubría y esta enojada trataba de golpearlo, pero era retenida su mano por la quiper transformada en orangután, quien se aferraba ahora de su muñeca surda y le hacía 'ojitos de cachorro', influyendo en la bruja, que repentinamente se sintió calmada, "¿Cómo hiso eso?" se preguntó al notar a la monita azul del otro lado del asiento.
–Puede aparecer y desaparecer… Donde le plazca…- respondió sin realmente saber si la chica había inquirido en voz alta o mentalmente, estaba demasiado concentrado en la marca que afeaba la piel de la Gryffindor, el ambiente entre ambos se sentía tenso, pero extrañamente cómodo, posiblemente ese misterioso animal tuviera que ver en eso, conjeturó la leona, observó su antebrazo derecho, sintiendo que quería apartarlo, no quería que nadie lo viera, mucho menos él, un ex mortífago, un desertor, un chico demasiado frío e insensible para ser bueno, pero muy blando para ser malo, un punto gris entre el negro y el blanco.
–Ya veo…- dijo con rostro serio, observando la marca que, en una espacie de gruesa línea punteada, se extendía por la piel blanca, creando la palabra: "Maldita". El rubio se estremeció con solo verla y sintió que su mascota le decía: "Repárala amo, puedes hacerlo… por favor", con su vocecita suplicante, posó sus ojos en el rostro receloso de la chica, mientras estos volvían a ser grises, entonces escuchó un "¿Qué demonios…?" en su mente, que provenía de la bruja, ciertamente, antes necesitaba ver a los ojos a las personas para leer sus psiques, pero, desde que Kenina había llegado a su lado, su poder se había incrementado, a tal grado, que podía manipularlo a su antojo, "sus ojos…", volvió a oír, entonces se preguntó, ¿Qué coño tenían de raro si siempre habían sido así?, exasperado, alzó una de sus rubias cejas, la castaña no podía apartar la mirada de los irises contrarios y el Slytherin se había hartado de ello.
–Deja de mirarme así, Granger…- demandó con incomodidad –Y ¿Podrías decirme qué demonios tienen mis ojos de interesantes para que te quedes mirándomelos de esa forma?- "¿Es que no se dio cuenta de que fueron azules por unos momentos?", él los abrió de más por un instante, sorprendido, pero luego volvió a entrecerrarlos, medio frunció el ceño y agachó la cabeza para concentrarse de nuevo en el brazo de la Gryffindor; la bruja estaba como paralizada, limitándose a ver como Draco se concentraba, se sentía asustada y no dejaba de preguntarse qué pasaría, pero a su vez, se hallaba tranquila, por la influencia de Kenina, lo cual aturdía al pálido joven que trataba de ignorar lo pensamientos de la chica, pero no los bloqueaba por temor a que sin darse cuenta, la lastimara y sus pensamientos, que eran más rápidos que sus palabras, no llegaran a él, tomó aire con fuerza, sabía que no era el encantamiento adecuado, que lo más probable era que por tratarse de piel humana y no un objeto fracasara, pero no podía pensar en uno mejor, si funcionaba no la desaparecería por completo, pero al menos si se borraría casi entera a causa del poder empleado.
–'Deletrius…'- susurró con firmeza, sus irises volvieron a tornarse azules, Kenina volvió a la piedra para brindar poder a su amo y este, por unos momentos, resistió la sensación de quemazón que el anillo le causó. Sorprendentemente, la marca desapareció por entero, el encantamiento funcionó sin causar daño alguno a la Gryffindor; cuando estuvo hecho, una sorprendida Hermione dejó salir unas lágrimas escurridizas, que no sabía definir si eran de felicidad o terror, estaba conmocionada, en ese momento, un intenso ardor en el omoplato derecho masculino lo hiso arrodillarse, ahogar un doloroso grito y apoyar la frente en las rodillas de la joven, mientras con su mano izquierda trataba de alcanzar la zona, cortando el momento de confusión y euforia; la castaña realmente se asustó al verlo así.
-¡Malfoy! ¡Malfoy! ¿Qué sucede?- quería ayudarlo, pero no sabía como, comenzó a desesperarse -¡Malfoy dime algo!- gritó horrorizada, en un impulso, ella lo empujó de los hombros, y se arrodillo frente a él, entre las piernas masculinas, hiso fuerza para retirar el brazo izquierdo que se atravesaba por el torso del rubio y le abrió la camisa a tirones, haciendo saltar los botones por doquier, trató de quitársela y él le ayudó dejándose hacer, la bruja, aterrada por no saber cómo actuar, lo haló hacia si misma, cuando la rubia cabeza de Draco estuvo de frente, acomodada en su pecho, se agazapó casi sobre esta, para ver hacia la espalda pálida del joven Malfoy, sintió como el alma se le iba hasta los pies en cuanto vió, como lentamente, se iba grabando como si le estuvieran tatuando con un fierro ardiente, la M mayúscula con la imponente, delicada y elegante caligrafía del escudo de los Malfoy, con unas líneas que formaban un dragón enroscado en el primer "mástil" de la letra en cuestión, después, en líneas más finas que se dibujaban quemándolo, se formaban enredaderas que colmaban el fondo, dándole forma del escudo de su linaje, para luego grabarse, entre los gritos que el rubio ahogaba mordiéndose el interior del labio hasta sangrar, hacia la cola del costado derecho de esa letra, una diminuta K minúscula, con el mismo estilo caligráfico de la M, en definitiva esa era realmente la insignia de la familia sangre-pura, pero no como lo era originalmente, sino que ahora se mostraba con toques que aludían a su nuevo representante.
El dolor cesó lentamente y quedó con la respiración entrecortada y extremadamente acelerada, se abrazó inconscientemente al cuerpo contrario, temblando de forma incontenible, necesitaba sostenerse de algo, sentía que le faltaba poco para desmayarse, todavía no se había recuperado, Hermione dejó reposar sus manos en los hombros masculinos, notando lo fuertes que se sentían al contacto, Kenina apareció de nuevo a su lado, hecha un perro labrador, que lamía sobre la marca recién hecha, retirando con su saliva, la apariencia de quemadura en carne viva y dejando trazos de líneas de la M y la K de un azul grisáceo muy oscuro, así como el color que sus ojos poseían en aquel momento y las enredaderas en un color gris platinado, que resaltaba con un brillo parecido a los rayos de luna, el dragón de un azul grisáceo muy claro, tanto como si fuera celeste grisáceo; cuando la quiper terminó, en un parpadeo, los ojos de Draco volvieron a su gris natural, alzó el rostro, todavía cansado, observando a Hermione a quien ahora tenía a unos pocos centímetros de distancia, le pareció bonita y se alarmó por ello, se echó un poco hacia atrás, dejando reposar su espalda contra la base de su asiento, levantándose trabajosamente, pero con toda la elegancia de la que era capaz, con una mueca de confusión que compartía ahora con la castaña.
–Tú no le dirás a nadie de esto… Ni yo tampoco Granger… Será mejor que te vayas con tus amigos….- dijo con la respiración aun acelerada.
–Sí… Tienes razón Malfoy… Yo… Gracias…- susurró con la mente en blanco, ignorando los chillidos del animal azul que parecía querer pedirle que se quedara.
Theo, quien se sentía nervioso, daba vueltas de un lado a otro, cada tanto pasaba por la puerta del compartimiento en que Luna estaba, hasta que por fin se decidió a tratar de hablar con ella, para pedirle que le prestara la edición de 'El Quisquilloso' de ese mes que ella llevaba consigo a todas partes, para recordar a su padre, ante el asombro de todos, pero la Ravenclaw simplemente sonrió y dándoselo, comenzó a comentar cosas acerca del ejemplar que le estaba tendiendo, hasta que en dado momento, Ron, que ya no soportaba ver que Hermione no volvía, salió a buscarla, regresando pocos minutos luego, sin haber conseguido éxito y escuchando de parte de sus amigos, que la chica Lovegood, se había ido con el Slytherin a otra parte del vagón.
-Mione, ¿Dónde estabas?- preguntó un exaltado Ron, pero ella lo ignoró y no hiso caso tampoco a las preguntas de Harry, Ginny o Neville, tampoco se dio cuenta de que Luna ya no estaba en el compartimiento, se sentó, todavía mareada por todo lo sucedido.
Su puesto pegado a la ventana, del lado derecho del no tan pequeño espacio, le permitía distraerse de todo y tratar de analizar lo que había sucedido, se preguntaba diferentes cosas, ¿qué era esa cosa azul que acompañaba a Draco?, ¿Por qué sus ojos cambiaron de color?, ¡dos veces!, entonces la frase "puede aparecer y desaparecer… donde le plazca", se le vino a la cabeza, ¿acaso no se había preguntado eso a sí misma?, ¿lo habría dicho sin darse cuenta?, esa cosa, fuera lo que fuera, la había tranquilizado, la había hecho sentarse y ver como un resignado Slytherin la ayudaba, pero, ¿Resignado?, entonces de alguna manera esa bola de pelos con poder de metamorfosis lo había convencido ¿No? Y ¿Cómo o por qué esa marca con iniciales se le había grabado sola en todo el omoplato a Malfoy? ¿De qué iba esa K, si eso no cuadraba con sus iniciales?, necesitaba sin duda olvidar lo sucedido, por lo menos contárselo a alguien, pero, sabiendo que había aceptado no decir nada, se sentía en el deber de cumplir su palabra, lo que ahora, en contra de todo lo que alguna vez pudo imaginar, significaba que debía guardar un secreto que solo compartiría con Draco y que, por su parte, según habían pactado silenciosamente en aquel incómodo momento, el rubio no diría a nadie jamás, que había visto, tocado y borrado la horrible marca en su brazo, que solía recordarle su estatus de sangre, pero por otro lado, no pudo evitar preguntarse mientras hacía caso omiso de los llamados de sus amigos ¿Qué tanto podría haber cambiado Malfoy? Porque evidentemente, aunque se le hiciera difícil reconocerlo, ya no era el mismo chico totalmente insensible y prepotente de antes.
