Los personajes no me pertenecen, son creación de Masashi Kishimoto.
Capítulo 3. La arpía.
Había pasado ya una semana desde que habían llegado a Japón. A Temari y Shikamaru les habían pasado cosas inimaginables, hasta el momento había sido un viaje algo, como decirlo… retorcido. Parecía que el clima, personas y demás estuviesen tramando algo en contra de ellos, y claro, pasaba una cosa y esa cosa provocaba otra cosa y algo así como el efecto mariposa, ¿Saben? Eso si que es una putada, y Temari estaba ya harta de esas situaciones, de hecho no se lo creía, desde que había salido de su casa con Gaara y Kankurō hacía ya 8 días las cosas habían ido de mal en peor. Primero Shikamaru, luego la habitación compartida y demás sucesos que procederé a relatar en breve, por que es que lo que le pasa a ella, no le pasa a nadie, pensaba Temari.
En cambio Shikamaru estaba de lo más tranquilo, o al menos eso parecía. Hasta en el peor de los casos seguía con esa expresión de indiferencia, solo de vez en cuando levantaba levemente su ceja izquierda en señal de sorpresa. A Temari eso le sacaba de quicio, ella tan neurótica y él tan apático. En cada situación, por muy pequeña que fuese, pasaba lo mismo, era como un ritual. A Temari se le empezaba a acumular la sangre en la cara y comenzaba a murmullar cosas que Shikamaru no entendía ni aunque prestara la máxima atención que podía prestar, entonces ella le miraba y le empezaba a gritar que todo esto pasaba por su culpa y que si él no hubiese estado allí seguro que habría pasado una estancia agradable en Japón, a lo que Shikamaru levantaba la ceja y decía "Qué problemática" y ahí ya Temari ni se cortaba en intentar soltarle mas que fuese un pellizco o si nos ponemos tontos, una leche con la mano abierta.
Lo curioso es que al menos, ya se aguantaban medianamente. Con esto quiero decir que al menos Shikamaru no le intentaba hacer jugarretas y que Temari ya no le echaba mucho la bronca por cualquier cosa que salía de su boca.
Al día siguiente de su llegada, tenían programada una visita al centro de Tokyo, hacía un día estupendo y parecía que todo iba a salir bien, pero se equivocaron de bus y una vez que se dieron cuenta de esto, estaban en un lugar que desconocían y no pasaba ni un alma por allí. A eso de las 8 de la noche y habiendo comido nada más un mísero paquete de galletas entre los dos, que Temari llevaba por si acaso, pasó por allí un taxi que los llevó al hotel (Y dicho sea de paso que les salió un dineral de los grandes.)
En otra ocasión intentaron hacer lo mismo y esta vez decidieron coger el metro. Pasó que la cantidad de gente que iba al centro era inmensa y no dejaban subir a ninguno de los dos, y por mucho que Shikamaru intentara empujar a la gente para que le dejara pasar, Temari se negaba a subir porque sufría de claustrofobia y obligaba a Shikamaru a salir corriendo del tren por si se quedaba atrapado allí en medio.
Los dos días siguientes hubo un temporal tan grande que ni siquiera dejaban salir a la gente del hotel, por lo que Shikamaru se la pasó echándose siestas y Temari leía un libro que había tomado prestado de la recepcionista que los atendió en su llegada, Aiko, que amablemente le había propuesto leerlo.
En fin, que había sido una semana pésima en la que no pudieron ver ni un solo monumento, templo y tampoco un mísero plato de buen sushi en algún local típico.
Sin embargo, el día de ayer, sucedió algo que mantenía a Temari bastante inquieta. Llevaba todo el día dándole vueltas al asunto y mientras tanto Shikamaru no se encontraba por ningún lado. Cuando Temari despertó no lo encontró en su cama y ya eran las 6 de la tarde. No era normal que Temari se preocupara por personas que no fuesen sus hermanos, y eso la desconcertaba, porque encima estaba preocupada ni más ni menos que por Shikamaru y la asaltaba un sentimiento de culpabilidad incontrolable, de hecho, ella creía que el motivo por el cual se había ido era culpa de lo pasado ayer.
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Temari había decidido salir del hotel por fin para ir a tomar un té y unas pastas a un pequeño local que había visto varias veces a la vuelta de la esquina, cuando volvían de los intentos fallidos de turismo. Como hacía poco que había acabado el temporal, Shikamaru decidió ir con ella en lugar de seguir durmiendo por si acaso volviera a empezar y hubiesen problemas, a pesar de que el cielo estaba calmo, sabía que había probabilidades que volviera a llover y no quería aguantar a una Temari cabreada cuando volviese al hotel.
Una vez llegados allí, los dos pidieron un té verde y dango.
- Bueno que, ¿No vas a decir nada? – interrumpió Shikamaru.
- Iba todo bien hasta que abriste esa bocaza. – Respondió Temari cortante como siempre.
- Joder Temari, pero ¿Puede saberse que es lo que te pasa conmigo? – Preguntó Shikamaru, y Temari se asustó un poco porque de verdad que Shikamaru parecía enfadado.
- Pues no lo se. – Admitió.
- Que no lo sabes. – Afirmó él – Me estas diciendo que me haces la vida imposible porque "no lo sabes".
- Sí. No lo se, tu expresión me saca de quicio, tu parsimonia me saca de quicio, tu tranquilidad me saca de quicio. Y sobre todo, la manera en la que me miras me enfada lo que no te imaginas.
Shikamaru bebió de su té y comió su dango. Temari estaba allí esperando cualquier reacción por parte de él, pero nada, ni siquiera esa característica ceja aparecieron.
- Sabes, tu también me sacas de quicio. – Dijo Shikamaru finalmente, esta vez mirando a Temari con una mirada tan penetrante que tuvo que desviar la mirada.
- Ya, claro…
- La primera vez que te vi en la universidad me llamaste la atención, no todos los días se ven chicas como tú. Poco a poco mis compañeros de la facultad empezaron a hablar de una chica del turno de mañana que dejaba en ridículo a los demás estudiantes, la llamaban "La arpía", y un día descubrí que hablaban de ti. Pero como yo no soy de esas personas que creen en los rumores y menos en los que una panda de niñas envidiosas creaban, no le hice caso. Hasta que un día vi a una chica llorando en las escaleras de la facultad donde iba a echarme yo la siesta de las 5. Esa chica se llamaba Shizune.
En ese momento Temari recordó. Ese día había dejado tan en ridículo a una chica de su mismo curso que tuvo que salir de la clase corriendo y no la volvieron a ver por allí hasta el curso siguiente. Eso se debe a que Shizune había insultado sin querer a la madre de Temari.
- En ese momento creí que, si podía haber una persona mala, esa eras sin duda tú, y cuando me dijeron que el viaje sería contigo intente portarme lo mejor que pude y poner de lado lo que pensaba de ti, pero ya veo que eso es imposible, y sigo pensando firmemente que eres una persona desagradable y ¿Sabes que más? No sabes cuanto me alegro de que tú también me odies. – Shikamaru se levantó de su asiento y le dio la espalda a Temari, dispuesto a irse.
- Tú no tienes ni idea de nada, Nara. – Dijo Temari mientras se le acumulaban las lágrimas en los ojos, si Shikamaru se había propuesto herirla lo había conseguido. – Me apostaría la vida a que Shizune jamás te contó el motivo por el cual la agredí, tú que no me conoces en lo absoluto, no tienes ningún derecho a pensar que eres mejor que yo, porque me acabas de demostrar que no lo eres.
Shikamaru se dio la vuelta solo para ver como Temari dejaba un billete sobre la mesa y salía a paso decidido del local, no sin antes propinarle un buen empujón para que la dejara pasar. Él salió inmediatamente detrás de ella solo para ver que llovía a mares y Temari estaba parada a pocos metros de donde estaba él completamente empapada. Se dio la vuelta y Shikamaru vio como estaba intentando aguantar los sollozos que salían de su garganta.
- No tienes ni idea por todo lo que he tenido que pasar en mi vida con tan solo 23 años. Mi madre murió cuando tenía cuatro años y desde entonces tuve que encargarme a tiempo completo de mis hermanos pequeños porque mi padre decidió que su vida había llegado a su fin. No he tenido la posibilidad de tener ni una sola amiga, tuve que ejercer el trabajo de una madre y aún así intentar sacar las mejores notas posibles para que mi padre me mostrara aunque fuese un poco de orgullo hacia mí, cosa que no obtenía ni por asomo. A los 18 años mi padre murió y me dejó a mi toda la carga económica, tuve que buscar un trabajo que me mantuviera ocupada el menor tiempo posible porque Gaara aún era demasiado pequeño como para encargarse de sí mismo y Kankurō estaba tan falto de reconocimiento por falta de mi padre que se dedicaba a meterse en problemas cada dos por tres. – Dijo Temari cogiendo todo el aire que pudo. – Y por si no fuera poco, me apunté a la universidad para encontrarme con niñas y niños mimados que intentaban hacerme estar mal por ser más lista y más trabajadora que ellos, inventándose motes como "La arpía" o "La zorra mandona". Y por si aún te interesa, tu querida amiguita Shizune había insultado a mi madre, y creo que se merece todo por lo que le he hecho pasar.
Shikamaru no sabía que decir, simplemente estaba allí parado delante de ella con las manos hacia los lados y mirada avergonzada. Temari continuaba mirándole directamente a los ojos, llovía tanto que apenas diferenciaba las gotas de lluvia de las lagrimas pero le escocían tanto los ojos que pensaba que iba a perder la vista, se mordía los labios con tanta fuerza que empezó a notar el sabor de la sangre y apretaba tanto los puños que se estaba clavando las uñas en la palma de la mano. Cuando Shikamaru intentó hablar ella le negó con la cabeza.
- Eres, sin duda, la peor cosa que me ha pasado en la vida.
Temari empezó a correr en dirección al hotel, se dio un baño caliente y se metió en la cama, reparando a duras penas en la presencia de Shikamaru en la habitación. Se sentía tan humillada que le daba vergüenza mirarse en el espejo, jamás había llorado delante de nadie ni había montado una escena así. Y viene este tío y le rompe todos los esquemas. En el fondo de su alma Temari se sentía muy aliviada porque llevaba guardándose todo aquello dentro desde hacía demasiados años, sin jamás poderlo hablar con nadie para evitar que sus hermanos se preocuparan por ella. Cerró los ojos y se durmió en seguida.
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Temari decidió dejar de esperar en el hotel y se dispuso a ir a buscar a Shikamaru por cualquier lado para poder pedirle perdón, porque sabía que no pensaba realmente que él fuera lo peor que le había pasado. Sentía la necesidad de arreglar las cosas con él a pesar de todo. Cuando iba a abrir la puerta de la habitación se chocó con algo y cayó al piso.
- ¿Es que no puedes tener más cuidado? – Dijo enfadada. – Sh-Shikamaru.
Y ahí estaba él, con un gran ramo de flores estampado contra la camiseta.
- Mira que eres problemática. – Dijo él, con una pequeña sonrisa de lado.
- ¡¿Eres idiota?! ¡¿En dónde coño has estado?! ¡Estaba preocupada! – Gritó Temari mientras Shikamaru iba poniendo cada vez más cara de asombro.
- ¿Qué tú qué? ¿Estabas preocupada, tú, la temible Temari de piedra, por mi? – Dijo Shikamaru mientras se sacudía un poco las flores de la camiseta.
- ¡¿TEMARI DE PIEDRA?! – Gritó mientras se ponía cada vez más roja.
Entonces, antes de que comenzara la rutina, Shikamaru le tendió un ramo algo aplastado de lirios blancos.
- Perdóname. No te merecías nada de lo que he dicho ayer y lo siento mucho.
- Yo también siento lo que te he dicho. – Dijo Temari, con una sonrisa sincera que no había esbozado en mucho tiempo, por un momento, olvidó todos los problemas que había tenido a lo largo de su vida y se sintió realmente bien. – Pero no te acostumbres, bebé.
- Ya decía yo… - Y ambos estallaron en risas.
¡Y aquí estamos! Se que he tardado par de días en actualizar, y me moría de ganas por escribir, pero es que me quedé un poco en blanco con la historia porque entre la universidad y problemas en casa no he podido pensar mucho en ello. Quizás no les ha gustado mucho o ha dejado que desear, pero bueno, las cosas son así.
Pero eso sí, el capítulo es bastante larguito y espero que lo disfruten :D ¡Review y un bezaso!
