En este capítulo será mencionada la edad de Henry, y más algunas curiosidades sobre el pasado de Ryo y Rika de cuando eran niños.

No hay nuevos personajes.

Espero que os guste. ;)


Dios santo! Era él! Ryo, su amigo de infancia... dentro de un cuerpo impresionante. No podía creer no que estaba viendo, y quedó mirándolo en los ojos como se estuviese preguntándole: "¿estás ahí?". Aquellos ojos azules eran los de él, no tenía dudas, y aquella sonrisa endiablada también. Pero eran sus ojos los que recordaban su infancia, unos ojos demasiado adultos para pertenecieren a un niño de ocho años.

Ahora había crecido, y de que manera! Su pelo había adquirido una rebeldía distinta de cuando niño, y que desafiaba ser domado.

La Sorprendía la confianza que se denotaba en su manera de quedar de pie, que no tenía nada que ver con el Ryo que ella había conocido.

Por supuesto, se habían pasado veinte años, y tenían pasado muchas cosas desde ese momento.

- ¿El gato te comió la lengua? - preguntó él.

- Estas... - dice - tan diferente.

- Y tú también. No te reconocí hasta que me aplastaste la tarta en el pecho.

Rika se sonrojo.

- De verdad lo siento...

- Pues no tienes que hacerlo - la interrumpió. - Lo merecía. La Rika que conocí me tendría dado con otra cosa más fuerte que una tarta.

- La Rika que tú conociste ya no existe.

- No lo creo - dice, y se inclinó hacia ella para estudiarla tan intensamente como ella había hecho con él antes. - está ahí, en alguna parte. Lo que me pregunto es el que le tendrá sucedido para estar tan sumisa.

- La vida... fue eso lo que me sucedió.

- ¿La vida con el bueno de Henry? ¿Que es lo que te ha hecho ese desgraciado?

No quería admitir que la había dejado, pero Ryo terminaría por saberlo tarde o temprano, pero por ahora prefería que fuese más tarde, de manera que cambió de tema.

- Que es lo que haces en Shinjuku después de tanto tiempo?

- He venido de vacaciones.

- Pues esta no es lo que se dice la capital del ocio.

- He venido en busca de paz y tranquilidad. Tengo algunas cosas en que pensar.

- Paz y tranquilidad. Parece bien.

Ella también quería lograr un poco de eso.

- Escucha, Rika, no sé si lo que te voy a decir te va aliviar o no, pero he oído decir que cancelaste tu boda.

- Entonces, ¿porque es que me preguntaste quien era Henry? - preguntó, de nuevo incómoda.

- Quería que fueses tu quién me hablase de eso. Hubo un tiempo en que compartíamos nuestros problemas.

- Eso fue hace años-luz.

- Tengo un hombro muy cómodo para se apoyar y llorar.

"Ya había dado por eso. Un hombro fantástico, que hace juego con eso pecho también fantástico." - pensó.

- Vamos - insistió Ryo. - Antes me decías que sabía escuchar.

- ¿Porque es que tienes tanto interese?

- Porque una vez fuiste una buena amiga, y gustaría de poder devolverte el favor. Tengo la sensación de que no haría mal contar con un amigo en este momento.

Tenía de admitir que admitir que tenía razón. Alice ha hecho todo lo posible por ayudarla, pero no había querido descargar en ella sabiendo lo sensible que podía ser.

- ¿Lo que te parece se hablamos esta noche mientras cenamos? - sugirió Ryo, y al verla dudar, añadió: - ¿que mejor distracción para las alcahuetes locales que te dejes ver con el "hombre misterioso"? Eso les daría alguna cosa de que hablar para que dejasen de suspirar por la "pobre Rika". Les demostrarías que estas en condiciones de seguir tu vida, al revés de te esconderes aquí en la biblioteca, gimiendo por tu novio.

- Ni me estoy escondiendo ni gimiendo. No haces ni idea de lo que se siente cuando te dejan como a mí!

- Sé mucho de humillaciones, Rika. Hasta podría decir que soy un perito. He tenido años de experiencia mientras crecía.

- Eso era distinto - murmuró.

- ¿Ah, sí? Que alguien te ridiculice o te rechace en publico es tan doloroso como lo que tu acabas de pasar. Precisamente por eso estoy decidido a ayudarte, como tú me ayudaste a mí cuando era pequeño.

- No tienes que...

- Sí, tengo que. Vamos dar a esta gente otra cosa de que hablar. ¿Que es lo que me dices?

Rika no sabía que decir. Aún no se había acostumbrado al facto de aquel hombre tan grande ser su amigo de infancia.

- Tengo que pensar.

- De acuerdo. Piensa todo el tiempo que quieras, pero aún que te guste o no, te voy ayudar.

Su actitud estaba empezando a molestarla de verdad.

- Es muy propio de un hombre pensar que sabe siempre todo.

- Así está mejor - asintió Ryo. - Prefiero ver la luz de batalla en tus ojos que un expresión aterrizada de un pajarito atrapado.

- Me importa un bledo lo que prefieras - espetó.

- Ahora sí, pero pronto cambiarás de opinión - al ver el fuego en sus ojos, Ryo sonrió y retrocedió para se poner lejos del angulo de la tarta. - Sí, señor! Mi gatita volvió! Espero que se quede. Las cosas se podrían poner verdaderamente interesantes - dice, y silbando una canción, salió de la biblioteca.

Casi no tuvo tiempo de guardar la tarta debajo del balcón cuando entraran Suzie y Jen. Suzie iba mirando por bajo del hombro.

- Te digo que ha cualquier cosa en ese hombre... seguro que ya lo he visto ante.

- Por supuesto que ya lo has visto antes - replicó Jen. - Con los binoculares. Ayer.

- No. Antes de eso. ¿Has visto los carteles del escritorio de los correos? ¿A los dos criminosos que busca la policía?

Jen asintió.

- ¿Y?

- Y nada. No es parecido con ninguno de ellos.

- Vale. Rika, este es un trabajo para ti - dice Suzie. - Jen y yo ya investigamos alguna cosa. Jen verificó los carteles y yo los vídeos de "los más buscados en el Japón" que tengo en casa. Aún no lo pudimos localizar, pero ya lo haremos. Nunca olvido un rostro, y seguro que ya he visto ese hombre antes. Lisa nos dice que vos vio charlando como se fuesen viejos amigos y que te ha traído dulces - Suzie hizo un gesto como se eso fuese difícil creer. - Sé que Lisa inventa sus propias historias, pero creí que sería mejor confirmarlo contigo.

- ¿Que quieres confirmar? - preguntó Rika, haciéndose parva. No estaba con humor para ser complaciente.

- Pues el asunto del hombre misterioso. Sé que estás pensando en Henry, pero debes intentar concentrarte. ¿Ese hombre habló contigo, Rika? Sabemos que estuvo aquí porque lo vimos salir.

- Sí, hablé con él.

- ¿Y? ¿Que te ha dicho él? ¿Has podido sacarle alguna información? Vamos, Rika. No seas tímida. Cuéntanos.

Jen habló antes de Rika lo poder hacer.

- Es una mandona, Suzie - la reprendió. - No seas tan impaciente. Rika ya te lo dirá en el debido momento, ¿no es verdad?

- Apuesto lo que quieras que la amenazó y por eso está tan callada - declaró Suzie.

Sabía que viva era la imaginación de Suzie, de manera que sería mejor decirle la verdad.

- La razón pela cual te resulta tan familiar es porque ya estuvo antes en Shinjuku.

- Ya lo sabía! - exclamó Suzie , triunfal. - Sabía que lo tenía visto antes.

- ¿Y quién es? - preguntó Jen.

- Ryo Akiyama - contestó Rika, y al ver sus expresiones de absoluto desconocimiento, les explicó: - el sobrino de la señora Irene, Ryo. Quedó aquí un verano en casa de ella, cuando tenía ocho años.

- Me recuerdo perfectamente que el sobrino de la señora Irene era tan delgado como un sacacorchos - dice Suzie.

- Creció - dice Rika.

- Lo veo! - murmuró Jen.

- Pues yo no - dice Suzie, obstinada. - No es posible que una persona pueda cambiar tanto. Fue él quién te ha dicho que era el sobrino de la señora Irene, no es verdad?

- No. Lo reconocí yo.

- Pues ayer no lo reconociste cuando fuiste a su casa - puntualizó Suzie.

- Como tú propia lo has dicho, está muy cambiado.

- Demasiado para ser cierto, si quieres saber mi opinión. ¿Le pediste que te enseñase su billete de identidad, la carta de conducción o otra cosa así?

- Por supuesto que no.

- ¿Y porque no? Creía que las personas que venían a la biblioteca deberían enseñar alguna identificación.

- Sólo se quisieren hacerse socios. Y él no veo para eso.

- Entonces, ¿que es lo que ha venido hacer?

- Disculparse por haber sido tan descortés ayer cuando fui a su casa.

- ¿Y cual ha sido su disculpa?

- Que él también no me había reconocido a mí hasta que...

Rika se interrumpió. No quería confesar que le tenía tirado la tarta.

- ¿Hasta qué?

- Hasta que me enfadé con él.

- ¿Porque es que te enfadaste con él...? - fue Suzie quién se interrumpió de esta vez, como sí acabase de le ocurrir un nuevo pensamiento. - ¿No estaría desnudo ayer cuando lo fuiste ver, verdad? Sé que ya ter he hecho la misma pregunta en el debido momento y que me has dicho que llevaba vaqueros. No estarías mintiéndonos para no herir nuestra sensibilidad, ¿a qué no?

- Claro que no. Simplemente no esto demasiado amable y me enfadé por su actitud, de manera que pasó por biblioteca para sí disculpar, nada más.

Suzie frunció el ceño. No estaba convencida.

- Tengo la sensación de que nos ocultas algo. ¿Y la caja de la pastelería que Lisa dice ter visto en el balcón? ¿Estaba intentando convencerte con dulces?

- Con su físico, no necesita convencer ninguna mujer - intervengo Jen. - Podría posar para la capa de una de mis novelas de amor.

- Por supuesto, tiene un pecho para lo poder hacer - admitió Suzie, de mal grado.

- Por hablar en novelas de amor: acabamos de recibir el libro que esperabas Jen - dice Rika, deseosa de cambiar de tema.

Las dos se marcharon poco después, claramente incómodas porque Rika no les quería decir más de lo que ya había dicho. Además, tenía la sensación de que Suzie no creía que Ryo fuese quién decía ser.

Pero ella no tenía duda ninguna. Aún que Ryo hubiese cambiado en muchas cosas, las semejanzas estaban allí para quién tuviese la sensibilidad suficiente para ver más allá de su atractivo físico.

Al sentarse a la mesa, miró la tarta debajo del balcón. Tendría que devolverla. No quería otra tarta a su alcance. En aquella misma noche, devolvería la tarta así que cerrase la biblioteca a las siete.


Mientras caminaba hacia la casa de Ryo en aquella noche, se preguntaba porque es que él había regresado a Shinjuku. No era el sitio típico donde una persona queda las vacaciones. Le había dicho que quería paz y tranquilidad, y por supuesto, allí tenían mucho de eso. La zona de los lagos que proporcionaba un agradable alto en kilómetros y kilómetros de terreno salvaje era muy agradable.

Tenía pasado por su casa para cambiar de ropa y vestir una cosa más cómoda, una camiseta azul y unos pantalones cortos negros deportivos. Sus zapatillas de deporte estaban ya muy viejas, pero había gasto la mayor parte del dinero destinado a ropa a comprar cosas cara su luna de miel, y unas zapatillas de deporte no estaban en la lista.

Aún podría devolver algunas cosas que tenían las etiquetas puestas y comprar alguna cosa mejor que camisas de dormir de seda y rendas y vestidos sin hombros.

Henry había insinuado que pasarían la luna de miel en un lugar con sol. Le había dicho que quería darle una sorpresa, y lo había logrado.

Rika volvió a preguntarse se habría algún señal que indicase que no lo estaba siendo fiel, alguna cosa que, en su feliz ceguera, no había dado cuenta.

Mentalmente recurrió varias veces los últimos días antes de él se marchar, pero al saber ahora lo que no había sabido antes, todas sus palabras le parecían sospechas. Aún no estaba con disposición de analizar las cosas con objetividad.

Cuando llegó a la cabaña, en el bosque, junto al lago, Ryo estaba de nuevo en el jardín con la manguera en la mano, pero de está vez dirigida al coche y no a su cabeza.

- Estás ocupado - dice. Era un alivio no tener que quedar. - Sólo he venido devolverte la tarta. Como ayer te he traído yo una... esta es la substituta. O sea, que también es para ti.

"¿Por que es que tengo que provocar tanta confusión?" - pensó.

- Tenía que hacer un descanso, de cualquier manera - dice Ryo, y cerró la tornera. - ¿Que es lo que quieres beber té helado o cerveza?

- No, en serio, no puedo quedar...

Pero Ryo ya había entrado en la cabaña y ella seguía allí, con la tarta en la mano.

- Te traigo una cerveza - dice Ryo un minuto después, de nuevo en el porche. - Supongo que no te hará mal, tiendo en cuenta el día que has tenido.

- ¿Y que es que tú sabes sobre el día que he tenido?

- He visto esas dos inquisidoras, entraren en la biblioteca cuando yo me iba, y me pareció que te iban ha someter al tercero grado.

Rika encogió los hombros.

- Sentían curiosidad por ti.

- Ya lo sé. Las he visto mirándome con los binoculares.

- ¿Como es que sabes que eran binoculares?

- He visto el reflejo del sol en las lentes - Ryo se sentó en una de las sillas que había en la terraza y la invitó a sentarse en la otra. - Vamos siéntate y descarga.

- Esa es otra de las razones por las cuales te devolví la tarta - dice Rika. - No necesito más peso.

- A mí me parece que estás muy bien - dice, mirándola de pies a cabeza.

- Gracias, pero no tienes que ser amable. Sé que engordé.

- En los lugares adecuados - añadió, con su sonrisa.

- Sí, ya lo sé - dice ella, y subió las escaleras del porche para sentarse junto de él y coger la lata de cerveza que le ofrecía.

- Puedo traerte un vaso, si quieras.

- No, no es necesario - dice abriendo la lata.

Quedaran sentados en silencio durante unos minutos, el que sorprendió Rika. Había olvidado el agradable que podía ser su presencia. Cuando eran niños, se sentaban juntos uno del otro para disfrutar su mutua compañía durante horas. Otras veces hablaban sin cesar cuando la ocasión el requería, pero la cuestión era que siempre se sentía bien con él.

- Esto es agradable - dice Ryo.

Rika no sabía se hablaba de la brisa fresca del lago, de la cerveza o de su compañía. Quizá al conjunto de las tres cosas. Pero sí, era agradable.

- Recuerdo que, cuando éramos niños, nos sentábamos así muchas veces - siguió Ryo. - Por supuesto que no bebíamos cerveza, y tú siempre estabas descalza. Nunca llevabas los zapatos.

Rika sonrió.

- Se me había olvidado.

- ¿Quieres decir que superaste tus días de andar descalza? Qué pena. Tenías unos pies bonitos.

- Tienes buena memoria.

- Sólo para las cosas importantes - dice, y la miró de una manera que la dejaba loca. Nerviosa, miró otro lugar.

- Puedes quitar los zapatos si quieres - invitó. - Voy hacerlo - dice, y quitó sus zapatillas de deporte para apoyar lo pies descalzos sobre el balcón.

Unos instantes después, Rika quitó sus zapatos y apoyo los pies junto a los de él. Que maravilla...

- Hace bien, ¿eh? - dice él, al verla sonreír.

Rika asintió.

- Se me había olvidado cuanto.

- Yo también.

Volverán a quedar en silencio. No era un silencio absoluta porque el aire de la tarde estaba lleno de sonidos y olores de la naturaleza: el somnoliento canto de las cigarras, los pájaros, el olor de le madreselva que se arrastraba al largo del porche y trepaba por la grade blanca.

El pacifico interludio llegó al final cuando Rika movió los pies y clavó una farpa en el talón. Se escapó un gemido de sus labios sin poder evitarlo.

- ¿Que tienes? - preguntó Ryo.

- Clavé una farpa.

- Déjame ver - dice, agarrando su pie para apoyarlo en la rodilla. - Sí, tienes una farpa, y es grande.

Alzó su pie para lo ver mejor y el rozar de su mano le comunicó al mismo tiempo su fuerza y su ternura. Aquel contacto estaba criando una sensación que, desde su pie, recorría su pierna y llegaba un poco más arriba. Rika miró fijamente sus manos.

Con cada movimiento estaba criando un caos en ella.

- Está quieta - le ordenó cuando ella se movió en la silla. - Ah, ya la veo - dice, y la arrancó de su pie. - Ya está - exclamó un instante después. - Voy buscar un pienso.

Demoró apenas uno minuto en volver.

- Ahora recuerdo por que es que deje de andar descalza - murmuró, y colocó el pienso antes de volver a calzar los zapatos. - Bueno tengo que irme.

- ¿Pensaste en el plan que te propuse?

- Sí , y no creo que funcione. Nadie va creer que estas interesado en mí por alguna cosa que no sea pura amistad.

Ryo frunció el ceño.

- ¿Y por que no?

- Por que un hombre con tú no mira dos veces para una mujer como yo.

- ¿Que demonios significa eso? Soy un hombre igual a todos los demás.

- Pero más atrayente que la mayoría.

- Y que creció siendo más feo que la mayoría - la recordó. - Creerme: sé bien como es que una persona se siente cuando la juzgan por la fachada, quer sea buena o mala.

- Lo siento.

- No me admira - espetó. - No esperaba eso de ti.

- Dame un tiro. Soy humana.

- Y los humanos tienen sus flaquezas, ¿eh? Me alegro que te hayas dado cuenta de eso. Esta tarde estabas intentando ser la pequeña y perfecta bibliotecaria...

- En primer lugar, no soy pequeña - lo interrumpió. - Se no recuerdo mal, era más alta que tú cuando éramos niños y aún que tengas crecido en los últimos años, yo también no quedé atrás. En según lugar, no soy una bibliotecaria así como tú dices. Las bibliotecarias no son el estereotipo de solterona que dicen. No soy cascada, ¿y qué? Soy buena en mi trabajo y no soy una vieja malhumorada!

- Yo no dice que lo fueses - contestó, y por su tono de voz daba la sensación de que comprendía más de lo que estaba diciendo.

- La mujer con quién mi novio huyó tenía veinte y un años, ¿lo sabías?

Ryo negó con la cabeza.

- Una preciosa joven de veinte y un años.

- ¿Cuántos años tiene Henry?

- Veinte y nueve.

- Tiene edad suficiente para ser más listo.

- No me digas que tú no huirías con una preciosa joven se tuvieses la oportunidad de lo hacer.

- He tenido la oportunidad - replicó. - Y no la aproveché.

- Pues eres un santo, pero la mayor parte de los hombres no lo son.

- ¿Desde cuando eres una especialista en hombres? - le preguntó secamente. - Apuesto el que quieras que Henry era el primer hombre que hubo en serio en tú vida.

- Pues estas equivocado - mintió.

- Vale: el según.

Rika quedó mirándolo a los ojos. Siempre le había incomodado esa forma tan categórica de decir las cosas, especialmente cosas que no quería oír.

- ¿Como es que llegamos a hablar de esto? ¿Porque es que no hablamos de tu vida amorosa?

- Pues, .. porque carezco de ella.

- Eso me es difícil de creer.

- Por ahora - puntualizó con una sonrisa.

- ¿Hubo muchas mujeres en tu vida? - preguntó ella. - El que es bueno para mí, es bueno para ti. Tú me hiciste preguntas íntimas, y es justo que yo te las haga también.

- Admito que, Cuando tenía unos veinte años y las mujeres por fin dieran cuenta que yo existía, disfruté de aquella nueva atención. Al principio me encantaba, pero me cansé inmediatamente.

- ¿Ah, sí? ¿Y eso?

Ryo encogió los hombros.

- No estoy hecho para ser el niño guapo de nadie.

- ¿No hubo nadie en serio?

- Hubo una mujer. Nos enfadamos el año pasado. La verdad es que fue ella quién me dejó, de manera que sé muy bien como una persona se siente.

- ¿Y lo superaste?

- El que me quieres preguntar es se alguna vez se supera, ¿no es? Bueno la respuesta es sí.

- Te gustaba.

- Nada en ella me gustaba.

- Pero dijiste que era en serio.

- Y era.

- Pues no comprendo. Allá de eso, si no la amabas, no puedes saber como es que una persona se siente cuando la persona que amas te deja.

- ¿Sigues amando Henry? - le preguntó.

Rika asintió lentamente.

Ryo la miró sonriendo.

- No es una emoción que puedas encender y desconectar como la luz - protestó. - Bueno, ahora tengo que irme.

- Necesitas de mí más de lo que creía - murmuró Ryo.

- No necesito de ti de manera ninguna.

- Vale, vale. Pero yo necesito de la manguera que estás pisando - dice cuando salían por el jardín. - ¿Quieres dármela, por favor?

Al dársela de nuevo rozó los dedos en los de él, y como se hubiese quemado, soltó la manguera, que al caer en el suelo golpeó el regador, que le soltó un chorro de agua directamente en la rostro.

Ryo se empezó a reír, y su risa quebró la tensión que su anterior discusión había criado.

- De manera que te pareció gracioso, ¿eh? - dice Rika mientras cogía la manguera. - Pues veamos que te parece esto - dice, y la abrió.

- Condenada asquerosa! - murmuró Ryo mientras escupía agua.

- Ya te he dicho antes que no soy ninguna asquerosa - le recordó con una sonrisa y otro chorro de agua.

- Dame eso! - le ordenó, y salió corriendo detrás de ella. Por fin logró quitarle la manguera, aún que los dos ya estuviesen mojados. Después de perder el armamento, Rika retrocedió.

- Bueno, Ryo. Ya vale. Estamos iguales.

- Nada de eso.

- Antes nunca te vengabas.

- Y ahora tampoco - le contestó. - Ya te tengo! - exclamó, tomándola de la cintura.

Rika cerró los ojos esperando la ducha, pero lo oyó tirar la manguera y sintió el roce de sus labios en los de ella.

- No mires ahora, pero esas alcahuetes están a espiar-nos - susurró. - Vamos darles alguna cosa que ver, ¿quieres?

Y sin esperar un segundo, la besó.


Gracias al los reviews de LiiMakino, y Nia Baskerville que me dan apoyo.

Y muchas gracias por leerlo.