Capítulo III
- ¿¡P-pero que haces?!
- Tenía ganas de comprobar si te despertabas igual que en el cuento de La bella durmiente... -me dijo acercándose lentamente a mi, que estaba acorralada en una esquina de mi habitación, lo más lejos posible de él, pero él cada vez estaba más cerca...
Y poco a poco, se acercó más, y más... ahora incluso tenía ganas de pegar mis labios a los suyos, y cerré los ojos lentamente, esperando ese bese. Pero pasaban los segundos y no me besaba, por lo que abrí los ojos para encontrarme a Ikuto, con una sonrisa divertida.
- Genial, ahora no dejará de molestarme nunca - pensé en esos momentos
- Vaya, ¿creías que iba a besarte? - miró mis mejillas, rojas como el carmín, y dijo: un beso cada mañana es suficiente para mí... por ahora -añadió más bajito.
- ¡Idiota pervertido! -grité con todas mis fuerzas, apartandolo de mi con un empujón
- Tranquila pequeña, en realidad solo había venido a despertarte para que vayas a desayunar. Vístete y ven al comedor, Utau y yo te esperamos. -dijo Ikuto, ya lo bastante lejos de mi como para besarme
Yo asentí, y el se fué por la puerta que lleva a su habitación.
Me puse lo primero que saqué del armario, y después fui al baño para mirarme en el espejo mientras me peinaba. Después me dirigí a donde Ikuto había dicho.
Al llegar encontré a los dos hermanos desayunando en una gran mesa.
- Buenos días Amu - me saludó Utau, como si llevara viviendo en esa casa desde hacía mucho tiempo, cuando en realidad estaba allí desde hacía menos de veinticuatro horas, y nunca había hablado con Utau.
- B-buenos días -dije un poco nerviosa.
Miré a Ikuto, y me di cuenta de que desayunaba tranquilamente, como si nada hubiera pasado. Me sonrojé, y Utau pareció percatarse de ello, por lo que frunció el ceño, y se dirigió a Ikuto:
- Ikuto, ¿se puede saber que le has hecho a Amu?
- ¿Me crees capaz de hacerle algo a la pequeña Amu? -dijo como si estuviera dolido de verdad. Pero no engañaba a nadie.
Siguieron peleando, Utau cada vez más enfadada e Ikuto respondiendo tonterías. Vi que todavía les quedaba pelea para rato, asique me senté junto a Utau, y empecé a comer.
Un par de horas después...
Utau y yo llevábamos ya más de una hora sentadas encima de los cojines de mi habitación, charlando como si fuéramos amigas desde hace mucho tiempo, y, realmente para mi ya era una gran amiga. Habíamos estado hablando casi todo el tiempo de Ikuto. No de cosas buenas, claro. Nos habíamos burlado de él, de como ahora mismo estaba medio destrozado en su habitación después de la paliza que Utau le había dado, porque, claro, él no estaba dispuesto a defenderse, quizás por ser una chica, o porque es su hermana.
Después de un rato más de charla, Utau miró su reloj de pulsera y dijo:
- Vaya, ¿ya es esta hora? Amu, tenemos que irnos, la ceremonia de elección de poderes está a punto de empezar
- ¿La ceremonia de poderes que?
- Vamos a el mundo mágico. Hoy sabrás de que elemento es tu poder, y será liberado para que puedas usarlo. Yo también voy a elegir mi poder hoy, pero tenemos que irnos ya, o no llegaremos a tiempo.
Me cogió de la mano para arrastrarme corriendo fuera de la habitación, sin darme tiempo a decir nada, y me llevó por los pasillos de aquella mansión hasta llegar a fuera. Me arrastró hasta un jardín detrás de la gran casa, y, cuando quise darme cuenta, acababa de pasar por un extraño portal y estaba delante de cuatro pequeñas haditas flotantes vestidas de diferentes colores.
- Estabamos esperandoos, sois las ultimas en llegar -dijo un poco enfadada la habita roja
- No pasa nada, todavía queda tiempo, venid por aquí -dijo la verde
- Pero todavía no nos hemos presentado -replicó la azul - Yo soy Miki, y soy la guardiana del Agua, y ella -señaló a la amarilla- es Dia, y su elemento es el Aire.
- ¡Y yo soy Ran, mi elemento es el Fuego! -dijo la misma que antes estaba enfadada
- Y mi nombre es Suu, mi elemento es la Tierra -la hadita verde finalizó las presentaciones.
- Yo soy Utau, y esta de aqui es Amu -dijo Utau con una sonrisa
- Si, si. Ya sabemos quiénes sois, pero ahora venid por aqui, se nos hace tarde. -decía Ran
Las cuatro guardianas empezaron a volar para que las siguieramos, hasta llegar a un extraño altar, en el que había una cesta llena de colgantes, con piedras de diferentes colores.
- Porfavor, extended las manos, con las palmas hacia arriba -dijo, aunque más bien sonaba a una orden, la guardiana del Aire
Hicimos lo que nos dijo, y la cesta comenzó a brillar, sacando dos piedras que llegaron hasta cada una de nuestras manos...
¡Porfin he terminado este capitulo! siento muchísimo si he tardado demasiado, pero últimamente me venía la inspiración, y para cuando llegaba a mi ordenador y lo encendía, siempre había alguien que me interrumpía.
Bueno, ¿cuales creeis que seran los poderes de Amu y Utau? ¿y cómo estará mi precioso Ikuto después de la paliza de Utau? :O
