No se si la historia está gustando o no, pero voy a seguir con ella al menos hasta que mi cerebro se seque de ideas.

Como de costumbre los personajes no me pertenecen.


Jennifer se miró al espejo mientras secaba las lágrimas que no dejaban de caer por sus mejillas, sentía tanto odio por si misma que a penas podía contener las ganas de golpear la pulida superficie ante ella. Se odiaba por ser diferente al resto de chicas con las que iba a clase, ella disfrutaba cosas que para el resto era raro, aberrante había oído decir una vez de labios de Lola, la había creído su mejor amiga y cuando oyó aquello se sintió morir por dentro, riendo nerviosa sin atreverse a decirle que ella amaba vestirse cuál chico y salir a ligar con quien se pusiera a tiro, sin importar si era chico o chica. Llevaba un par de años haciéndolo, pero no había sido capaz de cortar su hermoso cabello azabache hasta el día de hoy, el mismo día que cumplía diecisiete años.

Despeinó los ahora cortos mechones colocando sobre estos un gorro de lana color azul ceniza, pegando un bigote falso en su rostro con una perilla a juego, usando su maquillaje para darse un aspecto más masculino, ya había llorado demasiado esa tarde cuando las chicas la acribillaron con comentarios algo homófonos al comentar sobre su corte de cabello y eso que no lo habían visto. Terminó de arreglarse volviendo a pararse ante el espejo, el carecer de curvas le ayudaba mucho a parecer un chico más. Tomando su billetera salió de la vivienda dirigiéndose a un nuevo local que no llevaba mucho abierto y hacía una gran competencia a Raisins.

Observó el ambiente en el local caminando directamente hacia la barra, recargándose en ella posando los codos contra el mármol adoptando una postura despreocupada. Usando un tono ronco de voz pidió un vaso bien cargado con whisky y un par de hielos, sonriendo cual galán a la joven camarera que agradada por el acto rozó sus dedos con su mano al dejar el pedido. Bebía tranquilamente mirando en ocasiones a la pista de baile, para ser una chica que había estado en ballet y ser parte de las porristas bailaba como un pato mareado pero cuando el alcohol invadía sus venas no le importaba hacer un poco el ridículo, siempre y cuando contara con buena compañía.

-Hola guapo.- Jenny volteó hacia la persona que acababa de hablarle para quedar embobada por la alta chica de cuerpo delgado y largos cabellos rubios que caían cubriendo la parte izquierda de su rostro. Sus grandes ojos eran una perfecta mezcla entre azul y verde, envueltos por unas densas pestañas rubias que intensificaban la inocencia de esa mirada. -¿Está este asiento libre?- Cuestionó la joven señalando el taburete que quedaba a su lado.

-Claro, está libre para un ángel como tú.- Mostró una de sus mejores sonrisas girando por completo hacia la contraria y así brindarle de toda su atención.

-¿Nos hemos visto antes? Tu cara me es familiar.- La rubia ladeó suavemente el rostro evitando que el cabello que cubría su cara dejara esta a la vista.

-Yo…- La morena se sintió desfallecer, pensaba que no sería descubierta pero aquellas palabras la hicieron volver a la realidad de su día a día. Ella era sólo una chica bicuriosa que disfrutaba travistiéndose.

-De seguro vienes mucho por aquí y de eso me suenas.- La rubia palmeó como si hubiera hecho el mayor descubrimiento del mundo riendo bajo. -¿Verdad?-

-Exacto, lo extraño es que no me haya fijado antes en ti, aunque también me suenas, seguro nos hemos visto.- Afirmó más aliviada rascándose la nuca.

El ángel rubio resultó ser realmente interesante, tenía mil ideas locas que quería hacer, incluso le contó sobre un viaje que tuvo que hacer cuando joven. Al igual ella le contó sobre varias cosas que había hecho de pequeña, cambiando un poco la historia para no delatar que se trataba de una chica. Las horas pasaron con una velocidad que sorprendió a la morena, tenía que volver a casa pero no quería separase de esa fémina.

-Perdona ángel, debo marcharme por hoy, es una pena, me has agradado mucho y no se si nos veremos de nuevo.- Murmuró con tristeza la de ojos ámbar.

-No te preocupes, vengo aquí cada sábado que puedo, pero ten.- La rubia tomó una servilleta y un labial de su bolso para pintar su número de móvil y entregárselo al chico ante ella. -Avísame cuando vengas y vendré a verte, también es mi hora de marchar.- La joven se inclinó para besar una de las mejillas ajenas y tras ello marchar de allí a la par de la morena.

Al llegar a casa Jenny se deshizo de su disfraz y se dispuso a limpiar su rostro, sonriendo al ver el color carmín fijado en su mejilla. Al final su cumpleaños había resultado ser un día genial, había conocido a una chica maravillosa y no sólo eso, tenía su número, aunque ahora que lo pensaba desconocía su nombre.

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Lo que restaba de fin de semana lo había pasado en casa en compañía de sus padres, ellos apoyaban incondicionalmente a su hija y sus gustos, si le gustaba ir cual chico, mientras fuera feliz los señores Simons eran felices. El lunes se hizo presente con la atronadora alarma que le indicaba que las clases estaban a una hora de comenzar y debía prepararse. Tras una ducha para activarse, secó por completo su cabello para luego sacar de un cajón una peluca de cabellos negros, la había comprado justo tras cortarse el pelo para salir y no tener que soportar comentarios por parte del resto del alumnado. Colocó a la perfección la prótesis de cabello adornándola con una diadema violeta al igual que cuando era niña y tras un buen desayuno se marchó a las clases.

-Buenos días Jenny, al parecer recapacitaste con lo de cortarte el cabello.- Lola sonrió sentándose a su lado, fijando la mirada en los largos y azabache cabellos ajenos.

-Sí, realmente era una pena cortarlos.- Rió falsamente la aludida, sintiendo como en su interior algo se retorcía.

-¿Sabes? Ayer estuve con Annie, resulta que hay un chico al que le gustas.- La castaña le picó el brazo esperando a que la curiosidad impactara en su amiga.

-¿Ah sí?- Para desilusión de su compañera no demostraba ninguna ilusión, más bien parecía distraída, y no era menos, su mente como el día anterior estaba fija en una chica rubia de nombre desconocido.

-No pareces ilusionada… pero bueno de todos modos te lo diré, le gustas a Jason White, deberías darle una oportunidad.- Insistió la más baja zarandeando el brazo de la morena.

-No me apetece, a parte estamos en fechas de exámenes.- Se excusó en un susurro cuando el profesor entró por la puerta.

-Al final voy a creer eso de que eres lesbiana.- La mueca de asco de la chica la hizo enfurecer más de lo que ella misma podía haber creído posible. Se puso en pie y golpeó con ambas manos la mesa, ladeando el rostro para ver directamente a la locutora.

-¿¡Tendrías algún problema con eso!?- Espetó molesta sin despegar la vista del rostro atónito de su amiga.

-Yo… no… lo siento….- El susurro ajeno no consiguió apaciguarla.

-Jennifer Simons, vaya de inmediato al despacho del director.- El profesor se puso en pie abriendo la puerta de la clase para dar paso a la chica, la cual no tardó en marchar directa a la oficina del director.

La charla con el director no era ni la mitad de producente de lo que habría sido hablar con el Director PC en la escuela, incluso el señor Mackey habría sido de más ayuda. Tener que pasar una hora en la sala de castigo solo conseguía deprimirla más, y la semana solo acababa de comenzar.

Las clases habían terminado y en el área de castigados no había más que un par de cara conocidas; Craig Tucker, Kenny McCormick y dos de los chicos góticos. Se sentó en la última fila aprovechando que no podía ser vista por el profesor de guardia tomó su móvil para mandar un mensaje a su ángel y así alegrarse la tarde. Sonrió al buscar la pestaña del chat y ver una foto de un pequeño hamster.

*Hola ángel, la otra noche no te pregunté tu nombre.

*No importa encanto, puedes llamarme ángel. Yo tampoco pregunté el tuyo.

*Puedes seguir diciéndome encanto, así es más interesante, ¿no?

La morena mordía su labio sonriendo mientras escribía entretenidamente. Enarcó la ceja cuando otra conversación apareció en la pantalla, chasqueando la lengua al ver el nombre de Lola.

*No quería que acabases castigada, lo siento mucho, ¿me perdonas? Eres mi mejor amiga.

*Está bien Lola, no pasa nada.

*Sigo pensando en que deberías probar con Jason, es buen chico.

*Lo pensaré…

*Le diré que el sábado quedáis.

*Si pensabas hacer lo que quisieras no tenías que insistirme.

*Ya verás te diviertes.

Rodó los ojos agotada, su amiga a veces era peor que una almorrana, si no la quisiera tanto la habría mandado a la mierda hacía años, pero quitando los momentos en los que la ponía nerviosa era un encanto de chica. Volvió a abrir la pestaña de su nueva rubia favorita, suspirando abatida por la posible idea de no verla esa semana.

*El sábado tengo una ocupación, no se si nos podremos ver….

*No te preocupes, yo andaré por allí hasta la misma hora de la otra vez, si logras llegar me avisas.

*Genial.

*Tengo ganas de verte de nuevo encanto.

*Y yo a ti ángel.

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La semana se le hizo eterna, pero tener el sábado a Lola y Annie en casa metidas queriendo arreglar su cabello no ayudaba a mejorarlo en absoluto.

-Para quieta para que te peine.- Annie tomó el cepillo y siguió a Jenny por la habitación que corría sosteniendo la peluca en su sitio para que no se descolocara al enredarse con algo.

-Me gusta mi pelo así, te dejo maquillarme.- Sentenció la morena sentándose en la cama tomando el aire perdido en su pequeña carrera.

-¡Vaaaaleee!- Annie parecía contenta, tomando todo su maquillaje para disponerse a maquillar a su amiga.

-¿No tienes ni un vestido?- La castaña se quejó mirando el armario, rodando los ojos ante la poca feminidad de la anfitriona. -Menos mal tienes más o menos mi talla y traje algo, en cuanto Annie acabe te los pruebas.- Ordenó llevando en respuesta un pulgar arriba de cada una de las chicas.

Cuando terminó de ser maquillada se miró al espejo, era casi tan bonita como lo era ángel. No era su aspecto favorito pero no podía negar que también le gustaba verse así, arreglada como una chica, aunque de seguro ese look también se vería bien con su cabello corto. Sonrió a sus dos amigas para que no notaran como sus ánimos habían decaído por unos segundos, recibiendo de vuelta dos sonrisas joviales. Tomó un vestido de color rojo, negando con la cabeza tan solo al verlo.

-Ni de broma Lola, no tengo pecho, este vestido se me verá horrible.-

-Tiene razón, se verá horrible.- La rubia apoyó la queja tendiéndole un vestido raso de color negro. -Este seguro te queda mejor.-

Se probó aquel vestido negro, sorprendiéndose de como la tela se adaptaba a sus pocas curvas dándole una figura adorable, tendría que probar a salir así a ligar alguna noche. Dio una pequeña vuelta sobre su eje, haciendo una exagerada reverencia a ambas chicas que comenzaron a reír con ganas.

-Sin duda, ve con este.- Lola secaba una pequeña lágrima que la risa había hecho brotar, sacando el móvil para tomarle una foto. -Mira.- Mostró la foto por unos segundos antes de volverse a centrar en el móvil. -Ya la tienes, la prueba de que eres una chica guapa.- Bromeó sacándole la lengua.

-Termina de arreglarte, Jason estará por llegar.- Annie apremió a ambas dando pequeñas palmadas, comenzando a recoger con ellas. -Nosotras vamos a irnos, ya nos contarás.-

En cuanto ambas chicas salieron de su habitación Jenny buscó una pequeña mochila donde comenzó a guardar todo lo necesario para su cambio de identidad, cargando con todo al sonar el timbre de la casa. Abrió la puerta para dar de lleno con un chico de no muy alta estatura, complexión delgada y el cabello castaño en media melena repeinada hacía atrás con gel fijador.

-Hola Jenny, estás preciosa.- Murmuró el chico con vergüenza.

-Hola, tú… estás bien…- Se sentía culpable porque el joven no le interesaba en lo más mínimo pero su amiga se había ido de la lengua como siempre.

-¿Vamos?- El chico le tendió el brazo para que se sostuviera, haciendo sonreír a la chica ante él. Tenía el punto de ser educado, aunque en estos tiempos ser así fuera anticuado.

La tarde fue cómoda, Jason era un chico bastante agradable, podía ser un buen amigo pero nada más allá de eso. A Jenny le fue difícil buscar una buena escusa para marcharse de la cita con el tiempo justo de correr al local donde la esperaba ángel. Se encerró en el baño para cambiarse, desmaquillarse fue la peor tortura, y aunque había logrado adoptar su imagen de chico sus pestañas se veían más oscuras y largas que de costumbre, pero nada más podía lograr. Tomó su móvil para mandar un mensaje, saliendo de allí directo a la barra una vez obtuvo la ansiada respuesta. No tardó en localizar la rubia cabellera de la chica que le esperaba removiendo el contenido rosado de su copa, mirando distraída a la pista de baile hasta que se plantó frente a ella.

-¿Has esperado mucho?- Cuestionó la recién llegada antes de hacer un gesto al camarero y que este le sirviera un trago.

-No mucho, aunque pensaba que hoy no vendrías.- Se sinceró sonriendo con suavidad, fijando sus azulados orbes en los opuestos. -¿Te has maquillado las pestañas?- Cuestionó estirando sus finos dígitos para rozar una de las nombradas.

-Mi hermana.- Contestó apresurada inventando una excusa sobre la marcha. -Ha probado conmigo su nueva máscara.- Rió bajo desviando la mirada de la chica a las personas que bailaban en la pista. -Ángel, ¿bailas?-

Se creó un silencio entre ellos, dejando que la música y el barullo del resto de gente inundasen sus oídos. La rubia tomó de forma decidida su mano arrastrándole a la pista, adentrándose entre los pocos que bailaban para quedar bajo las luces. Jenny quedó embelesada con la imagen de su acompañante, se movía cuidadosamente para que su cabello mantuviera su peinado intacto, pero sus caderas se movían con tal soltura que era hipnotizante. Si fuera realmente un chico sabía que tendría un notable problema en su entrepierna, y ese detalle le hizo sentir mal por un momento, estaba mintiendo, pero temía que como siempre al decir la verdad la otra se marchara. Suspiró cuando dos brazos rodearon su cuello y el cuerpo ajeno se pegó un poco al suyo balanceándose con suavidad, ¿Cuándo había cambiado la música a una lenta? La morena no lo sabía pero se dejó llevar rodeando la cintura opuesta, bailando de aquella forma por largos minutos, incluso cuando la canción había dado paso a algo más movido.

-Perdona.- Ángel se separó de ella para tomar su móvil que vibraba con fuerza en el bolsillo de su pantalón, alejándose de su posición para poder hablar por este. Regresó cuando Jenny había vuelto a la barra, dejando un beso sobre su mejilla. -Debo irme a casa, espero volvamos a vernos, te hablaré al móvil.- Avisó antes de desaparecer seguida por la mirada ámbar de la morena.

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Hablar con aquella chica y quedar con ella se estaba volviendo habitual en la vida de Jenny, incluso alguna tarde habían tomado su coche para viajar a Denver y pasar allí la tarde haciendo algunas compras. En un parpadeo llevaban tres meses conociéndose pero seguía sin saber su nombre, y lo que era peor, seguía sin confesarle que se trataba de una chica.

Aquella mañana en el instituto se sentía aburrida, comiendo en la mesa de las chicas, escuchando chismes sobre parejas o insinuaciones de nuevas relaciones a las cuales no prestaba atención alguna. Levantó la cabeza cuando el sonido atronador de un megáfono cascado se hizo presente en medio del comedor.

-Atiéndanme, este fin de semana se realizará una fiesta en la casa de Gregory Fields, este estirado de aquí.- El castaño que hablaba por el megáfono señaló al rubio a su lado.- Algunos ya han recibido la invitación, al resto los estamos invitando ahora, va a ser el acontecimiento estrella del año, id, fin del comunicado.- Terminó dejando a todos extrañados, aunque si estaban todos invitados si que sería el evento del año.

Una idea surgió en la mente de la morena, tomando su móvil y tecleando un mensaje, tal vez esa noche podía ser la oportunidad de decirle a su ángel que se trataba de una chica. Con suerte ella no huiría como hicieron el resto.

*Claro encanto, allí nos veremos.