Tercera parte
Julio 2003
A veces la vida se iba muy rápido, pensó Draco, mientras inauguraba la segunda tienda de pociones, en Hogsmade. Había conseguido el local gracias a Harry, que había intercedido con la heredera de una vieja casa casi al final del pueblo, su madre había muerto y no quería venderla, aunque el lugar estaba muy bien valorado y no lo utilizaba para nada. Finalmente la chica había accedido, Draco lo sabía, porque a la última negociación Harry había asistido, como su asesor.
Nicolas había tomado varios días libres y había llegado, con una canasta llena de chocolates de Suiza como regalo, y lo había ayudado en los últimos detalles.
Las niñas se habían acostumbrado ya a verlos juntos y sabían llamarlo "tío Nicolas" cada vez que querían que les compre algo. Nicolas era mucho más consentidor que Draco con ellas, y les daba dulces a escondidas, para que Harry no les llamara la atención por comer dulces antes de cenar.
Harry estaba cada vez más ocupado, con la tienda y preparándose para tomar un curso más, esta vez en el mundo mágico, sobre administración, efectivamente el curso que Hermione prácticamente lo había obligado a seguir había rendido frutos y ahora casi nunca necesitaba ayuda de Draco, aunque eso solo hacía que pasaran menos tiempo juntos.
Al menos Draco había tenido la delicadeza de poner fecha para su boda el diez de agosto, después del cumpleaños de Harry, quien esta vez decía solo querer una cena tranquila con sus amigos. Y la cena realmente hubiera sido tranquila si es que una lechuza del Ministerio no hubiera irrumpido cuando recién estaban sirviendo los aperitivos, cortesía de la señora Weasley.
Estimado señor Potter:
Por la presente se le comunica la demanda del señor Seamus Finigan hacia su persona, reclamando la tenencia de sus hijas, Iris y Alhelí Potter, quienes asegura son hijas propias y de Ginevra Weasley, y no de usted, como afirma.
Comprendemos la delicadeza del caso y el Ministerio está manejando el asunto en el más estricto privado, por lo que no debe preocuparse por el acoso de la prensa para el día de la citación, la cual se llevará a cabo el lunes 5 de agosto del presente. Le sugerimos ir con un abogado. Por el momento no es necesario que traiga a las niñas consigo.
Atentamente
Thimoty Hicks
Jefe de la Aplicación de ley para la Familia Mágica
La carta pasó de mano en mano, los rostros variaban de la incredulidad a la sorpresa y el terror.
Al inicio todos pensaron que era un error, no podía ser cierto porque Seamus lamentablemente había muerto. Dean había bebido su copa de whisky de un solo trago y se había servido más, negándose a creer que aquello fuera gracioso. Su mejor amigo no podía estar vivo.
Draco argumentó que alguien podía estarse haciendo pasar por el finado Seamus y que lo mejor era aumentar las protecciones hasta que todo se resolviera. Hermione, que había empezado a hacer prácticas en el área legal del Ministerio se encargó de hacer varias consultas por red flu hasta que se convenció de que tendría que ir ella misma a hacer las averiguaciones. Ron fue con ella.
Entre tanto, Harry solo podía mirar a sus hijas, a sus más grandes tesoros, tratando de encontrar algún parecido con él, algo que le dijera, "¿ves?, tienen tu nariz, evidentemente son tus hijas" pero lo cierto era que las niñas cada día eran más parecidas a Ginny, tenían el cabello lacio y rojo fuego, la piel pálida y sin ninguna peca, si bien era cierto, tenían los ojos verdes, también lo eran los de la madre de Seamus, y probablemente de muchas otras personas más en el mundo.
—Ella me lo dijo —masculló Draco, sentándose a su lado, con dos copas de whisky, Harry normalmente no bebía mucho cuando las niñas estaban en casa pero sabía que realmente necesitaba un trago.
Harry lo miró confundido y él continuó:
—Ginny, cuando me enteré que estaba embarazada, le estaba preparando pociones para las náuseas y me dijo que extrañaba a Seamus, y le dije que era muy probable que su hijo saliera igual a él, y allí fue cuando me lo dijo, que era tuyo. No tenía dudas, Harry. Ella sabía que eran tuyas. —Draco tomó el brazo de Harry, obligándolo a mirarlo —Son tuyas, no lo dudes ni por un instante, no insultes a Ginny de esa manera.
—No lo hago —protestó Harry, sorprendido de la defensa de Draco —, lamento darte esa impresión.
—Ella era mi mejor amiga, y una mujer honesta, lo que pasó entre ustedes… tuvimos pequeñas charlas sobre eso, ella te quería un montón, eras muy especial para ella, y si ella hubiera dudado, por un segundo siquiera, que eran tus hijas, me lo hubiera dicho.
—Yo también la quería mucho, siempre pensé en ella como la mujer de mi vida, ella lo sabía.
—Todo saldrá bien, ya verás —aseguró Draco, un instante después Nicolas se sentó junto a él y Harry sintió que el momento entre ellos se había roto, siguió mirando a sus hijas, convenciéndose de que eran suyas, suyas y de Ginny.
Un par de horas después, luego de que las niñas se quedaran dormidas en su habitación, la mayoría de ellos seguían allí, bebiendo y comiendo con desgana, como si en lugar de una celebración por cumpleaños estuvieran en un funeral; esperando por las noticias que Hermione podría traer.
Ella apareció, junto a Ron, por la expresión de ambos, Harry sabía que tenían problemas.
—Seamus fue encontrado en un hospital muggle, despertó hace unos meses. Su familia se había mudado y le costó mucho encontrarlos. Cuando lo hizo preguntó por la guerra y por Ginny, su madre le contó lo de las niñas. Él no se apareció antes porque estaba en rehabilitación y no quería que nadie supiera nada hasta que estuviera completamente recuperado. Indica que por la edad de las niñas, ellas son suyas y está exigiendo una prueba de paternidad. El Ministerio considera que probablemente tiene derecho, dada su relación con Ginny, pero quieren escuchar tu testimonio primero —Explicó rápidamente Hermione –Hemos conseguido su dirección, se está quedando en Howth, donde se había mudado su familia luego de que él fuera declarado muerto.
—Debo ir a hablar con él —dijo rápidamente Harry, poniéndose en pie.
—De ninguna manera —le atajó Hermione —, es interferir con el juicio.
—Ella tiene razón, Harry —aceptó Draco —lo mejor será que te quedes en casa y empecemos a armar la defensa para el juicio.
—¿Cómo puedes pedirme eso? —preguntó sorprendido, mirando brevemente hacia el techo, como si pudiera ver a través de el a las niñas, a sus niñas, durmiendo —, él no puede presumir que…
—Sin ofender a nadie —comentó Nicolas sonando calmado —, en realidad sí que lo puede presumir, él era novio de Ginny, las fechas están cerca de la última vez que probablemente estuvo con ella.
—No creo que eso ayude, amigo —murmuró Ron, ligeramente sonrojado.
—Weasley tiene razón —aceptó Draco, dándole una mirada de advertencia a Nicolas, por supuesto que tenía sentido, pero no era necesario decirlo en voz alta.
—Dame la dirección, Hermione —pidió Dean, que hasta ese momento había permanecido en silencio, sentado en una esquina, bebiendo silenciosamente.
—Dean… —suspiró Draco, acercándose a él —, no sé si eso sea buena idea tampoco.
—Eso no sería interferir en el juicio —se defendió el chico —además, él era… es mi amigo —su voz se quebró y tomó una bocanada de aire, antes de continuar —, mi mejor amigo y no me pueden decir que está vivo y que no puedo… Hermione dame la dirección.
—Él tiene razón —asintió Ron, sentándose por fin y jalando a Hermione con él —estamos olvidando que el punto es que Seamus, el que todos pensamos que había muerto hace casi tres años, está vivo… él no murió, y eso es algo increíble.
Harry asintió, sentándose al fin, Nicolas se sentó a su lado y le dio una copa más de whisky, Draco se sentó junto a ellos y suspiró, ninguno parecía cómodo o capaz de decidir qué hacer.
—Por favor… yo necesito verlo, y sabes bien que puedo averiguar la dirección —insistió Dean, con ojos brillosos, parecía estar conteniendo las lágrimas.
Hermione le dio una mirada a Harry y éste asintió con una mano, sabía que Ron tenía razón, Seamus había sido el mejor amigo de Dean, había sido amigo de todos ellos y estaba vivo… sus sentimientos eran contradictorios, pero no podía obligar a Dean a no buscarlo.
—Solo… no le digas nada que pueda…
—Es mi amigo, Hermione, mi mejor amigo —Dean sonrió hacia ella cuando por fin le dio la dirección.
—Dile —lo detuvo Harry cuando Dean estaba a punto de salir —, dile que todos nosotros nos alegramos de que este vivo, de que esté bien… Que realmente lo hacemos.
—Por supuesto que se lo diré —asintió el chico, antes de salir, con una gran sonrisa. Draco se preguntó cómo sería ese rencuentro, cómo se sentiría él si descubriera que Ginny estaba viva, seguramente era una sensación maravillosa y envidiaba a Dean por eso.
Harry no durmió esa noche, se pasó la noche sentado en la mecedora de la habitación de las niñas, viéndolas dormir, tratando de memorizar cada sonido y cada gesto. Eran suyas, suyas y de Ginny. Eran suyas y nadie se las iba a quitar. Se lo repetía una y otra vez, aunque, cuando llegó el amanecer, el miedo a perderlas no se había ido del todo.
Draco apareció más temprano que de costumbre, parecía recién haber despertado y venia solo, sin Nicolas. A Harry no le extrañó del todo su llegada.
Draco observó a Harry un instante, él tampoco había podido pegar un ojo en toda la noche. Silenciosamente se sentó junto a su amigo a observar a las niñas, ambas dormían ajenas a todo el temor que ellos sentían en ese momento.
Unas horas después Harry había dejado a las niñas en casa de la señora Weasley; no era que le apeteciera estar lejos de sus niñas, pero debían preparar todos los documentos para el juicio; así que pasó toda la mañana junto a Hermione y Draco preparando todo lo necesario. Ella lo representaría y Draco iría con ellos como padrino de las niñas. Aunque no había un vínculo legal en eso, sí que lo había de magia, era su deber velar por ellas y en una situación como esta no podía estar ausente.
Nicolas y Ron llegaron para la hora del almuerzo y se dedicaron a volar y jugar un rato en el jardín durante la tarde, mientras ellos seguían trabajando. Al anochecer ya tenían todo listo. Al fin, como Hermione había dicho, era un caso sencillo y lo peor que podía pasar era que el juez dictamine que debían hacerles una prueba de paternidad. Lo cual, según opinión de Nicolas, era lo mejor, puesto que así no quedarían dudas ni malos entendidos.
Harry había estado tan ocupado ese día pensando en lo del juicio que no había reparado en Draco y Nicolas, hasta que después de la cena los vio acaramelados en un sillón de la esquina, parecían estar hablando de algo importante y sus gestos mostraban la intensa intimidad que había entre ellos.
No le sorprendió que Hermione se sentara junto a él.
—Si tan solo se lo dijeras…
—No. —Harry negó con la cabeza y giró a ver a su amiga. —Si Ron estuviera enamorado de otra y esa otra de él, y estuvieran felices y a punto de casarse, ¿le dirías que lo amas?
Hermione observó a Ron, que en ese momento hacía jugar a las niñas en el suelo y luego a Draco y Nicolas.
—Lo siento.
—No lo hagas. Él es el padrino de las niñas, uno de mis mejores amigos, lo tengo junto a mí en momentos como estos… es más de lo que sé que debería tener.
Hermione negó con la cabeza y suspiró, apoyó la cabeza en su hombro. Harry no dejó de sentirse agradecido por tenerla a ella como confidente.
—He pensado —dijo Nicolas unas horas más tarde, cuando, desnudo, se dejaba abrazar por Draco, que solo gruñó para dejarle saber que lo oía —tal vez debamos esperar para la boda…
Draco se levantó rápidamente, mirándolo atentamente.
—¿Quieres cancelar la boda?
—No, por supuesto que no —se defendió rápidamente Nicolas, sentándose también —, pero ¿te das cuenta que si el juicio no sale como debería, o si el proceso se alarga más, nadie estará con ánimos de una boda?
—¿Estás seguro de eso? Es decir, entiendo tu punto de vista, pero… ¿no es una excusa para posponerla por alguna extraña razón que no me estás diciendo?
—Te amo, Draco Malfoy, y no te vas a librar tan fácil de mí —replicó Nicolas, antes de darle un beso en los labios.
Draco sonrió y se dejó besar y abrazar.
—Esperemos a que el juicio pase y luego veremos —replicó, recostándose nuevamente junto a su novio.
Nicolas asintió y sonrió, apretó más fuerte a Draco entre sus brazos y trató de dormir, aunque su mente no le daba tregua. Draco no le había dicho ni una sola vez que lo amaba en todo el tiempo que llevaban de relación.
Harry dejó que Draco acomodara su túnica para que luciera, según el Slytherin, medianamente presentable. Las niñas se habían quedado con su abuela y no las recogerían hasta la tarde. Esperaban que toda esa pesadilla terminara ese día.
—A veces pienso que solo te encanta hacerme sentir torpe —mencionó Harry, tratando de relegar los acelerados latidos de su corazón por la cercanía de su amigo.
—Por supuesto que sí, pero no solo es eso, debo hacerte lucir presentable, por más que seas el héroe nacional, nadie quiere un padre despreocupado, demuestra desorden y falta de cuidado y ambos sabemos que eso no eres tú… por lo menos no en cuanto a las niñas.
—Gracias… Creo.
Draco observó a Harry y sonrió. Se veía realmente guapo, con su túnica formal y su cabello sujeto en una coleta; aunque se hubiera visto mucho mejor con el cabello suelto, sin embargo no mentía, pese a que sabía que no había manera en que Harry perdiera, no quería que causara mala impresión.
—Vamos, lo harás bien. Además tenemos una excusa para celebrar, hoy en la tarde, luego de que todo termine.
Mucho más impresionante que ver el salón del Wizengamott, aquel al que Harry pensó que nunca más tendría que volver, fue ver a Seamus; vestido con una túnica formal de color azul; sus mejillas estaban sonrojadas y su cabello más corto que nunca; se veía delgado y entre sus manos tenía un bastón. Ya por Dean sabía que su recuperación estaba completa, que estaba ganando cada vez más fuerza, pero que había ciertos días en que no tenía suficiente fuerza en sus piernas para caminar sin ayuda del bastón. Dean estaba junto a Seamus; lucía algo impaciente e incómodo, y Harry lo entendía. Por intermedio de Draco sabían que su rencuentro había sido complicado, ya que Seamus lo consideraba un traidor por ser amigo de quienes le habían quitado a sus niñas. Dean tenía la esperanza de que, tan pronto se arreglara todo ese mal entendido, las cosas se calmaran; ni Draco ni Harry pensaban que eso sería así, sabían que, por más injusto que les pareciera, Seamus no formaría nunca parte de su grupo de amigos habitual. Al otro lado de Seamus estaba su madre, una mujer vestida elegantemente, con el cabello rubio recogido en un moño, los ojos verdes brillaban con intensidad mientras recorría la sala; cuando sus ojos se encontraron con los de Harry hizo una mueca de desprecio antes de desviar la mirada hacia su hijo.
—No le hagas caso —susurró Draco, quien caminaba a su lado.
—No lo hago; además no es su madre la que me preocupa. Vamos a sentarnos —Harry señaló hacia el inicio de la sala, donde Hermione ya los esperaba, repasando unos papeles y completamente ajena a todo el alboroto alrededor.
Harry pasó junto a Seamus porque era el único camino para llegar a su sitio, y pese a lo que Hermione y Draco le habían recomendado (en el caso de Hermione, prácticamente ordenado), se detuvo frente a él.
Seamus levantó los ojos y los fijó en Harry, era evidente su fastidio, pero eso no mermó su intención.
—Pese a todo, quiero que sepas que me alegra mucho que estés bien, que no hayas muerto. Esta guerra se llevó a demasiada gente querida para mí, saberte vivo es motivo de celebración. —Harry extendió la mano para estrechársela y esperó, Draco a su lado permanecía tenso y listo para reaccionar en caso fuera necesario.
Seamus parpadeó unas cuantas veces, su madre lo miró con más desprecio aún y Dean permaneció en silencio, observando de un lado al otro.
Luego de lo que pareció un tiempo eterno, Seamus extendió la mano y se puso en pie para saludarlo.
—Yo la amaba, y si esas niñas son mías, las quiero a mi lado, sería lo único que quedó en este mundo de ella, una prueba de su existencia, y de lo mucho que nos amamos. ¿Lo entiendes, verdad?
—Yo haría exactamente lo mismo —aseguró Harry, entendiéndolo a la perfección, si el caso fuera inverso, sería él quien estaría pidiendo una prueba de paternidad. Finalmente lo había entendido.
—Malfoy —asintió Seamus a modo de saludo, dirigiéndose hacia Draco —Dean también me ha contado todo lo que hiciste por ella ese tiempo, muchas gracias por no dejarla sola.
—Era mi mejor amiga y siento su ausencia tanto como tú —le aseguró Draco.
En ese momento Hermione pareció darse cuenta de lo que hacían porque los llamó en voz alta, apurándolos.
Tras un incómodo silencio, Draco y Harry siguieron hacia la mesa en que la chica tenía los papeles extendidos.
—Pensé que era algo sencillo —reconoció Harry, sentándose donde ella le indicaba.
—Y yo pensé que te había dicho que lo mejor era no hablar con él —le recriminó la chica.
—Era mi amigo, tengo derecho a saludarlo, nada cambiará por comportarme decentemente.
—Su madre no piensa lo mismo —aseguró Draco, sentado detrás de ellos y señalando con la cabeza a la madre de Seamus, que parecía reñir a su hijo.
Hermione sonrió.
—Está bien… pongámonos serios, debemos terminar antes de mediodía.
Unos instantes después el asistente del tribunal, un muchacho de veintitantos años, con el cabello castaño y una gran sonrisa, llamó la atención de todos; indicando que el tribunal entraría en sesión.
Harry puso su mejor cara de responsabilidad y se puso en pie, mientras veía al comité asignado a los temas de familia, ingresar.
Eran cinco personas en total y Harry nunca los había visto antes, había tres mujeres y dos hombres, todos parecían igual de ancianos e igual de aburridos. Suspiró pesadamente, esperando que todo terminara pronto realmente.
Draco observó en silencio todo el proceso. Primero el abogado de Seamus, un tal Jared McAllary, llamó a Seamus y le hizo una serie de preguntas acerca de su relación con Ginny, el tiempo que habían estado juntos y la forma en que había caído en el bosque más de dos años atrás, quedando en estado de coma durante todo ese tiempo. Las mujeres del tribunal miraban al chico con pena, incluso una parecía a punto de llorar. Aprovechándose del efecto que sabía que estaba causando, el abogado permitió que Seamus dijera lo mucho que había amado a Ginny y cuánto le gustaría tener a esas niñas, que, por las fechas y lo cercana de su relación, eran de él; lo único que quedaba del amor que se habían profesado.
Hermione, sin embargo, no dio tregua, tal como imaginaba, interrogó a Seamus de manera seria y profesional, no permitiéndole responder más que lo justo, sin dejarle agregar sentimentalismos u opiniones. Incluso preguntó cuánto tiempo antes de su desaparición había estado íntimamente con ella. Draco agradeció que ninguno de la familia de Ginny estuviera presente. Según Seamus ellos habían estado juntos tres días antes de que Harry estuviera con ella, lo cual daba un margen bastante aceptable para asegurar que esas niñas eran suyas.
El siguiente interrogado fue el mismo Draco, quien se dedicó a mirar mal al abogado de Seamus, sobre todo cuando le preguntó por qué había mentido a los padres de la chica, adjudicándose las niñas como propias e insinuando que eso era un atenuante sobre su falta de honradez. Lo que más le costó narrar fue la forma en que Ginny murió, no le encontró el sentido a eso, sin embargo fue obligado por la corte.
Hermione fue amable con él, preguntándole solo dos cosas; que contara la ocasión en que Ginny le había confesado de quien era el bebé que esperaba y las razones que ella misma le dio para ocultarlo. McAllary protestó ante eso último.
—¡El señor Malfoy no puede hablar por la señorita Weasley!
—El señor Malfoy acompañó a Ginevra Weasley durante todo el embarazo —alegó Hermione.
—Eso no es prueba de nada.
—Puedo darles mis recuerdos, usar verasitum, cualquier cosa para que usted, McAllaey, deje de insinuar siquiera que miento, o que Ginny lo hacía —rugió Draco.
—Evidentemente el señor Malfoy tiene una opinión sesgada, es el supuesto padrino de las niñas…
—¡Soy el legítimo padrino! —exclamó Draco
—Y amigo cercano de Harry Potter —continuó el abogado.
—Por supuesto que lo soy, porque soy padrino de SUS hijas.
—Señores, el señor Malfoy no es juzgado aquí, su testimonio debe ser aceptado, como lo fue el del señor Finnigan —indicó Hermione con voz firme.
—¡Orden y silencio! —dijo una de las mujeres del tribunal —, no queremos dilatar más esto y así solo lograrán que tengamos que tomar un receso.
Ambos abogados se miraron un momento y asintieron; Draco en tanto sentía las mejillas arder y le costaba respirar. Vio a Harry que le sonrió y le guiñó un ojo, ese simple acto logró calmar su ánimo, y sin poderlo evitar, sonrió de vuelta.
—El testimonio del señor Malfoy es aceptado, nada nos hace pensar que está mintiendo —dijo finalmente otra de las mujeres del tribunal.
—Lo acepto, mi señora —replicó McAllery —, después de todo el señor Malfoy solo repite lo que Ginevra Weasley dijo en un inicio.
—Si siquiera está insinuando… —Draco se puso de pie sin darse cuenta, sus manos temblaban, toda la calma que Harry le había transmitido segundos antes, había desaparecido, solo quería lastimar seriamente a ese remedo de abogado. La mano de Hermione sobre su hombro lo hizo detenerse.
—Por favor, no le demos el gusto —le murmuró Hermione, antes de voltear hacia el tribunal —. Es evidente que el señor McAllery solo busca provocar a mi testigo, él y Ginevra Weasley fueron muy unidos.
—Señor McAllery, le rogamos mantener sus comentarios personales fuera de esta sala —le dijo uno de los ancianos del tribunal, mirándolo de mala manera.
McAllery asintió, vencido.
—Solo una pregunta más —pidió el abogado.
El tribunal aceptó y Hermione suspiró cansada.
Draco tomó aire y se preparó, Hermione tenía razón, solo buscaba hacerlo caer para que su testimonio no fuera tomado tan en serio, y por las niñas, no podía permitirlo.
—El señor Finigan afirma que usted y Ginevra Weasley nunca se llevaron bien, que nunca hablaban… es más, hasta antes de que usted dijera que esas eran sus niñas, su participación dentro de la orden había sido mínima…. Sin embargo, luego de que usted protegiera de manera tandesinteresada a Ginevra, como a las niñas, y se proclamara padrino de ellas, su posición dentro de la orden ha subido vertiginosamente, hasta ser el mejor amigo del héroe, y por lo tanto obteniendo muchos reconocimientos… solo porque cuidó a sus supuestas hijas…
—Ellas son sus hijas —interrumpió Draco, con los dientes apretados.
—Eso es lo que a usted le conviene que piensen, ¿no es así?, después de todo pasó de ser un miembro inferior de la orden al segundo al mando.
—¿A dónde pretende llegar? —interrumpió Hermione
—Le agradecería a la abogada que no me interrumpiera —indicó el abogado, sin dejar de mirar a Draco, parecía disfrutarlo.
—Esperamos que concrete esa pregunta lo más rápido posible —dijo uno del tribunal, a lo que el abogado asintió.
—Me refiero al hecho de que tal vez el señor Malfoy modificó la verdad, era lo que le convenía, ¿no es así, señor Malfoy?
—¡Por supuesto que no!
—Era lógico, después de todo, usted siempre ha sido ambicioso, siempre ha deseado volver a ocupar el lugar que había ocupado su familia antes de la guerra, y esta era una buena oportunidad, pensó que nadie reclamaría a esas niñas…
—¡Como se atreve! —increpó Hermione, sus mejillas estaban rojas y su respiración alterada, Harry parecía furioso también.
—Yo tenía un puesto de confianza en la orden —replicó Draco
—Eso es lo que "Ojo Loco" quería hacerle creer, siempre opinó que era demasiado débil, incluso cobarde…
—Eso no…
—Señor Malfoy, dígame si no era conveniente inventar todo esto, aprovechar su conocimiento en los sucesos luego de la muerte del señor Finigan para subir posiciones, aunque la guerra ya hubiera terminado. No es necesario mencionar que la cantidad de puertas que se le han abierto al formar parte del sequito más cercano del Salvador es bastante atrayente, de esa manera consiguió su nueva tienda…
—Eso no tiene nada que ver. Y por supuesto que es conveniente, pero eso no significa que sea verdad —Draco apretó los puños, si se encontraba a solas con ese abogado le enseñaría quién era el débil, pero no le daría el gusto de caer, por supuesto que no; tomó una bocanada de aire y continuó. —Tengo recuerdos que prueban el momento en que Ginny me dice que esas niñas son de Harry, y los puedo presentar en el momento que deseen. Mi puesto en la orden no está en juicio aquí, simplemente diré que si hubiera querido, hubiera podido desabastecer a toda la orden, así como envenenarlos, vender su ubicación e incluso entregarlos al mismo Voldemort. La información es poder, McAllery, la fortaleza no se mide solamente en el poder de la magia o la habilidad para pelear. No todos los de la orden fueron destinados a pelear en una batalla, algunos como yo, nos abocamos en cuidar y protegerlos de otra manera, abasteciendo, arriesgando nuestras vidas por buscar y proveer, no espero que lo entienda, después de todo, tomó el camino más sencillo al escapar con su familia a América —Draco sonrió cuando el abogado palideció un poco —; por supuesto que lo sé, me gusta estar bien informado… ya sabe, eso te da poder…
—Señor Malfoy, le ruego que sea claro.
—Por supuesto, señores del tribunal —aceptó Draco, haciendo una venia hacia el tribunal —El señor McAllery insinúa que alteré la información para aprovecharme de la situación de Ginny, y mi respuesta es que no, jamás lo hice, esas niñas, mis ahijadas, son hijas de Harry Potter.
—No tengo más preguntas —negó McAllery, con el gesto sombrío, mientras Draco bajaba del estrado, mirándolo con fastidio.
—Es un hijo de mortífago —le susurró Seamus —no te dejes asustar por él.
—Eso no es así —intervino Dean desde el asiento de atrás —, Ginny y él eran muy cercanos y creo que tu abogado se pasó con eso.
Seamus le dio una larga mirada y luego negó con la cabeza, no parecía interesado en responder.
La sala se quedó en silencio durante un momento, mientras Draco se sentaba detrás de Harry y Hermione, tratando de lucir calmado, Harry lo miró un instante y Draco se encogió de hombros, demostrándole que estaba bien.
Hermione se aclaró la garganta y llamó a Harry al estrado. Draco suspiró, estaba seguro que McAllery no se mediría con él, y Harry tendía a ser demasiado visceral y alterado; peor que él mismo.
Harry respondió las preguntas de Hermione sin dificultad, se enfocaron en hablar en cómo era su vida luego de la guerra y todo el tiempo que pasaba con las niñas. Además indicó la última vez que había estado con Ginny, algo sonrojado por tener que andar revelando esos datos delante de un grupo de extraños.
En cambio McAllary se interesó en saber por qué había engañado a su novio y si siempre mantenía relaciones con la chica, pese a que cada uno ya tenía pareja. También le preguntó sobre si habían tomado algún tipo de protección aquella noche, a lo que Harry tuvo que responder que no estaba seguro, que habían bebido y que anteriormente sí lo habían hecho. Finalmente McAllery lo hizo ver como un tipo despreocupado que se había acostado con una buena amiga, aprovechándose de su dolor. Harry apartó la vista de Seamus, que lo fulminaba con la mirada, mientras se sentaba nuevamente en su sitio. Sintió la mano de Draco en su hombro y suspiró.
—El tribunal entrará en sesión —indicó el asistente del tribunal, dirigió una venia hacia el tribunal y tras un par de pases de varita se levantaron las paredes que aislaban al tribunal del resto de la sala. Según Hermione les había dicho, antes el tribunal tenía una oficina anexa, pero como la mayoría era ancianos, se cansaban de caminar de un lado al otro. Desalojar a toda la sala tampoco era una opción, pues tardarían mucho tiempo en ir y volver; finalmente el hechizo de aislamiento había funcionado bastante bien. Así ellos se estuvieran matando allí dentro, nadie se enteraría.
Harry estaba impaciente, le hubiera parecido una gran alternativa que ofrecieran tragos o algo de merendar mientras esperaban, pese a que Draco trataba de darle la conversación, no lograba distraerse. Finalmente luego de tres horas de debate, lo cual ya tenía preocupada a Hermione también, el asistente del tribunal indicó que todos debían ponerse de pie.
Saoirse Spollen la que al parecer era la más anciana de todo el tribunal se puso en pie con ayuda de un bastón, aclarándose la garganta llamó la atención de todos los presentes.
—Un hijo es el más grande regalo que podemos tener en esta vida, una prueba del amor o el cariño de los padres, la huella que perdurará cuando ellos hayan marchado. En este caso, un reflejo de la lucha y el amor de una madre por proteger lo más valioso. Estoy segura de que cuando esas niñas crezcan, estarán orgullosas de escuchar que su madre dio su vida protegiéndolas, que su padrino arriesgo su propia seguridad y su vida por ellas… Sin embargo el padre, esa historia no está clara aún.
Harry jadeó y sintió la mano de Draco sobre su hombro, apretándolo, no sabía si dándole ánimo o buscando fuerzas.
—Hemos escuchado todos los testimonios, está muy claro que nada más que el cariño hacia una amiga movió al señor Malfoy para proteger a las niñas, para mentir y adjudicárselas como propias. Sin embargo no nos queda claro cuál de los dos puede ser el padre; ambos son hombres buenos y honestos, ambos estarían felices de poder llamarlas hijas suyas, pero lamentablemente eso no es posible, así como tampoco es posible para nosotros dar un veredicto hasta no ver una prueba de paternidad. Programamos esta prueba de paternidad para mañana a primera hora, a menos que alguno de ustedes tenga algo que objetar.
Harry giró a mirar a Hermione y asintió, convencido de que al menos era un paso que no se le hubiera negado la custodia de sus niñas de buenas a primeras.
Ambos abogados aceptaron y el tribunal le dijo a Harry que al día siguiente, a las nueve de la mañana, tendría que traer a las dos niñas, para que pudieran practicar el hechizo de paternidad.
Molly se mostró bastante disgustada por la respuesta del Wizengamott, porque decía que ese no era lugar para sus nietas, aunque todos sabían que era muy poco probable que ellas recordaran alguna vez haber tenido que pasar por todo el proceso.
Pese la insistencia de la señora Weasley, nuevamente solo Harry, Draco y Hermione asistieron al tribunal, en compañía de las niñas. Ambas con vestidos de color rosado, la única diferencia eran los lazos en la cintura, uno blanco y otro negro. Parecían asustadas y sujetaban la mano de Harry con fuerza, como si temieran, de alguna manera, que las fueran a alejar.
—Ok preciosas, esto es como ir al medimago, ¿de acuerdo? –les dijo Harry, arrodillándose delante de ellas, antes de entrar a la oficina de Familia, a diferencia del día anterior, la visita sería mucho más privada, solo podrían entrar las niñas con Harry y Seamus. Los abogados, así como Draco y la madre de Seamus podrían observar el proceso desde fuera de la sala, con un hechizo.
Ambas niñas asintieron solemnemente y Harry se sintió enfermo por tener que hacerlas pasar por algo así, sinceramente esperaba que no lo recordaran al crecer.
Hermione le dio una mirada de ánimo y finalmente entró a la oficina. Seamus ya estaba allí y se puso de pie en cuanto vio a las niñas, ambas se sorprendieron por el gesto, pero Harry las alentó a seguir avanzando hasta el centro de la sala.
La señora Saoirse se acercó a ellas con una sonrisa y un par de dulces.
—Pero qué niñas tan guapas, tengan un dulce y siéntense aquí –les indicó, señalando una cómoda banca pequeña, las niñas dieron una mirada a su padre, que asintió, antes de obedecer.
Harry se quedó quieto, lo más cerca que podía de las niñas, con los brazos cruzados y esperando impaciente.
—Dado que son gemelas, sería absurdo aplicar el hechizo a ambas, ya que es evidente que ambas tienen el mismo padre, así que aplicaremos el hechizo solo a una.
—Estoy de acuerdo –indicó Seamus, poniéndose de pie, apoyado en el bastón y mirándolas con atención.
—Yo también –se apresuró a decir Harry, mordiéndose la lengua para decir que para esos casos, como padre de ellas que era, solo importaba su opinión y la de nadie más.
Saoirse hizo un movimiento con la varita y sin previo aviso lanzó un hechizo hacia Iris, junto a ella Alhelí hizo un puchero, Harry quiso acercarse pero otro miembro del jurado levantó la mano, instándolo a no moverse.
El rayo rosado envolvió a la niña, cuyos ojos estaban abiertos de par en par, aunque no parecía sentir dolor alguno. Luego de un instante el rayo salió disparado hacia lo alto del techo, dio dos vueltas en la habitación y salió por el muro que permitía ver a los abogados el proceso.
Hermione soltó un chillido cuando el rayo rosado formó un círculo sobre la cabeza de Draco, que parecía completamente desconcertado.
Intentaron el hechizo cuatro veces más, en ambas niñas, y no solo Saoirse sino también otros magos, y el resultado siempre fue el mismo. Draco no daba crédito a lo que pasaba, él sabía que no era el padre de las niñas, y no entendía qué pasaba.
Tres horas después, un representante del área de Misterios y otro del área de Hechizos practicaron varias pruebas más y dieron su veredicto
—Alguien ha protegido la paternidad de las niñas para que no sea descubierta, el hechizo estándar de paternidad apunta al señor Malfoy, pero los demás demuestran que la paternidad de las niñas está protegida.
—Tal como les había dicho –dijo Draco –es porque ella temía lo que fuera a pasar si es que se sabía que Harry era el padre.
—Este tipo de hechizos de protección desaparecen cuando el ejecutante muere –argumentó el abogado de Seamus –eso quiere decir que el ejecutante aún está vivo, me inclinaría a pensar que ustedes –señaló a Harry y Draco –tienen algo que ver en esto, es muy conveniente, después de todo.
Draco empezó a protestar, igual que Hermione, mientras Harry miraba hacia el abogado con furia.
—Señores, por favor, lo primero que deben hacer es llevar a las niñas a casa, los espero en dos horas en mi despacho –los interrumpió Saoirse.
Dos horas después, la discusión había subido de tono en la oficina de Saoirse, Hermione argumentaba que era ilógico que ellos hubieran lanzado el hechizo, ya que de haberlo hecho, la paternidad apuntaría a Harry y no a Draco, mientras que el abogado de Seamus defendía que como fuera, era todo sospechoso, lo que daba más credibilidad a su defendido.
—El hechizo fue canalizado hacia algún objeto –dijo finalmente el especialista en Misterios del Ministerio –era lógico si la señora Weasley pensaba que su vida estaba en peligro, probablemente sabía que si algo le pasaba no habría otra forma de protegerlas.
—Ella no está viva, no se supone que el hechizo se mantenga así –argumentó Hermione, lucía agotada y enfadada.
—La magia funciona de muchas maneras, señorita Granger –indicó el representante del Ministerio –la única forma de anular el hechizo es destruyendo el objeto receptor.
—¿Cómo podríamos saber cuál es ese supuesto objeto receptor? –interrogó el abogado de Seamus –por lo que sabemos, bien podrían haberlo conjurado ellos para evitar que se sepa la verdad, es muy conocido que el señor Potter es un mago poderoso, y el señor Malfoy tiene fama de tramposo.
—¡No le permito que…!
—¡Silencio! –interrumpió Saoirse a Harry, que se había puesto de pie, listo para golpear al abogado.
—Lo más lógico en este momento es que nos den tiempo de registrar las cosas de Ginny para encontrar el objeto que indica el experto –indicó Hermione, a lo que los miembros del jurado aceptaron.
—Tienen setenta y dos horas para hacerlo –les indicó otro de los miembros de jurado –es tiempo suficiente para encontrar cualquier prueba que indique la paternidad de las niñas.
Finalmente los abogados aceptaron, acordando la fecha y hora de la nueva audiencia.
Harry abrazó a sus hijas con cariño y les advirtió que se portaran bien, que él volvería lo más pronto posible y que les traería un dulce para cada una si eran buenas con la abuela Molly, quien aún seguía horrorizada de cómo las cosas habían terminado.
Se habían repartido la misión de buscar el objeto que conservara el hechizo de encubrimiento; Hermione lo haría en la Madriguera, en la habitación de Ginny, que aún permanecía intacta, luego de la guerra habían enterrado a la chica en el cementerio de la familia y habían traído algunas de sus cosas, pero no todas, el resto seguían esparcidas entre la casa que servía de laboratorio para la Orden y la carpa donde habían vivido un par de meses.
Harry y Draco harían esa búsqueda, todos comprendían que para ambos irrumpir en aquellos lugares era un tema delicado y no habían objetado cuando pidieron ir solos.
La noche en que la guerra terminó, Draco había guiado a Ron y el señor Weasley hacia la carpa donde Voldemort los habían encontrado, habían recogido el cadáver de la chica, así como su varita; Draco había entrado a la carpa y sacado todas las cosas de las niñas, antes de desarmarla y guardarla, no se sentía con fuerzas para hacer más que eso; luego habían llevado la carpa al laboratorio de la Orden, comprobando que no estaba tan destruido como había pensado. En el jardín, que permanecía en pie, había dejado la carpa y se había sorprendido al encontrar al gato del tercer piso, algo hambriento, pero a salvo.
Solo había permanecido allí unos minutos, había sacado algunas cosas que consideraba importantes y luego había vuelto a la carpa de los Weasley, antes de que Harry y las niñas se instalaran en el valle de Godric definitivamente y él se mudara a su departamento actual.
En un inicio Draco había pensado en volver, en tratar de ordenar y reparar el sitio, en sacar las cosas de Ginny y entregarlas a su familia, pero nunca tuvo la fuerza para hacerlo. Finalmente nunca más había ido allí.
—Iniciaremos con la casa –indicó Draco, con voz suave –según el experto del Ministerio, bien podrían haber conjurado la protección antes de que ellas nacieran, desde que supo que estaba embarazada ella temía por las niñas, por lo que es probable que realizara el hechizo aquí.
—De acuerdo –asintió Harry, sintiéndose de alguna manera profanador de aquel lugar, sabía lo que Draco sentía y se sentía mal de irrumpir allí.
La casa tenía el segundo y tercer pisos prácticamente destrozados, el primer piso tenía señales de destrucción, pero muy leves. Draco tomó del brazo a Harry y lo apareció en el final de las escaleras, no se animó a aparecer en su habitación porque no sabía el estado de ella, e hizo bien, puesto que la mitad del suelo había desaparecido.
Harry entró a la habitación de Ginny y observó la cama, con el edredón tejido en color rojo, así como las pocas fotografías que habían sobrevivido al ataque, una era de él y ella en la escuela, durante su sexto año, cuando eran novios, otra de toda la familia Weasley en su viaje a Egipto, varios años atrás, y una más de Hermione y Ginny, abrazadas junto al Lago de la Escuela. También había una de ella y Luna, en una de las escaleras de la Escuela, ambas sonriendo y saludando a la cámara. Pensó un instante en Luna y sus locuras, dándose cuenta de cuánto la extrañaba. Tomó todas las fotografías con cariño y las guardó en la mochila que cargaba, pensando en que en casa se verían mejor, así las niñas tendrían más imágenes de su madre.
Agitó la varita, tratando de buscar alguna señal de magia escondida, y al no encontrar nada, comenzó a revisar los cajones y el armario; encontró algunas prendas de vestir, la bufanda de Griffyndor, que también guardó en la mochila, junto con algunas prendas pequeñas que imaginó que la chica o su madre habían tejido para las niñas y que nunca habían usado.
También encontró, en el cajón de la mesa de noche, una fotografía de Seamus, de la Escuela, le dio pena no encontrar ninguna de la pareja, pues estaba seguro que Seamus hubiera querido guardarla.
—En mi habitación no hay nada, hay que continuar con el laboratorio y la cocina, finalizaremos con el jardín –le dijo Draco en ese momento, sobresaltándolo; parecía realmente abatido.
Se repartieron el resto de la casa y solo se detuvieron cerca del amanecer, para compartir la comida que la señora Weasley les había enviado, antes de continuar, finalizaron en el jardín, donde las flores que Draco había sembrado se habían marchitado, dejando que la hierba salvaje se apoderada del lugar.
Era ya más de medio día cuando ambos se dejaron caer en una de las bancas de ese jardín, Draco cerró los ojos y evocó recuerdos de Ginny sentada allí, acariciando su vientre y descansando, se preguntó en qué pensaba la chica en esos momentos y lamentó no habérselo preguntado directamente.
—Solo nos queda la carpa –le dijo Harry un momento después, guardando la botella con jugo de calabaza que también les habían dado –si quieres lo puedo hacer yo, sé que no es una situación cómoda para ti.
—Está bien, es algo que debí haber hecho hace tiempo… tal vez nos hubiéramos ahorrado todo esto.
Harry asintió y se puso en pie, observó a Draco levitar con la varita la carpa desarmada hasta una parte más libre del jardín y luego empezar a armarla. Sabía, por experiencia propia que a veces armar esas carpas era complicado y prefirió quedarse a un lado para no estorbar.
Él había visto la carpa en los recuerdos de Draco, pero aun así le sorprendió lo majestuosa que lucía, incluso por fuera, sabía que era de los Malfoy y que la habían usado muy pocas veces, que era una de las cosas con las que Draco huyó de la Mansión luego de la muerte de sus padres.
La carpa no había sufrido daño realmente, así que cuando Draco abrió la puerta, todo lucía más o menos como lo había dejado. La sala de estar había vuelto a su sitio, aunque lucía empolvada; solo había algunos muebles de madera alrededor de lo que parecía una chimenea.
—Luego de que las niñas nacieron, dividimos esta sala en tres, una de las partes, la más amplia, para Ginny y las niñas, y la otra para mi habitación, casi nunca usamos los pisos superiores, así que imagino que si ella escondió algo, lo hizo en su habitación.
—De acuerdo –susurró Harry, observando la que había sido la habitación de Ginny y las niñas, se le hizo un nudo en la garganta cuando vio la pequeña cuna, lo móviles de música colgados, y los diversos adornos; definitivamente, pese a la situación, ellos habían tratado de hacer sentir a las niñas en casa.
—Cuando vine por última vez no pude tomar nada de esto, sentí que no era correcto…
—¿Tú conseguiste todo esto?
—La gran mayoría, aunque Ginny siempre se enfadaba porque sabía que no eran cosas que pagara… —Draco sonrió tristemente –era muy curioso verla enfadada, parecía alguien a quien temer.
—Claro que lo era –sonrió Harry, recordando el temple de la chica.
Se dedicaron a revisar cada lugar dentro de esa habitación, paredes, muebles, la cama y las cunas, todo fue movido de un lado a otro; Harry encontró algunas cosas más que llevar, como una fotografía de las niñas recién nacidas durmiendo en la cuna y otra de Draco en una mecedora con una de ellas, con los ojos cerrados, Draco argumentó que no tenía ni idea de cómo Ginny había tomado esas fotos, ni siquiera sabía que tenía una cámara.
—Es una pena que no hubieran sacado una fotografía de ustedes cuatro… hubiera sido un buen recuerdo.
—Está bien, no necesito una fotografía para recordarla –argumentó Draco, sin embargo, y sin que Harry se diera cuenta, tomó una fotografía que encontró en uno de los cajones de la mesa de noche, en ella estaba Ginny sonriendo a la cámara, mostrando su abultada barriga, por la posición, parecía una foto que la chica se había tomado, seguramente queriendo guardarla de recuerdo.
Luego de incluso desarmar los móviles para las niñas decidieron que en esa habitación no había ningún objeto hechizado.
Algo desalentados, se sentaron en la sala de estar, a tomar té y emparedados, mientras Harry agitaba la varita de manera distraída, buscando algún objeto hechizado.
Anochecía cuando empezaron con la habitación de Draco, que no era más que una cama mediana, un estante, un armario y una mesa de noche. Era totalmente impersonal, se notaba claramente que cualquier intento de ganar comodidad había sido abocado a la habitación de Ginny y las niñas.
Draco revisó sus cajones una y otra vez, hechizándolos para encontrar algún encantamiento; Harry revisaba, sintiéndose algo incómodo por la intromisión, el armario, cuando sintió una barrera mágica. Jadeó, algo emocionado y lo intentó una vez más, sin embargo la barrera no le permitía el acceso. Giró hacia Draco, que dejaba sobre la cama algunos libros y frascos vacíos.
—Aquí hay algo –le dijo con emoción.
La barrera mágica resultó esconder un pequeño compartimento en la esquina del armario, dentro había una caja que Draco reconoció inmediatamente.
—Esta es la caja que le di a Ginny para que llevara sus pociones, los primeros meses, le advertí que debía cuidarla…
—Imagino que, por lo que me contaste, ella le tomó cariño, fue cuando empezaste a hacerte amigo de ella.
Draco asintió y la tomó con cariño, con un pase de varita hizo levitar los libros y frascos de la cama a una esquina de la habitación y se sentó en ella, Harry se sentó a su lado, observándolo con atención.
—Revela tu contenido –murmuró Draco, luego de ver que solamente abriéndola no pasaba nada, un instante después pudo ver un sobre color marrón en el interior.
—¿Crees que eso sea? –preguntó Harry, algo impaciente. Draco solo se encogió de hombros y se lo pasó al chico, que negó con la cabeza —. Ella lo dejó para ti, la magia no me reconocía a mí.
—De acuerdo –Draco dejó la caja a un lado y sopesó el sobre, era bastante grueso. Lo abrió con delicadeza y un par de flores secas cayeron sobre sus piernas. Tomó primero una de color lila con blanco y se la enseñó a Harry –esta es la flor de Iris —, luego tomó la otra, de color amarillo –y esta la flor de Alhelí, eran las que teníamos en el jardín.
Harry tomó ambas flores y sintió la magia en ellas, pero no dijo nada aún, observando a Draco sacar del sobre tres pergaminos doblados.
—Esta es para ti –le dijo un instante después, pasándole uno de los pergaminos doblados que decía Harry Potter.
Ambos se miraron con entendimiento, antes de comenzar a leer.
15 de noviembre de 2000
Harry,
Si estás leyendo esto es muy probable que algo malo haya pasado, espero que solo a mí y que las niñas, y Draco, estén a salvo.
Para estas alturas espero que ya sepas la verdad, si no es así, te lo diré yo.
Iris y Alhelí son tus hijas. Creo que no necesito recordarte la última vez que estuvimos juntos, luego de la muerte de Charlie y Seamus. Esa noche ellas fueron concebidas. Sé que no te gusta que te oculten las cosas y lo mucho que has sufrido antes por eso, pero créeme que en esta ocasión no había una mejor alternativa, ya que no se trataba solo de ti. Sabes muy bien lo peligroso que era todo con la guerra, y lo último que quería era que me usaran a mí, o a tus hijas, para atraerte a una trampa. Imagino que al leer esto la guerra ya habrá terminado, no sé cuánta gente más murió, y espero que mis padres y mis hermanos, pese a la destrucción de Grimmauld Place, estén sanos y salvos. Diles por favor, que los quiero mucho y que no deben llorar por mí, que quiero que sonrían y que sean felices.
Ahora… imagino que debes tener mil interrogantes, y escribo esta carta pensando en el peor de los panoramas; probablemente Draco esté contigo y te pueda contar más cosas, pero si no es así, déjame decirte que él me ayudó mucho durante todo este tiempo, asumió una paternidad que no era suya para que nadie se enterara de tus hijas, y no solo eso, sino que se preocupó por nosotras a cada momento, las ayudó a nacer, les cambió los pañales y las alimentó, veló su sueño y las amó como si fueran de él. Imagino que si hemos caído en algún ataque, él las defendió incluso hasta con su vida. Él no es como solía ser, la guerra, la pérdida de sus padres, el sacrificio de Snape por ayudarlo a salvarse… todo eso lo ha cambiado, lo ha convertido en un gran hombre y estoy segura de que si está vivo, te servirá de gran apoyo, tanto como a mí.
Estuve investigando, aunque esto no se lo dije a él, y sé que hay muchas formas de saber la paternidad de las niñas, no me quise arriesgar, con esta carta y la de Draco hay dos flores, ambas guardan un hechizo de protección y de confidencialidad, lo hice temiendo que lo peor nos pudiera pasar y que no pudiéramos protegerlas más.
Déjame decirte que jamás me arrepentiré de haber tenido a las niñas, de ser la madre de tus hijas, ambas me dieron la fuerza para seguir luchando cuando pensé que ya no valía la pena. Quizá estés un poco enfadado conmigo, pero espero que no lo estés mucho tiempo. Te quiero mucho, eres una persona muy especial, y no me refiero al héroe de guerra que todos admiran, sino al hombre en el que te has convertido. Sé que cuidarás bien de ellas, que serán afortunadas teniéndote como padre y que no dejarás a Draco de lado, que le darás el lugar que merece como padrino de las niñas.
El encantamiento para romper el hechizo se lo explico a Draco en su carta, si, Merlín no lo permita, él ya no está en este mundo para hacerlo, te doy permiso de leer su carta y hacerlo.
A mis niñas diles que las amé desde el momento en que me enteré de su existencia, que son lo mejor que me pasó en la vida y que lamento no poder acompañarlas más tiempo, pero que si existe algo más allá de esta vida, yo estaré cuidándolas y esperando el momento de abrazarlas nuevamente.
Ginny
Harry se limpió los ojos, ni siquiera había notado en qué momento había empezado a llorar, observó de reojo a Draco, que seguía leyendo y esperó, dándole la privacidad que sabía que necesitaba su amigo.
Draco,
Estoy segura de que estás enfadado en este momento. Sé que en estos meses que permanecimos juntos nos volvimos confidentes y que esto te sabe a engaño, pero no lo veas así, piensa que es la mejor forma que encontré para cuidar a las niñas. La idea me vino a la cabeza luego de que la doctora Oneil nos dijera lo del registro, recordé que en la escuela hay una pluma que registra a los niños nacidos magos y me pregunté si es que en el registro de Iris y Alhelí saldría su apellido. Entonces empecé a temer, sabía de la cantidad de formas que existen para descubrir la paternidad y no quise arriesgarme. Yo sé que si es que falto yo, las llevarás con su padre, y si es que él tampoco está ya en este mundo tú las cuidarás y criarás, y justamente pensando en eso es que decidí hacer el hechizo, si es que la situación es así, nadie podrá negar nunca que son tus hijas y podrás conservar el secreto; si por el contrario, la situación es favorable, podrás romper el hechizo y probar que son hijas de Harry. Sé que te gusta ser práctico, así que entenderás el porqué de mis acciones.
También quiero agradecerte por haber sido mi amigo durante este tiempo, por haberme dejado conocerte como sé que pocas personas lo han hecho; las niñas y yo estaremos eternamente agradecidas, sé que si no fuera por ti, probablemente no estarían ellas a salvo.
Eres un gran chico, y sé que en el fondo lo sabes, que a veces no te quieres dar cuenta de eso, pero es así, y no solo yo, mi padre y Ojo Loco siempre dijeron que eras más que tu apellido y los prejuicios que te inculcaron de niño. Tengo mucha fe en ti, Draco, sé que luego de la guerra saldrás adelante, que recuperarás tu fortuna y que demostrarás lo que vales.
Eres mi mejor amigo y te quiero con todo mi corazón, ahora que no estaré a tu lado, quiero que me recuerdes con cariño, no con pena. No sé qué pudo haberme pasado, pero sé que hiciste lo mejor posible y que este trágico final no ha sido tu culpa. No quiero que el remordimiento te sobrepase; Draco, ni lo que le pasó a tus padres, a Snape o a mí ha sido tu culpa.
Junto a esta carta encontrarás la forma de romper el hechizo, y aunque ya no aparezcas como el padre de ellas, siempre serás el padrino, el hombre al que le confié su vida.
Ginny
Ambos permanecieron en silencio por un largo momento, sin mirarse, cada uno perdido en su propio mundo, hasta que Draco suspiró y sonrió.
—La extraño mucho –dijo con voz suave.
—Y yo, creo que nunca dejaré de extrañarla.
—Debemos llevar esto al Ministerio, la carta y las flores, para que ellos lo analicen antes de acabar con el hechizo, tal como dijo Hermione, es mejor llevar las pruebas.
—Estoy de acuerdo –asintió Harry, guardando la carta en su mochila, mientras Draco hacia lo mismo con su carta. Sin embargo ninguno se levantó ni hizo el intento de irse.
—Recuerdo que siempre dormía con la puerta abierta, atento a si ellas necesitaban algo… Yo no quería que Ginny hiciera guardia, pero ella era muy terca… en esas ocasiones yo terminaba durmiendo en el sofá de su habitación, preocupado de que algo les pasara… era muy raro, nunca había sentido algo así… a veces me levantaba en mitad de la noche a ver si las niñas seguían respirando… Ginny decía que era normal, aunque yo me sentía paranoico.
—Te entiendo, a mí me pasaba lo mismo… cuando recién las conocí, no podía dormir, temía que no fueran reales, o que alguien se las llevara… —Harry sonrió –creo que es normal volverse paranoico en esa situación.
Draco suspiró y asintió, mirando su habitación, casi vacía.
—Ella tenía razón, cualquiera pudo hacer un hechizo de paternidad y averiguar quién era el padre. Aunque no contamos con que el propio Lord nos encontraría… y por una estupidez tan grande como un patronus. –Draco negó con la cabeza –Me he preguntado cientos de veces qué hubiera pasado si es que hubiéramos sido más listos, si hubiéramos tratado de contactar a alguien de la Orden y hubiéramos estado informados…
—La comunicación eran nula en esa época, incluso los hechizos de Fred y George sobre la radio dejaron de funcionar –Harry apretó el brazo de Draco, tratando de darle ánimo –todo era una locura; la gente dejó de comunicarse entre ella hasta el momento de la batalla final.
Draco observó la mano de Harry sobre su brazo, sus dedos calientes enviando sensaciones extrañas sobre su cuerpo, luego levantó la vista lentamente, Harry lo observaba fijamente, sus ojos lucían diferentes, parecían anhelantes, incluso algo tristes. Puso su mano sobre la de Harry y acarició suavemente el dorso con el pulgar, sin apartar la mirada.
Harry sintió la caricia sobre su mano, suave y delicada, y trató de no moverse, agradecía que Draco no usara el anillo de compromiso que le había dado Nicolas, se lo había quitado al llegar a casa el día que anunció su compromiso, comentando que no lo usaría, que solo era un simbolismo y que Nicolas estaba de acuerdo. Harry siempre se había preguntado si aquello era cierto o solo lo hacía para no hacerlo sentir mal.
Los dedos de Draco continuaron acariciándolo, con cariño, subiendo por el brazo lentamente, dejando un rastro cálido y reconfortante, hasta llegar a su hombro, donde se quedaron quietos, durante todo el tiempo, ninguno apartó la mirada, Harry esperaba que el temblor de su cuerpo ante tal acto no fuera sentido por Draco, y sin proponérselo, suspiró suavemente.
Harry siempre sería Harry, el único capaz de hacerle tener ese cúmulo de sentimientos que no comprendía, intuía que eso era estar enamorado, y lo llenaba de pánico, sin embargo, allí estaban, los dos, Harry dejándose acariciar, permitiéndole tomar el control. Cuando su mano se detuvo en el hombro del chico y lo escuchó suspirar, lo poco que le quedaba de autocontrol cayó y se inclinó lentamente, jalándolo un poco, pero dándole el tiempo de negarse. Harry no se negó.
Harry cerró los ojos y dejó que Draco lo besara, lenta y tentativamente al inicio, con cariño. La mano sobre su hombro había ascendido y le acariciaba el cuello, mientras la otra se apoderaba de su cintura, jalándolo más aún.
El beso ganó intensidad rápidamente, y Draco decidió dejarse llevar, era Harry después de todo, a quien no podía negarle nada, a quien amaba y a quien, más que nunca ahora estaba convencido, jamás podría dejar de amar.
Con su cuerpo fue empujando a Harry hasta tenerlo sobre la cama, sus cuerpos se alinearon rápidamente, mientras sus labios abandonaban los de Harry y bajaban por el cuello, apartando la camiseta lo más posible, hasta convencerse de que necesitaba sentir toda su piel. Se levantó un poco y con manos temblorosas le quitó las gafas, dejándolas caer a un lado antes de acariciarle la mejilla rasposa por la insipiente barba, sus ojos se encontraron con los ojos verdes brillantes y sintió temor, tener a Harry, una vez más entre sus brazos podría arruinarlo por completo.
Harry tomó la mano que acariciaba su mejilla y la llevó a sus labios, dándole un beso en la palma.
—Está bien, Draco, no lo pienses… por favor, solo… dame esta noche, este momento –le dijo con voz suave, intuyendo el miedo en su mirada.
Draco suspiró suavemente y quiso decirle que él le daría la vida entera si se lo pidiera, y la eternidad si pudiera, pero en lugar de eso solo murmuró su nombre, antes de volver a besarlo, con cariño, tratando de transmitirle de esa manera lo que no podía poner en palabras.
La ropa cayó alrededor de la cama con rapidez, pronto eran dos cuerpos desnudos, besándose con las ansias de dos amantes que saben que tienen el tiempo contado, las manos y los labios de Draco llegaron a lugares que no se le habían permitido la primera vez que se habían acostado, tanto tiempo atrás, y fue recompensado con una gran cantidad de gemidos y palabras entrecortadas que hablaban de placer y necesidad.
Harry dejó que Draco lo besara, que bajara por su pecho y llegara a su erección, que lo tomara con la boca mientras él simplemente podía acariciar el suave cabello. Los labios de Draco bajaron más aún, besando sus testículos y bajando por sus piernas, acariciando con su lengua hasta sus pies, y mordiendo de regreso, para nuevamente volver hasta su erección, tomándolo con más ímpetu que momentos antes. Su cuerpo entero se sentía como una masa a la que Draco le daba forma con sus labios y sus manos. La sensación de tener a Draco de esa manera, acariciándolo y besándolo era mejor de lo que había esperado. Sujetó con fuerza los cabellos de Draco, tratando de advertirle, pero eso no lo detuvo y continuó chupando y besando hasta que el orgasmo le sobrevino, la boca de Draco no se apartó hasta que no hubo más que tragar. Entreabrió los ojos y vio a Draco, mirándolo con una chispa de diversión en la cara.
—Traté de advertirte –murmuró con voz ronca por haber gritado.
—Está bien… sabes bien –respondió Draco, mientras lo llenaba de besos una vez más, esta vez subiendo lentamente por el pecho, hasta sus labios, Harry acarició con timidez la pulsante erección de Draco, sintiendo su propio placer renovándose.
—Draco… hazme el amor –le pidió entre besos. Draco se apartó un instante y lo miró fijamente, antes de jalar su varita del suelo.
—Y luego me lo harás tú a mí… tenemos toda la noche –le susurró antes de arrodillarse entre sus piernas; Harry levantó las caderas y jaló una de las almohadas, acomodándola bajo su cuerpo y asintió, sus mejillas estaban rojas y su cabello pegoteado de sudor. Draco pensó que no había nada más sexy en este mundo, mientras convocaba un hechizo lubricante. Dejó caer la varita a un lado y tanteó entre sus nalgas, acariciando la pequeña entrada antes de introducir un dedo en su interior. Sabía, por lo que Harry le había confiado, que llevaba meses sin estar con nadie, e imaginaba que debía ser cuidadoso, así que, con cariño, lo preparó, mientras besaba sus piernas y le murmuraba lo apuesto que lucía así.
Harry levantó un poco más las piernas y tomó una bocanada de aire, mientras sentía a Draco empujar en su interior lentamente.
Draco no se detuvo hasta sentirse completamente acogido por ese calor y esa estrechez, levantó la vista hacia Harry, que permanecía con los ojos cerrados y se inclinó hacia delante, para darle un beso descuidado sobre los labios.
—Está bien –murmuró Harry, mientras enroscaba sus piernas en las caderas de Draco y lo tomaba de los hombros, tratando de tenerlo más cerca, tratando de besarlo y acariciarlo lo más posible.
Draco comenzó a moverse, lentamente al inicio, tratando de buscar darle el máximo placer a su amante, y cuando se convenció de que había encontrado el ángulo correcto, comenzó a moverse con más fuerza, mientras Harry se acariciaba lentamente, ofreciéndole un espectáculo caliente que finalmente lo llevó al mejor orgasmo que había tenido en su vida.
Con la respiración agitada cayó sobre Harry, besándole el hombro con la poca energía que le quedaba, y suspirando de placer, sintió las manos de Harry sobre su espalda, acariciándolo con cariño y sonrió un instante, antes de dejarse caer a un lado.
Ninguno dijo nada por un largo momento. Draco no quería pensar, no quería analizar qué era lo que estaba haciendo, pero su traicionera mente no le daba tregua, pensó en la comida que habían pedido para su boda, en el pastel y en la lista de invitados, en Nicolas esperándolo en casa y la culpabilidad por el engaño le hizo sentir una piedra en el estómago, sin embargo, la mano de Harry, acariciándole suavemente la pierna lo trajo de vuelta a esa habitación, donde solo estaban ellos, donde Harry le había pedido esa noche, ese momento.
Harry observó a Draco mientras su mano subía más y más, hasta instalarse en su cadera, sin darle chance a que pensara más, se acercó y lo besó en los labios, tratando de hacerle olvidar cualquier otra cosa, a cualquier otro, quería que Draco fuera suyo, y si es que no podía tenerlo de esa manera siempre en su vida, al menos lo tendría durante esa noche.
Y entonces Draco se dejó llevar, olvidando todos esos pensamientos que instantes antes lo habían rondado; dejó que Harry lo siguiera besando, que le diera la vuelta y le besara la espalda y las caderas, que separara sus nalgas y sus caricias se volvieran más íntimas, hasta que se encontró suplicando por más. Dejó que Harry le hiciera el amor, de manera muy diferente a la ocasión anterior, en que todo había parecido incorrecto.
El amanecer los sorprendió durmiendo, Harry abrazado a Draco por la espalda, sujetándolo con fuerza, como si fuera su más grande tesoro, luego de hacer el amor y caer agotados, ninguno había dicho nada, ninguno lo creyó conveniente, simplemente cerraron los ojos, el cansancio los hizo quedarse dormidos rápidamente, y así hubieran continuado si es que el patronus de una nutria no hubiera aparecido, trayéndoles las peores noticias.
—Harry, Draco –dijo la voz alterada de Hermione – hace un momento hubo un ataque, se han llevado a las niñas, la señora Weasley está inconsciente y el señor Weasley herido. ¡Vengan a San Mungo lo más rápido que puedan! Estamos en la cuarta planta.
Ambos se miraron un instante, sin decirse nada, toda la magia de la noche completamente rota, mientras saltaban de la cama y buscaban sus ropas con rapidez.
Harry apretó la mochila con fuerza y tomó a Draco del brazo, ambos aparecieron frente a una puerta de vidrio con el letrero viejo y gastado que decía "Purge y Dowse S.A.; cerrados por reformas"; atravesaron los maniquíes y se detuvieron delante de uno vestido de túnica verde.
—Venimos a ver a Molly y Arthur Weasley –Dijo rápidamente Draco, acomodando mejor su propia mochila en la espalda.
Inmediatamente pudieron atravesar el cristal y siguieron de largo, ignorando a la recepcionista, así como a las personas que estaban en la sala esperando, y subieron por el ascensor.
Harry nunca pensó que el camino le pudiera parecer tan largo, cuando las puertas se abrieron pudieron ver al fondo del salón a Hermione, caminando de un lado al otro, en cuanto los vio, corrió hacia ellos.
—Harry –llamó Hermione, parecía realmente alterada, sin embargo, a escasos metros de ellos se detuvo y les dio una mirada bastante sorprendida —¿Dónde demonios…?
—¿Qué es lo que ha pasado? –preguntó a la vez Harry, deteniéndose delante de su amiga, Draco iba a su lado, pálido y silencioso.
—¿Draco, qué han…? –Hermione giró hacia Draco, y negó con la cabeza, miró hacia atrás y luego levantó la varita, Draco dio un paso hacia atrás instintivamente, pero se detuvo al sentir una brisa tibia sobre la barbilla y el cuello.
—¡Hermione! –le exigió Harry, no entendiendo nada —¡¿Dónde están las niñas?! ¿Qué es lo que ha pasado?
—Al parecer Draco tuvo algún tipo de… —Hermione negó con la cabeza –Nicolas está aquí, no podría permitir que viera…
Draco se llevó las manos al cuello y enrojeció; Harry giró a verlo y notó su estado, despeinado, probablemente con algunas irritaciones en su piel blanca por la barba rasposa de varios días que tenía él, realmente tenían suerte de que hubiera sido ella quien los viera primero. Cualquiera hubiera adivinado qué es lo que habían estado haciendo.
Harry, sin agregar nada más, lanzó un hechizo de limpieza y otro refrescante sobre ambos, sin mirar a Draco a los ojos, todo era demasiado vergonzoso y lo último que necesitaba era causarle problemas a su amigo.
—Vamos, el señor Weasley está inconsciente ahora, pero hay dos aurores que quieren hablar con Harry, necesitamos ponernos en acción –les dijo Hermione, como si no hubiera notado nada raro entre ellos.
Harry caminó junto a ella, con pasos rápidos y Draco se quedó atrás un instante, observándolo, sintiéndose de pronto culpable y confuso.
En cuanto entraron a la habitación, los aurores dejaron de hablar y miraron a Harry hasta con cierto pánico. Pánico que Harry compartió cuando le confirmaron que efectivamente las niñas habían desaparecido.
Tres magos y dos brujas habían entrado durante el amanecer a la Madriguera, donde ya solo estaban el señor y la señora Weasley, durmiendo; el hechizo de seguridad se había activado, y ambos habían luchado y tratado de defenderse a ellos y a las niñas, pero los magos habían sido más rápidos, no habían usado imperdonables, y aunque habían cubierto sus rostros, no usaban las típicas máscaras de los mortífagos, por lo que era claro que no era un secuestro por venganza.
—Seamus –farfulló Draco inmediatamente, a lo que Harry asintió. En ese momento llegó Nicolas, con una bandeja de tazas de café y luego de darle un beso en los labios le puso una en la mano, al igual que a los aurores y a Harry.
En esos momentos la mente de Harry y Draco estaba en la búsqueda de las niñas, la culpabilidad había sido relegada por ahora.
—Ellos ya están en custodia –dijo Nicolas, fueron los primeros a los que fueron a buscar los aurores.
—Así es, señor Potter, no bien las alarmas sonaron en el cuartel y supimos lo que había pasado, fuimos a buscar al señor Seamus Finnigan, tanto él como Dean Thomas están en este momento siendo interrogados, comprenderá que no puede participar del interrogatorio, pero en cuanto tengamos alguna respuesta podremos informarle –le explicó Koby Pemberton, uno de los aurores, parecía tener casi cuarenta años y a Harry le recordaba a los soldados del ejército muggle.
—¿Dean Thomas? –preguntó Draco, confundido.
—Ambos estaban juntos en… —Gus Jones, el otro auror, un poco más joven que Koby revisó sus notas en una ajada libreta – un apartamento de Newington, luego de registrar el lugar y comprobar que las niñas no estaban allí, fueron llevados al cuartel para ser investigados. Nos tomamos con mucha seriedad la desaparición de niños.
—Allí vive Dean –murmuró Draco, frunciendo el ceño –no es la dirección de Seamus.
—Ambos registraron la misma dirección hace una semana –explicó Colby, parecía no seguir lo que ellos querían decir.
—¿Realmente se puede ser así de lentos? –dijo en ese momento Ron, participando por primera vez desde que habían aparecido.
—Primero debemos ir a casa de Seamus, Draco y yo podemos ir –les dijo Harry –Ron, tú y Hermione, quédense con los señores Weasley, Nicolas, tal vez puedas ir al cuartel de los aurores y preguntar si es que hay algún avance, busca a Kingsley, él te ayudará con todo.
—Disculpe, señor Potter –interrumpió en ese momento Gus, lucía un poco colorado, pero aún así siguió hablando –esta es una investigación oficial y los civiles no pueden participar de esa manera, es considerado obstaculizar a los aurores y…
—Y ustedes no han hecho nada hasta ahora, mis hijas están perdidas por varias horas y ustedes siguen aquí intentando que un hombre inconsciente por estar herido les dé respuestas, yo podría argumentar que ustedes son los que obstaculizan todo, y ahora si nos permiten, no se metan en donde nadie los ha llamado.
Gus abrió y cerró la boca un par de veces, al parecer buscando qué decir, pero ellos fueron mucho más rápido y se movieron hacia la puerta, Draco sintió la mano de Nicolas sobre la cintura y se sobresaltó ligeramente, pero trató de disimularlo.
En el pasillo rápidamente se organizaron y Draco y Harry partieron hacia Howth, mientras Nicolas lo hacía hacia el Ministerio.
Harry tenía su mente en modo automático, lo único que le interesaba era encontrar a sus niñas, no pensaba en la posibilidad de no lograrlo, ni en nada más, así que fue fácil aislarse de cualquier otro problema, como que Draco caminaba a su lado, fumando un cigarro y pareciendo fuera de lugar.
Anduvieron por Grace O`Malley, hasta llegar a Balkill Park, lugar donde ahora vivía la familia Finnigan; aunque todas las casas lucían iguales: de dos pisos, amarillas y con su techo a dos aguas, les fue fácil ubicar la de ellos, porque se sentía algunos hechizos de seguridad, bastante básicos.
Luego de tocar la puerta durante varios minutos, Harry practicó un hechizo Homenum Revelio, y pudo ver que había una persona en el segundo piso.
—Algo raro está pasando aquí –sentenció Draco, antes de levantar la varita y con un par de movimientos, lanzar la puerta hacia un lado.
En otra ocasión Harry hubiera reñido a Draco por tal acción, pero simplemente siguió al chico al segundo piso de la casa; todo se veía extremadamente limpio y ordenado. Como ya les había revelado el hechizo, no había nadie en el primer piso, así que directamente subieron por las escaleras de madera hacia el segundo piso. Se detuvieron en la primera habitación y encontraron al señor Finnigan, inconsciente sobre la cama.
—¿Crees que ha sido golpeado por algún hechizo? –preguntó Harry, inclinándose, al igual que Draco, sobre el hombre, que parecía dormido.
Draco se inclinó más aún y aspiró suavemente.
—Le han dado una poción, claramente una variante de Filtro de Muertos, se siente el olor a ajenjo, podría dormir un par de días…
—Eso quiere decir que no estamos muy equivocados en nuestras sospechas.
—Lamentablemente, esa mujer… —Draco negó con la cabeza y miró la habitación, habían un par de cuadros de campos en algún lugar muy soleado, así como una fotografía grande de la familia completa, evidentemente había sido tomada recientemente por la delgadez de Seamus. Todas las fotografías eran muggles.
—Vamos al cuartel de los Aurores, debemos pedirles que busquen a la señora Finnigan en el mundo muggle. Ella sabe perfectamente que esa es la mejor forma de escapar.
El cuartel de Aurores estaba vacío, encontraron a Nicolas, junto a Ron, hablando con un chico que parecía más joven que ellos, parecía nervioso.
—Los aurores están buscando por todos lados, han dado la alerta al mundo mágico y muggle, lo malo es que si ella se las ha llevado, entonces no le será difícil cambiar su apariencia, y la de las niñas.
—Lo mejor será ir a la madriguera, juntémonos con los demás y busquemos qué hacer, no creo que los aurores vayan bien encaminados –propuso Nicolas, sentado junto a Draco, lo tenía tomado de la mano, algo poco usual en él, pero lucía bastante sereno. Draco agradeció que él fuera así, un apoyo en lugar de un estorbo en momentos como esos.
El auror de todas maneras les dijo que todos estaban trabajando en el caso, liderados por el mismo Jefe de Aurores, y que lo mejor era esperar en casa; sin embargo los cuatro le dieron tal mirada, que el pobre chico enrojeció y retrocedió lentamente.
—Irlanda tiene cuatro aeropuertos; además de los que se encuentran en Inglaterra; si quiere salir del país de la manera muggle, lo tendrá que hacer usando un aeropuerto, no tiene más alternativa –explicó Hermione, mientras extendía un mapa del Reino Unido, muggle, en la mesa del comedor.
—Debemos averiguar si tiene familia o amigos en algún lugar cercano –intervino entonces Nicolas, mirando el mapa con atención.
—Los aurores no nos dejan acercarnos a la sala de interrogatorios –se quejó Harry, que ya lo había intentado antes.
—Pero, podemos decirles a ellos –propuso entonces Draco –, no quieren que nos metamos, pues que nos ayuden, les decimos que hagan esa pregunta puntual, incluso pedimos estar allí para escucharlo, una vez que deduzcamos en donde está, ellos nos ayudaran a encontrarlas.
—Debe haber alguna manera más… no podemos confiar todo a deducciones –murmuró Harry, cada vez más impaciente, habían pasado ya cuatro horas desde que las niñas habían desaparecido, según él podrían estar en el otro lado del mundo para ese momento.
—Aun no las ha sacado del país, cálmate –Draco le dio una palmada en el brazo y sonrió apretadamente, Harry solo asintió con calma.
—Ella debió tener todo preparado, no puede sacar a las niñas del país sin el consentimiento de los padres o apoderados, y ella es muy mayor para hacerle creer a la gente que son hijas suyas –Ron negó con la cabeza, mientras miraba el mapa con atención, como si así pudiera averiguar dónde estaban las niñas.
—Todo eso se resuelve con hechizos, bien de confusión, lo que sería un poco tonto por las alarmas de detención de magia en lugares inadecuados, o de glamur, que es lo que creo que debe hacer. Sabe que todos la estaremos buscando, cambiará tanto su aspecto como el de las niñas.
—Draco tiene razón, además, debemos ser conscientes, no podremos abarcar todo el país nosotros cinco, ni siquiera si vienen todos los de la orden. Sin contar que podría pasar delante de nuestras narices sin que la viéramos –intervino Hermione, mientras caminaba de un lado al otro.
—Debemos hacer algo ya mismo, no me importa si tengo que usar magia negra, cualquier cosa que sea necesaria, ¡Mis niñas están pérdidas!
—Magia Negra… No, pero magia sí… es decir, hay formas de ubicar tu sangre, ¿verdad? –preguntó Ron, mirando atentamente a su novia.
—Sí la hay, pero… no estoy segura de tener todos los elementos…
—Y si lanzamos un patronus hacia ella, estoy seguro que el patronus la encontraría, solo tendríamos que estar atentos a qué lugar se dirige –opinó Nicolas –lo podríamos seguir. Estoy seguro de que la señora no sabe tanto de magia como para crear protecciones tan fuertes. Ya antes se ha hecho rastreo de Patronus…
Todos se quedaron en silencio, sin encontrar como refutar esa teoría.
Harry miró hacia la madriguera un instante, y luego de vuelta hacia Draco, que estaba sobrevolando a pocos metros de él. Habían decidido que Nicolas lanzara el Patronus, y que Hermione se quedara con él, mientras Ron, él y Draco trataban de perseguir al patronus. Era un plan descabellado, nunca se había hecho, o por lo menos ellos creían eso, y no habían tenido tiempo de nada más. Si el patronus realmente podría ser perseguido era algo que iban a averiguar en breve.
—Estará bien, las encontraremos –le dijo Draco, acercándose a él y sonriéndole apretadamente, se veía pálido y cansado, suponía que él lucía igual. Ron asintió con decisión y se colocó a su lado.
Harry tomó una bocanada de aire cuando vio atravesar desde el jardín un gran oso panda, no tuvo tiempo de sorprenderse de lo maravilloso que lucía y se inclinó hacia adelante, volando lo más rápido que su escoba le permitía. El mensaje que Nicolas había mandado era claro. "Entrega a las niñas y no habrá represalias"; Draco se había opuesto, argumentando que ella merecía el peor de los castigos, pero nadie tomó en cuenta su opinión, imaginó que era la desventaja de estar rodeado de Griffyndors y un Ravenclaw.
Ellos volaban a gran velocidad, obligando a sus escobas a ir al límite, pero el patronus era veloz, mucho más veloz de lo que habían pensado que podría ser, apenas habían volado quince minutos, estaban en Newbury cuando la estela plateada se alejó, antes de que alguno pudiera protestar, una nutria apareció en el camino, siguiendo al primer patronus. Ron Soltó un grito de alegría, mientras la perseguía, Harry y Draco rápidamente entendieron el plan y continuaron volando, siguiéndola a gran velocidad.
Antes de entrar a Ramsbury la estela de la nutria era apenas visible, pero antes de desanimarse, un Sapo apareció y continuó guiándolos, Harry sonrió un poco al recordar la emoción de Neville al descubrir finalmente su patronus.
Siguieron avanzando hasta Broad Hinton, donde un gato –Hanna- continuó guiándolos y en Chippenhan el Oso de Nicolas retomó la posta; Harry se preguntó si es que tantos patronus serían vistos por los muggles o si ellos recibirían alguna sanción por ello.
La estela de Patronus de sus amigos los guío hasta las afueras de Glastonbury, a una casa de un piso, a pocos metros del inicio de un bosque, sin ningún muggle aparentemente cerca.
Saltaron de las escobas antes de aterrizar y Ron conjuró rápidamente los hechizos antidesaparición para luego dirigirse hacia la parte trasera de la casa, mientras Harry caminaba enérgicamente hacia las puertas.
Un hechizo lo hizo agacharse y frunció el ceño; a su lado escuchó a Draco soltar un quejido.
Draco se sujetó el brazo y rápidamente se lanzó un hechizo de curación, mientras miraba con furia a la mujer, que desde una de las ventanas, los atacaba.
—Señora, no haga esto peor, devuélvame a las niñas y no presentaremos ninguna queja –le dijo Harry, tratando de sonar calmado.
—Ellas son mis nietas, los que están interfiriendo son ustedes –protestó la mujer. Todos los patronus habían desaparecido al fin, pero sabía que Ron estaría ya informando la ubicación de la casa a los Aurores y sus amigos.
—Señora, tenemos ya las pruebas de que son de Harry, entendemos su frustración, pero por favor, no haga nada de lo que se pueda arrepentir, devuélvalas y no presentaremos cargos.
La señora Finnigan los miraba desde la ventana con furia, tenía los labios apretados y sudaba; Harry sabía que no podían lanzar muchos hechizos sin saber la ubicación de las niñas, puesto que no querían darles por error con alguno de ellos.
—Son mis nietas, hijas de mi hijo, ella nunca debió hacerles creer que eran de Potter… Mi hijo estará en paz una vez que las tenga.
—No es cierto –Draco suspiró y miró a Harry, que extrañamente había bajado la varita —, son de Harry, por favor, se lo pedimos, devuélvanoslas.
Harry miró hacia Draco, que parecía abatido y se acercó a él lo suficiente para sujetarle la mano con la que apuntaba la varita y la hizo bajar.
—No la atacaremos, sabemos que las niñas están allí; tampoco queremos lastimarla, solo permítanos demostrarle… tenemos todo para probar que son mis hijas, es lo que el juzgado pidió; no puede ir en contra de la ley; además, si las entrega voluntariamente será mejor para usted; los aurores vienen en camino ellos no serán compasivos con el secuestro de dos niñas tan pequeñas.
—Son mis nietas y las quiero conmigo, ustedes mienten. Él miente –dijo señalando hacia Draco –, es un mortífago, y un mal hombre, y miente para su propio beneficio.
Draco suspiró profundamente y se obligó a no replicar, sabía que eso no sería bueno, que Harry buscaba convencerla y no tener una batalla campal.
La señora Finnigan les dio una mirada llena de odio y se apartó de las cortinas. Draco observó a Ron, aterrizando en el techo en ese momento. Con un par de señales les hizo entender que necesitaba que ella siguiera hablando.
—Ellas necesitan cuidados, pociones –gritó en ese momento Harry, acercándose un poco más a la ventana, cuyas cortinas estaban cerradas, aunque podía intuir la sombra de la mujer en uno de los lados.
—Así es –secundó Draco, comprendiendo el plan –si es que no las toman, se enfermaran, nosotros tenemos las pociones aquí, por favor, no queremos que les pase nada.
Pasaron varios largos segundos, hasta que la cortina se abrió nuevamente, la señora Finnigan los miraba desconfiada, Harry apenas vio a Ron desaparecer del techo por la parte trasera de la casa.
—¿Exactamente qué es lo que tienen? –preguntó asomándose nuevamente por la ventana, con la varita en alto, amenazándolos.
Draco y Harry se dieron una mirada de reojo, tratando de ponerse de acuerdo.
—Un desnivel en la magia… cada cierta cantidad de días su magia se descontrola, los medimagos piensan que es debido a las condiciones en que nacieron y el estrés en el que vivieron los primeros meses –replicó rápidamente Draco.
—Nunca había escuchado de algo tan absurdo, ¿creen que yo soy tonta? ¿Qué voy a creer…? –la mujer no dijo nada más, pues desapareció de la ventana.
Harry y Draco soltaron un jadeo a la vez, y avanzaron hacia la casa a prisa, mientras veían a Ron por la ventana, con el pulgar levantado.
Antes de cruzar la puerta, las Apariciones de los Aurores llenaron el aire de gritos y órdenes, seguidos por Hermione, Nicolas y Neville.
Ellos no se detuvieron y corrieron hacia la puerta, donde Ron ya los esperaba con un coche doble, donde las dos niñas dormían tranquilas y ajenas a todo lo que había pasado.
Harry, junto a Draco, se dejó caer de rodillas en el piso y acarició sus tibias y suaves mejillas. Volteó hacia Draco, que tenía los ojos húmedos y sonrió. Sin pararse a pensar en nada más, se lanzó sobre él y le dio un abrazo.
—Están bien, ya las tenemos –murmuró Draco, acercando más a Harry a su cuerpo, sosteniéndolo cerca y sintiendo su calor y su aroma.
Harry se separó un poco y asintió antes de inclinarse y darle un beso muy cerca de los labios y volver a abrazarlo. Draco suspiró y por un instante se olvidó de todo, hasta que una mano sobre el hombro lo hizo sobresaltar. Delante de él, luciendo preocupado, estaba Nicolas. Draco se apartó de Harry y evitó mirarlo mientras se ponía de pie y era jalado por Nicolas, quien le dio un beso posesivo y un fuerte abrazo. Inmediatamente se perdieron entre los abrazos de Hermione, Ron, Neville y Hanna, antes de que los aurores anunciaran que debían llevar a las niñas a San Mungo.
El Medimago había dicho que las niñas habían tomado una poción para dormir y que lo más probable es que no recordaran nada, lo cual era un gran alivio. Ninguna había sufrido ningún daño y no bien Harry terminara de llenar algunos papeles, las podría llevarlas a casa.
Seamus y Dean habían sido puestos en libertad y la señora Finnigan llevada al ala de alteraciones mentales para diagnosticar su estado. Harry, pese a la opinión de todos sus amigos, había pedido que levantaran los cargos contra ella. Seamus había aparecido una hora después y había pedido disculpas a Harry, quien lo había llevado a un lado para explicarle lo que habían encontrado en la carpa, así como la carta de Ginny, el chico parecía bastante apenado, antes de, seguido de Dean, ir a buscar a su madre.
Después Ron y Hermione habían partido a ver a los señores Weasley, quienes ya estaban conscientes y demasiado preocupados. Luego de despedirse de sus amigos y prometerles cenar juntos, Harry había vuelto a la habitación de las niñas, dejando por fin solos a Draco y Nicolas.
Las sillas plásticas de San Mungo eran incómodas, el pasillo frío y el silencio bastante pesado. Draco, sentado junto a Nicolas, trataba de no moverse para no hacerse notar demasiado.
—Entonces, así que encontraron las pruebas –le dijo Nicolas un momento después, Draco asintió lentamente, sin mirarlo realmente —¿Dónde las encontraron?
—En la carpa donde Ginny y yo vivimos durante nuestra huida… nunca había querido volver allí, pero probablemente las hubiera encontrado hace años si lo hubiera hecho.
—Lo importante es que las encontraron –sonrió Nicolas, acariciándole la mejilla; Draco suspiró lentamente y dejó que Nicolas se acercara y lo besara de manera tierna.
—Las llevaré a casa ahora –anunció Harry, saliendo con las niñas en sus coches dobles, ambas lucían cansadas, pero contentas, pues saltaron y trataron de zafarse de su amarre para saludar a Nicolas y Draco, quienes se habían separado del beso por la presencia de Harry. –Yo puedo hacerme cargo de ellas sin problema, así ustedes pueden ir a descansar… imagino que aún les quedan cosas que terminar de coordinar para la boda.
Draco asintió y evitó una vez más mirar a Harry a la cara, ahora que las niñas estaban a salvo, no le quedaba más que pensar en lo que había pasado la noche anterior. Harry también lucía incómodo mientras acomodaba nuevamente a las niñas.
—Mañana en la mañana iremos al juzgado a quitar el hechizo y presentar las pruebas –continuó Harry –luego por fin estaremos en paz.
—Es genial que hayan encontrado las pruebas –le dijo Nicolas, con voz calmada —, ahora ya no habrán más problemas.
—Eso espero –murmuró Harry, encarando por fin al novio del hombre al que amaba, sintió que su corazón se llenaba de pesar y nuevamente se inclinó sobre sus niñas, dándole un beso a cada una.
—Entonces nos veremos mañana en la mañana, en el juzgado –indicó Draco, decidiendo que era momento de ir a casa y encarar lo que fuera que tuviera que encarar. Tenía el presentimiento de que Nicolas sabía algo y no lo había dicho por la situación en la que se encontraban.
Luego de caminar juntos hasta el ascensor, Harry desapareció por la chimenea con las niñas y ellos caminaron hasta las afueras del Hospital, buscando el callejón para aparecerse. Draco recordó que unas horas antes, él y Harry habían aparecido allí para saber qué había pasado.
La casa de Draco estaba con las ventanas abiertas, el sol se colaba iluminando la cocina y un poco la sala de estar. El Gato negro estaba maullando cerca de la puerta, parecía enfadado, seguramente por la falta de alimento.
Nicolas rápidamente abrió uno de los estantes y sacó una caja con su alimento y lo dejó en un plato, en un rincón de la cocina. El gato les dio una última mirada de fastidio antes de caminar elegantemente hacia su plato y comer.
—Qué resentido –sonrió Nicolas hacia Draco, que se sentía fuera de lugar.
—A veces no lo comprendo –comentó Draco, caminando hacia la habitación y seguido por Nicolas —, pero aún así, sé que le caigo bien.
—Por supuesto que sí.
Draco se metió al baño y supo que Nicolas quería seguirlo, sin embargo cerró la puerta para impedírselo. Suspiró y se desprendió de la ropa; pese al hechizo de Hermione, aun podía sentirla sudada y sucia. Se observó completamente desnudo delante del espejo, tenía una marca, apenas visible en el hombro, y recordó, no sin cierta excitación, a Harry, inclinándose sobre él, besándolo en los labios y luego bajando por su cuello hasta su hombro, donde se detuvo y mordió conteniendo un gemido al correrse en su interior. Negó con la cabeza, sabía bien que eso era algo que solo había pasado esa noche, y que debía relegarlo al olvido lo más pronto posible.
Con un movimiento de varita curó la marca y revisó no tener ninguna más, antes de meterse a la ducha. Cuando salió, quince minutos después, envuelto solo en una toalla, la habitación estaba en penumbras por un hechizo en las cortinas, la cama estaba con las sábanas levantadas para que él pudiera acostarse. Antes de preguntarse por Nicolas, él apareció por la puerta, luciendo solo unos pantalones deportivos, y le sonrió.
—Imagino que estás agotado, yo también lo estoy, así que he pensado que podemos ponernos luego con lo que falta para la boda, por lo pronto podemos dormir.
—Claro –Draco se metió en la cama y Nicolas lo siguió, pegándose a su cuerpo y besándole lentamente el cuello. Draco se dejó hacer un momento, pero cuando esa mano acarició su pecho desnudo, en una clara insinuación, suspiró pesadamente –Lo siento… solo estoy demasiado cansado, han sido muchas cosas –Se giró para ver a Nicolas, aun en la penumbra podía ver perfectamente su rostro, le acarició la mejilla con cariño y le dio un beso en los labios. Nicolas era perfecto, en todo sentido, y lo quería, estaba seguro, pero aún así… —Te quiero –le murmuró, antes de volver a besarlo –pero de verdad estoy cansado.
—Claro –Nicolas le sonrió y se apretó contra él.
Pese al cansancio, Draco tardó mucho en quedarse dormido, y cuando por fin lo hizo, sus sueños estuvieron plagados de escenas en las que él y Harry estaban en la carpa, besándose y Nicolas llegaba y los señalaba, llamándolos traidores.
Jueves 8 de agosto de 2002
Harry estaba seguro de que Nicolas lo sabía, no tenía idea de cómo, pero era evidente, había acompañado a Draco en la mañana al juzgado, y permanecido junto a él durante todo el proceso que culminó con el reconocimiento de Harry como padre de ambas niñas. Seamus no se había presentado, su abogado sí lo había hecho y no había soltado ninguna protesta ni argumento, estaba seguro que Seamus lo había puesto ya al corriente.
Finalmente, habían ido todos a almorzar a una pizzería cerca a la casa de Harry, una de las favoritas de las niñas; y Hermione y Nicolas habían mantenido toda la conversación. Harry evitaba mirar a Draco, sabiendo que cualquier acción podría ser delatora.
Al salir, antes de despedirse, Draco le comentó que no podría ir a ver a las niñas hasta después de la boda, pues tenía mucho que hacer aún. Harry aceptó el alejamiento sabiendo que era lo mejor para ambos y sonrió hacia Nicolas, a quien le aseguro que lo vería el sábado en la mañana, antes de la boda, donde las niñas llevarían las flores al inicio y final de la ceremonia.
—No pierdas la esperanza, Harry –le dijo Hermione, con una sonrisa enigmática, ambos permanecían de pie, cerca de la puerta del restaurante, mientras Draco y Nicolas se alejaban en busca de un callejón para desaparecer.
—No sé de qué hablas –negó Harry, sin despegar la vista de ambos chicos.
—Mañana es la despedida de soltero, y Nicolas no está invitado, solo Draco.
Harry volteó a mirarla de manera curiosa, había olvidado eso.
—No necesitas tratar de engañarme, no sé qué exactamente pasó entre ustedes, pero es evidente que sí pasó algo… bastaba ver sus caras esa mañana.
—Hermione…
—Vamos –Hermione sujetó el brazo de Harry y sonrió –invítame una taza de té mientras me cuentas en casa.
Harry miró nuevamente al frente, pero Draco y Nicolas había desaparecido; luego suspiró y miró a su amiga, era evidente que necesitaba hablar con alguien pronto o estallaría.
—Quién hubiera dicho que te volverías tan cotilla –sonrió, empezando a caminar junto a ella, que soltó una risita, mientras negaba con la cabeza.
La despedida de soltero de Draco había sido planeada por los gemelos Weasley. Cuando propusieron la idea a los demás del grupo ellos solo habían alegado que nunca desperdiciaban una oportunidad de andar de fiesta, sin embargo Harry sabía que también era porque consideraban a Draco uno más del grupo y quería hacerlo feliz.
Draco en realidad no estaba al tanto de la fiesta, había argumentado que no quería ninguna celebración, pese a que Nicolas sí se iría con sus amigos a emborracharse por los bares. Así que ese viernes en la noche Draco estaba en casa, sintiéndose miserable y culpable cuando Hermione y Ron aparecieron, inocentemente Draco los dejó entrar y antes de darse cuenta, los tres estaban desapareciendo rumbo a un callejón poco iluminado cerca de alguna bulliciosa avenida.
Draco parpadeó confundido, mirando ya no solo a la pareja, sino a los demás chicos, todos los Weasley estaban allí, al igual que Dean, Neville, Hanna y Harry.
—En serio no pensaste que escaparías –le dijo uno de los gemelos mientras le daba una copa de un licor transparente.
—¿Esto es un secuestro? –preguntó Draco con los ojos entrecerrados, pero sin dejar de sonreír.
—A la salud del novio secuestrado –dijo el otro gemelo, levantando su copa, los demás hicieron un brindis y bebieron, todos tenían copas más pequeñas que la de él, claramente la intención era emborracharlo. Tragó el contenido de su bebida e hizo gestos por el fuerte sabor, sus ojos deteniéndose en Harry, que lucía sonrojado, y pensando si realmente era saludable emborracharse.
Luego de que las copas fueron rellenadas una vez más, Hermione y Hanna se encargaron de escoltar a Draco, seguido de los demás chicos, hasta la entrada de una discoteca llamada Fire. Draco sabía que era una discoteca gay, ya que antes había estado por allí. Era completamente muggle, lo cual era bueno para evitar a los periodistas. Se alegró de no haberse puesto el pijama y continuar con ropa muggle para no lucir extraño entre toda esa gente.
Pasaron de largo por un par de salones y se instalaron en uno que se llamaba La Caja de Luces, que tenía las paredes blancas, el techo lleno de luces de colores que se movían al ritmo de la música electrónica. Se acomodaron en una de las mesas, frente a la pista de baile y antes de darse cuenta ya tenía una cerveza en la mano, además de una gran fila de pequeños vasos con lo que intuyó era Whisky en medio de la mesa.
—Espero que no pretendan que tome todo esto –les comentó Draco, mientras sus amigos reían.
—Uno por cada año de soltería que te perderás –le dijo Neville, sonrojado y alegre.
—Eso no lo pueden calcular. Además aquí hay cerca de… ¡treinta vasos!
—Calculamos que para los cincuenta años uno puede ya querer enlazarse y eso… —explicó uno de los gemelos.
—Están locos, no puedo beber tanto
No te preocupes, tenemos suficiente poción anti resaca para que mañana estés fresco y radiante –Ron le guiñó un ojo y empinó su cerveza.
Draco le hizo una señal con el dedo medio, pero igual se tomó uno de los tragos. Había pasado apenas una media hora desde que había sido secuestrado pero ya se sentía algo achispado, y si seguía a ese ritmo, la fiesta terminaría pronto para él. Vio a Harry, riendo con Dean mientras unos atractivos chicos bailaban frente a ellos, queriendo llamar su atención y suspiró, tal vez lo mejor era emborracharse y caer inconsciente lo más pronto posible.
Harry trató de sonreír mientras observaba a los bailarines que los gemelos habían contratado para animar al grupo, aunque él sabía que en realidad lo habían hecho para tratar de molestar a Draco, a quien ellos consideraban demasiado aburrido y correcto para soportar ese tipo de espectáculos.
Uno de los chicos bailaba frente a Draco, mientras el otro estaba a un lado, también agitándose al ritmo de la música, moviendo las caderas de manera insinuante, las chicas estaban fascinadas con él mientras que Ron y Neville parecían a punto de tener un ataque.
Draco estaba sonrojado, su cabello algo alborotado y su mirada fija en el bailarín, tenía aún uno de los treinta shots de whisky en una mano, Harry ya había perdido la cuenta de cuántos llevaba, aunque no parecía realmente borracho. El bailarín que estaba frente a Draco se inclinó insinuantemente y le susurró algo, Draco negó con la cabeza y el chico soltó una risita antes de sentarse en su regazo, los movimientos se hicieron mucho más insinuantes y candentes, Draco parecía no saber qué hacer con las manos mientras los gemelos, bailando alrededor, soltaban carcajadas.
Harry suspiró y sintió a Hermione colocarse a su lado, tenía una copa larga y delgada de un contenido rosado adornado con una sombrilla de papel. Era un tipo de trago que no combinaba para nada con su amiga.
—Hanna insistió –se encogió de hombros ella, adivinando sus pensamientos. —¿Sabes?, la despedida de soltero también puede ser un buen momento para decirle la verdad…
—Ya me imagino, "!Hey, Draco, anula tu enlace mañana y fúgate conmigo a una casa de campo en el valle de Godric junto a mis hijas, la pasarás de fábula!"
—Nadie dice "de fábula" en estos días, creo que solo estaba de moda cuando estábamos en la escuela, y eso fue hace varios años –le explicó Hermione, apartándose el cabello del rostro y sonriendo hacia Draco que ahora tenía a los dos bailarines en el regazo y levantaba las manos pidiendo ayuda –Míralo, parece divertido. Cuando me enlace quiero una despedida así.
—De acuerdo, ¿Qué es lo que tiene este trago? –preguntó Harry girándose horrorizado hacia su amiga y arrebatándole la copa de las manos. Ella soltó una carcajada y negó con la cabeza mientras él probaba un poco del líquido rosado. Era extremadamente dulce.
—Oh, por Merlín, mis ojos —exclamó George con dramatismo –El gran héroe de la guerra toma tragos rosados… ¡El mundo está acabándose!; Fred, abrázame que tengo miedo.
—No sé quién está siendo más loco hoy, si ustedes o ella –replicó Harry, negando con la cabeza y entregándole la copa de vuelta a su amiga.
—O él –dijo Dean, mientras veía a Draco desaparecer por una de las puertas hacia el pasillo que daba a los baños, seguido de los dos bailarines.
—Oh, mi Lord –dijo Ron, con una mano en la boca —¡Han provocado una infidelidad!
Harry no se quedó a escuchar qué más decían sus amigos, simplemente dejó la cerveza en la mesa y corrió hacia los baños, consciente de que probablemente todos se preguntarían qué demonios hacía. Ni siquiera él podía responder a esa pregunta.
Empujó la puerta de los baños y el ruido de unos jadeos lo hizo apretar los puños, claramente alguien lo estaba pasando muy bien en el primer cubículo. Aparentemente no había nadie más allí. Harry se detuvo frente a la puerta, tomó una bocanada de aire y la pateó con fuerza. Escuchó un fuerte chasquido, seguido por el sonido metálico de la puerta golpeando contra la pared. Dentro del cubículo dos chicos medio vestidos y claramente follando lo miraron con miedo.
—Yo… perdón, yo pensé… es decir…
—¿Eres un mirón?, ¿un antihomosexuales?
—No, no, es solo que…
—¿Harry?
Harry giró y vio a Draco, estaba parado junto a la puerta del baño, recién llegando, sus mejillas rojas y sus ojos algo turbios. Harry lo vio levantar la varita de manera discreta e inmediatamente la puerta que Harry había pateado estaba cerrada y los chicos habían vuelto a sus jadeos. Arqueó una ceja y vio en los labios de Draco dibujada la palabra Obliviate.
—¿Dónde están los bailarines?
—Los mandé a casa… Realmente agradezco esto, todo el trabajo tomado, pero no tengo mucho ánimo y… creo que todos están lo suficientemente bebidos para no hacer un gran escándalo por haber desaparecido.
—¿Los mandaste a casa? Pero yo pensé…
Harry se detuvo, siendo consciente de que lo que diría no sería amable, los ojos de Draco se abrieron más cuando pareció darse cuenta de lo que Harry pensaba.
—¿Pensaste que los traía aquí para follar con ellos?
—Yo, bueno… tú estabas con ellos, entrando por el pasillo al baño y…
—Ese pasillo también da a la puerta de salida, ¿lo sabías?
—Sí, pero…
—Ah… —Draco se mordió el labio y agachó la cabeza –entiendo, pensaste que me iba a acostar con ellos porque soy alguien naturalmente infiel.
Harry sintió sus mejillas arder y negó con la cabeza.
—Es muy amable de tu parte defender la virtud de mi novio, realmente; sobre todo después de todo lo que pasó entre nosotros.
—No, no se trata de eso, ni de que piense que eres alguien infiel por naturaleza, es solo que yo… yo…
—Mejor déjalo, de todas maneras iré a casa, no me siento bien y he bebido mucho, aunque Ron jure tener una gran cantidad de pociones para la resaca no creo que sea buena idea quedarme más tiempo.
—¡Espera! –Harry levantó la mano y atrapó el brazo de Draco cuando éste ya se daba la vuelta para salir, sus ojos grises voltearon a verlo con curiosidad mientras en el fondo se escuchó un gemido particularmente fuerte, lo que hizo que ambos se sonrojaran un poco más.
—No creo que este sea el mejor lugar para tener esta charla… o cualquier charla.
—Estoy de acuerdo contigo –sonrió Harry tensamente, los chicos dentro del cubículo parecían mucho más entusiastas ahora —, pero debemos tener esta charla… Por favor.
Draco suspiró profundamente, lo cierto es que se sentía tan confundido y cansado de estarlo que estuvo de acuerdo con Harry, era importante hablar y aclarar cualquier cosa de una vez.
—Le diré a los chicos que nos vamos, que no nos esperen e iremos fuera, ¿estás de acuerdo?
Draco se encogió de hombros.
—Bien, bien –Harry lo soltó y su sonrisa se volvió un poco más amplia. –Espérame en la entrada, yo estaré allí en cinco minutos.
Draco asintió y Harry salió corriendo del baño. Draco se quedó quieto, sintiendo su corazón latir con fuerza y escuchando a los chicos gimiendo. Sin embargo eso no era lo que lo había agitado, sino que Harry lo había tocado, le había pedido conversar, ir a otro sitio… Sabía que no podía seguir por ese rumbo, que lo más probable es que terminaran como unas noches antes, pero por otro lado, era Harry… y a Harry, desde que la guerra había terminado, nunca había sabido decirle que no. ¿Cómo no se había dado cuenta antes de cuáles eran sus sentimientos hacia él? Se sentía como un gran tonto.
Harry estuvo en la puerta del establecimiento en menos de cinco minutos, estaba algo sonrojado y su cabello más alborotado que nunca. Se había cerrado el abrigo oscuro que usaba y lo miró con alivio. Seguramente pensó que Draco no lo esperaría.
—Les dije que estabas demasiado ebrio, que habías despedido a los chicos y tratabas de regresar tú solo a casa, que te acompañaría para asegurarme de que llegabas bien.
—Fantástico –murmuró Draco, caminando junto a Harry hacia la avenida principal. A su alrededor había gente entrando y saliendo de los locales, riendo o abrazada. Él sentía como si todos ellos pertenecieran a una dimensión diferente, donde todos podían ser felices, a donde él no podía entrar.
—¿Qué te parece ir a comer algo? –propuso Harry cuando llegaron a la avenida –imagino que te hará bien por la cantidad de alcohol que has bebido… a mí también me gustaría comer algo.
Finalmente terminaron en una cafetería oscura tres calles más abajo, había parejas gais haciéndose arrumacos en algunas mesas, en otras, grupos grandes de chicos y chicas que parecían recargar energías antes de ir de vuelta a las fiestas.
Se sentaron uno junto al otro en la mesa más alejada del bullicio y pese a querer permanecer sobrios, ambos pidieron cervezas, además de hamburguesas y papas fritas.
El silencio se hizo bastante pesado entre ambos; Draco jugaba con las líneas de humedad de su vaso de cerveza, mientras miraba ausentemente hacia la gente del restaurante. Se sobresaltó cuando sintió la mano de Harry sobre la suya, pero antes de decir nada, la mesera apareció con dos grandes platos que dejó sobre la mesa de manera descuidada.
Harry comenzó a comer con rapidez, tratando con eso de esconder el nerviosismo que tenía. No sabía realmente qué decirle, no quería perderlo, pero tampoco quería que continuaran siendo solo amigos, aunque sabía que era egoísta poner sobre Draco todo eso unas horas antes de enlazarse.
Draco comió casi la mitad de la hamburguesa y realmente se sintió mejor, el alcohol parecía ir desapareciendo de su organismo, y decidió que lo mejor era terminar con eso de una vez por todas.
—Sé que normalmente los Slytherin y los Malfoy sobre todo, son imaginados como personas tramposas y desleales, capaces de traicionar a quien fuera con tal de conseguir algún beneficio –empezó a decir Draco, Harry dejó de comer y lo miró fijamente —, y sí, tienen algo de razón, normalmente somos así, magos que usan cualquier medio para conseguir lo que quieren, pero hay algo más, algo que pocos conocen, y es que somos leales a nuestros amigos y familia. Cuando Voldemort se volvió más desquiciado en casa y mi padre se dio cuenta de que jamás lograríamos salir bien parados de allí planeó escapar, me dio toda la información para la orden, para que nos sirviera de salvoconducto, sin embargo el Lord nos atrapó antes, él luchó contra el Lord para darnos una oportunidad a mi madre y a mí; y ella se mantuvo en pie cuando él murió, me envió fuera de la mansión contra mi voluntad para salvarme… —Draco suspiró profundamente, nunca había hablado realmente de eso con nade, ni con Ginny ni con Ojo Loco; Harry suspiró y se acercó más a él –antes que al Lord, ellos eran leales a la familia. La familia es algo que se debe cuidar y respetar, igual que los mejores amigos, aquellos con los que se han creado lazos de cariño y confianza porque al final terminan también siendo parte de tu familia. Yo peleé y traté de defender a Ginny y las niñas y hoy lo haría por ti; por los Weasley y por nuestros amigos, daría la vida por todos ellos. Puede que no te haya dado esa impresión antes, cuando andaba de fiesta en fiesta y de cama en cama, antes de Nicolas, pero eso era porque no tenía ninguna relación con nadie.
—Yo no creí jamás que…
—Me acosté contigo –le interrumpió Draco, con voz tensa –Nicolas es con quien me enlazaré mañana, a quien he elegido como compañero de vida, con quien iniciaré una familia propia, y a pesar de eso, me acosté contigo, lo traicioné…
—Draco, por favor, si me dejaras decirte…
—Y tú, eres el padre de mis ahijadas, de las hijas de una gran amiga mía, a quienes quiero como si fueran mías… tú al igual que ellas eres mi familia, y puse en riesgo todo lo que tengo por… —Draco negó con la cabeza y soltó una carcajada molesta —¡Ni siquiera sé por qué puse todo en riesgo!
—¿Eso significó para ti?, ¿algo que no tiene sentido?, ¿algo que no debió haber pasado?
—Por supuesto que no debió haber pasado –replicó rápidamente Draco —¿No lo entiendes? No sé serle infiel a mis parejas, no sé cómo actuar contigo, no sé qué hacer porque mañana Nicolas espera que me enlace con él y estoy sintiéndome como mierda por lo que hice, no soy capaz siquiera de mirarlo a la cara sin sentir vergüenza… ¡Pensé que entenderías! Que la nobleza Griffyndor te daría alguna pista sobre lo malo que es traicionar a alguien.
Harry lo miró un instante y se apartó un poco, pensando en las palabras de Draco, que se veía agitado mientras bebía el resto de su cerveza. Peter siempre le había dicho que lo había traicionado al acostarse con Ginny, aunque en ese momento ellos no estaban saliendo en serio, solo eran amigos cariñosos… pensó en que si todo hubiera pasado meses después, cuando él y Peter estaban ya enamorados, él no se habría acostado con Ginny.
—Solo dime una cosa, Harry —pidió Draco, dejando con fuerza el vaso vacío de cerveza sobre la mesa —¿por qué lo hiciste? —levantó la mano cuando Harry parecía a punto de protestar –sé que no lo hiciste tú solo, no quiero culparte, sé cuanta culpa tengo yo en todo esto, pero quiero saber por qué accediste, y no me detuviste… ¿por qué lo permitiste?
Harry vio a Draco, con el rostro cansado, algo sonrojado en las mejillas, pero con la mirada triste, realmente se veía consumiéndose por la culpa. Tragó saliva, podía decirle cualquier cosa, que había sido porque se había puesto sentimental por lo de Ginny, porque estaba asustado o solo… Luego de que le había contado a Hermione lo que había pasado, ella le había dicho que no era justo que Draco no supiera toda la verdad, que si algo así había pasado era porque tal vez no le era tan indiferente al rubio.
Draco arqueó una ceja, esperando una respuesta.
—Una vez ya lo habíamos hecho, y salió mal, pensé que ambos habíamos aprendido la lección, pero esta vez era diferente, muy diferente a aquella vez, yo sentí…
—Es porque te amo, Draco –le interrumpió Harry, su voz sonaba ronca e insegura, Draco lo miró con asombro.
—¿Qué?
—Eso –Harry tomó aire, sintiéndose de pronto más valiente y eufórico —, te amo, desde hace tiempo, tal vez desde que nos acostamos la primera vez, cuando me comporté como un idiota contigo, pero aquella vez pensé que no había significado nada para ti, por eso oculté lo que sentía… siempre tuve la esperanza de que algún día lo notarías, pero luego Nicolas reapareció y te veías tan feliz que no me sentía capaz de confesarte nada. Hace unas noches, cuando hicimos el amor sentí que tú tal vez me correspondías, que tal vez no estaba imaginando cosas… No tenía ninguna intención de hacerte sentir miserable, simplemente no pensé en las consecuencias de…
Draco se inclinó hacia delante, tomando con ambas manos el rostro de Harry, jalándolo hacia él e interrumpiendo sus palabras, y lo besó, al inicio suavemente, sintió su cuerpo temblar un poco, mientras esas manos se apretaban a su cintura, jalándolo más aún, pronto sus lenguas estaban encontrándose, en un beso desesperado y ansioso.
Pudieron haber pasado horas o días, o tal vez solo unos segundos, Draco no lo sabía, solo que ahora se sentía peor, mucho peor. Dejó un último suave beso en los labios de Harry antes de apartarse; Harry estaba más despeinado y sus mejillas sonrojadas, lo miraba de manera curiosa, casi asustado.
—Yo quiero a Nicolas –dijo Draco, Harry soltó su cintura y se apartó un poco, parecía realmente herido —, pero también siento cosas por ti –continuó Draco —, y no sé qué hacer con esto. Yo jamás imaginé que tú sintieras esto por mí, es decir… hemos estado tanto tiempo siendo amigos y pensé que nunca… —Draco negó con la cabeza.
—¿Y qué es lo que vas a hacer? –Harry tomó la mano de Draco, se sentía fría —¿Qué vamos a hacer con esto?
—Aparentemente debo escoger –murmuró Draco, apretó la mano de Harry y luego se soltó de él –Necesito estar solo, yo… no puedo seguir así.
—Mañana es el enlace –le hizo notar Harry, sintiendo de pronto que lo estaba perdiendo, que había llegado demasiado tarde, Hermione tenía razón, debió haber hablado o hecho algo antes —, si es que sientes algo por mí, ¿no sería correcto darle una oportunidad?
—¿Y cómo crees que Nicolas se sentirá al respecto? —espetó Draco con rabia —, ¿cómo crees que puedo, unas horas antes del enlace…? No puedo ni pensar en el daño… —Draco negó con la cabeza y se puso en pie.
—No, espera, podemos…
—¿Qué, pasar la noche juntos?, ¿ir a tu casa y seguir cometiendo el mismo error?
—No es eso lo que quise decir, no tenemos que hacer eso esta noche, aunque tampoco sé qué hacer realmente.
—Tú no tienes que hacer nada, soy yo quien tiene que resolver esto… necesito pensar, necesito salir de aquí.
—Draco, por favor… solo, no te vayas, lo podemos resolver juntos, yo…
—¡No, Harry, no podemos! —le interrumpió Draco, con furia —. Me voy a casa, solo, necesito estar solo.
Y antes de que Harry pudiera decir algo más, Draco caminó por el salón hacia la salida, la mesera se acercó a Harry con la cuenta en la mano y una mirada avergonzada.
—Es una pena, hacían bonita pareja, pero estoy segura que pronto encontrarás otro chico lindo.
—No es tan simple –gruñó Harry, dejando unos cuantos billetes en la mano de la chica y saliendo también hacia la calle, ni siquiera intentó buscar a Draco, él había sido bastante claro y debía respetar su decisión. Dudó un momento y finalmente se encaminó de vuelta hacia la discoteca, esperando que Hermione estuviera lo suficientemente sobria para escucharlo.
Draco se apareció en la sala de su departamento; el Gato negro dormía sobre el sofá, como siempre; miró alrededor y sus ojos se detuvieron sobre la chimenea, donde había una fila de fotografías mágicas, una de las niñas, otra de sus amigos, otra donde solo estaban él y Nicolas, en Madrid, la habían tomado una tarde que habían paseado por el callejón mágico. Ambos sonreían bajo el sol; parecían felices. Sintió como si estuviera viendo a un extraño, a alguien completamente diferente a él.
Caminó hacia la habitación y se sobresaltó al ver la luz de la mesa de noche encendida; sentado en la cama, con la misma ropa con que había salido varias horas antes, estaba Nicolas, su mirada era triste. Draco se dio cuenta de que había estado tan metido en su dilema que no había notado que Nicolas lucía diferente y preocupado.
—Pensé que estarías con tus amigos, de bares –le dijo Draco, acercándose a él.
—Estuvimos, pero regresé temprano, no tenía muchos ánimos de celebrar.
Draco se sentó junto a él y sintió a Nicolas suspirar. Se sintió torpe, no sabía realmente qué decir.
—Creo que es momento de dejar de fingir y hablar con la verdad –le dijo el chico, girándose un poco para estar cara a cara con él. Draco lo imitó y se inclinó un poco hacia delante, tomando una de sus manos.
—Nicolas —Draco tomó una bocanada de aire —, ¿a qué verdad te refieres exactamente?
—Yo los vi —le respondió él, soltándose de su mano —, la mañana que secuestraron a las niñas, los vi llegar, estaba en el otro pasillo, y vi cuando llegaron, por un momento pensé que los habían atacado también, pero entonces Hermione preguntó sobre lo que te había pasado, la vi murmurar el hechizo, tu mano sobre el cuello, la cara de culpabilidad de ambos mientras Harry los limpiaba… —Nicolas negó con la cabeza —, me sentí como un idiota.
—No fue algo planeado, simplemente pasó y…
—Cuando Peter me habló de ti, me advirtió de que estabas enamorado de Harry, y cuando salimos pude notar que había algún sentimiento allí, entre ustedes, pensé que eso se había terminado cuando se habían acostado, que habían matado la curiosidad y que cada uno seguiría adelante. Luego noté algunas cosas, la mirada de Harry sobre ti, la forma en que parecías controlarte conmigo cuando él estaba cerca y pensé… pensé que sabías que Harry aún sentía algo por ti y que tú no estabas interesado, que por eso salías conmigo. Que me amabas.
—Y lo hago –respondió Draco, tratando de tomar las manos de Nicolas, pero él se apartó con rapidez –Nicolas…
—Nunca me lo has dicho –le reclamó él, su voz seguía sonando baja y triste —, me has dicho que me quieres, que soy importante para ti… pero jamás que me amas. ¿Se lo has dicho a él?
—Yo te amo, en serio que te amo, sino no hubiera aceptado enlazarme contigo, no hubiera… —Draco se detuvo, cuando empezó a salir con él nuevamente, lo hizo para olvidar a Harry, puso su empeño en esa relación, pese a que era a distancia, porque no quería pensar más en que Harry no lo amaba y que no tenía oportunidad.
Nicolas sonrió tristemente y se puso en pie.
—Te amo, y mucho –le dijo –pero no lo suficiente para aceptar que tengas un amante…
—Yo no tengo un amante, no tendría un amante nunca… esto que pasó fue algo que no planifiqué y me siento culpable y sé que no debí haberlo hecho, pero…
—Mírate, estoy aquí dándote la oportunidad de liberarte de mí, de poder correr a sus brazos, ¿Por qué no la aceptas?
—Porque te quiero, te amo y…
—Draco –Nicolas se puso de rodillas delante de él y le tomó de las manos –he pensado en todas las soluciones; realmente lo he hecho, y no creo que estés dispuesto a ninguna de ellas.
—¿Y cuáles son esas soluciones?
—Podría pedirte que no te acerques más a él, que no lo vuelvas a ver, creo que esa petición sería razonable. Pero sé que eso te haría infeliz porque forma parte de tu familia, que él y las niñas son importantes para ti. Y que si te apartas de él también tendrías que hacerlo de los Weasley o de tus amigos…
Nicolas se acercó un poco más y le acarició el cabello con cariño, Draco no dijo nada, imaginaba su vida así, sin poder acercarse más a las niñas, o a Harry, y supo que sería miserable.
—También podría simplemente pegarme a ti día y noche para asegurarme de que nunca más te vuelvas a acostar con él, de que ya no hay nada entre ustedes; pero entonces creo que no solo serías infeliz tú, sino también yo –Nicolas negó con la cabeza y su mano bajó nuevamente hacia las de Draco, apretándolo un poco más –O simplemente me puedes prometer aquí y ahora que jamás volverá a pasar, que tengo tu amor, que es solo para mí, que no sientes absolutamente nada por él y que nunca más me engañarás, ni con él ni con nadie. Como ves, la solución está en ti, tú eres el que me debe decir qué hacer.
Draco apretó los labios y miró a Nicolas a los ojos, lucía tan triste y destrozado, y él era el culpable.
—Él me ha dicho que me ama –le dijo, su voz sonó más ronca de lo que esperaba –y yo… no sé qué siento por él –Draco negó con la cabeza —, yo creo que lo amo, pero también te quiero a ti… Realmente no sé qué hacer, no tengo ninguna solución.
Nicolas cerró los ojos e inspiró profundamente, por un momento Draco temió que comenzara a llorar, pero no fue así, cuando abrió los ojos su mirada era resuelta, se inclinó sobre él y le dio un beso suave en los labios, antes de ponerse en pie.
—Te lo pondré sencillo; no puedo enlazarme contigo si es que tienes sentimientos hacia él. Si me amaras, si realmente lo hicieras, no tendrías ninguna duda. Podría entender que me engañaras… me dolería, pero sería diferente, esto es… Lo siento, Draco, no puedo.
—Nicolas –Draco se puso de pie y lo tomó de los brazos, pegándolo a su cuerpo, lo sintió abrazarse a él, su cabeza en el hueco de su cuello, aquella sensación tan familiar y conocida para él, sin embargo tuvo que darle la razón a Nicolas, eso no era suficiente —, perdóname, yo jamás quise lastimarte, ni que esto pasara, yo… yo te quiero.
Nicolas se apartó y sonrió tristemente.
—Pero no es suficiente –se inclinó y le dio un beso en los labios —, y sé que nunca será suficiente… que esto no lo podremos superar.
—Lo siento –repitió Draco.
—Iré a dormir a casa de Alexander, mañana enviaré por mis cosas… comprenderás que espero que te hagas cargo de todo, de cancelar la ceremonia y… y todo eso.
—Quiero estar seguro de que estás bien, si deseas me puedo ir yo, te puedes quedar el tiempo que quieras –replicó Draco rápidamente.
—No, es mejor así. Por ahora prefiero alejarme de ti, de todos.
Draco iba a decir algo más, pero Nicolas se apartó un paso y luego de darle una mirada más, se desapareció, dejando la habitación silenciosa y en penumbras.
—No lo entiendo –murmuró la señora Weasley, tenía una carta en la mano, ella y su esposo estaban sentados en la mesa de la cocina, en medio del desayuno.
—¿No dice los motivos?
—No, solo que todo se ha cancelado, que lo perdonemos por habernos hecho perder el tiempo y que por ahora desea estar solo.
—Será mejor que avise a los chicos.
Harry iba bajando las escaleras, luego de estar conversando con Hermione había decidido ir a casa, darse una ducha y luego ir a la Madriguera a dormir con sus niñas, no tenía deseos de quedarse solo.
—¿Qué pasa? –preguntó Harry, viendo las expresiones preocupadas de los señores Weasley, arriba las niñas permanecía durmiendo, aunque sabía que no iba a durar mucho tiempo.
—Hola, Harry, no sabía que habías llegado –le dijo el señor Weasley, mientras buscaba el frasco de polvos flu en la repisa de la chimenea.
—Hace unas horas, estaba arriba con las niñas. ¿Qué es lo que ha pasado?
—Draco, ha anulado el enlace, no explica por qué –le dijo rápidamente la señora Weasley, entregándole la carta de Draco, en tanto el señor Weasley lanzaba polvos flu por la chimenea para buscar a Ron y Hermione.
Harry se dejó caer pesadamente sobre uno de los escalones, leyendo la carta y no sabiendo cómo sentirse. Draco había roto su compromiso, pero no había ido a buscarlo.
Extrañamente el departamento de Draco no estaba bloqueado, Harry aterrizó primero, seguido de Hermione y Ron, a quienes no había podido convencer de no ir.
Los tres se quedaron sorprendidos cuando en el sofá vieron a Dean conversando con un chico de cabello castaño cenizo y ojos oscuros, su piel era pálida y su mirada amable. Alrededor del sofá había unas cuantas cajas de cartón cerradas.
—Chicos, veo que ya se enteraron –dijo Dean, poniéndose de pie y saludándolos –él es Alexander, amigo de Nicolas.
Harry recordaba a Alexander de los partidos de Quidditch, al igual que Ron y Hermione, aunque nunca habían hablado realmente con él.
—¿Qué es lo que ha pasado? –preguntó Harry, mirando ansiosamente hacia la habitación de Draco, la puerta estaba completamente abierta y parecía vacía.
—Han roto –explicó Alexander –Nicolas no me ha dado ninguna razón, solo me dijo que viniera por sus cosas y me pidió que no le dijera a nadie, especialmente a Draco, donde se estaba quedando.
—Draco se ha ido –complementó Dean, haciendo levitar tazas de té hacia los chicos –me dijo que quería estar solo, que no le dijera a nadie dónde estaba… tampoco me quiso dar los detalles. Me ha dejado al Gato negro.
—Eso no es posible, nosotros también somos sus amigos, es evidente que no debe estar solo, debe necesitar nuestro apoyo –rebatió Hermione rápidamente.
—Y no está completamente solo, yo sé dónde está y estoy pendiente de él, pero, como su amigo, debo pedirles que respeten su decisión. Además se siente avergonzado por todo el trabajo que les ha dado a los señores Weasley y por cancelar a última hora. Menos mal que no eran muchos invitados, solo hace unos minutos terminé de enviar la última lechuza de cancelación.
Harry miró distraídamente el apartamento de Draco, apartando su mente de la conversación, él podía estar casi seguro de porqué habían cancelado todo, sin embargo pensó que sería a él a quien le diría en primer lugar, no a Dean. Recordó aquella vez que Draco le contó que se había acostado con Dean y algo muy parecido a un león rugiendo despertó en su pecho. ¿Acaso Draco había ido a buscar consuelo en el moreno?
—¿Y cómo están? Es decir –aclaró Hermione ante la mirada de Dean y Alexander —, ¿están molestos, tristes? Tal vez todo fue una pelea tonta y podemos resolverlo.
—Nicolas no ha dicho nada realmente, apareció ayer en la madrugada en el bar donde estábamos bebiendo y me pidió quedarse en mi casa, me dijo que el compromiso quedaba anulado y que viniera por sus cosas, luego se metió a la cama y no ha vuelto a decir una sola palabra más.
Harry recordó las palabras de Draco, "¿y cómo crees que Nicolas se sentirá al respecto?", había estado en lo cierto, en ningún momento se había detenido a pensar en Nicolas, quien era amable con él y con las niñas, quien había tratado de adaptarse a ellos. Nicolas era una buena persona y ahora estaba sufriendo por su culpa.
—Draco está igual, solo que bebió casi una botella completa de Whisky antes de caer en la cama. Ahora está dormido e imagino que seguirá así por el resto del día.
—Draco no suele beber tanto –mencionó Ron —¿qué creen que haya pasado? –le preguntó a Harry y Hermione, ambos apartaron la mirada. Harry sabía que no podría seguir ocultándole a Ron todo lo que había pasado, pero tampoco pensaba que era correcto decirlo delante de Dean y Alexander.
—Creo que es mejor que nos vayamos –se puso en pie Hermione –la señora Weasley debe tener una larga lista de labores para nosotros hoy.
—Espera, antes de irse, Harry, tal vez tú me puedas ayudar con algo, en la habitación de Draco, será solo un momento.
Harry, desconcertado, siguió a Dean hasta la habitación y permaneció de pie en medio de ella, observando los cajones abiertos y vacíos. Se preguntó si solo las cosas de Nicolas habían sido retiradas.
—No quise decirlo delante de todos –empezó Dean y Harry lo miró con algo de esperanza, tal vez Draco le había dado un mensaje para él —, Draco bebió demasiado ayer… él realmente no quería contarme, pero igual lo hizo. Sé que Nicolas y él han terminado porque Draco le dijo que sentía cosas por ti.
—¿Dónde está? Necesito hablar con él, no es justo que esté pasando esto solo…
—No estará solo, yo lo cuidaré, somos amigos. Pero Harry, te pido que le des tiempo, puede que sienta cosas por ti, y que tú le correspondas, pero no es así de simple; él también quería a Nicolas, y han terminado, debes darle espacio y tiempo, cuando esté listo, volverá, y si realmente sientes algo por él, le darás eso, esperarás a su retorno y aceptarás lo que él decida.
10 de octubre de 2002
Francia en octubre era encantadora, el sol alumbraba y calentaba las calles, y el viento refrescaba, sin llegar a congelar; las personas tomaban vino y quesos en las terrazas de los restaurantes, rodeadas de color y risas.
Draco estaba sentado en un restaurante pequeño, frente a él había una mesa de una pareja con sus tres niños, eran turistas italianos, ruidosos y felices ante la aventura del nuevo país. Él no pudo dejar de pensar en Harry y en las niñas, en qué estarían haciendo justo ahora. Por Dean sabía que todos estaban bien, aunque siempre preguntaban por él. Había pasado casi dos meses desde su rompimiento con Nicolas, los primeros días los había pasado en una bruma de alcohol en el departamento de Dean, luego de una buena ducha y un gran sermón de su amigo había decidido salir de viaje, ir a Francia le había parecido lo más natural ya que su familia tenía raíces francesas y él durante su infancia había pasado más de una temporada en ese lugar.
Tal como Dean le había hecho prometer, cada dos días escribía una carta, asegurando que no estaba descontrolándose y que estaba bien.
Durante ese tiempo Draco había paseado por todo el país, recordado lugares que había visitado de niño e imaginando qué luego podría visitarlo junto a las niñas y a Harry.
Sabía que Nicolas había decidido ampliar su contrato en España y que se había mudado definitivamente allí una semana después de roto el compromiso, todo eso por medio de Dean que al parecer se había hecho muy amigo de Alexander.
Draco había estado tentado a ir a España, asegurarse de que Nicolas estaba bien, pero sabía que solo causaría más dolor, así que se había abstenido. De todas formas Alexander y Dean eran una buena fuente de información.
Cuando pensaba en Nicolas sentía pena, se sentía enfermo al saber que había destrozado el corazón de alguien que lo había querido y aceptado tal como era. Sin embargo, cuando pensaba en Harry su corazón se agitaba y sentía deseos de volver a Inglaterra solo para besarlo de nuevo y darle una oportunidad, tal como él le había pedido.
Los niños de la mesa frente a él aplaudieron emocionados cuando el mesero trajo tres copas de helado de chocolate y Draco sonrió, sintiendo que ya era momento de volver y encarar al mundo de nuevo. No podía seguir escondiéndose, ni tampoco lo quería.
Harry verificó que las niñas estuvieran completamente dormidas antes de caminar de vuelta hacia el primer piso. Estaba en pijamas, pese a que solo eran las nueve de la noche, pues estaba agotado ya que desde que Draco se había ido no había noche que durmiera bien. Se sirvió una copa de vino y se sentó delante de la chimenea apagada, pensando, como cada noche en Draco. Preguntándose cómo estaba, qué estaba pasando con él. Luego del día del enlace no realizado, Harry le había contado a Ron todo lo ocurrido. Su amigo no había lucido muy entusiasta ante la posible relación de Draco y Harry, pero había dicho que lo importante es que estuviera feliz. Harry había esperado que Draco apareciera casi inmediatamente, y que le dijera que quería que estuvieran juntos, pero las semanas habían pasado sin señales del rubio y empezaba a pensar que tal vez también a él lo habían abandonado.
Bebió un trago más de su copa y suspiró cansadamente, cuando las protecciones de la casa vibraron, un instante después Draco estaba de pie delante de él luciendo unos vaqueros y un suéter negro, tenía colgada en la espalda una mochila negra. Su cabello estaba un poco más largo que antes, pero su mirada lucía tranquila.
—Draco –dijo, poniéndose de pie, pero quedando a dos pasos de él, sin sentirse seguro de qué hacer a continuación.
—Vaya, tú siempre tan bien vestido –respondió Draco, mirando hacia el pantalón ancho y la vieja camiseta. Sonrió ante el sonrojo de Harry.
—Pensé que nunca volvería a verte –Harry trató de no pensar en su ropa nada adecuada para encontrarse con el hombre que amaba tras tantas semanas, o en como sus mejillas quemaban y sus manos temblaban.
—Siempre tan dramático –suspiró Draco, avanzando un par de pasos y quedando a solo centímetros de él. Harry lo tomó de la cintura, con manos temblorosas. Draco también estaba temblando. Había imaginado muchas veces cómo sería ese reencuentro, y aun así no podía evitar sentir miedo.
—Te he extrañado, no sabía nada de ti, ni de qué estaba pasando… pensé que...
—Necesitaba estar solo un tiempo –Draco acarició la mejilla de Harry, que sonrió por el contacto. –Necesito que sepas que tengo miedo –Harry inclinó un poco el rostro, mirándolo confuso –temo arruinar nuestra amistad, que esto termine apartándome de ti y de las niñas.
—Eso no pasará –Harry respondió rápidamente, tratando de infundirle confianza –jamás dejaría que algo así pasara.
—Y quiero que sepas además que lo que te dije la noche de la despedida de soltero era cierto, no soy infiel, tú has sido la excepción y sucedió porque te amo.
—Draco…
Draco se inclinó y por fin unió sus labios a los de Harry, había soñado muchas veces con besarlo, y más que eso, pero ni en sus sueños la sensación fue tan buena, la boca de Harry sabía a vino, y era cálida y caliente, y perfecta para él. Las manos de Harry ganaron confianza y lo pegaron más a su cuerpo, mientras la mochila caía al suelo.
Pronto ambos estaban sobre el sofá, Harry sobre el cuerpo de Draco, que ya había perdido la camiseta y tenía los pantalones abiertos; la mano de Harry se movía expertamente, acariciando la erección de Draco, mientras seguía besándolo, mordiendo sus labios y su cuello.
—Me voy a correr –anunció Draco, aprovechó que Harry se apartó un poco para meter la mano dentro del holgado pantalón, su erección estaba caliente y húmeda, comenzó a acariciarlo con rapidez, levantando la cabeza para volver a besarlo, la mano de Harry retomó su labor y antes de que ninguno se pudiera detener, ambos se estaban corriendo, abrasándose con fuerza, tratando de no apartarse ni un centímetro.
—Vaya –jadeó Harry, besando el hombro de Draco y aspirando profundamente, empapándose del olor de su amante –definitivamente esto fue algo rápido.
—No sabes las ganas que tenía de verte –Draco le dio un beso en los labios –de besarte y tocarte y saber que esto aún era real… que tú y yo podíamos estar así de verdad.
—Por supuesto que es real, lo que siento por ti, no he dejado de amarte ni un solo instante, temía que no volvieras, que no me quisieras lo suficiente, haber arruinado todo.
—Lamento haber demorado tanto, pero realmente necesitaba estar solo –Draco dejó que Harry hiciera un hechizo de limpieza sobre ambos y se sentó en el sofá, mientras Harry traía una copa más y le servía vino —, quiero contarte esto e imagino que será la última vez que lo mencione si es que te molesta, pero realmente yo quería a Nicolas y perderlo fue duro para mí, él era mi compañero, y me sentía miserable por haberle hecho tanto daño.
Harry dio un largo trago a su copa y asintió.
—Yo también he tenido mi dosis de culpabilidad estos días, sentía que había arruinado tu vida, y la de Nicolas, que no me había hecho nada malo, que había sido amable conmigo y las niñas, que de alguna manera yo también lo había traicionado… Después de nuestra última charla comprendí lo egoísta que estaba siendo, y estaba dispuesto a darte el tiempo y el espacio que quisieras, eso te quería decir, pero Dean nos contó que tenías las lechuzas bloqueadas, y que necesitabas estar solo y me obligué a respetar tu decisión.
—Gracias por hacerlo, realmente lo necesitaba, plantearme todo nuevamente, tomar una decisión.
—¿Y qué harás ahora?
—Había pensado en invitarte a cenar, mañana en la noche, tener una larga charla contigo y decidir cómo llevaríamos esto, pero… —Draco acarició la pierna de Harry —, recibiéndome así, tan sexy…
—Oh, por favor –bufó Harry, tratando de acomodarse los pantalones, pese al hechizo de limpieza se sentían pegajosos, sin considerar que eran los más viejos que tenía en el armario.
—¿Qué te parece si vamos arriba, tomamos una ducha y luego nos metemos en la cama y mañana desayunamos con las niñas, luego las dejamos donde la señora Weasley y hablamos seriamente de lo que vamos a hacer a continuación.
Harry se inclinó y besó a Draco en los labios, le quitó la copa de la mano y lo puso en pie, tomándolo de la mano lo guío escaleras arriba, sin dejar de sonreír, sabiendo que al fin esa noche dormiría, probablemente no muchas horas, pero sí aliviado y tranquilo, porque Draco había vuelto y estaba a su lado.
A Great Big World - One Step Ahead
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How many times
Did I miss the signs?
My stupid heart
It left me blind
Nobody else would forgive my mistakes
Nobody else would've stayed
One step ahead of me
You saw what we could be
How did you know
Down in your bones
That I'd come around?
One step ahead always
Guiding me through my haze
Was too scared to see
What this could mean
But I see it now
I see it now
How could I
Ever be enough?
Worthy of
Someone else's love?
All of my hang-ups and all of my fears
You made them all disappear
One step ahead of me
You saw what we could be
How did you know
Down in your bones
That I'd come around?
One step ahead always
Guiding me through my haze
Was too scared to see
What this could mean
But I see it now
I see it now
FIN
