Hielo en el alma (3/6)
Parejas = Sirius/Percy
Disclaimer =Los personajes de esta historia son propiedad de J.K. Rowling y la Warner Bros. Esto es puro entretenimiento y no me reporta beneficio económico alguno.
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Isabellatrix : Jajajaja… declaración lacrimógena, jajaja… que bien me conocen chicas!!!!!!! Pues sí, van a tener que hablar, pero mucho me temo que no será en este capítulo ; ) … el fic es cortito, lo acepto y que les puedo decir de Ojos Grises… ahhhhhhh... está decidido, haré una siguiente parte y que sea lo que Dios quiera, jajaja… me convencieron sus caritas de Gato y de Psicópata, jajaja… y muchas, muchas gracias por todo ese apoyo que me brindan, no saben lo bien que me hacen sentir… gracias en verdad (ya se me llenaron los ojitos de lágrimas, jijiji) … y sí, le mandaré un mensajito a Velia para decirle que… resucité!!!!!! Jajaja
Belladona : Antes que nada déjame decirte que ya leí tu historia y me gustó mucho : ) … pobrecitos… pues anduve súper ocupada, pero por fin tuve un tiempecito para hacer esta locura… sé que esta parejita es súper bizarra y espero haber logrado hacerla creíble, jejejeje… todavía falta un poco más de drama y por supuesto la reconciliación!!!!!!!!! … te mando muchos besos linda
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Capítulo III. Córcega
Percy no sabía si sentir aliviado o triste, pero la tristeza ganaba sin duda alguna y por mucho. Ya había pasado una semana completa desde que volvió a encontrarse con Sirius y el hombre no había tratado de ponerse en contacto con él. Estaba consciente de que si lo hubiera querido, habría podido pedirle su número telefónico a Neville Longbottom porque era claro que se conocían, pero eso no había sucedido. Sentía un gran desasosiego al imaginar que Sirius consideró que no merecía la pena tratar de hacer las paces y decidió olvidarse de él para seguir viviendo feliz con Harry Potter. Apretó los labios celoso al recordar al muchacho. No había duda de que era muy atractivo y a regañadientes tuvo que admitir que Sirius y él hacían buena pareja. Ambos eran buenos mozos y parecían muy felices cuando los vio entrar abrazados a la casa de Longbottom. Le entraban unas ganas locas de aventar cosas cada vez que recordaba la forma en que Harry había deslizado su mano por la mejilla de Sirius, así que trataba de olvidarla por todos los medios, pero no podía apartarla de su mente a pesar de todos sus esfuerzos.
Los pasos de su secretaria se acercaron a su puerta y se apresuró a adoptar su habitual fría actitud. Jamás le había gustado mostrar sus sentimientos ante nadie y por supuesto no quería comenzar ahora. Había sido una verdadera suerte que ninguno de sus empleados hubiera visto su pequeña pelea con Sirius porque entonces estaría en boca de todos. La puerta se abrió y la chica se acercó al escritorio llevando una tarjeta en la mano.
-Hay un caballero que lo busca, señor Weasley –le dijo al tiempo que le ofrecía la tarjeta–. Ya le informé que necesitaba hacer cita por teléfono antes, pero insiste en verlo.
A Percy se le aceleró el corazón al pensar que era Sirius el que se encontraba en ese momento fuera de su oficina y se apresuró a tomar la tarjeta. Grande fue su desilusión al ver que era otro el nombre que se encontraba estampado en la blanca tarjeta.
-¿Te dijo para qué asunto? –preguntó cuando se recuperó de su desilusión.
-No. Dijo que quería tratarlo personalmente con usted.
Percy se quedó un momento pensativo. Realmente no le costaba nada recibir a ese hombre y atenderlo porque no tenía ningún proyecto a la vista, pero no le gustaba cambiar la forma de trabajar.
-Hazlo pasar –le ordenó a su secretaria cuando decidió recibirlo.
-Enseguida –la chica se retiró presurosa y volvió un instante después con el inesperado visitante–. El señor Remus Lupin, señor Weasley.
El pelirrojo se adelantó para recibirlo y le extendió la mano a Remus que se la estrechó con firmeza. Percy invitó a su visitante a sentarse y él lo hizo detrás del escritorio.
-¿En qué puedo ayudarlo, señor Lupin? –le preguntó Percy con cortesía.
-Verá, acabo de comprar una propiedad en Córcega y me gustaría que me ayudara a remodelar la casa.
-Yo no me dedico a la decoración de interiores –le contestó divertido.
-Lo sé y pido disculpas si me expresé mal –una pícara sonrisa acudió a los labios del hombre–. En realidad toda la propiedad es un completo desastre y necesito que me ayude a organizar una completa reforma. Desde una pavimentación decente hasta la remodelación de la piscina. Me habría encantado hacerlo yo mismo, pero desafortunadamente tengo algunos compromisos que no me es posible evadir y necesito tener la casa lista para finales de mes. Tendrá carta abierta para contratar a quién crea necesario para este trabajo y por supuesto estoy dispuesto a pagarle algo extra debido a que deberá salir del país.
-¿Para finales de mes ha dicho? –preguntó Percy ya totalmente interesado en el trabajo.
-Sé que estoy exigiendo demasiado, pero en verdad necesito que me ayude.
Remus volvió a sonreírle y Percy estuvo seguro de que ese hombre confiaba demasiado en su bella sonrisa. No negaba que era hermosa, casi tanto como sus ojos dorados, pero a él definitivamente no le afectaba en lo absoluto. Desde el momento en que conoció un par de zafiros ya no existía otro color en el mundo para él.
-Déme detalles de la propiedad y en pasado mañana tendrá un presupuesto –tomó una hoja de papel en blanco y un lápiz–. Volveremos a hablar cuando vea los números y…
-No. Definitivamente no –negó Remus moviendo la cabeza.
-¿No qué? –preguntó Percy confundido.
-No tengo tiempo que perder –lo miró con seriedad–. No me interesa cuánto voy invertir. Lo único que ahora importa es que me diga si está dispuesto a ayudarme.
-Pero… es que… –tartamudeó porque jamás se había encontrado con un cliente al que no le importara saber de antemano cuánto iba a gastar.
-Sólo dígame sí le interesa o no –lo presionó.
-Claro que me interesa, pero…
-Entonces está decidido –se levantó de la silla–. Dígame en cuántas horas podrá salir para Francia y reservaré su vuelo.
-¿¡Qué!? –también se levantó de su asiento.
-Ya le dije que me urge muchísimo que comience con la remodelación –caminó hacia la puerta–. Llámeme a mi móvil cuando tenga una hora. Mil gracias por su ayuda, Weasley –y salió sin esperar una respuesta.
Percy se sentó en su silla todavía impactado. La forma en que se estaban desarrollando las cosas no le estaban gustado demasiado, pero luego se encogió de hombros.
'Trabajo es trabajo y es lo que necesito en este momento para olvidarme de Sirius' –fue esto último lo que hizo que todas sus demás dudas se alejaran–. Susan… haz el favor de venir –le dijo a su secretaria por su comunicador.
La chica se presentó ante él y se sorprendió muchísimo cuando le dijo que marcharían a Francia al día siguiente, pero igual estaba emocionada porque le encantaba viajar. A pesar de que Remus no le había dado detalles de su propiedad, Percy ocupó el resto del día haciendo una lista de las cosas que probablemente arreglaría, así como también del costo aproximado. Para cuando se retiró a su casa, sonrió complacido porque calculaba que con ese trabajo terminaría de pagar la deuda que aún tenía con el banco.
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Remus salió de la oficina de Percy muy contento y levantó discretamente el pulgar hacia un auto que se encontraba aparcado en la acera contraria. Dentro del auto, Harry se giró hacia Sirius para sonreírle y se enterneció al ver brillar las lágrimas en sus ojos azules. Después de que su padrino le confesara a él y a Neville su amor por el pelirrojo, los tres se pusieron a pensar en cómo podrían lograr que Percy lo escuchara. Lo primero que se les ocurrió fue que se presentara en su oficina y se encerrara con él, pero cabía la posibilidad de que el joven llamara a la policía y eso conllevaría algunas dificultades que no valía la pena sufrir. Después de eso, se les ocurrieron miles de cosas estúpidas y sin sentido, pero luego una llamada de Remus fue la que les dio una pista de cómo lograr que el pelirrojo escuchara a Sirius.
Remus era la pareja de Harry y ya llevaban un par de años juntos. Remus era biólogo marino y se la pasaba la mayor parte del tiempo en el mar y el muchacho de ojos verdes lo acompañaba siempre que podía, que por desgracia no eran demasiadas veces porque era modelo y eso también lo mantenía muy ocupado. Entre los dos compraron la propiedad que Remus le mencionó a Percy y estaban arreglándola poco a poco. A Harry se le ocurrió que Sirius podría llevar ahí al pelirrojo para que le fuera más difícil escapar de esa conversación que tanto le urgía entablar. No estaba seguro de que ese muchacho aún amara a Sirius debido al golpazo que le había dado en la casa de Neville, pero sabía que su padrino haría hasta lo imposible para conquistarlo porque en verdad lo amaba. Ni Remus ni Harry tenían demasiado dinero para invertir en su nueva casa, pero Sirius insistió en cargar con todos los gastos. Remus se opuso al principio, pero al final aceptó cuando Sirius accedió a considerarlo como un préstamo.
-Se los dije. Pan comido –expresó Remus con satisfacción cuando se subió al coche y recibió un gran beso por parte de Harry.
-Gracias, Remus –le dijo Sirius apretándole el hombro con afecto.
-No hay por qué darlas, muy al contrario –puso su mano sobre la de Sirius–. Harry y yo te agradecemos el préstamo.
-Ni lo menciones –se enjugó una lágrima que había alcanzado a escapar–. ¿Cuándo viajará Percy?
-Le dije que me urgía que comenzara a trabajar, así que me imagino que mañana mismo tomará un vuelo para Córcega.
-Entonces debemos salir ya mismo –consultó su reloj–. Si tenemos suerte llegaremos a tu casa antes del anochecer.
Remus puso en marcha el auto y se fue directamente al aeropuerto. Sirius y Remus llevaban preparadas sus maletas porque aunque el hombre de ojos azules no estaba del todo seguro de que Remus convencería a Percy de aceptar el trabajo, Harry fue el que le dio esperanzas al decirle que la sonrisa de su novio era infalible. No tuvieron ninguna dificultad en conseguir un vuelo y Remus se despidió de Harry con un apasionado beso y con la promesa de que volvería lo más pronto posible. Ambos decidieron que aunque estaban haciendo eso para ayudar a Sirius, no desperdiciarían la oportunidad de arreglar la casa a su gusto y por eso Remus se presentaría para decirle al pelirrojo lo que quería hacer en su propiedad. Sirius no quiso echarles a perder su entusiasmo al comentarles que tal vez Percy se negaría a trabajar con ellos una vez que descubriera que él se encontraba en ese lugar, así que solamente se despidió de Harry y abordó el avión con Remus.
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El viaje no fue tan tardado como Percy anticipó y llegaron a la casa de Remus justo antes de que anocheciera. Bajó del auto de alquiler junto con su secretaria y miró con ojo crítico la casa. Esta era enorme y destartalada, pero también hermosa. Realmente lucía imponente al tener el azul del cielo y del mar enmarcándola. El calor no era excesivo debido a la hora y también porque se encontraban en la época más fría del año. Percy aspiró profundamente y se llenó los pulmones del aire salado que flotaba en el ambiente. Viajaba bastante debido a su trabajo, pero siempre dentro de Inglaterra, así que ir a esa hermosa isla del Mediterráneo era un buen cambio. Tomaron sus maletas y caminaron hasta la puerta y Percy comprobó que se encontraba abierta. Entró al tiempo que llamaba a Remus en voz alta. El día anterior, cuando llamó al hombre, Remus le dijo que ya se encontraba en Córcega esperando su llegada. No fue sino hasta que ya estaban a la mitad del vestíbulo que Remus apareció por una puerta que lateral. Tanto él como su secretaria abrieron los ojos sorprendidos al ver que el hombre llevaba un diminuto traje de baño y que por su cuerpo aún rodaban algunas gotas de agua. Era obvio que Remus acaba de salir del mar.
-¡Oh! Ya llegó Weasley –comentó Remus jovial y se les acercó sonriente.
Susan ya no sabía para donde voltear para evitar parecer demasiado entusiasmada ante tan bella vista, pero era muy difícil. Remus tenía un cuerpo realmente escultural y eso tampoco dejó de notarlo Percy, pero disimuló muy bien su admiración.
-¿Y cómo estuvo su vuelo? –preguntó Remus sin dejar de sonreír.
-A tiempo –fue la escueta respuesta que recibió.
-Me alegra saberlo –rió por dentro al notar la parquedad del pelirrojo–. ¿Es todo su equipaje? –señaló las cuatro maletas que descansaban a sus pies.
-Así es.
-Permítanme acompañarlos a sus habitaciones –tomó caballerosamente las maletas de Susan antes de caminar hacia las escaleras–. Como podrán ver, la casa se está cayendo a pedazos, pero les aseguro que al menos esta noche no se derrumbará sobre nuestras cabezas –comentó con jovialidad.
Susan se retrasó a propósito para poder admirar en todo su esplendor el maravilloso trasero de Remus, pero su tonta sonrisa se borró cuando Percy la miró sobre el hombro para amonestarla en silencio.
-Como podrán suponer no tendrán muchas comodidades, pero al menos tenemos electricidad, no hay corrientes de aire y tenemos agua caliente –entró a una habitación y dejó el equipaje de la chica en el suelo–. Espero que sea de su agrado, señorita. Disculpe, no sé su nombre –y la deslumbró con su magnífica sonrisa.
-Susan Bones y la habitación está perfecta. Muchas gracias –agradeció la chica ruborizada.
-La cena estará lista en una hora así que tiene tiempo para descansar, señorita Bones. Venga conmigo, Weasley. La recámara que ocupará está del otro lado de la casa.
Percy siguió a Remus a través del pasillo y lo acompañó dentro de una habitación. El pelirrojo abrió los ojos sorprendido al ver que estaba decorada con un gusto increíble. El cuarto que le habían asignado a su secretaria tenía sólo lo necesario para dormir, pero en cambio esta otra se notaba que había sido arreglada con esmero.
-Este es el dormitorio que habitualmente utilizó cuando vengo aquí –le informó Remus al ver su asombro.
-Entonces no puedo ocuparla –objetó de inmediato Percy.
-Yo sólo me quedaré un par de días a lo sumo y no tiene caso que se quede en otra habitación para luego pasarse a ésta.
-Pero…
-No ponga peros y siéntase como en su casa –Remus se movió hacia la puerta–. Voy a darme un baño para quitarme la sal del cuerpo y nos veremos en el comedor en una hora –y salió sin esperar contestación.
Percy se quedó parado en medio del cuarto admirándolo todo, pero luego se dedicó a desempacar sus cosas. Se dijo que no era mala idea que se diera un baño para refrescare y se metió a la ducha. Cuando salió, se dirigió al armario y eligió un conjunto blanco muy ligero. Sintiéndose mucho más relajado con el baño, bajó al comedor y no le extrañó no ver a nadie así que se dedicó a vagar por toda la planta baja para ver en qué condiciones se encontraba el resto del lugar. Afortunadamente el interior no estaba en tan malas condiciones como la fachada de la casa y se dijo que no tardaría mucho en convertir la casa en un sitio acogedor. Se aventuró a cruzar la puerta por la que había aparecido Remus y al salir se encontró con un pequeño camino de piedra que llevaba directamente hasta el mar. Lo recorrió con cuidado porque ya la oscuridad había caído y no había luna que lo iluminara. Llegó hasta la arena y se quedó parado decidiendo que no le apetecía llenarse los zapatos de piedras. Volvió a aspirar con fruición el aire sintiéndose por primera vez relajado en la última semana. El recuerdo de Sirius quiso inmiscuirse en sus pensamientos, pero no se lo permitió. Ya no quería pensar en él y no lo haría, se dijo con decisión antes de regresar a la casa.
Una vez que volvió al comedor se encontró con que Susan y Remus ya se encontraban en él. Vio que su secretaria reía coquetamente y que su cliente miraba con extrema diversión a la chica.
'Debo hablar con ella' –pensó Percy algo molesto con la actitud de la muchacha.
-¿Salió a dar un paseo, Weasley? –le preguntó Remus cuando lo vio.
-Quise ver el exterior, pero me temo que debo esperar hasta mañana pues ya está muy oscuro –le contestó él educadamente.
-Esa es una de las cosas que debo pedirle. Necesito una buena iluminación en la playa. Me gusta nadar por las noches y no quiero tropezarme con las piedras cuando regrese.
-No habrá ningún problema –le contestó el pelirrojo.
-Serviré la cena en cuanto bajé el último de mis invitados –comentó Remus como si nada–. Es un amigo que aceptó a ayudarme con la remodelación.
-Estaremos a las órdenes de su amigo –se apresuró a asegurarle Percy.
Comenzaron a hablar de trivialidades hasta que el sonido de pasos les indicó que el amigo de Remus estaba a punto de reunirse con ellos. Percy medio se giró hacia la puerta para ver al recién llegado y la respiración se le fue cuando Sirius apareció en el umbral. En un parpadeo lo recorrió de arriba abajo y no pudo reprimir que un escalofrío recorriera su espina dorsal. El revuelto cabello negro aún se veía húmedo y los hermosos ojos azules brillaban como si en verdad fueran zafiros. Sirius llevaba una camisa blanca que estaba a medio abotonar y debido a eso Percy tuvo a la vista el fuerte pecho. Las largas piernas estaban envueltas en un fino pantalón negro que se amoldaba a la perfección a la anatomía del hombre. Lo vio entrar como en cámara lenta al comedor y por más que quiso no pudo despegarle la vista de encima.
Sirius estaba muy nervioso por su próximo encuentro con Percy y por eso decidió dejar al descubierto algo de piel para distraer su atención y que no notara la tensión en su rostro. El chico siempre le había dicho lo mucho que le gustaba que llevara la camisa medio abierta y por eso se atrevió a bajar tratando de dar la impresión de ser un pirata. Medio sonrió con satisfacción al ver como el pelirrojo se quedaba con la boca abierta al verlo entrar, pero no le devolvió la mirada porque entonces correría hacia él para besarlo como tanto ansiaba.
-Les presento a Sirius Black –dijo Remus rompiendo el embeleso de Percy que de inmediato apartó la vista del hombre de ojos azules–. Ella es Susan Bones –lo presentó a la chica que inmediatamente lo reconoció del evento de la subasta, pero no comentó nada al respecto.
-A sus pies, señorita –escuchó que decía Sirius con su varonil voz y a Percy el corazón le dio un vuelco espantoso en el pecho.
-Y él es el Percy Weasley –siguió presentado Remus.
-Mucho gusto, Percy –dijo Sirius y se plantó frente al pelirrojo para obligarlo a devolver el saludo.
Muy a su pesar, Percy tuvo que volver a mirarlo y la garganta se le secó en un segundo al ver su maravillosa sonrisa. ¡Dioses! ¡Cómo adoraba la forma en que esos deliciosos labios se curvaban!
-El gusto es mío, señor Black –contestó Percy con voz tan gélida que hasta él mismo se sorprendió.
Remus dejó que la pareja sostuviera un duelo de miradas por varios segundos antes de declarar que ya estaban listos para cenar. La mesa estaba preparada estilo buffet y se llevó con él a Susan para dejar que Sirius comenzara su labor de convencimiento con el pelirrojo.
-Es una agradable sorpresa encontrarte aquí, Percy –comentó Sirius siguiendo al pelirrojo a la mesa que lo único que quería era poner espacio entre él y el hombre que lo había puesto a temblar con esa intensa mirada azul.
-Es más bien una desagradable casualidad –le contestó él a su vez.
Sirius dejó escapar un pequeño suspiro de frustración. Definitivamente no iba a ser fácil mantener una conversación civilizada con Percy Weasley.
-Me enteré de que acabaste la universidad –siguió diciendo Sirius, pero el otro no le contestó–. Me alegra que lo hicieras –de nuevo silencio–. Te especializaste en logística, ¿no? Es un buen campo para desarrollarte –nuevamente fue ignorado–. Veo que no quieres conversar. De acuerdo. Te dejaré en paz –y se alejó del pelirrojo que suspiró de alivio… y de frustración.
Le encantaba la voz de Sirius porque hacía que los vellitos de su nuca se erizaran y lamentó que el hombre se uniera a Susan y a Remus. Se sirvió de todo un poco, pero el hambre había desaparecido. Tomó asiento algo alejado de los otros tres, pero sólo jugueteó con la comida. De vez en cuando se permitía mirar a Sirius y suspiraba discretamente. La chica se veía feliz por tener toda la atención de dos atractivos hombres y se desvivía por mantener su atención. La cena transcurrió sin que Sirius hiciera un nuevo intento por acercarse a Percy y éste nuevamente se sintió mal. Debía sentir feliz porque parecía que Sirius por fin había entendido que no quería tenerlo cerca, pero no era así. Cuando lo escuchó reír con facilidad con su secretaria supo que ya no soportaba estar en la misma habitación que él. Tenerlo tan cerca, pero a la vez tan lejos, lo estaba matando así que se levantó de la mesa, musitó una disculpa y corrió a su habitación.
Cerró la puerta con llave antes de aventarse a la cama y morder la almohada con fuerza para evitar llorar.
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Hasta pronto!!!!!!!
