Capítulo 3: Comienza una nueva amistad
Los rayos del sol aparecían por la ventana de la habitación de Anna Kyôyama.
El shaman se movió un poco en el futón, dando lugar a que deshiciese el abrazo que mantenía con la sacerdotisa. Al final Yoh se despertó, abriendo los ojos lentamente. Vio a la chica que tenía frente a él, que dormía tranquila, y sonrió feliz.
Se colocó de lado y posó una mano en un mechón de pelo rubio que, con rebeldía y a causa de la brisa, se situó graciosamente en la fina nariz de la itako. Retiró con un dedo ese dorado mechón y se lo puso detrás de la oreja. Sin duda alguna, su Anna era tan hermosa... lástima que siempre fuese tan gruñona, seria, fría, seca... Esperaba que, con lo que ocurrió anoche, decidiese cambiar, aunque fuese un poquito, su actitud... ese momento lo anhelaba tanto.
Pero se dedicó a observarla y cuidar a esa bella "Blancanieves" (claro, tengamos en cuenta que su piel era tan clara...) rubia.
- Ya no tendrás más pesadillas, ya no aparecerán más onis, y por fin tendrás paz y tranquilidad –dijo Yoh con voz baja, que acariciaba el pelo rubio de la chica con mimo, mirándola prendado.
- Hummm... –la itako se estaba despertando, así que el shaman rápidamente retiró la mano de su cabello y la escondió entre las sábanas. Anna se estiró un poco en el futón, se llevó una mano a la boca, bostezó y abrió los ojos lánguidamente, encontrándose con la mirada de Yoh–. Buenos días, Yoh... Gra-gracias... por todo lo que has hecho por mí...
- Jeje n-n Ya te dije que no ha sido nada –sonrió Yoh con su típica sonrisita tonta y... ¡¡le dio un beso en la mejilla (aunque era un beso de "Buenos días")!!–. ¿Qué? ¿Nos levantamos? Creo que ya va siendo hora, dormilona.
Anna no se inmutó con la palabra "dormilona", pero... se puso roja, por primera vez (otra vez), delante de Yoh, por lo del beso en la mejilla. Como estaba un poco paralizada por la sorpresa no se ocultó la cara con la sábana. Y... ¿y si Yoh esperaba la misma respuesta? La itako no se atrevía a darle un beso en la mejilla para nada, no es algo que ella hiciese muy a menudo, y menos con su prometido. Veía cómo el castaño la miraba con dulzura y una pizca de interés, ella, sin embargo, bajó la cabeza para pensar.
¿Lo que dijo el pequeño Yoh era también lo que pensaba el Yoh actual, el que estaba frente a ella? ¿Era cierto eso de que, como sus palabras decían, "No te tengo miedo, sino un gran respeto y cariño. No siento ni pena ni compasión por ti. Te quiero de verdad, y eso no lo va a cambiar nada ni nadie"? Y cuando les dijo a los onis... "Yo sé que Annita me va a abrir su corazón. Además... ¿qué importa que sea orgullosa y cabezota por naturaleza? Sé que de la noche a la mañana no voy a cambiarla, pero puedo ayudarla a vencer sus odios y miedos... e incluso ser más emotiva y sentimental"... ¿eso también era lo que pensaba de ella, y que de verdad le ofrecía ayuda?
Pero lo que más le caló en el fondo del corazón fue "Mi familia no me obliga a nada. ¡Son mis sentimientos y mi corazón los que quieren ayudarte! Yo... lo que más deseo en este mundo es... casarme contigo y... formar nuestra propia familia, Annita querida".
Cerró los ojos mientras recordaba otra cosa que dijo él... "Nadie puede ocupar el puesto de mis amigos. Pero es que Annita tiene su PROPIO PUESTO en mi CORAZÓN, que ocupa casi toooda la mitad. Ella es IMPORTANTÍSIMA para mí, pero es que mis amigos también lo son. ¿Es que acaso no puedo tener a la vez a mis mejores amigos... y al amor de mi vida? Yo creo que... SÍ".
¿Sería cierto todo eso? Entonces... ¿Yoh realmente la quería e importaba? Todavía esas dudas que revoloteaban en la cabeza de la sacerdotisa no encontraban unas claras respuestas... Miró al frente, mientras intentaba mostrarse normal.
Y de nuevo su personalidad, su mentalidad y sus principios volvieron a su cabeza... pero, esta vez, mucho más suavizados. La frialdad la dejó un poco de lado, aunque su cara se volvió un tanto seria.
- Yoh... ¿por qué me has dado un beso en la mejilla? –preguntó Anna (la verdad es que deseaba preguntarle eso al shaman, pues era una de las muchas cuestiones que le rondaban por la mente ahora mismo)–. Porque tú... nunca has hecho algo parecido.
- Bueno... –pensaba el chico, pero decidió ser sincero–. La verdad es que ha sido un impulso... Aunque también lo he hecho por cariño y para reconfortarte n.n
- ¬////¬ –a la chica se le enrojecieron las mejillas por la respuesta dada por su prometido.
- ¿Qué te pasa? –preguntó el castaño.
- Nada... nada... Aunque noto que ahora me encuentro mejor... Me siento bien... –dijo Anna, abrazando sus propios brazos.
- ¿Ves? –se alegró el chico y adoptó una voz graciosa–. ¡Te he curado! Y eso que, al principio, no querías... ¡Deberías de confiar más en mí!
- Sí, pero es que... a veces dudo... Y Yoh, te lo vuelvo a repetir... Muchas gracias –agradeció ella... ¡sonriendo (por primera vez también)!
- Annita... –el joven se quedó embobado, viendo esa preciosa sonrisa en los labios de la sacerdotisa–. Estás... sonriendo...
- o//////////o –Anna estaba cada vez más roja, aunque seguía sonriendo tímidamente.
- Y te has puesto roja. ¡Qué fuerte! O.o –se sorprendió Yoh, riendo.
- ¬//////¬ No te rías, Asakura, o no te dirigiré la palabra nunca más –lo amenazó un poquito la itako.
- Bueno, está bien, ya paro –paró de reír el muchacho–. Jiji, me está empezando a gustar esta Anna que muestra más sus sentimientos y emociones n.n Pero eres un ser humano, no te preocupes, es normal. Aunque tú siempre quieras camuflar lo que sientes, y está en tu personalidad... Pero yo deseo que esta Anna que hay delante mía cambie, que se vuelva alegre y que luche por lo que quiere conseguir en la vida. Una Anna Kyôyama... "normalita". Sin embargo, la única que puede cambiarla eres tú y nadie más... aunque te puedo ayudar, si quieres, claro.
- ... –la sacerdotisa no sabía qué decir, estaba impactada.
- Y estoy siendo muy sincero contigo. Me gustaría que cambiases para mejor. La vida es muy corta... y la gente, lo que más necesita, en su vida, es la felicidad y la alegría. Así que lucha por conseguirlas. Todo el mundo llora, muestra cansancio y nervios, tiene momentos de flaqueza, pasan por penalidades, adversidades y sufrimientos... Pero todo el mundo también desea amar y ser amado. Todas esas cosas no son muestras de debilidad... Son etapas, situaciones, momentos, sensaciones, sentimientos, emociones y pensamientos en los que la mente y el corazón se ponen a prueba, y éstos deciden lo que debemos hacer, decir, mostrar, pensar y expresar. Eres una chica fuerte y segura, con un gran temple y fuerza interior impresionantes... Pero que no te dé vergüenza expresar y sentir tus emociones; yo no me llegaría a reír... sino que me pondría contento porque sé que tienes un gran corazón que puede mostrar lo que siente. Tienes que vivir la vida a tope, al cien por cien, porque es muy valiosa y luego te podrías arrepentir de no haberla aprovechado lo suficiente. Así que... jiji, cambia la cara y muestra una más sonriente –explicó Yoh, sonriendo tontamente.
- Yoh... No sabía que tuvieses una mentalidad... tan positiva y un punto de vista tan optimista... –dijo Anna, sorprendida.
- Jiji, claro que sí –afirmó Yoh con la cabeza–. Pero fíjate en una cosa: siempre he sido así, incluso en mi niñez, que también fue difícil. No tenía amigos porque me llamaban el "Hijo del Demonio" (más o menos igual que a ti), veía fantasmas y cosas así... y por eso era un niño solitario. Por suerte tenía a mi familia y no perdí la esperanza de tener amigos. Y... mi primer amigo (y no shaman, ¿eh?) fue Manta. Así que me fui abriendo un poco más y... ya tenemos amigos como Horo Horo, Len, Ryû, Fausto, Lyserg, Pilika, Chocolove, Tamao, Jun... ¡y muchos más! Nunca he dejado de ser alegre y tranquilo, y seguiré siéndolo.
Sí, sin duda alguna, Yoh había madurado... un poquito. El shaman mostró otra de sus usuales sonrisas, divertido, y siguió hablando.
- Pero Anna... Tú eres tú, y nadie te cambiará. Depende de ti cambiar tu actitud, tu comportamiento, tu personalidad o tu punto de vista... Todo lo que te he dicho es casi pura filosofía mía, o sea, no te estoy pidiendo que seas igual que yo...
- Ya, lo sé –habló Anna, con una actitud pensativa–. Así que dices que... ¿sería mejor que cambiase?
- Bueno, no enteramente... n-n Pero seguro que serías feliz si tú empezases a cambiar tu postura frente a la vida, tu actitud y tu personalidad... Pero para mejor, no para peor, claro –dijo el shaman, rascándose la cabeza.
Yoh le inspiraba tanta confianza y seguridad... Parecía mentira que ese chico fuera un adolescente y tuviese una mentalidad, quizás, de dieciocho años...
Era lo único que tenía parecido a un familiar, era su prometido. ¿Por qué no pudieron hablar de estos temas antes? ¿Por qué anteriormente era tan cerrada que únicamente sus problemas los guardaba para sí misma (y con ellos sufría), sin poder desahogarse con nadie?
La barrera del silencio iba a desaparecer, ya que la itako iba a hablar... cosas que nunca, en un pasado, hablaría con nadie... y menos con su prometido (porque entre ellos dos todo era mutismo y miradas misteriosas).
- Siempre... he sido fría e indiferente con todos vosotros... Os exijo, y sobre todo a ti, más de lo que podríais... Todos me tenéis miedo porque me enfado enseguida si no me hacéis caso o hacéis algo que no me gusta. Creo... que todos me odian –decía la sacerdotisa mientras cogía la almohada del futón y la estrechaba contra su cuerpo.
- Anna... –dijo Yoh apenado y ¡abrazó a Anna (estaba claro que Anna había cambiado un poco, porque se había dejado abrazar por Yoh... y anteriormente ella le hubiera pegado y mandado al 5º pino... ¬¬)!–. No vuelvas a decir nunca eso... Nadie de nosotros te odia, yo no te odio... al contrario, todos te queremos. Sólo que, cuando te enfadas, nos asustamos y temblamos por el mal carácter que adoptas cuando estás enojada. Pero no es cierto que nosotros estemos en contra tuya... Te tenemos un gran respeto y... cariño, que se intensificaría más si tú cambiases tu forma de ser un poquito, sonrieses y fueses amable, ¿no te parece? Jiji, a una Anna mejorada y nueva, pero sin olvidar quién es.
- Entonces... debo cambiar... Aunque será difícil, sobre todo para mí... –razonó Anna, con la cabeza gacha.
- Jeje, no te preocupes. Yo te puedo ayudar a que seas mejor. Y estoy seguro de una cosa: tú, para nada, eres débil... eres todo lo contrario. Me fascina mucho cómo sacas esa energía y esa fuerza tan poderosas... Vales mucho, Anna, más de lo que te puedes imaginar. Me siento muy bien cuando hablamos así... cuando abres tu corazón y te muestras tal y como eres; y no dudo que seas una persona amable, cariñosa... y que seas capaz de amar. n-n Y si pones constancia y empeño, podrás conseguir hacer realidad todos tus objetivos. Incluso ellos pueden llegar a cambiarte y hacerte ser una gran persona con un gran corazón. Por lo menos inténtalo... te hará sentir mejor, ya lo verás. Jiji, me alegro mucho de ser tu prometido n////n –explicó Yoh, que cuando dijo la última frase sus mejillas se pusieron rosas, mientras Anna se quedó observando cómo reía tontamente el castaño.
- Pero... aunque yo sea tu prometida y tú seas mi prometido... poco sabemos el uno del otro, a pesar de haber convivido juntos durante bastante tiempo... ú.ù –comentó Anna con voz apenada.
- Ey, pues... hay que cambiar esto, mejor ahora que nunca. Yo no quiero casarme con una persona que no conozca de cabo a rabo... Y para conocernos mejor... ¿por qué no nos hacemos amigos? Y después seremos buenos amigos, mejores amigos, amigos íntimos, amigos del alma y... bueno... si no nos casamos antes de que ocurra... pues por último en novios... y prometidos ya sería lo siguiente, pero como ya lo estamos... Y luego seremos marido y mujer, más tarde padres, abuelos... y, si llegamos, bisabuelos... Así que... para que tú me conozcas enteramente cómo soy y yo te conozca de arriba abajo... ¿quieres ser mi amiga? Pero ahora en adelante no me mires como tu prometido, sino como tu amigo, ¿ok? –le propuso Yoh, ofreciéndole una mano para que la estrechara Anna.
La itako suspiró... Él quería que ella se convirtiese en su amiga, quería acercarse a ella y comprenderla más a fondo. Yoh se interesaba por su vida... se interesaba por ella. Anna no se lo pensó dos veces y estrechó la mano del joven, ya que también ella quería conocerlo, indagar en su vida y saber las cosas que más le importaban al shaman.
Quería estar con él... aunque fuese como amiga. La muchacha sonrió; desde luego, era lo que había esperado durante mucho tiempo... por fin se acercaba a su prometido, y eso le hacía sentir bien.
- ¡YUPIII! ¡Tengo una nueva amiga! ¡Genial! nOn –gritaba Yoh, ilusionado.
- Pufff... ji, ji, ji... ¡Jijijijijijijijijiji! –reía Anna sin poderlo evitar porque Yoh estaba muy gracioso.
- Anna... ¡¡te estás riendo!! ¡¡¡Viva, he hecho reír a Annita!! –exclamaba Yoh, supersonriente.
- Jijiji... –la itako puso una mano en su barriga, e intentaba parar de reír pero no podía–. Ay, que no puedo... ¡Jijijijijijiji!
- ¡Jejejejejejejeje! xD –carcajeaba también Yoh.
Así se quedaron, cinco minutos riendo ininterrumpidamente, como si el shaman hubiese contado un chiste buenísimo para partirse de risa.
Era la primera vez que Yoh veía a Anna reír... y de esa manera. Notó que la muchacha, al reír, se sentía feliz y contenta... y con eso a él le bastaba, le importaba mucho el bienestar y la felicidad de la sacerdotisa.
Cuando por fin pararon de reír, la chica suspiró del alivio y luego sonrió, mirando a Yoh. El joven Asakura sacó la lengua con gracia y empezó a hablar de nuevo.
- ¿Ves? Así tienes que estar. Además, reír hace que estés más guapa y que se te iluminen los ojos. n-n
- Yoh... -////- Por favor, no digas esas cosas –enrojeció la sacerdotisa en las mejillas, pero asombrosamente cambió de actitud y adquirió la suya de siempre, volviendo a tener un tono autoritario–. ¿Sabes? Voy a poner normas de convivencia entre tú y yo, ya que somos amigos... Ejem, punto 1: nada de piropos y cosas cursis ¬¬
- Vaya, pensé en que si te decía esas cosas te halagaría... Además, si no te quieres a ti misma... ¿cómo vas a querer a los demás? O.o –se extrañó Yoh.
- Ejem, punto 2: nada de abrazos, EXCEPTO cuando sea ESTRICTAMENTE necesario. Y los besitos en la mejilla ni te cuento... así que quedan descartados ¬¬ –seguía Anna con la lista.
- Oh, qué pena... –se lamentó Yoh–. Jo, Annita, qué arisca eres, ¿no? Ó.ò
- -------------¬ -------------¬ Punto 3: no me llames Annita en PÚBLICO. Cuando estemos los dos solos sí puedes llamarme así. Punto 4: no debemos mentir, tenemos que decir la verdad, aunque nos cueste o nos duela. Punto 5: no utilices tu fama para escaquearte o para hacerte notar entre los demás, dependiendo de la situación en la que estés –parecía que Anna ya tenía pensada esa lista cuando Yoh se convirtiese en Shaman King y que éste tenía que cumplirla a rajatabla una vez que se haya terminado el Torneo...
- Vale, de acuerdo –aceptaba Yoh, algo cansado–. ¿Algún punto más?
- Sí –asintió la rubia, cruzándose de brazos–. Punto 6: aunque ya seas el Rey Shaman debes seguir entrenando.
- ¡¿QUÉ?! Pero... p-pero... Anna TToTT –a Yoh le aparecían cascadas de lágrimas en ambos ojos–. Porfa, sé compasiva conmigo... Porfisss... sé buena y compasiva... TToTT
- Y lo soy. Sólo entrenarás tres veces por semana: los martes, los jueves y los sábados, de cinco y media a siete y media por las tardes. Agradece que no sean todos los días, como te hacía pasar antes –la voz de Anna se tornó más suave y sonrió un poco.
- Snif. Bueno, vale –se sorbía la nariz el shaman y automáticamente las cascadas desaparecieron–. Y... ¿las tareas, que casi siempre me las mandas? ¿Qué hacemos con eso?
- Te daré algún que otro recado, pero esta vez te dejaré que respires más. Así que muchos recados y tareas no te mandaré... Y por lo que respecta a que te encargues de la limpieza de la casa... pues también lo mismo de antes, al igual que la comida, ¿eh? Así que todo esto lo harás de vez en cuando y no tan seguido, ¿vale? Descansarás y todo lo que tú quieras, pero no quiero que te conviertas en un vago y holgazán. Quiero que seas fuerte y responsable... Quién sabe si un shaman te reta y pierdes... Por lo tanto, tienes que estar en forma, por eso tienes que entrenar aunque seas el Shaman King... Nunca se sabe –le hacía entender Anna, con un tono increíblemente dulce.
- Está bien. Lo entiendo. Por lo menos me mandarás menos tareas. Y tampoco es como para que me siente en un sofá y no haga nada, porque si no hago ejercicio me convierto en un obeso... así que lo veo bien y normal. ¡¡Y eso que hacía entrenamientos todos los días y casi las veinticuatro horas!! Sí, veo que me has suavizado las cosas –entendía el asunto con bastante lógica el castaño, alborotándose un poco el cabello.
- Bueno, pues si lo entiendes todo... mejor me levanto, que si no... no habrá nadie que me saque de aquí –decía Anna mientras se levantaba del futón.
- Yo también hago lo mismo –se ponía Yoh de pie y puso sus manos en el cinturón de la yukata... ¡dispuesto a quitársela (¿es que este Yoh no piensa o qué? O.o)!–. Me cambio y...
- ¡¡Yoh!! ¡¿Te vas a cambiar aquí?! Ò////////Ó –exclamaba Anna, escandalizada.
- Sí... ¿Por qué no? –inquirió Yoh, sin entender por qué ella estaba así.
- ¡¡¡Esta es MI HABITACIÓN!!! XO –aclaró la sacerdotisa, al borde de un ataque de histeria.
- n//////nU ¡UPS! ¡Perdón, lo siento, no me di cuenta! –se disculpó él y sacó la lengua por el despiste, sonriendo–. Jejeee... Eh, yo voy a añadir otro punto, ¿vale? Punto 7: que los dos tengamos confianza, el uno con el otro. ¿De acuerdo?
- ¬/////¬ Humm, vale. ¡Pero no es necesaria tanta confianza... como para que te cambies en mi cuarto! –dijo la itako, enfurruñada.
- Te pido perdón una vez más... ¿Disculpas aceptadas? n-n
- Disculpas aceptadas. Ahora, si no te importa, ¡vete! Que me quiero cambiar –le ordenó ella, señalándole la puerta con el dedo.
- Vaaale, vaaale... Tranqui, que ya me voy... ¿Un abracito:P –propuso Yoh muy sonriente, a la par que gracioso.
- ¡¡¡YOH ASAKURA!!! ¡¡¡PARA YA DE HACER EL PAYASO!!! XO
- ¡Ya me voy, ya me voy! n.nU –corrió Yoh mientras le sonreía a la chica con su usual sonrisa y cerraba la puerta, yéndose ya a su propia habitación.
- ¡Ay, cómo es! –bufó Anna, abriendo el armario para saber qué se iba a poner.
Se cambiaron cada uno en su habitación, ambos coincidieron en el pasillo al salir de sus cuartos una vez vestidos y después bajaron a la cocina a desayunar. A pesar de ser las diez y pico de la mañana sólo se encontraban en la cocina los padres y los abuelos de Yoh, ya que estaban a punto de irse a Izumo.
- Buenos días, familia –saludó el muchacho con la mano.
- Hola. ¿Vais a desayunar? –preguntó el padre.
- Sí, supongo –respondió Yoh, sentándose.
- Anna, ¿puedo hablar un momento contigo? –pidió la abuela.
- Sí, sensei –aceptó la itako, levantándose.
Las dos se fueron a una habitación contigua para hablar y Anna cerró la puerta para que nadie escuchase la conversación. Mientras, al heredero Asakura se le ocurrió una idea.
- Papá, ven, acércate –dijo Yoh apresuradamente.
- ¿Y eso? –se extrañó Mikihisa–. ¿Qué pasa?
- Tú confía en mí, ¿vale? –le recomendó su hijo, sonriente.
- De acuerdo –aceptó el padre.
- Ahora cierra los ojos y deja la mente en blanco, no pienses en nada –le ordenó Yoh.
- ¿Pero para qué? O.o
- Tú hazme caso, por favor, y luego sabrás para lo que es –dijo Yoh mientras dibujaba una sonrisa misteriosa en sus labios.
- Bueno, de acuerdo –aceptaba el padre, al mismo tiempo que cerraba los ojos y se dejaba guiar por su hijo.
- "Oh, Grandes Espíritus. Por favor, concededme el poder para curar el rostro de mi padre Mikihisa Asakura" –oraba interiormente Yoh, imponiendo sus manos en la máscara de su padre.
De pronto, las manos de Yoh y el rostro de su padre empezaron a brillar y, poco a poco se fue desprendiendo la máscara del rostro de Mikihisa a la vez que la piel quemada y algunas cicatrices se regeneraban, dándole una nueva, tersa y suave piel. Finalmente, el brillo anaranjado desapareció de las manos de Yoh y de la cara de su padre y todo volvió a la normalidad. La máscara cayó en el regazo de su dueño con un golpe seco. Se podía ver que el hombre tenía un gran parecido con su hijo y que poseía unas gafas para mirar mejor lo que le rodeaba, pero aún así... era bastante apuesto.
- ¿Qué... qué has hecho? –preguntó el padre, abriendo los ojos y mirando a su hijo.
- Mírate a un espejo, papá, y verás nn –contestó el chico, sonriendo tontamente.
- ¡Increíble! O.o –soltó Yohmei, muy sorprendido, mirando a su yerno.
- Oh, Mikihisa... Estás... estás tan... –decía Keiko entrecortadamente, acariciando el rostro de su esposo–. ¡Has vuelto a ser el mismo!
- ¿Qué? No entiendo... –se extrañaba más aún el padre de Yoh.
- Traeré un espejo de mano –dijo la madre con ilusión, yéndose a un cuarto para buscar el espejo.
- O.o Yoh, ¿cómo lo has hecho? –interrogó Yohmei con curiosidad a su nieto.
- Ah... nOn ¡Por arte de maaagia! Venga, es broma. Es gracias a mis nuevos poderes y a los Grandes Espíritus –respondió el joven Asakura, feliz–. Debo de hacer cosas buenas, ¿no?
- Pues... yo debo ponerme la máscara, no quiero que la gente vea mi cara quemada... –murmuró el padre, cogiendo rápidamente la máscara y, a punto de ponérsela en el rostro, apareció su mujer.
- Aquí tienes el espejo, querido –dijo Keiko, portando un espejo redondo de mano.
- Humm... Déjame ver... –dijo Mikihisa con un deje de curiosidad, dejando a un lado la máscara y cogiendo el espejo.
- ¡Vamos, querido, mírate! –le animó su esposa.
- No estoy seguro... –murmuró el hombre, dudando–. No sé...
- Ten confianza en tu hijo, por favor. Si vieses lo que ha hecho por ti...
- Ay, Yoh, mi querido nieto. Decididamente, te has merecido ser el Rey Shaman –dijo alegremente el abuelo, cogiendo el pelo de su nieto y alborotándoselo.
- Está bien, me miraré... –aceptó Mikihisa y se miró en el espejo, observando absorto su rostro regenerado, tocándose las mejillas con una mano–. Pe... pero... pero... si... ¿¡soy yo!? O.O No tengo el rostro quemado, ¡lo tengo como lo tenía antes! Cuando el Espíritu del Fuego de Hao me destrozó la cara, a causa de las llamas, no pensé que llegaría a tenerla como antes...
- Pues ya sabes, papi, ya no necesitas tu máscara para ocultarte. ¡Ya puedes exhibir tu hermoso rostro, jijiji! –rió feliz su hijo.
- Yoh... Lo que has hecho ha sido sorprendente... –dijo impresionado Mikihisa, mirando a Yoh y ajustándose bien las gafas.
- Lo he hecho por ti, para que puedas llevar una vida normal y sin complejos. No soportaba más que no pudiese mirar totalmente a mi padre a los ojos y ver su auténtico rostro de antes, sin una máscara –se acercó el muchacho a él, sonriente.
- Hijo... –Mikihisa, agradecido, abrazó a su hijo–. Gracias.
Jiji n-n De nada, si ha sido todo un placer y, además, era mi deber, ¿no?
La maestra Kino y su aprendiz volvieron a la cocina. Como la abuela no veía, tampoco sabía que su alumna más estimada se quedó paralizada ante el hecho de que Mikihisa hubiera recobrado su aspecto normal, sin su máscara y sin las quemaduras del rostro. El abuelo cogió la mano de su anciana esposa para que se situase en su asiento, mientras que Anna todavía seguía de pie a causa de la impresión.
- Se... señor... –susurró Anna, que estaba casi sin habla.
- Tranquila, Anna. Sí, soy yo. Ha sido Yoh que, gracias a sus nuevos poderes, ha hecho que vuelva a tener mi aspecto de antes... así que no te preocupes, que sigo siendo su padre :) –la tranquilizaba Mikihisa con voz pausada.
- ¿Entonces no puedo ver cómo a quedado mi yerno? –preguntó Kino con desparpajo posando las manos en las caderas–. Vaya, vaya...
- ¡Sí lo puedes ver, abuelita! ¡Tú déjame a mí, que tu nietecito querido te va a curar de la vista! –exclamó Yoh, dirigiéndose a donde estaba su abuela.
- ¡No digas sandeces, Yoh! –le regañó la anciana, a punto de darle un testerazo en la cabeza.
- Abuelita, venga, no seas cabezota y hazme caso, porfi –decía mimosamente el joven mientras se colocaba junto a su abuela–. Que soy el Rey Shaman... y tienes que tener un poco de respeto hacia mí... ¿no te parece?
- -.- Humm, bueno, vale, está bien. Vamos a ver si es verdad que me vas a curar de la vista... –aceptó Kino.
- Je, je, je, ya verás... Tú confía en mí. Concéntrate, cierra los ojos y pon la mente en blanco –pidió su nieto, con algo de seriedad en el rostro.
La abuela cerró los ojos y su nieto se acercó más a ella. Él puso sus manos encima de la cabeza de la anciana, y de ellas surgió un halo de color azul intenso. El poder cesó a los quince segundos y Yoh retiró las manos de la cabellera blanca de su abuela. Su hija se acercó a ella, expectante, y Anna la miraba con interés. El rostro de su esposo se tornaba entre preocupado e indeciso.
- Mamá, ¿puedes abrir los ojos? –preguntó Keiko.
- Eh... Lo intentaré... –contestó Kino, y lentamente abría los ojos hasta que se abrieron por completo. Estaba totalmente sorprendida, ¡podía ver!–. Oh... ¡pu-puedo ver! ¡No estoy ciega, veo perfectamente todo! ¡Es un milagro!
- Sensei, ¿se encuentra bien? –inquirió Anna, preocupada.
- Ja, claro que sí. Y tanto... ¡que ya no necesito esto! –dijo con decisión la anciana, que cogió sus gafas, las rompió con un pisotón y las tiró por la ventana.
- No hacía falta que hicieses eso... n.nU –murmuró Yohmei a su esposa.
- Ayyy... ¡Qué guapo es mi nietooo! –elogiaba ella a Yoh.
- Jiji. Gracias, abuela n-n –le quitó importancia al asunto el chico mientras se rascaba la cabeza y continuaba con su típica sonrisa.
- Hey. ¿Qué tal todo? –era Ryû, apareciendo por la puerta de la cocina con los demás.
- Jeje, muy bien, chicos n-n –dijo el joven Asakura, muy contento.
- Don Yoh... O.o Su padre y su abuela... ¡están distintos! –se sorprendió Ryû, al igual que los demás shamanes.
- Jiji n-n –rió el castaño–. Eso se debe a que yo los he curado... ¿A que están muy guapos?
- Eh... Sí, don Yoh –sonrió Ryû, todavía un poco sorprendido.
- Yoh, esos comentarios para luego, ¿eh? ¬¬ –le advirtió la sacerdotisa, cruzándose de brazos.
- Pues ya verás que Chocolove hubiera dicho lo mismo ¬3¬ –ponía morritos de forma molesta Yoh, hinchando también los carrillos–. Pero no es para que te pongas así, Annita...
"¡¡¡Pafff!!!".
- ¡¡¡Ahhh, ayyy!!! –gimoteó Yoh, frotándose la cabeza golpeada por el puño de su prometida–. ¡Anni...!
- ¡¡¡Como te atrevas, verás!!! –gritó Anna, amenazándolo con el mismo puño que golpeó la cabeza de Yoh.
- ¡Ah! ¡Perdón, perdón, perdón, Anna! ¡Perdóóón! –pedía Yoh la benevolencia de la sacerdotisa, miedoso y cayendo en la cuenta de su error: llamarla "Annita" en público.
- Humm... ----------¬ ----------¬ –gruñó Anna, todavía cabreada.
- Jeje. Ay, es lo que tiene estar prometido con una sargento... –comentó Horo Horo, cachondeándose de su amigo (qué gran error había cometido...).
"¡¡¡Pafff!!!".
El golpe fue recibido por el ainu, directo a su estómago. La fuerza de la itako era increíble cuando se enfadaba por los comentarios de los demás... Esto lo estaban comentando Pilika y Tamao, mientras la familia de Yoh y los demás shamanes se quedaban mirando al trío Yoh / Anna / Horo Horo con algo de miedo y congoja.
- Me parece que Anna va a repartir leña a diestro y siniestro u.u –dijo la ainu en un susurro.
- Muchas veces la señorita Anna me da miedo –tembló la chica del pelo rosa.
- Y esta es una de esas ocasiones, ¿verdad? –le preguntó Pilika.
- Sí –afirmó Tamao, al oído de Pilika para que Anna no la escuchase.
- ¿Decías algo, Tamao? Ò.ó –inquirió Anna, mirándolas a las dos duramente.
- Nooo, señorita Anna n-nUUUUU –negaba Tamao rápidamente con la cabeza y las manos.
- Bueno, nosotros ya hemos terminado de desayunar, así que será mejor que nos vayamos ya a Izumo. Cogeremos un tren que nos lleve cómodamente allí –dio por concluida la situación Yohmei, levantándose.
- Ah, vale. Les acompaño hasta la entrada –dijo Anna, cambiando de actitud radicalmente.
- Y será mejor que yo también os acompañe –coincidió Yoh, levantándose de la silla y saliendo con su familia y con Anna. Sus amigos también los siguieron, aunque se quedaron un poco apartados de ellos.
- Bueno, hijo. Me alegro de que te hayas convertido en el Rey Shaman y de que me hayas podido curar –dijo contento el padre, abrazando a su hijo, muy agradecido.
- Jiji, de nada –sonrió el joven de pelo castaño–. Y volved cuando queráis nn
- Ay, este nietecito mío cada vez me sorprende más nn –comentó sonriente Yohmei, dándole golpecitos en la espalda.
- Es verdad. Y tenemos la mayor suerte del mundo en tenerlo... Yo tengo la mayor suerte del mundo en tener este hijo y de no haberlo matado en el mismo día de su nacimiento... –contaba Keiko mientras abrazaba a su hijo con mucho cariño, casi emocionándose.
- ... porque tu corazón es tan puro que nunca llegarías a ser Hao –dijo con solemnidad la abuela Kino, refiriéndose a Yoh–. Has demostrado una gran fuerza, de corazón y de mente, para haberte enfrentado anteriormente con tu propio hermano gemelo. Eres grande, Yoh, y has madurado con el tiempo. Estamos todos orgullosos de ti.
- ¿La prometida tiene algo que decir? –preguntó con impertinencia el ainu, acercándose a la familia Asakura.
- Sí... –meditaba Anna, posando un dedo índice en la barbilla–. ¿Cuándo... nos casamos Yoh y yo?
- ¿¿¿QUÉÉÉ??? O.O –preguntaron todos, alucinando en colores, sin poder creérselo
- Eso, que cuando nos casamos –repitió ella, como si nada.
- Pues... esto... emm... –los padres y los abuelos de Yoh no sabían qué decir.
- ¿Sí? –esperaba impaciente la respuesta Anna.
- ¿Por... por qué vas tan rápido, Anna? n.nU –preguntó Yoh, nerviosillo.
- Sólo quiero saberlo –la sacerdotisa no respondió a la pregunta de su prometido, seguía con la mirada puesta en Keiko, Yohmei, Mikihisa y Kino–. Por favor, díganme...
- Supongo... que cuando seáis mayores de edad –deducía la abuela.
- Sobre los... diecisiete o dieciocho, más o menos –razonó Yohmei.
- ¿Y sus estudios, qué? –saltó a decir la madre, preocupada.
- En eso... tienes razón. Tienen que labrarse un futuro profesional –le daba la razón su marido.
- Por lo menos que hagan una carrera, que vayan y terminen la universidad –insistió Keiko.
- Pero eso... depende de cuántos años dure la carrera... –puntualizó Manta, pensativo.
- Eh... Yo no tengo prisa por casarme... n.nU –murmuró Yoh.
- ----------------¬ ----------------¬ –Anna le mandó una mirada amenazante.
- Quiero decir... Esto... Que nos casaremos cuando tú quieras, ¡eso es! Jejejeje n-nU –rectificó a tiempo el chico, sonriendo a modo de disculpa, muy apuradillo.
- Vaya, menudos reflejos tiene el chaval –dijo en voz baja Len Tao, pero la sacerdotisa oyó el comentario.
- ¿Qué has querido decir con eso, Len? ¬¬ –preguntó con mala uva la itako, cruzándose de brazos.
- No, nada X( –negaba con la cabeza el chino, apuradísimo.
- Que haya paz, por favor –pidió Lyserg de forma pacífica, interponiéndose entre los dos por si acaso.
- ¬¬ Humm –refunfuñaba la chica de rubios cabellos, dándole la espalda a Len.
- Así que depende de la carrera que hagáis... vuestra boda tendrá que esperar –dijo Yohmei.
- Pero no os preocupéis n.n –los tranquilizó Keiko.
- Es verdad, además, según tengo entendido... también depende de la rama de estudios que elijáis... –decía Manta, que estaba muy metido en el tema y sabía bastante del asunto.
- Anna... ¿es que tantas ganas tienes de casarte con Yoh? –preguntó con un tono bastante pícaro el shaman de pelo azulado.
- --------------¬ --------------¬ ¡ESO NO ES ASUNTO TUYO! –le chilló Anna, enfurecida y algo avergonzada por la pregunta tan directa e indiscreta del chico.
- Perdón, Anna –se disculpó Horo Horo, temeroso de la itako.
- Bueno, ya sí que nos vamos –anunció Mikihisa, mirando un reloj de pulsera que tenía en la muñeca.
- A ver si nos vemos pronto –dijo Keiko, suspirando contenta.
- Sí –asintió Yoh–. Volved cuando queráis.
- ¡Chao! –se despidieron con la mano los padres y los abuelos de Yoh mientras se iban andando hacia la estación.
- ¡Adiós! –les deseaban un buen viaje los demás.
AHHH, HOLAAA!
Espero no haberles asustado n.nU He empezado con mucha efusividad, lo sé. Que? Les gustó este capítulo? Ahora parece ser que Yoh y Anna se acercan un poco, bieeeeen! nOn
La conversación (más bien monólogo ¬¬) de Yoh me encantó, se ve que me vino la inspiración y las musas me estuvieron ayudando en gran medida xD Y Anna se vio más calmada, pero no como ascostumbramos a ver. Y eso de las reglas... jajajaja, poniendo condiciones. En fin. Después de que Yoh curase a Anna, lo que faltaba ya era curar al padre y la abuela (el primero tenía la cara quemada por Hao, la segunda perdió la vista y no puede ver), y... bueno, Chocolove (para los que han leido el manga) pues también tiene una deficiencia, pero no se preocupen, que curado también será (lo pondré en algún capítulo siguiente, esperad, es cuestión de tiempo).
Me gustó la intromisión de Horo Horo xD eso de "Tantas ganas tienes de casarte con Yoh?" xD Podría ser una clara desventaja para Anna si lo confesase xD
Bueno, espero que le haya gustado y manden reviews, ok?
Muchos besitos!!!
Anna Mary Marian
