u.u Después de tres siglos regreso... Me digno a reaparecerme para quien todavía lea...
Les presento mi tercer capitulo… Que, oh por Jesús… ¡Cómo pude escribir algo así!
¿A donde habrá ido mi inocencia? No sé, pero por aquí no la veo…e-eUu
Emh… sí… tan "rápido" a la acción (Entre comillas porque hace cuarenta años que no actualizo xD). Que de hecho ya desde el pasado capítulo hubo toucheamiento (tocamiento xD del increíble Inguiñol pa' la oficina) y todo… pero aquí me pasé, la verdad… xDUu
Yo supongo que si están leyendo esto ya se leyeron los pasados capítulos y saben por donde va la cosa… así que si te afecta mentalmente que un par de chicos se toquen libidinosamente y similares… vete por favor…
·Crimson Pleasure·
--The worst feeling was that of handing over
his most treasured belongings,
the only things that were completely his
to someone who did not deserve them.
His body, his innocence,
or what was left of it
and the last bit of sanity he possessed...--
Capítulo 2º..
Hacía ya un largo tiempo que Envy no veía una cara nueva que valiera la pena por aquellos recónditos lugares. Menos aún una atractiva como aquella, y para qué mentirse, si se había encantado con la ternura del mocoso y su preocupación, aunque fastidiosa, le había hecho sentir lo que en años no había sentido.
Desde que Russell había entrado por primera vez, antes de que cayera como un perfecto idiota en las redes de Greed.
Ese desgraciado rubio... ¡Cómo era posible que se fuera tan tremendamente tonto! Ya ni verle podía soportar sin irritarse, y ni hablar de los otros pobres incautos, todos fieles creyentes de la magnificencia de Greed… Ese grupo de bastardos…
Envy no toleraba su estupidez y la manera tan tonta de postrarse ante los pies de Greed y besarlos casi literalmente. En su opinión eran sólo un montón de mosquitos que buscaban su propia muerte, engañados por la mortífera luz del Señor.
-No hay nada que hacerle, si ellos son idiotas de naturaleza- se repetía muy a menudo, cuando perdía la paciencia con los otros muchachos, compañeros suyos.
Los mismos, por su lado, procuraban mantenerse lejos de Envy. Primeramente porque a Greed le disgustaba que estuvieran cerca de su favorito, y porque le consideraban tan frío y despreciable que mejor no relacionarse con alguien así. Además de tenerle escondida una tremenda envidia pues era el único hombre del que se sabía que Greed disfrutaba la compañía íntima, para lo demás era un mujeriego de primera categoría.
Ahora estaba ese nuevo rubio… estúpido también, pero aún libre de la niebla asesina de Greed.
Envy sonrió ausentemente, con los ojos encendidos y sintiéndose algo mareado. Nunca le había gustado el alcohol…
Después se arrodilló ante Greed, y sin mucho pensarlo lo tomó en su boca…
--
Edward estaba sobre la cama acariciando las sabanas inconscientemente, y aunque se hubiera dado cuenta, no habría sabido el por qué.
Toda su atención la tenía el cielo, que podía ver por la diminuta ventana con barrotes. Estos le daban a Edward la sensación de estar en una jaula, y todas las incomodidades que esto conllevaba.
La noche estaba despejada y las estrellas brillaban socarronas, como burlándose de él y parpadeando con mas velocidad para presumirle que ellas estaban allá en el espacio, libres, felices, sin angustias… y él encerrado en el maldito cuarto, sabiendo que era sólo cuestión de tiempo antes de que fuera requerido, ese día o el siguiente, o el que siguiera… tarde o temprano la fatalidad llegaría y entonces…
Sin embargo, a Edward le encantaban las estrellas desde que había descubierto una vez en los ojos de Winry a los tantos puntitos destellantes reflejados. En esa ocasión se había quedado completamente sin aliento, sólo mirando como ido las lucecitas encenderse y apagarse en los preciosos orbes azulados de su Winry, su amada Winry.
-Tan hermosa- murmuró Edward tristemente, para después suspirar y mirar a la luna en vez.
Pero sólo se veía un pedacito diminuto, como una sonrisa para él. Una sonrisa sarcástica que al igual que las estrellas no quería nada más que recordarle sus desgracias.
Edward sintió algo tibio en su mejilla y lo tocó asustado, encontrando sus dedos mojados.
'¿En qué momento… empecé a llorar?' se preguntó confundido, observando el brillo en sus dedos hasta que se esfumó.
-Me pregunto…- se dijo Edward en voz baja –si ella me extraña…
Porque yo lo hago más que nada…
-Debes quererle mucho…- escuchó una voz detrás de él y se volvió palideciendo, dejando de respirar por completo.
Envy le devolvía la mirada, apenas con las rodillas recargadas contra la cama para no desvanecerse.
Edward dejó de mirarle casi de inmediato, con un sonrojo en sus mejillas, recordando algo que preferiría no haber recordado. Algo que concernía el pecho desnudo de Envy…
-Lo hago- respondió apagado.
-¿Le amas?
- ¡Por supuesto que sí, ella lo es todo para mí!- dijo sin pensarlo ni un momento, con ojos fieros juzgando la calma absoluta de Envy, ahora sentado a su lado recargando su espalda contra la helada pared.
Envy le sonrió sin creerle, sólo por cortesía y se quedó mirándole. Edward le sostuvo la mirada hasta que se incomodó por la escrutiñadora contemplación de la cual era objeto.
-No sé lo que dices… nunca he amado a nadie- reveló Envy, sin apartar sus ojos de Edward, quien nervioso se negaba a mirarle.
-Pues de lo que te pierdes… es una de las mejores cosas que existen… ¡Te hace tan feliz!
Envy resopló.
-Entonces, rubio. ¿Por qué es que tú no te vez feliz en lo absoluto?
Edward se olvidó de su incomodidad y miró de nuevo a Envy, furioso. Quiso replicarle algo, pero su boca estaba seca.
Era verdad…
Quién sabía… si no quisiera tanto a Winry talvez las cosas ahora no parecerían tan negras. Quién sabía… y si no le amara, ahora no se sentiría tan inmundicia como lo hacía.
-¡Lo ves! La gente enamorada nunca vive feliz, es lo que me ha enseñado la vida- señaló Envy con un elegante movimiento de su delgada muñeca –Es por eso que hace tanto tiempo me prometí que jamás amaría a nadie en mi vida…
-Pero… ¿Qué sentido tiene la vida sin amor?
Envy se quedó callado unos segundos, después sonrió. Una sonrisa preciosa que hizo saltar el interior de Edward.
-Más del que parece tener con amor, de cualquier manera- afirmó sin temor a equivocarse.
Edward entonces se forzó a ver la luna y pensar en Winry, aunque hubiera estado tratando de evitarlo todo el tiempo; y era que pensar en Envy en vez le ponía más que sólo nervioso. ¿Qué clase de asqueroso descarriado era él ahora?
'¡Debe ser que sólo estoy confundido… ha pasado tanto en los últimos días!' pensó para calmarse, pero muy dentro de su mente había algo que le hablaba de contrarios.
-¿Qué tanto le vez al cielo? Siempre es el mismo aburrido cielo… no le veo lo interesante que inspira tanto a los poetas y que hace llorar a los enamorados- comentó Envy. No era su intención empeorar el ánimo de Edward, tan sólo quería conversar, pero le faltaba tacto sin lugar a dudas.
-Es que…- inició Edward sin saberlo –pienso que… en este momento… Ella y yo juntos vemos el cielo, y que ella me recuerda tanto como yo le recuerdo. ¡Siento que es lo único que nos une por ahora!- dijo convencido, muy seguro de su respuesta.
-Ya veo…- dijo Envy burlón – ¿Por qué necesitan de algo que los una de esa forma, si se supone que su amor es tan fuerte?... ¿No debería vencer eso todo? O es que tal vez… no se aman como creen que lo hacen…
-¡Claro que lo hacemos, nos amamos muchísimo! Pero eso tú no puedes entenderlo, porque tú jamás has amado a nadie, ¡insensible!- gritó Edward desesperado. Cuánta razón tenía Envy.
-Ya, cálmate… no te alteres- le pidió Envy, enderezándose y colocando su mano en el hombro de Edward, quien tembló un poco por el toque.
Envy se acercó tanto que Edward podía ver con tremenda claridad los impresionantes detalles de sus ojos, apenas recibiendo un rayito furtivo de luna.
-Tal vez tengas razón… quién sabe y lo entienda yo también algún día- dijo en un diminuto murmullo que Edward apenas pudo atrapar.
Entonces, y sin aviso alguno, Envy le besó la mejilla, tan cerca de su boca que el calor que sintió de pronto se expandió hasta allí, haciéndole estremecerse. Acto seguido se alejó sin mirarle a los ojos y se dejó caer en la cama, durmiéndose segundos después.
-Su aliento… huele como a alcohol- pensó Edward perturbado, alejándose lo más rápido que podía.
Durmió de nuevo en el suelo esa noche.
La última imagen en su cerebro fueron de nuevo esas estrellas… y lo que Edward no sabía, era que a pesar de que se veían tan felices allá arriba… en realidad estaban quemándose constantemente a millones de kilómetros, completamente solas e impotentes, llegando por sus propios medios a un triste final en el que dejarían de brillar por completo…
Tarde… o temprano…
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Apenas escuchó el tronar del seguro de la puerta sintió un escalofrió más y apretó las manos inconscientemente, esperando, horrorizado, encontrarse con el rostro sereno del Señor y sus miles de puntiagudos dientes destellando con malicia, sin salvación esta vez; pero sintió alivio de encontrar entrando por la puerta a una mujercilla.
Lucía una pesada capa de maquillaje y su cabello teñido de rubio, rizado y revuelto le daban un aire de suciedad y desorden. Su rostro bonito parecía acabado, como bajo un estrés innombrable. Saludó con una mano llena de uñas larguísimas pintadas de rojo y mostrando sus dientes amarillentos.
Se acercó a paso lento, cigarrillo en boca, inspeccionando a Edward como evaluándolo. Se puso en cuclillas a su lado, sin importarle si se veía o no su inexistente ropa interior.
-Así que eres tú ¿no?- le dijo sin sacarse el cigarrillo de la boca –Pareces vieja… ya veo porque tanto alboroto.
Edward le miró con odio, decidiendo en ese momento que no le agradaba la mujerzuela y que olía peor de lo que había pensado en un principio, procurando no respirar todo el enfermizo humo proveniente del rollito de nicotina.
-Si yo fuera un asqueroso pervertido a que sí lo compraría- añadió finalmente retirando su cigarrillo de la boca –No hay duda… ¡Mi Greed nunca se equivoca!
Sonrió amargamente y dejó a sus ojos oscuros ir hasta la cama la cual rechinó por un leve movimiento del durmiente. La mujer, sin consideración alguna, exhaló toda una bocanada de humo en la cara contrariada del joven.
-Despiértate, perra, que tu amo tiene asuntos contigo hoy- le anunció moviéndole el hombro. Envy apenas y apretó los ojos.
-Que despiertes, Envy, maldita sea, no seas huevón. A que no fue tanto el alcohol que te dieron, exagerado del diablo…
-Qué te importa, jota. Déjame en paz…- respondió el otro con voz adormilada, escondiendo su rostro contra el colchón. La mujer esbozó una sonrisa juguetona.
-¿Qué tanto te duele la cabeza?-preguntó.
-Como el demonio…
La mujer rió y le acarició el cabello en un gesto amigable.
-Anda, levántate ya, que ahorita me agenció un café para componerte, mariquita.
Envy hizo una mueca de asco. Jamás le había gustado el amargo sabor del café y no le hacía ningún efecto, además de adormilarlo más la mayor parte del tiempo, sin olvidar que perjudía los dientes y podrían acabar como los de la pobre vieja que no hacía nada mas que arruinarle la ya podrida mañana.
Gruñó de dolor al sentarse, aún sin abrir los ojos, cubriéndolos de la luz con su mano, ya que ésta le aumentaba el dolor de cabeza.
-Al rato se te olvida, hombre… en especial con lo que te pondrá a hacer mi Greed, pero yo no chismeo, así que de mí no te enteras.
Envy resopló con fastidio, enojo, rencor… y talvez otras cosas que Edward no pudo identificar.
-¿Y qué se le antoja ahora? No suficiente con humillarme anoche ya le urge en la mañana. Degenerado…
-¿Lo recuerdas?
-Cómo no voy a acordarme, mujer, no importa el alcohol que me meta en el sistema… nunca se me olvida ¡Odio mi maldito organismo!- hizo una pausa y por fin abrió los ojos, la mirada borrosa –Deja de hacerte la interesante y dime qué quiere ese depravado bastardo.
-¡No hables así de él!- reprochó molesta la mujer.
-Olvidaba que lo adoras, estúpida.
Ella se encogió de hombros y se puso de pie con movimientos sugestivos, o al menos más de los que emplea una mujer común al levantarse, notó Edward. Exhaló humo y le hizo una señal al rubio para que la siguiera.
Envy con sólo un ojo abierto pareció confundido con el gesto.
-Al niño también lo quiere- explicó. Se inclinó después al notar que Edward no tenía planeado obedecerla, le tomó del brazo sin preocuparse en evitar aruñarlo con lo que asemejaban garras de fiera y lo alzó con fuerza que no parecía poseer, hiriéndolo un poco, aunque eso Edward jamás lo admitiría.
-Camina, niño, y tú, Envy, no te hagas pendejo y ve, que si no mi Greed se enoja.
-Cómo me importa…
La mujer suspiró y se llevó una mano a la frente.
-Pero si serás idiota… ¿Qué tu no aprendes? Ya sabes que mi Greed siempre tiene lo que quiere, y esto puedes ser por las buenas o por las malas. Y así- lo señaló despectivamente –Es por las malas. Una persona con inteligencia ya habría aprendido la lección.
-Me da igual lo que digas…
La mujer mordió su uña del pulgar, preocupada, y después decidió calmarse los nervios con el cigarro. Negó desconcertada, se dio la vuelta y arrastró a Edward con ella, muy contra su voluntad, pero no quería forcejear con una mujer. Eso era, según su educación, una de las peores cosas que podía llegar a hacer.
No sabía lo que seguía y aunque costara admitirlo, sentía curiosidad…
Fuera, en el pasillo, había un par de chicas igual o peor arregladas que la del cigarro, esta les hizo una inclinación de cabeza y después apuntó con ella al cuarto del cual acababan de salir y las otras dos asintieron.
Esperaron hasta que ella y Edward llegaron a las escaleras de caracol antes de actuar, y Edward no sabía si era su imaginación o una de esas viejas tenía una complexión demasiado tosca para ser cotidiana.
Anduvieron escaleras abajo y por el pasillo por el cual la noche de su arribo Edward había visto a otras chicas con atuendos atrevidos haciendo barbaries y riendo entre ellas.
El pasillo no era muy largo, pero era oscuro y el nerviosismo le llegó a Edward de súbito.
Su ya superado miedo a la oscuridad había regresado.
Tanto su respiración como su pulso se aceleraron y tuvo que controlar sus dientes para que no traquetearan.
Para su alivió atravesó una puerta y entonces se encontró con lo que parecía ser la estancia principal del lugar. Era elegante, como un club privado, y de cierto modo así era. No cualquier persona podía pasarse por estos lados, tenía que tener antes la aprobación del Señor Greed, o ser invitado por alguien con suficiente importancia para poder darse ese lujo, aunque la decisión final siempre era del señor Greed.
Las baldosas del suelo se veían algo sucias, había pequeñas salitas repartidas por el lugar, con una bella alfombra roja y manchada debajo de los sillones y mesas, el techo estaba alto y las grandes ventanas se encontraban cubiertas por pesadas y gruesas cortinas de color tinto, de manera que no se pudiera ver de dentro hacia afuera o viceversa. Había cuadros extraños decorando la pared y a lo lejos una barra bien surtida.
Edward y la mujer cambiaron de dirección al fondo del recinto y se adentraron de nuevo en escaleras, aunque mucho más presentables que las traseras y los cuartos arriba eran tan bellos como los de un hotel.
Se metieron en la tercera puerta de la izquierda.
El lugar era más amplio de lo que hubiera imaginado, el suelo cubierto por una bella alfombra en rojo vino y blanco, varios sillones y en el fondo una amplia cama con cortinillas transparentes revoloteando en el aire artificial de un ventilador cercano, estaba iluminado apenas por lámparas con poca intensidad y el parpadeo rojizo de algo que parecía ser una cámara de video, o eso habría asegurado Edward si alguna vez hubiera visto una real de cerca.
En los sillones estaba sentado un hombre vestido de traje como queriendo parecer profesional y limpiaba la lente de algún aparato. Aunque Edward no pudo identificar de cual se trataba, sería posiblemente una cámara fotográfica.
Al lado del hombre estaba una mujer con cabello blanco y lentes oscuros, labios rojos y bebiendo algo elegantemente de una copa. Ambos levantaron la vista para recibir a los forasteros en su terreno de trabajo.
-Muchacha, te tomó tu buen tiempo- Dijo la mujer con acento marcado aunque desconocido a quien aún mantenía a Edward bajo un fuerte agarre - ¿Y el otro?
-Se ocupan de él- explicó, empujando a Edward para que pudiera ser visto por los tipos.
-Lindo muchacho, estará bien, ¿no crees?- inquirió la dama.
El hombre al fondo levantó la vista desde su lente de nuevo y esbozó una sonrisa amarga, respuesta suficiente.
-Vale comencemos ya, tengo asuntos que atender- dijo la dama al momento de levantarse, luego se acercó con paso decidido a Edward y lo miró a los ojos a través de los cristales oscuros de sus anteojos.
-Muéstrate, niño- ordenó.
Edward se desconcertó y apartó la mirada apenado.
-Que te desn-- intentó intervenir la muchacha, pero la dama sostuvo su mano en el aire y le mandó callar, seguidamente le hizo una seña para que se marchara, la muchacha asintió y salió, dispuesta a esperar a sus compañeras afuera.
La vieja recordaba que Greed había dicho algo sobre el niño rehusándose a cooperar.
-¿Tienes sed, pequeño?- peguntó con falso tono de preocupación. Edward levantó la vista de inmediato, mas no dijo nada, creyendo descortés hablar.
La mujer se dirigió al hombre tras ella en un idioma irreconocible para el rubio y el hombre de inmediato dejó de hacer lo que hacía y sirvió en un vaso de un líquido que sustrajo de una botella.
Se lo pasó a la vieja y esta lo puso sin preguntar en los labios del rubio y lo obligó a apurarse el contenido del vaso sin protestas.
No sabía como nada que él hubiera probado antes, parecía simple agua, pero tenía un sabor extraño, trató de no pensar en ello.
La mujer le sonrió y se levantó los lentes para seguir mirando a Edward.
- ¿Cómo te llamas?
-E-edward Elric, señora- contestó de inmediato preocupado. Así de rápido se forma un trauma, pensó.
¿Eran sus nervios o se le estaba revolviendo el estómago?
- Edward… hmm… Estaré oyendo eso muy seguido próximamente. Me agrada tu nombre.
Edward agradeció el cumplido con la cabeza gacha.
No quiso imaginar para qué tenían cámaras, ni por qué sospechaba que de una manera u otra Envy estaba involucrado, aunque pensarlo le hacía un cosquilleo que recorría su pecho entero.
La vieja miraba su reloj elegante de muñeca cada pocos segundos. Esperando pacientemente, hasta que vio a Edward cambiar el peso en sus piernas, tambaleándose un poco en el proceso… se estaba mareando. Se talló los ojos, presas de una niebla desconocida.
-Escucha esto, Edward, se puede saber a simple vista que tienes una cara bonita, pero no puedo decir lo mismo de tu cuerpo. Necesito verlo para asegurarme de que es tan lindo como tu cara y tu nombre… ¿Me dejarás hacerlo?
Esas palabras no hicieron mucha coherencia en el cerebro de Edward pero asintió de todas maneras, parpadeando constantemente para aclarar su visión, comenzaba a sentirse ligero, como flotando y el malestar en su estomago había desaparecido.
La mujer comenzó a desabrochar su camisa, y a pesar de estar consciente de ello y querer detenerlo, se dio cuenta de que no podía y que no le molestaba del todo, de hecho cooperó para sacársela.
Sus pantalones siguieron y se encontró desnudo frente a dos desconocidos, mirándole de arriba abajo atentamente.
-Sí, tu cuerpo también es muy bonito… es una pena, Edward, que lo escondas debajo de esa ropa tan fea… esto debe ser visto por la gente, estas de acuerdo ¿Verdad?
Edward se encogió de hombros y miró la mano de la mujer bajar por su pecho, sentía con demasiada claridad la caricia, incluso podría decirse que incrementada, pero algo en su mente no le permitió extrañarse y creer que siempre había sido así.
-Te gusta tocarlo, ¿Verdad? Sí, porque es un cuerpo hermoso…
Edward no contestó, empezaba a sentir calor y que la mano de aquella tipa era la que le estaba causando tal sensación.
-Te gusta tocarte… tocar tu cuerpo hermoso… ¿Por qué no lo haces?
Edward parpadeó.
-No debo de…
-¿Según quién? Escúchame, te dicen que no lo toques porque tienen envidia de tu cuerpo tan hermoso, pero no debes hacer caso… tócate, Edward…
No necesitó más, levantó su mano ligera hasta su cuello para acariciarse y sentir después su propio pecho y los latidos fuertes de su corazón.
Se sentía bien… entonces… estaba bien.
Succionó su labio inferior y con su otra mano se tocó la cintura, el vientre, su muslo…
-Sí, Edward… así vas bien…
Sintió un relampagueo iluminarle los ojos, pero no hizo caso, estaba perdido en una sensación magnifica como para prestarle atención a insignificantes lucecitas saliendo de pronto, además de que no tenía la certeza de que no fueran creadas por su propia excitación.
Se estrujó y aunque sintió algo de dolor volvió a hacerlo, le gustaba, y si le gustaba entonces estaba bien.
Sus piernas comenzaron a temblar, y cedieron después de unos segundos. Tenía los ojos cerrados, las mejillas encendidas, la boca entreabierta emitiendo sonidos de placer y las piernas separadas. Su mano explorándose fervientemente, la otra aún apretándose y moviéndose insistente a lo largo.
Vio otro rayo de luz tras sus parpados cerrados y abrió los ojos brillosos para ser víctimas de un deslumbramiento causado por un peculiar relámpago de luz blanca.
Aceleró el paso, echó la cabeza hacía atrás, tenía tanto calor, estaba sudando, se estaba consumiendo en placer y no se horrorizó de ver el cuerpo desnudo de Winry en su cabeza, en poses diferentes, en todas mostrando el sexo y con una mirada de lujuria.
Imaginó que la estaba tocando, sintiendo, conociendo ese cuerpo que jamás había visto desnudo pero no había podido evitar imaginar.
No sintió pesar al imaginarlo esta vez… de hecho quería verlo más, tocarlo más, sentirlo más…
Emitió un grito ahogado, escuchó de fondo una voz, pasos, y risas ahogadas.
No prestó atención, Winry estaba demasiado buena como para despistarse.
Si escuchó los pasos inconstantes detrás de él, no se preocupó, si sintió la vibración en el suelo al caer un cuerpo pesadamente sobre este, no hizo caso.
No se percató de nada mas que su propio ser hasta que sintió una lengua cálida deslizarse por su cuello y un par de brazos alrededor de su cintura, no se dejó de tocar por este pequeño detalle, pero abrió los ojos y volteó a ver de quién se trataba.
No se inmutó de ver a Envy con los ojos igual de brillosos y perdidos que los suyos y se reclinó contra su cuerpo vestido.
-Di su nombre, Envy… di Edward…- comandó la mujer en un murmullo apenas audible a través de la serie de quejidos y gemidos de Edward.
En cambio Envy le ignoró y siguió atendiendo su cuello, tocándole y haciéndole sentir un calor infernal que le prendía como fuego.
Envy murmuró el nombre del rubio en su oído, y de inmediato Winry se desapareció y apareció Envy en su gloriosa desnudez, pero era tan tangible que no pudo soportar mucho más.
Gritó pegándose contra él en un intento de aumentar el contacto, Envy mordió su oreja y sopló en su rubio y mojado cabello, sin dejar de tocarle y acompañar sus propios movimientos al explorarse.
Todo acabó con un último relámpago, que duró algo más que los otros, y una vez terminado, derramada su semilla por el suelo, no había desaparecido su deseo.
Se dio la vuelta, y tomó el rostro pálido de Envy entre sus manos hirvientes.
Lo besó.
Algo hizo conexión de pronto en su cerebro y aunque quiso despegarse no lo consiguió, en cambio escurrió sus brazos hasta detrás de su cuello y onduló sus caderas contra las de Envy.
Se estaba consumiendo.
Nunca había sentido nada parecido… esto le gustaba…
Edward gimió cuando su pecho fue acariciado sin consideración alguna, otra mano en su espalda y una lengua colándose dentro de su boca.
No podía ponerle un nombre al sabor de Envy, pero era delicioso y las caricias suyas le quemaban, encendiéndolo… incendiándolo… inflamándolo…
Fue tocado donde nadie tocaba más que él y sólo entonces cortó el beso y apretó los ojos, tratando de no hacer ruido, pero era inútil… empujó sus caderas con urgencia, escondiendo su cabeza en el cuello de Envy, absorbiendo el olor de su cabello.
Su mano estaba templada, haciendo un contraste increíble con su piel ardiente, pero no se sentía mal en lo absoluto, y lo hacía con tanto cuidado que quiso gritar que lo lastimara, quiso sufrir, tuvo deseos de ser azotado y maltratado, de sentir dolor para aumentar su placer. De ser asesinado de ser posible para no tener que lidiar con estos pensamientos después, y el morbo de ser grabado y fotografiado era sólo demasiado.
¿Quién dijo alguna vez que Edward Elric no podía ser un sucio pervertido?
Quien fuera que hubiera sido estaría metiéndose en el culo sus palabras en ese preciso momento.
Echó la cabeza hacia atrás, dejando su cuello a la merced de los sedientos labios de Envy. Sus manos sudorosas se enredaron en el cabello negro y sus caderas parecían imposibles de controlar. Quería más… necesitaba más…
Envy lo empujó al suelo y dejó en paz su cuello para dedicarse a lamer su pecho.
-Cárgalo y llévalo a la cama, muchacho…
Envy levantó la mirada para encontrarse con los ojos de Edward. Las pupilas de Envy estaban dilatadas y un hilito de saliva resbalaba desde sus labios enrojecidos. Edward le sonrió y sin saberlo se encontró siendo levantado en brazos y después siendo depositado entre las suaves telas de la cama.
-Déjame hacerte mío- le susurró al oído con voz tersa, al tiempo que con su otra mano sujetaba sus caderas para presionarse contra él, tratando de persuadirle.
Sentía un cosquilleo como nunca antes en su cuello y expandiéndose hasta su entrepierna por los labios de Envy hablándole tan cerca del oído.
-No te lastimaré… Edward…
Edward no respondió, en vez comenzó a desprender a Envy de su camiseta ajustada, y como desesperado, tocar toda la piel que tenía al alcance.
¿A quién importaba lo que sucediera después?
Seguro que a su familia le importaba…
Se convenció de que estaba muerto ya… el hijo que había existido alguna vez en esa bella familia se había ido y el muchacho que ahora besaba y abrazaba a otro no era el mismo, sino una parodia enferma y degenerada.
"Pero mucho mas interesante…" pensó con una sonrisa maliciosa.
-¡Así, muchachos!… Hazle gritar, Envy. ¡Así como haces con todos!
…
--
Las horas siguieron como simples personas apuradas entrando y saliendo, algunas inmutables, otras con un pequeño grito de sorpresa y otras más murmuraban obscenidades y luego escapaban antes de poder registrar de quién se trataba.
Edward estaba entre dormido y despierto, viendo sombras y escuchando palabras, pero imposibilitado de moverse o pensar. Sus ojos apenas abiertos y su ser apenas consciente.
Sentía calma absoluta, y aunque quisiera recordar, no sabía quién reposaba a su lado, ni de quién era la respiración en su cabello.
Alguien hablaba…
Alguien mencionaba un nombre científico incapaz de ser recordado y alguien más agregaba la palabra 'afrodisíaco'.
Alguien le palpaba la frente y le cubrían el cuerpo sólo un poco, después nada y más tarde la misma escena volvía a repetirse en la misma secuencia de palabras y actos.
Frío, tras calor, tras frío en un ciclo sin final, hasta el momento en que la oscuridad se hizo absoluta y el pánico le llegó tan de súbito como despertó del trance.
Se llevó las manos a la boca para evitar gritar.
Se le llenaron los ojos de lágrimas. Estaba perfectamente consciente ahora de lo que había estado haciendo hasta el momento en que la sustancia tuvo efecto total en él y dejó a su instinto tomar control de él por completo.
Se distinguían siluetas amorfas entre la oscuridad y parecía que cada una de ellas venía por él, extendiendo su dedos deformes y chorreando sangre pútrida, heladas manos muertas impacientes por colarse dentro de su garganta y alrededor de ella hasta asfixiarlo en su propia viscosidad y saliva.
Sintió una mano alrededor de su muñeca. Se quedó sin habla, no podía gritar y mucho menos moverse.
-Edward…
Las lágrimas seguían corriendo por sus mejillas, tenía una expresión de miedo puro y la repugnancia se fusionó con esta de inmediato.
-¡Suéltame, desgraciado!- le gritó tratando de alejarse, en un fallido intento que omnímodamente le alteró mas. Estaba entrando en un estado de histeria que no sería capaz de controlar de un momento a otro.
-Calla, tonto… vendrán si se dan cuenta de que estamos despiertos, y no te creas tan afortunado para seguir conservando tu virginidad hasta mañana… ya saben con lo que pierdes el control. No se restringirán de usarlo de nuevo- le dijo en voz baja después de forzarlo sobre el colchón de nuevo.
-¿D-de que hablas… o sea que tú y yo no…?
-No. Te desmayaste poco antes, y me negué a hacerte nada si no estabas consciente. Pero su grabación, según sus comentarios, quedó fabulosa. Aunque no tenga final… encontraron que era lo suficientemente excitante así como estaba y que ya algún día nos obligarían a filmar la segunda parte…
Edward sorbió su nariz y sintió picazón dentro de ésta.
Envy estaba demasiado cerca, se encontró pensando después de unos segundos, ahora más calmado aunque igual sintiéndose incómodo. Envy seguía sosteniendo sus manos a sus lados y no parecía tener intención de soltarlo. Pero se estaba cansando y cada vez descendía más hacia él.
Hasta el momento en que sus pechos desnudos se tocaron y Edward emitió un grito ahogado.
Pasó saliva intentando no pensar en ello.
Los dedos fríos del muchacho acariciaban una de sus manos lentamente y la pierna del pelinegro lentamente se fue alzando, pasándola por sobre su propia pierna hasta llegar a tocarle donde ya no pudo aguantar.
-N-no hagas eso- dijo Edward enervándose con cada avance. Ahora Envy había puesto a su lengua a jugar con su pezón y Edward trató de centrarse en la sensación de incomodidad más que en el cosquilleo placentero que esto producía.
-Te propongo algo, Edward…- ofreció Envy levantándose, bañándolo con su respiración – Quítame éste deseo degenerado… déjame satisfecho para no acabar llorando frente a la puerta de Greed…
No se va, Edward… no pasa un segundo en que no piense en sexo… quítamelo… y a cambio, te quito eso que tanto te pesa y te doy tu primera probada de esto de lo que no puedes escapar. No pienso lastimarte… sólo quiero descanso… ya habrá tiempo después para que sufras, y lo harás, créeme… al menos… sabrás a que atenerte…
Cerró su propuesta con un beso callado en los labios, suave, ligero.
No esperó por una respuesta y volvió a hacerlo, soltó las manos de Edward, una la pasó detrás de su cuello y la otra la uso como apoyo, el codo a un lado de la cabeza del rubio. Terminó de pasar su cuerpo para quedar completamente sobre de él.
Ambos completamente desnudos.
-Dime que sí…- le pidió en un deseo callado contra los labios.
Edward estaba confundido. No sabía por qué exactamente no había empezado a gritar y maldecir. Un muchacho le estaba besando y haciendo proposiciones indecorosas, y él no hacía nada más que permitírselo…
-Dime que sí… prometo detenerme si así lo quieres… sólo dime que sí, porque no quisiera tener que hacértelo contra voluntad –aseguró. Sabía que una vez que comenzara no querría parar… nadie jamás quería parar… pero lo haría si lo veía demasiado angustiado. Tan sólo quería más, para no concederle el maldito placer a Greed de verle llorando frente a él por sus favores.
No era grato…
-S-sí…- murmuró Edward y después cerró los ojos, arrepintiéndose de inmediato de haber dado su consentimiento, o eso quería creer al menos.
Ahora estaba dispuesto a dejar que se llevaran eso último que le quedaba pues en su opinión ya no le servía de nada, no era como si pudiera algún día regresar a casa como si nada hubiera pasado… ahora ya no podía.
Pensó por ultima vez en esa niña, la última vez… y se sintió mal por demacrar aun más su recuerdo, pues acordarse de su hermosura mientras cometía pecados no era correcto, era tan blasfemo como su simple existencia.
Se preguntó, con lo corrompida que estaba su mente, si la volvía a ver, ¿actuaría como si nada? ¿Tendría el descaro de hacerla suya… para llenar su ser de asquerosidad condenada?
Comenzó a llorar de nuevo y cuando Envy intentó detenerse, él se lo impidió y rogó por que siguiera… de cualquier manera alguien terminaría haciéndolo tarde o temprano, y creía que sería, al menos, mejor que fuera este chico delicado, que no tenía demasiadas intenciones de lastimarlo a un pelafustán insensato que pagaba por verle sufrir.
Cada caricia le hacia recordar aquellas tan llenas de cariño y de inocencia que le había regalado a Winry, tocando su brazos, su rostro, tal vez su cintura. Nada más. Porque ella era pura… así como él…
Ya no más.
Cada beso era una memoria dolorosa de aquel tiempo en que era un gesto de ternura, no un paso más en la rutina.
Nunca más.
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Envy se levantó y abrió las cortinas, para que la luz de luna iluminara el cuarto y calmara el creciente miedo de Edward, que ahora regresaba rápidamente. Después de buscar y encontrar los shorts con los que había llegado, los acomodó en su lugar. De reojo al verle, Edward quedó embelesado con el brillo casi fantasmal que le daba la luna en la blanca piel, y el sudor perlado que apenas iluminaba más su bellísimo rostro.
Vio como en cámara lenta a Envy acercársele de nuevo, con una sonrisa maligna, y apenas registrando pensamientos sintió un ultimo beso en los labios.
-Gracias, Edward- le dijo con tono amigable, después revolvió su cabello en un gesto tierno, e hizo ademán de irse, eso hasta que Edward le tomó de la mano con urgencia.
Cuando Envy fijó sus ojos violetas en los suyos Edward se sintió mal, sintió náuseas y de inmediato le soltó, agachando la mirada.
-De… nada- murmuró en tono apagado, tocando con las yemas de sus dedos sus hinchados labios, pensando en nada además de Envy, por supuesto…
-No te vayas… no me dejes solo…-pidió después en voz tan baja que apenas pudo escucharse a sí mismo, pero el otro supo perfectamente lo que quería.
Envy se mordió los labios y se arrodilló en el suelo, acariciándole el flequillo rubio con una mirada neutra casi inclinándose a divertida.
Cuando Edward se hubo dormido después de sólo segundos, Envy se puso de pie de nuevo. Buena cosa que se había colocado en el suelo, de lo contrario el rubio pudo haberse despertado por el movimiento.
Cuando estuvo bien firme sobre sus delgadas piernas se giró y mirando atrás una sola vez se desapareció del cuarto.
Envy jamás dormiría al lado de un amante conscientemente…
Se había jurado que jamás lo haría…
(medio se suicida en el escritorio)
¿Soy perve, verdad? O.O'
Pero a que les gustó ewe a mí no me engañan, por algo están leyendo mi historia todavía, no? mwahahaha!!
Ya sé que son repetitivos los recuerdos del Edward y así... pero yaaa qué xD
Edward también puede llorar, ya saben e-e en especial si esta haciendo algo frustrante que no sabe si quiere o no y que sabe que es muy enfermo y esta muy mal xD
Y también noté ese gran error en la personalidad de Envy, pero se puede decir que tengo excusa… y eso viene después… just enjoy, jeez ¬¬
(Acaba de suicidarse en el escritorio)
Los comentarios son enormemente agradecidos D!
By LitheX
