Destino.

Este es un minifc acerca del reencuentro en altamar de nuestra pareja Terrytana favorita, una historia de amor que se desempolva en 7 días.

Los personajes de Candy Candy pertenecen a sus respectivas autoras K. Mizuki y. Igarashi.

Es una historia construida con la única intención de esparcimiento, sin fines de lucro, algunas escenas y diálogos se basan en CCFS, que es propiedad de sus autoras y/o traductoras como en el caso de la carta de Candy para Terence Graham. El resto pertenece totalmente a mi imaginación.

En algunos párrafos hago referencia a algunas costumbres y canciones propias de la época que podrán encontrar señalizados y explicados en las notas al final de capítulo. Querida Kamanance es allí donde explicaré todo el ritual del carnet (carné) de baile.

Capítulo 3.

- "Pero ¿en dónde rayos se habrá metido? Revisé toda la cubierta del barco ¿Se habrá ido a su camarote? ... Es impensable que se encuentre entre toda esta gente." Decía en voz alta mientras se asomaba al salón.

Siendo así, tendré que preguntarle al Capitán si podría hacer una pequeñísima excepción y decirme en dónde se aloja él...

... ¡Sí, Candy! Grandiosa idea ¡¿y qué le dirás cuando él abra la puerta?! "¡Hola Terry! ¿cómo estás? Ya sé que no nos hemos escrito en todo este tiempo y que al verte en la cubierta del barco yo desaparecí de repente, pero necesito saber por qué no he podido dejar de pensar en ti desde... desde que te conocí..."

- "Sí, decirle eso sería perfecto Candy, ¡eres un genio!" refunfuñaba mientras se daba pequeños golpes en la cabeza con su carnet de baile.

- "Me parece que me debe la mitad de un baile señorita Andley." Alegó un poco molestó, al verla parada en el umbral del salón, el señor Smith, un hombre de unos 35 años, con porte elegante y de no mal ver, pero que tenía un par de manos muy, pero muy largas.

- "¡Señor Smith! ... yo no me siento bien, creo que necesito sentarme un momento."

- "Será porque lleva recorriendo el barco completo desde hace más de media hora ¿no lo cree? ¿qué puede haber perdido que busca con tanto ahínco?"

¡Rayos! Me ha visto buscando a Terry.

- "No, he perdido a nadie... quiero decir que no busco nada, simplemente quise salir a caminar."

- "Me parece que, si tiene tanta energía, bien podría finalizar la pequeñísima pieza que me debe. Según recuerdo, me anoté para un par en su carnet¹ comenzando por la siguiente pieza, y como recordará, es un compromiso insalvable, así que si me acompaña..." dijo el hombre poniendo su mano en la espalda de Candy, pareciéndole a ella que la colocaba ligeramente por debajo de donde debería.

- "Bien." Gruñó ella pensando en darle la lección de su vida a ese aprovechado.

Era una pieza rápida, la gente se encontraba ya mucho más animada y sabían que los valses no tardarían en llegar, así que lo mejor era aprovechar las tonadas más alegres, como el Charlestón, el Foxtrot, el Hot Jazz, ritmos representativos de Los locos veinte.

Candy se alegró enormemente cuando escuchó la melodía. Era un alegre charlestón que mantendría lejos al señor Smith y sus inquietos tentáculos. Al llegar a la pista comenzó alternando brazos y piernas, divirtiéndose mientras le daba movilidad a sus pies, era una suerte que los bailes de la época fueran más libres y espontáneos, podía improvisar y bailar con mayor energía. Energía que se manifestaba en sus piernas que se encontraron en varias ocasiones con las espinillas de su mañosa pareja, y tras lo cual se disculpaba casi con el mismo entusiasmo, para en seguida arremeter pisando con fuerza alguno de sus pies.

Éste no se doblegó al primer puntapié, ni al tercer pisotón, pero cuando terminaban la segunda pieza que Candy había comprometido, había acumulado tantos golpes que decidió que ninguna rubia, por bella que le pareciese valía la pena el esfuerzo. Después de todo, ésta en particular, era increíblemente torpe según su apreciación, y bien podría conseguirse algo más "civilizado".

Al finalizar la pieza, el adolorido hombre hizo un breve asentimiento con la cabeza y se retiró de la pista casi cojeando. Candy se quedó en medio de ésta riendo discretamente, a ese sujeto no le quedarían muchas ganas de molestar a otras chicas en lo que restaba del baile. Ahora podía marcharse a su camarote, después de todo, era posible que Terry hubiera hecho exactamente eso y por esta razón no podía encontrarlo por ningún lado.

Estaba por dar el primer paso para retirarse cuando sintió alguien a sus espaldas.

- "Baila más cuidadosamente conmigo ¿quieres?"

Esa voz… No es posible...

Pero sí que lo era.

- "Terry..." murmuró ella dándose la vuelta y mirándolo fijamente con los ojos tan abiertos como dos grandes lunas.


Minutos atrás, y una vez que pudo reaccionar, Terry había echado a correr en la misma dirección que esa visión que había llegado ante sus ojos.

¿Podría ser que el destino esta vez estuviera siendo amable con él y la hubiera puesto nuevamente en su camino?

No podría dormir los siguientes siete días de no averiguar, si por algún simple azar, ella se encontraba en el mismo barco.

Tantas veces la había pensado, tantas otras la soñó, y en cada ocasión, siempre se presentaba ante él en forma de un recuerdo de rubias coletas, con una amplia sonrisa que llegaba hasta sus ojos inolvidablemente esmeralda, y que cuando se molestaba o reía hacía brincar esas traviesas pecas sobre su respingona nariz. Su imaginación jamás había alcanzado la sublime imagen de ella como toda una adulta y hermosa mujer... y había que decir que la realidad parecía estar sobrepasando cualquier ficción.

Agotado y ansioso, terminó por revisar brevemente el salón de baile, la había buscado por todo el barco, como si fuera un loco había repetido su nombre a través de cada pasillo de los camarotes de primera clase sin obtener respuesta alguna, su única esperanza era que ella hubiese ingresado entre la multitud que se agolpaba en la celebración del Año Nuevo.

Su alta figura le permitió observar entre la gran cantidad de huéspedes, evadiendo las miradas curiosas y las exclamaciones que lo reconocieron a su paso; en la entrada había dejado su sombrero y su abrigo, sin pensar ya en proteger su identidad ¡Nada le importaba tanto como hallarla!

Recorriendo el salón, mesa por mesa, y escapando hábilmente de las mujeres que se le acercaban, fue aproximándose a las parejas que bailaban en el centro del lugar.

Cuando se detuvo, una pieza terminaba y comenzaba otra, en cuyos acordes pudo identificar una popular melodía: "Has Anybody Seen My Girl (gal)?" ("¿Alguien ha visto a mi chica?") ², y dentro de su enorme ansiedad no pudo evitar sonreír pensando en lo irónicamente apropiada que era esa pieza para ese específico momento.

Comenzaba a pensar que sería imposible encontrarla cuando como por arte de magia, una rubia cabellera captó su atención. Una chica bailaba con tal energía que era imposible no verla. Con los nervios de punta, Terry se preguntó si es que esa chica podría ser ella.

Y, entonces, la pregunta se resolvió en una sonrisa.

¡Sí, indudablemente era ella, aunque como toda una mujer por supuesto! Aquellos alborotados rizos rubios, aunque mucho más cortos, se asomaban a través del apretado peinado, su figura enfundada en ese vestido azul ya no era la de la niña del Colegio o la quinceañera enfermera que vestía toda de blanco, era la de una mujer que a pesar del recto vestido se adivinaba envuelta con un halo de encanto y sensualidad.

Algo más captó su atención, aunque el baile era alegre y rápido el caballero que la acompañaba, si se le podía llamar así, no dejaba de intentar atraerla hacia él, lo cual molestó enormemente a Terry haciéndolo apretar los puños por un momento; sin embargo, parecía que ella tenía todo bajo control. Poco a poco la tensión lo abandonó, y comenzando a sentirse divertido ante la escena disfrutó cada puntapié y la cara de dolor que acompañaba al pobre diablo que no podía ser otro que el hombre de los tentáculos.

Una vez que la pieza terminó y el tipo se rindió, Terry no perdió un segundo más. Sintiendo el corazón galopándole dentro del pecho llegó a espaldas de la rubia chica.

- "Baila más cuidadosamente conmigo ¿quieres?"

- "Terry..." murmuró ella dándose la vuelta y mirándolo con esos enormes ojos verdes que lo habían perseguido por una eternidad de casi diez años.

Terry esa sencilla palabra que entró por su oído, bajó retumbando directo hasta su corazón, donde agolpó súbitamente toda su sangre. Solamente su madre le llamaba de esa cariñosa manera. El claro sonido de la voz sorprendida de ella debió haberle hecho algún efecto extraño, pues sentía que de pronto todo lo demás desaparecía de su vista.

Sin ser consciente de lo que hacía, él la acercó suavemente asiéndola por el codo, tomó el carnet que aún estaba atado a su muñeca, con su pequeño lápiz anotó su nombre en las últimas dos piezas que quedaban antes del intermedio, y algo más que ella no pudo alcanzar a leer, y se lo devolvió.

Él trató de disimularlo, pero su rostro no pudo evitar iluminarse al descubrir que el carnet era de nácar, señal inequívoca de que seguía siendo una chica soltera. Después le sonrió tiernamente, como aquella vez que bailaron en el Festival de Mayo, y como si fuera un déjà vu, ignorando completamente el ritmo de la canción, comenzaron a girar como lo hicieron hace muchos años en medio del bosque.

El calor del cuerpo de Terry, sus firmes y elegantes manos, su aroma… Todo se repetía una vez más.

Dejando de lado aquel encuentro en Rockstown, hacía alrededor de nueve años que se habían visto cara a cara por última vez. Separados desde entonces por una distancia insalvable, se sentían increíblemente emocionados al estar juntos de nuevo, aunque sin poder iniciar una conversación.

¡Dios mío, qué largos, qué eternos habían sido aquellos nueve años, más de tres mil días con todo y sus noches, hasta ese día, hasta esa noche!

¡Cuánto tiempo, cuánto tiempo perdido!

En sus mentes destacaba un único recuerdo que ambos rememoraban en ese instante, el segundo en el que se habían conocido, el principio del principio.

Él lo recordaba perfectamente: ambos en la cubierta de un barco, en una fría noche de Año Nuevo, unos ojos del color de las esmeraldas mirándolo fijamente como si lo conocieran... y esas pecas que tenuemente aún se mostraban hoy en el rostro de ella.

Había amado a aquella mujer desde su primer encuentro, pero a pesar de la irresistible pasión que sentía hacia ella en el presente, le faltaba algo decisivo que le diera la pauta para saber que esa brecha en el tiempo no los había alejado.

Después de todo, ella no había contestado su carta, no sabía si seguía sintiendo algo por él, y para Terry el amor sólo se confirmaba de verdad cuando deja de revolverse dolorosamente en el interior de uno y es nombrado con los labios y el aliento, confesando su existencia en voz alta frente al ser amado.

Por su parte, Candy no podía creer que él estuviera allí, que fueran sus manos las que la tomaban firmemente por la cintura. Sus hombros eran mucho más anchos, se veía aún más alto de lo que solía recordar, y seguía conservando ese porte de autosuficiencia y elegancia propio de un aristócrata. Su cabello lo llevaba más corto, pero aún peinado, dejaba escapar un mechón más largo de lo que la moda de la época marcaba como apropiado, mostrando ese desenfadado y claro desinterés por las normas de la sociedad que siempre lo habían caracterizado. Su rostro perfecto, aún más angulado, ya no era el de un chiquillo, pero sus ojos... esos inolvidables ojos azules como el insondable mar, eran tal y como los recordaba. En conjunto era definitivamente él, más apuesto y varonil si eso era posible.

Se miraron por largos minutos que les parecieron sólo un instante, un breve y mágico instante para comparar, observar, reflexionar y sentirse avergonzados, con el gozo y la felicidad mostrándose en sus miradas antes de esconderla a los demás.

Una incómoda y forzada tos los sacó de ese estado de ensoñación en el que existían sólo ellos dos. La molesta guardiana de Candy, o al menos eso creyó Terry que era por la mala cara que reflejaba, había venido por ella. Sin darse cuenta eran los únicos en la pista de baile, el resto de las parejas ya se encontraban tomando asiento para comenzar el intermedio.

Candy fue la primera en hablar, separándose un poco de él y echando a andar hacia su mesa.

- "¡Hola Terry! ¿cómo... cómo estás?" dijo deseando que su voz no se hubiera escuchado tan temblorosa.

- "Debo decir que estoy tan sorprendido, como encantado de verte... Pecosa."

Aunque Candy trató de evitarlo, una enorme sonrisa se empezó a dibujar en sus labios acompañado de una suave risa. Pecosa, ¿cuántos años habían pasado sin que alguien la llamara de esa manera?

- "Terry, no tienes remedio ¿algún día dejarás de llamar con apodos a la gente?"

- "¿Por qué habría de hacerlo cuando hay incluso hombres con tentáculos circulando por el mundo?" dijo encogiéndose de hombros graciosamente. – "Podríamos encontrarle un apodo juntos, ¿no lo cree señorita Andley?"

Candy sonrojándose avergonzada se puso las manos sobre el rostro.

- "Déjame verte... ¡no has crecido nada! Sigues siendo una pequeña pecosa." Improvisó él tratando de ocultar la enorme ternura que se mostraba en sus ojos.

- "¡Terry! Por lo que veo, tú sigues siendo un grosero insufrible." Respondió ella riendo a carcajadas.

- "Te ves preciosa Candy."

Candy tragó con fuerza sintiendo cómo sus piernas amenazaban con desfallecer en cualquier momento si Terry seguía mirándola de esa manera.

- "Tú te ves bien, Terry."

- "¿Sólo bien?" preguntó él achicando los ojos y sonriéndole de lado coquetamente.

- "Y por lo que veo, además sigues siendo un engreído sin re-me-dio." Deletreó Candy disfrutando cada sílaba.

- "Eso no contesta mi pregunta."

- "Vaya, debo decir que entre tantos caballeros tan buen mozos y de tanta alcurnia... es simplemente imposible ver a uno en particular." Dijo ella poniéndose un dedo sobre los labios y mirando alrededor del salón levantando su nariz y actuando como niña mimada.

Una risa compartida aligeró el ambiente entre ellos.

- "Me parece que es momento de que se retire señorita Candice, después de todo, esta es sólo la primera noche abordo."

- "¿Cómo? Pero si no son más de las dos de la mañana y aún el salón está repleto..."

- "El señor Andley me ha asignado a su cuidado y me parece que ha llegado el momento de vaya a descansar." Insistió la señora Mary, con una cara de muy pocos amigos y aparentemente decidida a alejarla de ese rompecorazones de Broadway.

- "Creo que la amable señora aquí presente tiene mucha razón, Candy" dijo Terry sonriéndole de forma cautivadora a la mujer mayor. – "Tal y como ella lo ha dicho, éste es sólo nuestro primer encuentro, tenemos por delante varios días para ponernos al corriente con las novedades, y lo más apropiado para una dama es que se retire a una hora prudente, ¿no lo crees?"

Candy, con la boca abierta y algo decepcionada, lo miró con sospecha ¿en qué momento Terry se había vuelto tan obediente y atenido a las normas sociales?

Mary por su lado lo miraba gratamente satisfecha, después de todo ese actor con pose de príncipe tenía los modales de un caballero.

- "Bien, ahora que estamos todos de acuerdo, ¿me permitirían escoltarlas hasta su camarote?"

- "¡Por supuesto señor Graham! Quizás en el camino nos pueda hablar de su siguiente puesta en escena." Respondió animosa Mary.

- "Eso sería un verdadero placer." Respondió él ofreciéndole su brazo a Mary. – "Vamos Candy, no te quedes atrás."

Candy, entre sorprendida y molesta, comenzó a andar junto a ellos escuchando la cascada de preguntas que Mary le hacía al actor acerca de la vida en Broadway, y la forma en que él le respondía con una amabilidad desproporcionada. Para cuando llegaron a su camarote, tenía ganas de darle un golpe a Terry que le borrara esa cara de adulador. Hacía tantos años que no lo veía y él ¿simplemente la enviaba a dormir?

- "Mary ha sido todo un placer, y me da una enorme tranquilidad saber que se encuentra acompañando a Candice, no cabe duda de que será un viaje inolvidable." Sonrió Terry mientras le besaba la mano a la mujer.

- "Señor Graham, el placer ha sido todo mío. Quizás si la señorita está tan ansiosa de ponerse al corriente con usted, podría acompañarnos a almorzar el día de mañana."

Candy simplemente no lo podía creer, haciendo gala de una sarta de trucos aduladores y palabras exageradas Terry había conseguido hacerse invitar al almuerzo por esa adusta mujer. Entornando los ojos fastidiada respondió un "ya veremos" entre dientes que sólo Terry pudo escuchar teniendo que controlar sus enormes ganas de echarse a reír, por lo que optó por atraerla hacia él para darle un beso en la mejilla que terminó su recorrido en su oído provocándole escalofríos al murmurar una clara frase en él:

- "Mira tu carnet Pecas..."

- "Espero su respuesta hermosa dama." Se despidió él besándole la mano y retirándose con una sonrisa enigmática.

Candy cerró la puerta preguntándose dónde rayos había puesto el dichoso carnet. Mary por el contrario no dejaba de halagar al actor, pareciéndole a la rubia francamente imposible buscar aquel objeto mientras la primera no dejaba de parlotear y hacerle preguntas acerca de él.

- "Mary, disculpe que la interrumpa, ¿podría ayudarme a buscar mi carnet?"

- "No hay necesidad, lo he puesto yo en mi bolso, me imagino que lo guardará como un recuerdo ¡Cuántas jóvenes pueden presumir de haber bailado con el cautivador Terrence Graham!"

- "Sí, seguro que soy muy afortunada." Respondió cansada de tanto entusiasmo. – "Si me disculpa, iré a acostarme."

- "Dulces sueños señorita Andley, aunque le aseguro que éstos tendrán al mismo protagonista que los míos." Dijo riendo como una colegiala.

Candy sólo asintió pensando que esa reacción femenina ante él era exactamente la que Terry había despreciado durante su adolescencia. La exageración de la señora Mary le recordaba un tanto a Eliza Leagan contoneándose mientras afirmaba que Terry Grandchester iría a su ridícula Fiesta Blanca. Sacudiéndose de la cabeza esa desagradable imagen, Candy abrió su carnet.

De un lado estaban las canciones que había bailado esa noche, seguidas por el nombre de Eliot Smith y las últimas dos con las siglas T.G.

Ella sonrió recordando que precisamente esas iniciales eran las que ella usaba para referirse a Terrence en su diario tratando de cuidar que alguien se enterara, incluso ella misma, de cuántas cosas le hacía sentir en ese entonces.

Y ahora, ¿qué era lo que sentía por él?

Negándose a entrar en ese tema dirigió sus ojos a la segunda hoja de su carnet, cuando pudo leer en él lo que escribió Terry, su mandíbula casi cae al suelo de una sola vez.

¡Sabía que no podía haberse reformado como le había hecho creer, seguía siendo el mismo chico rebelde e incorregible!

... Y eso la emocionó.

Te espero en cubierta... ¿sí?

Una indicación, pero también una pregunta.

Desde el momento en que la vio y se aproximó, Terry había escrito eso en su carnet, lo que sólo podía significar que llevaba todos esos minutos deseando estar a solas con ella. Su corazón comenzó a latir con fuerza mientras tomaba sus mejillas cálidas y enrojecidas. Tapándose la boca para no gritar, se asomó apenas un poco a la habitación contigua que se comunicaba con la suya a través de una puerta interior. Unos fuertes ronquidos llegaron hasta sus oídos, parecía ser que tanta emoción "adolescente" había dejado agotada a la señora Mary.

Con una velocidad impresionante, Candy metió todas sus almohadas bajo las sábanas, tomó su abrigo y uno de los sombreros menos llamativos que Annie le había obsequiado y levantándose de puntillas salió por la puerta rezando porque la señora Mary soñara con Terry sin parar hasta que la sorprendiera bien entrada la mañana.


Terrence Graham había disminuido enormemente su hábito de fumar por varios años, sin embargo, cuando se encontraba sumamente frustrado o terriblemente nervioso, no podía resistirse. Caminando hacia la cubierta del barco había encontrado a uno de los jóvenes mozos del restaurante fumando relajadamente fuera de él; éste al reconocerlo casi deja caer la cajetilla completa, y para Terry había sido imposible no comprarle a ese chico uno solo que ayudara a calmar su ansiedad.

¿Vendría ella a su encuentro? ¿tendría la misma necesidad de verlo a pesar de la avanzada hora?

Dándole una honda bocanada a su cigarrillo trató de calmarse, era posible que ella no viniera, después de todo él mismo la había enviado a dormir y los minutos habían pasado sin dar tregua. Al terminarlo, se iría a su camarote para pensar en la manera de encontrarse con ella a solas a una hora más razonable.

- "¡Terrence Graham!"

Terry abrió los ojos enormemente y se dio la vuelta tan rápido como pudo para ver a una joven rubia de sombrero blanco con las manos en la cintura mirándolo con disgusto.

- "¡Así que todavía fumas!" dijo Candy.

- "¡Me asustaste Pecas! Por un momento pensé que estaba de regreso en el Colegio y era la Madre Superiora quien me había sorprendido."

- "No cambies de tema Terrence, ¿qué estás haciendo con ese cigarrillo en la mano?"

- "Esperándote... sabía que vendrías." Le sonrió.

- "¡Pretencioso! ... ¡¿cómo es que aún fumas?!" Lo miró ella en forma reprobatoria

- "Sólo cuando no puedo tocar mi armónica..."

El corazón de Candy brincó nuevamente considerando ese bello recuerdo y finalmente le sonrió.

- "¿Aún la conservas?"

- "¿Por qué lo dices con esa cara de sorpresa?"

Candy sólo se encogió de hombros.

- "¿Cómo has estado Terry? Hace tanto tiempo... escuché que ahora también produces obras de teatro"

- "La moda de los musicales en Broadway me ha puesto creativo."

- "Definitivamente no te imagino bailando y cantando junto a Fred Astaire y su hermana Adele." Rio suavemente ella. Sabía perfectamente que él no cambiaría el teatro clásico fácilmente. – "¿Has pensado en seguir tu carrera en Londres?"

- "Digamos que vengo a explorar una posibilidad... ¿y tú, Candy? ¿qué haces en el RMS Majestic?"

- "Bert, es decir Albert, ha tenido esta gran idea."

- "¿Albert?" respondió él sorprendido.

- "¿Es que no lo sabes, Terry?" dijo ella recordando cómo se lo había contado en la carta que hace algunos años había escrito para él, la cual nunca fue enviada por supuesto. – "El Tío Abuelo William, sorpresa, sorpresa... ¡Es el señor Albert! Qué increíble historia, ¿cierto?" ³

Y pensar que estaba en contacto con él incluso en Londres, por no mencionar que, cuando abandoné el Colegio San Pablo, le había enviado mi diario en el que había confiado todos mis sentimientos sin esconder nada. En otras palabras, Albert conoce bien, casi tanto como yo misma, lo que sentía por ti, Terry. No puedo imaginar con qué cara habrá leído esas páginas que escribí. Todavía ni siquiera se atreve a tocar el tema de lo dicho en él. Meditó Candy recordando aquella época.

- "Menos mal que el señor Albert no se dedicó a la actuación ¡Es extraordinario fingiendo! Llegaría a ser un gran rival en el escenario para ti, ¿sabes que incluso cuando recuperó la memoria, no me lo confesó de inmediato?"

- "¡Vaya! Eso sí que es sorprendente, ¿Albert, el buen amigo que me hacía segunda en las peleas? ¿El fanático de los animales y la libertad, es el heredero Andley?"

- "¿Puedes creerlo?"

- "La verdad es que si lo escuchara de una fuente distinta pensaría que es una historia de ficción. Le escribiré para que me ceda los derechos y llevarla al teatro."

- "Terry, hablando del teatro... Siempre quise felicitarte por el éxito arrasador que fue Hamlet, supe que representaron una función tras otra ¿no? En ese tiempo leí artículos que hablaban de ti en un tono entusiasta: El Hamlet que todos habíamos deseado ver... Una obra que va más allá de toda expectativa..." ³

Todo esto lo supe, aunque al principio forzosamente trataba de evitar de cualquier manera el tema, y Albert incluso se preocupaba por esconder las revistas que contenían artículos relacionados contigo. Contrariamente a sus intenciones, fue algo que me hizo sufrir...³ Pensó ella.

- "Así que has tenido algunas noticias mías en estos años..."

- "Bueno, he de confesar que he sido una mala fanática comparada con la señorita Pony y la Hermana Lane que han seguido tu carrera fielmente, incluso hasta hace algunos años llenaban un álbum de recortes con las principales reseñas de tus éxitos."

- "Ja ja, tendré que agradecérselos personalmente, ¿no lo crees?" dijo guiñándole un ojo.

- "... pero, aunque no pude seguir tu carrera de cerca en los periódicos y revistas, debes saber que en cada ocasión que me enteraba de un estreno, podías encontrar en mí una asidua admiradora de Terrence Graham; cada vez que salías al escenario, yo estaba ahí, aplaudiéndote con todas mis fuerzas..." dijo Candy envuelta en un sopor, como si su mente se hubiera transportado al pasado en el que redactó esa carta que nunca le envió.

Esta vez fue el turno del corazón de Terry para detenerse en una mezcla de ternura y dolor, siendo consciente del sufrimiento que las decisiones de ambos les habían traído a la par ¿Habría aún una oportunidad para ellos?

- "... Se ha hecho un poco tarde, ¿o debería decir temprano? En una hora más debe empezar a amanecer." Dijo Terry, tras unos minutos en silencio, intentando aligerar el ambiente que de pronto se había tornado pesado.

- "Santo cielo, pasa tan rápido el tiempo..." dijo Candy, pensando en que, para ser justos debía decir que sólo cuando estaba con Terry parecía que el tiempo pasaba en un pestañeo.

Al dirigirse hacia el ascensor tuvieron un leve percance: ella iba a retirarse para cederle el paso después de que él intentó sostener las puertas, cuando al moverse los dos a la vez en un gesto de mutua cortesía, sus pechos chocaron fugazmente uno contra el otro en el umbral de la puerta del ascensor. Ambos se sobresaltaron y retrocedieron sin pensarlo, pero ese fugaz roce de cuerpo contra cuerpo bastó para confundirles. Ambos sonrieron a la vez como si estuvieran de acuerdo, se miraron y entrelazando sus manos bajaron hacia el área de camarotes.

En medio de ese silencio Terry se preguntaba ¿cómo había podido alguna vez pensar siquiera en separarse de ella, como si él todavía se perteneciera a sí mismo? Un estremecimiento le atravesó el cuerpo entero, desde la cabeza hasta el corazón, un relámpago que lo iluminaba todo en su cielo nocturno.

Era vano no reconocer que, en cada nervio, en cada fibra de su interior, había despertado el amor que una vez floreció por ella, su amada. Ahora sólo restaba ver si podía despertarlo en ella, con o sin conocimiento de la breve carta que había enviado con anterioridad.

- "Bueno Tarzan, hemos llegado, ¿quiero pensar que la invitación para almorzar juntos sigue en pie?"

- "Estaré encantada Terry, aunque no tanto como la señora Mary, me temo... ¿me puedes decir qué es lo que le has hecho a la pobre Señora?" dijo Candy mirándolo mientras negaba con su cabeza en señal de desaprobación.

- "Ni la mitad de lo que quisiera hacerte a ti, Señorita Pecas"

El rubor saltó de nuevo en su rostro hasta la raíz de sus cabellos.

Terry la contemplaba, ella seguía erguida frente a él incluso en medio de su clara confusión, pero auténtica y sin cobardía, siempre la misma, su amada... maravillosamente anonadada. Sin ser consciente del temblor que le provocaba, avanzó hacia ella con pasos suaves y elegantes, aproximándose a su presa, y la acorraló con sus manos apoyadas en la puerta de su camarote.

Los ojos de Candy se abrieron en toda su extensión cuando se encontró fijamente con los ojos de Terry, su intensa mirada indescifrable tenía un brillo de determinación que nunca le había visto.

- "Terry…" dijo algo nerviosa, "creo que… que debo entrar antes de que la señora Mary se despierte..."

Nunca más te dejaré escapar Candy... si tú me aceptas. Pensó Terry entrecerrando levemente sus ojos.

- "Yo mismo me encargaría de ella, lo sabes bien, ¿no es así?"

El corazón de Candy comenzó a latir desbocado, la cercanía y esa mirada en Terry la estaban poniendo muy nerviosa.

- "Vamos Terry, no bromees, nos veremos en unas horas para almorzar." Dijo Candy, temiendo que él notara su turbación, pero no hizo absolutamente nada para alejarlo o para escapar de él.

- "¿Y crees que solamente por esa razón te dejaré ir?"

- "Sigues disfrutando tomarme el pelo, no has cambiado nada Terry."

- "Espero que tú tampoco..." dijo él intentando sondear un poco el tema de la carta.

Ella simplemente se sonrojó.

- "Uno envejece, pero sigue siendo el mismo." Exclamó ella.

- "No me quieres entender, pero sé que a pesar de todo, comprendes lo que quise decir."

- "¿Qué... qué es lo que quieres Terrence?"

- "Me parece que eso es increíblemente claro para ti, Candice."

Cuando ella se disponía a balbucear algo, él se acercó a su rostro... la besó lentamente en la comisura de sus labios y susurró frente a ellos...

- "Te quiero a ti."

Con suavidad Terry se alejó de ella, y cuando por fin se despidió besando su mano dulcemente y la puerta se cerró frente a él, Candy tuvo la impresión de que jamás se había marchado de su vida.

Aquella madrugada, al verse de pie frente a ese lugar, Terry tuvo el misterioso presentimiento de que tras esa puerta le aguardaba agazapado el destino con un final, definitivo e irrevocable, para la historia de amor de su vida.


Notas:

¹ El carné o carnet de baile es un tarjetón doblado o un librillo de tamaño pequeño impreso con algunos datos y adornos, usado en bailes del siglo XIX y comienzos del XX; por lo general tenía ya escrito el nombre de las piezas musicales programadas, en seguida de las cuales la dama iba escribiendo el nombre del caballero que le pedía bailar con él esa pieza con la ayuda de un lápiz que colgaba de una cinta. Los materiales variaban y tenían mucho que ver con la posición económica y el estado civil de la dama: los carnés de nácar eran para la solteras, los de marfil para las casadas y los de azabache para las viudas. Las normas para su uso eran inapelables, una vez que la dama escribía en sus páginas el nombre del candidato, no se podía negar bajo ninguna excusa. El caballero también tenía una agenda donde anotaba el nombre de la dama correspondiente para no equivocarse.

² La canción a la que hago referencia la pueden encontrar en YouTube como Has Anybody Seen My Gal? (Ray Henderson) también llamada Five Foot Two, Eyes of Blue en la versión de Art Landry de 1925.

³ Extractos de CCFS que pertenecen a la carta que escribe Candy a Terence Graham (en CCFS se corrige la doble "r" de Terrence por Terence). Es una de las cartas no enviadas que ella guarda entre sus recuerdos.

De mí para ustedes:

Nally Graham Gracias linda, un placer volver a leerte por aquí. Como verás, ahora sí Candy se plantó aunque por ahora Terry muestra más determinación.

Gadamigrandchest quién de nosotras no se aventaría a los brazos de Terry, pero esta pareja aún tiene una incómoda plática pendiente y Candy lo sabe. Viene el romance...

Amrica Gra Nada ha cambiado, ni su amor, ahora sólo tienen que sacarlo a relucir.

Aurora Se regresó y hasta lo buscó, yo creo que en los nervios una no sabe ni qué hacer, pero lo importante es que si no dimos una, regresemos y lo afrontemos.

Kamanance creo que yo me hubiera desmayado cual damisela en desgracia jajajaja, aquí en el número uno de las notas te explico cómo funcionaba lo del carnet, una costumbre muy apropiada si bailabas con el chico de tus sueños, pero muy incómoda si comprometías un baile con un hombre de manos largas ¿no?

Blanca G ¡Qué horror de manos largas! Pero ya tuvo su merecido. Fíjate que yo, bien aventada, no me hubiera quedado con las ganas de besuquear a Terry, pero ya ves qué reservado nos salió Candy, pero no le va a durar, te lo prometo jajaja.

Guest Encantada de que te des otra vuelta por aquí, creo saber quién eres pero por si las dudas regálame tu nombre la próxima vez, si eres quien pienso espero que ya te hayas recuperado por completo.

Nohely Gracias a ti y tu review, es mi combustible para seguir creando este minific.

Ely Ivarez Qué linda, gracias por los elogios y aquí va el siguiente capítulo.

Eli Entiendo tu frustración pero te prometo una Candy más madura, lo que pasa es que si ella no ha recibido la carta, Terry lleva una ligera ventaja en información y en la decisión de buscarla. Ella estaba perdida y más aún con el cortejo que inició con Albert por medio de cartas. Para mí eso es real, pero no así la cristalización de ese cariño. Me parece que en el momento en que Terry reaparece, todas esas confusiones se acaban.

Phambe Acabo de leer una maravillosa semana y efectivamente es preciosa. Qué lástima que quedó inconclusa, me parece un argumento interesante ver a Terry llegar al Hogar de Pony después de esos años. Respecto a lo que mencionas me parece que no existe manera posible de reunirlos si no hablan del pasado y cierran esa herida de una vez por todas. Espero abordar esto en el siguiente capítulo. Y Albert me parece un personaje entrañable, pero a pesar de su papel definitivo en el destino de Candy (adoptándola, enviándola a Londres, apoyando su romance aún con amnesia), me parece un rol secundario. Será mi amor por C&T que me lleva a pensar así. Me alegra que esta historia te guste, en este caso es un minific, que empezó siendo de 3 capítulos, pero ahora es de unos 8 en total, una historia básicamente de reencontrar el amor durante una semana en barco.

Maru Sí, es innegable que esas cartas con Albert existen, pero como le decía a Phambe, no me parece que sea un romance de protagonistas sino más bien un rol secundario. Cronológicamente las cartas son un desorden o eso me parece a mí, por lo que dice en la de Terry y por la manera en que finaliza diciendo que Susanna lo ama, me parece que son anteriores a muchos sucesos (como las cartas de Albert) pero para mí, la descripción del epílogo es como si viera a Terry junto a ella, a nadie más. Besos para ti y aquí seguimos.

Dianley Justamente eso pensé y quise explicar en este capítulo, Terry se quedó con la idea de una Candy adolescente ¿cómo iba a saber cómo se veía? Y la voz se profundiza y modula a lo largo de los años. La imagen y voz de los 15-17 no tiene que ver con los 26-28 que ahora tienen. Gracias por leer.

Elizabeth Mancera Moreno Qué bonito cumplido Liz! Mi escritura espero que vaya mejorando cada vez más pues como una principiante en esto trato de aprender de todo lo que leo. Te prometo sólo un mínimo de drama, como verás es una historia de romance para soñar, no para tener pesadillas jajaja. Bendiciones para ti también.

Mita sanchez Gracias linda, nos seguimos leyendo y espero te siga gustando la historia.

Pati preciosa Pati, me has hecho el día, te prometo que a partir de aquí empieza un periodo de romance pues Terry tiene que reconquistar a nuestra rubia de las pecas. Sigue comentándome para que mis musas se inspiren más, porque luego les da por fugarse y me quedo en blanco. Abrazo y lo mejor para este 2018.

CGG Aquí va, por fin no sólo se encuentran sino que además bailan, hablan y si no fuera porque a Terry le gustan las cosas bien preparadas como su té, ya estaríamos gritando el beso. Pero así me dicta él que fueron las cosas y yo nada más escribo jajaja.

Sandy Sanchez Mi linda Sandy como siempre y como ya he te he dicho inbox, siempre me alegran tus comentarios. Quiero decirte que no son tus ojitos los que te engañan, yo también vi ese romance con Albert no sólo en CCFS sino también en el manga (espero no me caigan los tomatazos) pero no me cansaré de afirmar que fue algo momentáneo, creo yo. De un plumazo creo que Terry podría borrar cualquier pequeña llamarada en el corazón de la chica rubia de las pecas. Me reí a morir y me imaginé perfecto a la fanática chapoteando en el mar después de que la aventaras y sí, coincido contigo en que tener 16 y 25 no es lo mismo, a partir de ahora viene una Candy mucho más plantada, segura y que abrirá ese baúl doloroso que se necesita vaciar para poder llenarlo de cosas hermosas. Besos linda Sandy y nos seguimos leyendo mutuamente.

Al club AAVST, junto a Sandy, Stormaw, Eli y AlexaPQ, abrazos miles hasta donde quiera que estén.

Y a quienes leen en silencio como tantas veces hago yo, mil gracias.

Abrazos y maravillosa semana estrenando año.

ClauT