El suyo, fue sin duda el amor más apasionado y estúpido que alguna vez pudiera ocurrir.

Y lo único que el mundo recordará de él será la sangre derramada. La nueva maldición de la que los dragones no pudieron escapar. El honor roto y la muerte rodeándolo todo.

Él era todo lo que ella siempre había deseado. Ella era lo que siempre pensó que ni siquiera existía.

Hielo y Fuego. La profecía cumplida y encarnada en dos jóvenes con todo por perder, y muy poco que ganar.

Sin embargo debió parecerles suficiente como para huir juntos. Dieron la espalda al mundo, vivieron la intensidad del amor carnal como nunca imaginaron que se podía experimentar. Libres de ataduras, de obligaciones e incluso de profecías aterradoras. Con el sol ardiente de Dorne amparándoles, borrando cualquier reticencia o duda que les quedase.

Mas el resto del mundo no se había olvidado de ellos.

Las armas se levantaron contra los malvados tiranos gobernantes, que raptaban y deshonraban norteñas, sin esperar consecuencias sólo por su posición aventajada.

Tantas muertes por sangre y fuego... Justificadas por un "secuestro", que en verdad se venía pactando desde hacía un año. Cuando comenzó todo en verdad. El preludio del fin.

Cartas y más cartas partían de Invernalia y de Desembarco, cargadas con secretos y amor entre líneas.

Mas nadie había parecido reparar en ellos. Ella estaba prometida y el casado y dispuesto a derrocar a su padre. ¿Quién podía haberlo tan si quiera pensarlo?

El fuego llama al fuego. El dolor llama al dolor. La sangre llama a la sangre.

Ambos murieron. Sí, murieron. Resulta ridículo. Ellos fueron los causantes de tanto sufrimiento como dos mortales habían sido capaces de crear desde la Danza de Dragones.

No pagaron por sus pecados.

En cambio se reunieron en la otra vida, por toda la eternidad.


Lyanna y Rhaegar siempre me han recordado a los amantes de Teruel, tonto ella y tonto él.

(No se qué le pasó a ff cuando subí este capítulo pero hoy me he dado cuenta de que no estaba xD)