Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer, la trama sí es mía.
Capítulo III
"El encuentro"
…
Mientras Esme se encontró ausente, Bella se esforzó por no comer como una salvaje para saciar su hambre y trató de no ponerse nerviosa con las chicas hablándole animadamente. Era agradable el que lo hicieran, pero la castaña no tenía experiencia con las personas.
—… Así que creo que terminaremos por casarnos — Rosalie, la mujer rubia, le contaba acerca del hermano del cochero, que era su amor eterno.
— Y yo con Jasper. Sé que es algo mayor, pero lo quiero tanto — comentó alborotada Alice, poniendo caritas. Y Bella sintió un inesperado pinchazo al saber que siendo mayor que aquellas muchachas, jamás había experimentado un sentimiento así.
Cuando se disponía a comer un último bocado, la puerta se abrió. Entró a una abatida Esme que la observó con una sonrisa triste.
¿Qué sabría la pobre niña sobre lo que era la pasión? ¿Cómo iba a comprender cuando Edward entrara al cuarto para tomar su cuerpo? En tan poco tiempo, un increíble instinto protector se había apoderado de cada célula de su cuerpo. Probablemente debido a su apariencia solitaria y desolada. Lo único que quería era abrazarla y decirle que todo iría bien.
— Ya, ya. Rose y Alice es hora de que se vayan a la cama. — Las muchachas rechistaron aunque ante la mirada seria de Esme, corrieron hacia la puerta.
— Nos veremos mañana.
— Descansa — se despidieron antes de desaparecer.
Algo dentro de la castaña le decía que algo no muy bueno estaba por pasar y la sensación se intensificó cuando Esme le sonrió de aquel modo triste.
— Voy a echarte esto y luego te llevaré al cuarto de invitados. Ya verás cómo todo saldrá bien — la nodriza trató de convencerse de ello mientras cuidadosamente descubría la lastimada espalda de Bella y del mismo modo untaba el ungüento de hierbas en sus heridas. La chica se mantuvo quieta y con los dientes apretados, pues al principio el contacto le producía un gran ardor, pero luego la sensación de descanso era indescriptible.
El silencio se prolongó por un largo tiempo, hasta que Bella reunió el valor necesario para hablar.
— ¿Qué va a sucederme ahora? — Interrogó temiendo la respuesta, pero manteniéndose estoica.
A Esme este hecho la sorprendía, sabía por experiencia propia que al principio el ungüento era desagradable, pero Bella se había quedado por completo quieta, sin emitir ningún sonido. Fue por esto que supo que no podía mentirle.
— Bueno, el dueño de esta casa te trajo por una razón — el corazón de Isabella se aceleró, aunque procuró mantenerse impasible. Marie detestaba que pareciera débil y podía recordar los golpes que le tardó comprenderlo. — Quiere un hijo. — No pudo evitar el nudo que se formó en su garganta ¿un hijo? Es decir que… prefirió dejar el pensamiento. — Él es un hombre bueno, de verdad. Y te tratará bien — más que una información, parecía que Esme trataba de auto creérselo y no dudarlo. Él tendría que portarse bien, se dijo con fiera convicción.
El silencio cayó pesadamente sobre ambas mujeres mientras salían del cuarto y se dirigían escaleras arriba, caminando por el pasillo.
Bella trató de mantener a raya sus temores, por lo que no admiró nada de lo que la rodeaba y Esme parecía demasiado tensa como para tratar de calmarla.
— Mañana vendré a verte temprano. Sólo puedo decirte que trates de estar tranquila — mientras hablaba, sostenía las delgadas y aún frías manos de la muchacha que parecía sumida en sus pensamientos.
Después de todo, Esme no era tan buena. Pensó Bella, retirándose suavemente del contacto de la mujer que pareció leerle el pensamiento.
— Si pudiera haría algo, Bella. De verdad — la castaña simplemente asintió. Ella era buena para soportar el dolor, estaba acostumbrada a él y a las decepciones, esto no sería tan terrible. Se repitió una y otra vez, incluso cuando Esme se retiró de la habitación luego de encender fuego en la chimenea y algunas velas.
Aguardó, sentada al borde la cama, con los hombros hundidos y aferrándose a su propio cuerpo en un abrazo protector. ¿Qué se suponía que tendría que hacer? Ella jamás había estado desnuda frente a un hombre, ni uno frente a ella y no tenía ni idea de lo que el acto en sí era. La idea de tener que hacerlo con un desconocido que probablemente había pagado por ello, le provocaba náuseas. Se despreciaría a sí misma por la eternidad y repudiaría el tacto de aquel hombre que le arrebataría la inocencia de modo brutal, sí, seguramente así sería. Después de todo, la había alimentado y de algún modo tendría que pagárselo ¿no?
Estaré bien, se dijo para calmarse. Bloqueó el resto de sus pensamientos y dudas porque carcomían su mente de forma dolorosa y era peor al pensar en sus padres, en que seguramente esto no sería así de seguir vivos. No, probablemente se habría casado y…
Sus pensamientos se vieron interrumpidos por el ruido de pasos y luego por la puerta siendo abierta.
A pesar de toda su preparación mental, su cuerpo se deshizo en temblores y sus manos comenzaron a sudar. Hasta el color huyó de su rostro al levantarse de un salto para enfrentar al hombre que entraba.
Era muy alto y tenía unos hombros anchos y de seguro fuertes. Inconscientemente se preguntó cuánto dolería un golpe de sus manos grandes y la respuesta la hizo estremecerse con más fuerzas. Su mirada se detuvo en los ojos que la observaban con sorpresa y con otra emoción que la hizo temblar de miedo, abrazándose con más brío el cuerpo que pareció entumecérsele de un segundo a otro.
Edward simplemente no podía creer lo que sus ojos veían, la mujer sucia y fea que había visto en la entrada de su casa se había ido, dejando a una diosa de mirada chocolate y piel de marfil, que a pesar de su delgadez exagerada, las curvas de su cuerpo harían perder la razón a cualquier hombre. Lo sabía porque aunque el vestido le quedaba grande, al ejercer presión con sus brazos la tela se ceñía a sus redondas caderas y estrecha cintura, eso sin contar los generosos senos que parecían más grandes por su abrazo auto protector. Y tenía unas piernas deliciosas, largas y firmes. Su cuerpo estaba hecho para ser besado, tocado y admirado; y él pensaba hacer las tres cosas.
Eso fue lo que pensó hasta que observó su rostro, si él creyó que Victoria o Tanya eran las mujeres más hermosas que había visto, se hallaba por completo equivocado. Sin una pizca de maquillaje u adorno, las facciones de la chica eran perfectas. La piel pálida invitaba a probar la suavidad que prometía, y por Dios, que lo mataran ya si no deseaba besar con locura aquellos labios llenos y de un bonito color rojo. Su cuerpo reaccionó ante la imagen tan deliciosa de la mujer que muy pronto llevaría a su heredero en el vientre, y sabía que disfrutaría de la tarea de engendrarlo. Incluso estaba deseando que no quedara embarazada de inmediato, para así poder disfrutar de los secretos y placeres que aquella fémina le otorgaría todas las noches si acaso fuera necesario.
O bueno, eso creía hasta que observó sus ojos asustados. Grandes y almendrados, enmarcados por unas tupidas pestañas negras que únicamente resaltaban el achocolatado color de sus ojos, incluso a la luz de las velas podía leer el miedo que ella sentía y una parte de las ideas perversas que deseaba consumar se evaporaron.
Caminó hacia ella con cautela, sin despegar la mirada de la suya.
—Soy Lord Masen. — Contuvo el impulso de reseguir la forma del pómulo— ¿Cuál es tu nombre?
— Es… Be-Bella— tartamudeó nerviosa ante la cercanía de aquel hombre. Sabía que la tocaría y el alivio que había sentido por aquella nota de desagrado en sus ojos había desaparecido por completo. Odiaría cada segundo, estaba segura.
— Un bonito nombre — dio un pequeño brinco cuando el hombre tomó un mechón de su cabello para ensortijarlo en su dedo. Edward no podía seguir reprimiendo el deseo de acercarse. — Supongo que ya sabes para qué estás aquí — ella simplemente asintió, dejando caer la mirada. Algo dentro de él se revolvió con incomodidad ante la apariencia tan frágil y desvalida de la chica, aunque se obligó a dejar de lado esa clase de pensamientos. Ya había pagado, y no podía echarse atrás — entonces…creo que esta sería una buena forma de comenzar. — Sintió los temblores de Bella cuando tomó su mentón y la hizo alzar la cara hacia él. De cerca quitaba aún más el aliento, pensó.
Y dejándose nublar por el deseo que había despertado en su interior el tocar la piel suave, se inclinó para depositar un suave beso en la comisura de su boca.
Bella se tensó ante el contacto y trató de dejar de estremecerse por el pánico que atacaba su vientre. Cerró los ojos, apretando los párpados y obligándose a desplazar la mente lejos de su cuerpo, así lo hacía con Marie y le resultaba bastante bien. Él solo retrasa la violencia, pensó, pronto comenzará a jalonearme y me hará daño. Aún así su corazón saltaba bruscamente en su pecho, preso del miedo también.
Cuando los labios de ella hicieron contacto con los suyos, Edward dejó atrás toda reserva que poseía. Él solo quería besarla una y otra vez. Así que eso hizo, se dejó llevar y apretó su boca a la de ella y movió los labios hasta que logró abrirse paso, para suavemente pasar la punta de su lengua a lo largo del labio inferior.
Ante eso, Bella saltó hacia atrás sorprendida y él la retuvo, asiéndola con firmeza de la cintura, apegándola más a su cuerpo que comenzaba a despertarse al roce de la piel femenina, impidiéndole escapar. La castaña trató de mantenerse quieta mientras él saqueaba su boca, evitando las ganas que tenía de apartarlo. No quería esto, jamás lo querría, pero no podía hacer nada. Las lágrimas amenazaron con brotar de sus ojos cuando Edward se volvió más exigente y deslizó las manos por sus caderas y luego por sus nalgas, apegándola a la parte masculina que se presionaba contra su vientre.
Se sintió asqueada de sí misma y luchó por no llorar.
— Respóndeme el beso, mujer — exigió con voz ronca al notar que por más que la incitaba, ella se mantenía rígida contra él, sin moverse ni hacer algo.
— Yo… no sé hacerlo — la voz de la chica era de terror y notó que temblaba entre sus brazos. ¿Qué estoy a punto de hacer? ¿Violarla? Ante esas preguntas, la soltó como si tocarla fuera un crimen. Y hasta cierto punto lo era. Parecía tan joven e ingenua, aunque no podría saber si sólo se trataba de una fachada. A las mujeres de su clase se les daba muy bien la actuación.
— ¿Cuántos años tienes? — Preguntó observando los estragos de sus besos en la piel pálida. Los labios se le habían hinchado y enrojecido. Contrario a lo que debía ser, el hecho le agradó. Sacudió la cabeza, apartando la sensación de satisfacción. Ella era suya porque la había comprado, y el dejarle marcas de su pasión en el cuerpo no significaba nada.
— Dieciocho — era muy joven, pero no lo suficiente como para que se sintiera un criminal por quererse acostar con ella. Sí, porque ciertamente la deseaba. Pero no quería a alguien que simplemente se dejara hacer todo y no hiciera nada, la idea lo irritaba.
La miró pensativo unos segundos, ¿y si todo era un plan? ¿Y si era más experimentada que cualquiera y sólo evitaba quedarse embarazada?
— ¿Eres virgen? — Notó que las mejillas de la muchacha se coloreaban y que bajaba la mirada apenada. Simplemente asintió, y un extraño instinto salvaje se apoderó de él. Sería el primero en tocarla, el primero en su vida y no quería que alguien más la tuviera. Esa mujer era suya, y lo sería más cuando la poseyera. Sin embargo, rápido el sentido común retornó a él. No podía creer sus palabras, no la conocía de nada e involucrar sus sentimientos estaba determinadamente prohibido. — En ese caso, ¿qué hacías en ese burdel? — Interrogó con una nota burlona.
Bella lo observó, dudando en decir la verdad.
— Yo…
— ¿Por qué elegiste eso? ¿No te da miedo estar con un hombre? ¿Acaso no sabes que la mayoría no son gentiles? — Volvió a bajar la cara avergonzada. Y él se molestó, así que sin demasiada delicadeza la obligó a verlo. — Respóndeme — el terror que apareció en la cara de Isabella lo dejó aturdido.
— No lo elegí. — Susurró tan bajito que apenas fue capaz de oírla — yo lo siento mucho, señor. Si me deja tratar de nuevo estoy segura que podré comportarme mejor — ¿por qué le suplicaba? ¿De qué tenía tanto miedo?
— ¿Qué te asusta tanto?
— No quiero disgustarlo, señor. No quiero que usted me…
— ¿Te qué?
— Me castigue. Le aseguro que lo haré bien — y sin que se lo viese venir, la mujer se precipitó a él y besó sus labios de forma torpe. Bien, no le cabía duda de que no sabía hacerlo y a pesar de ello, había algo tan inocente y cálido en su tacto, que no pudo resistir el impulso de responder el beso. Cerró sus ojos y simplemente se dejó embaucar por un instante. Se rindió a los vacilantes y lentos movimientos que Bella ejecutaba con su boca.
Ella guardó dentro de su alma la repulsión que sentía por sí misma y se esforzó en complacer, pues de verdad no quería recibir una golpiza de esas tremendas manos que la estrechaban por la cintura suavemente.
No sabía cuánto tiempo había pasado disfrutando de ese toque inocente, pero su cuerpo ya le urgía por más. Así que la apretó contra sí y oyó el leve gemido que soltó la muchacha, confundiéndolo con uno de placer. Edward simplemente se fijó en la forma en que sus senos se apretaban contra su pecho, incitándolo, así que abandonó la boca de Isabella y besó su mandíbula y cuello con suavidad y dedicación, esperando que dejara la tensión y se abandonara a la pasión de una buena vez. Él no quería ser malvado y deseaba que disfrutara de lo que le haría, no que sufriera. Sin embargo, si ella no colaboraba, lamentablemente no sería de ese modo.
Bella se sorprendió cuando se percató de que la repulsión había desaparecido bastante, dejando una cálida sensación que se esparcía al ritmo de los besos de Edward por su cuello. Era tan diferente a lo que había pensado que sería, que su estupefacción fue enorme al darse cuenta que no quería tratarla mal ni ser rudo con su cuerpo, sino que lo contrario. Por lo que casi no notó que dejaba caer su cabeza hacia un lado para permitirle que la besara.
Él sonrió al notar el cambio en ella, después de todo sí había pasión en su interior y había conseguido despertarla. Ya no temblaba de miedo entre sus brazos y parecía algo más cómoda con su cercanía, así que decidió recompensarla con un largo beso en la boca, sin ir más lejos que los labios.
El jugar a seducirla y seguirle la corriente por un rato estaba resultando sumamente excitante. ¿Una chica inexperta? Ja, sabía perfectamente bien cómo ganar su interés. Pero por el momento estaba dispuesto a pasar por alto su actuación y dejarse llevar. Después de todo, era un buen amante porque lograba cumplir las necesidades de sus compañeras de cama.
Ambos disfrutaron del contacto, y ella tuvo que reconocer que le había gustado. Pero aún no podía dejarse ir, aún pitaba en su cabeza la idea de que él había pagado por su cuerpo y la repugnancia que sentía de aquello.
Muy suavemente Edward bajó un lado del vestido, para besar el hombro derecho tan suave de la mujer que a ratos parecía tensa y a otros, como ahora, aferrada a su pasión y al él. Le agradaban más esos ratos. Sin embargo, al poco tiempo eso fue insuficiente y dejándose llevar por el loco deseo que tenía de ella, le bajó la prenda de una sola vez hasta la cintura. Y supo que había sido demasiado brusco cuando jadeó de sorpresa y se apartó, cubriéndose con las manos. Su tensión había regresado, podía notarlo por sus rígidos hombros.
Maldita sea, escupió en su interior, pues por más miedo que viera en los ojos de Isabella, él seguía deseándola como condenado y ahora volvía a jugar el papel de la muchacha virgen, recatada y asustadiza.
Estaba irritado.
— No debes cubrirte — susurró con voz ronca, deseando que apartara sus brazos del pecho para dejarlo gozarse con la imagen de sus senos. Era una completa mentirosa y muy hábil, había conseguido cegarlo de anhelo, dándole una pequeña muestra para luego echarse atrás.
La mirada de aquel hombre era peligrosa y ardiente y Bella temió de ella, pues parecía ser capaz de ver cada centímetro, incluida su espalda. Se tensó más todavía ante ese pensamiento.
— Yo… — no quería hacerlo, pero tampoco quería ser castigada — por favor, no me obligue a hacerlo — él notó cómo su labio inferior tembló por el llanto que contenía.
Empuñó las manos con frustración e ira. Y dándole un último vistazo enojado, avanzó hacia la puerta y desapareció luego de dar un feroz portazo.
Isabella quedó con el corazón en la garganta y con un montón de lágrimas en los ojos, que amenazaban con derramarse y no dejar de hacerlo nunca. El hombre la asustaba terriblemente y se sentía atrapada, pues sabía que sería muy difícil poder escaparse de allí.
Además, sólo era cuestión de tiempo que la obligara a acostarse con él y no estaría preparada para ello nunca.
Sintiéndose sumamente desdichada se permitió llorar, mientras apretaba el vestido contra sus pechos. Ya no quería seguir viviendo así, no quería tener miedo y estar eternamente obligada a seguir órdenes de alguien más.
Pensó en sus padres y lo mucho que los extrañaba. Los necesitaba tanto.
Lloró amargamente largas horas, y ni siquiera fue capaz de conciliar un sueño profundo, ya que ante cualquier ruido, aunque fuera mínimo, despertaba alterada y esperando que el señor entrara a reclamar con brutalidad su cuerpo, pues no cabía la menor duda de lo enojado que estaba y de sus intenciones.
Esa noche no se sintió aliviada, pero sí angustiada. Porque en el fondo sabía que tarde o temprano lo inevitable ocurriría.
Hola! ¿Qué les pareció este primer encuentro? Ese Edward sí está loco eh… bueno, ya me dirán qué opinan.
Chicas, muchas gracias por el apoyo y ánimo, me alegran la vida y me animan a seguir, les agradezco los reviews, favoritos y alertas, y sepan que sí o sí terminaré esta historia, así que no se preocupen, repito que aunque me tarde, lo haré.
Bueno, aprovechando que ando inspirada y tengo tiempo, me iré a escribir para tener capítulos listos jaja.
Me despido deseándoles buena tarde y esperando que les haya gustado el cap.
Un abrazote y muchas bendiciones!
Pd: Lamento cualquier error ortográfico y/o de gramática que pude haber pasado por alto.
