Capítulo 3. La Danzarina del agua.

Gaara.

No tardó en abandonar la casa una vez Kankuro se marchó con Yashamaru y Temari se encerró en la habitación de Hinata Hyuga con sus pesadas amigas. Salió sin hacer ruido, como llevaba haciendo cada noche desde hacía demasiado tiempo como para recordarlo.

Pasó por delante de la puerta de la habitación en la que estaban las chicas y las escuchó gritar y reírse. Rodó los ojos y bufó molesto ante el escándalo. Odiaba ese tipo de chicas molestas que sólo sabían dar grititos y hablar de estupideces. Recordaba precisamente el momento en que había empezado a odiarlas. El instante en que la molestia se transformó en repugnancia y desprecio hacia ellas.

Ese recuerdo a menudo la asaltaba, golpeándolo cuando menos se lo esperaba. Cuando creía que eso ya no le importaba, dejándolo frío y sin aliento un momento. Era uno de los pocos momentos en que era vulnerable; uno de los momentos en que máscara de frialdad que había decidido llevar se resquebrajaba, aunque nunca tardaba en ser reconstruida.

Apretó los puños y se apresuró a bajar las escaleras sigiloso como una pantera. Se miró un momento en el espejo de la espaciosa entrada para comprobar que tanto su camiseta color rojo oscuro como sus vaqueros no estaban fuera de su sitio, y salió al exterior sin más.

Normalmente Gaara se dedicaba a vagar por las noches. Visitaba el invernadero que tenían en casa y se entretenía observando las diversas plantas que allí crecían. O bien se sentaba en las tumbonas de la piscina y se quedaba mirando el cielo hasta que llegaba el alba.

Pero su lugar predilecto era, sin duda, la playa. Adoraba adentrarse en el bosquecillo de pinos con los pies descalzos y sentir la arena debajo de éstos. El olor a mar. El sonido de las olas cuando el viento removía las aguas…

Y sólo él era testigo de ello. De noche, cuando su insomnio lo atrapaba, Gaara iba a la playa. A veces se daba un breve baño que enfriaba su cabeza y lo relajaba. Otras veces simplemente se quedaba sentado en la arena, adorando la soledad y el silencio.

Ahí no había ningún recuerdo malo, sólo buenos. Ahí no estaba Temari, insistiendo por cambiarlo. Ni Kankuro, que se había resignado y se limitaba a observarlo con temor y pena. Tampoco Yashamaru, cuya dulce amabilidad sólo le parecía un intento vano de conseguir que Gaara confiase en los demás nuevamente.

Pero sólo había una sola persona en la que Gaara confiaba. Un chico rubio de ojos celestes vivaces que siempre andaba corriendo y chillando. Era justamente lo contrario a Gaara, pero Naruto, que así era como se llamaba, tenía algo que nadie más tenía: La capacidad de hacer de cualquier persona su amigo. Si Naruto te atrapaba en su radar de amistad, acabarías formando parte de su círculo. Era inútil resistirse.

Su carácter tan extrovertido y lleno de vida era como el Sol. Su calidez te atrapaba. Su paciencia y fe en los demás te hacían no querer decepcionarlo. Brillaba demasiado para seres como Gaara, que preferían refugiarse en las sombras.

Gaara nunca había dicho esas palabras en voz alta, pero así las sentía. Si alguna vez tenía que dar la vida por el amigo que más fe depositaba en él, la daría sin pestañear. Era como el hermano travieso que siempre hubiera querido tener, pues él no se limitaba a observarlo y dejar que impusiese su ley. Si algo no le gustaba Naruto, te lo haría saber y te haría entrar en razón a cabezazos si así era necesario.

El pelirrojo se deshizo de sus zapatos una vez llegó al límite del diminuto bosquecillo y los cogió con la mano para adentrarse en él. Anduvo en silencio en la más completa oscuridad, con la única compañía del roce de sus pies contra la arena y el zumbido de algún mosquito ocasional que pasaba peligrosamente cerca de su cara.

Se sacó la camiseta una vez dejó atrás el bosquecillo de pinos, no sin antes dejar los zapatos en la arena. Luego se quitó los vaqueros, que cayeron con un suave golpe. Gaara dio un pequeño salto para salir de ellos. Había decidido que esa noche se daría un baño y, aunque tenía que hacerlo en ropa interior, no le incomodaba al encontrarse solo. Casi nadie acudía nunca a esa playa en la que su familia pasaba gran parte del verano, así que no tenía que preocuparse.

Caminó hasta la orilla y se adentró en el agua en calma. Estaba cálida después de haber sido expuesta al intenso Sol durante el día y Gaara no tardó en introducirse por completo en ella y echar a nadar.

Aunque a mucha gente le aterrorizaba la idea de bañarse de noche por no poder ver nada, a Gaara le resultaba agradable. La playa sólo estaba levemente iluminada por la luz de una Luna grande y redonda, rodeada de estrellas brillantes. Con la luz de la ciudad, esas estrellas no podían verse. Era algo que sólo veía él cuando escapaba por las noches y nadie más. Era algo suyo, o así lo veía.

Se quedó flotando boca arriba en el agua pensando en los pocos días que quedaban para volver al instituto. Era algo que estaba agriando su humor más que de costumbre, no porque no les gustase estudiar, si no porque allí había alguien que quería evitar ver a toda costa. Sólo de pensar en volver a ver su rostro hipócrita lo sacaba de sus casillas y lo molestaba. Y sabía que estaba pagándolo con Temari y los demás, especialmente con Hinata Hyuga.

Pero no podía evitarlo. Había encontrado en molestar a Hinata Hyuga una especie de liberación para todo aquello que llevaba reprimiendo desde hacía bastante tiempo. De alguna forma veía en ella a todas esas personas que parecían tener un corazón noble y siempre acababan dañándolo. Las personas que le habían hecho darse cuenta de que sólo debía amarse a sí mismo.

Seguro que ella era así: Parecía una mojigata, pero en cuanto su hermana y los demás se descuidasen saldría la víbora que llevaba dentro. Como Sari. Como…

El sonido de alguien vomitando en medio de aquel absoluto silencio ahogó sus pensamientos y lo hizo incorporarse en el agua y escrutar la oscuridad buscando al responsable. Su vista se paseó por la arena de la playa varias veces sin ver a nadie. Unos segundos después, una figura tambaleante e indudablemente femenina salió de entre la primera hilera de pinos.

Gaara frunció el ceño, molesto. No le hacía gracia la idea de que borrachos indeseables mancillasen SU playa. Quizás estaban llegando más para continuar con la fiesta en aquel lugar y a gritar toda la noche perturbando su tan ansiada paz.

Sin ser consciente de ello, el joven pelirrojo se había ido acercando nuevamente a la orilla para salir del agua y preguntarle a la chica quién era y qué hacía allí. Conforme se acercaba fue advirtiendo gestos en ella que le resultaban muy familiares.

Y cuando la chica tropezó y cayó torpemente sobre la arena, no le cupo duda de quién se trataba.

-Hablando del rey de Roma…-murmuró Gaara para sí deteniéndose con el agua a la altura de los muslos-. Hinata Hyuga, y parece que va borracha.

Porque era ella, de eso estaba seguro. Esa torpeza no la tenía cualquiera. La observó largo rato mientras ella se levantaba y se sacudía la arena que había quedado prendida a su ropa. Luego la chica miró hacia el agua y en menos que canta un gallo estaba arrodilladla sobre la orilla, formando un cuenco con sus manos con el que recoger agua y limpiarse la cara.

Gaara bufó, percatándose de que ella aún no había notado su presencia, pese a que había pasado a un metro escaso de la ropa que delataba que estaba allí. Era una chica estúpida de verdad. Si Gaara fuese un violador ya se habría abalanzado sobre ella mil veces, ¿cómo podía existir un ser tan descuidado?

Iba a decirle algo para advertirle de que no estaba sola pero las palabras se le atragantaron cuando la chica se sacó la pequeña camiseta de tirantes y el pantalón corto de pijama quedándose en ropa interior. Lo hizo tan rápido que a Gaara no le dio tiempo a advertirle de que la iba a ver.

Aunque después de lo que vio, una parte (pervertida) de él se alegró de no haberla avisado en un primer momento. Agrandó los ojos sorprendido por la escena que se estaba desarrollando ante él. Si una vidente le hubiera dicho que esto iba a estar pasando, Gaara la habría acusado de farsante y se habría largado sin pagar por la estafa.

Hinata Hyuga estaba adentrándose en el agua, como una pequeña diosa de ojos perla y cabello oscuro recogido en una trenza casi deshecha. Gaara nunca habría imaginado que, debajo de toda esa ropa holgada y antigua, y de ese bañador escolar horroroso que aplanaba pechos y traseros haciendo a las chicas parecer hombres, se escondía un ser tan atractivo de piel de porcelana.

La observó en silencio, anonadado, temeroso de pestañear por si la visión se desvanecía. Una visión de curvas perfectas, de piel pálida y delicada, pechos grandes y firmes que parecían suaves, zonas llenas donde tenían que estar llenas. No era como una de esas chicas casi esqueléticas que tanto repelús le daban, para nada. Tenía cuerpo de mujer. De una mujer muy…

-Sexy-murmuró Gaara para sí, repasando con su vista la fina lencería que la joven llevaba, averiguando por su aspecto que debía ser cara-. Muy sexy.

Y para sorprenderlo aún más, Hinata Hyuga de repente empezó a bailar con elegancia en el agua. Como una ninfa del bosque que se hubiera aventurado al mar. O eso le estaba pareciendo a Gaara, cuando vio como su cabello se soltaba de la trenza y empezaba a girar con ella y con el agua que estaba levantando con sus manos haciendo el espectáculo visual aún más bello.

Atrás parecía haber quedado la torpeza que solía exhibir en su presencia. La timidez y la mirada huidiza habían sido engullidas por el agua o la arena.

Como si de un sueño se tratase, Gaara continuó observándola, deseando en su fuero interno que ella no se percatase nunca de que estaba allí y que había logrado acaparar toda su atención. Se sentía tan estúpido y a la vez tan fascinado… Una lucha interna por interrumpir y hacer algún comentario hiriente o por ir y abrazarla y tocar el hermoso cuerpo que acaba de descubrir que tenía.

Hinata efectuó un giro alzando mucho los brazos haciendo así que su larga cabellera envolviese su cuerpo. Y Gaara deseó ser cabello, agua, tierra, o la simple luz de la Luna que la bañaba.

Deseó ser todo eso y más, y cuando el calor comenzó a extenderse por todo su cuerpo hasta llegar a la entrepierna se zambulló en el agua, alarmado por las sensaciones que la aburrida Hinata Hyuga estaba despertando en él.

Lo había hecho sabiendo que eso la asustaría y se detendría. Y de paso el pararía de hacer que sus pensamientos subiesen de tono. Salió nuevamente del agua con el cabello chorreando y la respiración acelerada y volvió a buscar a Hinata Hyuga con la mirada. La joven, como ya suponía, había detenido su danza.

-Hinata Hyuga-saludó con su frialdad habitual, tratando de ocultar cualquier emoción que segundos antes tuviera-. Bailas bien.

Se aproximó a la chica a través del agua para ver mejor su rostro, tan rojo como el cabello de Gaara. La joven fue a decir algo, pero de repente perdió la consciencia y cayó al agua, desmayada de pura vergüenza.

Gaara se apresuró a sacarla antes de que se ahogase y la sostuvo en sus brazos, luchando por no tener pensamientos impuros por tenerla tan cerca. Se esperaba que ella pidiese disculpas y saliese corriendo entre grititos avergonzados, pero no eso. Se había quedado completamente KO al haberse sabido descubierta por la persona que peor la trataba de toda la casa.

Gaara observó su rostro, con el ceño levemente fruncido y se descubrió a sí mismo sonriendo un poco. Hinata Hyuga acababa de sorprenderlo, y no todo el mundo lograba hacer eso. Quizás, después de todo, la joven sosa que había llegado a casa destilando correctos modales y buena educación tenía muchas más sorpresas dentro de ella que nadie habría esperado.

Cargándola como si fuera un bebé, Gaara sacó a la amiga de su hermana del agua y ni siquiera recogió sus respectivas ropas antes de adentrarse al bosque de pinos. Descalzo y enfundado en sus bóxers de color negro empapados, Gaara se dirigió hacia su hogar cargando todo el tiempo con la chica desmayada. Tenía que llegar cuanto antes y hacerle oler sales que la despertasen. Además, le iba a ordenar que se lavase los dientes, pues el olor a la cerveza de Temari delataba que Hinata había estado bebiendo. Y mucho.

-Probablemente se puso a danzar así por ir bebida-pensó Gaara en voz alta. Luego miró su rostro aún desmayado-. Las chicas que nunca han probado alcohol no deberían pasarse la primera vez.

Guardó silencio el resto del camino y cuando llegó a la puerta de su casa cansado ya de cargar a la chica se dio cuenta de que las llaves habían quedado olvidadas en el pantalón que había llevado a la playa. Se insultó a sí mismo mentalmente hasta que recordó las que usaba el servicio para entrar por la cocina, que solían estar ocultas en la tercera maceta que había al lado de la puerta.

Dio un rodeo a la casa hasta llegar a la pequeña y bastante oculta puerta de la cocina y rebuscó entre las plantas como buenamente pudo hasta dar con las llaves. Consiguió abrir con el pensamiento de que se merecía una medalla por lograr hacer todo eso con una chica en brazos.

Ahora se encontraba ante la prueba más difícil: Que Temari estuviera buscando a Hinata como una loca con las otras dos chicas y al verlos en ese estado pensase cosas que no eran.

En el más absoluto de los silencios, Gaara se apresuró a cruzar la casa hasta llegar a las escaleras que conducían a las habitaciones. Por ahora Temari no había aparecido desde ningún lugar dispuesta a darle una patada en la cabeza y rescatar a su inconsciente amiga.

Cogiendo aire y valor, Gaara subió las escaleras dándose la mayor prisa posible y advirtiendo el rastro de arena y agua que estaba dejando por todas partes, como una prueba incriminatoria de donde había estado. Se prometió limpiarlo en cuanto hubiera acabado de despertar a Hinata y devolverla sana y salva con su hermana.

Ralentizó el paso y agudizó el oído cuando pasó frente a la habitación de la Hyuga, donde las demás dormían, o eso se suponía. El silencio fue la única respuesta que obtuvo el oído de Gaara que, más confiado de no perder la vida esa noche a manos de una enfurecida y brutal Temari (ayudada por una psicópata como Sakura y una femme fatale como Ino, claro está).

Y, por fin, después de deslizarse por toda su casa como una sombra o un ladrón, se encontraba en la puerta de su habitación. Con un suspiro de alivio, Gaara giró el picaporte y se adentró en ella, encendiendo la luz con el codo y cerrando la puerta con un pie. Se dirigió después hacia su cama de color gris oscuro con cojines rojos sangre y negros y depositó allí a la chica, que seguía sin inmutarse.

Y entonces por fin pudo respirar tranquilo. Flexionó los brazos, cansados del largo rato que la había estado cargando. Se estiró como un felino y contempló la visión de la joven recostada en su cama, como si fuera el lugar más plácido del mundo.

Decidió salir de su habitación en busca de las sales antes de que las sensaciones que le había provocado cuando la había visto danzar en el agua regresasen a él y no pudiera evitar hacer algo estúpido como olerle el cabello o acariciarle el rostro o el vientre. Si abría los ojos y lo veía haciendo eso, Gaara perdería todo el respeto que le tenía Hinata Hyuga.

Mientras caminaba hacia el baño y, una vez allí, buscaba las sales para desmayos, se preguntó por qué demonios no la había dejado en la arena hasta que se levantase por su propio pie. Habría sido más cómodo, menos cansado. Y ahora mismo no la tendría en su cama sin poder hacerle nada sexual.

El motivo era simple: Gaara se había asustado al verla desplomarse de repente como un pajarito atrapado por una ola de frío. Había temido que algo malo le sucediese por el desmayo y el alcohol y por eso había decidido traerla de vuelta cuanto antes y despertarla. Y el ver su cuerpo semidesnudo en su propia cama le estaba subiendo la temperatura corporal.

Aunque era frío por naturaleza y Naruto solía bromear con él diciéndole que ni siquiera la sangre le hervía con las revistas Playboy que solía traer a clase para comentar con otros compañeros, Gaara también era un hombre. Un chico. De dieciséis años que, como todos, sentía más que curiosidad por el sexo.

Pero él no lo demostraba. No le gustaba parecer un perro baboso cada vez que pasase una chica bonita en minifalda. No era su estilo; además de que tampoco se le daba muy bien socializar con el resto del mundo, lo que hacía más grave su problema. De hecho, la última vez y la primera que había estado con una chica de forma más íntima había sido con Sari, y de eso hacía ya más de un año. Aunque alguna vez había sentido la necesidad de estar nuevamente con otras chicas, nunca había sabido muy bien cómo abordar el tema pese a las evidentes miradas de deseo de algunas de sus compañeras.

A veces, pensaba, le gustaría ser más como Sasuke Uchiha, otro amigo suyo, aunque menos íntimo que Naruto. El Uchiha tenía así como un ejército de fans que lo seguían allá donde fuesen y él sabía sacar partido de ello. Sólo bastaba una mirada y un "mi casa está sola este viernes" para que cualquiera de sus fans acudiese presta al hogar del joven moreno dispuesta a complacerlo.

Pero Gaara no era así. Le costaba hablar con los demás, y más si la otra persona era una chica histérica que quería arrancarle la ropa con los dientes. Se bloqueaba. Por eso recurría a su máscara de hielo que lo alejaba del mundo y por la que algunas suspiraban al sentirlo "inalcanzable".

El pelirrojo sonrió cuando por fin dio con las sales. Despertaría Hinata Hyuga, le contaría lo ocurrido, le preguntaría que tal estaba de su borrachera y la despacharía. Luego volvería a la playa a recoger sus cosas y quizás a la vuelta se diese una ducha. Luego leería hasta conseguir dormir algo y si no, pues ésta sería una más de sus muchas noches sin pegar ojo. A este paso, sus ya distintivas ojeras acabarían cubriéndole toda la cara.

O, mejor, pensó, pasaría la noche en la playa, bañándose a solas. Era una idea atractiva.

Salió del baño preparando mentalmente lo que le diría a la chica para que no pensase que se había aprovechado de ella. Al día siguiente quería que todo fuese normal y que Hinata Hyuga no contase la pequeña aventura nocturna que habían compartido aquella noche. Serían demasiadas preguntas, y Gaara quería estar en paz con el mundo.

En su habitación todo seguía como cuando se había ido. La tentación seguía recostada sobre su cama, ajena a todo lo que estaba pasando por la cabeza de la persona que la había traído hasta un lugar seguro. Gaara suspiró imperceptiblemente y se sentó al lado de ella para colocarle las sales bajo las fosas nasales.

No transcurrieron apenas unos segundos cuando los párpados de la joven temblaron y se fueron abriendo poco a poco, revelando unos confusos y somnolientos ojos perlados. Hinata Hyuga se encontró repentinamente con la mirada seria de Gaara y eso la hizo reaccionar.

-¿Dónde estoy?-preguntó incorporándose con lentitud mirando en derredor-No sé donde estoy.

-Es mi habitación-informó Gaara. Hinata parpadeó varias veces sin entender y Gaara reparó en lo oscuras y largas que tenía las pestañas-. Te desmayaste en la playa y te traje hasta casa para que descansases. Sólo eso.

La cara de Hinata se fue transformando conforme los recuerdos acudían a su mente. Pasó de su color pálido natural a un rosa encantador, para luego acabar siendo un rojo pimiento con el que Gaara temió que acabase desmayándose nuevamente. Fue abriendo nuevamente el taponcito de las sales para actuar con rapidez.

Sin embargo, Hinata Hyuga no se desmayó. Con suma lentitud alzó la vista hacia él y lo miró de arriba abajo, reparando en que el chico sólo llevaba la ropa interior. Luego se miró a sí misma y su rostro pasó del rojo intenso a pálido cadáver. Llevaba un buen rato en paños menores delante del hermano menor de Temari.

Con la velocidad propia de un guepardo, Hinata agarró los cojines rojos y negros de la cama de Gaara y tapó su cuerpo con ellos como buenamente pudo. Gaara sólo pensó que, para su desgracia, nunca podría volver a recostar la cabeza en esos cojines sin excitarse. Molesto por toda la situación se acercó a la joven para quedar a escasos centímetros de su cara.

-Te he cargado desde la playa hasta mi casa. He visto como te desvestías allí y como bailabas. No tiene sentido que te tapes ahora, Hinata Hyuga-ella exhaló y Gaara arrugó el entrecejo-. Por cierto, aún apestas a alcohol y un poco a vómito. Deberías lavarte los dientes.

La chica cerró la boca convirtiendo sus labios en una fina línea rosada. Tras unos segundos así, los volvió a despegar.

-¿Tú y yo…? Nosotros… ¿Hemos…?

-No-Gaara negó con la cabeza para enfatizar-. No soy un aprovechado. Aunque créeme, cualquier otro en mi situación probablemente habría echado alguna miradita a dónde no debía. Deberías ser más cuidadosa cuando vas bebida, Hyuga.

De hecho, a él le había faltado, poco, muy poco, para acabar cediendo a sus bajas pasiones si ella hubiese seguido ahí tumbada y con ese aspecto inocente y sensual.

Hinata respiró aliviada por no haber hecho ninguna imprudencia y finalmente apartó los cojines levemente para ver su ropa interior, que olía a mar y sal. Eso la disgustó, pues no le gustaba estropear las prendas.

-¿Te sientes mejor después de haber vomitado y haberte refrescado en el mar?-preguntó Gaara.

Hinata lo observó con rostro culpable y asintió lentamente, aferrándose nuevamente a los cojines.

-M-me sentiría mejor si p-pudiese darme un baño-murmuró con su vocecita tímida habitual que tanto irritaba a Gaara.

-Pues ve a dártelo y duerme. Más tarde iré a recuperar nuestras cosas y mañana te las daré-Gaara se incorporó dando por finalizada la conversación-. Me gustaría cambiarme, así que sal, por favor.

La chica asintió y se levantó deprisa, tratando de salir cuanto antes de allí. Dejó los cojines nuevamente en su sitio y echó a andar, pero antes de llegar a la puerta se tambaleó un poco hacia un lado y Gaara la sujetó del codo antes de que se precipitase.

Su danzarina del agua parecía tener el equilibrio trastocado. La sujetó hasta que la chica se atrevió a mirarlo.

-Aún estoy un poco mareada….por la bebida. No me sienta bien-dijo de un tirón, sin tartamudear-¿P- puedes acompañarme, por favor?

-¿Vas a bañarte en ese estado? Ve y duerme, mañana lo harás-ordenó Gaara-. No quiero que te abras la cabeza en la bañera y me echen la culpa a mí.

Hinata negó y se zafó de él. Juntó los dedos índices en una señal de nerviosísimo mientras le explicaba.

-V-voy a d-dormir en algún lugar del piso inferior. T-Temari y las demás ya estarán durmiendo. No quiero mo-molestar.

Gaara le sostuvo la mirada hasta que ella la bajó intimidada, y entonces tomó una decisión. Sabía que estaba siendo estúpido, pero quería verla un poco más, descubrir si podía sorprenderlo esa noche más de lo que ya lo había hecho al verla bailar sobre el agua.

Sin mediar palabra se dirigió hacia su armario y buscó una camiseta vieja de color blanco y manga corta. Luego sacó uno de sus bóxers oscuros, poco usados. Lo dobló todo y se lo tendió a Hinata Hyuga.

-Tu pijama de esta noche- se acercó la puerta aún en ropa interior. Se había acostumbrado a estar así delante de ella sin ningún pudor-. Te acompaño al baño. Me pondré de espaldas a ti y me darás conversación para demostrar que no te has caído y has muerto ahogada. Luego dormirás aquí y mañana temprano te irás y fingiremos que esto nunca ha pasado.

Si la chica se escandalizó, se ofendió o se sorprendió por su atrevimiento, no dio muestras de ello. Al mirarla a la cara, Gaara reconoció la expresión levemente ida de la gente que seguía un poco achispada después de beber. Si a ello se le sumaba el cansancio, Hinata Hyuga no se encontraba en condiciones de replicar. Cuando él estuvo a su lado, simplemente abrió la puerta y salió al pasillo cargando su nuevo pijama improvisado.

Gaara salió tras ella y se dedicó a contemplarla caminar. Sólo de pensar que ahora estarían en la misma habitación mientras Hinata tomaba un baño y no podía girarse para mirarla, servía para producirle dolor de estómago. Cogió aire y regresó a su póker face de siempre.

-C-Cuando esté dentro te aviso, Gaara-le dijo Hinata antes de entrar al baño-.N-No ti-tienes que hacerlo, si no quieres.

-Calla y entra. Recuerda avisarme-le dijo de malas maneras, apoyándose despreocupadamente contra la pared-. Y lávate los dientes antes de meterte en la bañera.

Hinata agachó la cabeza, asintió y cerró con delicadeza, sin apenas hacer ruido. Gaara se separó entonces de la pared y se pasó una mano por el pelo, maldiciendo sus brillantes ideas que iban a volverlo loco esa noche. Contempló la puerta en silencio, esperando a que la voz de Hinata le dijese que ya podía entrar. Y poco después lo hizo.

-Ya estoy li-lista, Gaara.

El pelirrojo entró de espaldas y cerró la puerta manteniéndose con la mirada en ella. Podía sentir el vapor, oler los geles y los champús, además del pequeño chapoteo que hacía Hinata cada vez que se movía. Para alejar sus pensamientos más pervertidos, Gaara decidió hacerle preguntas.

-¿Por qué estabas en la playa?

-Tuve calor dentro de la casa, así que salí a ca-caminar- explicó ella con una voz que denotaba vergüenza-. Acabé en la playa sin d-darme c-cuenta. Estaba muy mareada y sudorosa. P-por eso vomité-dijo, como justificándose-. El alcohol m-me sentó muy mal, así que quise refrescarme.

Gaara cerró los ojos rememorando el momento en que ella se había desvestido y se había quedado de pie en la orilla, con el agua bañándole las pantorrillas. Volvió a sentir el familiar calorcillo en el estómago, así que siguió con el interrogatorio.

-¿Y por qué comenzaste a bailar?-mala pregunta. Eso sólo le hacía pensar en cosas aún peores.

-Bueno, recordé a mi m-maestra, Kurenai. N-nos daba clases a mis amigos y a mí, p-pero yo le tenía un cariño especial. Era b-buena bailarina y se prestó a enseñarme a espaldas de m-mi padre. Es la única vez q-que he hecho algo a sus espaldas tanto tiempo. Y K-Kurenai solía enseñarme en un río con una bella cascada que había muy cerca de mi hogar.

Su voz era tan nostálgica y preñada de tristeza que hasta Gaara sintió pena. Esa chica de veras extrañaba a los suyos, cosa que él no podía entender demasiado bien. Bueno, aunque seguramente acabaría extrañando a sus hermanos y a Naruto si alguna vez si iba, pero nada más. Y sólo un poco.

-M-mi padre p-prefería que me dedicase a estudiar para dirigir la empresa, como hacía mi p-primo Neji. Cuando supo que bailaba, me prohibió ver a Kurenai de nuevo-dijo.

-Siempre haces lo que tu padre te ordena, aunque no te guste, ¿verdad?-le preguntó Gaara sin malicia.

-Sí-Gaara la oyó moverse en el agua-. He de ha-hacerlo. La familia es lo primero.

A Gaara le sorprendió sentirse identificado con Hinata. Ambos tenían un padre autoritario que, al parecer, exigía mucho de sus hijos. Pero nunca era suficiente. Nunca lo era.

-Entiendo, Hinata Hyuga-le dijo con sinceridad-. Te entiendo.

Se hizo un breve silencio después de aquello que fue roto por el sonido del agua cuando ella salió. Gaara la oyó hacer ruido secándose con la toalla. Luego escuchó unos pasitos ligeros y la escuchó vestirse. Cuando hubo acabado, lo tocó en el hombro.

-P-podemos irnos—dijo con algo de incomodidad, aunque con una voz de cansancio tremenda. Gaara se giró para ver qué tal estaba y añadió la camiseta y los bóxers a la colección de cosas que no podría volver a tocar jamás sin excitarse.

Si Hinata era hermosa en ropa interior, la ropa de chico junto con el cabello empapado y las mejillas sonrojadas no se quedaban atrás. Gaara no pudo evitar repasarla lentamente, manteniendo un aspecto frío por fuera, aunque por dentro se propagaba un incendio que temía que acabase llegando a su entrepierna, delatándolo.

También se sintió idiota por haberle dado una camiseta blanca, con la que se le estaba transparentando prácticamente todo. Iba a pasarlo horriblemente mal aquella noche si tenía que dormir en la misma cama que ella.

No obstante, no retrocedió en su decisión y la dirigió de nuevo a su habitación. Una vez dentro le pidió a Hinata que se girase para cambiarse de ropa interior y ponerse unos bóxers limpios y secos y un pantalón corto que usaba para dormir. Cuando estuvo listo, destapó la colcha de la cama y la tiró al suelo para lavarla al día siguiente, pues estaba llena de arena.

-Saca una manta del tercer cajón del armario grande negro-le pidió a Hinata mientras acomodaba la almohada.

La chica lo hizo y con ayuda de Gaara, ambos prepararon la cama que iban a compartir con sumo cuidado, como evitando el momento en que tuvieran que tumbarse uno al lado del otro. Dos completos extraños compartiendo colchón. Uno de ellos un chico joven que sentía que de un momento a otro iba a arrancar la camiseta y los bóxers de su compañera y hacerle lo que estaba seguro que nunca antes nadie le había hecho.

-Bueno…B-buenas noches-dijo Hinata dando el primer paso. Se sentó en un lado de la cama y se tumbó, tapándose con su trozo de manta hasta la cintura.

-Buenas noches-respondió Gaara imitándola y tumbándose boca arriba en silencio, con los ojos clavados en el techo. Apagó la luz dándole al interruptor que había encima de la cabecera de la cama y se quedó inmóvil, aguardando a que Hinata se durmiese para salir de nuevo y terminar su noche de playa como había planeado.

Sin embargo la voz de la chica lo llamó.

-¿Por qué estabas tú en la playa?-preguntó sin tartamudear. Quizás la oscuridad la volvía más osada.

Y Gaara decidió responderle con la verdad, sin rodeos.

-Padezco insomnio. Apenas puedo dormir y a veces sufro episodios de ansiedad por ese motivo-le explicó con una voz monocorde, pues odiaba hablar de sí mismo y sus problemas-. Como no puedo dormir, aprovecho para hacer cualquier cosa que me apetezca por la noche. Hoy quería ir a la playa.

-Ah…-fue la respuesta de ella- ¿Y por qué no puedes dormir?

-No te importa.

-Sí me importa-le respondió, sorprendiéndolo de nuevo-. Temari es mi amiga y se preocupa por ti. Claro que me importa que ella sufra. Si puedo hacer cualquier cosa por Temari lo haré.

Y lo dijo enfadada de verdad. Gaara sonrió en la oscuridad, no pudo evitarlo. Desde luego, estar a oscuras le había infundido valor. Quizás porque no tenía que enfrentarse a su intimidante mirada.

Además, la forma en que decía las cosas le recordaba a su mejor amigo.

-Quizás algún día te lo diga, pero no ahora. Duerme, Hinata Hyuga. Mañana te dolerá la cabeza.

-Sólo una cosa más-pidió ella en un susurro-¿Por qué te tatuaste la palabra "amor" en la frente?

Gaara la oyó moverse y la notó cerca de él, pegada a su lado, mirándolo. Él también se puso de costado para quedar los dos frente a frente. Con su vista acostumbrada a la oscuridad, podía distinguir la figura y levemente el rostro de Hinata.

-Para recordarme que sólo debo amarme a mí mismo-le respondió, con un tono que daba a entender que el tema quedaba zanjado.

Oyó a Hinata Hyuga bostezar de puro cansancio y de repente notó su mano tocando el lugar donde estaba tatuado el kanji. Rozó su frente con la punta de los dedos y cuando los separó, Hinata Hyuga sólo dijo una cosa:

-Te han roto el corazón, ¿verdad?

Y después Gaara la oyó respirar pesadamente. Morfeo se la había llevado antes de que él pudiese contestar.

-Desde luego, eres sorprendente, Hinata-susurró, atreviéndose a rozarle el rostro con el dorso de la mano-. Eres muy interesante, ¿quién lo iba a decir? No sabía que podías ver más allá de las personas.

Gaara decidió que su baño nocturno podía esperar. Se quedaría toda la noche velando por el sueño de Hinata Hyuga, a la vez que una idea iba formándose en su mente. Una idea que determinaría como viviría los siguientes meses de su vida junto a esa chica.

Una idea que acabaría trayéndole más problemas de los que quería.

Y, esa noche, Hinata Hyuga volvió a sorprenderlo una vez más.

Fue en su compañía cuando durmió varias horas seguidas por primera vez en mucho tiempo.