Naruto © Masashi Kishimoto
Tormenta en el desierto
By
Ran White
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Capítulo 2
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Momoka se encontraba frente al sexto Hokage. Vestía el uniforme típico y la máscara del escuadrón ANBU. Se inclinó en señal de respeto cuando el Sexto se levantó de su asiento para recibirla.
—Pensé que tendría que tratar todos los asuntos del Niwa con Midori— una pequeña sonrisa se dibujó sobre la tela negra que cubría parte de su rostro.
—Yo… lo siento, Hokage-sama. He estado un poco indispuesta— mintió.
Un incómodo silencio se alojó entre ellos. Y el trato formal que la kunoichi usaba para dirigirse a Kakashi solo lo empeoraba. Era como si dos simples conocidos se hubiesen reencontrado, como si entre ellos no hubiera nada que decir, a parte de los asuntos oficiales de la aldea. Pero la realidad era otra. Había tanto que decir, pero que era mejor callar.
—Estos son los últimos informes que hemos recibido— Momoka se acercó al escritorio y depositó ahí los informes que traía.
Kakashi tomó asiento y empezó a revisarlos. Era un Hokage eficiente, en el tiempo que llevaba en el cargo no había permitido que el trabajo se le acumulara. Selló y firmó varios de los informes, y hubiese seguido revisándolos hasta el final si no hubiese notado que la kunoichi agitaba su pie izquierdo constantemente. ¿Estaba nerviosa?, o ¿incómoda quizá?
—Si no me necesita… debería retirarme, Hokage-sama.
El platinado dejó a un lado los informes, y posó sus ojos en la castaña.
—Te necesito —dijo con voz profunda.
Momoka se descolocó por el comentario. No esperaba escucharlo decir aquello. Aunque las palabras del Hokage no tenían el significado que ella deseaba. Kakashi era cruel, eso pensó.
—Entonces, me quedaré un poco más.
—Quítate la máscara— ordenó.
Ella obedeció y él la observó.
Había cambiado muy poco en la última década. Lucía tan hermosa como la recordaba. La conocía desde que era una niña, la vio crecer con el pasar de los años y ahora la tenía frente a él, hecha toda una mujer. Sintió necesidad de levantarse y estrecharla entre sus brazos, y aprisionar sus labios con los suyos. Extrañaba tanto tenerla tan cerca. Pero se controló casi al instante. No podía permitirse acercarse a ella. Estaba seguro de que si la tenía a escasos centímetros de distancia rompería las reglas del Niwa. Otra vez.
—Necesito a Ino para una nueva misión.
—¿A Ino o a Karen? — inquirió ella.
—A ambas.
Momoka frunció el ceño ante la respuesta de Kakashi. No le agradaba nada la idea de enviar a su mejor kunoichi a una misión donde probablemente tendría que recurrir a las habilidades de una flor del Niwa, pero exponiéndose como Ino Yamanaka. Así no funcionaba el Niwa, y quizá debía recordárselo al nuevo Hokage.
—Antes de que te enojes, si no es que ya lo estás, revisa primero los detalles de la misión— Kakashi conocía bien el carácter voluble de la castaña. Le acercó un documento, el cual ella revisó con detenimiento.
Después de leer el documento, Momoka comprendía el por qué necesitaban a Ino para realizar la misión.
—Así que no confías en las buenas intenciones de la familia Mokuzai.
—Nos han atacado por años. Creer en su rendición y sus deseos de formar una alianza es difícil.
—Tengo entendido que cesaron sus ataques hace varios años, cuando el anterior emperador falleció y su hijo mayor asumió el trono.
—Así es —confirmó Kakashi —. Pero no podemos confiar a ciegas. Konoha no confía en ellos, y estoy seguro que las demás aldeas tampoco lo hacen.
—Entonces, por qué arriesgarse con esta misión. ¿No es mejor consultarlo con la Gran Alianza primero? Podrías poner en peligro los tratados de paz con las demás naciones, especialmente con el País del Viento.
—Lo sé. Pero debemos hacerlo. Mientras menos personas tengan conocimiento de esta misión será mejor para todos. No solo enviaré a un equipo para escoltar y vigilar a la princesa Mokuzai, sino que ya envié a Uchiha Sasuke al Reino Tenkoku. Si la familia Mokuzai no tiene intenciones ocultas; entonces, todo seguirá su curso con normalidad.
—Y si no es así…
Ambos shinobis guardaron silencio. Sabían que si los Mokuzai intentaban perjudicar a alguna de las naciones shinobis, los vientos de guerra podrían soplar con fuerza una vez más.
—Escogiste un buen equipo para esta misión—dijo la kunoichi, observando los registros de tres shinobis anexos al documento. Entre ellos estaba el registro de Ino Yamanaka —. Pero solo aceptaré que Ino realice esta misión con dos condiciones— levantó dos de sus dedos frente al Hokage con decisión —. Uno: debes asignar a su nuevo vigía ANBU en esta misión, dos: por ningún motivo Ino debe acercarse al Kazekage. Si necesitas obtener información de él; entonces, busca otro medio para obtenerla. No a través de Ino.
Kakashi enarcó una ceja. Entendía las razones de Momoka para querer que el apoyo ANBU de Ino la acompañe en esta misión. A la líder del Niwa no le agradaba enviar a sus kunoichis sin refuerzos, y aunque Ino no iría sola a la misión, Momoka se sentía más segura si asignaban a un miembro ANBU, cuyo objetivo no solo sería asegurar el éxito de la misión, sino también proteger y apoyar incondicionalmente a Ino. Kakashi y Momoka sabían lo difícil que podía llegar a ser este tipo de misiones sin el apoyo necesario. Lo que no entendía el Hokage era la razón de la segunda condición que imponía Momoka. Aunque de igual forma no tenía pensado investigar al Kazekage. Confiaba en él. Los objetivos de la misión eran Akira Mokuzai y sus acompañantes.
—Ino y el Kazekage… —su mente rápida empezó a hacer conjeturas.
—Sí —confirmó Momoka.
No había nada de sus kunoichis que la líder del Niwa no supiera. Ella conocía cada pétalo y cada espina de las hermosas flores de su jardín.
Iba a ser una misión complicada para Ino, al estar bajo la mirada inquisidora del Kazekage.
Momoka solo esparaba que Ino pudiera mantener la situación bajo control.
El Hokage aceptó las condiciones de la kunoichi. Solo quedaba informar a los cuatro shinobis que conformarían el equipo al que se les asignaría la misión. Todos debían partir hacia el Reino Tenkoku la mañana siguiente.
Momoka estaba a punto de marcharse, ya no había nada más que hablar con el líder de la aldea, pero antes de despedirse de él se armó de valor y dejó a un lado su orgullo.
—Kakashi…—pronunció su nombre con cierto temor. Hacía tanto tiempo que no se tomaba el atrevimiento de llamarlo por su nombre de pila, sin ningún formalismo de por medio.
Los ojos negros del shinobi centraron toda su atención en ella. Escuchar su nombre salir de esos delicados labios había hecho que su corazón se exaltara de ligera emoción.
—Felicidades por el ascenso a Hokage —soltó con rapidez, volvió a colocarse la máscara ANBU, y salió de la oficina sin darle tiempo al platinado de reaccionar.
—Gracias, Himiko —susurró a solas.
Sus labios se endulzaron con solo pronunciar su nombre. Su verdadero nombre. Aquel que pronunció muchas veces en el pasado con toda libertad.
…
Faltaban pocos minutos para el alba. El cielo empezaba a perder su fría oscuridad y a colorearse con la calidez de los rayos del sol que estaba por despertar. Ino estaba casi lista para partir. Vestía un atuendo ninja diferente al que solía usar años atrás. Aunque seguía conservando su gusto por el color morado, llevaba una camisa sin mangas de ese color que cubría todo su abdomen. No deseaba dejar a la vista la cicatriz de su vientre. Usaba guantes negros y largos que les llegaban hasta sus codos, shorts negros ajustados a su figura con mallas que llegaban hasta un tercio de sus muslos, las típicas sandalias ninjas y había recogido su melena rubia en una cola alta, como solía llevarlo cuando era más joven, solo que ya no cubría tanto su rostro con un mechón de cabello. Tomó su porta kunais y lo ajustó en su muslo derecho, y cargó a su espalda un abultado morral que contenía ropa, alimentos, medicinas y otras provisiones que podría necesitar en la nueva misión que auguraba ser extensa.
El Reino Tenkoku se encontraba muy alejado de Konohagakure. Debían viajar hasta allá y regresar con la prometida del Kazekage. Parte de la misión consistía en llevarla sana y salva hasta Sunagakure. Todo el viaje hasta Suna les tomaría más de una semana.
Bajó las escaleras con el andar de un felino. No deseaba interrumpir el sueño de su madre. Ella merecía descansar un poco más. Al llegar a la sala, un pequeño bulto en el sofá llamó su atención. Se acercó, y ahí la vio. Su madre dormía profundamente en el sofá. Su rostro lucía cansado y desgastado por el tiempo. Trabajar hasta el cansancio le estaba pasando factura. Parecía que desde la muerte de Inoichi, su madre envejecía con más rapidez. Ino se acercó a ella y acarició su rostro con ternura. Sin importar que el cruel tiempo haya dejado huellas en su madre, para Ino, ella seguía siendo la mujer más hermosa.
—Ya me voy, madre —le susurró al oído y besó su frente.
—Inoichi —susurró en sueños.
Ino cerró los ojos y respiró profundo, reprimiendo sus lágrimas. No era momento para llorar. Sabía que perder a Inoichi había sido un duro golpe para su madre, y para ella, con su muerte ambas sintieron que su mundo se derrumbaba sobre sus cabezas. Fue como si toda la felicidad de su hogar se hubiese escapado por una ventana, dejando solo frío y dolorosa soledad. Sin embargo, ninguna podía permitirse no seguir adelante.
Abrigó mejor a su madre con un cobertor, y salió de la residencia Yamanaka sin mirar atrás.
En el fondo no deseaba irse. No quería abandonar a su madre. No quería dejar la seguridad de su regazo, ni la de su aldea. No quería arriesgar su vida protegiendo a una desconocida. No quería tener nada que ver con la prometida del Kazekage. No quería ir a Sunagakure. Pero sobre todo, no quería volver a verlo.
No quería… pero debía.
Era una misión muy importante, de su éxito dependía que se formara una gran nueva alianza. Debía dejar de lado sus deseos egoístas, y proteger la paz por la que su padre y muchos más dieron la vida.
Llegó a las puertas de la aldea. Fue la última en llegar, aunque estaba segura de que había llegado a tiempo. Sus tres compañeros de equipo aguardaban por ella. Shikamaru, Sai y Neji estaban ahí, listos para partir.
Todos creían que eran una combinación peculiar. Nunca antes los habían unido como equipo para una misión. Sería interesante ver el resultado de la combinación de sus habilidades.
—Buenos días —saludó alegre y cortésmente la rubia.
Dos de sus compañeros le devolvieron el saludo. Shikamaru con un "problemática" incluido, y Sai con un formal "Ino-san". Neji se había limitado a saludarla con un asentimiento de cabeza.
—Somos todos. Vámonos —ordenó Neji, asumiendo su rol como líder de equipo en esta misión.
Todos asintieron y se pusieron en marcha.
…
Una mujer mayor caminaba de un lado a otro con el ceño fruncido. Estaba molesta, muy molesta, por las travesuras de un trío de jóvenes que estaban bajo su cuidado. Ser la institutriz de los jóvenes herederos al trono del Reino Tenkoku era a lo que había dedicado la mayor parte de su vida, pero parecía que el Emperador los concebía cada vez más inquietos. Los dos primeros hijos del Emperador eran unos chicos tranquilos a los que les fue fácil cuidar, pero los tres más jóvenes eran muy diferentes. Los tres menores eran unos revoltosos. La institutriz masajeó sus sienes tratando de liberar un poco la tensión.
—Sigan buscándolos… —ordenó. Tenía de cabeza a toda la servidumbre del palacio. Tenían que encontrar a los tres demonios Mokuzai: Akira-sama, Kokoa-sama y Arashi-sama.
—Tranquilícese, Ryuko-san. Mis hermanos no deben estar muy lejos —indicó un joven apuesto de cabellos castaños. El chico trataba de reprimir su risa. Era divertido ver como sus hermanos alborotaban todo el ambiente aburrido del palacio.
—No le veo la gracia, Shun-sama —Ryuko regañó al segundo hijo del Emperador —. El tutor de idiomas los está esperando.
—Es gracioso —contradijo el heredero Mokuzai —, pero va a abrir un agujero en el suelo si no se tranquiliza.
—No tiene caso, Shun. No se tranquilizará hasta que ellos aparezcan —el mayor de los hijos del Emperador, un joven de negros cabellos, rompió el silencio que había guardado. Conocía a Ryuko-san desde siempre, y sabía que no era una mujer que se pudiera calmar con palabras.
—Tienes razón, nii-sama —Shun se sentó al lado de su hermano, observando a la impaciente institutriz.
—Todo esto debe ser culpa de Akira-sama—refunfuñó la mujer.
—¡Oh, vamos! Akira-chan no siempre es la responsable de todas las travesuras. Kokoa y Arashi también hacen de las suyas, solo que usted no se da cuenta. Como decirlo… Akira-chan es más…
—Tonta —completó el mayor, sin apartar su vista del libro que leía.
—Eso no fue nada amable, Aoi nii-sama. Akira-nee no es tonta, solo un poco descuidada, por eso Ryuko-san la descubre siempre.
—Ujum —Aoi prefirió no ahondar en la conversación.
Ryuko no prestaba atención a los hijos mayores del Emperador, estaba preocupada y molesta por la desaparición de los otros tres a su cargo.
—Este palacio sabrá lo que es paz cuando por fin Akira-sama se case y se marche —dijo sin meditar mucho sus palabras.
Aoi cerró con molestia el libro al escuchar el comentario de su institutriz. Había estado completamente fuera de lugar. No iba a permitir que esa mujer común realizara ese tipo de comentarios sobre su pequeña hermana.
—¿Qué dijo, Ryuko-san? —exigió saber.
Ryuko detuvo su andar de inmediato. Tragó saliva. Había sido muy imprudente al soltar un comentario así frente al príncipe Aoi. Él era poco tolerante con la mayoría de las personas y se enfadaba con gran facilidad. Era solo un joven de veintiún años pero tenía un carácter fuerte y cortante. La mujer clavó sus ojos temerosos en él. Su rostro masculino estaba marcado con una dura expresión.
—Lo siento, Aoi-sama.
—Que no se vuelva a repetir —exigió severo.
Shun podía sentir como la atmosfera se había tensado. Su hermano mayor a veces podía causar temor. Era tan diferente al resto de sus hermanos. Según su padre, Aoi había heredado el carácter de su abuelo paterno, el anterior Emperador. Shun recordaba poco a su abuelo, solo recordaba lo frío y distante que era. Para Shun, Aoi era muy diferente a su abuelo, su hermano era una persona con un gran corazón, aunque no lo demostrara muy seguido.
Aoi se preocupa mucho por sus hermanos, y para nadie era un secreto lo buen hermano mayor que era. Por eso todo lo que tenía que ver con el futuro matrimonio arreglado de Akira, y su inminente partida, le molestaba. Él no estaba de acuerdo con ese tratado absurdo que había aceptado su padre. A su parecer, había sido un acto de cobardía, su padre había hincado la rodilla ante los extranjeros de las naciones ninjas, ofreciendo a su hija como garantía de que los Mokuzai mantendría su oferta de paz.
—¡Oh! Ya los encontraron —intervino Shun, riendo con nerviosismo.
La expresión dura de Aoi se relajó cuando observó a sus tres hermanos pequeños llegar, seguidos de un grupo de la servidumbre. Sus ropas estaban cubiertas por una fina capa de tierra, y sus cabellos estaban revueltos y con pequeñas ramas y hojas incrustadas.
Shun sonrió al ver a sus hermanos hechos un desastre.
—Uno, dos —susurró para que solo Aoi lo escuchara —, tres.
—¡Por los dioses! —dijo Ryuko exaltada.
Aoi sonrió de lado ante la reacción de Ryuko y el conteo exacto de Shun.
—¿Dónde estaban metidos?
—Estaban en el Bosque de Luciérnagas —informó una de las chicas de la servidumbre —. Dos de los guardias del palacio los encontraron ahí.
—Chiquillos… —la institutriz trató de calmarse. No podía perder los estribos con los hijos de Emperador —Saben que no deben ir a ese lugar. Es muy peligroso.
Los jóvenes herederos guardaban silencio, aceptaban la reprimenda, sabían que habían obrado mal. El Bosque de Luciérnagas se encontraban a las afueras del palacio, un lugar que les estaba prohibido visitar. Era un bosque oscuro, incluso de día, plagado de bestias peligrosas. Cuentan las leyendas que muchos hombres han entrado en el bosque pero pocos han salido de él.
—Lo sentimos mucho, Ryuko-san —Akira se disculpó. Era la mayor de los tres y debía asumir la responsabilidad.
—¿Cuándo dejará de causar problemas, Akira-sama? Tienes diecisiete años y pronto contraerá matrimonio. Debe comportarse siempre como la dama que sé que puede ser cuando se lo propone —la voz de Ryuko sonaba agotada.
—No fue culpa de nee-sama —intervino el pequeño Arashi. Pasó uno de sus brazos por su rostro, tratando de limpiarse la tierra pero solo logró ensuciarse más — Todo es culpa de Kokoa-chan.
El más pequeño de los Mokuzai, tenía solo seis años, era dulce y sincero. No podía dejar que su nee-sama se responsabilizara por el desastre que Kokoa había causado. Ella había forzado, prácticamente, a Akira a seguirla fuera del palacio con el pretexto de que había algo muy importante que debía mostrarle. Y en su terquedad, terminó llevando a su hermana mayor al bosque prohibido. Y bueno, el pequeño Arashi también terminó envuelto en todo el embrollo porque no quería quedarse solo, y siguió a sus hermanas. Al final, todo el asunto había sido un fiasco. Kokoa solo logró que los tres terminaran perdidos en el bosque. Pero para su suerte, dos guardias del palacio que custodiaban los alrededores del bosque los habían salvado.
—Enano traidor —susurró con enojo la pequeña pelirroja y de nariz ennegrecida por la tierra. La princesa Kokoa era un torbellino de ingenio y mal humor, compactado en el cuerpo de una niña de diez años.
—¡Basta! —regañó Ryuko —Todos están castigados. Ahora vayan a arreglarse para su clase de idiomas.
Los tres asintieron y se marcharon rumbo a sus habitaciones, seguidos de un sequito de su servidumbre.
Nota de la autora: Espero que les haya gustado el capítulo. Fue un capítulo principalmente introductorio para que conocieran un poco más de los personajes y la misión de Ino. Nuevamente publico antes de lo establecido, pero es porque voy a estar ocupada los próximos días y tardaré un poco más en publicar el siguiente capítulo. Me encantaría saber sus opiniones, sugerencias y expectativas, así que pueden dejarlas en un comentario. Son gratis :D
¡Gracias por leer!
[Próxima actualización: 30/09/16]
