Donna miró al Doctor y se sentó en el suelo.
- No pasa nada, ya te he dicho que me encanta el riesgo. Cuenta, ¿has averiguado algo?
- Si son de un planeta tan raro que no tienen nombre, se hacen llamar por números. Enemigos de los señores del tiempo – dijo el Doctor sentándose a su lado.
- Bueno tu tampoco tienes nombre. Hacerte llamar Doctor no es muy común.
- ¡Ehh!, no te metas ahora con eso. Quieren dominar el mundo implantando un chip en el cerebro de los humanos para que hagan y deshagan como ordenen ellos. El poder por los números.
- ¡Ya veo!¿Y como vamos a salir de aquí si estamos encerrados?
- Verás, ¡Son también un poco tontos! Las cosas simples son las mas complicadas para ellos.
- ¿Ah si?
- Mira, cierran las celdas con un código de numero. Nunca aprenderán.
- ¿El que?
- ¡Que tengo esto! - enseñando su destornillador sónico. Vamos que hablando mal y pronto y perdóname por lo que voy a decir, son muy humanos para ciertas cosas.
- ¡Ehh oye!, no te pases. Que si no llega a ser por los humanos a saber donde estarías ahora
- Lo sé Donna, lo sé. Perdona.
- Me encanta esa cara de pena que me pones a cada vez que me pides disculpas
-Ahora no te pases tu. Salgamos de aquí. No perdamos mas tiempo.
Y pasando su destornillador sonico por la caja de numeros abrió la celda. Salieron. Después de caminar unos cuantos metros llegaron a una sala llena de computadoras de donde salían unos tubos que iban directamente encima de los humanos que acababan de capturar.
- ¡Es horrible! ¿Que les hacen?
- Implantarles el chip en el cerebro y me da a mi que algo mas.
Se acercaron mas y entonces de nuevo se oyó la voz de 918273645
- Doctor, había olvidado lo inteligente que eras
- Ya ves, nunca subestimes el poder del Doctor y el de su destornillador
- Deberías hacer cómico. ¡El Destornillador Cómico!
- Si ya me lo han dicho. Y tu El numeritos patético. ¿Si quieres hacemos un duo?
- Doctor, tu si que lo eres.
- Ah ya, tengo mucho defectos, lo sé. Uno de ellos, fastidiar tus planes.
- Que manía de ser amiguito de los terrícolas. Con la de cosas que podrías hacer si los tuvieras dominados.
- ¡Jamas! Nunca traicionare mis amigos. ¡Déjalos tranquilos!
- Demasiado tarde, ellos ya me obedecen.
- ¡Lo que tu digas! Vamos a ver quien es mas inteligente - Pasaron unos minutos y se acercó a Donna que se había quedado al lado del cuadro de mando donde llegaban todos los cables de la computadora principal, la que lo controlaba todo. El Doctor evidentemente se había percatado de ello. La miro, guiñandole un ojo le hizo entender que iba hacer algo muy extraño. Le dio un beso como no le había dado nunca paso su mano por detrás de la espalda de su amiga y arrancó los cables que tenían contra la pared.
- Ya habéis terminado. Es que eres increíble.
- Si y tu también- enseñándole los cables arrancados. Lo dicho, Donna, las cosas mas simples son las mas complicadas para ellos. Saben de números sumas, restas, ecuaciones pero cosas como cableados y codidos, no. Déjalos partir o llamo ahora el tribunal de la proclamación de las sombras que se hará un placer de encerrarte por una larga temporada. Elije. Los dejas y vuelves a tu planeta o no aceptas y lo que te espera es un juicio. Rindete. No puedes hacer otra cosa.
- Has ganado.
- Júrame que nunca mas volverás a intentar invadir la tierra. Y recuerda, que este planeta está bajo mi protección.
- Lo juro.
- Bien. Mandalos a todos de nuevo de vuelta. Hasta que no los vea a todos en tierra firme, no me iré de aquí y no te dejaré partir...
Una vez dentro de la TARDIS y ya volviendo de nuevo a casa
- ¿Tu crees que volverá a intentarlo?
- No y si lo hace es que es un poco masoquista. No sabes lo que es pasar por un juicio en el tribunal de la proclamación de las Sombras. No se lo deseo a nadie.
- ¿Has estado?
- Si - dijo el Doctor con semblante serio. -Bueno ya hemos llegado. ¿Que hora es?
- Las 3 de la mañana
- Tarde para los dardos y la cerveza. Mañana entonces.
Se levantaron muy tarde casi a las doce del mediodía. Cuando entraron en el comedor, Sylvia la madre de Donna los miró con cara de saber que no habían pasado la noche aquí
- Hablan de usted en la tele
- ¿Ah si?
- No sabemos quien es, solo sabemos que se hace llamar el Doctor y que nos ha salvado la vida. Gracias Doctor, gracias.
El Doctor se sentía muy feliz de haber vuelto a salvar el planeta tierra. A la noche lo celebraría con unas cuantas cervezas.
